Inspiración musical gracias a: Marcos Viana— Maktub I.
Mención honorífica: Me cuelo por este encabezado para extender un agradecimiento especial a mi musa musical, la persona gracias a la cual tengo todo un repertorio de inspiración musical para asignar una canción en cada capítulo, y la lectora que vigila que yo no tire la toalla con esta historia:
feer_katth. Mujer, muchísimas gracias por existir.
De igual manera, agradezco a todos aquellos que se han mantenido leyendo y comentando, así como también a aquellos que se han mantenido leyendo, aunque no voten, ni comenten, ni marquen la historia como su favorita. Aun cuando prefieren el anonimato tras un número, son igual de apreciados para mí porque yo también fui una de ustedes hace muchos años atrás.
Atemporal es muy especial para mí, como ya les he anticipado, es una reconciliación con mi yo de 17 años. Esa es la razón por la cual existe. Con ella, así como con todos mis escritos, no busco ser famosa en esta plataforma, ni ser una celebridad en la redes o aún en el mundillo de la escritura en general. Mi único deseo es compartir con ustedes el maravilloso mundo que es para mí la escritura, y si ustedes aceptan ser mis compañeros de viaje, yo seré la persona más feliz del universo.
¡En serio, muchísimas gracias!
—Debí suponerlo— emitió una voz a sus espaldas—, después de todo, mis corazonadas nunca yerran.
Ella se sorbió la nariz, limpiando todo rastro de humedad previo a darse la vuelta.
—No puede ser…
—Me hace feliz volver a verte, Yura
— ¡Di…! — La aludida se tapó la boca, recordando el respeto que debía cumplir para con los nombres.
—No te preocupes, puedes acuñar mi verdadero nombre. Nuestro señor me dio su aprobación. Aunque, si te sientes más cómoda llamándome Aigami, tampoco me ofendes.
— ¡Diva!
Ella se abalanzó hacia él, siendo recibida en un abrazo.
—Debo agradecer a Ra que estés aquí. — Concluyó la unión a la par, mantuvo la cercanía entrelazando sus manos—. Estos días me he sentido rodeada de serpientes venenosas, como si todas esperaran por la mínima seña para clavar sus colmillos en mí. Es un alivio saber que al menos tengo un amigo, porque todavía lo eres, ¿verdad?
—Por supuesto, yo nunca sería tu enemigo. — Procuró que su sonrisa la reconfortara, mas la borró enseguida, dedicándose a inspeccionar su entorno repartiendo la mirada en todas las direcciones—. Kaiba tiene cámaras de seguridad en cada punto cardinal, sígueme.
Aigami le ayudó a nadar en el mar de gente que disfrutaba de las atracciones. Yura se dejó conducir en sereno mutismo a la boca de un callejón a oscuras, en cuya salida divisó un edificio donde las columnas estaban pintadas de graffiti, las paredes tenían grietas que parecían raíces de árbol y los desechos de los materiales de construcción se hallaban regados en el suelo.
—Acá estamos a salvo.
—Por tu forma de guiarme a este lugar, me da la impresión de que llevas tiempo morando entre los vivos.
—No el necesario para conocer todas las respuestas a tus preguntas.
—E incluso sabes que tengo preguntas.
—No lo sé, lo intuyo, que es diferente.
— ¿Cuál es el propósito de Anubis, Diva? — Aigami percibió en Yura las mordeduras de su propia desesperación—. Tú debes saberlo, tú eras el que siempre aclamaba loores por su gracia. Además, tu palabra acabó siendo una visión del futuro: su ira llovió sobre nosotros.
—No se trató de ninguna predicción o alguna "iluminación divina", Yura, fue cuestión de tiempo. Éramos ladrones de tumbas al igual que Bakura, el famoso rey de los ladrones, la única diferencia es que nosotros hacíamos asaltos a las caravanas que conducían los tesoros a las tumbas, no una vez que ya estaban allí.
—Lo sé, lo sé, pero…
—Se supone que la verdadera redención, el auténtico destino que debe tener un alma, es el sueño eterno, no reencarnar una y otra y otra vez.
El dorado en los ojos de Aigami se vio matizado por la aparición de su tristeza.
