Inspiración musical cortesía de: Thalía- Reencarnación.
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—¿Te parece una segunda versión de Ciudad Batallas? Podemos echar mano a la nostalgia de los duelistas, los enfrentamientos aún tienen un lugar fresco en sus memorias. No es la mejor estrategia publicitaria, pero es lo equivalente a la vieja confiable.
A puerta cerrada en la oficina presidencial de la Corporación, los hermanos Kaiba departían las tácticas a formular.
Si bien era cierto que tenían la mira puesta sobre la misma diana, ambos procedían con diferencia en la metodología.
—No me agrada retomar un concepto del pasado. Debemos innovar.
A Seto le gustaba ser opresivo, que su adversario se sintiera acorralado entre la pared y la imponencia de su sola presencia. Mokuba, yendo a contrasentido, decantaba por ser jovial y agradable, complacido en guiar a su enemigo a la trampa de subestimarlo.
Gracias a esta fluida relación de contraste, mientras el Kaiba mayor se mostraba de frente con altivez, el Kaiba menor aparecía de espaldas perfilando una sonrisa de complicidad.
—Tienes razón. Sin embargo, hacer que nuestros consumidores se familiaricen con lo que tienen por desconocido es la parte riesgosa de innovar. Si vamos a emprender algo novedoso, debe ser de fácil adaptación.
La dinámica dibujaba otra línea paralela entre los dos, pues mientras Seto, de frente, concentraba sus esfuerzos en buscar un atajo a los 99 duelos que fungía de obstáculo a su encuentro definitivo con Atem, Mokuba, a sus espaldas, encauzaba sus energías en hallar la raíz a su árbol de los problemas.
—El Proyecto Neurons (1) está entrando a su etapa de revisión final. —Recordó Seto, echando un vistazo a las gráficas en el monitor holográfico—. Fusionar el sistema Neurons con la red Crystal Cloud de Duel Links puede ser el último peldaño que nos falte subir para llevar al mundo de los duelos a su máximo nivel de evolución. Seríamos el precedente.
—Espera, llévame despacio, hermano. ¿Cómo sería eso de fusionar los Neurons con Duel Links? ¿No que estaban fusionados ya?
—El sistema Neurons incrementa la actividad neuro-sensorial de nuestras ondas cerebrales, haciendo que las imágenes que procesamos se sientan más vívidas y reales. Es como la electricidad que permite funcionar a un proyector. Con la demostración que hicimos en el pequeño torneo entre Yugi Aigami y yo, queríamos confirmar que las pequeñas distorsiones inesperadas en las imágenes de realidad virtual hubieran sido erradicadas por completo (2).
Seto abrió el archivo que contenía el informe de los resultados obtenidos producto de aquella sesión.
—En ese torneo demostrativo, no había gremios ni un escenario distinto (3), nos limitamos a usar el sistema de los Neurons para enlazar las ondas cerebrales con la red Crystal Cloud, e información de las cartas como puntos de ataque y defensa, arquetipo y efectos, se cargaron de inmediato con la imagen que Yugi, Aigami y yo teníamos del respectivo monstruo en nuestro cerebro. En pocas palabras, solo funcionó como una diapositiva de nuestra imagen del monstruo, mas no expandió el verdadero mundo de los Neurons, cuyas leyes son establecidas en base a la fuerza de los nervios craneales.
—¿Eso tiene que ver con que los sujetos de prueba eran jóvenes menores a los 15 años? Me llamó la atención que así fuera, pero supuse que tus razones habrías de tener.
Seto extendió una sonrisa jactanciosa.
—Los jóvenes en esa edad comprendida poseen una imaginación más creativa y pintoresca, su actividad cerebral es de mayor fluidez que la de un adulto promedio. O, ¿por qué crees tú que el inepto de Aigami tenía a todo un ejército de ellos como catalizador para su Cubo Dimensional?
Mokuba estiró los párpados de la impresión, era un aspecto que no se había detenido a considerar.
—Ahora que lo mencionas, ¿dónde quedó el Cubo Dimensional?
