SAKURA

La noche siguiente, Temari pasa el rato en mi casa. Tengo un plan para hacer que Minato nos lleve al juego en Toronto, y Temari es parte del paquete de persuasión.

Me preparo para la hora feliz de Martinis y espero la llegada de mi madre. Las bebidas son necesarias. Ella es un ciclón en el cual no quieres verte atrapado, especialmente con Temari alrededor para alimentar su hiperactividad. No obtuve mi nivel de energía de mi mamá.

Con un Martini en la mano, Temari me sigue a mi habitación mientras busco en mis gavetas por algo cómodo para usar. Necesito lavar la ropa. Todos mis calzoncillos de cómics de Marvel están sucios. Por lo que me conformo con mallas y una camiseta.

—¿Qué es esto? —pregunta Temari.

Me volteo, preparada para emitir un comentario sarcástico, hasta que veo que está sosteniendo el castor Uchiha. Mis dedos se contraen con la necesidad de arrancarlo de sus manos.

—Es un animal de peluche. —Recojo mi teléfono del tocador y me desplazo a través de mis mensajes para evitar el contacto visual.

—Veo eso. ¿Dónde lo obtuviste? —Temari lo voltea, inspeccionando la parte trasera de su mini suéter.

—Sasuke me lo envió. —Mi piel se pone caliente. Apuesto a que estoy enrojecida.

—Oh, Sakura. —Temari acaricia el castor con su nariz, frotándola en la cima de su cabeza—. ¿Duermes con este castor?

Se está burlando de mí, y no lo aprecio. Además, está tocando mi castor Uchiha. Soy un poco territorial con mis regalos de Sasuke. No dejo que nadie se acerque a los libros que me ha enviado. También escondí la caja de chocolates Godiva de mi mamá para evitar compartir.

—No puedes decirme que si tuvieras una almohada de cuerpo completo que se asemeja a Shikamaru Nara, no lo follarías antes de ir a la cama cada noche.

Temari deja caer el castor en mi cama y limpia sus manos en sus pantalones. —Eres asquerosa.

—No follo su castor. Sólo explicaba un punto, pervertida.

—Oh. Bien. ¿Crees que puedo conseguir una almohada de cuerpo completo de Shikamaru?

—Estoy segura de que puedes mandar a hacer una.

Recojo el castor y lo acurruco furtivamente, o no tan furtivamente, antes de colocarlo de vuelta en la cama, acaricio su pequeña cabeza, y rozo su lindo diente de conejo.

—Así que, ¿qué está pasando? Ahora mismo eres como una adicta al crack con un subidón de azúcar.

Estoy inquieta y animada, las cuales son señales reveladoras de que algo está sucediendo.

—Tengo un plan para... —Soy interrumpida por un golpe en la puerta.

Mi chico repartidor de flores está sosteniendo un enorme ramo de flores con una bandera canadiense encaramada entre claveles rojos y blancos, lirios blancos y un montón de otras flores conforme al mismo esquema de colores. El tema es estrictamente canadiense. Temari está justo detrás de mí, mirando sobre mi hombro.

—Hola, Lee.

—¿Cómo estás, Sakura? —Parece nervioso. No puedo culparlo. La última vez que estuvo aquí, me encontraba enojada y me desquité con las flores. También mencioné a putas y mujerzuelas de hockey.

—Estoy bien. Lo siento por la semana pasada. —Tomo las flores. Temari está prácticamente montada en mi espalda para poder verlas— . Esta es mi amiga Temari.

—Hola —saluda Temari.

—Hola —saluda de vuelta Lee y señala las flores—. ¿Supongo que se contentaron?

—Lo hicimos.

Lee asiente y mira mis pies. Esto es raro.

—Bueno, gracias por traer las flores. Que tengas una feliz noche. —Lo envío en su camino tranquilo.

—Apuesto a que Sasuke estaría enojado si se enterara que el chico que entrega sus flores tiene un flechazo por ti.

Coloco el nuevo ramo en un florero. —Lee no tiene un flechazo por mí.

Temari resopla pero no comenta más. —Oye, hay algo más aquí. Una pequeña caja está en el medio del ramo. Abro la carta primero.

