Raccoon City Departamento de Jill 5:55 Am Sábado 18 de Mayo de 1996

Espero frente al departamento de Jill, tal como habíamos acordado. Inicialmente, contemplé la idea de subir hasta su puerta para esperarla, pero reflexioné y llegué a la conclusión de que sería mejor esperarla aquí.

En cuanto la puerta se abrió, mi atención se centró instantáneamente en ella. Su presencia irradia una elegancia y determinación que nunca deja de sorprenderme. El brillo en sus ojos y la sonrisa amistosa que me dedicó al salir desencadenaron una sensación de bienestar en mi interior.

-Hola, Chris. Su voz resonó, marcada por un tono cálido que me dejó momentáneamente sin palabras, maravillado por su belleza.

-Hola, Jill. Respondí, intentando ocultar la fascinación que su simple saludo despertaba en mí. Mi mirada se deslizó sutilmente por su figura, captando detalles que nunca dejaban de asombrarme.

El sol del amanecer acariciaba su rostro, realzando la tonalidad de su cabello y acentuando lo profundo de sus ojos azules. Era como si la luz del día se empeñara en destacar su belleza natural. Me sentí afortunado de estar allí, compartiendo este momento con Jill Valentine.

-Espero no haberte hecho esperar mucho. Jill rompió mi concentración con una sonrisa juguetona, como si hubiera notado mi contemplación.

-Para nada. Estuve aquí solo unos minutos, no mucho tiempo. Estaba disfrutando del clima. Respondí, tratando de disimular mi admiración, aunque su sola presencia hace que el tiempo parezca detenerse.

Ella me observa con una mirada perspicaz, como si pudiera leer entre líneas mis pensamientos. -¿Seguro? Parecía que estabas bastante concentrado cuando llegue.

-Bueno, quizás estuve un poco perdido en mis pensamientos. Pero estoy listo para el viaje, ¿vamos?

Antes de subir al automóvil, Jill me dirigió una mirada cómplice y dijo: —Sabía que llegarías puntual, Chris. Eres de los que cumplen su palabra.

Sonreí ante su observación y respondí con sinceridad: —Jamás te haría esperar. La puntualidad es una virtud que no tomo a la ligera, especialmente cuando se trata de compartir momentos como este contigo.

Aunque no responde con palabras su sonrisa me hace saber tu respuesta ante esas últimas palabras y por un instante, su felicidad iluminó todo nuestro entorno. Era evidente que apreciaba la puntualidad y el compromiso, y eso me hizo sentir aún más seguro de que este viaje tenía todo para ser inolvidable.

—¿Estás emocionada por este viaje? —pregunté, mientras avanzábamos en la fila para abordar.

Ella asintió con entusiasmo. —Definitivamente, Chris. California tiene un encanto único. Además, será genial mostrarte algunos lugares que son especiales para mí.

Sonreí ante sus palabras y nos mantuvimos en silencio, hasta el momento de guardar nuestro equipaje de mano en los compartimentos superiores. La estrechez del pasillo nos colocaba en una proximidad incómoda y, al mismo tiempo, electrificante. La familiaridad de nuestros movimientos en sincronía era notable.

Al alcanzar los compartimentos superiores, Jill se estiró ligeramente para colocar su bolso, y yo, consciente de la delicadeza de la situación, decidí ofrecerle ayuda. Posicionándome de espaldas a ella, tomé su bolso y lo coloqué controlando las pulsaciones aceleradas de mi corazón. Mis manos, tan cerca de las suyas, desataron una tormenta de sensaciones.

El roce sutil de nuestras manos mientras intercambiábamos el equipaje provocó una corriente eléctrica que parecía teñir el aire con una energía diferente.

Sin previo aviso, nuestras miradas se encontraron, y en ese breve encuentro visual, parecía que estábamos intercambiando más que solo palabras no dichas. Unos segundos que contenían una promesa de algo más profundo, algo que ni uno ni otro se atrevía a expresar en voz alta.

