Resumen: Saitama no pudo regresar en el tiempo. Garou murió al igual que todos y lo único que existe en ese planeta desolado y contaminado es un solitario héroe que no pudo llegar a tiempo.


Inspirado en la canción el último canto de Kauaʻi ʻōʻō.


- Anime: One Punch-Man (ワンパンマン)

-Todos los personajes le pertenecen a su creador: ONE®


.

"Si alguien puede dominar el poder de dios sin tocar la mano de dios, ese eres tú." Fue lo que Garou le dijo antes de enseñarle su técnica más poderosa, aquella que ni él mismo había sido capaz de conseguir.

Saitama prestó atención más que nada, como nunca lo había hecho en su vida con algo o con alguien. Siguió cada paso al pie de la letra, ni siquiera parpadeó mientras lo hacía. Esto era importante, era un favor envuelto en capas de egocentrismo que en el interior guardaba una súplica que no buscaba terminar con ese abrumador sufrimiento, sino evitarlo.

"¡Acaba con mi futuro lleno de desgracia!" Había sido la petición del antes Cazador de Héroes, del discípulo del viejo Bang, del chico humano cuyo más grande deseo fue convertirse en algo que pudiera catalogarse como "un monstruo".

Sus manos se alinearon en un pequeño círculo, sin tocar sus palmas ni despegar su vista del contrario. Él sería su propio universo, la radiación de Garou iba a fungir como el catalizador perfecto para llevar a cabo dicha técnica. Al menos con la precisión perfecta antes de que una voz profunda retumbara del cielo y el cuerpo de Garou comenzara a convertirse en sal.

Sal.

Saitama pudo sentirlo en su boca.

Imitando la acción y cumpliendo las instrucciones, Saitama se concentró en su universo interior, en las partículas que dejarían de ser opuestas sólo por un instante.

Entonces Garou soltó su última petición y desapareció con el viento. Un pilar derrumbado. Un puñado de sal y polvo.

Y nada sucedió.

Saitama no se movió de su lugar. Su respiración dejó de contenerse, la voz en el cielo no volvió y no pasó nada.

Las pupilas de Saitama se mantuvieron estáticas al frente hasta que cayó en cuenta de dónde se encontraba y de lo que estaba haciendo. Si debía haber algún resultado, no lo hubo. Si esto era la solución de sus problemas, no funcionó en lo absoluto.

Ha pasado un tiempo desde eso, Saitama no tiene forma de saber cuánto. La tierra está completamente desolada. Garou está muerto al igual que todos los demás.

Saitama sigue intentándolo una y otra vez sin parar, crujiendo sus nudillos, torciendo sus dedos, tensando sus manos como si eso pudiera ayudar en algo, tratando de recordar las instrucciones exactas que Garou le había dicho y que, con cada día que pasa, se van volviendo más borrosas y confusas.

No hay forma de preguntarle. Él es único ser vivo ahí. Luego de su primera y única petición, Garou se había convertido en una estatua de sal que se desintegró en el viento y se mezcló con el polvo de la tierra abandonada por la vida y la esperanza. Ahora no queda nada de él.

Si antes podía quejarse de lo aburrida que era su vida, ahora podría lamentarse para siempre. La falta de sonidos es abrumadoramente estresante. Lo mantiene despierto. Lo mantienen aturdido.

El cielo no parece despejarse, es como si todo el tiempo las nubes estuvieran llenas de tinta negra ácida que borran el rastro de lo que alguna vez fue un lugar lleno de estrellas.

Saitama puede ver una enorme mancha negra.

.

No tiene caso ir a casa, porque no hay casa. La ciudad completa está destruida hasta los cimientos y el mar se ha desbordado al grado de inundar todo el terreno.

Sus pies se mueven de forma errática, pasos lentos y pesados. No tiene a dónde ir, nadie con quién hablar.

El aroma del aire es pesado, con sabor ácido y a veces con aroma muy ligeramente dulce.

Lo que más destaca es el olor de los cadáveres pudriéndose.