No puedo esperar para mostrarte mi ciudad natal.

~Besos y abrazos, Sasuke.

Temari agarra la tarjeta de mi mano. —¿Qué es esto? ¿Su ciudad natal? ¿Besos y abrazos? ¡Oh por Dios! ¿Qué está sucediendo?

—Sasuke quiere que vaya a su juego en Toronto.

—¿Y?

—Y que pase la semana con él en Guelph.

—Bien por ti. —Temari me entrega un pañuelo de papel—. Así que, ¿dónde pasarás el fin de semana? Ya dijiste que sí, ¿cierto?

—Guelph y no.

Temari arranca otro pañuelo de papel de la caja.

—No estoy estornudando. Guelph es el nombre de su ciudad natal, idiota. Necesitaba asegurarme de poder conseguir el tiempo fuera del trabajo antes de aceptar. —Lo hablé con el jefe esta mañana. Le dije que sería bueno para hacer conexiones. No es totalmente una mentira.

—Esto es grande. No puedo creer que te invitó al lugar donde creció. ¿Eso significa que conocerás a su familia? Tienes que ir a este juego.

—Si podemos convencer a mi mamá de que necesitamos ir a Toronto, acosará a Minato hasta que acepte, y él conseguirá los boletos. Les está yendo bastante bien a los Hawks. Querrá apoyar a Naruto.

—Bien pensado.

Le doy una copa de Martini a Temari. —¿Cierto?

Hacer que Sasuke me compre el boleto es demasiado extravagante para una segunda cita. Si mis padres van, resuelve todos los problemas. Aún me sentiré un poco culpable por ello, pero sobreviviré.

La otra parte de mi plan es convencer a Temari para que venga, también. Necesitaré su apoyo moral en el juego. Es mucho pedir, ya que no estoy segura de que pueda hacer que Minato pague por su boleto de avión también. —¿Vendrás?

—¿Estás bromeando?

—Minato probablemente pueda conseguir una entrada extra para el juego y el hotel estará cubierto.

Temari inmediatamente empieza a buscar vuelos de último minuto en su teléfono. —Y podré conocer a Shikamaru en persona, ¿qué podría ser mejor?

Hago tintinear mi Martini con el de Temari. La tengo de mi lado. Todo lo que necesito es convencer a mamá y listo.

El estruendo profundo del Mustang de mi madre y los pesados ritmos de baile señalan su llegada al final de la bebida número dos. Como siempre, no toca. —¿Es ese el vehículo de Temari en la entrada?

—¡Hola! —Temari baja la coctelera para aceptar el abrazo demasiado entusiasta de mi madre.

—¡Te ves genial! —Mamá patea sus zapatos para quitárselos y se pasea hasta la cocina—. ¿Es ese un Martini? ¿De qué tipo? ¿No les importaría si me uniera para una bebida, cierto? Minato tiene una llamada en conferencia en una hora, y no estoy de humor para un rapidito.

Pretendo que no escucho la última parte y ayudo a Temari a hacerle una bebida.

—¡Oh, flores nuevas! —Agita sus manos en el aire como si estuviera lista para empezar a bailar. Olfatea las flores—. ¡Son hermosas! ¿Qué es esto? —Recoge la caja pequeña en el mostrador.

Me olvidé de ello por completo, habiéndome visto atrapada en explicarle la situación a Temari.

—No estoy segura. —Tengo esperanza de que no sea nada inapropiado o mi mamá probablemente compartirá sus propias experiencias personales.

Empuja el paquete hacia mí. —Bueno, ábrelo.

Lo tomo con algo de renuencia, rezando para que no sea nada pornográfico.

Rompo el papel rojo y blanco para destapar una caja de caramelos con forma de hojas de arce. Huh. Esto está lejos de ser ofensivo. Me he acostumbrado a los regalos, tarjetas y correos electrónicos ligeramente inapropiados de Sasuke.

