SASUKE
—¡Oh, Dios mío! —Mi madre levanta mi humillante foto delante de su cara como un escudo.
—¡Mamá!
Saliendo de la habitación, busca a tientas la puerta y la cierra de golpe.
—Como si ya no me odiara bastante. —La cara de Sakura es roja como la remolacha y con manchas.
—No te odia. —Hago círculos en su clítoris con mi dedo pulgar como una distracción—. Lo siento mucho.
Empuja mi mano. No puedo decir que la culpo por renunciar a la búsqueda del orgasmo, considerando todas las cosas. —Todavía podemos conseguir una habitación de hotel esta noche. Voy a hacer una llamada.
—No lo hagas. No quiero ofender a tu mamá. Más de lo que ya lo he hecho, de todos modos. —Agarra su bolso del suelo—. Debería estar lista para ir a donde vamos.
Desaparece en el baño, cerrando la puerta detrás de ella. Dejo caer mi cabeza hacia atrás y me paso la mano por la cara. La misma que estaba justo en el interior de los calzoncillos de Sakura, lo que significa que froté su coño por toda mi maldita cara. Esos malditos calzoncillos. ¿Por qué son tan calientes? Eso está más allá de mí. Cristo. Tengo un infierno de erección, y no parece como si ahora fuera a ser capaz de hacer algo al respecto.
Hoy se ha convertido en una puta pesadilla. Primero Naruto aparece para el almuerzo con mi hermana, solo Dios sabe dónde han ido ahora.
Seguido de la llamada de mi agente sobre la mierda del vestidor y enfriar las cosas con Sakura hasta que la publicidad del Soltero del Año esté fuera del camino, fue bastante malo. Entonces mi madre entra mientras tengo mi mano en la ropa interior de Sakura. ¿No puede un hombre tener un descanso y un poco de privacidad de mierda cuando lo necesita?
Mientras Sakura se esconde en el baño, porque eso es lo que hace, quiero aprovechar la oportunidad para hacerle frente a mi madre. Se encuentra en la cocina, tarareando como si nada pasara.
Me apoyo en el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho. —¿Quieres decirme de qué se trataba todo esto?
Salta, fingiendo estar sorprendida. —¡Oh, Sasuke! ¡No te vi!
Sí, no me engaña. En absoluto. Su voz es alta, de la forma que solía ponerse cuando me decía que íbamos a salir a recoger nuevo equipamiento para el hockey. En lugar de eso me llevaría a conseguir uno de esos atuendos de lentejuelas para otra competición de patinaje.
—Necesitas disculparte.
—¿Por qué?
—No finjas que no lo sabes.
—Oh, quieres decir acerca… de eso. —Ondea su mano hacia el techo—. Lo siento, cariño. Miraba algunas fotos antiguas. Encontré mi foto favorita de competencia. Te acuerdas, ¿verdad? Te encontrabas tan cerca de la clasificación para los Juegos Olímpicos.
Me mira expectante; lo recuerdo vívidamente. Si no hacía saltos triples, disparaba un disco. Siempre me encontraba exhausto, y eso apestaba. No tenía vida.
Sigo con la mirada fija.
Incómoda, mi madre mira hacia otro lado. —De todos modos, pensé en compartirla contigo y Sakura. Supongo que debí tocar.
—¡Malditamente cierto que debiste hacerlo!
Lanza el paño de cocina sobre la encimera. —¡No uses ese tono conmigo! ¡No esperaba que tu pequeña novia estuviera desfilando alrededor medio desnuda!
Su implicación es clara: cree que Sakura trata de aprovecharse de mí. No lo entiendo. Mi madre siempre ha tenido la cabeza tan lejos del sentido común cuando se trata de mí. Es como si yo siguiera siendo un adolescente, no un hombre adulto que puede tomar sus propias malditas decisiones.
La única razón por la que no hice las cosas a mi manera en la escuela secundaria fue mi completa falta de vida social, gracias a equilibrar el maldito patinaje artístico con el hockey. También era un nerd, pero elijo no centrarme en esa parte. Tenía apenas dieciocho años cuando me reclutaron en la NHL. Esa fue una revelación.