De forma deliberada, Saitama evita mantenerse cerca de ellos. El hueco que siente en su pecho al encontrar a esa gran cantidad de héroes, algunos conocidos, otros considerados amigos, es demasiado insoportable. Por eso siente que es mejor esquivar la mirada y fingir que esto no es su culpa, él no es responsable de que ellos estuvieran ahí. Él hizo lo mejor que pudo. La radiación los mató, Saitama no puede cambiar eso.

—En verdad es muy silencioso. —Dice Saitama en voz baja y, como es de esperarse, no hay respuesta.

Nunca se imaginó que el sonido del viento fuera algo que podría apreciar en un día cualquiera en medio de Ciudad Z.

Ahora es posible.

No hay nadie vivo que pueda interrumpirlo.

.

Saitama patea una roca mientras hace un rondín, buscando a alguien, queriendo escuchar algo. Sus pisadas se entierran en el lodo de los enormes charcos por los que pasa, las plantas de sus pies comienzan a enrojecer y resecarse. Puede que el agua se haya vuelto ácida también.

Por mucho que camine, infernales minutos convertidos en interminables horas, Saitama siempre termina regresando al mismo lugar. Una pequeña aguja se clava en su pecho al darse cuenta que nada cambia en su ausencia.

La piel de los cadáveres ha comenzado a desprenderse.

.

Esquivar los cuerpos sin vida de las personas que se encuentra ha sido bastante difícil. No importa dónde busque refugiarse, siempre hay gente muerta. El olor a sangre no se compara con el olor a vómito, diarrea y ácido gástrico de los cadáveres desmembrándose entre sí. Es como ver morir a un árbol o una hoja de papel quemarse, es simplemente horrible.

El olor se queda impregnado en sus fosas nasales y la imagen de las cuencas de sus ojos vislumbrándose ha permanecido en su mente por más tiempo del necesario. Saitama no puede mirar su propio reflejo en el agua sin recordarlo. Así que él decide comenzar a amontonar los cuerpos en un mismo lugar, de esta forma podrá protegerlos de los animales carroñeros, en caso de que hubiera, y posteriormente darles un entierro digno una vez que se sienta capaz de hacerlo.

Saitama no sabe si algún día podrá hacerlo. Simplemente no quiere estar cerca de ellos.

Es más fácil evitar sus errores si todos ellos son acumulados en un solo lugar.

Ese lugar huele a muerte y despierta su remordimiento.

Ellos están muertos.

Saitama a veces desea estarlo.

.

Hay una cueva en las montañas cercanas donde puede mantener vigilados los cuerpos amontonados de las personas, también puede cubrirse de las tormentas repentinas que azotan la zona.

Saitama mira con atención el líquido que cae y fluye entre las rocas. No es agua. Es negro. Sus gotas son enormes. Apenas tiene aroma. Mancha las rocas a su paso, dejando marcas de su rastro y mezclándose con el agua de mar.

La imagen es terrorífica. El cielo gana tonalidades rojizas y la temperatura aumenta. Esas precipitaciones no reconfortan ni refrescan, Saitama puede identificarlas como un lamento del cielo mismo. Algo que mientras más se intenta limpiar, más se mancha. Él puede comprenderlo porque así es como se siente.

Haciendo cosas sin sentido. Dando vueltas sin rumbo. ¿Qué es lo que está esperando?

Los muertos no reviven.

Por más que lo desee, intente y suplique; no pasa nada.

.

En sus sueños escucha gritos de dolor llamándolo, a veces pidiendo ayuda, a veces reclamándole. Saitama puede sentir la vibración de sus voces incluso después de haber despertado.

En su pecho se abraza más el núcleo de Genos. Él recuerda que eso fue algo como su corazón o el centro de su energía, no lo sabe con exactitud, se lamenta no haber puesto más atención en ese entonces.

Pero, por encima de todo, se lamenta no haber llegado a tiempo.

Lo carcome por dentro. Se pudre. No cicatriza, mucho menos sana.

En sus manos trata de cuidar el núcleo de forma delicada porque es todo lo que le queda de Genos, su discípulo y primer fan. Su amigo.

Saitama no sólo es un mal héroe, sino también un mal maestro y amigo.

Es patético tratar de mantener algo de aquello que no pudo proteger.

Saitama siente que la palabra "patético" no es suficiente para describir la forma en la que se siente.

.

Después de la cuarta precipitación, Saitama decide finalmente darle un entierro a cada uno de sus "amigos".

