Inspiración musical: The Vengeance — Black Veil Brides


Querida Amane:

Todavía me hallo en Egipto. La recaída de papá dejó ciertas diligencias inconclusas con respecto al museo y he debido atenderlas. De no ser por el profesor Yoshimori (1), hace tiempo que se hubiera ido a pique, suele decir que conservar los tesoros allí en vitrinas es la deuda que todo arqueólogo contrae con la humanidad. Antes, me hubiera unido a su afirmación sin dudarlo, pero ahora sus palabras no sirven de chispa a mi entusiasmo. Esa deuda es suya y de papá, no mía, por mucho que me haya esforzado en heredarla desde que te fuiste.

Imagino tu ansiedad por leer novedades acerca del estado de papá. El profesor me ayudó a contactar el hospital, por desgracia, no ha salido del coma, pero no te adelantes a considerar el luto, estoy seguro de que regresará. Papá es fuerte, ha resistido embates peores, como tu partida y la de mamá. El psiquiatra que lo puso en tratamiento desde su último viaje a esta nación, diagnosticó que tuvo una de sus alucinaciones y trastabilló con sus propios pasos en su crisis por desvanecerla, provocándose la caída y el golpe que lo ha sumido en la inconsciencia.

Lo repito, no te preocupes, él volverá pronto. Tan pronto como yo deseo volver a casa. Extraño mucho a Yugi y al resto de mis amigos. Por lo vivido con ellos, ha nacido en mí cierto rechazo a estas tierras, al misticismo que las rodea. He accedido a venir porque sería mezquino arrojar al vacío la bondad del profesor después de lo que ha hecho por nosotros, y porque ese museo es lo único que nos queda de papá.

Ah, papá…

Durante la primera etapa del duelo, él no era diferente a Pegasus: se obsesionó con Egipto en busca de la vida después de la muerte, pero la esperanza de regresarte a ti y a mamá de a poco se transformó en avaricia. Yo, en cambio, le seguía para que no se sintiera solo, pues para mí ninguna de ustedes murió en aquel accidente automovilístico. Siguen aquí con nosotros, no en cuerpo, pero sí en alma, y es por ello que, en realidad, nunca se han ido. La muerte solo tiene derecho a reclamar el cuerpo, mas no el alma, que es inmortal, ¿para qué regresarlas a un cuerpo que volverá a morir? Por eso prefiero el ocultismo: es el puente de comunicación entre las almas. Aunque se le tenga por "diabólico" o "maligno".

Acomodado en el sencillo cuartito de paso en el que se hospedaba, unos ligeros toques a la puerta detuvieron los dedos apostando el lápiz en la letra capital del nuevo párrafo. Ryo se apresuró a guardar los materiales de escritura en el pequeño buró donde yacía la lámpara que bañaba la habitación de luz sepia.

Pasó la mano por el faldón a modo de pijama que lo vestía. Imaginando al profesor Yoshimori en el reverso, se palmeó la cara antes de pararse a girar el cerrojo.

—Profesor…

La voz huyó a refugiarse al fondo de la garganta y la fibra perdió su vigor al conectar los ligamentos en sus tendones.

Encuadrado por el marco de la puerta, la figura del docente fue usurpada por Aigami, mas no era el contorno de sombra que la sonrisa dibujaba en sus rasgos lo que le había horrorizado, sino el objeto milenario entre sus manos.

El instinto de supervivencia le gritó que cerrara la puerta de sopetón, pero la Sortija del Milenio tenía todas las agujas apuntando a su pecho y, en un parpadeo, voló a insertarse en él como atraída por una fuerza magnética.

Ryo fue succionado hacia el interior de su propio cuerpo a medida que cada una atravesaba las capas de tela y piel para incrustarse en él, hasta que la oscuridad durmió su conciencia en las dunas umbrías.

Neftis, desprovista de su caparazón, recuperó el adorno del vestido desmangado, de una sola pieza, delineando su esbeltez, parejo a la capucha que permitía solo atisbar sus ojos azul cobalto maquillados por kohl y gruesas líneas color arena en los pliegues de los párpados.

