Log 12
Todo había sido un desastre. Un fracaso total. Todos morirían.
Lo peor: un accidente aéreo era de lo más patético para ser su última vida. Sin embargo, no duró mucho tiempo decepcionado. Había caído justo frente a un campo lleno de enemigos. Comenzó a cortarlos, empalarlos, rebanarlos. Iba a divertirse lo que le restara de vida.
Él mismo tenía un virus lógico. Lo sabía. Desde el inicio lo sintió moviéndose por su interior. No tenía caso preocuparse por intentar alargar su vida, ni mucho menos contener más sus fantasías. Las volvería realidad ahora que agonizaba.
Los exterminaría a todos.
No obstante, un deseo se apoderó de él. Anhelaba verlo. Quería tanto ver al instructor Black. Esas imágenes que estuvieron en su mente no se iban. Tan solo anhelaba poder cumplir ese único deseo que tenía. Un momento íntimo con él que terminara en un voto sangriento. Quería que su propio rostro se descompusiera en placer, así como deseaba que el de Black se cubriera de dolor y angustia.
Sabía, gracias a No.21 algunas de las cosas que Black había hecho con sus yo del pasado. Por desgracia, el instructor no dejó imágenes adjuntas. Aun así, se sentía celoso de sí mismo. Esperaba que su instructor no se hubiera encariñado con alguno de ellos más que con él. Él tenía que ser quien obtuviera las expresiones de Black que nadie más vería. Dolor y placer entremezclados.
Bufó. No paraba de cortar enemigos y solo podía pensar en cómo las maquinas carecían de encanto al no suplicar por su vida. Si tan solo lloriquearan rogando piedad, expresando dolor y agonía. Sería una delicia. También pensaba en cómo su sed quizá podría saciarse únicamente con Black.
¿Quién habrá sido el de la brillante idea de dotarlo con una personalidad como la que tenía?
Ya antes había investigado mucho, sobre humanos con las mismas tendencias y predilecciones. Humanos denominados "antisociales" "enfermos" "criminales" "asesinos seriales". Nunca fueron bienvenidos en sociedad. Así como nunca parecían haberse saciado de ese extraño placer, caían en la imitación del momento con la intención de repetición del cenit de placer. Pero nunca se alcanzaba, incluso si perfeccionaban sus técnicas, simplemente no lograrían repetir y mejorar la sensación otorgada por su desaparecido objeto de deseo.
Si tomaba eso en cuenta ¿Podría él saciarse con solo torturar a Black una vez? Probablemente no.
Black mismo no lo hizo, repitió una serie de cosas sin su conocimiento varias veces. Era incluso excitante saber que Black se había atrevido a llevar a cabo tales conductas. No por nada era el líder del escuadrón M. Incluso se había atrevido a traicionar y moldear sus parámetros morales. ¡Delicioso!
Pero, sabía que Black no era como él. Seguramente su amable instructor se había convencido a sí mismo de que si se sacrificaba, le evitaría caer en un frenesí de sangre con todo el escuadrón M. Una fantasía dulce de una persona dulce. Black no podría estar más equivocado. Eventualmente lo habría hecho. Aunque por supuesto, después de saciarse de él.
Ahora que lo meditaba, si Black se "sacrificaba" podría pensarlo desde dos ángulos. Uno era para evitar que se corrompiera. Actuaba por su bien y el de los demás, ya sea el escuadrón M, la comandante White, la humanidad, fuera quien fuera. Siendo el caso, entonces debería enseñarle quién era su único amo. Debía aprender que la única prioridad era satisfacerlo y no proteger a los otros.
Pero no encajaba completamente, si Black fuera tan amable, hace tiempo que él mismo les habría dado la opción que No.21 le brindó. Así que, esa no podía ser la razón.
Por otro lado, ya que era obvio que Black sabía el destino que les deparaba y cómo era imposible detener tal destino, quizá tuvo la "piadosa" idea de satisfacer a una de sus ratas de laboratorio por mera culpa. Sería la misma razón por la cual debió haberle permitido quedarse con ese botón. Para él era un trofeo, una marca de que Black le pertenecía. Pero era evidente ahora que, para Black, era darle un premio de consolación a un ratón moribundo. Un acto de crueldad disfrazado de bondad dentro de una crueldad más grande.
