Nota rápida: No lo había dicho antes porque no quería aburrirlos, pero, mi Seto Headcanon puede que difiera un tanto del que vimos a lo largo del anime/manga. Yo lo llamo semi IC, es un hombre un poco más reflexivo consigo mismo. Me esforzaré para que no se salga mucho de su personaje, sin embargo, las circunstancias de la serie son distintas a las que yo le pondré a lo largo de esta historia, y eso en justa medida justificará su comportamiento.
Canción reproducida mientras escribía: Kendji Girac — Elle m'a aimé.
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—Mokuba, necesito hablar contigo.
—Oh, ahora sí quieres hablar. ¿No habíamos tenido suficiente por el día de hoy?
—Mokie…
Abriendo la puerta, Mokuba permitió que se observaran los restos del llanto que quiso esconder al despedirse en el laboratorio.
De la misma forma en que a Mokuba le bastaba poner ojos de perro abollado para hacer una grieta en el muro de concreto que era la voluntad de su hermano mayor, a Seto le bastaba musitar ese tierno "Mokie" para derribar las defensas de su hermano menor, que comparadas con el muro de concreto, no eran más que una malla oxidada en solidez.
—Me has malinterpretado y quiero aclarar eso contigo. No deseo que estemos disgustados.
—Yo tampoco lo disfruto, pero ese afán tuyo de aferrarse solo a tu percepción de las cosas es bastante incómodo, hermano. La empatía es un medio igual de aceptable para adelantarse a los pasos del enemigo, te ayuda a ver las situaciones desde su ángulo.
—En estos casos, eso no sirve de nada. —Mokuba notó el esfuerzo de su hermano por no encolerizar la voz—. ¿O acaso sirvió de algo cuando Pegasus encerró nuestras almas en cartas? ¿O cuando Marik mandó a los Cazadores Raros a secuestrarte?
—Entiendo tu punto, Seto, entiendo que todavía me veas como la damisela en aprietos que he sido a lo largo de nuestras aventuras con Yugi y compañía. —El de pelo azabache rozó sus pestañas en un intento de frenar las nuevas lágrimas que se avecinaban—. No es eso lo que te reprocho, sino el hecho de que no consideres mi opinión a la hora de tomar tus decisiones. Siempre me he limitado a seguir la línea de lo que decides, mas nunca he tenido parte en la toma de la decisión. Y no, Seto, no es lo mismo que me tomes en cuenta para tratar asuntos de la KC que para tratar tus asuntos personales, con más razón si tu vida está en riesgo.
— ¡Es, al preciso, porque nuestras vidas pueden estar en riesgo que no quiero que te involucres más en esto!
— ¡Es, al preciso, que estoy involucrado desde ese momento! — El grito de Mokuba se desencadenó a la par de sus sollozos.
Seto se arrodilló, apretando seguido sus hombros, y al tenerlo ante sí, a Mokuba le impresionó ver sus ojos a nada de ceder por igual a las lágrimas.
—He perdido a nuestros padres, he perdido todos los duelos contra Yugi y algunas veces tiendo a pensar que, de a poco, también he ido perdiendo mi propia humanidad. —Dar énfasis a las palabras le costó que la vena de su garganta luciera palpitante por encima de la piel—. He perdido muchas cosas para ganar otras, pero nunca, escúchame muy bien, nunca te perderé a ti para ganarle a Anubis. Y si para conseguirlo debo hablarte crudo, echarte a un lado e incluso menospreciar tu opinión, aunque me duela, lo voy a hacer.
Mokuba respondió a su vehemencia con un abrazo efusivo.
—Lo sé, hermano, lo sé. — El menor sintió las manos de Seto afianzar el contacto—. Sé que después de haber perdido todo, tú te has dejado la piel por ser padre, madre y hermano para mí. Lo mínimo que puedo hacer para recompensar tus sacrificios, es permanecer a tu lado y apoyarte en todo lo que me sea posible. Por favor, déjame hacerlo, Seto, déjame ser parte activa en esto, es la única manera que conozco.
