El frío del aire acondicionado golpeaba directamente a sus brazos desnudos. Durante toda la noche, resultó bastante incómodo, haciéndole añorar un poco la nula pero orgánica frialdad del otoño afuera. La estación de policía no era nada como la había imaginado a partir de las películas; era más pequeña y mucho más silenciosa de lo que esperaba. Aunque no podía afirmar esto con total seguridad, ya que le habían prohibido salir de la habitación para explorar los alrededores. Mientras tanto, solo podía esperar pacientemente a que sus padres volvieran del interrogatorio para que pudieran ser trasladados y finalmente abandonar aquel lugar.

Sumado con completo estrés tras no poder dormir en los incómodos asientos de espera, Lincoln Loud estaba al borde de un ataque de rabia. Tenía una lista interminable de quejas que deseaba gritar y una cantidad de groserías atoradas en su garganta desde el día anterior, listas para detonar en frente de todos. A pesar de esto, no podía. No sabía la razón, nadie le impedía hacerlo. No había ninguna figura de autoridad presente que lo detuviera. Solo estaba acompañado por la presencia de su hermana mayor, Lynn Jr Loud, quien tenía una oreja pegada a las puertas cerradas del pasillo, tratando de escuchar lo que sucedía al otro lado. Además, podía oír a sus hermanas gemelas jugando en la habitación detrás de él. Así que Lincoln se limitó a esperar las noticias que su hermana pudiera traerle, fueran cuales fueran.

—¿Qué están diciendo? —preguntó.

Lynn Jr chistó en respuesta, —¡Shh!

—Lynn, ¡¿qué están diciendo?!

—Están diciendo que te calles. Quiero escuchar, —siseo Lynn Jr, volteando a su hermano menor con rabia en su cara.

—Eso no es cierto.

—Entonces ya sabes lo que están diciendo,— volvió a poner su oreja entre la puerta. —Ahora cállate, que yo no.

Desde el pasillo, la apagada discusión entre Rita y Lynn padre rebosaba hasta la puerta. Lincoln parpadeó y sacudió su cabeza.

Meditó con cierta embrutecedora nostalgia el viernes anterior, el día antes de que pasase todo eso. Era un día frío pero soleado, 20 grados Celsius, clases particulares. Pensó también en el día pasado, el cual era un día frío pero soleado, 18 grados Celsius, clases particulares. Luego se hundió en el día antes de ese, que era un día frío pero soleado, 19 grados Celsius, clases particulares. Repasó todos los meses en un bucle, hasta llegar a lo único que recordaba con claridad, que era un día nevado pero soleado, 16 grados Celsius, y era año nuevo.

Esto no podía ser real. Nada de esto podía ser real, se negaba a caladas su propia realidad. ¿Cómo podría pasar así de loco? Él ya había pasado por cosas más locas antes, pero ésto se ganó el pastel completo y una medalla.

Conocía a Lisa. Pero no importaba cuanto intentaba engañarse a sí mismo, reflexionando sobre todo llegó a la conclusión de que, a lo contrario de lo que todos creían, Lisa si pudo hacer algo así. Desde hace un buen tiempo Lisa y Luan han expresado abiertamente su desdén por el tópico político. ¿Lincoln qué podía saber? Él es solo un niño. Luan, en todo caso, no trata esos temas cuando estaba bajo medicación. En cuanto a Lisa, Lincoln se había convencido de que ella solo era una pequeña bastante inteligente con sabiduría por montón. Su perspectiva no había cambiado, incluso con lo que pasó. Él solo se limitó a reflexionar sobre qué estaba pasando con Lisa Loud, sin suerte, pero intentaba. ¿Qué más podía hacer más que sufrir estrés en silencio?

Si tan solo la tuviera enfrente. Preguntarle qué demonios pasaba por su cabeza; por qué la necesidad de todo eso. Ignorando la cuestión del historial, le mataban las ganas de entender todo inmediatamente. Miraba a un lado, al otro, buscando inútilmente algo de confort, o alguna clave para este rompecabezas. De vez en cuando, el horror de acordarse el hecho de que las dos estaban aún en la calle solas le trepaba por la espalda, y le respiraba detrás del cuello por un buen tiempo. Lincoln no podía soportarlo. El estrés, el miedo, la ansiedad, la paranoia, la pena, el horror; ahora entendía por lo que pasaba Luan. Su pie rebotaba más rápidamente solo pensando en que sus hermanas podrían estar heridas. También la cuestión de su familia, lo acechaba.

—Una familia tan grande no puede ser separada por unos papeles descargados en el portátil de la familia. Con todos así de tensos por lo que ha pasado, ahora nadie quiere hablar con nadie. ¡¿Y por qué Lisa querría eso?! ¡Le hemos puesto un programa de control parental para que no vuelva a entrar en esos foros anónimos! Si tan solo pudiese hablar con Lisa para preguntarle qué estaba pensando…

Lincoln suspiró, y lentamente abrió los ojos para encontrar su vista con su hermana, mirándolo fijamente confundida.

—¿Con quién estás hablando? —dijo Lynn.

—Ahm, ¿contigo? —respondió Lincoln.

—No, estás haciendo eso de monologar solo con la pared. Te he oído hacerlo antes, es muy raro.

—Yo... nunca he hecho eso.

—Sabes que las paredes de tu habitación son bastante delgadas, ¿verdad?

—Bien, supongo que sí lo he hecho un par de veces, —confesó Lincoln.

—Necesitas un novio, hermano.

Antes de que pudiese hablar, tosió ahogado con su propia saliva. —¡¿Un qué?!

Lynn se estremeció y viró la cabeza. —Ah, verdad. No te preocupes, hermano, ya todas sabemos eso también.

El peliblanco se quedó completamente perplejo. —¡¿Por qué aún piensan que soy gay?!

—No lo sé. Lisa encontró la revista de maquillaje de Leni escondida en tu habitación la semana anterior. Ella dijo que tal vez tengas algo entre manos por la pubertad, o algo así.

—E-ella… ¿qué?

—Aunque, ahora que lo pienso, te he visto más cerca de Clyde desde que Ronnie Anne-

Apretó los puños y saltó de su asiento, sonrojado. —¡Lynn!

Lynn se encogió de hombros. —No hay nada de malo en eso. Yo no juzgo. Eso es cosa tuya.

—¡Era para una conven-! —Lincoln gruñó y se tiró de espaldas al asiento, rindiéndose en explicar. —Agh, no estoy de humor para esto.

Levantó el puño y dió tres golpecitos leves en la ventana detrás de él. El ruido de la televisión podía oírse dentro de la recepción vacía. Lola saltó a su llamado con un quejido y miró a su hermano.

—¡Estamos viendo Zoey 101! ¿Qué quieres?

—¿Alguna noticia de Lisa? —Lincoln arrugó el ceño, listo para lo peor.

—Nop, —Lola sacudió la cabeza. —Las noticias solo repiten lo mismo, y la gente en las entrevistas se ve muy enojada con ella. Vaya, no sabía que la gente era así de violenta con los terroristas.

—¿En serio no hay nada nuevo? —rogó Lincoln.

Lola se quedó pensando por un momento. —Creo que en un canal mostraron a Luan junto a ella.

—¡Ya sé que se llevó a Luan! —Lincoln explotó. —¿Acaso alguno mencionó esos documentos?

—¿Qué documentos?

—¡Los que ese agente pedía! —Lincoln frotó sus dientes. —Ay, por Dios. ¡¿Ninguno dijo nada?!

—Oye, cálmate, ¿quieres? —Lola suspiró. —El estrés te dará canas a más temprana edad.

—Estoy estresado por Luan, Lola. ¡No ha tomado su Seroquel y está sin su terapia!

—Ah, estará bien, —Lola se relajó, tirando una mano. —Somos una raza fuerte. La sangre de la familia Loud nunca sucumbe a nada. Mira, incluso Lana no está con su terapia y sigue igual.

Lana habló con la voz muerta; —La suciedad está viva, y se mantiene callada, pues entiende que estamos al acecho y listos para erradicarla. Pero yo puedo oírla. Me llama y llora sus penas sobre mi frágil cabeza. Me acuesto todas las noches con sus sigilosos lamentos en mis oídos: "Ven aquí, Lana." "No nos dejes." "Quédate aquí con nosotros, Lana." "Nada que temer, nada que temer..." Y solo ahí entiendo; cada mujer tiene que dar a luz en algún momento de su vida, pero yo estoy destinada a dar a luz a putridez y porquería mientras siga consciente de este mundo mortal. No importa cuánto me limpie. Volverá arrastrándose, derramándose fuera de mi con cada paso que doy.