Estalló en risas al contactar el miasma en la mirada de quien llevaba el título de gran Rey de los Ladrones.

— ¡Bienvenido a la fiesta, mi pequeño Kulelno!

— ¿Tú quién demonios eres, mujer? —Bramó ceñudo e instaurando en la voz un dejo de amenaza. El semblante dócil y aniñado, endurecido por el reinado de la maldad infusa en el espíritu antiguo.

—Soy tu hada madrina. —El tono áspero del ladrón no le hizo ñáñaras, por el contrario, aumentó su júbilo—. Pero puedes llamarme Neftis.

— ¡¿Neftis?! —La diosa previno que alguien de su calaña sería indiferente al peso de su identidad—. ¡No me hagas reír!

— ¡Ay, qué lindo eres! Tu ingenuidad me causa ternura— compuso, sus mejillas sonrosadas a la par de sus pupilas dilatadas parecían confirmar el sentimiento.

—Víbora— el de cabellos platinados eliminó la distancia que los separaba tomándola por los hombros en una sacudida—, ¿crees que por tener veneno en la lengua debo yo postrarme a tus pies?

Bakura estuvo a nada de quitarla del camino arrojándola por el suelo, pero su reflejo quedó atrapado en el iris cobalto de Neftis al tiempo que la Sortija resplandecía en su pecho, disparando olas de calor que aumentaron la intensidad a corrientes de dolor. Detuvo la intimidación a propósito de usar las manos en el alivio de su tortura, mas empezaron a contorsionarse como el resto de sus articulaciones, que pronto alcanzaron la rigidez de quien padeciera el mal de la artritis.

Doblegado por la sensación de que lo torcían cual harapo mojado al exprimirse, Bakura desorbitó los ojos hasta dejar el globo ocular en blanco. Luchando con la inconsciencia, se preguntó qué carajo le estaba pasando. En su agonía por la respuesta, conjeturó que la Sortija había ejercido su poder conforme a los deseos de la mujer ufanándose de diosa y, en cambio, lo estaba rechazando a él, a Bakura, el gran Rey de los Ladrones que, a pecho al aire y mueca de lince tensando su rostro, siempre la había portado lleno de orgullo.

—Espero que mi presente de bienvenida haya sido de tu agrado.

Todo vestigio de dolor le abandonó al compás de la oración. Patidifuso, se miró las manos intactas mientras la sensación opresiva disminuía al ritmo de hondas bocanadas.

— ¿Qué le has hecho a mi tesoro? —protestó, tras reparar en que había recuperado el control absoluto de sus facultades.

—Solo unos cuantos arreglos— le guiñó el ojo—, ahora no puedes jugar con él a menos que me pidas permiso.

La saliva de Bakura se volvió ponzoña, sin embargo, tras aquel presente no le convenía jugar a la piñata y lanzar palos a ciegas. Robar era un arte que no se limitaba a satisfacer la codicia de tomar el objeto de su ambición, había que ser paciente, cauteloso, escurridizo; aprender a estudiar el enemigo, a divisar sus puntos débiles aún en las tinieblas y a diferenciar cuáles pertenencias tenían valor y cuáles lo carecían. Por lo que prestaría oído a sus palabras y, al primer descuido, justo al frente de su nariz, le arrebataría lo que era suyo.

La diosa le paseó por el lado con la elegancia y el sigilo de una cazadora amaestrada. Sin perder más el tiempo en introducciones o preámbulos, le puso al corriente a su modo, y torciendo según sus propios intereses, del trasfondo de la conversación que sostuvo con su hijo.


La Balanza del Milenio movía los platillos en una burda contradicción de su nombre, la potencia de su magia combatía las dos energías opuestas que fluían a través de Maat, la pluma de largos filamentos que la sobrevolaba. Al fondo, cual vigilante silencioso, el Ojo de Udjat relucía en la pared con tallado jeroglífico.