Saitama no sabe qué tan profundas deben ser las tumbas pero al menos el hoyo consigue cubrir la mitad de él.

La tumba de Tatsumaki es pequeña como su cuerpo. Es la primera en ser enterrada porque Saitama falla en obtener las medidas correctas, no se da cuenta hasta que intenta recostarse ahí y descubre que sus pies no pueden estirarse por completo.

—Parece que luchaste mucho, pudiste haber muerto antes. No podría saberlo. Siempre fuiste una niña demasiado ruidosa. —Dice él mientras toma su cuerpo, retirando delicadamente las manos protectoras de Fubuki y King, ellos dieron lo mejor de sí hasta el final. Fubuki amaba a su hermana mayor, King fue un buen héroe. El cuerpo de Tatsumaki permanece envuelto en la camisa de King. —Prometo colocar la tumba de Fubuki junto a la tuya, espero que eso evite que tu espíritu aparezca sólo para gritarme.

Dicho y hecho, el cadáver de Fubuki es puesto en paralelo al de su hermana. Llevarlo en sus brazos es más pesado de lo que pensó. Saitama puede fácilmente imaginarse lo mucho que le importaba su apariencia, así que se asegura de limpiar la sangre seca de su rostro y acomodar sus cabellos después de acostarla sobre la tierra.

Ella no murió rodeada de su grupo, pero sí de las dos personas que consideraba las más fuertes del planeta: King y Tatsumaki. Ella detestaba la soledad, es un poco cruel sentir alivio de saber que murió acompañada.

—Definitivamente nunca quise estar en tu grupo, pero, si hubieras sido un poco más amable, quizás hubiéramos podido ser amigos… creo, no estoy seguro, pero tenías el chaleco de Genos, así que supongo que al final pudiste caerle bien, ¿no? Te perdono por las veces que te metiste a mi casa sin permiso. Tú también hiciste un buen trabajo.

Saitama entonces recuerda que ella siempre odió la idea de estar en segundo lugar. Incluso ahora, ella está siendo enterrada después de su hermana mayor. Pero no importa, al menos el hoyo de su tumba es más grande. Las piedras que fungirán como su lápida serán más brillantes y lisas.

Después sigue King. Su cuerpo es mucho más ligero de lo que esperaba. A Saitama le gustaría enterrarlo junto a sus consolas y algunos videojuegos pero eso probablemente sería demasiado trabajo y no quiere dejar los cadáveres a la intemperie por tanto tiempo. Así que cierra sus párpados, acomoda su cabeza y se asegura de que el cuerpo se mantenga lo más recto posible.

—Hiciste un buen trabajo. En verdad eres admirable, en serio. —Saitama no tiene una pala consigo, así que debe conformarse con aventar los puñados de tierra entre sus manos. Es tardado, lo suficiente para crear pequeños discursos provenientes de alguien que siempre ha sido malo con las palabras. —Prometo enterrar contigo la pequeña consola que me prestaste en cuanto la encuentre, aunque puede tomar tiempo. Gracias por todo.

Y luego es el turno de Genos.

Recoger las pequeñas piezas de metal regadas por el suelo y bañadas de lodo es dolorosamente eterno. Es una nueva clase de tortura. Saitama tiene que tomar espacios para hacerlo y, cuando finalmente comienza a avanzar, intenta cerrar sus ojos para evitar grabar en su memoria la cabeza destrozada.

Por un momento considera enterrarlo junto con su núcleo, pero no hay forma en esta vida en la que alguien pueda arrebatárselo de las manos, así que decide mantenerlo cerca y hacer una tumba mucho menos profunda que las otras; aún con la vaga esperanza de encontrarse con alguien que pueda repararlo.

Cuando llega el momento de decir sus palabras, Saitama no puede pensar en nada que no sea un lamento.

—…Perdón. —Dice en voz muy baja, un hilo de voz seco, incapaz de formular correctamente las emociones amargas que lo colman.

¿Qué más puede decir?

Genos siempre confió en él de la forma más sincera, llana y profunda. Benevolente. Generoso. Ciegamente con cada parte de su ser, incluso hasta su último suspiro.