A Seto regresó la visión del artefacto flotando sobre la palma abierta de Anubis.
—Está en manos de nuestro magnánimo dios de los muertos- reveló con evidente sarcasmo.
—Si el cubo lo tiene Anubis y antes yacía en posesión de Aigami, ¿querrá decir que los dos están de alguna manera relacionados?
Entonces fue Seto quien ensanchó los párpados, mas no del todo por la impresión, sino por el impacto de otra pregunta cuya respuesta nunca se preocupó en vincular a los hechos.
¿Cómo supo Sera, en el enfrentamiento con su avatar, que estaba a un paso del Inframundo?
—Eso es algo que muy pronto vamos a saber, Mokuba.
El menor de los Kaiba mostró su intriga parpadeando varias veces.
—Me propuse hallar la forma de evitar los supuestos 99 duelos, pero visto que Yura no quiere soltar prenda, mi paciencia tiene límites y estamos a contrarreloj, me veo en la obligación de lanzar un cebo. Al igual que Ciudad Batallas lo fue para los Cazadores Raros, la inauguración oficial del Duel Links debe atraer las 99 almas y a todo aquel que se relacione con Anubis.
— ¿Damos por hecho que Sera y Aigami estén asociados al dios?
—Es lo más lógico, pero no es mi mayor preocupación.
Mokuba observó a su hermano levantarse del escritorio, en lo sucesivo dedicándose a contemplar, a través del enorme ventanal de vidrio, el panorama de la Ciudad Domino.
—Con el proyecto Neurons quedó evidenciado que una parte considerable de nuestro público está compuesto por jóvenes menores a los 15 años...
Jóvenes que lo admiraban, jóvenes que no tenían la culpa del ensañamiento de Anubis con él y jóvenes que representaban la próxima generación de duelistas a los que Seto anhelaba dejar el legado tecnológico de la Corporación, para que en el futuro inmortalizaran el nombre de los hermanos Kaiba.
—Podemos regular la participación impidiendo la entrada a quienes tengan menos de 15 años. —Quiso Mokuba plantear una solución—. Sé que no quieres involucrar a los jóvenes, hermano, es muy noble de tu parte, pero... De Anubis no estamos seguros qué esperar. Hasta el momento, hemos enfrentado a humanos con poderes oscuros, mas no a un dios en sí mismo.
—No me dejaré amedrentar por una deidad que no tiene ni mi fe ni mi devoción.
Seto se dio la vuelta con una expresión a tal grado sombría, que Mokuba pensó que a otro en su lugar le darían ganas de salir huyendo.
—Más que un torneo, será una selva donde solo el más fuerte podrá sobrevivir. Me aseguraré de cumplir estas palabras el día del lanzamiento.
—Creo que tengo miedo.
No era la primera vez que Mokuba confirmaba su asistencia en alguna actividad de KaibaLand. Kisara se preguntó qué tendría entonces aquel día en particular para que Yura se preocupara tanto por su aspecto. Había perdido la cuenta de las veces en que se alisó la falda azul con dos bordados en flecos cruzados que formaban una figura triangular en blanco, las veces en que había quitado motas imaginarias de polvo en las hombreras de su camisa blanca con diseños en azul en el pecho y en la curva de la cintura, las veces que se arregló el broche con las siglas de la KC, y de las veces en que había consultado su parecer sobre cómo se veía sin el aditivo usual de maquillaje durante las sesiones de grabación.
Viéndola inmersa en aquella burbuja personal, Kisara entrevió la oportunidad para que sus inquietudes, ya con la forma de dos manos apretando su cuello y cortando la circulación del aire, no fueran tomadas por una ofensa o un estallido de celos.
— ¿Sabes, Yura? Una duda ha rondado mucho mi cabeza en estos días.
— ¿Ah sí?
Kisara miró su demostración de interés gracias a la posición del espejo en el camerino.
—Oh, espera, antes de que me la digas, ¿cómo crees que luzca mejor mi cabello? ¿Suelto o amarrado?