Anubis la observaba circunspecto al momento de percibir el paso tintineante de su madre a sus espaldas, el sonido particular de las sandalias doradas armonizando con las pulseras de oro y el cinturón en forma de argolla que rodeaba sus caderas.

Corazón — el tono azucarado sopló en su oreja a la vez que las manos apretaban sus hombros—, ¿puede saber esta humilde samaritana la causa de tu recelo?

No hay en mí recelo alguno, madre

¿Osas mentirme con semejante descaro, Anubis?— Ella le rodeó hasta encararlo, interponiéndose a su visión del artefacto—. ¿A mí, el ser divino que te dio a luz?

En sus adentros, el dios respondió que ella era quien menos tenía derecho a reclamar una mentira, pero le debía respeto no tanto por ser su madre como por ser otro dios.

La indignación en tu voz carece de fundamentos, madre. Dime, ¿en qué te he faltado?

No pides mi consejo ni revelas a mí tus sentimientos. Pero te advierto que las madres permanecemos conectadas a nuestros hijos aun después de que se nos corta el cordón umbilical.

La comisura de sus labios, en lugar de una sonrisa, retrató proclamación de triunfo.

Tú quieres juzgar el alma de tu padre. Ra, en cambio, quiere de juez a Osiris. Es una carrera por el Juicio Divino entre ustedes dos.

Nadie puede contravenir a Ra.

¿Entonces, qué piensas hacer, cariño?

Tengo mis métodos.

¿Que no pueden ser desvelados ni siquiera a tu propia madre?

Madre— repitió, elevando las octavas—, mi padre pecó por tu causa, y esa transgresión ha caído sobre mi cabeza.

¡No hubo pecado porque Seth es tu padre! —Gritó ella, como siempre que se ponía en duda su palabra, el tiempo maduró en Anubis el entendimiento de que ya no sostenía la mentira para engañarlo a él, sino para engañarse a sí misma—. No quiero disgustarme contigo, mi corazón, por favor, dime, ¿cómo puedo serte de ayuda? También deseo que seas tú el juez de su alma.

Anubis aterrizó su mirada cautelosa en los ojos azul cobalto de su madre, el único ser divino al que había permitido admirar su rostro aparte de Ra.

Osiris no renacerá mientras el Faraón y Yugi posean cuerpos separados.

¿Por qué?

El Faraón se encerró junto con Zorc en el Rompecabezas del Milenio. Zorc debía vencerlo a fin de recuperar su libertad, sin embargo, en vez de acumular su oscuridad para lanzar un ataque definitivo hacia él, hizo que le rodeara, que la sintiera parte de sí mismo, que le aprisionara por 3000 años hasta que el Faraón tampoco quisiera soportar la condena. Hasta que "Atem" también deseara ser libre.

«—Mi Faraón— emanó una voz desde la oquedad del artículo milenario—, su alma ha completado el ciclo de reposo estos tres mil años fundidos a la mía y, en honor a su obediencia, le concederé un deseo».

Y él pidió su deseo, deseo que se materializó en Yugi Mutou. En pocas palabras, Zorc se aprovechó del haz de luz en el corazón del Faraón para garantizar su resurgimiento en el futuro a través de Yugi. Por tal razón, la misión de Yugi Mutou era recuperar su nombre, y nadie más que él era capaz de devolverle la identidad (2).

Si mientras Yugi y el Faraón estén separados, Osiris no puede ascender, ¿cómo piensa despertarlo Ra?

Yugi representa la luz y "Atem" la oscuridad que, al coexistir en la misma alma, equilibran la balanza, solo el portador de esa alma puede ser juez e impartir justicia. No obstante, para volverlos uno, se necesita el Rompecabezas del Milenio, mas todos los artículos milenarios perdieron su poder al liberar las 99 almas. Por ende, la única opción que Ra tiene, es utilizar a Yugi.

Eso es curioso— evaluó con cierta suspicacia en el tono—, ya que, si a Ra le favorece que compartan el cuerpo, ¿por qué dar a "Atem" uno por separado?