Meto uno en mi boca. Se disuelve en el momento que golpea mi lengua. Oh Dios, es celestial. Es como... azúcar de arce. Taaaaaaaaan bueno. Hago la cosa del gemido contenido. No quiero compartirlos porque soy golosa, pero me siento mal gimiendo mi placer por la comida mientras miran.

—¿Quieren uno? —pregunto a regañadientes con la boca llena de azúcar de arce.

Hacen el mismo sonido que yo. Ahora entiendo por qué me observaban. Suenan como si estuvieran en el borde de un orgasmo de azúcar.

—¿Puedes conseguir estos fuera de Canadá? —pregunta Temari con una mirada de complicidad—. Iría a Canadá sólo para obtener algo como esto.—Arranca otro de la caja.

¿Podría ser menos sutil?

—No lo sé. —Mi mamá toma otro, también.

Es una caja pequeña. No quiero seguir compartiendo, especialmente si sólo puedes conseguirlos en Canadá donde los arboles de arce abundan. Supongo que podría pedirle a Sasuke que me consiga más. Conociéndolo, me enviaría el suministro para un año. No que me quejaría.

—Deberías preguntarle a Sasuke. —Agarra un tercero.

—Oye. —Le doy una palmada a su mano, guardando la caja medio vacía en mi pecho.

—¿No juegan en Toronto este fin de semana? —Temari me da la transición perfecta.

—¡Oh! —Mi mamá se emociona toda y brinca de arriba abajo. Indirecta soltada—. ¡Deberíamos ir! ¿Puedes tener libre el viernes, Sakura? Estoy segura de que Minato querrá ir. ¡Cualquier excusa es buena para ir a ver jugar a Naruto!

Estoy impresionada de lo fácil que es esto. Esperaba completamente que Temari y yo tuviéramos que trabajar por un mínimo de diez minutos para llegar a este punto. En lugar de eso toma una sola pregunta. Algo del mérito debería ir a los caramelos de azúcar de arce.

—¿Qué hay de ti, Temari? ¿Te gustaría hacer un viaje con nosotros a Canadá? ¡Quizás podamos encontrarte un jugador de hockey caliente, también! ¡Será tan divertido! —Aplaude y salta un poco más—. Sólo he ido una vez a Canadá. Deberíamos conseguir tanto como podamos de esa cosa de arce.

Mi mamá saca su celular y empieza a enviar mensajes de texto. Sus habilidades para ello son terribles. Siempre está acortando palabras que no puedes acortar.

Su teléfono suena. —¡Hablaré con Minato y se los reportaré! —Se toma de un trago el resto de su Martini, brinca alrededor a medida que se pone sus zapatos, y desaparece por la puerta.

Veinte minutos más tarde me llega un mensaje de texto de mi mamá confirmando que de hecho iremos a Toronto. Tengo una idea de cómo logró hacer que sucediera tan rápido.

Mamá está convencida de que será más divertido si no le digo a Sasuke que iré. Temari no está tan entusiasmada con el plan, pero soy una fan de las sorpresas, siempre y cuando sean del tipo bueno. A pesar de su renuencia, Temari me ayuda a fabricar una falsa excusa acerca de una reunión de la cual no me puedo librar el viernes y una presentación que tengo que preparar para el lunes en la mañana.

Llamo a Sasuke y le doy las "malas noticias". Está tan decepcionado que ni siquiera quiere tener sexo telefónico. Me siento muy mal por ocultar la verdad y por la ausencia de la conversación sucia en el teléfono. Estoy esperando que el factor sorpresa valga la pena.

Prepararse para un fin de semana de viaje es una pila de trabajo, especialmente cuando uno está empacando para un montón de sexo con un jugador de hockey súper caliente. Temari, mis senos, y yo salimos en una expedición de compras a Victoria's Secret. Compro tres conjuntos de sujetadores y braguitas de la variedad de sexy, todas ellas con rojo en algún lugar. Además de la ropa interior sexy, voy a Target y derrocho en una selección de nuevas bragas divertidas ya que Sasuke parece estar bastante interesado en verme en ellas.

El jueves es el día más lento en la tierra. Estoy ocupada con reuniones y Sasuke tiene práctica, así que un par de rápidos mensajes de texto son todo con lo que nos la arreglamos en la mañana.