Levanto mi mano en señal de advertencia. —No empieces.
Por supuesto, mi madre ignora esa advertencia. Expresa su opinión, como de costumbre, no importa si es o no solicitada.
—¿Qué? Soy tu madre. Tengo un presentimiento sobre esto. ¡Su padre es un cazatalentos, Sasuke! Sabe exactamente lo que ganas al año. Está acostumbrada a un cierto estilo de vida, estoy segura, y estás perfectamente equipado para proporcionárselo. —Golpea una revista vieja en el mostrador con las fotos de mi primer beso con Sakura—. No quiero que mi bebé salga herido por alguna zorra del hockey.
Naori debe haberle dado la revista, porque no es algo que mi madre suele comprar. Cruzo la habitación, golpeando mis manos sobre la foto.
—Vamos a dejar algunas cosas claras. Tengo veinticinco años. Cualquier hipócrita tuvo lugar hace años. Todo el mundo en el puto planeta puede saber lo que gano en un año. No es un maldito secreto.
Abre la boca para interrumpir, pero la silencio con mi dedo.
—Oh no, no lo hagas. No he terminado. Sakura no es una zorra del hockey, y no está tras mi dinero.
—¿Cómo puedes estar seguro?
—Porque sí. Fin de la discusión. ¿Quieres saber por qué no traigo novias a casa? Es porque las tratas como una mierda. —Sus ojos se amplían. Nunca he sido tan sincero con mi madre antes—. No voy a tolerarlo. No con Sakura. Me preocupo por ella, y es importante para mí. Esta será la última vez que me alojo aquí si no puedes ser agradable.
Su mirada cae el piso, ocultando su dolor. Cuando sube los ojos, emergen con ira. —Esto es lo primero que hemos escuchado de esta chica de ti. No me puedes culpar por estar preocupada, especialmente con toda la prensa que recibes últimamente.
—¿Así que la interrogas en el almuerzo y la haces sentir incómoda? ¿Cómo es eso útil? Haría las maletas y me llevaría a Sakura a un hotel, pero no quiere ofenderte. En cuanto a mí, realmente me importa un comino cómo te sientas por eso.
—Sasuke. —Se estira a través del mostrador en busca de mi mano, pero doy un paso atrás.
—A menos que vayas y le pidas disculpas, guárdalo para ti.
No dejo que diga otra palabra. En su lugar, dejo la habitación y me dirijo al piso de arriba. Seguro que voy a recibir un regaño de mi padre más tarde, pero necesitaba ser confrontada. El comportamiento de mi madre está completamente fuera de lugar.
Sakura se encuentra navegando por la red, en busca de más artículos del vestidor. Hasta ahora sigue siendo conjeturas y nada más. Por desgracia, no es como si fuera a detener a la prensa de informar sobre lo que descubran.
Lleva pantalones vaqueros muy ajustados y la camiseta roja de Blackhawks de la otra noche. El logotipo se extiende a través de sus tetas. Me encantan. La camiseta, sus tetas, lo que sea que se encuentre bajo la camiseta ahuecando sus tetas… me gustaría ser su sostén.
—Te ves…
Se sobresalta con mi voz. —¿Debería cambiarme? No sabía qué ponerme. —Sakura ajusta su camisa.
—Eso es perfecto. —Señalo su pecho—. Quiero que te pongas eso. Definitivamente.
Me gustaría tener sexo con ella mientras usa esa camisa. Le conseguiré una blanca en su lugar. Entonces la meteré en la ducha por lo que vería a través de la camisa y la follaría contra la pared. Mi teléfono suena en el bolsillo, alertándome de que es hora de irse. Sin tener sexo.
Meto mi teléfono en el bolsillo y la cartera. —Deberíamos irnos. — De lo contrario voy a tratar de tenerla desnuda. Podría resistirse primero gracias a la interrupción anterior, pero soy convincente cuando lo quiero ser.