Muy mal por parte de su dulce instructor. Un experimentador no debía encariñarse con sus animales de laboratorio. Si había elegido ser despiadado, debía hacerlo por completo, no a medias. Y ahora, él, debía enseñarle cómo hacerlo. Pronto intercambiarían papeles. Le enseñaría a comportarse y a dirigirse a él apropiadamente. Si ambos compartían el corromper al otro, le enseñaría a hacerlo bien.
Todo se veía rojo.
Seguramente el virus ya había llegado al punto sin retorno. Y podía sentirlo. Como todas sus inhibiciones y limites se rompían. Entre más se internaba en el bosque destruyendo maquinas, más lograba percibir gritos. ¿Serían alucinaciones? ¿Finalmente había pasado? ¿Había perdido la razón?
Era risible. Imposible perder algo que nunca se tuvo. Entre más luchaba y más agudizaba el oído notó que eran los idiotas debiluchos de la resistencia.
Pero ¿qué hacer con tanta energía? ¡La respuesta era obvia! Tras de sí, solo había un rastro de cadáveres de formas de vida mecánicas que iba creciendo conforme avanzaba. Lo haría crecer más hasta alcanzarlos.
Cuando finalmente los vio, sintió una especie de latido. Ahí, estaba Black con esos inutiles. Se acercaban a un acantilado. Pero él no permitiría que le arrebataran sus presas, no un montón de maquinas que no podían sufrir ni quejarse. Sería patético perder tan deliciosas expresiones de horror y dolor contra seres de calidad tan inferior.
Se abrió paso con tal facilidad, como si únicamente fuera corriendo, así que era decepcionante. Tanto como lo era la expresión de alivio de Black.
¿Por qué estaba aliviado de verlo? No iba para salvarlo.
El sentimentalismo era algo que no tenía cabida ahora. El aburrimiento crónico que sentía era algo que no permitiría en esa velada. Si bien, había invitados de más en su dulce intimidad con Black, eso no le detendría para el plato principal.
"¡Gracias por la comida!" Vino a su mente esa frase que usaban los humanos. De alguna manera, la sintió apropiada.
Por su lado, Black sintió alivio invadirle. Lo ultimo que esperaba a esas alturas eran refuerzos. En especial de parte de uno de los participantes del motín. Por un momento se preguntó ¿qué pasaría si ahí y ahora, cambiaba de opinión y salvara a todos yéndose con ellos a las tierras de la noche?
Su arma de doble filo estaba ahí, frente a él, salvándolo. Quizás…
Todo atisbo de esperanza desapareció. Por supuesto, como el depredador que era, pronto le hizo saber que no estaba ahí para salvarlo. Simplemente era un carnívoro asegurando que su presa fuera devorada por sí mismo y no por alguien más. No.6 se lo hizo saber de inmediato, con el cuchillo que le lanzó y con sus palabras.
Todo acto beligerante que hacía para atacarlo a él y a los miembros de la resistencia; cada segundo que transcurría era un pesar para él. Lo sabía, estudió tanto a No.6 que conocía sus fortalezas y debilidades de pies a cabeza cuando de combate se trataba. Lo que nunca termino de comprender fue su mente.
Cuando No.6 le aseguró que su actuar no era provocado por el virus, fue que aceptó la realidad.
Lo sabía, no lo comprendía porque había elegido no entender. Había elegido autosatisfacerse pensando que tenía alguna clase de control sobre una bestia salvaje de simpática apariencia. Había elegido pensar que tenía poder como experimentador, cuando él mismo formaba parte del experimento. Aunque reconocía ahora más que nunca que todo de lo que se había convencido, era una mentira.