—Hum... ¿Suelto, quizás?
— ¡Muchas gracias!
—De nada. Y mi duda...
—Oh sí, tu duda. Adelante, suelta la sopa.
—Es que...
Kisara intuyó que Yura no la comprendería de la manera que ella buscaba mientras siguiera concentrada en su cabello blanco. Pero necesitaba una respuesta o aquella sensación de molestia, cual espina clavada en el corazón que le hincaba al latir, corría el riesgo de avanzar hasta convertirse en un tormento.
—¿Es que...?
—Cambié de opinión, es más oportuno esperar a que termines de arreglarte.
—Kisara, escucho por los oídos, no por otras partes del cuerpo. Desembucha, mujer, te he dicho algunas mil veces que puedes tenerme confianza.
— ¿Recuerdas cuando habitamos la nada blanca? ¿Cuando me dijiste que tú eras mi otra cara o algo así como mi reflejo en un espejo?
—Sí, lo recuerdo muy bien. ¿Por qué?
Kisara estacionó la mano en su pecho, volviendo a sentir la espina darle un punzón al clavarse.
—Si eres un reflejo de mí, ¿quiere decir que... que tú también tienes sentimientos por el señor Kaiba?
Yura comenzó a reír, desconcertando a la de pelo azulado. Retrocedió a la conversación luego de haberse limpiado una lagrimilla en el ojo.
—A ver, ahora mismo, yo estoy reflejada en este espejo. Presta atención al broche con las siglas de la KC. ¿Se ve igual?
—Bueno, la C se avista delante en vez de la K.
—Exacto. Aunque el espejo ha devuelto la imagen de la apariencia original del broche, su reflejo ha invertido el orden. Por eso se llama reflejo, ya que al mostrar la imagen original tal cual, sin el orden invertido, no habría nada que las hiciera diferentes, no habría un reflejo. A eso me refería.
—La otra noche los ví abrazarse.
Yura hiló de inmediato que la palabrería inicial de Kisara había sido un recurso destinado a amortiguar el golpe de aquella declaración. Mentir sería una excelente ruta de salida, pero su experiencia con el doble filo de dicha arma le hizo apostar a la verdad.
Y la única verdad era que Yura no se había esforzado por buscarle sentido o algún significado oculto al abrazo de Seto.
—Oh, sucedió que le reclamé su pésimo trato de jefe hacia mí como empleada. Supongo que fue su modo de hacerme sentir compensada y callarme la boca porque, si en verdad fuiste una testigo, también viste que fue él quien inició el abrazo.
Unir el hecho a sus propias conjeturas arrojó semejante respuesta lógica, que por el gesto de relajación imperando en Kisara cumplió su finalidad.
—No me digas que te atreviste a pensar en mí como tu rival de amores.
Junto a un tenue rubor, la de pelo azul encogió los hombros como un caracol se encogería al tamaño de su caparazón, el asomo de las lágrimas empañó los ojos azules. Yura se puso de pie e inclinó hacia ella los pasos, tomándole de las manos en un intento de infundir valor.
— ¡Yo soy la fan número uno de ustedes como pareja, mujer! —Endosó, rebosada en ánimo—. La forma en la que se complementan es casi poética. Seto necesita de alguien como tú, que mira la bondad por encima de los defectos.
— ¿En verdad lo crees, Yura? Quiero decir, que el señor Seto pueda necesitar alguien como yo... —El chispazo de alegría que surgió al terciar la pregunta se redujo a una seña de congoja.
—Claro que sí, no me cabe duda. Pero lo importante no es que lo crea yo, sino que te lo creas tú, Kisara. Sé más perceptiva y te darás cuenta.
—Siento que me vuelvo una estúpida y buena para nada cuando lo tengo enfrente. En cambio tú... Tú sí sabes comportarte y te diriges a él con soltura, como si no temieras que sus palabras te lastimen. ¿Cómo le haces, Yura? ¿Qué debo hacer yo para hacerme con ese mérito?