—¿Hay una puerta trasera? —Juguetea con el dobladillo de su camisa.
—La hay. Sin embargo, el auto se encuentra estacionado en frente.
—Bueno. Sí. Uh… —Sakura hurga en su bolso buscando algo. Es enorme, casi del tamaño de una bolsa de lona. No me encuentro seguro de por qué las chicas necesitan carteras tan grandes. Parece que hace que sea difícil encontrar las cosas. Después de un par de minutos todavía no ha encontrado lo que busca. Sus hombros se desploman y suspira.
—¿Qué pasa? —Pongo mi dedo bajo su barbilla y la convenzo de mirarme.
—Oh, no lo sé. Tu madre solo nos atrapó con tu mano en mi ropa interior. No estoy interesada en encontrarme con ella en este momento.
—Acabo de hablarle acerca de eso…
Sakura parece que está a punto de tener un ataque al corazón. — ¿Tú qué?
—Sobre sus problemas de privacidad. —El resto de la conversación la mantendré para mí mismo. Sakura ya se encuentra estresada lo suficiente; no necesita saber que he estado discutiendo con mi madre por ella.
—Oh. —Sus hombros se relajan un poco—. Aun así, no quiero verla ahora mismo, ¿así que podemos ir por la parte trasera? Ya me encuentro nerviosa por conocer a tus amigos. Evitar más incomodidad sería genial.
—Seguro, nena. Lo que quieras. —Le robo un beso.
Sakura se ablanda, lo que me permite profundizar el beso durante unos segundos antes de que se aleje.
—Mis amigos son tan relajados como mi papá. Llevarte bien con ellos no será problema.
—¿Eso crees?
—Confía en mí. Les vas a encantar.
Tomamos las escaleras traseras y caminamos por el lado de la casa para evitar otro encuentro con mi madre.
—Entonces… —Me encuentro a punto de presentarle a mis amigos más cercanos. Estos son los chicos con los que crecí, los que me conocían antes de convertirme en una fuente de ingresos de siete cifras. Tienen un montón de suciedad sobre mí… y no del tipo que me hace quedar bien.
—Voy a superar la cosa con tu mamá —dice—. Mientras nunca lo mencione. Nunca.
—No lo hará. —Mejor que no lo haga. Coloco la mano en la pierna de Sakura y le doy a su muslo un apretón—. Hay algo que deberías saber.
—Por favor, no me digas que te hiciste la cirugía de cambio de género. No creo que pueda manejar eso hoy.
—¿Qué?
—Lo siento. —Cruza y descruza las piernas—. Suenas serio. Me pones nerviosa.
Trato de no reír. —Te aseguro que todas mis partes son mías.
—Eso es un alivio; de lo contrario habrías tenido la vagina más grande en el mundo siendo una mujer.
Me río porque, honestamente, la mierda que pasa por su cabeza a veces me desconcierta.
—Probablemente ganarías el récord mundial Guinness por eso. — Se hunde en su asiento y pone su mano sobre la mía—. Querías decirme algo.
—Solo un preaviso. Era un poco nerd de niño.
—Tengo una licenciatura en contabilidad y finanzas. El premio nerd me pertenece. —Me da un vistazo por el rabillo del ojo—. Realmente no puedo imaginarte con apariencia nerd.
Si mi madre saca más fotografías como la que utilizó como escudo hoy, Sakura sabrá exactamente de lo que estoy hablando.
—Los chicos que vas a conocer esta noche son más del club de ajedrez que de jugadores de hockey.
—¿Al igual que Deidara y Sasori del trabajo?
—¿Quiénes?
—Los chicos con los que te reuniste el día que me encerraste en la sala de conferencias.
Lo hace sonar tan malo. —Oh. Sí. Como esos chicos.
Solo toma unos minutos hacer el viaje al centro, y me las arreglo para encontrar un lugar cerca del pub. Suigetsu y Jūgo ya han separado una mesa y ordenado una jarra de cerveza. Nos golpeamos en las espaldas en forma de saludo, y les presento a Sakura.