Lo último que reflejaron sus ojos fue su imagen, lo último que pronunciaron sus labios fue su nombre.

¿Cómo podría Saitama perdonarse por haberle fallado así?

Un instante tarde fue todo lo que se necesitó. Un parpadeo y luego Saitama ya tenía su corazón de metal en sus manos.

Aterrador, decepcionante y sumamente amargo. Ácido en su boca. Un calvario que no planea dejarlo pronto.

—…P-perdón. —Repite una vez más. No hay duda, su temblor es por otra cosa más pesada. Desconsuelo quizás, impotencia por seguro. —No suelo llegar a tiempo, fue mi culpa. Yo tuve… tenía que llegar a tiempo. Tenía que haber acabado con todo desde un principio. Es mi culpa.

Saitama se pregunta si Genos podría odiarlo por no haberlo salvado, si estaría decepcionado por ni siquiera haber podido hacer la técnica que pidió Garou.

¿Se molestará por haber decidido mantener su núcleo a su lado?

¿Su alma le reprochará el haberse robado su corazón?

Saitama sabe que la respuesta es no, que, a pesar de todo, lo más probable es que Genos seguiría sonriendo y agradeciéndole por lo que sea que haya hecho sin darse cuenta, incluidas las cosas insignificantes, contando los errores que le costaron su vida y la de los demás. En esta tierra desolada y espantosa, Genos seguiría escogiéndolo a él como su maestro.

Saitama acerca el núcleo de Genos más a su pecho, tratando de sentir cualquier atisbo de calor residual. Pero no hay nada.

A partir de ahí, enterrar a los demás se vuelve más difícil y, por ende, sin más demoras. Son demasiados cadáveres, así que Saitama termina apilando la mayoría de ellos en un mismo lugar y colocando algo de tierra encima, con la esperanza de que la lluvia no descubra sus cuerpos.

.

Su cuerpo es cubierto por algunas telas que va encontrando por la zona. Es muy difícil encontrar comida que no esté en estado de descomposición o con signos de estar contaminada, por lo que depende totalmente de lo enlatado.

A veces tiene pesadillas realmente malas. Gritos, lamentos y reproches. Son los cadáveres que lo miran fijamente con sus ojos blancos, sin brillo, y bocas llenas de sangre. Los cabellos se caen y todo lo que pueden hacer es soltar diversos lamentos de dolor. Ellos no pueden morir, están viviendo su propio infierno. Están siendo quemados vivos.

A veces, alguien le susurra al oído. Sus palabras parecen un juego de metáforas o, mejor dicho, frases difíciles de entender que hablan de acciones e intercambios, tan enredosas como la de los contratos. Saitama no sabe de dónde proviene esa voz, no la reconoce, pero definitivamente no es la primera vez que la ha escuchado.

Las gotas de lluvia siguen siendo negras. Saitama pronto se da cuenta que esa lluvia negra es tóxica y mortal a largo plazo para un ser vivo común y corriente, pero a él no le afecta en lo absoluto.

Blast de vez en cuando aparece y lo observa con atención desde la distancia. Saitama finge que no nota su presencia, lo ignora intencionalmente cada vez que él quiere entablar una conversación. Saitama no merece palabras de consuelo, no quiere irse de ahí, no puede volver a jugar a ser un héroe.

Guardando aún su distancia, Blast entiende su mensaje y no vuelve a molestarlo por un largo tiempo. No sin antes dejarle en claro que él estará para lo que necesite.

Saitama frunce el ceño y reniega por el ofrecimiento. No quiere pensar en héroes, salvadores o esperanza. Ya no la tiene. Ya no hay tierra por salvar.

Pero él necesita seguir ahí porque "salvar" la tierra es algo que no fue capaz una vez pero podría aún no ser el fin. Él recuerda haber destruido un planeta y una luna. Eso debe tener consecuencias en la tierra. En cualquier momento podría caer un meteorito, lo menos que puede hacer es evitar que lo poco que le queda sea destruido. Al menos mientras encuentra una nueva razón para vivir.

.

Al igual que cada día, Saitama intenta realizar la técnica que Garou le enseñó. Al menos veinte veces después de despertar, ocho veces antes de dormir.

