Resultados vigésima rifa: Manitoba, Axel, Mickey, Anne María, Mary, Emma (IDD)

A. El perfume de tu piel (Manitoba x Anne María)

Michelle, el nombre por el que la mayoría de las personas se referían a él ahora (lo que tenía sentido, claro, considerando que legalmente así se llamaba), se detuvo en seco al pasar por el pasillo de productos para el cabello. Habían pasado diecisiete años, pero el cuerpo la hubiera reconocido entre un millón de personas.

Él, de manera persona, no tenía más que una imagen muy borrosa de ella. Pero la parte de Vito que aún estaba dentro de él, la cuál era una parte muy grande si era completamente honesto, se hubiera asegurado de torturarlo por el resto de su vida si no hubiera dirigido sus pasos hacia ella.

—Anne María —el nombre se sintió como chocolate caliente en su boca.

Ella volteó a verlo y una decena de emociones se interpolaron en sus ojos. Él no pudo evitar dar un paso atrás, abrumado por la reacción de ella. Sintió como un golpe en el estómago cuando se dio cuenta que de entre todas las emociones un deseó de reconocimiento que no terminaba de cuajar era el más prominente. Se sintió como un golpe en el estómago al darse cuenta de que ella los había olvidado.

—¿Te acuerdas de mí? Yo soy…

—¡Manitoba! —exclamó ella.

A él le gustaba fingir que no extrañaba ese nombre. Que escuchar el himno nacional canadiense (o el italiano) le generaba algo. Que no tenía recuerdos de haber sido un hombre más grande de lo que su cuerpo reflejaba, y de haber tenido una esposa. Que cuando se miraba en el espejo la imagen que reflejaba en verdad se sentía como él.

—¡Sí! Sí, sí, ese soy yo —la sonrisa en su rostro parecía no estar de acuerdo.

—Lo siento, fue un poco difícil reconocerte sin tu sombrero. Digo, era obvio que no eras Mike, él tiene toda esa aura… no sé, no quiero decir no atractiva, pero…

Manitoba soltó una carcajada.

—Sí, sí, lo entiendo, Sheila —asintió él—. Mi sombrero, mierda, lo extraño. Dejé de usarlo porque en la oficina pensaban que era raro.

—¿Un trabajo de oficina, tú? —lo cuestionó Anne María cruzándose de brazos y mirándolo de arriba a abajo— ¿Quién eres y qué le hiciste a mis chicos? Literalmente no puedo imaginarme a ninguno de ustedes en una oficina, ni siquiera a Chester, ¡y estoy hablando de Chester!

—Estoy completamente de acuerdo contigo, y aun así vamos a cumplir cinco años ahí —le informó Manitoba, a lo que ella se esforzó por reaccionar de la forma más exagerada posible.

—Nene, no traes sombrero, tienes un trabajo de oficina, tu acento australiano casi desapareció… Si no apestaras a Manitoba no creería que eres tú. ¿Hay algo más que deba saber?

—Probablemente un par de cosas —aceptó él después de pensarlo por un segundo—. De hecho, deberíamos ir a tomar un café o algo así, para que podamos actualizarnos correctamente.

Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera contenerlas. Necesitaba estar más tiempo cerca de ella.

—Lo siento, nene, tengo una reunión de trabajo al rato y… —las palabras no debieron golpearlo tan duro, llevaban prácticamente una vida sin verse, había sido absurdo pensar que ella querría reconectar— Pero, ¿por qué no me pasas tu número?

.-

Chester le había dicho que no se hiciera ilusiones. Svetlana había planeado inmediatamente diez outfits diferentes que podría usar para su "cita" dependiendo de todas las variables que se pudo imaginar. Malek se negó a hablar del tema.

Entonces Anne María llamó.

Chester hizo una lista completa de todo lo malo que podría pasar. Svetlana lo ayudó a elegir un outfit final; Manitoba fingió que no se había dado cuenta que lo había elegido pensando en Vito. Malek siguió sin hablarle.

Cuando llegó a la cafetería donde habían quedado verse el aroma a café inmediatamente lo hizo sentirse cómodo. Pidió un simple café con leche y se acomodó en uno de los sillones de las esquinas. Los colores eran cálidos y la luz no era muy agresiva, se sentía como un lugar seguro.

Cuando Anne María llegó, nueve minutos después de la hora de la cita y dieciocho después de que Manitoba había llegado, se dirigió inmediatamente a la barra a hacer su orden antes de dirigirse hacia él. Manitoba no sabía porque estaba tan nervioso. Era un hombre adulto con un trabajo estable; ya había estado casado antes… bueno, más o menos; y eso ni siquiera era una cita.

Solamente era una reunión entre viejos amigos para tomar un café y ponerse al día de sus vidas.

