Log 3
Durante una de las misiones de reconocimiento, previa a la misión de asalto, los equipos se habían dividido en dos, el primero conformado por No. 3, No.4, No.21 y No.22, quienes se encargarían de ir a la vanguardia para investigar el terreno. Mientras que el segundo grupo, custodiaría a No.9, conformado por el sanador, el instructor y No.6.
Sabían que la inestabilidad del terreno y la amenaza climática, serían las problemáticas más fuertes en esa misión, no obstante, contaban con poder generar una estrategia efectiva para lograr avanzar en el área
El sonido de unas rocas desprenderse, le avisaron a Black del deslave que amenazaba con eliminar a su sanador. Eso era lo único que no podría permitir. Su healer era el equivalente en aquel juego humano llamado ajedrez, al rey. Si lo perdían, lo perderían todo.
— ¡No.9! — gritó el instructor.
Black se había encargado de empujarlo para alejarlo del peligro, sabiendo que terminaría por tomar el lugar de su alumno. Intentó sujetarse de alguna roca, sin contar con que lo que sujetaría, sería accidentalmente el brazo de No.6.
— ¡¿Eh?! — exclamó No.6, apenas se sintió el contacto en su brazo, fue arrastrado hacia abajo, sin poder hacer algo al respecto. La gravedad se había encargado de impedir cualquier tipo de resistencia.
— ¡Instructor! ¡No.6! — gritó No.9 desde arriba, estirando su brazo, como si con eso pudiera detener la caída de sus compañeros de equipo.
No. 6 y el instructor, se habían caído rodando entre la tierra que ardía por el sol, hasta ingresar por una pequeña grieta, aterrizando finalmente en una cavidad rocosa. La caída había sido bastante alta. Por lo que, en un acto reflejo, No.6 entre giros y acrobacias, había logrado absorber la mayor parte de los golpes que Black y él iban a llevarse. Acto que no pasó de ser percibido por Black.
Apenas aterrizar, Black, aún seguía consciente. Se incorporó hasta quedar sentado y se observó, se encontraba en esencia bien, o al menos eso pensó hasta que intentó ponerse de pie. Si bien, el daño había sido mínimo, no podía contar con su tobillo por el momento.
Cuando miró a su alrededor, localizó a No.6 algunos metros adelante, inconsciente. Debía estarlo, la única manera de mantener a No.6 quieto y callado era que estuviera inconsciente o muerto. Pero la altura no era suficiente para destruir por completo a una unidad yorha, así que debía estar simplemente en modo de suspensión. Ya que no podía caminar, gateó hasta él para asegurarse. Estaba convencido que No.6 no había salido ileso de la caída y no se equivocó. Se fijó en sus heridas y dedujo al verlas, que sus piernas habían quedado inservibles.
— Me protegió — murmuró, recordando los giros que No.6 había hecho, con los cuales, le había evitado los golpes más duros.
Observó el rostro durmiente en silencio, analizándolo detenidamente. No era la primera vez que No.6 priorizaba su vida por sobre la de sí mismo. Era tan paradójico. Sacrificarse por otros no era algo que precisamente lo caracterizaba, más bien, había registros de él incomodando y peleando con los demás. Así como registros de él pareciendo disfrutar del sufrimiento de sus enemigos, y en ocasiones, de sus aliados.
— No.6 — le llamó, moviéndolo ligeramente del hombro.
Pero No.6 seguía sin responder, el cuerpo estaba lánguido y lleno de tierra.
Black suspiró.
Observó a su alrededor, buscando una manera de ser rescatados. Parecía una cueva cerrada, no había forma de salir más que por donde habían llegado. Considerando la altura y el tipo de rocas y deslaves, sería realmente un problema subir, estando ambos heridos. Debía localizar a los demás y hacerlos volver para un rescate. El clima también seguía en su contra, si no se daban prisa, llovería y eso volvería los muros de piedra aún más resbalosos.