—¿Ves? —dijo Lola, dándole un codazo a su hermana gemela. —Igualita.

—Jesucristo, —carraspeó Lincoln.

—¡Lincoln! —llamó Lynn Jr —¡Ven rápido!

Lincoln obedeció, acercando un ojo entre las puertas. Las voces de Rita y Lynn padre se intensificaban mientras se acercaban a la vista de los dos hermanos. Rita sostenía a una Lily dormilona, completamente inconsciente de todo.

—Esto es una locura, Lynn. ¡¿Un BARRIO CHINO?!

—¡Te dije que no le dieras el portátil a Lisa! —Pataleó Lynn padre. —Todo el mundo hace Dios sabe qué en Internet y les lava el cerebro. Primero Luna piensa que es gay, luego Lola piensa que es una "purista genética" después de descubrir que eres resultado de endogamia, ¡¿y ahora Lisa?! ¡¿Qué hará que pares y pienses, Rita?! ¡¿Que Lincoln empiece a pensar que es una mujer?!

—¡¿En serio me estás culpando de todo esto?! —Lloró Rita. —Ni siquiera sabía lo que Lisa estaba haciendo en internet, ¡y no es como si pudiera vigilarla todo el día! ¡He estado ocupada!

Lynn padre soltó una carcajada. —¡Ajaja! ¡Ah, claro! Ocupada. Ocupada con tu club de lectura, ¿verdad? Apuesto a que estás TAN ocupada con tantos... libros en las manos.

Rita cayó en completo silencio y tragó saliva, bajando la voz. —N-no hablamos del incidente del club de lectura, Lynn.

—Si fuera un padre terrible, me habría divorciado de ti en ese preciso momento, —susurró Lynn padre, apuntando con un dedo.

—No podía pagar la factura del gas.

—Pues gracias a eso, me despierto cada mañana preguntándome si ya se han pagado todas las facturas y si las once son realmente mías.

—C-COMO SEA, —insistió Rita. —Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos ahora mismo.

—Cuando vea a esa drogadicta, le voy a dar una…

—¡No! Con golpes no se educa.

Lynn padre alzó la voz. —¡Y mira lo que pasó! Dejó la escuela, se robó el medicamento de Luan, y ahora estamos pagando una psicóloga más.

—Y está funcionando, ¿no? ¡Solo dale tiempo!

—Funciona tan bien que está agrediendo conductores por la calle.

—Lynn, ¡por favor! ¡Ya basta! —interrumpió. —Me quiere dar una migraña.

Lynn padre suspiró de rabia. —Bien. Solo espero que Lori, Luan y Leni ya estén esperándonos en la comisaría con ella.

—¿Y Lucy?

—¿Quién?

El estruendo de una mujer se disparó en el corredor. —¡Tú! ¡¿Qué clase de madre…?!

La mujer pataleó, acercándose a Rita con una mirada sedienta de sangre. Una oficial corrió delante de ella para detenerla: —Señora Zhau, ¡por favor, tranquilícese!

—¡Mire lo que le hizo a mi hija! —Judy Zhau explotó. —¡¿Cómo se supone que mi bebé viva ahora con paranoia?!

Lynn Jr y Lincoln se estremecieron al ver a la madre de Stella con ellos. Lincoln se mordió el labio, y se aguantó las ganas de decir algo.

Rita jadeó y arrugó el ceño. —¡¿Yo?!

Lynn padre suspiró. —Aquí vamos de nuevo. —Posicionó cuidadosamente sus manos debajo de la bebé, alejándola de su madre. —Permíteme, mi amor.

—¿Trajiste pañales? —Rita suavizó su tono.

—Yo le compro unos más tarde, no te preocupes, —murmuró Lynn padre, huyendo de la pelea con la bebé en brazos.

—¡Madre horrible! —gritó Judy. —¡¿Eso es lo que permite que su hija vea en internet?!

—¡¿Cómo se atreve?! ¡Tengo once niños que debo cuidar yo sola! ¡¿Usted cómo no pudo cuidar a una?!

—¡Señoras, es suficiente! —La oficial intentó romper la pelea.

Judy apretó el puño. —¡Mi hija tiene derecho a ir a donde le dé la gana! ¡Es usted la que debe monitorear mejor a sus hijas!

—¡Las mías también! —gritó Rita. —Que no se le ocurra hablar mal de ellas, ¡¿entendió?!

—Si vuelvo a ver su cara o la de su hijo cerca de mi hija, ¡iré a su casa a cobrar cuentas!

—¡¿Me está amenazando?!

—No, te estoy coqueteando. Enséñame una teta, hermosa.

Rita se sonrojó. —J-Judy, estoy casada.

Se acercó a su nariz. —¿Pero lo amas de verdad?

La puerta se abrió de golpe. Los dos hermanos se dieron en las narices mientras que un agente entraba, calmando su frustración y limpiándose la frente de su sudor. Lincoln se sobó la nariz por un momento y le preguntó al oficial.

—¿Agente? Agente, ¿qué pasó?

—Una de tus amigas llegó, —le dijo en un respiro. —Dijo que tu hermana la mantuvo de rehén e intentó echarle la culpa de los documentos que se había robado. Parece que acaban de matar a un agente del FBI y han arrasado el barrio chino.

—¡¿QUÉ?! —El grito de Lynn Jr y Lincoln estalló por todo el barrio.

—Por ahora, —resumió el agente, —tu y tu familia serán trasladados a la comisaría para interrogarlos más formalmente. Cinco de tus hermanas se entregaron y están arrestadas ahí, pero no se preocupen, no están en problemas, ni irán a prisión. Los llevaremos todos a casa cuando terminemos nuestra inspección ahí. Solo queremos saber algunas cuantas cosas sobre ustedes primero.

—Espera, espera, espera, —repitió Lynn Jr —¡Deja de mentir! ¡Lisa no podría hacer esto! Ella tiene cuatro años.

—Eso… se encargará la justicia.

—¡Pero es una niña…

Lincoln gruñó en voz baja, con la frustración silenciando las pésimas noticias. Se apartó de la puerta y se retiró a su asiento. Mientras se hundía en la silla, sus ojos parpadearon hacia la izquierda, notando el pestillo desbloqueado de una ventana. Una chispa se encendió en su mirada. Finalmente se armó de valor para solucionar ésto el mismo, o al menos saciar su preocupación.

Se acercó de cuclillas a la ventana. Sus dedos movieron el pestillo, abriéndolo centímetro a centímetro. Se detuvo, con el corazón palpitante, y lanzó una rápida mirada por encima del hombro. Lynn Jr aún seguía discutiendo con el agente, los dos concentrados en quien tenía la razón más que en cualquier otra cosa alrededor. Lincoln respiró hondo antes de sentarse en el marco de la ventana. Dió un vistazo rápido, y finalmente se tiró.

—Escucha, niña, —el oficial contuvo su enojo, —solo hago mi trabajo.

—¿En serio va a encarcelar a una niña? —lloró Lynn.

—¡¿Qué más podemos hacer cuando dicha niña es posiblemente una terrorista?! ¡Quién sabe cuál otra construcción estadounidense atacará con otro vehículo robado!

Lynn se quedó afónica. —¡¿En serio está comparando a mi hermana con el 9/11?!

—Lana, —preguntó Lola a su gemela, mientras las dos eran espectadoras, —¿crees que este descubrimiento que acaba de destrozar toda mi visión del mundo me dejará una cicatriz psicológica tan profunda que seré una cáscara de mi antigua yo y dejaré por completo de confiar y comprometerme en cualquier relación con mis hermanas y familiares sumiéndome en un profundo tormento mental mientras un muro de autoaislamiento e inseguridad se derrumba sobre cada pequeña alegría que solía obtener de las cosas que supuestamente disfrutaba?

—...¿si?

—¡Ay, si como no! Nuestro linaje es mucho más fuerte que eso. Explica por qué soy la más bella de la familia.

—¿...deberíamos avisar que Lincoln se fue?

Lola chisporroteo. —Nosotros no le decimos nada a nadie, hermana. Le quita honor y fortaleza a la mente. Eso es lo que hicieron nuestros ancestros, y ¡mira cómo salimos!