Últimamente caen muchos meteoritos, Saitama destruye la mayoría de ellos. El cielo en las noches luce particularmente extraño, pero él no puede comprender de qué forma. Seguramente hay muchas menos estrellas que antes. Por otro lado, hay bolas de fuego cruzando el cielo como estrellas fugaces continuamente, demasiado cercanas, más grandes de lo normal. Saitama se pregunta si alguna de ellas podrá destruir la tierra de una vez por todas.

.

Las noches son demasiado oscuras, Saitama ha podido acostumbrarse a eso. Sus ojos ya no se enfocan en el cielo como antes, no tiene sentido concentrarse en eso.

Curiosamente él ya no se siente tan desolado. Es como un sueño, más bien una pesadilla. Tal vez su intento de borrar las imágenes de los cadáveres de los héroes tiene algo que ver, ya que su mente le dice que no pasa nada, porque nada es real, en cualquier momento despertará y podrá ver de nuevo a Genos, King, Fubuki y todos los demás, incluso Sonic; no importa que sean molestos, está bien, Saitama ahora lo comprende. La compañía es lo más importante que ha tenido en su vida. Hay gente que lo admira, gente que lo considera fuerte y sigue a su lado a pesar de que sus chistes son malos y de que sus ojos lucen muertos. No importa. Nada de lo malo realmente importa cuando los tiene a ellos.

Saitama piensa en todos ellos, en cada uno por separado y luego de nuevo en conjunto. Tiene muchas ganas de verlos. Lamenta no haber podido cumplir la promesa de Garou. Su mirada aún contempla el corazón de Genos, recordando que ni siquiera pudo despedirse. A este punto, Saitama conoce cada parte pequeña y forma del núcleo de su discípulo. Él realmente lo extraña.

Es en estas ocasiones donde las ocurrencias extrañas se vuelven más frecuentes, cuando Saitama escucha una voz desde el cielo que le llama. La voz conoce su nombre y escucha su lamento. Él trata de ignorarla.

.

La manera en la que la mente de una persona puede alcanzar un punto de sordera y aturdición simultánea es preocupante, es ver borroso, es sentir un vacío pesado dentro de su pecho, en su estómago, en las huellas que dejan sus pies sobre el lodo, como su propio agujero negro; el grillete en su cuello, la herropea en sus pies y la estaca en su corazón.

Su casa fue destruida, todos están muertos.

Si él aún es un héroe, ahora no queda nadie por proteger. Si él puede ser considerado un monstruo, no tiene sentido seguir esperando algo. Si él siempre ha sido un simple humano, ahora es el único.

No hay salida. No hay solución o alternativa. Las estrellas fugaces no responden sus deseos. El cielo le habla pero lo atormenta en lugar de consolarlo. Las voces en sus sueños lo persiguen incluso estando despierto. Los ojos blancos de los cuerpos sin vida de las personas que no pudo salvar estarán grabados en él de por vida. No importa cuánto busque, llame, diga, espere, escarbe, imagine, toque, arranque, destruya, corra, vomite, arañe, sude o sangre; nada funciona. Nada sirve. Ni siquiera él. Mucho menos él.

Saitama se pone de pie, separa sus pies y tensa sus manos. Otra vez. Una vez más. El millón es la vencida.

Intenta hacer una vez más el movimiento que Garou le dijo. Ya ni siquiera debe pensarlo, lo ha intentado tantas veces que su cuerpo se mueve por pura memoria muscular.

De nuevo sin cambio. Con burla a su esperanza. No funciona. Saitama sigue tratando y nada sigue pasando. Garou pudo haberle mentido antes de morir pero, aún con eso, no le queda ninguna otra opción más que creerle y luchar por conseguirlo.

Saitama lo intenta y falla. Saitama lo intenta y falla. Saitama lo intenta y falla. Saitama lo intenta y falla. Saitama lo intenta y falla.

Saitama lo intenta de nuevo, falla de nuevo. Otra vez. Otra vez. Otra vez. Otra vez. Otra vez. Otra v-

Saitama lo intenta, en verdad lo hace, lo hace como nunca lo ha hecho en toda su vida y eso no es suficiente.

Falla. Nada. No ocurre nada. Nada cambia. Él no puede hacer nada.

Saitama lo intenta y falla. Trata. Él jura que intenta y sigue sin funcionar.