Se sintió algo mal. "Qué manera más tonta de arruinar una misión" pensó. Iban contra reloj. A ese paso, la llegada del ultimo miembro del equipo era inminente, y con ello, debería sacrificarlos a todos.
— ¡Instructor! — escuchó Black desde arriba.
— ¡No.9! ¡No bajes aquí! ¡No hay salida! — gritó.
— ¡Entendido, señor! ¡Contactaré a los demás para que vengan aquí! ¡Tal vez No.21 puede ayudar!
— No.9, no vayas tras ellos y no bajes la guardia. Implementa la estrategia 254.
— Entendido, señor.
No había más por hacer. Black sujetó el cuerpo de No.6 y lo llevó hasta la orilla a rastras, necesitaba quedarse quieto y terminar de evaluar los peligros de la cueva para facilitar su rescate, pero no podía perder de vista a No.6 no sabía en qué momento podrían llegar a recibir un ataque, esa grieta ni siquiera aparecía en los mapas topográficos.
Volvió a sentarse, esta vez con su espalda recargada en la pared rocosa, había sentado a No.6 en su regazo, esperando reducir la posibilidad de un ataque enemigo, así como evitar que se lastimara más. Ya perderían mucho tiempo haciendo que No.9 los reparara a ambos más tarde. No podía permitirse perder más tiempo.
Un estruendo resonó desde los cielos apenas advirtiendo de la cortina de agua que comenzó a liberarse de las nubes. La lluvia había llegado más pronto de lo que había contemplado. A ese paso, deberían esperar a que pasara, de lo contrario, sus alumnos corrían el riesgo de ser arrastrados hasta donde ellos.
Cubrió a No.6 con su capa, para evitar que se mojara. Mientras esperaba, agradeció que No.6 estuviera inconsciente. A veces, solo a veces, le era un poco difícil lidiar con su temperamento. No.6 era un pensador rápido, probablemente para empatar con sus habilidades en combate, le ayudaba a tomar decisiones veloces y ejecutarlas en el acto.
Pensando en ello, observó el cuerpo de su alumno. Si bien, era el más pequeño en estatura de entre todos sus compañeros, era el más letal de todos. Ahora que tenía oportunidad de observarlo más detenidamente, se permitió pensar en cosas que usualmente no pensaba, como por ejemplo ¿por qué la comandante White había elegido los modelos que conformaban el escuadrón experimental M?
Se reprendió.
Dudar y cuestionar a su comandante estaba fuera de lugar. Continuó observando el cuerpo inconsciente, realmente era muy diferente cuando dormía, era incluso difícil pensar que alguien tan visualmente débil e inofensivo, podría ser tan peligroso.
Si lo pensaba, quizá eso era en parte lo que le volvía difícil lidiar con No.6. En apariencia débil, con una habilidad abrumadora que superaba la suya por mucho. Con una personalidad beligerante que buscaba cualquier rastro de debilidad para autosatisfacerse.
Le había quedado claro desde que había corrido el escaneo antivirus del SSU en él. En la primera ocasión había notado algo en la petición de No.6 de repetir la sesión, y eso era que: parecía adorar la sumisión. Ya sea ejercerla o sentirla. Era el simple hecho de negar la voluntad a otro. Un oscuro deseo que se mantenía latente.
Con el paso de las horas, eventualmente No.6 se reactivó. Black lo sintió en el pequeño espasmo que tuvo su alumno.
— ¿Instructor? ¿En dónde estamos? — preguntó, aunque había entendido la situación de inmediato.
Black sintió por un momento que en su regazo tenía sentado a un depredador. Una criatura peligrosa, que se mantenía tranquila por mero capricho. Pero que, en cualquier momento, eso podría cambiar. La mirada del androide era calculadora y su amplia sonrisa inquietante.
— Caímos por aquella grieta, ¿la ves? — comentó señalando hacia arriba.
No.6 siguió el dedo índice del instructor con la mirada, hasta que sus ojos se posaron en aquella fisura. Retuvo ahí la vista cansinamente. No parecía que fuera a hacer ningún intento por salir, tampoco hizo esfuerzo alguno por intentar ponerse de pie, ni siquiera para intentar comprobar su propio estado.
