Inspiración musical: Olt Eih—Haifa Wehbe
-INSERTE MEME DE PAYASO-: Este capítulo supera mi autoimpuesto límite de 4000 palabras, mis amores. No pude cortarlo ya que, más que un capítulo, es como un quiz de preguntas y respuestas, pero al menos compensa todo el tiempo que llevo sin actualizar. Por lo mismo, en esta ocasión sentí la necesidad de hacer unas notas de autor un poco más largas de lo usual, por favor, no dejen de leerlas, pues son aclaraciones que, para mí como autora, son muy importantes. Gracias infinitas por leerme.
29/03/2023: Hice una pequeña edición hacia la parte final. :D
—Yugi, Honda, les quiero presentar a Yura. — Le dirigió una mirada enternecida—. Ella es la chica que Atem y yo mencionamos la otra noche. Me parece que no han tenido la oportunidad de presentarse.
Honda no pudo disfrazar la mueca de disgusto embadurnada en su rostro al intuir las pisadas tácitas con las que Yura proyectaba invadir la vida de Jonouchi. No le bastaba tenerlo a un edificio de distancia en Kaiba Land, por lo visto, agregarse a su círculo íntimo también figuraba en su lista de caprichos: para el de ojos color miel, ellos eran la familia unida que soñaba tener desde niño. Era impensable que les presentara a cualquier sutanejo. El que estuviera allí era signo de que, sin lugar a dudas, Jonouchi empezaba a cederle un espacio en su corazón que, dicho sea de paso, aún no se recuperaba por completo de la ruptura.
La endemoniada mujer estaba sacando provecho a las pequeñas grietas dejadas por Mai para colarse en la mente del rubio y tenerlo a su merced. El apuro de Atem por salvaguardarlo de pronto cobró sentido.
—Mucho gusto.
Yura, al otro lado del visaje, se percató de que Honda había apretado la lata de soda en su diestra al punto de doblarla en dos con una enorme abolladura. El gesto instaló la nostalgia en su pecho, mas no permitió que se adueñara de su semblante.
«Tal parece que no aceptarás mis sentimientos por Jostet ni en esta vida ni en las que sigan, Hoktur, y no sabes cuánto lo siento, pero en esta nueva oportunidad no te daré la satisfacción de separarnos».
Yugi se mantuvo rígido en el punto medio entre Atem y Honda. No se decidía a tratarla con la neutralidad del faraón o la evidente animadversión de su amigo. Por el tiempo en que todo se reducía a recuperar las memorias de Atem, tenía un objetivo en el cual orientar sus acciones, una meta en concreto por alcanzar, pero en su posición actual no sabía cuál era su papel en ese quilombo. Empero, no quiso arruinar la felicidad impresa en la sonrisa bobalicona que Jonouchi tenía por bandera.
—Mucho gusto, Yura. — Procuró sonar afable. Contrapuesto a Honda, quien se limitó a carraspear y pedir disculpas por su próximo minuto ausente con el objetivo de arrojar la lata en la basura—. ¿Te ofrezco algo de cenar? Mamá ha hecho arroz con curry.
— ¡Hoy es mi día! — Al blondo se le activó el apetito ante la mención de su comida favorita (1)—. ¿Vienes conmigo, Yura? Y de paso te presento al abuelo y la mamá de Yugi.
—No tengo hambre, pero ve a cenar tranquilo, yo me quedo con tus amigos— rechazó el ofrecimiento ceñida a una voz conciliadora, y Yugi, que conocía de palmo a palmo los tonos de expresión en el ámbar de Jonouchi, advirtió al segundo la complicidad escondida en la mirada dulce que viró en respuesta.
—No tardaré mucho.
Mientras Jonouchi encaminaba los pasos tarareando una canción, Yura hilvanaba sus ideas en oratoria para dialogar con Yugi. Ya no estaba en posición de darle largas a esa confrontación que a fin de cuentas había resultado inevitable. Si aspiraba seguir avanzando en su relación con Katsuya, ganárselo antes de que el mundo se le viniera encima, debía empezar por Yugi, quien daba muestras de ser el más dócil puestos a elegir entre Atem y Honda. Trazar la semejanza le sirvió por invocación, ambos se aparecieron desde diferentes ángulos de la sala.
— ¿Yura? — Increpó Atem, la sorpresa en compás a la pregunta estuvo solo de paso en su perfil. Avistar su pelo húmedo y el pijama que llevaba puesto manifestaron su reciente labor en la ducha—. Bueno, supongo que te habías retrasado.
Honda eliminó la escueta distancia y se plantó en el sillón exhalando el rechazo que transpiraba por su chaqueta negra y suéter rojo en armonía con el gris de sus jeans, pero sin adelantarse a tomar la palabra. Atem lo secundó en el gesto, mas Yugi permaneció en pie, los tres hicieron de Yura el punto en común de sus miradas. La de ojos azules sintió cada par de ojos clavarse en la piel como un aluvión de flechas envenenadas.