Lana levantó una ceja como respuesta.

Rita abrió la puerta y entró temblando. Su rimel se le escapaba por los ojos. La oficial se quedó parada detrás de ella. —Vamos, niñas. Su hermano se quedará con Lynn, ¿vale?

—Mami, —preguntó Lana, —¿puedo tener una reconstrucción facial?

—No, cariño. Es muy caro, y mami aún no ha pagado la terapia para ti y tus dos hermanas, ¿vale? —esnifó su madre, alzandola. —Disculpe las molestias, oficial.

—Nos pondremos en contacto con usted tan pronto como podamos, —la oficial inclinó su gorra.

—Necesito una botella de vino y veneno para ratas.

—Mira, niña, —el agente reclamó a Lynn, jugando con su audífono, —tengo que irme. Algo pasó en una gasolinera. Lo que sea que pase, puedes confiar en la ley.

Lynn quedó afligida mientras veía al oficial correr fuera del lobby. Empezó a temblar por un momento, para después tirar toda esa violencia mediante un puño hacia la pared. Ella gruñó. —¡No podemos dejar que esos imbéciles se lleven a Lisa! Tenemos que hacer algo, Linc-

Pero cuando Lynn volteó, Lincoln no se encontraba en ninguna parte. Ella ojeó la ventana abierta a su derecha.

—Que grosero. ¿Así nada más?

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Eran las nueve de la mañana pasadas, ¿cómo es posible que las calles estuviesen absolutamente vacías? No podía responderse a sí mismo dicha pregunta. La mente del niño vagabundo ahora estaba más enfocada en repetir la escena de cuando, hace unas horas atrás, pasó cerca de la gasolinera Flip y contempló horrorizado como la rodeaban policías y camiones de bomberos.

Sabía que Flip no era alguien que respeta mucho la ley; había trabajado antes en su gasolinera y las infracciones higiénicas allí eran suficientes para llevarlo a prisión. Aún así, nunca se pudo imaginar una consecuencia tan grande como esa. Al investigar por las ventanas, vio que la tienda era un desastre total. Había medicamentos, grandes bolsas de basura, comida y latas de refrescos esparcidas y destrozadas por el suelo. Además, las paredes tenían agujeros y grietas causadas por balas de escopeta. Flip no se veía por ningún lado. Ya podía deducir lo que había pasado, pero decidió confirmarlo acercándose a un oficial. El oficial lo ignoró, así que probó con otro, y luego con otro, y así sucesivamente hasta que finalmente le pidieron de manera no tan cortés que se fuera. Nadie quiso darle más información que: "un autobús robado". Ninguno mencionó a sus hermanas desaparecidas.

En lo más profundo de su mente, una sospecha obvia le rascaba una parte de su cerebro que le plantaba un miedo voraz. Es imposible que ellas hicieran algo así, pensó. ¿Tal vez era un crimen cometido por otra persona completamente diferente que coincidentemente tomó lugar el mismo día y unas horas después de que Lisa había huido de la policía? El temor finalmente le ganó y, desesperado y agitado, suspendió su cerebro y solo se enfocó en buscar a su hermana.

En el momento que volvió a la realidad, se dio cuenta de que había ido demasiado lejos y había acabado en un callejón estrecho a unas manzanas de su instituto, el

primer lugar al que iría a mirar. El olor a orina era insoportable, y el calor de la humedad abrumante. Cuando volteó, listo para marcharse, un ruido de latas vacías llamó su atención. Se asomó por la esquina y vio a una chica sentada de espaldas en el suelo, con su pequeño cuerpo bloqueando la salida del callejón. Las latas sonaban debajo de ella, en un ángulo donde Lincoln no alcanzaba a ver.

Lincoln se acercó un poco sigilosamente, y dió un suspiro ahogado.

—Santa madre de-

—¡AHH! —la niña gritó, rompiéndose el cuello.

—¡AHH!

Lisa cayó de cola al suelo y se escabulló para atrás como una cucaracha. Levantó el brazo y le tiró las latas rotas que tenía en sus manos. —¡Aléjate! ¡Aléjate, tú!

El peliblanco alzó su brazo en defensa de la basura. —¿Qué dem-? ¡Au! ¡Lisa!

—¡La policía me busca! ¡Largo! ¡No quiero tu comida!

—Lisa, ¡está bien! —Lincoln quebró una sonrisa. —¡Soy yo, soy yo!

Lisa se detuvo, parpadeando rápidamente. —Qué rayos- ¿Lincoln?

Lincoln dió un salto y la levantó como un osito de peluche, abrazándola fuertemente. —¡Qué alivio! Llevo horas caminando. Estaba muerto de miedo.

Los dos se miraron por un momento. Lincoln dió un respiro hondo, aliviando sus ansiedades. Lisa lo miró con sus ojos rojos e hinchados por un momento y presionó sus cejas.

—¡Fuera de aquí! —Lisa le dió en la cabeza con la lata que sostenía.

—¡Ay! ¡Oye! —Lincoln la soltó y se retractó.

—¡Fuera de aquí o gritaré muy fuerte y te haré quedar como un delincuente peor que yo!

—¿Lisa? ¿Qué pasó?

—¿Qué te parece que pasó? Estoy escondida.

—¿Estás herida? ¿Dónde está Luan?

—¡Yo qué sé! —Lisa interrumpió a la mención de Luan.

Lincoln saltó un poco tras y abrió los ojos de par en par. —Wow, ¿pasó algo?

—Para tu información, ella… —Su tren de pensamiento se descarriló. Se levantó lentamente del suelo y lo miró fijamente. —Espera un momento. ¿No deberías estar en la comisaría con mis hermanas?

Lincoln se tomó un momento para pensar su respuesta. —Yo... más o menos lo estaba.

—¡A-HA! ¡Lo supuse! —interrumpió Lisa, tirándole más basura. —¡Eres un cebo! ¡Te enviaron aquí!

Lincoln se escudó con sus brazos de los proyectiles de basura que volaban hacia él. —Lisa, estas-

—¡FUERA!

—¡OYE! —explotó. —¡¿Podrías dejar de interrumpirme?! ¡Soy tu hermano mayor!

—Estoy bastante segura de que estoy desheredada de la familia a este punto. ¡Puedo hacer lo que quiera contigo sin ningún tipo de castigo!

Sus cejas se levantaron. —¡¿Te estás escuchando?! ¡Sigo siendo una persona a la que deberías respetar!

—¡Pues puedes decirle eso a Luan! —pataleó Lisa. —¡Y a Lori, y a Luna, y a Lucy; esos... desalmados traidores que me abandonaron como siempre lo han hecho!

—¡BASTA! ¡Me escapé de la comisaría solo para encontrarte a ti y a Luan! ¡Estás actuando más allá de lo ridículo, Lisa!

Lisa agarró sus brazos y entrecerró sus ojos. —¡¿Por qué te importaría una niña criminal?! Solo soy problemas para todos…

Lincoln la estudió de arriba a abajo por un momento.

—...tienes cuatro años.

—¡DEJA DE DECIR ESO!

—¡Okey, okey! —Se estremeció. —¡Cálmate!

—¡No me desafíes! —le apuntó. —Soy una persona peligrosa. ¡Ahora déjame sola!

—Déjate de tonterías y ven conmigo. Es peligroso aquí afuera, ¡podrían hacerte daño!

—Yo no me preocuparía por eso. Estoy segura de que viviré una larga y miserable vida de desempleo y alcoholismo en Indiana antes de que los municipales acaben conmigo.

Lincoln exhaló y gruñó bajo su aliento. —Okey, suficiente.

Se acercó con toda la poca paciencia que le quedaba y, de una zancada, le agarró la oreja izquierda de su hermanita. Se dió media vuelta y comenzó a caminar, arrastrándola.

—¡Au! ¡Traidor! —chilló Lisa. —¡No te atrevas a ponerme un dedo encima!

—Ya basta, Lisa. —canturreó Lincoln mientras se alejaban del callejón. —Te llevaré de vuelta con la familia y tendrás que darnos explicaciones.

—¡Aléjate, tú! ¡No sabes lo que está pasando de verdad!

—¡Oye, ya! —gritó Lincoln. —¡Es suficiente! Tenemos que encontrar a Luan también.

—¡Estará bien! ¡Déjame ir!

—¡Está sin su terapia y probablemente con un tornillo suelto por la calle! ¡¿Dónde la dejaste?!

