Canción reproducida mientras escribía: The Kill (Acoustic)— 30 Seconds to Mars.


En el instante que Yura había estrechado la mano a Jonouchi en la Duel Tower Cafe, Seto sufrió en paralelo un instante de flaqueza que se replicó en su cuerpo cual puñetazo hundido en el estómago, la hoja de papel que sostenía resbaló de su mano y se deslizó con lentitud hasta tenderse en el suelo pulcro de su oficina en el Castillo Kaiba (1).

—Perdone, señor Kaiba, pero… ¿Le parece una breve retroalimentación? —preguntó el holograma de Katsura, la encargada del departamento de contabilidad.

Seto disimuló el episodio agachándose a recoger la hoja. La directora, por su parte, conservó la preocupación adherida a su semblante. El señor Kaiba no mostró signos de molestia, la neutralidad imperando en sus facciones.

—Sí, quedamos en el análisis costo-beneficio del próximo torneo.

Para el propio Seto era objeto de estudio la comunicación que tenía con la responsable de la sección en la KC. En sus inicios, Katsura desempeñaba las funciones de una asistente ordinaria de contaduría, cargo del que fue removida el día fortuito en que hubo un descuadre en los balances financieros del mes. Seto, enfebrecido, exigió respuestas, y nadie más que ella, atragantándose por los nervios y al borde de las lágrimas, le supo detallar con matemática exactitud el origen del error y la fórmula para solucionarlo.

El mutismo colectivo en el resto del personal convenció a Seto de que había en ella un potencial reprimido por su carácter blando y pobreza en autoestima. Barajó a parte igual que se vendiera a sí misma como la mosca muerta a fin de ascender inspirando lástima, no obstante, Seto poseía un olfato muy desarrollado para detectar a esas ratas hambrientas de poder y hegemonía, y en ella no percibía semejante vaho.

Estudiando las vías a favor para eliminar ese obstáculo e inyectar en bruto a la empresa el capital intelectual que Katsura le auguraba, la designó encargada del departamento de contabilidad, un puesto que le hizo blanco de la envidia de muchos y la empatía de pocos, pero que al ojo visionario de Seto era más que necesario si quería forzarla a identificar sus fortalezas, pulir sus propias capacidades y, por partida doble, el ascenso le sirvió de castigo a la ineptitud expuesta por el resto de los contadores.

—En efecto. Le apuntaba que, con esta nueva entrega, se pronostica que las ganancias reditúen el valor de la inversión, mas no que se dupliquen al mismo nivel de Ciudad Batallas, el modelo de referencia con el que usted nos asignó compararlo en aras de superarlo.

— ¿A qué se debe?

—Al costo del nuevo Disco de Duelo, señor Kaiba. Si bien la tecnología de primera justifica su elevado precio, no es asequible al bolsillo de las personas con ingreso promedio. En Ciudad Batallas, por ejemplo, tener una carta rara servía de pase directo al torneo con un Disco de Duelo gratis incluído.

La medida reafirmó su buen juicio como presidente de la Corporación, pues Katsura no se limitó a ejercer un manejo excepcional del área, sino que había desarrollado un talento con las palabras: escogía las que mejor se adecuaban al diálogo y a la situación. El comienzo de la interacción entre ambos era suficiente muestra. Cuando el estremecimiento cortó a Seto el hilo de la conversación, Katsura no tanteó el terreno personal haciendo la típica pregunta: "Señor Kaiba, ¿se siente usted bien?" Prefirió sugerir una retroalimentación en la cual el trabajo seguía siendo el tema principal, a sabiendas de lo estricto que era separando su vida privada de la empresarial y que ella, en su calidad de empleada, estaba allí para cumplir su labor por encima de todo, así lo exigía Seto y en ello basaba su permanencia en la KC.

— ¿Cuáles son las contramedidas?

Katsura, por ende, aprendió a sacarle plática y entablar comunicación afectiva con él.

—Sopesando al respecto, junto al equipo concluimos que la versión anterior del Disco de Duelo será obsoleta en el futuro. Sería un desperdicio que los duelistas se vieran obligados a tirar sus viejos discos a la basura. Sugerimos, por tanto, el lanzamiento de una promoción: si el duelista nos entrega su viejo disco, obtendrá un descuento en la compra del nuevo.