— ¿Y? — Se decidió Honda—. Nosotros no tenemos nada qué decir, tú eres quien debe dar las explicaciones.
— ¿Puedo sentarme? — Tras un débil asentimiento por parte del propietario, ocupó el espacio libre al lateral cerca del reposabrazos—. En primer lugar, sepan que soy capaz de cualquier locura por el bien de Jonouchi, no pretendo hacerle daño.
— ¡Ay, por favor! ¡Ahórrate la cursilería barata! — Prevaleció indispuesto—. El daño ya está hecho desde que preferiste conquistarlo a base de mentiras en lugar de decirle la verdad sobre su presunto pasado. Desconozco quién fue o qué hizo su versión de antaño, pero a quien es hoy, a Jonouchi Katsuya, lo conozco como la palma de mi mano, y puedo asegurar que va a despreciarte en la misma medida en que llegue a amarte cuando lo descubra. La verdad siempre halla la forma de salir a la luz.
— ¡Lo sé, carajo, lo sé! ¡Sé que cada mentira se revertirá en mi contra y que corro el riesgo de que me odie, no tienes que echármelo en cara! —Ella cuajó las lágrimas por el disparo a quemarropa de aquella certeza—. Pero si le he mentido no es porque no lo ame, Honda, le he mentido para comprar tiempo, tiempo que les pido a ustedes. Por favor, déjenme ganar su corazón, acepten que me ame lo suficiente como para perdonarme...
—Yo estaría dispuesto. — Introdujo Yugi—. Pero si lo permito, no, si lo permitimos, seremos tus cómplices, y eso por partida doble nos haría merecedores de su desprecio, Yura.
— ¿Entonces por qué no se lo han dicho? ¿Qué esperan para escupirle a la cara que él es la reencarnación del único hombre que ha sido capaz de abatir a un dios? —desveló, sin darle mayor importancia al espanto colectivo que se apoderó de sus oyentes—. ¡Si tanto presumen velar por él, ¿por qué omiten la verdad igual que yo?!
— ¡Porque Atem es el único que la sabe y no quiere abrir la boca! —Hiroto señaló al faraón con aspavientos—. ¿Cómo le revelamos una verdad que desconocemos?
—Si les desembucho lo que yo sé, ¿cuenta como prueba de lealtad?
La seguridad con la que había puesto las tildes instauró el silencio de la expectativa en Yugi y Honda, a la par que plegó de horror la mínima fracción en Atem.
—Yura, cuando Aigami intentó prevenirnos...
—Desapareció, lo sé. Estoy dispuesta a tomar ese riesgo si así les demuestro que mis sentimientos por Jonouchi no son malintencionados.
—No, no debes... — balbuceó el antiguo rey, los ojos a tal extremo abiertos por su sentido de alarma parecían haber olvidado el ejercicio de parpadear.
— ¿Por qué no, Atem? — Inquirió Honda, metiendo cizaña—. Deja que suelte la sopa. Total, si al final desaparece, nos quitamos una preocupación de encima.
— ¡Ustedes no lo entienden! — Atem se levantó del sillón dando un respingo—. Contar el pasado renueva los recuerdos en la memoria. Si Jonouchi evoca lo vivido por su homólogo milenios atrás, los dioses no tardarán en manifestarse. ¡Venció a uno de ellos, joder! Se sienten a tal grado amenazados y la magia con que sellaron su conciencia es tan poderosa, que ni siquiera los acontecimientos que presenció en mi Mundo de las Memorias despertaron en él algún vestigio de su anterior existencia—. Honda y Yugi se unieron en la emisión de un ruido gutural por lo imprevisto del detalle en el que hasta entonces habían reparado—. Pero si lo escucha por boca de Yura, si es ella quien sacude sus remembranzas...
La aludida cerró los ojos e inspiró hondo antes de volverlos a la luz. En breve pensó corregir que ni aun ella surtió algún efecto en el hado de los dioses: había besado a Jonouchi no una, sino varias veces, y aunque a ninguno le faltó pasión, Jostet permanecía hundido en la oscuridad.
—Anubis es el dios moviendo los hilos— afirmó, por el contrario. Su acento imparcial no daba indicios de que lo que fuere a confesar le produjera miedo o resquemor—. Su meta es revivir a Seth, el dios del caos y la destrucción, esa es la raíz del árbol de los problemas y la razón que me ha catapultado a este mundo.
Los tres varones apretaron los ojos en simultáneo a la espera de que su entorno se desfigurara o que cualquier espíritu se les apareciese anunciando una fatalidad, pero la soberanía del silencio los motivó a reinsertarse, y la intriga de palpar su alrededor intacto provocó que, contrariados, se miraran unos a otros.