—En primer lugar, yo nunca te he pedido que me recompenses por todo lo que he hecho ni tampoco lo considero un sacrificio. Yo te quiero, Mokie, y lo único que deseo de esta vida, es que tú seas feliz.
—Yo también te quiero, Seto. Pero algunas veces, lo que de verdad me haría feliz es que seas menos mi padre y más mi hermano. —Las oraciones le salían de manera atropellada—. Un padre nunca le diría a su hijo cuando tiene miedo, cuando algo le preocupa, cuando se siente triste, cuando está cansado… Entiende que debe ser para su hijo una figura de fortaleza y no de debilidad. Pero un hermano, Seto, no tiene la obligación de ser un ejemplo a seguir y es por eso que puede ser el mejor cómplice. Eso es lo que yo quiero ser para ti, el mejor cómplice.
—A estas alturas, Anubis ya debe tener por bien sabido que tú eres mi debilidad, que tú eres todo lo que él necesita para destruirme. Por favor, Mokie, entiéndeme.
—Entiéndeme tú a mí, hermano— Se apartó, depositando en la frente de Seto un beso corto.
—Es difícil para mí, tengo miedo de perderte.
—El que me lo digas ya es un buen comienzo, hermano. El siguiente paso, lo puedes trazar diciéndome qué fue lo que viviste mientras estabas en la inconsciencia junto con Atem, y yo responderé a ese gesto contándote la historia de amor entre Kisara y el sacerdote Seto.
Mokuba dirigió a Kisara al baño más próximo a la oficina de su hermano. Llegar hasta el último piso en ascensor sobrepasó su capacidad de retener el vómito.
Trató de ser conciso en su explicación de cómo usarlo en el alivio de su malestar, esperando por ella afuera.
Al salir, sostenía su vientre y la palidez en su semblante añadía blancura a su de por sí alba tez, dando la impresión de hallarse a poco de ser transparente.
Preocupado, Mokuba la tomó de las manos y con paciencia guió su titubeante caminar hasta la puerta de la oficina, en esta ocasión, sí dando formal uso al sistema de reconocimiento de retina sin pedir primero el consentimiento de su hermano mayor.
Seto permaneció en silencio al constatar su arribo, que plasmó un signo de interrogación en sus facciones.
Mokuba sentó a Kisara en la silla frente a él antes de ofrecer una explicación.
—Venir en la limusina y luego subir el ascensor ha sido demasiado para ella, que imagino debe estar acostumbrada a andar a pie o a caballo. Iré a buscar algo que le alivie.
Se precipitó a la salida con trote acelerado, que al ojo escudriñador de Seto fue síntoma de que algo se traía entre manos. Esa intuición le seguía los pasos a la verdad, pues Mokuba, a salvo de su escrutinio en el pasillo, le había dejado a solas con Kisara no solo porque los sentimientos de la muchacha hacia su hermano lo harían sentir como el mal tercio entre los dos, sino porque, además, quería darle tiempo a Yura de regresar, y así evitar que su escapada con Atem fuera motivo de discusión.
En transversal a las razones de Mokuba, Kisara lucía libre de todo mal y hasta recuperó el color de su rostro cuando se vio a sí misma frente a Seto.
El hombre que ayer vestía de negro, ahora se hallaba adherido a un traje que, si bien era del mismo color, enmarcaba con demasiada perfección los anchos hombros y el triángulo de su pecho, abarcado por una camisa roja y corbata a tono con el matiz oscuro del saco. Quizás por el reflejo del rojo en la camisa y el color castaño de su bien planchado cabello, los ojos azules sobresalían en el atuendo, viéndose más exóticos y atrayentes de lo que Kisara recordaba.
De inmediato sus mejillas compitieron con el bermellón de una manzana o aun con el mismo rojo de la prenda que Seto vestía, y dio un pequeño salto cuando él enarcó una ceja mientras le atravesaba con su mirada. Kisara se sintió invadida, como si su más íntimo pensamiento se expusiera por voluntad propia ante esos ojos azules, que aunque fríos, gozaban para ella la belleza del cielo en su Egipto, lugar donde Ra reinaba imponente y moraba junto al resto de los dioses.
