Este drabble participa de la week especial "kisspril" organizada por la página "es de fanfics"
Disclaimer: los personajes son propiedad de Furudate, sólo la historia es de mi autoría
Día 3: Robado
Había estado mucho tiempo en Argentina preparándose para los partidos que se avecinaban. Aquello por sí sólo consumía la mayoría de sus energías. Además, nunca había dejado de estar al pendiente de lo que hacían sus antiguos compañeros. Aunque no lo admitiría en voz alta, —y especialmente negaría vehementemente no perderse ningún partido de Tobio—, hacía el esfuerzo por no perder su conexión con ellos. Era complicado hacerse tiempo para siquiera hablar con sus amigos. A eso había que sumarle que jamás dejaría que se supiera que era capaz de desvelarse por un partido de Kageyama sin importar la diferencia horaria entre ellos. Se levantaba demasiado temprano para hacer sus precalentamientos y no terminaba hasta tarde en la noche. Siempre sentía que podía seguir mejorando y hacer a su equipo pulir más y más sus habilidades.
Como cualquier humano necesitaba un tiempo de descanso. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que ir a su tierra natal, Japón? Oikawa extrañaba un poco su hogar. Las comidas típicas, su antiguo colegio, etc. Quizás se trataba de un ataque de nostalgia provocado al ver a sus nuevos compañeros irse con sus respectivas familias. Cuando estaba en el instituto nunca se había sentido de esa manera. Pero quizás se trataba de la edad que lo estaba volviendo algo melancólico. Eso o los tangos tan patrióticos hablando del amor a la tierra natal le estaban lavando el cerebro. Decidido a hacer buen uso de sus días libres, compró un boleto de avión para ir rumbo a la tierra que lo vio nacer.
Tuvo que hacer trasbordo en avión de San Juan a Buenos Aires para poder llegar en poco tiempo al aeropuerto donde despegaría su vuelo a Japón, pues los micros a larga distancia le supondrían mucho más del que quisiera. Eso debido a que en la provincia donde estaba no tenía un viaje directo. Si quisiera salir de donde estaba en un trayecto recto sin escalas debería de conseguirse un avión privado. Empacó algunos regalos y una que otra cosilla para mostrarle a sus amigos. Se había acostumbrado a tomar mate y tenía ganas de explicarles de dónde venía esa tradición enseñada por sus compañeros de equipo cuando no estaban entrenando. El viaje fue largo y bastante agotador. Tuvo que esperar en el aeropuerto de Ezeiza, debido a un retraso en las Aerolíneas Argentinas, algo tristemente común.
Pese a todo aquello, consiguió viajar como tenía previsto. Algunas horas de retraso a lo que tenía esperado, pero al menos llegó a destino. Considerando la cantidad de noticias acerca de vuelos cancelados por diversas razones, haber viajado de forma segura ya fue un logro digno de elogio. Al llegar a Japón fue a un hotel para dejar sus cosas y tener una pequeña siesta. Se lanzó a la cama sin cambiarse de ropa y para cuando despertó el sol estaba en lo más alto del cielo. Seguramente ya era mediodía, por lo mismo iría a comer algo. En su travesía observó las casas y calles buscando apreciar los cambios en su ausencia. Por nostalgia se detuvo en el parque donde solía practicar en solitario.
Sentado en una de las bancas reconoció a Kageyama viéndose derrotado y pensativo. Se acercó con intenciones de saludar y quizás molestarlo un poco. Claro, dependiendo de la gravedad del problema que lo estaba atormentando en esos momentos. Tohru caminó hacia él con tranquilidad y cuando estuvo a su lado, le dio un golpecito en la cabeza con la mano. De inmediato, el azabache levantó la cabeza para mirarle sorprendido. Luego su expresión se volvió esperanzada dándole un mal presentimiento al recién llegado. Lo que no se esperaba luego de horas y horas de viaje era que la primera persona con la que hablara le trajera un problema. Apenas si le dedicó un saludo antes de soltar un monólogo acerca de su vida amorosa sin darle oportunidad de hacer nada más que asentir por inercia.
—¿Qué debería hacer, Oikawa-san? —preguntó Kageyama viéndose realmente ansioso y algo avergonzado.