— ¡¿Lo ven?! — Honda se incorporó al salto—. ¡Ella ha dicho lo que sabe y el mundo sigue girando!
Atem se dejó caer de bruces en el mobiliario.
—No lo entiendo, ¿por qué no pasó nada? — El de mechones alborotados se colocó las manos en ambas sienes en un acto reflejo de normalizar el flujo enturbiado de sus pensamientos—. Eso es lo que más me desespera, saber que los dioses están hasta el cuello en esto y que, pese a ello, no pase nada. Se parece demasiado a la calma antes de la tormenta.
Todos se aislaron a escudriñar la deducción en absoluto mutismo. Atem estaba en lo cierto, por lo cual Yura empezó a cuestionarse por qué Anubis no le había borrado del mapa tan pronto convino desacatar su orden, misterio que puso en retrospectiva la conjetura de Seto cual relámpago en su cerebro.
"—Anubis te ofreció una recompensa por mi cabeza, pero si no se la entregas, ¿cuál será tu castigo?"
¿Por qué no le pesaba un escarmiento? Si Anubis enfocaba su poder celestial en la resurrección del dios y con esa mira le había depositado en la época, alejarse de Seto frustraba sus planes, invertir el orden de los factores sí alteraría el producto. Entonces, ¿por qué no hizo llover su ira cuando puso un pie fuera de la mansión? ¿Por qué le permitía actuar en completa libertad?
La posible respuesta languideció su estructura corporal con la contundencia de un golpe, uno que ella, en su ingenuidad o fingida ignorancia, creía haber esquivado.
"... No importa qué camino escoja o a quien de los dos yo destine mis sentimientos. Si elijo a Jostet, despertará la ira de Seth, si elijo a Seth, despertará la ira de Jostet. Todos los caminos desembocan en un solo acontecimiento: el renacer de Seth. Ese es el verdadero y único deseo de Anubis".
—Tal vez no nos pasa nada porque, esta vez, no somos el blanco de los dioses, sino Kaiba.
— ¡Eso es! Yugi ha dado en el clavo. Su locura por vencerte lo llevó al Inframundo a retarte a un duelo, en otras palabras, lo equivalente a que Yugi completara el rompecabezas.
¿Sería acaso que solo el dios Seth podía despertar a Jostet y solo Jostet podía despertar al dios Seth?, siguió cavilando Yura. ¿Era uno incapaz de resucitar sin el otro? No obstante, de ser atinado su razonamiento, ¿dónde cabía ella? ¿Por qué arrojarla en el presente cuando bastaba con que Seth y Jostet fueran coetáneos para regresar al dios a la vida?
—Eso no explica el motivo por el cual Anubis quiere al dios Seth vivo y qué relación tiene Kaiba con esa deidad egipcia. A menos que... ¡Por la barca de Ra!
Otro por qué de filo aguzado. ¿Por qué Anubis estaba obsesionado con la resurrección de Seth? ¿De dónde provenía ese anhelo para con el dios del caos?
Caos...
Yura imitó el brinco de Atem al abandonar el sofá.
— ¡Seth es el dios del caos! — Exclamaron al unísono, dejando al resto de los presentes abrazados al desconcierto.
—Lo sospechaba, pero esto lo ha confirmado— prosiguió el monarca—, ahora entiendo su indignación cuando me dispuse a pronunciar su nombre de pila. Seth yace dormido en el interior de Kaiba, y para hacerlo surgir, Anubis necesita caos, el que se ha empeñado en causar con traer a Yura y liberar las 99 almas.
—En conclusión, ¿quiere ver el mundo arder?— Aireó el de pelo castaño en su confusión.
—A mí me invaden las dudas— externó el Rey de los Juegos—. Quiero decir, ¿a qué tipo de caos nos estamos refiriendo? ¿Al provocado por los duelos en juicio de las 99 almas o al que Kaiba pueda sentir en sus adentros? Porque si el dios Seth está "encerrado" en él, ¿serán dos almas en un mismo cuerpo, así como Atem y yo en el pasado? — Yura contuvo el aliento ante la nimia posibilidad de que Seth y Seto lograran dividirse a semejanza del ejemplo—. Además, Kaiba se vio envuelto en situaciones todavía más caóticas por los tiempos del Reino de los Duelistas y Ciudad Batallas, y bajo ninguna circunstancia el dios mostró su celaje. ¿Cuál sería la diferencia? ¿Por qué ahora sí y antes no?
La última cuestión hizo palidecer a la única mujer del grupo.
—Yura y Kisara se han sumado a la partida— resolvió el faraón—. Esa es la diferencia.