—Anoche, Mokuba me puso al tanto de esa historia de fantasía que, asumo, es en la que te basas para que yo sea el blanco de tus sentimientos.
Seto no recurrió a evasivas ni eufemismos, separando la paja fue directo al grano. Kisara movió los labios con las palabras en la punta de la lengua, se detuvo al saber que gaguearía
—De quien tú estás enamorada, es de ese supuesto sacerdote, yo no tengo nada que ver con él, así que no estoy en la obligación de corresponder a tus sentimientos porque no me pertenecen a mí, sino a esa ridícula versión del pasado que Yugi y sus compinches se empeñan en defender.
Cada palabra del de pelo castaño, el tono firme cercano al enojo con el que las había dicho, fue para Kisara como una púa que con lentitud tortuosa se iba incrustando en su corazón. Ese órgano vital que ahora palpitaba ofuscado en su pecho, haciéndolo subir y bajar en un espiral que le quitaba el aire y la ahogaba en la desesperación.
Ese órgano vital que, en su estado más puro, le pertenecía a él, al hombre frente a ella, y que si estaba allí, dándole la fuerza para moverse, para respirar, para vivir el milagro de haber vuelto a la vida, era por la fuerza de sus sentimientos, que usaba de combustible muy por encima del bombeo de la sangre.
Pese al dolor que le causaban sus palabras, ella no podía dejar de amarlo. Dejar de amar a Seto era sinónimo de morir.
—No me importa que no les corresponda. No me importa que me desprecie. —La voz que Seto tenía por aterciopelada, se tornó estragada por el advenimiento de las lágrimas, ya empezando a acumularse en sus párpados.
—En ningún momento he dicho que te despre…
—Lo único que quiero, lo único que le suplico, es que me deje permanecer a su lado. —Se abalanzó a tomarle de las manos, entonces sosteniendo un bolígrafo encima del escritorio—. Aunque usted lo niegue, aunque tenga otro nombre y otra identidad, sigue siendo el mismo. El mismo que salvó mi vida y me rescató de la desgracia.
Seto se dedicó a mirar aquellas pálidas manos sobre las suyas, en lugar de apartarlas como si fueran un insecto amenazando con una picadura, y tal cual se ordenó en el pensamiento, algo dentro de sí, parecido a la compasión, le impidió llevarlo a efecto.
—Yo solo era una escoria a la que apedreaban y despreciaban por pedir un poco de agua o migajas de comida. No tenía hogar ni familia, no tenía recuerdos de quién había sido, no tenía identidad, no tenía nada, era una existencia vacía hasta que lo conocí.
—Ya te he dicho que yo no…
—Usted me dio una identidad, me dio un propósito por el cual vivir y una razón para existir. Sin estos sentimientos hacia usted, sin este amor, yo no soy nada ni nadie.
Seto levantó de nuevo su mirada. Además de las lágrimas, halló determinación. Buscándole sentido a su discurso, concluyó que, para ella, abandonar los sentimientos por el antiguo sacerdote era lo mismo que perder su yo interior y el norte de su existencia, dos cosas a las que no estaba dispuesta a renunciar y por las cuales sería capaz de luchar incluso con su hipotético desprecio.
—No me interesa lo que quieras hacer con esos sentimientos, son tuyos, haz lo que se te pegue la gana con ellos. —Alejó las manos de las suyas con la punta de los dedos, cual si estuvieran sucias y quisiera evitar contaminarse—. Pero te prohíbo confundirme con ese sacerdote, si quieres llevar la fiesta en paz, debes aprender a diferenciarnos.
— ¿Por qué lo niega, señor Seto? ¿Por qué niega su pasado?
Seto sintió la ira empezar a invadirlo con la forma de un caudal de vapor. Kisara le había dado a la pregunta un tono de recriminación, como si quisiera dejar implícito que estaba cometiendo un gravísimo error.