La imagen virtual presionó la tableta entre sus manos, desglosando frente a Seto el bosquejo de las gráficas que añadían sustento a su exposición.

—Esta contramedida no solo subsanaría el alto costo del nuevo Disco de Duelo, de igual modo supliría a la KC de materia prima que puede usarse en la producción de nuevos equipos tecnológicos. En palabras llanas, transformar lo anticuado en lo moderno, y con el mismo énfasis, reduciría los costes de producción al utilizar los discos viejos como unidades recicladas.

—Excelente.

—Mi equipo y yo agradecemos el cumplido.

—Sé que la idea e iniciativa fueron tuyas, los demás terminaron de darle solidez aportando sus opiniones. En fin, —evadió el CEO—, ya tenemos la estrategia para los ingresos, ahora me interesan los gastos. En especial, el de publicidad.

—Las señoritas Kisara y Yura podrían significar una reducción en los egresos de continuar presentándose a grabar los demos sin un sueldo incorporado en la nómina del personal. El margen de diferencia en valor monetario, en comparación al gasto de usar la imagen de Yugi Mutou, es de…

—No quiero a Yugi Mutou en el concepto visual.

Katsura exteriorizó su asombro emitiendo un sonido gutural.

—Ese es otro cliché que quiero eliminar. —El ejecutivo se adelantó al planteamiento de las represalias en términos contables—. Admito que de ser otras las circunstancias, la participación de Yugi sería obligatoria por ser el Rey de los Duelos, pero en el mundo del Duel Links, el rey soy yo, el último peldaño que los duelistas deberán cruzar para hacerse con el título de vencedor, seré yo, porque yo soy el creador de este nuevo mundo virtual.

—Comprendo. —La encargada finalizó la diapositiva de las gráficas, dedicándose a realizar las correcciones en la pantalla táctil—. ¿Debo inferir que al señor Muto le será vetada la participación?

—Si quiere participar, adelante, mas no se confirmará su asistencia ni se recurrirá a su imagen para promocionar el evento. Eso mantendrá la expectativa entre los duelistas, y la incertidumbre de no dar por hecho si estará o no, será de mayor provecho que adjuntar su figura en el proyecto.

—Maravilloso— replicó Katsura, deslumbrada por el intelecto que, si bien era consabido, nunca dejaba de sorprenderla—. ¿Son todas las incidencias que debo efectuar o sugiere alguna otra modificación?

—Eso sería todo. Elabora el nuevo presupuesto y hazlo llegar a mis manos una vez concluido.

—Entendido.

La proyección finalizó en sintonía con la llegada de Mokuba, quien acompañado por Kisara traía consigo embalajes de comida.

— ¡Hora de almorzar! — Proclamó el hermano menor, la energía de siempre muy bien distribuida en sus ademanes—. Kisara, por favor limpia el escritorio.

La muchacha de pelo azul asintió en sinergia y, haciendo la vista gorda a la expresión endurecida, proporcionó el espacio necesario a la colocación de los alimentos.

Seto reservó su opinión en los próximos segundos de silencio, aquella novedad en el comportamiento de Kisara despertó su interés. Hasta entonces, ella se había ilustrado a sí misma como alguien a quien el asedio de las dudas le impedían tomar la iniciativa, lo que le orilló a preguntarse qué habría encendido en ella aquel arranque de seguridad.

— ¿Me permite servirle, señor Seto? — La dulzura en su voz seguía combinándose al brillo inocuo en sus ojos azules—. Conforme lo indique, por supuesto.

Esa sumisión, esa entrega, esa disposición a cumplir sus deseos era lo que Seto aspiraba obtener de sus semejantes. El sentimiento de superioridad que tanto alborozo le causaba experimentar. Kisara se lo ofrecía en bandeja de oro con la misma docilidad con que le había ofrecido servirle la comida, y en vez de rechazarla poniendo de por medio a su absoluto desprecio, la recibió con la jactancia de quién fuera en camino a recibir el trofeo que por ley natural le correspondía.