— ¿Y en qué momento el antepasado de Jonouchi entra en juego? — Puso Honda la carta sobre la mesa, el silencio apuntillado por la postura tensa de sus acompañantes lo invitó a unir por sí mismo los cabos sueltos—. Aguarden un minuto, no me digan que... ¡Ese es el dios al que derrotó!
—Lo ha hecho antes...— murmuró Yugi, apenas conteniendo la estupefacción que pugnaba por mantenerse cual adhesivo en su rostro—. En Ciudad Batallas, sobrepasó el ataque del Dragón Alado de Ra en pos de salvar a Mai. —Sus ojos se posaron en la de piel blanca—. Pero en el pasado lo hizo por ti, ¿no es así, Yura?
Ella quiso responder, pero en el intento se le trabaron las oraciones, en su paladar con una mezcla de sabor a vinagre y a fruta podrida en el fondo de la garganta.
El gesto compasivo, demudado en las facciones, añadió semejante lucimiento a los ojos amatistas de Yugi que le avergonzó devolverle la mirada, y se apresuró a esconderla tras sus flequillos blancos.
—Esa es la lucha por su corazón. Te sientes culpable y buscas remediar tus errores...
—No, Yugi— contradijo Atem, a tono con su expresión mortificada—. Jostet no enfrentó a Seth en pos de salvarla, sino de vengarla. ¿Recuerdas cuando te dije que Yura tenía sobrados motivos para orquestar la muerte de Kaiba?
—Yura y Kaiba...
— ¿Yura y Kaiba qué, Yugi?
La voz de Jonouchi recorrió las esquinas con el sonido de un trueno al oído del cuarteto, quienes voltearon la cabeza haciendo el movimiento pausado y robótico de al que pillaran con las manos en la masa. La parálisis facial en Yugi, Atem y Honda no admitía comparación a la de Yura, entonces arrebatada por divisar en él un parecido a Jostet. Por primera vez, lo vio en la arruga que se había formado entre sus cejas al fruncirse. Por primera vez, lo vio en sus ojos color ámbar, que torvos daban la impresión de que la mirada podía afilarse tanto como un cuchillo. Y, por primera vez, lo vio en su vano intento de guardar la compostura como guardado tenía los puños en los bolsillos delanteros del pantalón azul que vestía.
—Discutieron. — Finalizó el duelista, sujeto a un pulso nervioso que hizo temblar el contorno de los labios a la salida del comentario y que se formó en cadena con el vapor de fuego entre pecho y espalda. Jonouchi no atribuía la sensación a un rapto de celos, pues Yura incluso había renunciado a las comodidades de la mansión por seguirle tomada de su mano, pero aun con esa ausencia de motivos y desde sus primeros besos, imaginarla cerca de Kaiba, bien fuera por algo tan sencillo como aquella pronunciación de los nombres, le ponía de malhumor.
Quizás la intriga que le picó al escucharlo referirse a ella con sospechosa familiaridad la ocasión del desmayo paralelo en Kaiba Land, y cuya única influencia en él había sido enarcar una ceja, nació como el brote de una pequeña semilla que ahora lo envolvía con sus tallos y rizomas.
—Yura— no, esa voz no le pertenecía—, te advertí que yo podía ir en tu lugar.
El hombre delante de ellos no era Jonouchi Katsuya. El suéter color pistacho abarcando lo fornido de su torso se transformó en una prenda de lana blanca con bordados en forma de cuadros a la altura del cuello. Donde antes se veía una correa rodeando las trabillas del pantalón, que ya no servía de tapadero a las piernas musculosas, un pedazo de cuerda al cinto permitía a la falda de la prenda cubrirlas hasta las rodillas, y el calzado consistía en unas sandalias sencillas y no más en los tenis aguamarina.
"—Si tienes tiempo para revolcarte en el fango de tu propia miseria, ¿por qué no ha de haber para salir adelante, Yura?"
Incluso pudo sentir el aliento cálido de Jostet soplar en su oído, no como un eco de sus propios recuerdos.
Sus propios recuerdos, repitió, la ironía doblando sus labios.
«Tienes tanta razón, mi Jostet».
—Es la discusión de la noche que nos encontramos en la calle, se la he contado a los muchachos. —Aprisa, tamizó el punto ciego encajando la vivencia, unida a los demás en un resoplido de alivio al ver a Jonouchi recuperar el tinte ameno y simpático que caracterizaba su semblante.
—Más vale. —Sacó las manos de los bolsillos y se tronó los dedos—. En fin, Yugi, dime que tú también estás inscrito en el torneo. — Trotó hasta el mueble y ocupó la esquina lateral donde Yura se arrimara minutos atrás. La de ojos azules, recuperada del susto, tomó asiento en el reposabrazo, apostándose a su lado de manera disimulada. — Al malandro de Kaiba se le ocurrió abrir los servidores a la hora previa de mi salida, tuve que recurrir a uno de mis trucos bajo la manga.