—Porque aceptarlo implica reconocer que quien soy al día de hoy, es producto de un pasado que ni siquiera he vivido. El pasado y yo nunca seremos coetáneos, así sea mío o de alguien más. Nunca, óyeme muy bien, nunca aceptaré que interfiera o condicione mi futuro.
El ceño fruncido le indicó a Kisara la falta en la que había incurrido.
—No quise decir…
Kaiba dirigió su atención al teléfono sobre su escritorio.
— Isono, ¿Mokuba está contigo?
—Señor Seto… Por favor, perdóneme. No era mi intención.
La voz del empleado se superpuso a la de Kisara, seguido por la del hermano menor.
— ¿Sí, hermano?
— ¿Dónde está Yura? Te dije que las dos debían estar aquí.
Kisara sintió un ligero punzón en el pecho al ver el repentino interés en Yura. ¿Acaso le incomodaba su presencia? ¿Tan grande había sido su fallo que le desagradaba estar solo con ella?
—E- está en el baño. Al igual que a Kisara, la modernidad le abruma, estoy buscando un medicamento para las dos antes de llegar contigo. Enseguida estamos allá.
Por un momento, Kisara se cuestionó las razones de Mokuba para mentir. ¿En qué afectaría al señor Seto enterarse de que Yura se había marchado de manera muy complaciente con el faraón? Se detuvo al considerar que quizás ella había vuelto mientras ambos estaban allí.
Seto, por su parte, cerró la llamada sin más. Fastidiado, se dijo que si la estrategia de Anubis consistía en apostar a cuál de las dos le seducía primero para luego clavar el cuchillo en su espalda, se había limado el camino a la derrota en lugar del sendero a la victoria.
Llevaba años de experiencia en el arte de poner a raya sus sentimientos y estar en pleno control de sus emociones, una amante no era recompensa que valiera renunciar a esa característica suya que tantos éxitos le había cultivado, pero sí un recurso por demás inútil e incluso de risa viniendo de un supuesto dios.
De ser Kisara y Yura su verdadero y único as bajo la manga, el ganador ya estaba decidido.
Su verdadero y único as bajo la manga.
Jaque Mate.
—Kisara— ella se olvidó de todo pensamiento y se sintió volando por los aires al oír su nombre en la voz de Seto, era la primera vez que lo hacía—, ¿a ti qué te ofreció Anubis a cambio de estar conmigo, la presunta reencarnación del sacerdote aquel?
—N-no, no entiendo. —Ser el nuevo objeto de interés de su señor Seto le acaloró, al punto de afectar la rapidez de su razonamiento.
—No soy estúpido, y espero no haberme equivocado al suponer que tú tampoco lo eres, al menos no del todo.
Ella se limitó a parpadear, dando a entender que no tenía ni una pista de a lo que se estaba refiriendo. Seto suspiró.
— ¿Te reuniste con Anubis antes de aparecer en mi mansión? ¿Qué tuviste que prometer a tu dios de los muertos para estar aquí?
—No recuerdo haber prometido algo. Lo único que consigo establecer en mi memoria, es el recuerdo de cuando estaba en una nada blanca con Yura.
— ¿Con Yura?
El interés en la de pelo blanco se renovó en Seto con otro alzamiento de ceja, y para Kisara, la sensación de estar volando por los aires mutó a sentirse bajando en picada hacia el suelo. No obstante, si con eso mantenía aquellos preciosos ojos azules enfocados en ella, sería todo un gusto proseguir con el relato.
—Sí. Cuando le pregunté quién era ella y qué hacíamos allí, me respondió que mis preguntas eran las suyas, que solo sabía que ella era todo lo que yo no soy, como la otra cara de una moneda o algo así como reflejarme a mí misma en un espejo.
El antecedente coincidía con las afirmaciones de Yura: si ella era todo lo opuesto a Kisara, por consiguiente no tenía una identidad propia. Era tal cual la misma Yura se había ejemplificado. Un espejo no agregaba ni eliminaba características, devolvía con exactitud el reflejo de la apariencia original.