—Muy bien, sexi, ponte de pie y dame un abrazo —le ordenó Anne María una vez se acercó a él.

Su cuerpo reaccionó al instante, impulsándolo hacia ella que lo recibió como si entre sus brazos era el único lugar al que podía pertenecer.

—Te extrañé tanto —dijo, y se arrepintió al instante.

—Bueno, obviamente, soy bastante imprescindible —contestó ella, haciéndolo inmediatamente sentir mejor.

Los dos se sentaron e hicieron un poco de charla superficial hasta que una mesera se acercó a entregarles sus respectivas bebidas, ambos agradecieron y fue como si la energía del espacio inmediatamente cambiara.

—Así que… ¿vamos a hablar del elefante en la habitación? —preguntó Anne María.

—¿Quieres decir porque estoy yo aquí y no Mike? —contestó Manitoba con otra pregunta.

—Lo siento, no quiero que suene a que preferiría verlo a él en lugar de ti.

—Lo sé, no te preocupes. Sé que si pudieras elegir probablemente preferirías ver a Vito —las palabras salieron de su boca con una mezcla de anhelo y celos que lo confundieron mucho.

Al inicio, cuando todo el caos en el sistema se empezó a calmar, había tenido muchos problemas lidiando con emociones que se sentían completamente suyas pero que no sabía de dónde venían; pero llevaba años que eso no le pasaba, y ahora era como si Anne María hubiera desatado todo de nuevo.

—Bueno, tampoco es como que vaya a pedirte que te quites la playera en medio de una cafetería pública… Pero no te voy a mentir, si la próxima vez que nos veamos es en una piscina pública no me quejo. Todo mi maquillaje es contra agua por algo.

Una sonrisa se formó en sus labios ante la idea de que lo quisiera volver a ver, pero esta se borró rápidamente ante la perspectiva de lo que le iba a decir.

—Sheila, me quitaría la camisa aquí mismo con tal de hacerte feliz, pero eso no haría que Vito apareciera.

Manitoba vio en los ojos de su compañera como se le rompía el corazón. Era uno de los muchos escenarios de los que le había advertido Chester, y aunque era uno de los que más miedo le había generado, ya en el momento no hizo más que llenarlo de ternura. Él estiró una mano que ella tomó sin dudar.

—Vi Todos Estrellas, pero sabía que eso no era más que una dramatización de lo que pasó en verdad en su cerebro, y que no es así como funciona el TID… investigué mucho al respecto, aparte tú estás aquí, así que pensé…

—Vito no está muerto, ni desapareció, si eso te consuela un poco. Él más bien se… ¿disolvió? Al final de Todos Estrellas nos integramos bajo el deseo en común de detener a Mal, pero querer destruir una parte de uno mismo nunca es sano, así que la integración no duró mucho. Después de eso vinieron tiempos caóticos y dolorosos, aunque honestamente no es que tenga muchos recuerdos de esa época.

Anne María apretó su mano con fuerza y le dedicó una sonrisa.

—Cuando volvimos a estabilizarnos algunos de nosotros regresamos casi como éramos antes, pero ahora Mike y Mal se habían vuelto uno solo, y Vito… no sé cómo explicarlo, diría que Svetlana es la que se quedó con más de él, pero yo también tengo muchos de sus recuerdos, y al verte…

Anne María se rio ruidosamente.

—Perdón, perdón, no me estoy burlando… te lo juro… es sólo que… Es tan extraño cómo funcionan las cosas —se aclaró la garganta e hizo un par de movimientos extraños de manos para recuperar la compostura, todo eso sin soltar su mano—. Señor Smith, permítame decirle que sería un honor conocer al nuevo usted, si me lo permite.

—Sería un honor, señorita —contestó él con una sonrisa.

Cuando los dos se separaron cuarentaicinco minutos después Anne María rodeó con sus brazos la cintura de Manitoba con fuerza; él clavó su nariz en la clavícula de ella y, por debajo del olor de los químicos de todos sus productos de belleza, aspiró el olor de su piel, un olor conocido y reconfortante. Y supo que todo iba a estar bien.


Tardé un montón en terminar esto y genuinamente no sé por qué. También creo que me volvió a pasar que tenía mucho que contar y muy pocas palabras para hacerlo, así que espero que a pesar de eso se haya podido transmitir la idea que quería crear y que no se haya sentido muy OoC, eso sí, recordemos que aquí son personas en sus 30s así que ha pasado mucho desde que fueron a la Isla.

No puedo creer que sólo hay un universo en el que no he utilizado a alguno de los alters de Mike… ni que de entre ellos haya sido justo Manitoba el que ha estado en dos. Será interesante ver que pasa con esto.

Los quiere: yo.