En un acto casi instintivo, nuestras manos se encontraron entrelazándose en un gesto que parecía tener vida propia. La suavidad de la piel de Jill rozando la mía provocó un estremecimiento, y pude percibir la respuesta similar en ella. La electricidad entre nuestros dedos se traducía en una conexión que escapaba a las palabras.

El avión comenzó a moverse, pero el contacto de nuestras manos permanecía firme. Aunque una voz rompió la burbuja que habíamos creado.

-Disculpen la interrupción, pero por favor, regresen a sus asientos para el despegue. Con un ligero apretón de manos, Jill y yo nos soltamos, obedeciendo a las indicaciones de la azafata.

Regresamos a nuestros asientos, aunque la sensación persistía. La azafata nos dedicó una última sonrisa antes de continuar con sus responsabilidades.

El despegue llevó al avión a las alturas, y el silencio entre Jill y yo persistió durante el vuelo. Aunque las palabras no fluían, la conexión se mantenía presente en cada gesto compartido, en cada mirada furtiva que intercambiábamos mientras observábamos juntos el paisaje desde las ventanas.

Jill, con una curiosidad visible en los ojos, decidió iniciar una conversación. -Chris, cuéntame, ¿cómo fue tu salida de hombres?

-¿Salida de hombres? Respondí extrañado aunque creo saber porque me lo pregunta.

-Ya sabes tu salida con Forest. Dice intentando restarle importancia aunque sé que está muy interesada en escuchar mi respuesta.

-No fui preferí quedarme en casa. No estaba de ánimo para una noche agitada, así que opté por algo más tranquilo.

La sorpresa se reflejó en el rostro de Jill. -¿En serio? Eso es genial. Responde luego de un rato aunque con una evidente sonrisa en el rostro.

-La verdad, Jill, preferí quedarme en casa porque pensé que preferiría estar contigo aquí, viajando, que enfrentarme a la resaca de una noche con Forest. No hay otro lugar donde preferiría estar ahora que contigo.

Ella respondió con una expresión de sorpresa seguida de una sonrisa cómplice. -Eso es muy dulce, Chris. Aprecio que hayas elegido compartir este viaje. Además, siempre es bueno tener compañía para hacer que el tiempo de vuelo pase más rápido.

Jill, ¿a ti cómo te fue anoche? pregunté con curiosidad.

-Oh, la noche fue bastante tranquila, Chris. No salí de mi departamento en realidad.

La sorpresa se reflejó en mi rostro. -¿En serio? ¿Tampoco saliste?

-Sabes no tengo muchos amigos en Raccoon City, ninguno realmente, tú y Barry son lo más cercano que tengo a un amigo.

-Sabes en eso somos parecidos yo tampoco tengo muchos amigos, no me relaciono demasiado con las personas, pero de ti me parece algo difícil de creer.

Jill me miró con una mezcla de sorpresa y ternura en sus ojos azules. ¿En serio? No sabía que pensabas eso de mí. ¿Puedo preguntar por qué?

Asentí con sinceridad. -Eres amable, gentil y muy hermosa. Creo que a veces las personas pueden sentirse intimidadas por eso, pero para mí, es lo que te hace única y especial.

Ella sonrió, un ligero rubor tiñendo sus mejillas. Chris, ¿realmente piensas que soy hermosa?

Mi corazón latía con fuerza ante su pregunta, y no pude evitar sonreír. -Por supuesto que lo eres, Jill. Eres hermosa, y mucho. Desde el primer día que te conocí, me quedé maravillado por tu belleza tanto interior como exterior.

Una suave sonrisa se formó en los labios de Jill. -Gracias, Chris. Eres muy dulce. Es bueno saber qué piensas eso de mí.

-Es la verdad. Siempre seré honesto contigo. Eres especial para mí en muchos sentidos, y tu belleza es solo una parte de lo que te hace única.