Cabeceando, le dio el sí, respondiendo en monosílabos cuando ella le consultaba las cantidades y las porciones, volviendo a mullirse en la comodidad de su propio silencio. Un ideal, agradable y placentero silencio que dejó de serlo al enfatizar la ausencia de Yura.

Seto sabía que no era un abismo, no, era algo más profundo que eso, era una suerte de agujero negro lo que marcaba la diferencia entre Yura y Kisara, él no se dejaba confundir por la similitud en el físico, se consideraba ya un experto separando a la una de la otra. Pero incluso con aquella cualidad a su favor, a menudo caía en la trampa de comparar a Yura con Kisara, de ambicionar con Yura el mismo impacto que provocaba en Kisara, de querer que ella le sirviera, en su propia bandeja de oro, la misma sumisión, la misma entrega, y la misma disposición a cumplir sus deseos que le tendía Kisara.

Allí estaba Yura de nuevo, molestando sus pensamientos como el zumbido de una mosca en el oído a la que no le bastaba un manotazo para alejarse, o aún con la forma de una piedrecita en el zapato que incomodaba al caminar.

—Joven Mokuba— nombró Kisara—, aprovecho para disculparme por lo de esta mañana. Todavía lo siento mucho.

—No te preocupes, es normal que no sepas manejar un secador de pelo, lo aprenderás poco a poco.

—Lo sé, pero mientras, quiero incomodar lo menos posible.

—No te voy a negar que, al principio, sí me sentía incómodo, mi hermano y yo no estamos muy acostumbrados a la presencia femenina en la mansión salvo por la mayordomía. Ahora, en cambio, hasta me parece divertido.

Testigo mudo de la conversación amena que empezaba a surgir entre Mokuba y Kisara, Seto pensó que debía ser más precavido que nunca, que debía intensificar los mecanismos de control a sus emociones, porque esa sensación de tranquilidad que le sobrevino al ver a su hermano compartir con la de ojos azules no podía sino significar peligro.

Porque aquella sensación de intranquilidad, que repolló en la curiosidad por saber qué estaría haciendo Yura mientras él, en transversal, estaba allí, no podía sino ser el primer síntoma de que un pequeño germen comenzaba a tomar por huésped su interior. Pues la curiosidad, en específico, aquel tipo de curiosidad por, aunque fuese, un solo minuto en la vida cotidiana de una persona, era tan inofensiva que pocas veces se asumía como la verdadera advertencia que significaba: era la primera cosquilla del amor.

Y Seto, para su desgracia, tenía la mayor puntuación en el conocimiento de que una línea fina, delgada, de tránsito fácil, era lo único que ponía límites.

Los mismos límites que él no tenía reparo en aplastar a la hora de fijarse las metas.


Atem condujo los ojos al cielo, la visera de la gorra que traía puesta mitigó el calor abrasador del sol, brillando en todo su esplendor. Ver a las nubes eclipsar por un momento sus rayos le recordó a Ra, a su personificación en Horajti (2), reflexionando qué participación tendría el dios mayor en el nuevo embrollo en el que estaban involucrados.

Una sensación de vacío lo apuñaló en la transición al segundo, como si de repente fuera él un rompecabezas al que le faltara una pieza.

Rompecabezas. Pieza.

Las palabras suscitaron una interconexión, un sonido de click que lo llevó a buscar el rompecabezas que recordaba colgando de su cuello, y que había dejado en sus dedos la misma sensación de vacío en sus adentros.

No estaba, el Rompecabezas del Milenio no estaba. Anticiparse a lo que fuera a suceder había encabezado de tal manera sus prioridades, que hasta entonces le dedicaba un pensamiento a la importancia de su ausencia, la que justificó en primera instancia bajo el argumento de que, al tener su propio cuerpo, ya no necesitaba su magia para cambiar de lugar con Yugi. Ahora, por el contrario, la teoría reflejaba su ingenuidad.

—Según Jonouchi, Kaiba no suele frecuentar las instalaciones de Kaiba Land, las veces que sí, se instala en el Castillo Kaiba.

— ¿La estatua suya en tamaño gigante?