—Para un alma buena, es como la eternidad, porque vuelve a vivir después de sufrir la muerte. No existen recuerdos del pasado porque se mueren junto con la previa existencia. Es un renacer, una nueva oportunidad. Pero para nosotros, cuyas memorias quedan intactas, es la repetición de una tortura, un infierno en la carne. Según el parecer de nuestro dios, es el castigo que merecemos.
— ¡Y sé lo mucho que me lo merezco! — Yura hizo un aspaviento, las lágrimas empezaron a cuajar—. Pero él no, Diva, él no. No mi amado Jostet. — Se atrevió a nombrar, su voz pendiendo en una sola cuerda vocal.
—Te comprendo, Yura, créeme que lo hago. —Se acercó a ella con los brazos extendidos, mostrando su disposición a solidarizarse renovando el abrazo—. No debe ser fácil para ti estar cerca de Jonouchi.
Yura rechazó el gesto dando un paso hacia atrás, Aigami pensó que su semblante sería el mismo de quien sufriera la mayor puñalada a traición en toda su vida.
— ¿Desde cuándo lo sabes? ¿Por qué lo sabes? ¿Qué otras cosas sabes? —La de pelo blanco adelantó el paso que había reclinado al compás de sus interrogantes, el rostro impávido y los ojos muy abiertos, en neutro sobre los suyos, le dieron a saber que la rabia tomaría el dominio absoluto en cualquier momento—. Si no me lo dices, no te creeré la versión de que todavía eres mi amigo.
—Bien, hablemos de lo que sé en lugar de lo que no sé.
Ella parpadeó, saliendo de su trance, y relajó su expresión con una flexión en los hombros.
—Regresé a la vida con el mismo nombre porque Shadi, mi cuidador y mentor, era discípulo de Anubis (1). Para mí también fue su representante aquí, en el mundo de los vivos. Por alguna razón que, te juro, no me ha sido revelada, Anubis confío a Shadi la misión de evitar la resurrección del Faraón.
—A quien terminó resucitando él mismo de todas formas— dijo Yura en son de ironía—. En fin, la cuestión aquí es, ¿por qué? Atem anda por ahí a pierna suelta y el mundo no se ha acabado.
—Insisto, no tengo todas las respuestas a tus preguntas. Shadi nos transmitió el mensaje de que, si el Faraón volvía del Inframundo, nos cerraba el camino hacia un futuro donde no existirían conflictos, guerras, maldad… Era como viajar a otro plano dimensional.
— ¿Dónde está el tal Shadi ese?
Diva deformó las líneas de su rostro en una expresión inapetente, como si las palabras en proceso de redacción hubieran adquirido las propiedades del vinagre y él combatiera su sabor.
—Fue asesinado por el espíritu de Bakura.
—Vaya…
— Llegué a pensar que quizás era un castigo divino por lo de mi vida pasada. La que, por cierto, no recordé hasta que Shadi, con el último aliento, me entregó el Cubo Dimensional, el motivo que me trajo aquí de nuevo.
— ¿El Cubo Dimensional?
—Es un artefacto de diseño cuadrado con el ojo de Udjat en un extremo, y la fuente de energía de la Conciencia Colectiva, los Plana.
—Hombre, habla en hierático, no entiendo nada.
—Piensa en algo que desees con todas tus fuerzas en este preciso momento.
—Matar a la rubia con la que ví a Jonouchi besándose
Yura soltó las palabras con la misma velocidad en la que habían llegado a su pensamiento, sin titubear por un segundo.
Aigami dejó escapar una risilla.
—Bien, ahora imagina que más personas piensan, desean y sienten lo mismo que tú al mismo tiempo que tú, eso los uniría a todos en una sola conciencia, la Conciencia Colectiva. Y la fuerza de esa sincronía haría que, lo que comenzó como un deseo, un mero pensamiento, se vuelva real. Las personas cuyas ondas cerebrales poseen la virtud de crear ese efecto, son llamadas Plana.
—Me estás diciendo que, si reúno a más personas que compartan mis sentimientos, ¿de verdad puedo quitar a esa rubia del camino?
—Algo así… — Vaciló Aigami—. Aunque, sin el Cubo, no habría canalización.
— ¡¿Dónde está?! — Agitaba las manos y daba pequeños brincos—. ¡Es la solución a todos nuestros problemas!