— ¿Truco bajo la manga? — Lo incitó a continuar Yugi, procurando que no retomara el hilo de la conversación anterior.
Katsuya les refrescó la memoria concerniente al estatuto que regulaba los dependientes directos de la cafetería, el que les daba luz verde para servirse cualquier platillo del menú con la restricción de que no saliera del establecimiento, en caso contrario, tocaba pagar como un cliente más.
—Todo en esa cafetería está protegido por un sistema antirrobo muy al estilo Kaiba. Sin embargo, resulta que Midorikawa, el cajero, encontró una forma de burlar esa norma. Yo lo descubrí hace un tiempo, pero lo pasé por alto precisamente porque no sabía cuando podría necesitar esa habilidad. No me convenía abrir el pico.
—Y, considerando que todas las computadoras están interconectadas a la red de la KC, lo amenazaste con soplar el chisme a Kaiba a cambio de que te registrara en el torneo. — Anticipó Honda—. Lo pendenciero no se te quita ni haciéndole terapia de electrochoques a tu cerebro.
—Era eso o decirle adiós al nuevo Disco de Duelo. Aquí les pregunto: ¿qué hubieran hecho ustedes?
Prestos a reír por los métodos nada ortodoxos del rubio, Tetsuko y Sugoroku se sintieron atraídos por la bulla.
—Por lo visto se están divirtien... Oh— El mayor se detuvo al instante de percibir la novedad en la escena—, pero qué linda jovencita nos visita esta noche.
La aludida se puso en pie de sopetón. Diligente, y tal cual había aprendido que debía hacerse con las personas de la tercera edad, inclinó una reverencia como carta de presentación.
—Me llamo Yura, un placer.
— ¿Sin apellido? — Le apuntó Tetsuko, con el delantal rojo todavía amarrado tras la espalda y echándole un largo y tendido vistazo. La nombrada se sintió en un aprieto, por lo que sus ojos buscaron los de Jonouchi en un mudo ruego por auxilio. Sin embargo, fue Atem quien salió a su rescate.
—Ella tiene raíces egipcias al igual que yo, señora Mutou, y los egipcios no estamos acostumbrados a presentarnos con el nombre completo.
—Oh, es egipcia. Pero, a diferencia de ti, ella tiene la piel clara (2)...
—Existen ciertas regiones en Egipto que se han modernizado al punto de adoptar modismos de occidente, y donde no abrasa tanto la luz del sol, ¿verdad que sí, abuelo?— Yugi, conociendo a su madre, se sumó a la campaña y apeló a su mejor cómplice para que añadiera solidez a su argumento, pero Sugoroku estaba enfrascado en medir los atributos de la visitante (3)—. ¿Abuelo, me estás escuchando?
— ¡Sí, sí! Mi querido nieto tiene la razón— prorrumpió el anciano, sin despegar los ojos de su objetivo—. ¿Y qué falta de respeto ha sido esa, Tetsuko? Ella se ha presentado y tú la cuestionas en vez de tener la cortesía de responder al saludo.
—¡Falta de respeto es la mirada libidinosa que le dedica, viejo pervertido!
— ¡Vieja la escoba con la que tengo que barrer el frente porque la usas para volar en las noches, bruja!
— ¡Ya basta! —Se alzó Yugi, luego de palmarse la cara—. ¿No les da vergüenza armar este numerito delante de la visita?
Suegro y nuera se prodigaron un último chispazo antes de dirigirse a la joven con rostros en exceso dulcificados.
—Disculpa mi falta de modales, Yura— suavizó el ama de casa—. Yo soy Tetsuko, la madre de Yugi.
—Y yo soy Sugoroku, su querido abuelo. ¿Te comentó que fui un arqueólogo independiente con mucho renombre durante mis años mozos? Así es, mi estimada, está frente a un amplio conocedor de las tierras míticas que la vieron nacer.
— ¿Te ofrezco algo de cenar, cariño? — Le cortó, aposta, Tetsuko—. Jonouchi acabó lo poco que sobraba, pero puedo preparar una comida deliciosa con lo que dispongo en la alacena.
—E-estoy bien, gracias.
— ¡Hey, me estoy poniendo celoso! — Protestó el rubio en tono jocoso—. Fuera de bromas, quiero... Quiero aprovechar el momento para pedirles un inmenso favor.
Ser el nuevo foco de atención lo indujo a expresar su deseo sin mucho rodeo.