Le generó suspicacia que la recién sabida información sustentara las alegaciones de la de pelo blanco, conduciéndole a la teoría de que una de las dos estaba mintiendo, y Seto consideró tener a su favor los elementos suficientes para señalar a Yura.
A decir verdad, no llevaba nada en contra de ninguna, eso lo relegaba al supuesto sacerdote del pasado. Ellas no hacían más que ser fieles a su creencia y obedecer a quien tenían por superior.
El enfoque real de su antipatía era el dios Anubis, el cabecilla de todo, y quien pareció haberse inspirado en su proyección con las AI para asignarles una personalidad y adjuntar un valor estratégico.
— ¡Ya estamos aquí, hermano!
Al anuncio de Mokuba se sumó la faz enturbiada de Yura, con los ojos y los labios enrojecidos de quién había sufrido un arrebato de histeria.
No fue hasta que se dirigió a la silla a un lado de Kisara que tomó la palabra, en tanto Mokuba colocaba en el escritorio una bandeja con una jarra de agua y unas pastillas.
—Vomité demasiado, lo siento.
En efecto, Yura había vomitado, pero no el contenido de su estómago, la mentira de Mokuba se ajustó a sus necesidades, por lo cual ninguno de los presentes le dio mayor importancia. A ella le convenía que así fuera, de modo que nadie buscó motivos qué sacar en claro.
—Visto que las dos están aquí, puedo proceder con la reunión— zanjó Seto de una vez, abriendo dos carpetas que hasta entonces se percibieron encima de su escritorio—, en estas páginas detallo las condiciones que regirán la convivencia entre nosotros. A raíz de que ambas aparecieron en mi mansión y son además un producto de la Corporación, he decidido mantener la función inicial por la cual fueron creadas.
— ¿Y eso, en hierático (1), quiere decir qué?— Yura verbalizó la duda que compartía Kisara.
—Quiere decir que ambas trabajarán para la Corporación como se tenía previsto en sus diseños de AI— combinó Mokuba, posicionándose a un lado de su hermano mayor—. Kisara, tú serás la voz de la cortesía mientras que tú, Yura, serás la voz de la amenaza. En pocas palabras, mi hermano les está ofreciendo trabajo a cambio de vivir en la mansión y cubrir todo lo necesario en lo que dure su estadía en nuestra época.
—No entiendo qué quiere decir al llamarme la voz de la cortesía, pero si con eso puedo servir en algo al señor Seto, estoy de acuerdo— aprobó Kisara.
—Hum, mientras no sea un acuerdo de esclavitud, por mí está bien.
— ¿Qué quieres decir con eso, Yura? —El hermano menor le dedicó una mirada torva cuando la vio encogerse de hombros—. ¿Que las intenciones de mi hermano son deshonestas?
—Déjala, Mokuba— instó Kaiba, una sonrisa socarrona contorsionaba sus labios—. Si no está de acuerdo con mis condiciones, está en todo su derecho. Supongo que, si rechaza mi oferta, ya tiene un mejor lugar donde quedarse y donde le enseñarán a lidiar con las cosas de este mundo, que nada tienen que ver con Egipto.
La arruga que se pintó en el entrecejo avisó el incordio de Yura.
—Eres un caprichoso que sabe sacar provecho de la posición desventajosa de los demás.
Seto tuvo que ahogar las carcajadas para mantener la seriedad del momento. Las palabras, lejos de transmitir el cariz de un insulto, fueron para él un cumplido
—Está bien, tú ganas, no tengo a dónde ir y tu mansión es mi mejor opción. Indícame lo que debo hacer para cerrar el trato.
—Coloquen sus firmas aquí. —Tras pasar algunas hojas, el empresario señaló la delgada línea negra puesta al calce de la última página—. Pueden poner sus nombres como tengan en conocimiento, es válido hasta un mero garabato en egipcio.