No solo No.6 había dejado claro desde el inicio sus preferencias, también había participado en ellas. ¿Cómo podía sentirse victima? ¿cómo podía llamarse su instructor si nunca se molestó en tratar de enseñarle algo más que no fuera prepararse para la guerra? ¿Cómo podía llamarse su experimentador si había gastado tanto tiempo y energía en satisfacerlo, entenderlo y saboteando su naturaleza?
Todo era tan solo un chiste.
No.6 siguió con su tarea de intentar matar a los miembros de la resistencia. En tanto, él, con su conciencia perdiéndose, se permitió pensar por unos momentos en el resto de sus estudiantes.
Si el destino era tan mezquino como era, seguramente, cada uno de sus estudiantes tendrían su gran final con sus respectivos pendientes. Y si no, sabía que sus chicos eran lo suficientemente tercos y decididos para hacer que ocurriera.
No le fue difícil deducir que No.3 buscaría o se encontraría con No.4, ambos compartían un vínculo diferente a los modelos gemelos, pero uno tan pasional y tan mal interpretado, que por eso terminaban siempre en caos. Siempre supo los fuertes sentimientos que No.3 tenía por No.4, por eso siempre lo perseguía, por eso siempre lo escuchaba a pesar de sus propias quejas, por eso siempre lo sobreestimaba. Aunque no era el más expresivo, estaba consciente de que No.4 estimaba a No.3 más de la cuenta, demasiado para su propio bien.
Estaba seguro de que terminarían en un duelo a muerte, discutiendo.
Gracias a No.6 ahora se daba cuenta que estaba totalmente comprobado que No.21 y No.3 estaban contagiados con un virus lógico. Y gracias al mismo No.6 pudo deducir que los virus lógicos probablemente no influían tanto en los androides como pensaba, más bien amplificaba sus propios deseos y miedos, así como rompía sus inhibiciones. De ser el caso, habría sido genial poder subir ese reporte a la información del bunker.
Si su teoría era correcta, y no algo meramente circunstancial, deseó por un momento que ese virus que consumía a No.3 le permitiera hablar a corazón abierto con No.4 y que finalmente, pudiera decirle lo que sentía por él, quizá así, No.4 finalmente podría externar también sus pensamientos en palabras.
Deseaba que No.21 no fuera demasiado duro con No.22, podía entenderlos a ambos. Estaba consciente de cómo No.21 veía hacia abajo a No.22, así como la comandante lo subestimaba a él. Ojalá que No.22 finalmente pudiera tomar el valor que él mismo no tenía y superar esa limitante. Poder tener confianza en que podría hacer más que quedarse en la sombra de No.21.
Anheló que No.2 se hubiera apegado lo suficiente a No.9. Estaba consciente de cómo No.9 había impactado en No.2, eso fue lo que más le ayudó para buscar influir en el modelo E. No.9 había sido la clave para retrasar su exterminio. No obstante, a estas alturas, la única oportunidad de supervivencia era que No.2 activamente eligiera no exterminar a No.9 y los demás. Si tan solo fuera el caso, habría una oportunidad.
Por un momento se vio con todo su escuadrón, acampando y protegiéndose entre todos. En esa visión, No.2 los había elegido, se había unido para estar con No.9. Aquí finalmente No.3 y No.4 habían sido sinceros el uno con el otro y no solo era una dupla formidable en combate, sino que, parecían compartir algo más profundo. No.21 y No.22 seguían siendo tan unidos como siempre, sin embargo, ambos habían logrado superar sus propios complejos. En cuanto a…
Fue como si su mente se dividiera en muchas partes, una parte de él rememoraba toda su vida. Otra se centraba en encontrar una manera de erradicar la amenaza que tenía frente a él. Otra no dejaba de nublarse por el dolor que sentía y la burlona voz de su monstruo.
Cuando finalmente vino con su idea ganadora, aunque casi no tenía fuerza, ni tampoco conciencia, una parte de él pensó en lo curiosa que era la manera en la que No.6 concentraba obsesivamente en algo de su interés. Aunque para su desgracia, en este momento ese algo era hacerlo sufrir. Pero eso le dio tiempo suficiente para hacer los preparativos.