—Verán, debido a su parecido con el Dragón Blanco de Ojos Azules, Kaiba le ofreció empleo sin disfrute de sueldo a cambio de hospedarla en la mansión, pero ya saben lo intratable que puede llegar a ser. Yura y él han tenido diferencias, por lo que no se siente cómoda en la mansión y no tiene a dónde más ir. Ojalá pudiera ofrecerle mi casa... —El halo de tristeza que rodeó su silueta hizo flaquear la voz en pareja medida—. Es por ello que quiero pedirles que la dejen pasar la noche aquí. Sé que también le brindan alojo a Atem, no imaginan cuánto lamento abusar de su amabilidad. ¡Les prometo que será solo por esta noche! Mañana en nuestra primera hora libre buscaremos un sitio donde pueda establecerse.
— ¡Por supuesto que sí! —Al abuelo se le encendieron las mejillas—. En vista de que Atem comparte habitación con Yugi, bien puede dormir conmigo.
— ¡Por supuesto que no! — Ripostó seguido la nuera—. Ella dormirá conmigo, entre mujeres nos entendemos las mañas.
Yura de pronto respiró un aire libre de contaminación incluso antes de procesarlo en sus pulmones y no solo porque la hospitalidad en los familiares de Yugi la hubiera conmovido, sino por sentir que su carga era compartida, que se aliviaba el peso del bulto invisible que llevaba sobre los hombros.
"— ¿Atem te propuso solucionarlo todo con el poder de la amistad?"
¿Era ese el influjo especial del famoso poder de la amistad al que Seto aludía con mofa?
— ¿No tienes equipaje? — Volando en la nube de su propio ínterin, oyó a medias la duda de Tetsuko que, para su tranquilidad, Jonouchi se apresuró a contestar en su lugar.
— ¡Oh, sí! Dejamos las maletas amarradas al candado de mi bicicleta.
— ¡Idiota, se las pueden robar!
—Por cierto, Yugi, ¿qué ha ocurrido con las pertenencias de Atem? ¿No que estaban en casa de Bakura?
—Le llamé, pero me mandó al buzón de voz. Al parecer, le tomará unos días más resolver los asuntos del museo.
—¿Eso quiere decir que su padre todavía...?
—Sí, continúa en coma.
Cada interacción entre ellos retrataba una familia y, con Seto en mente, a Yura le entristeció percibir cómo la mansión Kaiba, a pesar de sus adornos de admirable escultura, sus amplios pasillos por donde desfilaba más el lujo que los propios habitantes, sus aposentos amueblados cual si un rey los tuviera por morada y los ornamentos que al mismísimo palacio del faraón dejarían en ridículo; no conseguía irradiar esa candidez que hacía que su corazón se mullera dentro del pecho, que se respirara el mismo aire depurado que en esa casa modesta. El hombre imperturbable que había conocido se redujo a un niño hecho bolita que a su vez la redujo a ella a un adulto descorazonado. Y Seto volvió a parecerse a una cebolla: al indagar en él capa tras capa, halló un pequeño bulbo que hizo arder sus ojos.
Con la fuerza de un rafagazo le atravesó el recuerdo de que se había referido a la amistad como un poder...
¿Sería ese poder capaz de igualar al de Anubis?
Las inquietudes prolongaron su latido dentro de Yugi a la hora de rendirse al sueño. Ninguna le atenazaba con tanta firmeza como la de saber de qué modo podría él colaborar en aquella encrucijada en la que no gozaba el protagonismo de cuando armó el Rompecabezas del Milenio, sobre todo porque Kaiba, Atem y Jonouchi estaban en posición de jaque. La duda dio las mismas vueltas en su cabeza que él evitaba dar en la cama para no despertar a su compañero, y el deseo de ayudarlo que le había calado hasta las lágrimas en el pasado, regresó con renovado ímpetu. Acuciado, buscó adoptar una mejor postura para conciliar el sueño, quedando a espaldas de Atem. Reconstruyendo lo angulosa que era, no pudo evitar preguntarse si aun cuando cada uno tenía su propio cuerpo e incluso el Duelo Ceremonial había representado lo parejo de sus habilidades, él seguiría estando así, a sus espaldas, solo siguiendo la huella de sus pasos y no a la par suyo en el camino. A fin de cortar de tajo sus pensamientos por lo nocivo que empezaban a tornarse, cerró los ojos en aras de invocar al huidizo. En esa transición de un segundo a otro, que duró para él lo que una estrella fugaz en el cielo, escuchó el pequeño ruido que emitía el rompecabezas siempre que cambiaba de lugar con el espíritu del faraón.
Azorado por dicho reconocimiento, abrió los ojos en un embate furtivo, y un conjunto de imágenes pasó a través de su retina a una velocidad tan abrupta como vertiginosa, que su cuerpo se sintió succionado hacia el centro de un agujero negro. La sensación de arrobo palideció ante la sorpresa de que su mente adquiriera la capacidad sobrehumana de distinguirlas, unirlas unas con otras y darles la forma de un recuerdo, como si de nuevo encajara las piezas del rompecabezas.