—¡Ay, ay, ay! Para, para, ¡me haces daño! Me haces daño, en serio, —se quejó Lisa.

Lincoln jadea y la suelta rápidamente. —Oh-, lo siento.

Lisa acarició su oreja. —¡Au! Lincoln, cuidado con la oreja. Apenas-

—Si, si, tu condición de la piel. Se me olvidó.

—Trabajar con radioactivos me ha hecho mal. Debes tener cuidado.

—Lo sé, lo siento. Se me olvidó.

—No, está bien. Perdón. Normal que, este-

—No, lo entiendo. Lo siento.

—Si.

Un silencio abrumante se intensificó. Y cuando Lincoln abrió la boca para hablar, Lisa se dió la vuelta, y se echó a correr.

—¡LISA! ¡¿A dónde vas?!

El pulso de Lisa se aceleró. Logró salir del callejón hacia la carretera. Sus pies apenas tocaron el suelo. En su camino, dos cajas de cartón estaban acomodadas a un lado. Con un gruñido, se elevó y tiró las cajas, bloqueando el camino. Lincoln simplemente se desvió con facilidad.

El ruido de los pasos de su perseguidor casi la alcanzaba. Desesperada, Lisa cruzó la calle. Pero Lincoln se acercó a ella. rozando su cuello de tortuga. Intentó brincar para salir de su agarre, pero aterrizó torpemente en mitad de la calle. Lincoln la agarró, amortiguando su caída.

—¡Te tengo!

—Ya qué, —murmuró Lisa, bajando la velocidad y tomando aire en los pulmones para gritar.

—¡QUE NO SE TE OCURRA!

—¿O qué harás? ¿Qué harás si lo hago?

—Lisa, ¡ya! ¡Eres demasiado inmadura! Primero esos papeles, luego te llevas a Luan, ¡y ahora me dicen que Stella te demandó por intentar secuestrarla!

Lisa se congeló. —Eso pudo ser una broma del día de los inocentes.

—Es octubre, —gruño Lincoln.

Lisa chasqueó la lengua con sus dientes. —...donde nació Stella, puede ser que ya sea abril.

Lincoln gritó: —¡ATROPELLASTE A UN TRANSEÚNTE!

—...camarón que se duerme…

—¡Te vienes conmigo! —Lincoln la jaló a su dirección. Pero Lisa no se movía.

Lisa habló bajo su mirada. —Voy a gritar si no me sueltas.

—No te atreverías, —la imitó.

Los dos se quedaron en una competencia de miradas. Lisa se llenó los pulmones de aire, pero antes de que pudiese gritar:

—¡Ey! —Un hombre gritó. Los dos hermanos rompieron la mirada hacia él. —¡Ese adolescente está tocando a una niña huérfana!

—Aquí vamos, —Lisa rompió una mueca, bufando a su hermano.

Alguien desde atrás se acercaba a Lincoln. —Oye, niño, ¡aléjate de la niña!

Lincoln estaba preparado para explicarle todo a esas personas, pero justo al girarse, las palabras se le quedaron atoradas en la punta de la lengua. De repente, un número creciente de personas comenzó a reunirse a su alrededor, como si hubieran surgido del aire fino. Cada vez que miraba a su alrededor, el número parecía aumentar.

Lisa aprovechó el momento de confusión y se giró rápidamente, dispuesta a huir. Dio un paso adelante y dió un leve brinco para tomar impulso. Sin embargo, antes de que pudiera distanciarse, se encontró de frente con un obstáculo. Alzó la vista y se encontró con una barrera humana que se cerraba en torno a Lincoln. Pronto, se formó un círculo alrededor de ellos. Algunos murmuraban entre ellos, mientras que otros solo observaban en silencio, pero todas las miradas estaban fijas en el peliblanco.

—¡Santo Dios! ¡¿Y en la calle?! —Una mujer sobresaltó.

—Estás bien, ¿pequeña? —otro se arrodilló hacia Lisa.

La científica apenas había empezado a caer en cuenta de la pésima idea que resultó su plan. Buscaba desesperadamente una pequeña grieta entre la gente donde se pudiera escapar. —E-ehm, ¿no?

Un grupo de jadeos hizo erupción entre todos. El murmullo de todos se intensificó en volumen.

—¡Tiene la niña bajo estrés! —alguien gritó.

—¡¿Qué crees que estás haciendo?! —Lincoln siseó, mostrando sus dientes hacia su hermana.

—¡¿Tú qué crees que estás haciendo?! —Alguien se acercó a su vista.

—Voy a llamar a la policía, —uno dijo.

—Ya estamos aquí, —un hombre con chaleco verde lima y gorra de franjas naranjas se deslizó hacia la primera fila.

—¡Oigan, oigan! —Lincoln se hacía un ovillo. —¡Es mi hermana! ¡No podría lastimarla!

—¡Qué pésima mentira! —alguien de la multitud abucheó.

—¿Quién crees que te va a creer, peliblanco? —otro habló.

El hombre de chaleco se acercó a la niña. —¿Te estaba tocando en alguna parte privada?

Lisa forzó el entrecejo y levantó los labios del asco. —¡¿Qué?! ¿Qué tipo de pregunta es esa?

—No hay necesidad de mentir, pequeña, —el hombre habló, bastante preocupado. —¿Fué demasiado lejos? ¡¿Te arruinó la infancia completamente?! ¡¿Vas a vivir una vida de miseria por siempre rota pero avergonzadamente excitada por esta experiencia tan perturbadora?! ¡Dínoslo todo en gran detalle!

Lisa miró a los lados. —Em… ¿no? ¿si? Escoge la respuesta que más te guste.

—¡Un momento!

El grito de alguien dentro de la multitud le dió pausa a la discusión. La gente se volteó hacia el hombre.

—¡¿Esa es Lisa Loud?!

El silencio era amortiguador. Algunos voltearon a estudiarla mejor, y otros se quedaron pensando. Los susurros crecientes murieron en el enunciado de una persona diferente.

—¡¿LA Lisa Loud?! ¿La de las noticias?

—¡Si! —Alguien contestó del lado contrario. —¡La que arrasó con el barrio chino!

Empezaron a discutir en voz baja. La atención de todos alternaba entre los hermanos y ellos mismos. Lisa se escondió bajo su cuello de tortuga.

—Ay, madre.

Lincoln la miró, completamente enojado. —Buen trabajo.

Lisa agarró su mano y aceleró el paso por donde podía caminar. —Hora de irnos.

—Lisa Loud, ¡te queremos!

Se congeló por completo. Parpadeó unas veces para asegurarse de que había oído eso correctamente. E inmediatamente, cuando la duda le ganó, volteó la cabeza como un búho hacia la multitud y carraspeó:

—¿...muerta?

Y tal como un estadio de fútbol, el grupo explotó en halagos, protestas y silbidos. Decir que los dos hermanos estaban estupefactos sería quedarse corto.

—¡Bien hecho, Lisa! —Gritó uno. —¡Es una heroína! —Otro silbó. —¡Gracias! ¡Por fin alguien hace algo! —Un tercero celebró. —¡Arriba Lisa! ¡¿A qué sí fue divertido?! —¡Genia! ¡Reina! ¡Te amamos! ¡Quiero ser como tú!

—…o tal vez no. —Lisa tiritó con una mueca ancha y torcida.

La barbilla de Lincoln estaba en el suelo. El niño cerró fuertemente sus ojos. —Esto es un sueño. Estoy soñando ahora mismo. Despierta, despierta, despierta…

Su meditación fue interrumpida por el leve empuje de alguien detrás de él. Lincoln abrió los ojos, encontrándose con una pequeña batalla apenas formándose entre la multitud.

—Oigan, ¡¿qué diablos les pasa a todos ustedes?! ¡Es una asesina!

—¡Es una loca! ¡¿Cómo pueden apoyarla?!

—¡Racistas asquerosos!

—¡Busquen a Dios! ¡Es una criminal!

El grupo se dividió en dos bandos. Prontamente formaron una fila, dejando solo una grieta de distancia entre los dos. Los debates se convirtieron en concursos de gritos entre todos. Todos habían perdido el interés entre los dos hermanos, dejándolos a un lado.

—¡Lisa hace lo que todos estamos pensando!

—¡¿Por qué mis impuestos van a financiar causas chinas? ¡¿Para que sigan robando y matando gente?! ¡China nos está robando!