—Lo perdí en mi enfrentamiento con Yugi.
La emoción se desinfló en Yura como a un globo de helio acabado de pinchar con una aguja, y el bufido que salió de sus labios se pareció al del aire saliendo por el orificio.
—Maldición, Diva. ¿Por qué te enfrentaste a Yugi?
—Es una larga historia que no tenemos el tiempo a favor para contar, Yura. Lo importante aquí es que necesitamos ese Cubo, pensé que había desaparecido, pero ahora estoy seguro de que lo tiene Kaiba.
—Seto no lo tiene.
— ¿Qué te hace afirmarlo con tal seguridad?
—El hecho de que trabajo para él a cambio de vivir en su mansión. Si hubiera estado en sus manos, yo ya lo habría descubierto.
— Debí suponerlo. — Compuso una sonrisa maliciosa—. Después de todo, el sacerdote Seto y tú…
—El sacerdote Seto y yo nada, Diva. NADA.
—Oh, cierto, debo corregir que ya era Faraón cuando…
—Te estás yendo por las ramas para eludir el tema principal. No me hagas darte una cachetada, por favor, tú sabes muy bien que yo le pertenezco a Jostet en cuerpo y alma.
Aigami suspiró.
—Mi respuesta no ha variado, Yura. Cuando recuperé los recuerdos de mi vida pasada, asumí que impedir a toda costa la resurrección del Faraón era la misión que Anubis me había encargado para merecer la redención. Ese era mi único deseo, ser redimido, por eso no me importó nada más.
— Ni siquiera Jostet, quien fuera uno de tus mejores amigos…
Diva encerró todo el peso de su culpa en sus ojos dorados.
—Jonouchi fue el primero de todos sus amigos en notar a Aigami, mi falsa identidad. Me defendió de unos bravucones que intentaron hacerme daño. No necesité más acciones para confirmar que sí, que era él, pero…
— ¿Pero?
—Pero, ¿por qué? Me dije, por qué cuando se suponía que su alma había perdido el derecho incluso al Juicio Divino. Seguí tratando a sus amigos y, mientras estábamos pasando el buen rato en una cafetería, él me mostró a su carta insignia: el Dragón Negro de Ojos Rojos.
En moción lenta, Yura se fue reduciendo hasta quedar sentada sobre sus rodillas.
— ¡No todo está perdido, mujer! — Aigami le acompañó, tomando asiento en el piso—. Yo también estaba en sumo grado afligido por eso. Si Jonouchi recobraba su conexión ancestral con ese dragón, todo se iría por el caño. Así que, con la ayuda del Cubo, lo aislé de la Conciencia Colectiva y lo dejé solo con sus propios recuerdos, no hubo nada, Yura, Jonouchi es ajeno a Jostet.
—Todavía no lo entiendes, Diva.
Yura sonreía, mas no era un reflejo de felicidad, ni de tristeza, ni de miedo ni aun de frustración, era la sonrisa que surgía cuando ya no quedaban más lágrimas por derramar.
—El alma de Jostet, el alma de Seto, el Dragón Negro de Ojos Rojos, el Dragón Blanco de Ojos Azules… Todos coexistiendo en una misma línea de tiempo.
Aigami sintió a todos sus vellos ponerse en punta.
—Otra vez no, Ra, otra vez no…
En el instante que Yura había estrechado la mano a Jonouchi en la Duel Tower Cafe, Anubis sufrió un estremecimiento que guardó semejanzas con el movimiento sinuoso de una serpiente rodeando el cuerpo de su presa.
Se detuvo en el camino sagrado. Le bastaba levantar la voz frente al Ojo de Udjat para tener una visión completa de las almas en su custodia, no lo efectuaba por el ahorro de tiempo que le suponía: tenía la certeza inamovible de que, sin importar el orden de los factores o su nula intervención, todo se alinearía en una versión futura del pasado. Esa era la condena que debían cumplir las almas en el pecado, volver a repetirlo.
—Vaya, vaya, veo que las cosas están empezando a ponerse interesantes.
Bastet aposentó rindiendo homenaje a su gala de felina, aparentando el baile de una danza en el trayecto de sus pasos. La franja de tela abarcando en redondo sus pechos dejaba expuesto al ombligo hendido y las curvas de la cintura, envuelta por un cinturón de oro que sostenía el inicio de la falda blanca y la tendía sobre las piernas en forma de cascada.