Porque quiere demostrarme lo mismo que yo a él: no importa el orden de los factores o la nula intervención, todo se alineará en una versión futura del pasado.

Pero Ra es omnipotente. Bien puede imbuir al Rompecabezas del Milenio con su propio poder y…

No lo hará — la firmeza del dios chacal enmudeció a Neftis—, porque se arriesgaría a resucitar a Zorc por partida doble. El Rompecabezas del Milenio es diferente al resto de los artículos. Si su pico apunta hacia arriba, simboliza la luz, pero si se invierte hacia abajo, simboliza la oscuridad (3). A nuestro señor le interesa que "Atem" sea Osiris, no que vuelva a enfrentarse a Zorc, por eso Yugi es su mejor carta bajo la manga.

Entiendo que hayas liberado las 99 almas con la mira de anular el poder de los Artículos del Milenio, pero, ¿qué pasará cuando Seto Kaiba las enjuicie? ¿Regresarán a formar parte de?

No, irán a la Barca Sagrada, el verdadero lugar al que debieron pertenecer. Ese desliz en el ejercicio de mi autoridad es lo que debo resarcir

Neftis alzó las cejas en señal de asombro.

¿Eso quiere decir que los artículos se quedarán inservibles?

A menos que un dios los posea como, por ejemplo, yo poseo la Balanza, sí.

A menos que un dios los posea como tú… Espera, si Ra tiene el Rompecabezas del Milenio y tú la Balanza, ¿los otros dioses…?

Nuestro señor me impuso tal condición, madre. Cada quien puede actuar a placer.

Tras comparecer ante Ra y pedir su aprobación, Anubis se percató de que, aparte del Rompecabezas, escondía la Llave del Milenio, quizás previendo entregarla a Osiris luego de su renacimiento, así como él tenía escondido el Cetro para entregarlo a su padre al despertar. Thot, de su lado, era custodio del Collar, la Sortija yacía oculta dentro del Cubo, mas a ninguno le dedicaba un pensamiento como al Ojo del Milenio con el que Bastet espiaba sus movimientos.

Empero, nada le conminó a remover el sello de sus labios y compartir sus impresiones.

Una vez que Seto Kaiba destierre las 99 almas, ¿ocurrirá el Duelo Ceremonial, no es así? — Continuó indagando Neftis—. Allí el juicio dará formal inicio.

No habrá Duelo Ceremonial.

La diosa, cariacontecida, retrocedió el paso.

¿Por qué te sorprende, madre? —Anubis mimetizó la sonrisa de triunfo—. Fuiste tú quien me enseñó a mentir.

Engullida por la zozobra, Neftis repasó los dichos de su hijo y escarbó en ellos como quien buscara en un inmenso pajar, pero en vez de la aguja, halló en su lugar la pieza que completaba el entramado de un plan calculado a grado cero de frialdad.

¡Eres brillante, mi amor! — Acuciada por la euforia, depositó un sonoro beso en su mejilla—. Tu padre estaría tan orgulloso…

Al dios casi le conmovió la lágrima en el borde del ojo que detuvo aprisa al separarse.

¿Y para mí, dulzura? Dime, ¿cómo tu madre puede servir de ficha?

Luego de un profundo suspiro, alargó la mano frente a ella. Minúsculas partículas de luz flotaron sobre su palma abierta, cobrando la forma del Cubo Dimensional.

La imposición de Ra incluye tu libertad, madre— sus ojos, de un azul tirando a amatista, se amuzgaron en los de azul cobalto—, pero si en verdad no es tu propósito disgustarte conmigo, no pondrás el dedo ni encima del Dragón Blanco de Ojos Azules ni del Dragón Negro de Ojos Rojos.

Neftis, haciéndose la sorda, tocó el Cubo y su cuerpo se desintegró en pequeñas esferas de luz.

La arena del desierto se deslizaba entre sus pies. Alzó sus ojos al cielo, donde las estrellas dejaban caer un velo de luz que eclipsaba la oscuridad.

Al extender la vista hacia sus pies, halló la Sortija del Milenio enterrada en las arenas (4).