Lo oía sin escucharlo realmente. De repente, sintió peso en sus ya rasgadas piernas. El calor y tacto en sus heridas, le ardían de tal manera que casi le hicieron perder la conciencia de nuevo. Sintió las manos de No.6 sujetar su rostro.
— ¿Debería apuñalar ahora tu ojo izquierdo o derecho? — le oyó decir.
Rojo.
Esa mirada roja, se preguntó si él también la tendría pronto.
Sintió presión en sus labios y aquella conocida lengua adentrarse en su boca. Le concedió ese último beso.
— Yo seré su último No.6, el que permanezca en sus últimos momentos, instructor.
Black sonrió. Era una lastima que no pudiera hablar mientras No.6 lo besaba, ese era el conducto perfecto. Le habría ahorrado el desgaste y el dolor.
Con la poca fuerza que le quedaba, logró apuñalar a No.6, quien no había sentido dolor alguno. Seguía sentado sobre él, observando con desdén la pobre herida que le había infligido Black.
— Vaya, aun tenías fuerza para esto. Sabes que eso no me va a afectar ni te va a salvar ¿o no?
— SSU inicia un análisis antivírico en No.6.
La expresión complacida de No.6 pronto se transformó en angustia. Mientras que la de Black se llenó de alivio. Lo había logrado. Con eso podría evitar que No.6 siguiera hiriendo a los demás. Podría ganar tiempo para el resto. Si aún estaban decididos a desertar y si su único deseo se cumplía, quizá…al menos habría futuro para ellos.
Para No.6 sus pensamientos se concentraron en su cuerpo. Ese análisis, no era como el que recordaba. Este análisis lo había paralizado, no lo hacía sentir bien para nada.
— ¿Q-qué me…?
— Lamento la tardanza.
Esa mirada de nuevo, No.6 se alteró al ver esa mirada, la misma que le dio poco después de la llegada de No.2. Definitivamente era una de despedida.
— Alteré la función del análisis para que reescribiera y sobrecargara tu caja negra.
Eso dejó a No.6 helado. No se supone que fuera así. No se supone que él se sintiera mal, no se supone que Black fuera su asesino, debía ser al revés. Pero lo peor era que, se suponía que al menos uno de los dos sobreviviría.
— Pero entonces tú…
Ni siquiera quiso atreverse a decirlo. En cambio, Black se sintió satisfecho. Finalmente podría hacer algo por ellos. Aunque fuera insignificante, aunque fuera incluso ignorado por ellos. Podría irse tranquilo de saber que al final, los eligió, a todos y cada uno de sus estudiantes. Si bien, no tenía poder para hacer o cambiar nada en sus destinos, al menos, se iría sabiendo que, por una sola vez en su vida, podría ser quien elegía ser, podía hacer lo que quería hacer. Por primera y ultima vez, podía ser él mismo. Podía ser el monstruo que era e irse con el monstruo que creó.
— Lo sé. Pero cuando uno de mis estudiantes tiene un problema, me quedó con él hasta resolverlo, hasta el final.
No.6 solo podía pensar en como deseaba que se detuviera, esas sensaciones horribles, el hecho de que Black moriría con él. Uno de ellos debía sobrevivir, solo así conservaría el recuerdo del otro.
Black definitivamente había visto algo en él que interpretó como miedo. Pero, como era costumbre, seguramente lo había interpretado solo superficialmente. Seguro que Black pensaba que le asustaba la muerte.
— Haz que se detenga, detenlo, detenlo, detenlo…
Su angustia fue tal que Black sintió el impulso de con la poca fuerza que le quedaba pasar uno de sus brazos alrededor de su espalda, logrando descansar su mano en la parte posterior de su cabeza.
— Te…
Quizá fue solo idea de Black, ya que la explosión no había dejado escuchar nada, pero de haber seguido con vida, juraría que No.6 había comenzado a decir algo. Por supuesto nunca sabría qué quiso decirle. Nunca logró comprender su mente por completo.
Pero había una cosa de la que estaba seguro, ahora ninguno de los dos volvería a lastimar a nadie.
Gracias por leer.