Esta vez estoy mucho más preparada, habiendo empacado la noche anterior; el bolso de Temari y el mío ya están en la parte trasera de la SUV de Minato. Ella hace un rápido viaje al baño del personal al final del día de trabajo para cambiarse ya que seremos llevadas directamente desde el trabajo al aeropuerto. Temari sale del baño vestida como si estuviera lista para una noche de fiesta en lugar de un vuelo.

—¿Es demasiado? —Ajusta su falda de piel artificial.

—No si planeas estar en un video musical.

Temari me muestra el dedo mientras camina hacia el ascensor. —Me veo caliente.

Mi mamá ama su vestimenta. No me sorprende.

Nuestros asientos son de primera clase, como siempre. Temari nunca ha viajado con los titulares antes.

—¡Hay tanto espacio para las piernas! ¡No puedo creer que bebamos gratis! —Frota sus palmas de arriba abajo por el apoyabrazos de cuero.

Tan pronto como estamos en el aire, ordeno chupitos para calmar mis nervios. Todo lo que hace es aflojar sus labios y los míos.

Temari parlotea acerca del juego y cómo planea presentarse a sí misma a Shikamaru. Como la mala amiga que soy, no le presto atención. Estoy demasiado concentrada en lo que traerá el fin de semana con Sasuke, además de sexo.

—¿Crees que eso sea una buena idea?

—Definitivamente. —Asiento empáticamente, pretendiendo que he estado escuchando todo el tiempo.

—¿Así que crees que escalar los paneles y saltar al hielo para poder hacerle una mamada a Shikamaru entre una multitud de miles es una buena forma de presentarme?

Reprimo una risita. —Pensándolo mejor, no. No creo que debas hacer eso.

—Sakura, necesito algo de ayuda aquí.

—Sólo sé tú misma. Si terminan en su habitación, besándose, no le digas que lo amas o a su polla ni nada. No la primera vez que hagan... lo que sea.

—¿Le dijiste a Sasuke que lo amabas cuando lo conociste? —La expresión de Temari es incrédula y un poco herida, probablemente porque esta es la primera revelación de tal información.

—No. Ni siquiera sabía quién era él. Sin embargo, puede que haya profesado mi amor a su equipo de hombre cuando me venía.

—No lo hiciste.

—Lo hice. —Me prometí a mí misma que me llevaría esa gema a la tumba.

—Guau. Realmente debe ser inmensa.

La cabeza de mi mamá sobresale por encima del asiento frente a mí. —¿De qué estamos hablando?

—Nada.

—Sasuke —dice Temari al mismo tiempo.

—He escuchado algunos rumores interesantes de él, pero este es secreto. —Mi mamá inclina su cabeza en mi dirección.

—Aparentemente son ciertos —dice Temari sin nada de consideración por mi privacidad.

—¡Tema! —golpeo su brazo.

—¿Qué?

—Tuviste demasiados problemas caminando el día después de tu pijamada —comenta mi mamá.

—No discutiré esto contigo, especialmente no en un avión.

—Bien, bien. Temari y yo podemos hablar más tarde.—Le guiña a Temari y vuelve a su asiento. Puedo escucharla hablándole a Minato. Hay muchas risitas. Desearía que no fuera tan fanática de compartir en exceso.

Vamos directamente al estadio al llegar. El centro de Toronto no es muy diferente del de Chicago, lleno de rascacielos y horrible tráfico. No estoy segura de lo que pensé que sería. Tal vez esperaba elfos, como en el polo norte, lo cual es ridículo ya que sólo está al norte a una hora de la frontera de Estados Unidos. Además de su polla monstruosa, Sasuke es justo como las personas normales. Si todos los hombres canadienses están así de dotados, puedo entender por qué la gente estaría dispuesta a lidiar con los inviernos gélidos.

Llegamos al estadio con sólo minutos de sobra. Temari está impactada por los atuendos, o la falta de ellos, de algunas de las putas de hockey. Su falda de piel artificial es modesta en comparación.

—¿Debería haberme vestido así?