Un milímetro más a la derecha, a la izquierda, arriba, abajo, un paso atrás, uno adelante.

Con viento, sin viento, brisa ligera y brisa fuerte.

De noche, de día, por la tarde, al amanecer, al atardecer, en el crepúsculo, en el ocaso, en el alba, de madrugada, a medianoche, a mediodía, al despertar y justo antes de dormir.

Respirando profundo, mientras exhala, mientras aspira, guardando el aire, soportando la falta del mismo.

Cerrando sus ojos, abriéndolos, medio cerrados, semi abiertos, parpadeando, sin parpadear, a medio dormir y a medio despertar.

El cielo se oscurece y él de nuevo no ha podido avanzar más allá de la falla y la nada.

No funciona. Nada funciona. La comida sabe horrible. El agua es ácida y no está limpia. Hace mucho calor.

Saitama lo intenta otra vez pero no porque quiere, sino porque es todo lo que le queda para seguir viviendo. Su único propósito. La única cosa correcta que aún puede cumplir. Él apenas puede ponerse de pie, tambaleándose, con su mirada inquieta. Está tratando con todo su corazón, pensando en las personas que quiere ver de nuevo, sujetando en lo profundo de su consciencia la promesa que le hizo a Garou.

Y de nuevo no funciona.

Saitama cae al suelo rendido, exhausto, frustrado y decepcionado de sí mismo. Impotencia y desconsuelo encarnadas en un hombre solitario. Un héroe que siempre llega tarde y no cumple promesas.

Mira al cielo y no puede ver nada de luz ahí, mucho menos esperanza.

De nuevo está solo, pero esta vez es peor porque al menos antes no tenía recuerdos qué extrañar ni personas de las que pudiera aferrarse. Antes tampoco nada era divertido, pero al menos el dolor era soportable.

Entonces siente que algo molesta en sus párpados y hace que su vista se vuelva borrosa. Se desborda, moja y se arrastra por su rostro.

Saitama comienza a llorar.

Su primera reacción es sorpresa. Hace mucho que no llora. Él coloca una mano en su mejilla y siente el agua. En verdad está llorando. Saitama ni siquiera recuerda cuándo fue la última vez que lloró. Darse cuenta de eso empeora el amargo sentimiento porque el llanto aumenta y de pronto se encuentra incapaz de detenerse.

La voz extraña vuelve a susurrar en su oído y le dice que aún puede hacerlo, que aún puede conseguirlo, que no está solo y desamparado como cree. Esta es la primera vez que la voz tiene un atisbo de amabilidad con él.

Saitama se ha convencido de que la voz es su propio inconsciente tratando de aferrarse a la esperanza. Pero entonces la voz se vuelve más fría y estoica cuando dice la palabra "poder".

"Si fueras más poderoso, no estarías tan solo."

Pero Saitama sabe que eso es mentira, él siempre estuvo solo y obtener fuerza lo hizo sentirse completamente vacío…

"Es mejor estar vacío a sentir dolor".

Sin emociones…

"Los extrañas."

Sin un propósito en la vida…

"Ellos están esperando a que los salves, ¿vas a defraudarlos otra vez?"

Si tan sólo él hubiera llegado a tiempo…

Las lágrimas no se detienen, su garganta le impide hablar. Saitama llora y esconde su cabeza entre sus brazos como un niño asustado. Su cuerpo se encoge entre sus piernas. Luego cubre sus oídos con sus manos y cierra los ojos. No quiere escuchar esa voz. Es escalofriante.

"Ningún verdadero héroe se quedaría de brazos cruzados".

La voz se escucha más cerca y profunda en su cabeza. Saitama está sentado en una roca en medio de la nada, con la espalda encorvada y sus dedos temblando. Llora y no puede evitarlo, no se detiene. Quiere parar porque no tiene sentido lamentarse de algo que no es verdad, que no existe, que es una ilusión. Saitama en cualquier momento despertará y entonces todo será como antes. El sol brillará, combatirá monstruos, será acosado, odiado y admirado al mismo tiempo; pero, esta vez, lo jura por su vida, definitivamente, sin lugar a dudas, él no llegará tarde.

"¿Qué es lo que harás, Saitama?"