Combinó las argollas cerradas en sus antebrazos a su collar Usej (2), que brillaba como los pendientes colgados en sus orejas y el oro bruñido en su mirar, entonces atizado por las líneas de khol (3).
—Espiando a tu hijo preferido, como siempre.
—Como debe ser, te corrijo. —La diosa llevó tras su oreja un mechón de pelo negro que se había desencajado—. La madre de Jostet lo bautizó en mi honor y a mí lo consagró en su último respiro, es el deber de un dios bendecir a quienes le rinden su fe. —En la faz ovalada se asentó la desidia—. Te recuerdo, además, que no tienes atributo divino para reprobar mi elección por él.
Anubis chasqueó la lengua y la desafío con su mirada.
—Yo no tengo predilectos, todas las almas pesan lo mismo sobre mi balanza.
—De ser así, Ra no hubiera consentido que todos nosotros, dioses de la corte solar, podamos intervenir en el curso de los hechos como mejor nos beneficie.
—Eso es una demostración de sabiduría, no de precaución.
—Asigna el nombre que te apetezca, pero no podrás esconder tu corazón al ojo halcón de nuestro padre, Anubis.
Bastet elevó sus dedos al aire y dibujó lo que ante los ojos del dios tuvo la forma de un jeroglífico, en el trazo resurgió un sistro (4) labrado en plata. La diosa lo tomó entre sus manos y con el roce de sus dedos compuso una nota musical que se apoderó de los sentidos de Anubis cual melodía de arpa.
—Ra sabe que Seth yace dormido en lo más profundo del alma de Seto Kaiba. Ra sabe que la gloria de Seth está en el caos, en la destrucción, en la venganza de la que él es dios. Ra sabe que Yura y Jostet son los únicos capaces de originar en él ese caos, esa destrucción, esa sed de venganza crucial para despertarlo. Y Ra sabe, mi queridísimo Anubis, que la maldición de los padres cae sobre la cabeza de los hijos.
—A menos que yo unja la bendición del sueño eterno, la existencia de toda alma será temporal.
Bastet se burló de aquella declaración de autoridad esparciendo su risa.
—Que la existencia de las almas sea temporal sí es un terreno bajo tu plena jurisdicción— adelantó, reponiendose a las carcajadas—. Pero el amor, Anubis, el amor es Atemporal.
(1) Según el capítulo 13, página 8 del manga, es el mismo Shadi quien se proclama discípulo de Anubis y un guarda tumbas.
(2) El collar Usej es como el disco que llevan la mayoría de las deidades egipcias en el cuello a modo de joya.
(3) El khol es el maquillaje que se usa para delinear en negro los ojos. Así que solo piensen en Bastet con delineador.
(4) La mitología egipcia tiene varias versiones, pero durante mi investigación para este para fic, ese es el instrumento con el que se asocia a Bastet.
(0) Este capítulo me quemó las neuronas por mi deseo de simplificar el cómo entiendo yo que se manejan los Plana y la Conciencia Colectiva. Simplificar lo complicado es complicarse con lo simple. (?)
(0) ¡Y ahí va otro dios metido en este menjunje! X'D Bastet, para los egipcios, es la diosa del hogar y de la maternidad, y mi inspiración para escoger el nombre egipcio de Jonouchi en esta historia. Me aburrí un poco de «Jono», nombre que por lo usual le daban a Jonouchi en las historias enfocadas en el Antiguo Egipto, y cuyo origen data del juego para GBA «Forbidden Memories».
«Jostet» = Jono Bastet. Me da más aire a la cultura. Además, espero que se haya entendido el por qué tiene ese nombre y por qué es el favorito de Bastet.
Acá somos #JonouchiStands y honramos la memoria de Kazuki cuando dijo que consideraba a Yugi y Kaiba débiles en comparación a Jonouchi.
Del capítulo siguiente en adelante, son los personajes quienes, usandome de instrumento, escribirán su propia historia, por eso, y por cuestiones personales, es posible que las actualizaciones no sean del todo semanales.
¡MILLONES DE GRACIAS POR LEERME!