—¡Perdí a mi hermano gracias a la policía!

—¿Eso que diablos tiene que ver con todo lo que hizo?

—¡Oí que estaban traficando niñas a través de ese barrio! ¡Nos has hecho un gran favor, Lisa!

—¡Eso no es excusa para cometer genocidio!

—¡Yo estuve ahí! ¡La vi conduciendo con un robot a su lado!

—¡Si! ¡Y con el presidente de Nicaragua en el camión también! ¡Ella va a revolucionar el país!

—¡¿Cómo alguien podría matar familias enteras solo por las acciones de una persona?!

—¡Le diste a mi hermana de Singapur, maldita psicópata! ¡Si ella hubiese muerto, mataría a toda tu puta familia entera!

—¡Mató a un oficial de policía! ¡Yo la vi!

—¡Vas a pudrirte en prisión!

—¿Qué mierda? ¡¿Quién demonios me tiró una chalupa en la cara?!

—¡Locos! Policía, ¡arrestela!

—¡¿Arrestar a una niña?!

—¡Te irás al infierno, niña!

—¡Paren todos! —una persona saltó en medio de los dos bandos, mostrando las palmas. —¡Lisa es víctima de una operación psicológica! ¡Ella no hizo nada! ¡La tienen como marioneta para que haga todo esto!

El ciudadano rebotó del suelo y se agarró fuertemente de su frente. Los dos bandos de repente se alejaron uno del otro. Gritos y abucheos estallaron entre la multitud, y todos se separaron en completo caos. En el bando de la izquierda, un grupo rodeaba y confrontaba a un hombre de negro sosteniendo una cerradura para bicicletas derramando gotas de sangre. En el otro, un grupo atendía la herida profunda en la frente rota del hombre. Todo el conflicto creció, y se volvió un muro de ruido y de palabras que nadie podía comprender.

Lincoln cubrió su boca con ambas manos, empezando a temblar. —Voy a vomitar.

—¿Deberíamos… ayudar? —murmuró Lisa, volteando hacia su hermano.

—¡No! —Lincoln respondió con acidez.

—¡CUIDADO!

Lisa volteó al llamado. Ese mismo hombre corrió directamente hacia ella. Levantó su cerradura y lo balanceó. Pero Lisa pensó rápido, y saltó fuera de su rango. Se resbaló por un momento, y cayó sentada. Lincoln pegó un grito.

El hombre volteó, e intentó atacar de nuevo. Tres hombres se acercaron a él y rápidamente forcejearon sus brazos. Lo jalaron para atrás, alejándolo de la niña.

—¡¿Qué carajo hace?! ¡¿Cómo puede intentar pegarle a una niña de preescolar?!

—¡La niña hizo mal! ¡Pero usted no tiene derecho a atacar a una menor!

Los dos bandos completamente destrozaron al hombre. Empujones, golpes y gritos sinsentido esparcieron el caos entre los transeúntes. Dicho teatro se había llenado de espectadores alrededor, mayoría en silencio, algunos insultando al hombre, y muy pocos locos apoyando sus acciones. Solo dos personas caminaron fuera del conflicto.

Lisa no sabía qué demonios había pasado. Pero antes de que pudiese acomodarse para pensarlo, Lincoln agarró su manga, y la tiró fuera del espectáculo. Los dos corrieron fuera de la calle, doblando la esquina.

—No te preocupes, —dijo, —estamos cerca de alguien. Tengo un plan.

—¡¿Quién?!

—Sígueme.

/—/—/—/—/—

—¿Sigue dormida? ¡Ronnie Anne!

—¡Vamos, abre! Intento que no me den una paliza por crimen de odio. —Lisa se mareó, mirando exhaustivamente de lado a lado mientras se comía las uñas.

Lincoln golpeaba la puerta rápidamente. Juró haber visto sombras moverse furtivamente detrás de las paredes. Sentía una mirada fija en él, quemando su cuello. Trataba de calmar su ansiedad con profundas respiraciones audibles, diciéndose a sí mismo que estaba perdiendo la razón.

—Tendré que fingir una excusa para todo esto, —pensó Lisa en voz alta. —¿Con cuál enfermedad mental me podría excusar?

—No creo que necesites pretender, —respondió Lincoln.

—En ese caso, tú dime una.

—Ahm, —Lincoln volteó los ojos hacia arriba. —¿Síndrome de Asperger?

Lisa frunció el ceño y puso sus manos en sus caderas. —¿Parezco Asperger para ti?

Lincoln la imitó. —¿Parezco gay para ti?

—Touchè.

La puerta se abrió, revelando a Ronalda en camisilla y short, con un bol de cereal en la mano izquierda. Pateó con cuidado una caja fuera de la entrada. Lisa, aprovechando su distracción, saltó detrás de él. Ronnie Anne se viró, y gruñó. —Zoey 101 está en la tele. Más vale que esto sea bueno, torpe.

—Carajo, ¿aún? —Lincoln arrugó la cara.

—Maratón, —explicó suspirando. —Además, TU HERMANA ESTABA EN LAS NOTICIAS. ¡¿DÓNDE HAS ESTADO?!

—¿Está tu mamá en casa?

—¿No? Estábamos terminando de empacar. Acaba de irse a trabajar.

La desesperación comía de Lincoln. —¡¿En domingo?!

—Lo sé, —Ronnie Anne jadeó molesta. —Las horas extra son tan estúpidas. Pero, pagan más y puedo sentir que vivo sola por un rato, es genial.

—¿Hay alguien ahí?

—Mi hermano aún duerme. ¿Qué quieres?

—Necesito un pequeño favor. Pequeño. Diminuto.

Ronnie Anne blanqueó los ojos. —No volveré a besarte delante de tus hermanas. Ya deberían saber que no eres gay.

—¡No! Es para... mi hermana pequeña.

—¡Tampoco voy a besar a tu hermana menor, patético!

—¡No quiero que beses a nadie!

—¿Entonces?

Lincoln bajó la voz, y tartamudeó. —Luego te lo cuento todo. P-pero no puedes llamar a nadie.

Ronnie Anne rompió su mirada hacia abajo. La cabeza de Lisa se elevaba detrás de sus piernas mientras que le dedicó una tímida sonrisa y un saludo con la mano. Los ojos de Ronnie Anne se abrieron de par en par y se quedó paralizada un momento.

—...¿puedo llamar a la policía?

—¡TODAVÍA NO! —escupió Lincoln. —Solo... Escucha, necesitamos ayuda.

—Y ella NECESITA estar en la cárcel, —dijo Ronnie Anne. —¡Mira en internet! ¡Todo el mundo se está volviendo loco con las noticias! ¡Destruyó un barrio chino!

—¡Falacias! —interrumpió Lisa. —¡No fui yo! Fue Todd. ¡Todd conducía ese camión!

Ronnie Anne subió una ceja. —¿Quién es Todd?

Lisa se encogió. —Todd es mi asistente robot. Estábamos... haciendo experimentos juntos, y…

—¿Le enseñaste a un robot a conducir?

—No se lo enseñé, lo programé en su IA.

—¿El robot que tú misma programaste condujo directamente por el barrio chino y arrolló exclusivamente a los asiáticos mientras huía de la policía?

Lisa se quedó atontada. —¿No? Bueno, yo no… lo diría de esa forma.

Ronnie Anne le juzgaba con la mirada. —¿Entonces cómo lo dirías?

—…él odia la comida china.

Ronnie Anne rió entre dientes mientras tomó el extremo de su puerta, cerrándola lentamente. —Nos vemos mañana en la escuela, Lincoln.

Lincoln entró en pánico, y de inmediato atascó un pie en el marco de la puerta antes de que la cerrara por completo. —¡Espera! ¡Lisa tiene que esconderse! Ellos quieren hacerle daño y tenemos que ir a la comisaría. ¡¿Podemos quedarnos en tu casa?! Te prometo que será por un segundo.

Ronnie Anne abrió la puerta a medias, parte de su cuerpo se escondió detrás. —Oye- ¡Más despacio! ¿Quiénes son "ellos"?

—Todo Royal Woods.

—Vaya, demasiado dramático.

—¡Esto no es una broma!

Ronnie Anne redondeó los ojos. —Lincoln, es una niña, idiota. ¿Cuántos años tiene, tres?

—No podemos ir a ninguna parte, todo el mundo nos está buscando a la vuelta de la esquina.