En ese momento confirmó que se estaba poniendo viejo cuando recordó que una situación similar la vivió cuando Tobio le pidió que le enseñara a sacar. Sólo que ahora no estaba su confiable Iwa-chan para frenarlo si quisiera golpearlo. Y ganas no le estaban faltando por la gran tontería en la que le pedía su ayuda.
—Déjame ver si entendí bien —respondió el de cabellos castaños—. ¿Quieres mi ayuda para besar a tu esposo? —preguntó alzando una ceja con escepticismo—. ¿No me digas que no se han besado antes? Durante su ceremonia de bodas lo hicieron —le recordó siendo que él en persona asistió aquel día.
—¡No es eso! –gritó Kageyama ofendido de que lo tratara como a un niño—. ¿Cómo le robas un beso a un rematador con reflejos tan buenos? —interrogó frustrado.
—Para empezar, ¿por qué quieres robarle besos? —interrogó con los brazos cruzados mirándolo con burla—. En todo el tiempo que llevan de novios y esposos ¿nunca le robaste uno? —cuestionó con incredulidad.
—No son verdaderos besos robados, él sabe lo que voy a hacer y me sigue el juego —explicó Kageyama—. No hay auténtica sorpresa. Quiero dejarlo con la boca abierta por haberlo sorprendido con la guardia baja.
—¿Y eso para qué? —Quiso saber el mayor sin entender su lógica.
—Escuché que es necesario renovar tus técnicas para mantener viva la llama de la pasión —respondió el de cabellos azabaches con gran seriedad.
—¿Qué? —preguntó el mayor sin entenderlo del todo.
—Cuando usas siempre la misma estrategia tu enemigo se da cuenta del patrón y deja de ser efectiva. Eso es justo lo que sucedió con nuestra combinación especial —explicó Tobio con aquella mueca tan suya que le ganó su sobrenombre en la cancha—. ¿Recuerdas? Luego de verla un par de veces supiste responder a ella sin dificultades.
—El matrimonio no es como un partido —dijo Oikawa con obviedad.
—¡Es igual! —replicó Kageyama con molestia—. Cada vez que intento robarle un beso el Boke responde de manera automática y arruina mi ataque sorpresa. Debo idear una estrategia para derrotar a mi rival.
—Ese rival es tu esposo —mencionó el mayor.
—Son lo mismo en estos momentos —replicó Kageyama.
Oikawa sintió la necesidad de masajearse la cabeza por lo idiota que seguía siendo el rey de la cancha. Siendo sinceros, que Shoyo respondiera a gran velocidad a Tobio se debía a que su sincronización era demasiado buena. Ese fue el motivo por el cual sólo aquel enano era capaz de recibir aquel pase a alta velocidad en el que se especializaba su antiguo kohai. No obstante, por lo que relataba ahora, no sólo respondía a él dentro de la cancha sino fuera de ella también. Algunas preguntas poco discretas también se formaron en su cabeza. Cuando hacían el amor, ¿también lo esquivaba por reflejo? Apretó los labios para retener una risa y se cubrió la boca con la mano fingiendo una tos para no desviarse del tema.
Después de todo, el propio Kageyama sabía que su pareja no le esquivaba por no querer recibir muestras de afecto suyo, sino por reflejo. Ellos tenían una gran pasión por el vóley y en ocasiones trasladaban aquellas experiencias o memorias a su cuerpo provocando que respondieran de manera automática sin siquiera pararse a reflexionar sobre lo que estaban haciendo. "Par de idiotas". Pensó Oikawa queriendo negarse al pedido de ayudarlo, pero pronto recordó lo terco e insistente que podía ser el otro cuando quería algo.
—Debería ser fácil ponérsela a Shoyo —suspiró Oikawa—. Al fin y al cabo, robar un beso es lo más sencillo del mundo.
—Por eso vine a pedirte consejo —respondió Kageyama con gran emoción—. Iwa-san dijo que tú sabías mucho sobre robarle besos a cualquiera.
Las cejas de Tohru se crisparon de indignación al escuchar esas palabras. ¿Qué clase de imagen suya estaba promoviendo?
—¡Oikawa-san! Por favor dígame cómo pue… —gritó el azabache siendo interrumpido por un beso que honestamente no se esperaba—. ¡¿Qué estás haciendo?! —gritó enrojecido por la vergüenza y el enojo—. ¡Soy un hombre casado!