—Exacto. Creo que ni el mismísimo Narciso se atrevería a tanto.

Las voces de Yugi y Honda se oían lejanas a medida que avanzaban la caminata, que se detuvo a la par del diálogo cuando notaron que se había quedado atrás, mirando el horizonte donde Aigami se avistaba observando su reflejo en las aguas del riachuelo que corría por debajo del puente que al preciso empezaban a transitar.

— ¿Atem?

Los dos preguntaron al unísono, siguiendo la línea horizontal que mantenía con fijeza los ojos amatistas, y al identificar la figura, siguieron al espíritu del faraón que se apresuró a bajar por la escalerilla empinada hacia el pasto bordeando al riachuelo.

— ¡Aigami!

El muchacho se irguió a la primera entonación de su nombre. Captar la precaución tensando los rostros nada más tenerles al frente, le invitó a levantar las manos a modo de banderín blanco.

—Tranquilos, tranquilos. Estoy aquí en son de paz.

—Ojalá pudiera creerte— devolvió el egipcio—. Pero a estas alturas, no sé quién es aliado y quién adversario.

Aigami dejó entrever su disgusto curvando las cejas.

— ¿Y qué garantiza que usted está en el bando correcto, su majestad?

—El dios Thot me mostró la visión de Seth. Ahórrate los sarcasmos y las evasivas.

—Atem— intervino Yugi—, quizás debemos escucharlo antes de acusarlo.

—Yugi, en nuestra experiencia, confiar nos hace un objetivo fácil, ya debes saberlo mejor que nadie— apostilló Honda, a la derecha de Atem en la defensiva.

—Pero…

—Si el dios Thot le prestó sus ojos— introdujo Aigami, agregando tono a su voz—, ha de haber visto los acontecimientos posteriores a su muerte, por los años en que el Sacerdote Seto subió al trono. Si usted ya estaba muerto para ese tiempo, ¿cómo sabe que lo que el dios Thot le mostró es la verdad? ¿Cómo sabe que no le mostró solo aquello que le convenía que viera?

Atem estuvo a punto de alegar que Thot iba en pos de Ra en la jerarquía divina, pero sus propias palabras, dichas a Yura con la fonética de un sermón, le cayeron encima cual lluvia de ladrillos.

"...un dios necesita la fe ciega de sus creyentes para poder serlo, y Anubis precisa la tuya porque garantiza el triunfo de su voluntad por encima de todo. A fin de cuentas, tú y yo solo somos unas fichas que él mueve a su antojo, y aunque nuestras almas son su más preciado tesoro, no le temblará la mano si, al ponerlas sobre su balanza, pesan menos que el ejercicio de su voluntad…"

— ¡¿Y tú sí lo sabes, Aigami?! — Atem escondió su inseguridad tras una cortina de rabia—. ¡¿Tú sí sabes cuál es el bando correcto?!

—Shadi me enseñó a discernir el miedo, Faraón, lo puedo ver en sus ojos. —Las pupilas amatistas titilaron como la flama de una vela que oscilaba frente al soplo que amenazaba con apagarle—. Teme no ser capaz de proteger a sus amigos, teme no ser el bien que destruya el mal. Usted, acostumbrado a llevar en los hombros la responsabilidad de la victoria, le sigue temiendo a la derrota en todas sus manifestaciones. Y lo comprendo, porque yo también sé lo que es tener miedo.

—Entonces cuéntanos la verdad, Aigami— suplicó Yugi, acercándose a tientas—. ¿Tú también eres un espíritu antigüo?

—La verdad, Yugi, es que aquí no hay bandos, solo almas en busca de la redención, solo almas tratando de enmendar lo que fueron en el pasado para tener el derecho al sueño eterno. Yo soy una de ellas y por eso estoy aquí, por eso hice lo que hice. Mi único deseo, es descansar en paz.

— ¿No que era emigrar a otro plano dimensional? — Ironizó Honda.

—Eso era una metáfora del sueño eterno, yo debía impedir a toda costa la resurrección del Faraón para conseguirlo.