—No me siento segura con eso.

La respiración de Lincoln empezaba a ser más audible. —¡¿En serio vas a cerrarle la puerta a una niña de cuatro años a la que persiguen?!

Ronnie Anne se estremeció. —Entonces, ¿por qué no solo llamas al 911?

—¡¿Para que lleguen diez minutos después de que esté muerta?! —farfulló Lisa.

—Y, —la interrumpió Lincoln, —no tenemos teléfono. Por favor, Ronnie Anne. Deja que se esconda aquí mientras voy por Luan.

—¿Cómo has llegado hasta aquí? —preguntó Ronnie Anne.

—Yo... caminé, —se lo pensó.

—Tu casa está al otro lado de la ciudad, genio. Si has llegado hasta aquí sin problemas, puedes llegar fácilmente a la comisaría.

Lincoln suspiró gravemente. —Bueno, mira, …es más complicado que eso.

—Entonces dime la verdad.

—No puedo decírtelo aquí fuera.

Ronnie Anne jadea, y se toma un momento para responder. —Será mejor que ustedes dos se expliquen.

Se posiciona a un lado, dejando entrar a los dos hermanos. Lisa se encoge de hombros mientras camina, pero Lincoln saltó hacia ella con un abrazo.

—¡Oh, gracias, gracias!

Ronnie Anne se encogió ligeramente, molesta. —Sí, sí, ni lo menciones.

—Nos salvaste de una muy grande.

—Exageras. Estoy segura de que no es tan grave.

—…no sé si reír o si sacarlos a patadas de mi casa.

—Totalmente, —Lisa sacudió la cabeza.

Ronnie Anne no paraba de rascarse la cabeza. Se había quedado pegada en el sofá mientras terminaba su cereal. —Todo esto es tan… irreal. ¿Por unos papeles? ¿Y por qué las noticias no mencionaron esos documentos?

Lisa jadeó. —Las noticias no mencionan cosas que podrían incitar una rebelión en masa. Es lógico.

—Ahora, —habló Lincoln, al borde de una crisis, —hay una manada de locos por la calle intentando atacar a Lisa. ¡La ciudad se está cayendo a pedazos!

—No puedo creerlo, —chirrió Ronnie Anne.

—Pues creelo, —Lincoln se quejó. —Caminando, encontré la gasolinera de Flip hecha un desastre. Parece que alguien robó la gasolinera.

—…me pregunto quién fue, —murmuró Lisa.

El crujido de una puerta cantó detrás de ellos. De la puerta surgió una voz. —¿Bebé?

Ronnie Anne chasqueó la lengua, volteando. —Te he dicho que no me llames así.

Bobby Santiago redondeaba la sala en ropa interior, con su camisa verde flannel mal puesta colgando de un hombro. Entre su oreja y su hombro sostenía su celular. —Amor, no te puedo entender si sigues llorando. Ya, cálmate, por favor.

—Estoy bien, —lloró una voz seca desde el celular. —Estoy bien, es solo… tengo miedo. La gente aquí es literalmente muy violenta, grosera, son unos salvajes. Me miran mal y… —La voz rompió en un llanto: —¡Ay, Bobby! ¡No puedo aguantar esto!

—Viejo, —una adolescente de voz gruesa habló detrás de ella, —nosotras somos tus compañeras de celda.

—¡ESTOY HABLANDO CON MI BOBBY, NO CONTIGO!

Lincoln arqueó la espalda, encogiendo los ojos. —Ay, no.

—¡Prende el altavoz! —exclamó Ronnie Anne en un susurro fuerte.

Bobby alejó su celular mientras presionaba el botón. —¡¿Pero yo qué hago?! ¿Estás bien?

—Si, si, —la voz contestó al volumen de la habitación. —Pero quiero que vengas rápido. Lisa nos metió en problemas.

Bobby se sobresaltó al ver a Lisa parada en la mesita en frente de su sofá. Dudó en preguntar, pero tragó saliva y procedió: —¿Q-qué? ¿Qué hizo?

—¡Es literalmente una loca! ¡Apenas tiene cuatro años! ¡¿Puedes creerlo?!

—Amor, necesito saber qué fue lo que hizo. Por favor-

—Sociopata asquerosa, —lo interrumpió. —Si la tuviera enfrente, le daría lo que se merece. Apuesto que mis padres solo la tuvieron por el beneficio de impuestos.

La habitación cayó en un silencio incómodo. Todos voltearon hacia Lisa para presenciar su reacción. Lisa se mantuvo con los hombros bajos y la expresión muerta. —Que buena teoría.

—¿Bobby? —la voz exigió. —¡¿Quién está ahí?!

—Ah, nadie, amorcito. Solo era…

Bobby entró en pánico y miró rápidamente a su hermana. Ronnie Anne sacudía de lado a lado su mano cerca de su cuello desesperadamente. Bobby viró al lado de ella, donde estaba Lincoln sacudiendo su cabeza. Bobby se extrañó.

—¿Lincoln?

—¡¿Lincoln?! —explotó el celular. —¿¡Qué hace ahí contigo?!

Lincoln se pega una palma a la cara.

Bobby inmediatamente intentó recuperar su suelo. —¡Ah, no, no, no! Él estaba aquí. Se fue hace como dos horas.

—¡¿Qué hacía ahí?! ¡Mamá está buscándolo!

—Se, ehm, se quedó a dormir aquí.

La voz del celular se calmó. —Me dijiste que habían empacado todas las camas de tu casa y que compartias la cama con tu hermana.

Bobby tartamudeó. —…ahm, ¿si? ¿Qué tiene?

—Roberto, ¡¿dormiste con mi hermano?!

—¡Sabía que era gay! ¡¿Qué les dije?! —la voz gruesa detrás de ella habló otra vez.

—Te debo 8 dólares, —una voz ronca, moribunda y aún más distante se escuchó.

—¡Lori! —Lincoln brincó hacia el alcance del celular de Bobby. —Lori, aquí estoy, aquí-. Ay, por Dios. Acabo de llegar.

El celular ladró: —¡Lincoln, literalmente todas estamos aquí y tus padres están muertos de miedo! ¡¿A dónde te fuiste?!

—Me escapé de la estación para buscar a Lisa y Luan. Lo lamento mucho, no pude aguantarlo más.

—¿Luan? ¡Pero si Luan está aquí!

Lincoln casi se cae para atrás. —¡¿Qué cosa?!

—¡Luan estuvo con nosotras todo este tiempo! ¡Está aquí en prisión! ¡¿CUAL ES TU PUTO PROBLEMA?! …perdón por la palabra.

—¡No lo sabía! ¡Nadie me dijo nada! —Lincoln chilló.

—¡Después de todo, sí que soy negra! ¡Se me dan bien las escondidas! ¡Jajajajaja! ¿Entienden? —una voz sonó detrás de ella, seguido de un quejido al unísono.

—¡Estamos en muchos problemas, Lincoln! ¡No es tiempo para juegos!

—Lo sé, lo sé. Lo siento mucho.

—¿Encontraste a Lisa?

Lincoln se volteó lentamente hacia su hermanita con una cara molesta. —…¿no?

—Pues, ¡vas a venir con Bobby a la comisaría!

—Pero, ¡¿qué pasará con Lisa?!

—¡Es una orden! Arreglaremos todo cuando estemos reunidos. ¡Vendrás a la comisaría quieras o no!

Lincoln tiró un suspiro agrio. —Si, Lori.

Bobby acercó su celular a su boca. —'Perate, ¿cómo lo llevo?

—¿En taxi?

—¡Pero estoy muy lejos, amor! ¿Podría tu mamá ayudarme a pagar la tarifa?

—¡Claro que no, págalo tú!

Bobby gruñó, conduciendo su celular cerca de su oreja y apagando el altavoz. —¡Ya gasté todo mi dinero engrapando ese anillo en mi uretra para ti! ¡¿Qué soy, un inservible?!

—¿Quieres oír un "sí"?

—...voy por mis zapatos, —suspiró

—Gracias. Te amo, mi abubu osito, —cantó cariñosa.

Ronnie Anne golpeó levemente el hombro de Lincoln. —¡¿Qué fue eso?! ¿Por qué le mentiste, torpe?

—Me llevaré a Lisa conmigo, —respondió fríamente.

—A ella no le gustará la idea.

—Hablaré con ella.

—Te dejaré eso para ti, —dijo mientras se alejaba. —Me iré a cambiar, iré con ustedes.