No lo olvides, Maktub. —Recogió el artefacto con los labios torcidos en una sonrisa pérfida, colgándolo en su cuello de inmediato—. Las madres permanecemos conectadas a nuestros hijos aun después de que se nos corta el cordón umbilical.


—Y supusiste que yo sería el títere perfecto para cumplir tus objetivos.

—Objetivos que, por cierto, coinciden con los tuyos. ¿O una sola derrota te basta para tirar la toalla con Zorc? ¿Con apenas un soplo se apaga el fuego de tu venganza?

Bakura rechinó los dientes e hizo gruñir su garganta cual si fuera a escupirle un catarro, mas decantó por entregar sus impulsos al silencio.

—No me convence el hecho de que un lío de faldas sea todo lo necesario para traer a Zorc a la vida. Además, despertarlo amerita reunir la oscuridad en los Artículos del Milenio, pero, según tus palabras, ya no tienen poder a menos que un dios los posea, todo gracias a tu querida mascota chacal.

—Lo de Seth y Jostet es más que un "lío de faldas", pequeño Kulelno— ignoró la intención del comentario—. Seth es un dios de la Corte Solar y, a causa de Jostet, estamos advertidos de que los seres humanos, con voluntad inquebrantable y fiera determinación, son capaces de igualar el poder de los dioses. Ambos involucran nuestra hegemonía e intereses como seres superiores. Además, de no haber delito, tampoco necesidad de juzgar, por eso el conflicto entre los dos debe repetirse para que nosotros, a diferencia del pasado, seamos convocados a reunión con cada Artículo del Milenio y así se abra el telón al Juicio Divino. —Posó la mano en su pecho a sabiendas de que la Sortija del Milenio reaccionaría titilando a su toque—. El pasado y el presente se cruzarán en una misma línea temporal, y la colisión entre ambos, junto a la reunión de los artículos en las manos de los dioses, provocará un estallido cuya onda expansiva hará de esta realidad un espacio atemporal. Una suerte de grieta dimensional por la que Zorc puede inmiscuirse. Y si despertarlo amerita reunir oscuridad, imagina toda la que recibiría de la que habita en el corazón de estos humanos.

Las pupilas de Bakura lucieron el brillo de la avaricia que muy bien se combinó a la expresión mordaz de Neftis, compartiéndose la mirada con la sagacidad de dos viejos compañeros de viaje que acababan de reencontrarse.


El dedo pulgar movió la rueda dentada del mechero e impulsó la flama sobre la punta de su cigarro mentolado. La esperada sensación de placer inundó su cuerpo a la par del humo en la primera calada, que al exhalar de vuelta tomó la forma de volutas.

El timbre del celular, encima de la mesita de noche y adyacente al cenicero, interrumpió su ritual, él vertió allí las cenizas antes de alargar la mano en su dirección.

—Jefe— la persona al otro lado del auricular anticipó que la cordialidad era una pérdida de tiempo—, tiene que ver esto.

Sin más, alejó el aparato de su oído para en lo sucesivo acceder a sus funciones táctiles.

La fotografía de Jonouchi, perdido en el beso de lengua, cubrió lo ancho de su pantalla y desencadenó tal explosión de carcajadas que las paredes del cuarto las devolvieron con la resonancia de mil voces malignas.

— ¿Se percató de que le tomaste la foto? — Quiso prever, dando otra calada—. Jonouchi fue uno de los nuestros, sabe olfatear el peligro a millas.

—No, jefe, estaba muy ocupado comiéndose a la mujercita.

—Bien— la víspera de la venganza incorporó al humo un sabor a dulce tras la última exhalación—, entonces iniciemos la remodelación de la cámara de la tortura (5).


En las zonas linderas de la ciudad, Haga y Ryuzaki desempolvaban sus habilidades retándose a duelo a campo abierto en un terreno baldío. Ninguno logró inscribirse en el torneo próximo a celebrarse, todos los cupos fueron llenados por los duelistas que saturaron la red de la KC al término del discurso inaugural. El uno jamás admitiría frente al otro que se había quedado fuera por falta de intrepidez, de manera que acabaron desafiándose para demostrar que, participantes o no del torneo, el prestigio como duelistas se mantenía intacto.