Con el corazón latiendo con más fuerza me acerqué lentamente a Jill, deseando expresarle lo que sentía con un beso. Nuestros rostros estaban a centímetros de distancia, y podía sentir su respiración, sentía también como la anticipación entre nosotros crecía. Justo cuando mis labios estaban a punto de encontrarse con los suyos, una voz resonó a través del altavoz del avión:

¡PASAJEROS DEL VUELO 541 PREPÁRENSE PARA ATERRIZAR! ¡POR FAVOR, REGRESEN A SUS ASIENTOS Y ABRÓCHENSE LOS CINTURONES DE SEGURIDAD!

Ese anuncio rompió toda la magia del momento, y nos separamos con un suspiro frustrado. Jill y yo intercambiamos una mirada cómplice, compartiendo la decepción por la interrupción inoportuna.

Mientras esperamos el aterrizaje no puedo evitar que mi mente reviviera el momento en el que estuve a punto de besarla. La cercanía entre nosotros, la complicidad en sus ojos, la suavidad de sus labios tan cerca de los míos... Fue un instante cargado de emoción y deseo, y aunque la interrupción fue frustrante, no puedo ignorar la verdad de lo que había sentido en ese momento.

Me doy cuenta de que en verdad deseaba ese beso, más de lo que había imaginado antes. Y estaba seguro de que Jill también lo deseaba. Había algo en la forma en que nos mirábamos, en cómo nuestras manos se habían entrelazado, que indicaba que hay algo más profundo, un anhelo compartido que ninguno de los dos se atrevido a expresar.

Salimos del avión y caminamos por el pasillo de la terminal, sintiendo la cálida brisa de la costa en el aire. Al salir del aeropuerto, nos encontramos con un paisaje impresionante: el vasto océano extendiéndose hasta el horizonte, el cielo azul brillante y el sol iluminando todo a su paso. Era un día perfecto para explorar, aunque primero tendríamos que cumplir con el compromiso que nos había traído hasta aquí.

Nos dirigimos hacia la base naval de Los Ángeles donde esperamos al antiguo Sargento de Jill, quien se tarda mucho tiempo en aparecer hasta que por fin se abre una puerta, no parece ser un sargento es un joven con uniforme militar acercándose hacia nosotros con una sonrisa amistosa en el rostro. Jill lo reconoció al instante y su expresión se iluminó con alegría.

-¡Me da gusto verte Mark! exclamó Jill, y se acercó para abrazarlo con entusiasmo.

-Cuando me dijeron que estabas aquí no podía creerlo tuve que venir a comprobarlo con mis propios ojos.

-Si estoy aquí, esperando al Sargento O'Coner. Pero debe estar muy ocupado porque ya tenemos tiempo esperando y no aparece.

-Parece que has hecho tu visita en vano el Sargento salió esta mañana en compañía de Thompson parece que eran requeridos para una misión urgente.

-¿Con Thompson? Eso es inusual. ¿Sabes a dónde fueron?

-No tengo idea pero parece que Thompson será nombrado capitán de escuadrón.

-Bien por él, supongo que su ego debe estar por las nubes en este momento.

-Aunque no lo creas, esta cambiado, desde que te fuiste parece otra persona, no se esperaba que dejaras las fuerzas especiales, en realidad ninguno de nosotros se lo esperaba.

-Surgió todo de repente, desde el momento que acepte la oferta en S.T.A.R.S., tenía una carrera contra reloj.

-Por lo menos te hubieras despedido, creí que ibas a rechazarla, la última vez que hablamos eso me dijiste y luego nos notificaron tú salida.

-Cambiaron los planes, tenías razón era una oferta que no podía pasar por alto.

-Me doy cuenta que cambiaron muchas cosas en este tiempo. Incluso tú luces diferente ahora, sabes creí que eras diferente, creí que al menos te despedirías de mí.

-No fue mi intención irme sin despedirme de ti. Las cosas sucedieron muy rápido y no tuve la oportunidad de hacerlo. Pero, créeme, nunca olvidé a mis amigos.