Lincoln se dió la vuelta, completamente rojo y humeando. Lisa se había bajado de la mesa, y estaba mirando por la ventana de la derecha melancólicamente. Ojeó a su hermano viéndola directamente y se dirigió a él, gimiendo. —¿Qué?

—¡¿Por qué nunca me dijiste que Luan ya estaba en la comisaría?! ¡Me mentiste! —regañó Lincoln.

Lisa se acomodó las gafas, completamente inexpresiva. —Yo no sabía que estaba en la comisaría.

—¡Pero sabías que estaba con Lori!

—A mi conocimiento, pudieron haberse quedado sin gasolina, —carraspeó Lisa. Tiró un hombro, —o, no sé, pudieron haber robado gasolina cuando estábamos allí.

—Espera, —su hermano bajó la voz, tragando un jarrón de saliva. Su cara se endureció, —¿dónde estaban?

—¿Dónde más? Obviamente en Fliiiiiiiiii... —la cara de Lisa se puso agria, y se le hundió las pupilas. Ella rompió una mueca y habló entre su garganta apretada. —¿Una gasolinera?

Lincoln se quedó sin huesos y se desplomó en el suelo como un muñeco de trapo. Se quedó boca abajo, mirando la alfombra, haciendo un esfuerzo triple para no perder la cabeza. Después de un tiempo agudo, lentamente gateó hacia la pared, donde se sentó. Su cara se volvió pálida. Su sangre corrió fría.

Lisa incómodamente se le acercó, y le acarició torpemente la cabeza. —Eh, —murmuró, —¿lo estoy haciendo bien?

—...solo quiero despertar de esta pesadilla.

—¡Oye, Flip intentó matarme con una escopeta y fue Lori quien lo atropelló! ¡Deja de juzgarme!

—Para. Sólo detente, —Lincoln puso sus manos en sus oídos. —No quiero oír nada más.

Lisa lo miró. Viéndolo en un estado tan enfermo la dejó mareada. Se mordió el labio mientras intentaba pensar qué decir.

—¿Lisa?

Lisa no respondió.

—¿Por qué?

—¿Qué cosa?

—Esto de… documentos clasificados, foros anónimos, política. ¿Por qué?

Lisa se puso firme y quieta. —Intento proteger a mi familia, Lincoln.

—¿De esta forma?

Hubo un silencio embarazado. Había un amargo sabor en la boca de Lisa. Ella tartamudeó, intentando sacar alguna respuesta. —¿Quieres la verdad o quieres seguir siendo mi hermano?

—Me escapé de la comisaría para escuchar tu respuesta.

Lisa miró alrededor de la habitación, buscando una explicación. Cuando no la pudo encontrar, simplemente escupió lo primero que pensó.

—...estaba aburrida.

Lincoln la miró con el ceño fruncido. —¿Del gobierno? O como... ¿Cómo va la economía?

—No, solo estaba aburrida, —Lisa se encogió de hombros. —Aburrimiento general. Cuando no hay nada que hacer.

Lincoln se quedó afónico. Él tiró una risita entre dientes. —Entonces, todo esto pasó... porque estabas aburrida.

—Es un poco más complicado que eso.

Lincoln no paraba de reírse debajo de su aliento. —¿Me estas-?

—Olvidalo, suena bastante estúpido.

—Eres una genio, —chilló, meciéndose de adelante a atrás, —pero eres una niña. Y... y…

—¿Qué?

—¡¿En qué demonios estabas pensando?! —explotó Lincoln con una voz disparante.

Lisa se estremeció, y se quedó callada por un momento. —...tienes todo el derecho a gritarme, pero-

—¿Gritarte? —Lincoln la vió con ojos hinchados. —Quiero darte un puñetazo. ¡¿Crees que es solo un juego?! ¡¿Que es divertido?! ¡Me tenías muerto de miedo! ¡Nos tenías a todos muertos de miedo! ¡Pudiste haber muerto!

Lisa se le queda mirando sin expresión. Un pesado frío se apodera de Lincoln. Él acomodó su espalda y dio un gruñido. —Vas a estar bien. Te llevaremos a la policía y lo resolveremos.

—...vale, —Lisa respondió a secas. —Pero, ehm... ¿fue divertido?

Lincoln esnifó y se lo pensó por un momento, para finalmente escupir en frío: —No.

Lisa extendió la cara tras la respuesta. Se le quedó mirando, esperando que diría después.

—Pero, —Lincoln, con una sonrisa triste, añadió, —ver que estás bien hizo que valiera la pena.

Lisa frunció el ceño en respuesta. Se desmoronó un poco hacia la izquierda.

—Aun así, —suspiró Lincoln, —tienes que entregarte a la policía. Te prometo que lo solucionaremos.

—¿Me prometes que... estarás ahí conmigo? —Lisa cojeó.

—¡Pero por supuesto! Todos nosotros estaremos allí contigo, —sonrió.

Lisa se sobó el brazo. —No creo que todos.

La cara de Lincoln se volvió más suave mientras su sonrisa desaparecía. Él la miró de arriba a abajo. —Mamá y papá todavía te quieren, Lisa.

—...claro que sí, —respondió.

Después de unos minutos de silencio, la puerta crujió de nuevo. Ronnie Anne sale de su habitación con su hoodie morado.

—¡Por fin un taxi le contestó a Bobby! —habló Ronnie Anne, estirándose como si no hubiese espiado toda la conversación desde la habitación. —Es como si nadie estuviera trabajando hoy.

—Es domingo, —murmuró Lincoln.

—Ah, cierto. Bueno, ¿de qué me perdí?

—Nada, —se levantó, limpiando sus jeans. —Lisa aceptó entregarse a la policía, me iré con ella.

—Lori se va a molestar cuando se entere que le mentiste.

Lincoln fingió una risita. —Ese será el problema del Lincoln del futuro. ¿Cuánto durará para que llegue?

—Ron, ¡apúrate, we! —Bobby gritó a la puerta abierta. —¡Ya llegó!

El taxi estaba estacionado delante de su casa. El conductor, un hombre esbelto y prematuramente canoso de mediana edad, se distraía en su celular, esperando impacientemente a que todos se subieran al auto. Lincoln miraba a todas las direcciones, paranoico, e intentaba mantener a su hermanita detrás de su cuerpo en todo momento como un guardaespaldas.

—¡Espérame! —El grito mudo de Ronnie Anne se escuchaba desde su habitación. —Aún no encuentro mi celular.

—¿Buscaste en el mostrador de cocina?

Hubo un silencio por un momento. —…¿cómo?

—¡Qué si buscaste en el mostrador de cocina!

—…¿qué?

—¡La cocina! —gritó más duro. —¡Que busques ahí!

—…¿cómo?

—Ay, me lleva el tren, —gimió Bobby.

—Yo le ayudo, —dijo Lincoln mientras se limpiaba los oídos. —Quédate con Lisa.

Lincoln entró corriendo. Bobby sintió una brisa leve detrás de él.

—Entra al auto, chamaca, —suspiró, sacando su celular. —Yo te hecho aguas.

El vecindario estaba callado. Demasiado callado. A un grado espeluznante. Bobby prestó atención un momento al silencio, descarrilando la vista de su celular. El auto se había apagado. El tiempo se congeló.

—…¿Lisa?

Se volteó. Y sólo encontró el suelo.

/—/—/—/—/—

Lisa intentaba gritar y se retorcía desesperadamente en los brazos oscuros que la sujetaban con fuerza. El hombre que la mantenía era robusto, un monstruo de gran tamaño cuya cara permanecía sombría bajo su hoodie negro, irradiando una fuerza sofocante. La niña luchaba con todas sus fuerzas, mordiendo cualquier parte que lograra alcanzar y agarrándose a lo que fuera, pero sus esfuerzos resultaron en vano. Con la vista periférica, alcanzó a distinguir el mismo callejón amplio donde había estado postrada hacía solo unas horas. Su corazón comenzó a latir frenéticamente, con una velocidad que pudo haberlo disparado de su pecho.

Llegaron a un contenedor, donde el hombre descansó su agarre y tomó un respiro. Lisa cayó en frente de él, recuperando el aire.

—Muy buenas, —el hombre encapuchado canturreó. —¿Te encuentras bien?

—¡No se atreva a tocarme! —Lisa apuntó. —¡¿Cree que tengo miedo de los secuestradores?!