Jūgo la envuelve en un tieso abrazo. —Es muy bueno conocerte finalmente. Sasuke no ha dejado de hablar de ti por las últimas semanas.
—¿Ah, sí? —Sakura me da una mirada inquisitiva—. ¿Qué tipo de cosas dijo?
—Eso queda entre nosotros, hermano —le respondo.
—No te preocupes. Tendrá que ir al baño en algún momento. Me puedes contar todo entonces —susurra Sakura.
Suigetsu se ríe. —Ya me agrada.
Acerco a Sakura y la beso en la sien. —¿Ves? Te lo dije.
Nos instalamos en la cabina, Jūgo y Suigetsu alegremente me delatan, deleitando a Sakura con historias embarazosas de mi juventud. No era un chico divertido.
Ya estamos a través de la cena y en nuestra segunda jarra de cerveza cuando Sakura se excusa para ir al baño. La dejo salir de la cabina y observo su culo mientras hace su camino a través de la multitud. Hay un poco de tambaleo en su paso. Es pequeña; la cerveza la golpea con fuerza.
—Debe realmente gustarte esta —dice Suigetsu.
Mantengo mis ojos en la mesa. —Las cosas son casuales, por ahora.
Jūgo se burla. —Corta la mierda. Dime la última vez que trajiste a una chica a casa por el fin de semana para conocer a tus padres.
—O a nosotros —añade Suigetsu.
—Es divertido pasar el rato a su alrededor.
Jūgo vierte lo que queda de la jarra en el vaso de Suigetsu. —Vamos, Sasuke. Tiene que ser más que eso. ¿Cuál es el asunto?
Todavía estoy incómodo por la conversación que tuve con Kizame antes.
—Mi agente quiere mantener nuestra relación en privado hasta que estemos más cerca de las eliminatorias.
—¿Por qué harías eso? —pregunta Suigetsu.
—Puedo estar en la lista de finalistas del Soltero del Año. Piensa que se verá mejor si luzco disponible.
—Eso va a ser un reto después de este fin de semana, ¿no te parece?
—Eso es lo que dije. —Si bien me importa una mierda el título, la promoción potencial es difícil de rechazar—. Además Kizame cree que eso me lanzará para la campaña de Sports Pro. Podría abrirme la puerta a más oportunidades.
—¿Sports Pro? Eso es enorme, hombre. Espero que lo logres. — Suigetsu se inclina sobre la mesa y baja la voz—. ¿Cuál es el asunto con la historia del vestidor, de todos modos? Los rumores son una locura. ¿Fue por publicidad o algo así?
Niego. —No fue un truco si es eso a lo que te refieres. Me alegro de que los informes de los medios sean vagos.
Ninguno de nosotros se da cuenta de que Sakura volvió hasta que palmea a Suigetsu en la parte posterior.
—Hubiera sido fantástico si no hubiéramos sido atrapados por el resto del equipo. Lamento volver antes de que Sasuke pudiera darles más detalles. —Se desliza dentro de la cabina a mi lado.
Suigetsu se frota la nuca. —Lo siento. En realidad no es de mi incumbencia.
—No importa. Totalmente me gustaría saber si se tratara de un amigo mío. Tendré una noche de chicas con mi mejor amiga la próxima semana para compartir los detalles. Somos mucho peor que ustedes. — Me mira—. A menos que quieras que me los guarde para mí misma.
Me alegra que ya no esté enloqueciendo. Aunque las cervezas pueden tener algo que ver con su falta de preocupación. Sé que la atención de los medios la afecta. —La historia del vestidor es un juego justo.
Pasa el resto de la noche con su mano en mi muslo, rozando mi erección de vez en cuando para torturarme. Para el momento en que dejamos el pub, Sakura está borracha y mis bolas duelen.
Una vez que regresamos a la casa de mis padres, es una hazaña conseguir que Sakura llegue a mi habitación sin despertar a toda la casa. Lo único que quiere hacer es besar; en el pasillo, en la escalera, frente a la habitación de mis padres, en frente de mi habitación. Una vez que estamos dentro, cierro la puerta.