Temari mira a una chica usando un suéter de Uchiha que fue convertido en un mini vestido, complementado por tacones de dos mil centímetros.

—No. Definitivamente no. Tu coño se congelaría y se caería. Entonces, ¿qué tendrías para ofrecerle a Shikamaru?

Nuestra conversación es puesta en espera mientras los Hawks entran al hielo. Aun con todos los rellenos y el equipo suelto de hockey, Sasuke es caliente. No puedo esperar para poner mis manos en él después del juego. Voy a abusar de su lindo trasero, que se joda la reacción de Naruto. Han pasado dos semanas desde que lo vi; mi castor quiere comer algo de madera.

Los Hawks están arriba para el final del primer periodo, pero algo está mal con Sasuke. Está irritado. Puedo verlo en el conjunto de su mandíbula y la forma demasiado agresiva en la que lidia con el equipo contrario. En la banca está ansioso, siguiendo la acción del juego con sus labios apretados en una línea fina. Grita cuando uno de los defensa de los Hawks es golpeado por un delantero de los de Toronto. Es como si estuviera buscando una pelea.

Naruto está jugando como si fuera dueño de la pista. Desvía cuatro goles en el segundo periodo, permitiendo que los Hawks se mantengan en la delantera. Shikamaru anota un gol al final del segundo periodo, dándole a los Hawks una ventaja de dos puntos.

Al principio del tercer periodo, Sasuke enfrenta al centro en el hielo. Justo cuando el árbitro sopla el silbato, su cabeza se levanta. El disco pega en el hielo, los guantes de Sasuke están fuera. El central de Toronto ni siquiera lo ve venir. Sasuke agarra su caja torácica con una mano y lo golpea en el estómago con la otra.

Lo derriba y se le monta a horcajadas, halando de su casco. Se sale y rueda a través del hielo. Entonces empieza a golpear con su puño el rostro del central. El hombre de Toronto se las arregla para darle un par de golpes. Son relativamente inefectivos. Sasuke simplemente está... sacándole la mierda a este tipo.

Finalmente, los árbitros se recomponen y los apartan. Su oponente está sangrando por todo el hielo. No debería encontrar candente este nivel de violencia.

—¿Qué están haciendo? —pregunto a medida que los árbitros escoltan a un Sasuke furioso fuera del hielo.

Minato me da una mirada dudosa. —Está siendo expulsado del juego, Sakura. Acaba de sacarle la mierda a alguien.

Por supuesto que lo ha hecho, ¿pero qué ocurre ahora? Sasuke es la encarnación de la furia mientras pisotea incómodamente por el pasillo en sus patines, desapareciendo de la vista. Alguien necesita calmar a Sasuke. Espero ser yo.

—Necesito orinar, ya regreso.

Camino a través de las gradas hacia los vestuarios, al tanto de que puede que no logre pasar la seguridad. Debo tener una herradura atrapada donde no me brilla el sol porque los guardias están muy ocupados charlando con un par de conejitas para notar mientras me deslizo dentro de los vestuarios.

Puedo escuchar un golpe bajo seguido por Sasuke maldiciendo. Me asomo por la esquina.

El uniforme de Sasuke es arrojado a través del piso, junto con sus rellenos y la mayoría de su equipo. Todo lo que tiene es un suspensorio, resaltando su paquete, el cual parece más grande de lo normal. Podría ser producto de mi imaginación causado por dos semanas de su ausencia.

Sus músculos están tensos, su mandíbula rígida y sus fosas nasales llamean con su ira. Tira sus patines a través de la habitación. Golpean la pared, dejando un hueco en los paneles de yeso.

Estoy nerviosa y mis bragas están empapadas. Mi pensamiento es singular: sexo caliente y enojado en los vestuarios.

—Sasuke.

Sus ojos están vibrantes de rabia. Su espalda se expande y contrae con cada pesada exhalación de aliento. Rueda sus hombros, su mirada moviéndose sobre mí en un barrido salvaje y hambriento.

Oh. Por. Dios. Es terroríficamente caliente. Como Hulk, pero sexy, no verde.

Voy a follar tanto en un vestuario. Bien por mí.