La llama de las antorchas incrustadas en las paredes iluminaban el pasillo que el pequeño Atem recorría con pasos apresurados y lágrimas en los ojos. El faldellín que vestía se ondeaba en la corredera, igual que el largo pelo castaño del jovencito que le pisaba los talones.
— ¡Príncipe! — Dio voces tras él, en procura de apaciguar su vehemencia—. ¡Por favor, regrese a sus clases del silabario (4)!
El príncipe se detuvo, mas no por el ruego de quien le perseguía, sino porque necesitaba recuperar el aliento.
— ¡N-no quiero! — gimió al encontrarse con su mirada. El corazón marcaba un subibaja en su pecho y tuvo que posar la mano en la pared para sostenerse. —Mientras yo memorizo los símbolos y trato de copiarlos en el papiro, todos los demás niños juegan afuera. Mientras yo aprendo los Seis Dones del Dios Thot (5), Mana y tú pueden reunirse a practicar la magia y charlar. ¡Yo también quiero hacer eso! ¡Yo también quiero jugar afuera, yo también quiero pasar más tiempo con Mana y contigo!
—Es su deber como el sucesor al trono y el mío como su siervo...
— Siempre ha sido lo mismo desde que nací. —No supo precisar si su voz emergía estropajosa por la falta de aire o por el advenimiento de más lágrimas—. Debo hacer esto, debo hacer lo otro... ¿Pero qué hay de lo que yo quiero, Mahad? ¿O acaso renunciar a mis sentimientos es otro de mis deberes?
—Príncipe...
—No quiero ser Faraón, Mahad, no quiero ascender al trono. Lo único que quiero es poder ser un niño como los demás, poder tener amigos con quiénes pasar el tiempo como Mana y tú. Yo... yo... Quiero ser libre.
La oscuridad, estigia como pocas, devoró el mínimo atisbo de la memoria, llenando sus fauces hasta que todo a su alrededor se transfiguró en un éter. No había principio, tampoco un final, solo Atem y el Rompecabezas del Milenio flotando en aquella nada insondable y lo hondo del vacío.
—Mi Faraón— emanó una voz desde la oquedad del artículo milenario—, su alma ha completado el ciclo de reposo estos tres mil años fundidos a la mía y, en honor a su obediencia, le concederé un deseo.
—Quiero que, de merecer yo la oportunidad de vivir después de mi muerte, pueda ser una persona ordinaria, pueda tener amigos con quiénes construir preciosos recuerdos como Mana y Mahad. Yo... yo... Deseo ser libre.
—Concibo sus sentimientos, mi Faraón, pero su libertad siempre arrastrará consigo la del gran demonio Zorc. De conceder su deseo, su espada nunca dejará de blandirse contra las fuerzas de las sombras. ¿Eso es la libertad para usted? ¿Está usted dispuesto a pagar ese precio?
—Ese precio no tiene valor comparado a estos años preso dentro de mí mismo.
—Comprendo, mi Faraón. Siendo ese el alcance de su determinación, proclame su nombre ante mi faz.
— ¡Mi nombre es ATEM!
La negrura fue absorbida por el Ojo de Udjat y el rompecabezas estalló en una lluvia de fragmentos dorados.
Un hombre fornido de cabellos tricolores bajo la copa de un sombrero se aferraba a los bordes del cimiento para no caer en el precipicio a sus pies. Las uñas comenzaron a resbalarse y dejar su rastro en el pavimento, y en el rostro del hombre se hizo visible la resignación a su destino. Sin embargo, al levantar por última vez la mirada, un joven con prendas egipcias extendía su mano.
—He estado esperando... Shiamun (6).
Yugi sintió que las paredes de su pecho se hacían más estrechas al punto de oprimir su corazón, y en paridad con aquel hombre que ahora sabía era su abuelo, en su visión resplandeció la figura de alguien con prendas egipcias y el Rompecabezas del Milenio pendiendo de su cuello. El ruido que emitía el artefacto al desatar su magia se oyó de nueva cuenta en su oído, y al pestañear, en menos de un instante, las umbrías de su cuarto volvieron a recibirlo.
Sudoroso y temblando, se irguió a medio cuerpo en la cama, palpando las arrugas en las sábanas al costado suyo.
— ¿Atem?
—Ha recobrado parte de la conexión con el rompecabezas, mi señor —profirió Thot, a un lado de Ra—. ¿Desea que intervenga?
—No, eso era de esperarse. Será nuestra arma de reserva para el despertar de Osiris.
El dios halcón repasó los surcos del artículo con la yema de sus dedos.
—Después de todo, Yugi Mutou es el deseo que el Faraón pidió al Rompecabezas del Milenio.
(1) Según las guías oficiales de los personajes, el arroz con curry es la comida favorita de Jonouchi.