Su victoria estaba a la misma distancia que Yura y Kisara del bolígrafo, cuando ambas lo tomaron entre sus manos y apostaron la escritura en el papel, la satisfacción se apoderó de su rostro con la misma locura y euforia de cuando descubrió que la ascensión dimensional de su sistema neurons era un camino seguro al Inframundo (2).
(1) En Egipto, existían/existen tres formas de escritura: jeroglífica, hierática y demótica. La jeroglífica es la más complicada y su uso es más recurrente en sarcófagos, tumbas y murales dedicados a los dioses, ya que se le llama 'escritura de los dioses'. La hierática es una abreviación de la jeroglífica, es decir, se usa más en textos y en papiros, es una versión simplificada de la jeroglífica. Y la demótica, que es una desviación de la hierática. Yura menciona la hierática porque era la de uso más común por ser más fácil de escribir y entender que las demás, por eso, a lo largo de la serie, se menciona que la inscripción en la carta del Dragón Alado de Ra está en texto hierático.
(2) Es la cara que Seto gesticula en Trascend Game Parte 2.
() No saben lo feliz y realizada que me siento con por fin incluir UNA DISCUSIÓN ENTRE LOS HERMANOS KAIBA. Es que sí, vaya que lo necesitaba, algún día Mokuba tenía que decirle sus verdades a Seto. Aparte, cuando en las discusiones se ventila lo que uno siente, tienden a mejorar la relación, o al menos, eso quise dar a entender con la que hubo en este capítulo. Espero que no me haya salido el tiro por la culata, jajaja. Aguardo por sus tomatazos.
A todo esto, ¿qué les va pareciendo la historia? ¿Vamos bien? ¿Vamos mal? ¿Se sienten cómodos leyendo? ¿Sugerencias para hacerlos felices a la hora de leer? ¡Los leo y LOS AMO!
21/04/2023: Luego de releer este capítulo, imperó en mi la necesidad de hacer esta nota aclaratoria, porque me dio cierto cringe/dolor de estómago ver la manera en la que Kisara declara sus sentimientos a Seto. Verán, la cuestión es que siempre me esfuerzo porque los personajes no se desvíen tanto del canon pese a la diferencia en las circunstancias que enfrentan.
Kisara es un personaje complicado de manejar para mí con fines de esta historia en específico, porque Kazuki se enfermó en pleno Arco de las Memorias y tuvo que recortar la historia y/o desarrollo de la relación entre el Sacerdote Seto y ella. En el manga (que es el material en el que he basado la mayor parte del entramado de esta historia), ella sale con suerte en un par de paneles y casi nunca hace nada de relevancia más allá de su sacrificio por el Sacerdote Seto, y si bien en el anime le añadieron escenas, tampoco arrojaron mucha luz sobre ella, me refiero a ella en sí misma sin nada que ver con el dragón que llevaba dentro. Lo anterior no justifica que se le pinte como una que se desvalorice a sí misma por Seto (como ahora me preocupa haber plasmado), pero a la vez es el único hecho concreto que tiene importancia significativa en ambas versiones de la obra: sacrificó su vida por su interés amoroso, y ese acto de amor trascendió el tiempo con el Blue Eyes y al manifestarse en la obsesión de Seto por esa carta.
Así que eso de que Kisara considere que su amor por Seto es la razón de su existencia, no es más que un intento de trazar una analogía con su papel en la serie: sin ese sacrificio, sin ese amor por el Sacerdote Seto, ella bien podría pasar desapercibido sin pena ni gloria.
Ahora bien, por supuesto que no planeo que la Kisara de este capítulo permanezca en todo el fic. Es decir, este aspecto desagradable de ella es el primer paso a su desarrollo como personaje. Sin embargo, debo partir de lo que me da la obra original para poco a poco ir trazando su esencia, de lo contrario, ¿cómo se notaría la evolución? Eso sí, no les prometo la perfección porque mi condición de ser humano me da licencia para equivocarme un montón de veces, pero lo que sí puedo prometer, es que daré todo de mí para darle un buen desenvolvimiento. Es un reto que he aceptado desde el día en el que decidí publicar esta historia.