El combate se había reñido entre combos y activaciones de efecto que sumaron los diez turnos, dejando a cada contrincante sin cartas en la mano.

— ¡Mi turno! —Anunció Haga, pasando a la fase de robo. Gracias al efecto de la carta mágica que había colocado en el turno anterior, El Insecto Soldado del Cielo con sus 1000 puntos de ataque le salvaba de tener el campo vacío, pero a su vez empataba con los puntos de ataque del Ptera Negro que Ruyzaki mantenía en posición ofensiva, además de cuidarse de la carta bocabajo que el chico dinosaurio jugó al final de su propio turno.

Haga volcó su anhelo de victoria en ese robo, pues la nueva carta sería la única en su mano. La ceja derecha se le curvó en cuanto procedió a extraerla del monte en la ranura del viejo disco de duelo, los monstruos tipo insecto componían su baraja desde sus primeros pasos en el Duelo de Monstruos, no recordaba haber añadido a la colección una carta titulada «Kebab, el ladrón de joyas», cuyo diseño consistía en un hombre de apariencia árabe lamiendo un collar de perlas en expresión de la usura.

De inmediato concibió el aprieto en el que se hallaba. Aunque su Insecto Soldado del Cielo tenía la habilidad especial de elevar su ataque en 1000 durante el cálculo de daño si luchaba contra un monstruo de atributo viento, tal como lo era el Ptera Negro en el terreno enemigo, no consideraba prudente ignorar la amenaza de la carta bocabajo, la cual podía costarle sus escasos 500 puntos de vida. Crujió los dientes de la indignación al constatar que la opción más precavida era colocar la extraña carta que acababa de robar en posición de defensa, pese a que desentonara con su mecánica de juego y fuera poco menos que un insulto a sus preciosos insectos.

—Coloco esta carta en modo de defens…— La voz le fue arrebatada por la energía oscura que emanó de la carta, evitando la colocación en el disco de duelo y desintegrándose en partículas negras que rodearon su brazo con la forma espiral de una serpiente enroscándose a su presa.

Anubis, testigo del duelo en paralelo a través del Ojo de Udyat con tallado jeroglífico, presenció el grito atronador de Haga al ser poseído por el espíritu de quien fuera uno de los pobladores de la extinta Villa de Kulelna. Contemplar la transformación evocó en el dios que, si bien tenían el robo por oficio, no todos los habitantes eran malvados, ni todos lo ejercían con el mismo nivel de crueldad. Algunos lo hacían para sobrevivir.

— ¡Pero qué demonios te pasa, Haga! —Ubicado en su plano dimensional, Ryuzaki vociferó el desconcierto que le provocó avistar la mueca ladina que su contrincante abanderaba.

— ¡Estoy vivo! —Las palabras salieron al exterior como si fueran dos voces distintas combinadas en una—. ¡Puedo sentir la oscuridad quemando mis venas! —A la exclamación le siguió una risotada escandalosa y el dedo índice del escarnio apuntando a Ryuzaki—. ¡Tú, pequeño escarabajo, dame todo lo que tengas antes de que destroce tus huesos!

El desconcierto mutó a preocupación dentro de Ryuzaki, Haga se mostraba enajenado a su entorno, caso contrario a su monstruo que, agitando sus alas, por lo visto asumió su disparate como la orden de atacar.

Cualquier declaración por parte del chico dinosaurio fue silenciada por el aumento de los puntos de ataque del Insecto Soldado del Cielo en 1000, duplicando su capacidad destructiva en 2000 de acuerdo a su habilidad especial.