— ¿Por qué? — Inquirió Atem, apaciguado por el fervor que Aigami dejaba audible en cada manifestación—. Si evitar mi presencia en este mundo era lo esencial, ¿por qué no apareciste antes? ¿Por qué no hasta que yo había cruzado la puerta del Inframundo?

— ¿Se refiere a por qué no fui un segundo Marik Ishtar? —El de ojos dorados se permitió sonreír ante el jadeo de sorpresa que los tres exhalaron a coro—. Los duelos de Ciudad Batallas fueron transmitidos en televisión nacional y acaparados a nivel internacional, por supuesto que sabía de su existencia mucho antes de arribar a Ciudad Domino. Sin embargo, recolectar los Artículos del Milenio y entregarle sus memorias no era mi deber, Faraón, sino el de Yugi. Yo debía ser un guarda tumbas, velar porque su descanso no fuera interrumpido, por eso no interferí ni me interesé por darle seguimiento duelo tras duelo.

—Si sabías de mí, entonces también de Jonouchi y Kaiba…

—Desembucha, ¿qué papel juega Jonouchi en todo esto? ¿Por qué esa tal Yura lo adora como si fuera un dios? —Demandó Honda, apostándose a la pelea.

—Era lógico que, si el espíritu del Faraón despertaba, el del Sacerdote Seto le acompañara como su igual. Entre los tres, se supone que Jonouchi no…— Aigami dudó—. Se supone que Jonouchi no debía ser una reencarnación. Cuando llegó a mis oídos su fama como duelista, pensé que era un humano más, alguien que se parecía por casualidad, el mundo es mundo porque se aglomera todo tipo de gente. Además, en lo que duró Ciudad Batallas, nunca se le vió convocar al Dragón Negro de Ojos Rojos (3), y Yura tampoco había reencarnado en el presente. De hecho, a Jonouchi lo emparejaban con otra mujer. Por lo que me ceñí a la idea de que no era él, pero…

— ¿Pero?

—Pero ahora, Jonouchi no solo tiene por carta insignia al Dragón Negro de Ojos Rojos, sino que Yura ha vuelto a la vida. ¿Lo entiende, Faraón? ¿Entiende el peligro que nos acecha con el espíritu de Jonouchi, de Yura y del Sacerdote Seto en una misma línea temporal?

Atem ensanchó los párpados hasta que sus ojos lucían esforzándose por abandonar el espacio redondo de sus cuencas.

— ¡Joder, ya dejen de hablar entre dientes y suelten todo de una maldita vez! —Bramó Honda, agobiado por el silencio que había caído entre todos con el peso de un abrigo mojado.

—El pasado está empezando a repetirse— murmuró Atem, todavía arropado por el impacto de la revelación—. Anubis fue quien decidió devolvernos el soplo de vida, Anubis es el custodio de las almas… ¿Por qué? ¿Por qué nuestro señor buscaría que la desgracia que me reveló el dios Thot vuelva a suceder? ¿Por qué si su fin es la salvación de todas las almas?

—La salvación de todas las almas… — hizo eco Aigami, desfigurando su cara en la mueca de quién estaba siendo golpeado por un rayo de lucidez—. ¡Seto, joder, el alma de Seto!

— ¿Se...?


— ¡Le prohíbo decir ese nombre! —Por primera vez en el transcurso de los eventos, Anubis mostró su cólera. Sus cuerdas vocales habían tensado las palabras con tal brío, que Atem y Kaiba inclinaron un paso hacia atrás con admirable sincronía—. El propietario de ese nombre y el hombre que tengo justo al frente no son la misma persona. No los confunda".


— ¡Debo ir con Yura! ¡Debo decírselo! — Gritó eufórico antes de echarse a correr, chocando su hombro con el de Atem en la precipitada huida.

— ¡Espera, Aigami!

Los tres iniciaron la persecución tras él, pisándole los talones.

— ¡¿Qué es lo que debes decirle a Yura?!

— ¡Debo decirle...— acezó, reuniendo todo el aire que pudo— que el verdadero propósito de Anubis es…!

A punto de subir la empinada y ante las miradas incrédulas de Yugi, Atem y Honda, Aigami desapareció entre un millar de partículas doradas.