Permaneció sentado y recargó su cabeza en el pecho de Black. Su mirada se centró en uno de los botones del abrigo de Black, el que estaba a la altura donde se encontraría su caja negra o un corazón humano, si el instructor los tuviera. Comenzó a juguetear con el botón con su índice y su pulgar.
— Huele muy bien, instructor — comentó.
Black sintió incomodidad, sin embargo, no hizo nada por detener a su aprendiz, así como tampoco hizo más por alentarlo. Había aprendido que mientras permaneciera neutral, No.6 simplemente perdería el interés y pasaría del tema.
— ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? — preguntó el castaño, comprobando con su pregunta, las suposiciones del instructor.
No obstante, pese al cambio de tema, Black no dejaba de sentir el botón de su uniforme siendo manipulado por los dedos de su aprendiz. Parecía querer arrancarlo.
— Cuatro horas — respondió aun alerta a sus alrededores, sin dirigirle la mirada, pero también alerta a las acciones del caprichoso depredador en sus piernas — En cuanto la lluvia pare, seremos rescatados.
Black comenzó a sentir la mirada penetrante e insistente de No.6 en su rostro.
— Me gusta cuando tiene esa expresión fría en su rostro, instructor.
Black no respondió.
— Ya que estamos en privado, señor ¿podríamos repetir el escaneo antivirus con el SSU que nos mostró el otro día?
Por primera vez, Black volteó a verlo directamente y notó su propio reflejo en los ojos de su alumno. La atención que estaba recibiendo era escalofriante.
Pensó que era obvio que No.6 no recordara que ya le había concedido aquel deseo, pero le era muy extraña la fijación que tenía con ella. Y tenía el presentimiento, de que, siempre se la pediría.
— Denegado — sentenció, desviando la mirada de nuevo. Se sintió alterado por su propio reflejo en los ojos de su alumno.
Por su parte, No.6 bufó. La fría autoridad de Black le era encantadora. Y ahora, mientras contemplaba su rostro, pensaba en lo mucho que le gustaría ver la cara de su instructor descompuesta en dos facetas: una con una ira despiadada y otra con un terror abrumador. No dejaba de pensar en ¿cómo sería de interesante encontrarse ambos a solas en el campo de batalla? Estaba consiente que el instructor Black no poseía una caja negra, no era un modelo Yorha, eso fue lo que lo había llevado a recibir la mayor parte del daño de la caída en primer lugar: el querer perpetuar la diversión de una guerra eterna.
Con el tiempo, Black se acostumbró a la mirada depredadora en su rostro y al movimiento en su botón. Estaba menos tenso, pero no por ello tranquilo.
Al cabo de un par de horas más, la lluvia cesó y la operación de rescate comenzó. Con dificultad fueron recuperados de la cueva y llevados a un sitio un poco más seguro, donde No.9 se encargó de reparar a ambos.
Con Black no le tomó mucho, la herida había sido mínima. Del tobillo en fuera, lo único que Black se había llevado de daño era la perdida de uno de los botones de su uniforme.
— Listo, señor. Solo restaría después reparar su uniforme.
Black se quedó en silencio, notando que efectivamente, ya no tenía botón. Una sensación de inquietud le embargó.
Luego, No.9 se dirigió a reparar a No.6, cuyas piernas se encontraban inservibles desde las rodillas hacia abajo, le tomó considerablemente más tiempo repararlo que a Black. Y mientras lo reparaba, notó a un aburrido No.6 juguetear con algo en su mano. Paseaba por sobre el dorso de la falange proximal de sus dedos un objeto pequeño y redondo como una moneda. Después, notó algo.
— Tú cabello no está mojado como el del instructor — comentó su observación, indirectamente — ¿Tú no te mojaste?
No.6 simplemente se encogió de hombros.
Esas horas a solas con el instructor eran privadas.