—Puedes empezar dejando de compararte conmigo. —Ella la soltó de las manos—. Puesto que has tomado nuestro encuentro en la nada blanca como punto de partida, asumo que con parecida claridad recuerdas cuando te dije que yo soy todo lo que tú no eres, Kisara. Compararte conmigo no te ayudará en nada. Sé tú y punto, no tienes que ser igual que yo ni que nadie.
Se puso detrás de ella, facilitando que viera su propio reflejo en el espejo.
—Mirate, Kisara. Eres hermosa de pies a cabeza. Eres hermosa no solo por lo que tienes afuera, sino por el enorme corazón que guardas dentro. ¿Qué tienes tú qué envidiarme a mí o a cualquier otra mujer? ¡Nada en lo absoluto!
—No sabes cuán agradecida estoy contigo, Yura. -El espejo devolvió un calco del alborozo en Kisara, que impidió a las lágrimas pasar el borde de sus párpados—. Discúlpame por haber dudado de ti. Pido que me entiendas, por favor, imaginar que alguien como el señor Seto pudiera fijarse en alguien como yo es...
—¿Imposible? —Yura volvió a esparcir su risa, esta vez con mayor escándalo-. Se supone que tú y yo fallecimos hace 3000 años y estamos aquí, vivitas y coleando. ¡Amiga, date cuenta!
Yura no llevaba un historial de los días que habían transcurrido desde su arribo a la casa de Yugi, mas en ella se hacía un recuento de la tortura que vivió a raíz de la incertidumbre.
La incertidumbre de no saber qué hacer ante la revelación de su ser amado en el mundo de los vivos.
Le había buscado la quinta pata al gato, el pelo al huevo, el eureka de Arquímedes (4), la aguja en el pajar y la onda que formaba el movimiento de la tormenta en el vaso de agua. Se dejó caer a sí misma en un pozo de desesperación. A sabiendas de que nadie iría en su rescate— incluso los dioses le jugaban en contra—, no le quedó más remedio que tirarse a sí misma una cuerda y salir a la superficie, abrazarse, consolarse, y decirse que, si todo salía mal en lugar de bien, el simple hecho de haber vuelto a la vida y vivir el milagro de tocar la mano a su amado Jonouchi, ya valía toda la pena que estaba pasando y la que le faltaba por atravesar.
Ese reencuentro consigo misma terminó de redondear su personalidad, que por entonces había mantenido batiéndose a duelo entre sus anhelos y la ordenanza que Anubis le zanjó a cumplir, y que nunca sería del tipo que buscara quintas patas al gato o se ahogara en tormentas de vasos de agua.
Tan pronto el alma de su amado se introdujo al juego, para Yura esa nueva vida ya no giraba en órbita con el designio de Anubis, tenía su epicentro en Jonouchi Katsuya. No estaba del lado ni de Seto, ni de Atem, ni de Anubis ni de ningún otro dios egipcio, sino del lado de sí misma, y por lo tanto haría lo que se le viniera en gana.
Llegar a ese punto de reconciliación le dio paz en tanto el ascensor la subía hasta el piso donde se ubicaba la Duel Tower Cafe.
Suspiró hondo ante la imagen de la cafetería, cuyo diseño embelleció al instante con Jonouchi atendiendo a unos clientes.
"—Tienes razón, eso es lo que Anubis desea oír de ti, porque si te hubiera revelado lo que yo te mostraré tras esta puerta— ella siguió sus ojos hacia la casa de Yugi—, sí que lo hubieras hecho, Yura, sí te habrías opuesto a su voluntad".
Desfilando hacia la entrada del establecimiento, Yura no comprendió el verdadero significado del discurso de Atem hasta esa fracción precisa del tiempo.
—Buenas tardes.
Jonouchi enfocó su atención en el punto donde provenía el saludo. El broche con las siglas de la KC le advirtió que la recién apersonada no era un cliente ordinario, sino una empleada de la corporación.
— ¡Bienvenida!
Se adelantó a ponerse a sus servicios, temiendo que se tratara de una supervisora enviada por asignación directa de Kaiba.