-Supongo que tienes razón, Jill. Las cosas suceden de formas inesperadas a veces. Luego, su mirada se desvió hacia mí, y pude percibir curiosidad en sus ojos para luego volver a verla a ella.

-¿Vienes acompañada Jill? Pregunto tratando de sonar casual.

-Sí, él es Chris Redfield es mi compañero en S.T.A.R.S.

-Entiendo. ¿Chris es tu compañero, entonces? preguntó, con un tono de intriga en su voz.

-Sí, exactamente. Chris es mi compañero en el equipo Alpha de S.T.A.R.S.

-Eso es algo nuevo, creí que hacías tus cosas sola o bueno solías hacerlo sola parece que ahora también eso ha cambiado.

-Cuando regrese el sargento dile que vine a buscarlo.

-También se lo diré a Thompson —dijo ese soldado, dejando caer las palabras con un tono sugerente, como si insinuara algo más entre Jill y Thompson.

Jill frunció ligeramente el ceño pero decidió no profundizar en el comentario. En su lugar, asintió con neutralidad. -Como quieras, Mark. Vamos, Chris.

Sigo a Jill mientras siento la mirada atenta de ese soldado, al estar lo suficientemente lejos le pregunto a Jill:

-¿Quién es él? Susurre intentando ocultar la leve pizca de celos que sentía.

-Es Mark. Solía ser mi compañero en las fuerzas especiales. Nos conocemos desde hace tiempo -explicó Jill, tratando de restarle importancia a la situación.

-Ah, ya veo. respondí, con un tono que intentaba ser neutral pero que no lograba ocultar completamente mis sentimientos. -Parecía estar bastante interesado en ti.

-Éramos amigos muy cercanos casi podría decir que era el único amigo que tuve en las Fuerzas Especial Delta.

-Creo que él no te veía como una amiga, parece que sentía otro tipo de interés hacia ti, porque lo de hace un momento eran celos. respondí, dejando escapar mis pensamientos sin filtro.

-Tal vez le gustaba, pero nunca me dijo nada al respecto, y yo preferí mantenerme al margen.

-Creo que no solo le gustabas, ese chico estaba enamorado de ti. Es más, sigue estándolo.

-A lo mejor tienes razón... Respondió desviando levemente la mirada.

-¿Es todo lo que dirás al respecto? Mi tono más cortante de lo que pretendía.

-Sí, supongo. Chris, no puedo estar segura de eso. Tal vez estás exagerando un poco. Además, ¿Porque te interesa? ¿Porque me estás diciendo todo esto?

Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras absorbía sus palabras. Necesitaba saber más, necesitaba entender lo que había entre Jill y Mark para poder procesarlo.

-¿Tú que sientes por él? ¿Era solo tú compañero o hubo algo entre ustedes? Porque ese chico estaba ardiendo de celos y me parece raro que tenga celos de una simple compañera.

-Me agradaba pero como un compañero, como un amigo, una persona con la cual charlar, pasábamos tiempos juntos pero nunca hubo insinuaciones reales por ninguno de los dos.

-Pero él sentía cosas por ti. Estoy seguro de que Mark sí sentía cosas por ti. Es difícil creer que alguien pueda tener celos de una simple amistad.

-Quizá en algún momento confundió nuestra cercanía con algo más pero en lo que a mí respecta siempre lo vi como un compañero.

-¿Quien es ese otro tipo Thompson? ¿Lo conoces bien? ¿Porque ese soldado te dijo que le diría a él que te vio? Al escuchar de ese tipo cambio su rostro pareció ponerse nerviosa ante mi pregunta, y noté cómo su expresión se tornaba incómoda. Parecía titubear antes de responder.

-¿Por qué me preguntas todo esto? Sabes hasta parece que estás celoso.

Por dentro, sabía que estaba ardiendo de celos, pero no podía admitirlo abiertamente. En cambio, opté por una respuesta más neutral.