— ¡No sé qué mosco te habrá picado, pero esto sigue siendo un duelo! ¡Activo mi carta de trampa bocabajo: Supervivencia del Más Apto! — La carta reveló a un dinosaurio rugiendo en medio de otros desfallecidos en el suelo, agrietado por los volcanes en erupción y los meteoritos que se veían de fondo—. ¡Su efecto me permite seleccionar a un monstruo tipo dinosaurio que controle y equiparlo a esta carta, este gana 1000 de ataque!

La trampa su vez tenía otro efecto bastante útil en su descripción: si el monstruo atacante destruía al del enemigo en batalla y lo mandaba al cementerio, podía realizar un segundo ataque a otro monstruo en el campo del adversario, sin embargo, el bono de poder que sumó 2000 puntos de ataque a su Ptera Negro volvió a empatarse con el del Insecto Soldado del Cielo, y en acierto a lo que el Haga empujado a las sombras quería evitar, ambos acabaron destruyéndose, aunque sin cálculo de daño.

Anubis apreció la jugada exudando compasión.

«— ¿Por qué te sorprende, madre? —Anubis mimetizó la sonrisa de triunfo—. Fuiste tú quien me enseñó a mentir».

—Así es, madre, he mentido con reprochable descaro— admitió para sí—. Mentí a Seto Kaiba cuando le dije que era él quien debía enjuiciar las 99 almas...

«—No habrá Duelo Ceremonial».

—Mentí porque sí habrá Duelo Ceremonial, pero no entre Seto Kaiba y el Faraón, sino entre Seto Kaiba y Jonouchi Katsuya.

«— ¿Hablas en serio, Yugi? — Indagó Honda, a un tris de escupir la soda que sostenía en su diestra—. ¿Atem de verdad no participará en el torneo?

Así es, Honda. —El de ojos amatista permaneció mirando su reflejo en el vaso de agua que recién se acababa de servir—. En Ciudad Batallas, el enfrentamiento con Kaiba estaba decidido por su pasado, porque era un paso más en el camino a recuperar su identidad, en cambio ahora... Atem siente que no es el oponente que Kaiba debe vencer».

Ajeno a sus meditaciones, Ryuzaki, siguiendo su instinto de duelista al igual que Haga, volcó su anhelo de victoria en el robo, pues la nueva carta sería la única en su mano mientras «Kebab, el ladrón de Joyas», corría enloquecido hacia él sin verse intimidado por los hologramas a su alrededor, inmerso en el éxtasis de su retorno al mundo de los vivos y con hambre de objetos de valor.

— ¡Veloci Negro, vengemos la muerte de tu hermano!

El dinosaurio emergió entre las partículas holográficas presumiendo sus 1000 puntos de ataque con un rugido estruendoso. Haga no tenía monstruos atacantes o defensores, todo terminaría en ese turno.

«—Que la existencia de las almas sea temporal sí es un terreno bajo tu plena jurisdicción— adelantó, reponiendose a las carcajadas—. Pero el amor, Anubis, el amor es Atemporal».

—Tienes razón, Bastet, el amor es atemporal. Pero no es el amor por Yura lo que hace iguales a Seto Kaiba y Jonouchi Katsuya con Seth y Jostet, sino el orgullo. El orgullo de duelista.

Lo de Seth y Jostet era más que un "lío de faldas" dado que los hombres, por naturaleza, en realidad nunca se disputaban el amor de una mujer, pues la pelea se volvía una cuestión de orgullo: no importaba que Yura se decidiera por uno de los dos, sino demostrar quién de los dos era el que la merecía.

En simultáneo, el Veloci Negro arremetió contra Kebab, quien se desvaneció en una nube de partículas de luz, así como el recuerdo de Haga en las memorias de Ryuzaki.

— ¿Eh, con quién estaba dueleando?

«—Este duelo está por encima de la voluntad de un dios»

—Y acertaste, Seto Kaiba. Para los verdaderos duelistas como tú y Jonouchi Katsuya, un duelo es lo único que está por encima de la voluntad de un dios.