(2) En Egipto, las personas eran de piel morena debido a la exposición del sol por esas tierras, y las personas de piel blanca se consideraban "malditas" o de mal augurio. Además, recordemos que Ra era representado con el sol.
(3) En el manga, tanto la personalidad del abuelo de Yugi como de su madre son un poco diferentes. Sugoroku es un pervertido que, incluso, en el primer capítulo del manga hizo un comentario con respecto al crecimiento de los pechos de Anzu. Y la madre de Yugi en una ocasión le metió un cucharazo porque no bajaba a desayunar por estar jugando. xD
(4) El Silabario era un método de aprendizaje que se utilizaba en el Antiguo Egipto en las Casas de Instrucción, lo más parecido a una escuela en nuestros tiempos. El alumno debía memorizar los símbolos contenidos en él y luego copiarlos sin mirarlos, si eran capaces de hacerlo, se consideraba que ya sabían leer y escribir.
(5) Esto era otra enseñanza más propia de los hijos de los faraones. Esos dones son: escritura, astronomía, religión, música, lenguaje e higiene.
(6) El nombre de la vida pasada del abuelo de Yugi tiene muchas versiones, pero ese nombre lo elegí a partir de la traducción del manga al inglés.
(*) No me lo van a creer, pero este capítulo lo leí a diario durante todo lo que va del mes de marzo y, aún al día de hoy, antes de publicarlo, le he cambiado cosas, jajajja. En serio puedo llegar a ser muy dura y crítica conmigo misma.
Les aseguro que tenía toda la intención de que fuera Atem centric, pero Jonouchi también estaba en el paquete y si la carne es débil, ¿esperan que yo sea fuerte? Perdón, pero es que amo mucho a mi rubio revoltoso. :'C Por eso el cap se volvió así como una campaña de "SALVEMOS A JONOUCHI". XD No fue sino hasta el final que pude llegar a donde quería, y es un milagro, ya que Atem y Yugi no son personajes que maneje a menudo ni de los que estoy muy empapada. Así que siéntase libres de corregirme o darme sugerencias.
En fin, lo que más me interesa aclarar es lo siguiente: cada vez que me hallo en proceso de redacción para un capítulo, leo los anteriores. En ese trajín, me di cuenta de que mi narrativa y manejo de personajes tiene ciertas peculiaridades que siento que ustedes deben saber. En este fic, me he esforzado por no dar tantas vueltas e ir al grano de inmediato, de ser concisa y directa, por eso no me detengo mucho a dar largas descripciones de los escenarios y las apariencias de los personajes, a menos de que sea necesario o que aporte algo a la trama del capítulo.
Otra cosa que he notado, es que yo soy más de "no me lo digas, muéstramelo". En este capítulo, por ejemplo, al principio todo parece indicar que van a discutir y a enemistarse, y al final terminan dándose la tregua. Asimismo, en cuanto al manejo de los personajes, cuando Seto le propone a Kisara y Yura que trabajen para él a cambio de vivir en la mansión, él les hace firmar un contrato, lo cual no tendría mucho sentido porque ellas son dos espíritus del pasado, sin embargo, aunque no lo dije en el capítulo, Seto lo hizo porque su compañía tiene reglas que a él no parece apropiado romper en beneficio de ellas dos. Y, además, las dejó vivir en su mansión porque, de alguna manera, se siente responsable de que estén allí, y es su modo de asumir las consecuencias de lo que provocó en su afán de vencer a Atem. Eso yo no se los dije ni en una nota de autor, pero lo dejé implícito porque me pareció bien exponerlo a la libre interpretación de ustedes.
Otro tópico que me ha molestado es el romance. En especial, el romance entre Jonouchi y Yura. Cuando volví a leer el capítulo 14, pensé que el romance entre ambos iba MUY apresurado. No obstante, recordé que en ese mismo capítulo Jonouchi compara a Yura con Atem, y esto es muy importante, porque demuestra lo mucho que Jonouchi es consciente de que Yura será temporal en su vida, que, al igual que Atem, ella también se irá, la cuestión es que no saben cuándo ni cómo, no saben si tendrán mucho o poco tiempo para desarrollar su relación, y por ello tratan de aprovechar el que tienen a la mano. Además, Jono, al menos como yo lo percibo, es el tipo de personaje que se deja llevar por su instinto y se caracteriza por ser muy espontáneo, por eso ambos están de acuerdo en dejarse llevar y vivir la aventura.
Con todas estas aclaraciones no quiero señalar que esta historia es/será perfecta. ¡Todo lo contrario! Lo hago para que sepan que soy consciente de sus debilidades y que trato de sopesarlas o mejorarlas. Por lo mismo, les insto que si tienen alguna sugerencia o crítica constructiva, con gusto la recibo, en serio.
¡MILLONES, BILLONES, TRILLONES DE GRACIAS POR LEERME!