-Es porque quiero conocerte, saber más cosas de ti y de tu vida. Respondí intentando disimular mis evidentes celos.

-Thompson y Mark fueron mis compañeros es todo. Ahora son parte del pasado y para ser sincera no quiero hablar más de eso mejor vamos estamos en Los Ángeles hay que divertirnos.

-Sí, tienes razón, eso suena bien. Respondí serio.

-Vamos hay muchas cosas por ver aquí. Responde tomándome de la mano con una sonrisa, como si supiera lo que estaba pasando por mi mente. No me desagrado su gesto por eso no intente alejarla; todo lo contrario correspondí a su tacto tomándola con fuerza de la mano mientras salimos de la base naval.

Al salir de la base naval dimos una vuelta por la ciudad en el auto que rentamos al llegar, es grandiosa, siempre está repleta de personas, tiene una vista increíble de la playa aunque no pasamos por ahí sino nos dedicamos a recorrer la ciudad, pasamos por las tiendas más famosas en Sunset Boulevard, entramos a un zoológico donde observamos a todos los animales con detenimiento, no conversamos mucho solo lo necesario, pero basta con su compañía para sentirme cómodo.

Me gusta creer que a ella le pasa lo mismo. Cuando hacíamos contacto visual ambos sonreíamos, luego visitamos un acuario donde observamos la vida marina es la primera vez que estoy en un lugar así y es increíble.

Ella ya había estado antes en ese lugar, así que me explico algunas cosas de ciertas especies de peces. Yo me centraba en ella, en lo linda e inteligente que es, aunque fingía que estaba prestando atención en lo que decía, en realidad estaba concentrado en sus ojos, en su boca, mi mente divagaba, deseando poder besarla en ese momento.

Sin embargo, tuve que contener las ganas que tenia de besarla y mantener la compostura.

Después del acuario fuimos a comer y seguimos recorriendo la ciudad hasta terminar en Santa Mónica donde subimos a los juegos mecánicos disfrutando de su hermosa vista hacia el mar, no pudimos ir a nadar ya que no teníamos la ropa adecuada, pero más allá de eso ningún de los dos tenía la intención de hacerlo, ahora estamos en un parque disfrutando de un helado mientras descansamos en una banca. El ambiente es relajado y tranquilo, y aunque no decimos mucho, el silencio entre nosotros es cómodo y reconfortante. Simplemente estar juntos, compartiendo este momento especial, es suficiente para hacerme sentir completo.

Jill miró su reloj y luego me dirigió una mirada suave. -Creo que ya es tarde, Chris. Deberíamos volver.

-Quizá sea lo mejor pero me gustaría quedarme un poco más. Respondí con cierta tristeza en mi voz.

-Yo también me gustaría quedarme un poco más. admitió Jill con una sonrisa nostálgica. -Pero si queremos encontrar un vuelo de regreso a Racoon City, es mejor que nos apuremos.

-Tienes razón. No podemos quedarnos aquí para siempre. Susurre para luego añadir: -Lamento que no hayas podido hablar con el Sargento.

-Olvídala eso. Me divertí mucho debo reconocer que eres una excelente compañía.

-Tú también lo eres. Este ha sido uno de los mejores días de mi vida.

-Gracias por ofrecerte a acompañarme a pesar de estar en tu descanso.

-Te acompañare siempre que me lo permitas. Sabes que puedes contar conmigo.

-Gracias Chris. Responde mientras reposa su cabeza sobre mi hombro al sentir su tacto me congelo no sé qué hacer pero expresó mi felicidad de tenerla cerca con una sonrisa.

Nos quedamos así mientras observamos la puesta de sol más hermosa qué haya visto en toda mi vida.

Fue en ese momento en que entendí que estaba perdido, porque lo que ella me hace sentir no es algo pasajero ni algo que pueda controlar. Es algo distinto e intenso, algo de lo que no puedo ni quiero escapar, porque me he enamorado de Jill Valentine.