(1) Este personaje salió en el capítulo 13 del manga, que también fue el que introdujo a Shadi en la historia. Es un colega del abuelo de Yugi que los invitó a una exhibición en un museo. En cierta ocasión, Shadi usa la Llave del Milenio para ver a través de su alma y deduce que su pasión por la arqueología es tanta que descuidó a su familia. Decidí utilizarlo porque, en el manga, a diferencia del anime, el papá de Bakura es el propietario del museo en donde exhiben la Tabla del Destino.

(2) En el manga, Bobasa le explica a Yugi y sus amigos que su misión es encontrar el nombre del faraón. De hecho, otro aspecto interesante del manga es que Bakura utilizó a Ryo y al museo de su padre para "recrear" Egipto en una maqueta. Zorc menciona que la razón por la cual preparó ese "escenario final", es porque "si sus memorias eran más fuertes que las de Atem, él podría resurgir en el mundo real". En este capítulo, quise dar a entender algo similar con Seth, Jostet y el mismo Zorc, espero haberlo conseguido, aunque, en caso contrario, siempre puedo editar. A fin de cuentas, esto es un fanfic y no una obra que vaya a ser publicada en una editorial, jajaja.

(3) Esto lo menciona Marik en el manga, antes de abordar el Battle Ship en el Arco de Ciudad Batallas, es decir, lo de que el Rompecabezas es un símbolo de la oscuridad porque su pirámide está invertida. En la simbología egipcia, de igual modo, las pirámides apuntan al sol porque simbolizan la luz, además de que ya saben el significado que tiene el sol para ellos.

(4) En DSOD, Aigami encuentra la Sortija en la "dimensión" (por llamarlo de algún modo) que parece un desierto, por eso Neftis es transportada a ese lugar y la encuentra allí.

(5) Esta referencia viene con spoiler para el próximo capítulo, así que solo dire que es el lugar preferido de cierto personaje que, al igual que Seto con vencer a Atem, está obsesionado con Jonouchi. Aunque no igual que yo. ;)

*Lo primero que quiero aclarar es que las partes que abarcan los dos primeros separadores (desde la carta de Ryo a Amane hasta la conversación entre Anubis y Neftis) ocurren en el pasado. Por lo general, uso las cursivas para hacer esta distinción (como en la segunda parte), pero dado que las utilicé para redactar la carta que Ryo le escribe a Amane, me vi en el aprieto de dejar la parte de Bakura y Neftis en letra script, de modo que así se supiera hasta donde llegó a escribir Ryo con mayor claridad. Al igual que su título, esta historia no tiene un orden muy lineal que digamos.

*Lo segundo es con respecto a los duelos, les advierto que me voy a limitar a los duelos estilo DM, es decir, nada de los otros tipos de invocación o de cartas que tienen qué sé yo cuantos efectos, más que nada para facilitar la compresión lectora y no tanto por pereza de mi parte. Espero que el duelo entre Haga y Ryuzaki se haya entendido, traté de usar cartas nuevas y que no fuera tan tedioso, fue mi calentamiento para los que vienen en camino, así que me serviría de mucho escuchar sus sugerencias y comentarios, aun si son para lanzarme tomatazos.

* ¿Recuerdan cuando les dije que las mentiras eran cruciales en esta historia? PUESSSS, NO MENTÍ, lo cual es irónico: que la única verdad sea que hay muchas mentiras. :D Pero bueno, el propio mito que inspiró este fanfic empezó por una mentira.

* Para el deseo de Atem al Rompecabezas me inspiré en La Perla de Shikon de Inuyasha, que no cumplía los deseos tal cual, sino que necesitaba que lo pidieran para perpetuar su propia existencia. Y, por si fuera poco, en similitud al Rompecabezas, la Perla de Shikon se originó porque una sacerdotisa llamada Midoriko se selló a sí misma con una horda de yokais (demonios), razón por la cual ella sigue luchando contra esos espíritus malvados dentro de la perla, y el combate depende del corazón de la persona que posea la perla o un fragmento de la misma.

*Los próximos capítulos estarán MUY centrados en la relación de Jonouchi y Yura, sobre aviso no hay engaño.

MILLONES DE GRCIAS POR LEERME.