Sakura saca mi camisa sobre mi cabeza.
—Dios, eres el hombre más sexy. Tengo una carpeta de fotos tuyas en mi portátil. ¿Eso es raro? Siempre elijo las más calientes, así puedo masturbarme con tu bonita cara. El anuncio de la leche me calienta cada vez. Todavía quiero la copia de tamaño natural. Obviamente, no es lo mismo a cuando estoy contigo. Nada se compara a ti y a tu polla monstruosa. Él está en una liga por sí solo. —Sakura frota mi pene a través de mis pantalones.
—Tenemos que ser silenciosos, ¿de acuerdo? —Le susurro. Está siendo muy ruidosa.
—Oh, cierto. No queremos que tu mami nos escuche. —Presiona un dedo en sus labios—. Puedo estar callada. Lo prometo.
—Buena chica.
Con las inhibiciones silenciadas por el alcohol, Sakura se despoja de su camiseta y lanza su sostén al suelo. Sus vaqueros son los siguientes, pero su ropa interior se queda. Abre el botón de mis pantalones y los tira hacia abajo por mis rodillas. Salgo de ellos, viendo como sus manos se mueven a mis muslos. Sus labios se abren y humedece su labio inferior. La forma en que prácticamente adora mi polla es el mejor levantamiento de ego en el mundo.
—Hola ahí. —Le da una palmadita. Ha toqueteado mi polla toda la noche; estoy tan duro que duele.
Contengo la respiración y aprieto mis manos a mis costados cuando se inclina y besa la punta. Sakura me mira mientras rodea la cabeza con su lengua. —Tanto pene. —Separa sus labios y envuelve la cabeza con su cálida y suave boca.
Comienza a acariciar y chupar mi polla. Me gustaría decir que duro mucho tiempo, pero Sakura sigue gimiendo, en voz muy baja, y sigo mirando. Demasiado pronto, suelto una advertencia. Me libera de la succión de su boca caliente, y gimo mucho más fuerte de lo que debería cuando me vengo en su pecho.
Sakura baja la mirada. —Huh. Eso no fue tan repulsivo como pensé que sería. Es casi como una película porno, ¿verdad?
Me interesaría saber más sobre el porno que ve y si miraría un poco conmigo. —Eres la mejor novia del mundo.
Sakura lleva una sonrisa comemierda mientras limpio el desorden con un puñado de pañuelos.
—¿Me dan un trofeo por eso?
—¿Qué tal un orgasmo en su lugar? —La sigo mientras se recuesta en la cama y me coloco a horcajadas sobre sus caderas.
—Eso es un premio de consolación decente.
—He estado esperando toda la noche para poner mis manos y boca sobre ti. Dudo ser capaz de detenerme.
Me inclino para besar su hombro, rozando los costados con mis dedos. —Voy a hacer que te sientas tan bien —le susurro.
El grito de Sakura es sofocado por mi cuello, el cual está mordiendo. Corro mi pulgar sobre su pezón. Hace otro ruido, esta vez más fuerte.
—Shh, bebé. —Cubro su boca con la mía.
—Lo siento —dice después de que retrocedo—. Haré silencio.
—Esa es mi chica. —Beso mi camino desde su barbilla hasta el valle entre sus pechos, evitando sus pezones. Arquea su espalda, buscando algún tipo de alivio.
Sacudiendo mi lengua sobre su pezón, exhalo y lo veo endurecerse.
Esta vez Sakura amortigua una maldición. No voy a admitir que probablemente puede ser tan ruidosa como quiera. La habitación de mis padres se encuentra en el piso debajo de nosotros en el otro extremo de la sala. Es poco probable que vayan a escucharnos. Debido a la remota posibilidad de que Sakura se ponga un poco demasiado exuberante guardo esa información para mí mismo. Hemos tenido suficiente mierda pasando este fin de semana.