—Es un placer atenderle, ¿desea alguna mesa en especial?
—El placer es todo mío. Y cualquiera de tu elección está bien para mí.
Ella mantuvo los ojos azules en contacto con los mieles suyos. ¿Era su imaginación o había cierta sugerencia en el tono de voz que utilizó? Por otro lado, el que lo hubiera tuteado sin la cortesía de apelar primero a su consentimiento descartó la hipótesis de la supervisora.
— ¿Perdón?
— Quiero decir, ya que trabajas aquí...
— ¡Con gusto, déjelo en mis manos!
Ella se dejó guiar en silencio a la mesa de su preferencia y aguardó paciente a que él le llevara el menú. Paciencia y silencio que él se prestó a retribuir aguardando por su decisión con el bolígrafo apostado en su pequeño cuadernillo de apuntes mientras le veía hojear las páginas.
—Quiero este flan y una limonada, por favor.
Jonouchi se aseguró de transcribir el pedido.
—Muy buena elección. ¿Algo más que desee añadir?
Recibiendo el menú de vuelta, ella aprovechó ese minúsculo sesgo entre ambos y cerró la mano sobre la suya sujetando el objeto. Solo allí, en esa milésima de segundo, Jonouchi se fijó en ella. El broche había encendido de tal modo sus alarmas que apenas le prestó atención al resto de detalles que componían su figura. Mas cuando hubo entre los dos esa mínima interacción, Jonouchi avistó en los ojos azules una humedad singular que les hacía ver brillosos y anhelantes, como divididos entre la emoción y las lágrimas. Sin embargo, lucían en perfecto relieve con sus facciones.
—Tu nombre, eso quiero.
Al principio le generó desconfianza, precisamente por las confianzas que se estaba tomando con él, dicho sentimiento se alejó ante la sugerencia de que quizás era nueva en el trabajo e intentaba hacer amigos. Tampoco quería ignorar el refrán que aconsejaba no juzgar a un libro por su portada.
—Jonouchi Katsuya. —En un rápido movimiento, reversó la posición de la mano y la ciñó a la contraria—. Mucho gusto, este...
—Yura.
Al surgir el conciso apretón, Jonouchi no sintió la corriente eléctrica propia en dos personas destinadas a enamorarse, ni tampoco se le aceleró el corazón por el tacto entre sus palmas, pero sí tuvo el presentimiento de que hacía algo más que estrechar la mano a la de cabello blanco y ojos azules.
Referencias:
Esta vez, son muchas, todas tienen que ver con Trascend Game (manga precuela de DSOD).
(1) El proyecto Neurons es/fue como la "versión beta" del Duelo Links. En Trascend Game se da a entender que todavía estaba sometido a pruebas de ensayo/error, por eso, Seto menciona que está entrando a la etapa final de revisión. Recordemos que en DSDO hubo un "anuncio oficial", mas no un lanzamiento oficial como tal, y que en esas andaba Kaiba cuando Kisara y Yura aparecieron a joderle la vida. :')
(2) Eso lo menciona nuestro castaño favorito en la página 19 de la Parte I de Trascend Game.
(3) Esta parte la agregué porque me pareció muy curioso que en Trascend Game se manejara esa mecánica de Gremios y un escenario súper distinto a lo que al día de hoy es el mundo del Duelo Links. ¿Será que esa era la idea inicial de Kazuki, pero la descartó porque Duel Links funcionaba mejor como método de ganancias para Konami?
Para mayor referencia, pueden ir a las páginas 13-15 de Parte I de Trascend Game.
(4) Acá les resumo el origen de la palabra "eureka": Arquímedes aceptó algo así como un reto para saber si una corona era o no de oro, después de varios días en investigación, al fin dio con la manera de saberlo y fue tanta su alegría que exclamó: «Eureka».
() El capítulo que sigue (10) quemó la última neurona que me quedaba sana, de allí en adelante, no me comprometo a nada.
() ¡EONES DE GRACIAS POR LEERME!