—¿Kisara?— Aireó Mokuba, sosteniendo el pomo de la puerta que, por cortesía, mantenía abierta a la espera de su salida siguiendo el paso a su hermano mayor.

Ella se colocó una mano en el pecho, perdió el brillo en sus ojos azules y su impacto contra el suelo pudo haberle causado un traumatismo de no ser por los buenos reflejos de Seto, que logró atraparla entre sus brazos.

— ¡KISARA!


Yura ondeaba la mano en un gesto de despedida hacia Jonouchi. Sonrió plena en gozo al ver al rubio corresponderle, cuando el tiempo pareció detenerse en los ojos azules, cuyo tono cerúleo se degradó en una paleta de gris y el impacto contra el suelo pudo haberle roto la crisma de no ser por los buenos reflejos de Jonouchi, que logró atraparla entre sus brazos.

— ¡YURA!


(1) Esta edificación está basada en el mapa de Kaiba Land, lo comparto de nuevo por si las moscas.

(2) En la cultura egipcia, Ra tenía tres manifestaciones de acuerdo a las transiciones que sufría el sol durante la mañana, la tarde y la noche:

En la mañana era Khepri, que significa «aquel que nace».

En la tarde, adoptaba la forma de Horajti, que significa «Tierra de la salida del sol». Es personificado como dios halcón, y sí, es el mismo nombre que tiene la deidad que Atem invoca cuando fusiona a los tres dioses egipcios en uno solo. Es una mera teoría, pero al parecer Kazuki se inspiró en esa faceta de Ra para crear esa carta.

Al anochecer, en el ocaso, se personifica en Atum, aunque tiene variaciones como Temu, Tem y Atem— SÍ, ASÍ TAL CUAL YO TAMBIÉN QUEDÉ: :0—. Su significado es «Aquel que existe por sí mismo». Ra se representa con una figura humana, es decir, sin cabeza de animal y vinculado a los muertos. Aparece viajando en la barca solar en las últimas horas del día y preparado para luchar contra la serpiente Apofis, la cual impedía la salida de un nuevo día.

(3) El duelo donde Jonouchi pierde al Red Eyes por enfrentarse a los Cazadores Raros es "extraoficial", es decir, sucedió antes de que Ciudad Batallas diera formal inicio. Más tarde, en su duelo a muerte con Yugi— la verdad, no logro precisar si ese duelo fue televisado igual que el de Atem vs Kaiba, pero mis remembranzas del manga me dicen que no, pero bueno, esto es ficción a fin de cuentas…— es éste último quien lo invoca y NO Jonouchi, recordemos que Jono se negó a tener de regreso su preciada carta hasta que no se convirtiera en un verdadero duelista. Podemos inferir que Aigami pensó que la carta, al estar con Yugi, "estaba en buenas manos".

(0) Oh, oh… ¡Tenemos a un nuevo personaje que tiene mi nombre! ¿Seré yo? ¿Auto-inserción? ¿Ya valió la creatividad? JAJAJJAJA. Bueno, Katsura es un nombre japonés bastante genérico a decir verdad. Juzguen ustedes. X'D

(0) En el capítulo 7 olvidé hacer una aclaración muy importante: no hice que Mai haya terminado con Jonouchi porque "le quería dejar el camino libre a Yura porque es mi OC y tiene preferencias". PUES NO, MI CIELA. Lo llevé a efecto por dos razones: 1. No quería tapar el sol con un dedo, sé que JonoxMai era una pareja casi canónica de la serie, el hecho de que Mai estuviera primero que Yura en el corazón de Jonouchi es mi modo de respetar eso. 2. Necesitaba impartir a Yura la lección de que su pasado con Jostet no tenía ninguna repercusión en Jonouchi, que no las tendría fácil con él por el amor que vivió con su homólogo del pasado. Son dos personas absolutamente distintas.

(0) Eran como las 4:00 a.m cuando se me ocurrió la "fascinante" idea de dividir esta historia por partes. El próximo capítulo será el último de la primera parte, cuyo título oficial es: La Corte Solar. Estaré haciendo la señalización en estos días.

¡MILLONES DE GRACIAS POR LEERME!