Querido Mago de Oz,

Confirmo que todo el plan salió a la perfección.

Mi amigo el Lobo descubrió el pequeño secreto de su Caperucita cuando ésta recibió el mortal ataque de Pinocho, quien al no poder detenerse al ver que ella lo cubría, termino clavándole la daga en el pecho mientras el hombro de Itachi fue rozado por una de las flechas de Danzó.

Imagina mi alegría cuando en lugar de una joven herida, mi amigo observo a su eterna novia convertida en una hermosa loba blanca con tonos rosados.

¿Quién pensaría que la inocente Caperucita en su enloquecido intento de ser el amor de la vida de Itachi, rezó a la diosa Conejo, Katsuya, para volverse alguien digna de él?

¿Quién más creería que la Diosa, misericordiosa al ver las lágrimas de amor correr por el rostro entristecido, le respondió hechizándola como una mujer lobo que podría correr a la par que mi mejor amigo?

Aunque leve, Sakura pudo hacer retroceder a Obito Pinocho y accidentalmente aplastarlo, mientras éste estaba en shock, con su pequeña enorme pata. Me informó Aladino que el Lobo Feroz estaba anonadado al verla.

Desde entonces no se les ha visto salir a la luz del día. Día y noche se la pasan retozando entre la maleza del bosque o las sábanas de su cama.

Agradezco una vez más esa grandiosa idea que me disté, Sarutobi, y gracias a mí también ya que se la compartí sutilmente a Sakura para que le rezará a la Diosa. Mi mejor amigo esta a la mar de contento y enamorado. Se le nota en sus cartas.

Eternamente agradecido con tus consejos, sabio Shiruzen,

Shisui Pan, del País del Nunca Jamás.


A mi amor,

En este momento, estás en el jardín, recogiendo las fresas para el pay que tanto me has prometido, receta de tu Abuelita encarcelada.

Trataré de que tu amor por las manzanas vuelva a ti, siempre me han encantado las frutas rojas y relucientes que han cosechado tus manos.

He tardado días en esta carta, porque no puedo dejar de verte por la ventana, mientras le cantas al sol y a la tierra, y mi corazón palpita de emoción al saberte finalmente mía.

Nunca sabrás lo que tu decisión ha hecho en mí.

Cuando pensaba en cortar mis garras, tú rezabas a un Kami que te cambiará de forma.

Si tan sólo me lo hubieras dicho antes, mi amor, pudimos habernos evitado tanto dolor y sufrimiento.

Pero entiendo. Comprendo que tenías miedo en lo que te habías convertido, que en las lunas llenas tenías la necesidad de aullar y que tu gusto por la sangre era inusual.

Tenías miedo de asustarme, irónicamente.

Como te he dicho, yo aún así te prefiero tuya. Nunca quise cambiar un solo cabello tuyo, menos tus huesos. No diré que no me fascina que puedas correr en el bosque cada noche a mi lado persiguiendo a Drácula, o que me ayudes a proteger a la familia de Bambi, sólo diré me encanta que seas tuya antes que mía. Rezaremos, como te lo he prometido, para que la Diosa te devuelva tu cuerpo original, y si no se puede, la tomaremos como una señal divina más de que somos el destino uno del otro.

Aunque siempre lo hemos sabido, sólo éramos tontos queriendo negarnos.

Aquellos cabellos rosados se confunden con los rayos del sol cuando por la noche es tu suave piel la que calienta mis sentidos; tus mejillas cuando se encienden al besarte el cuello, tus brazos rodeando mi cuello, tus piernas envolviendo mi cintura cada vez…

Y ahora estas caminando, acercándote con esa capa roja que sabes que me embrutece. Especialmente cuando sólo llevas eso puesto.

Sobresaliendo de tu coxis, meneas tu colita blanca esponjosa al entrar coqueta por la puerta y permites que la capa oculte la piel suave que sube por tus muslos mientras me das la espalda.

Puedo oler tus íntimas ganas de amarme, sabiendo cuánto me enloquece.

Trepadora. Dejas tu canasta llena de fresas en el suelo provocativamente, mostrando la firmeza de tus piernas ocultando lo justo para que mis fosas nasales se ensanchen y juro que nunca, ninguna mujer, me había incitado al pecado como tú.

¿Pecado?

No, no se puede pecar cuando nuestros corazones se han unido en el tiempo y espacio como el tuyo y el mío. Lo nuestro es la tentación del amor y la pasión. Además de que tenemos un certificado de matrimonio avalado por el Mago de Oz para cualquier curioso.

Debo terminar esta carta justo ahora, estas molesta porque mis garras no están en tu cintura ya mismo. Lo sé por esa mirada aguamarina llena de lujuria y molestia que me envías de reojo.

Crees que sigo escribiéndole a Gretel. Y agradezco tus celos. Son lo más encantador de ti, sin importar si el gallo canta o las cigarras bailan, te comportas como la loba más golosa en la cama, en la sala, en la cocina, donde sea jamás imaginada. Furiosa y determinada a dejarte preñada con mis cachorros.

Veo cómo te acercas. Con propósito. Tus caderas se ladean con pausas que me hipnotizan y extiendes la mano. Mi entrepierna y corazón palpitan.

Maldita sea. Volveré a dejar esta carta interrumpida, sin ser capaz de decirte todo lo que te amo. Todo lo que te dedicaré, vida, alma y mente.

Maldita sea Sakura. Envuelves tus carnosos labios sobre mi cuello y bajas. Bajas y muerdes. Muerdes y gimes seductoramente. Me sabes tuyo en el momento en que gruño.

"Te amo mi amor, con todo y colmillos", susurras cada noche, cada noche en que volvemos a amarnos como la primera vez hace años, cuando te conocí, tu luciendo inocente, yo tu depredador

Te amo, mi Caperucita, y ojalá estos trazos nunca los leas, quiero que lo averigues tú misma mientras sigo escribiendo mi amor en letras románticas con la tinta de mis besos sobre la carne tuya.

Incondicional y eternamente tuyo,

Itachi, un Lobo Feroz perdidamente enamorado de una Caperucita.