—Hice lo que me pediste —replicó el mayor rodando los ojos—. La mejor forma de robar un beso es hacerlo cuando la otra persona baja la guardia —dijo encogiéndose de hombros—. ¿Ves? Rápido, sencillo y efectivo.
—Oh ya entiendo —respondió Kageyama emocionado, en especial cuando vio a su pareja caminar hacia ellos.
—¡Oikawa-san! —llamó Hinata a los gritos.
—¡Hey, enano! —respondió el castaño con una sonrisa.
—Ya no soy un enano —se quejó el de cabellos anaranjados.
—Para mí siempre serás un enano —mencionó el gran rey con despreocupación.
Después de todo sólo lo dijo porque tenían una relación cercana desde hacía mucho tiempo. Un comentario de ese estilo era totalmente inocuo ahora que eran adultos y más con el crecimiento que tuvo Hinata en su adultez. El hombre mencionado corrió emocionado hacia él ya no era para nada enano, pero por costumbre le seguía diciendo de esa manera. No se veían desde que estuvieron en Brasil y Oikawa estaba feliz de verlo. Especialmente quería ver que haría su ex kohai para robarle el dichoso beso. Comenzaron a hablar un poco entre ellos dejándole al tercer hombre la oportunidad de planear su ataque. Viéndolo distraído, Kageyama creyó que era el momento perfecto para robarle un beso. Así que se aproximó decidido hacia su esposo, pero al último momento fue esquivado como siempre.
—Maldita mandarina parlante —insultó el de cabellos oscuros lleno de frustración—. Deja de esquivarme —ordenó de mala manera.
—Ataca con todo lo que tienes, te esquivaré —respondió Hinata aceptando su desafío.
—La idea es que recibas como si fuera un pase —protestó Kageyama con un gruñido por lo bajo.
—Mi especialidad es ser la carnada y hacer fintas —dijo Shoyo recordando su papel cuando iniciaron como equipo.
—¡No con tu esposo! —exclamó el moreno frustrado.
—Si quieres robarme un beso debes ganártelo, ¿o es que no tienes orgullo como armador? —retó el más bajo buscando provocarlo.
Oikawa harto de verlos discutir por semejante tontería tomó la iniciativa. Se acercó hasta ellos y le robó un beso a Hinata. Un corto roce de labios que duró prácticamente nada. En comparación al tiempo que les tomó a los otros dos reaccionar ante aquella acción tan inesperada.
—Listo —dijo el castaño resuelto con una sonrisa de satisfacción—. Fue más fácil de lo que esperaba. Espero no usen movimientos de vóley para tener sexo —aconsejó riendo por lo bajo.
—De hecho... —Comenzó a hablar Hinata.
—No quiero saber —aclaró rápidamente Oikawa antes de que escuchara algo de lo que podría arrepentirse—. Luego me vienen con dudas y no voy a darles el ESI.
—¡No puedes besar al esposo de otra persona! —reclamó Kageyama tras procesar lo que había sucedido.
—Yo lo lamento, no pude evitarlo y... —se disculpó Hinata con su pareja sintiendo que había cometido una infidelidad.
—No armes tanto escándalo cuando también te robé uno a ti —le recordó el gran rey al azabache.
—¡¿Qué?! —gritó Hinata asombrado mirando a su esposo y al recién repatriado alternadamente sin poder creerlo.
—Puedo explicarlo —habló Tobio enseguida.
—Me decepcionas, Tobio-chan con lo fácil que me resultó hacerlo y tú sin conseguirlo —se burló Oikawa antes de cambiar el tono debido al rugido de su estómago a causa del hambre—. Par de mocosos —se quejó ofuscado—, saben cómo arruinar la visita de alguien. ¡No pasé horas volando desde Argentina para esto! —se quejó con fuerza—. ¡Ya bésense y dejen de pelear!
—Debo robarle un beso —protestó el rey de la cancha.
—No si te lo robo primero —contraatacó Shoyo.
Kageyama y Hinata se sujetaron las manos entre sí luchando por robarse besos entre ellos después de saber que Oikawa les ganó a ambos. El mencionado simplemente se alejó de ellos mirando hacia el cielo mientras pensaba en donde ir a comer antes de buscar a su Iwa-chan para reclamar por haber estado diciendo que él le robaba besos a cualquiera cuando fue su rematador el que se robó el suyo primero.