Aún así, no estoy siendo muy agradable al mantener sus piernas juntas. Por lo general, cuando paso un tiempo con sus pechos, tiene la oportunidad de frotarse contra mí. No es así en este momento. No puede correrse sin la fricción que le niego.
Cuando sus gemidos se vuelven desesperados, beso mi camino por su estómago y por una parte de sus piernas.
—Por favor, Sasuke. Solo quiero correrme.
Soplo sobre su clítoris, y gime. Estampa una mano sobre su boca.
—Lo siento. Lo siento. No detengas. Por favor —murmura desde detrás de su palma.
Me encuentro a punto de estar dentro de ella, pero se merece un poco de tortura por las horas que soporté con la erección esta noche. Beso la piel justo encima de su clítoris.
Se aferra a mi cabello firmemente con su otra mano. —Tu boca está hecha de magia.
Mantengo sus piernas juntas, subiendo más mis manos hasta que mis pulgares están peligrosamente cerca de su zona de "enloquecer". Es a propósito. Todo su cuerpo se sacude ante el contacto. Lo hago de nuevo. Sakura gime, en voz alta.
Me detengo. Tan malo como suene, la quiero muy cachonda. Cuanto más la provoque, más intenso su orgasmo será. Cuanto más húmeda esté, más profundo podré entrar. Es un ganar-ganar para los dos.
—¿Qué haces? —exclama en un susurro furioso.
—Estás teniendo demasiadas complicaciones para mantenerte callada. —Corro mis pulgares sobre su clítoris.
Se halla tan cerca de un orgasmo que no debe haberlo notado o no le importa. Levanta sus caderas, presionando mi cara en su coño. Ni siquiera tuve que usar mis dedos antes de que se corra.
Su cuerpo se sacude por la restricción de tener que permanecer callada.
Dejo un camino de besos húmedos desde su estómago hasta su boca, colocándome entre sus muslos. Se queda quieta, sus ojos revoloteando mientras sigo adelante. Me quedo cerca y me muevo lentamente hasta que no es suficiente para ninguno de los dos. Agarrando su culo con una mano, voy más duro, más rápido, más profundo. Cerniéndome sobre ella, me encuentro listo para silenciar los sonidos que sé que no será capaz de contener.
Sakura se pone rígida cuando reajusto mi agarre y rozo accidentalmente su área de "acceso denegado".
Clava sus uñas en mi piel y muerde mi hombro para amortiguar su gemido. Su coño se aprieta con tanta fuerza que es como si mi polla estuviera siendo sostenida por el agarre más cálido y aterciopelado en la tierra. Así que, por supuesto, me vengo como un maldito buldócer.
Nos ruedo, así Sakura descansa sobre mi pecho y froto su espalda mientras su respiración se ralentiza. Las réplicas la hacen gemir cada cierto tiempo.
—Tus dedos estaban muy cerca de la zona de restricción.
—Lo siento. —Froto su espalda. No del todo arrepentido. Resopla. Es un sonido agotado.
—Mentiroso.
—Yo nunca… —Dudo, tratando de decidir qué es exactamente lo que nunca haría.
Si se me da la oportunidad, ¿lo haría? Infiernos sí. ¿Es probable que eso suceda en un corto plazo? No, a menos que pueda convencer a Sakura de que me deje acercar mis dedos al país de Nunca Jamás—. No fue intencional.
—Sí, claro.
Levanto su mano, llevando sus dedos a mi boca y muerdo su nudillo. —Solo quiero hacerte sentir bien.
—Lo haces sonar tan inocente. —Se acurruca y mete su cabeza debajo de mi barbilla.
Esto es lo que extrañé, la fácil cercanía que compartimos.
Sakura se queda dormida, pero se necesita mucho tiempo para que mi mente se apague. Tengo sueños donde estoy haciendo patinaje artístico y no puedo atrapar a mi pareja antes de que caiga. Sueños de ansiedad no son poco comunes en este momento de la temporada. Pero éstos me inquietan, como si mi incapacidad para detener la caída de mi pareja es un espejo de mi realidad.
Les resto importancia.
Los sueños son sólo sueños.
No significan nada.