—¿Secuestradores? —se rió. —Je, pero, madre mía, que sí eres como dicen, ¿no, chaval?

Los ojos de Lisa se hundieron profundamente al oír su voz más claramente. Su respiración se aceleró, y gritó: —...ESTOY SIENDO SECUESTRADA POR UN BRITÁNICO. ¡AYUDA!

—¡¿Pero tú estás loca?! —el hombre se conmovió, hablando con su tan claro e indudable acento inglés del centro de Londres mediante la manera con la que estoy escribiendo sus diálogos. —¡Baja la voz!

—¡ALGUIEN AYUDA! —Chilló. —NO QUIERO ACABAR EN UNA GUERRILLA COLOMBIANA.

—Está bien. Está bien, Lisa. Estás bien, —la voz maternal de una mujer cantó en sus oídos. Otra figura encapuchada se acercó a ella.

—¡Déjame ir! —Lisa protestó.

—No podemos, —habló. —Iban a llevarte. Aquí estás a salvo.

Lisa entrecerró los ojos un momento. No podía ser posible. Su intuición le gritaba algo, pero era un completo sinsentido. De repente, algo chasqueó en su mente. Ella se estremeció al confirmarlo, viendo más de cerca.

—¡¿USTED ES LA MAESTRA DE MI HERMANO?!

La mujer se quitó la capucha, confirmando su acusación. —¡Shh! Silencio.

—Estuve en su clase una semana. ¡¿Qué quiere de mí?!

—Está bien. Tranquilízate, —sonrió Agnes. —No queremos hacerte daño.

—Los oficiales están tras tu pista ahora, las calles te están buscando, —habló el hombre. —Te necesitamos aquí.

La respiración de Lisa aceleraba. —¡¿Me necesitan dónde?! ¡¿Qué está pasando?! ¡Déjenme ir!

—Chunk, la estás asustando, —regañó Agnes al hombre. —Quítate la capucha.

—Ah, sí. Culpa mía, tía. No lo hice a propósito. —El hombre se quitó la capucha. Era calvo y musculoso, con una nariz de toro que le colgaba un anillo dorado.

Lisa se sobresaltó al verlo. —¡¿Cómo te ves más intimidante sin la capucha?!

Calma, calma, —dijo Agnes en un respiro mientras la ayudaba gentilmente a levantarse, —no hay necesidad de entrar en pánico. Chunk es un buen tipo, Lisa. No debes juzgar un libro por su portada.

—¡¿Qué están haciendo?! ¡¿Qué significa esto?!

—Te hemos visto ayer, eh, —sonrió Chunk. —Las noticias te estaban llamando. Todo el rollo con los tanques, explosiones, ¡parecía de película!

Lisa se quedó procesando lo que dijo. —¿Tanques? ¿Explosiones? Pero no hubo ninguna-

—Está bien, Lisa, —interrumpió Agnes sonriendo. —Sabemos lo que pasó, lo vimos en las noticias. Las noticias nunca exagerarían nada.

—Con razón Luan salió así, —se dijo a sí misma.

—Sí, —canturreò Chunk, —tus acciones realmente nos han tocado, tía. Algunas veces como que nos sentimos así, ¿sabes?

Agnes asintió con la cabeza. —Sentimos que lo que has hecho es muy admirable. Estoy ciertamente impresionada por una mente tan grande a esa edad.

—Entonces, —Lisa suspiró, —¿esto es como un grupo político terrorista del que se supone que seré la líder?

—Je, ¿líder? —riò Chunk. —¿De un grupo terrorista? Eres una chica divertida, ¿a que no?

—...no dijiste que no.

—Lisa, —dijo Agnes, —¿te importaría venir con nosotros?

—¿No? —escupió.

—No pasa nada. Sólo voy a enseñarte algo. Puedes confiar en mí, soy profesora.

—Todavía estoy en el jardín de niños, señorita Agnes. No estoy segura de que pasear con una niña por la calle sea una buena idea.

—Ah, ¿quién lo va a saber?

Lisa apuntó. —Oye, aviso, eso es lo que dicen los pedófilos, señorita Agnes. Tenga mucho cuidado.

—¡No! Sólo voy a explicarte algo.

Lisa se puso las manos en la cintura. —Pues hazlo aquí. ¡No me moveré hasta que me digas por qué!

Agnes miró a Chunk por un momento, y después viró devuelta a la niña. —Se trata de los documentos.

Los brazos de Lisa cayeron. —...las noticias no decían nada de documentos.

—Quizá podríamos... hablar de ellos.

Se tomó un momento para pensarlo. ¿Realmente se iría con dos personas que intentaron secuestrarla?

—Si te hace sentir cómoda, estaré encantada de explicarte, —Agnes le leyó la mente.

La llevaron por el callejón un poco más abajo. Chunk se derivó a la derecha donde dió un brinco y alcanzó la escalera de incendios colgando libremente. La jaló y se hizo a un lado. Agnes subió a la niña con cuidado. Lisa subió vacilante y se colocó en la plataforma negra. Agnes trepó, y la empujó levemente por la espalda hacia las escaleras, dirigiéndola a subir.

—Entonces, —Agnes sonrió, —¿cómo has estado?

—Soy discordia nacional y la CIA me quiere muerta, —respondió Lisa con mucho más entusiasmo de lo necesario.

—Me refería a tu familia. ¿Han estado bien contigo?

—¡Oh, casi se me olvida! —exclamó sarcásticamente. —Mi familia también me odia.

Agnes la juzgó de reojo. —…ya veo.

—Por favor, —se quejó Lisa. —Si yo fuera tu hija, ¿qué de diferente harías después de lo que he hecho?

—La verdad es que es muy relajante hablar contigo. No hay muchas niñas de tu edad con este nivel de madurez y conciencia.

Lisa se sorprendió. —Vaya, gracias.

—Eres todo lo contrario a tus hermanos y hermanas. ¿Cómo es que los niños se volvieron mucho más listos?

—Tenemos internet.

Agnes soltó una risa suave. —Sí, eso es lo que pensaba. Dime, ¿te gusta la política?

—¿Yo? No, realmente no, —sonrió Lisa.

—¿Es eso cierto?

—Tengo muchos más intereses que estar en un partido gritando con el otro, —blanqueó los ojos.

—¿Pero por qué tienes que limitarte con eso? La política es una forma maravillosa de reflexionar sobre un posible cambio.

—Un cambio en la sociedad es una exageración, señora Agnes. Personalmente, las cosas están como están, nos guste o no.

—Eres una niña muy lista, —se río Agnes. —Estoy muy impresionada.

Lisa redondeó un hombro. —Lo sé. Me lo dicen mucho.

—Ah, los niños de hoy son simplemente horribles. Me pregunto por qué los niños como tú no son la norma hoy en día.

—¿Te refieres a terroristas? Ve a Afganistán, encontrarás muchos.

—No, no, —sacudió la cabeza. —No eres una terrorista, Lisa. Sabes lo que haces y nadie podría cuestionar tus opiniones. Puede que la situación se haya descontrolado un poco, pero tú supiste qué hacer.

—Muy cierto, —soltó una risita adorable. —Soy bastante ingeniosa. Sólo... desearía que la gente me respetara a menudo.

Agnes levantó las cejas. —¿Y eso por qué?

—Mis padres no me toman enserio, y no estoy segura de poder arreglar todo esto sola.

—Aw, Lisa, —Agnes le dió una sonrisa cariñosa. —Pero en algún momento recapacitarán, ¿verdad? Seguro que tu hermano y tus hermanas se preocupan mucho por ti y confían en ti.

Lisa frunció el ceño y miró hacia otro lado. —...no exactamente.

—No te desanimes. Tu hermano está muy orgulloso de tener como hermana a una genio como tú.

Los ojos de Lisa se encendieron. Volteó su cabeza hacia ella. —...¿Lincoln dijo eso?

—No tengo motivos para mentir.

La boca de Lisa se empapó de un sabor ácido. Ella extendió la cara y sus ojos apuntaron al suelo. —...cierto.

—¿Ocurre algo?

—Es que... puede que me perdonen, pero, ¿lo entenderán?

—¿Entender qué?

Se hundió de hombros. —Lo único que sé sobre el gobierno viene de un foro anónimo de Internet lleno de esquizofrénicos.

—Y de ahí supongo que sacaste esos documentos.

—Así es, pero... —Lisa soltó un gruñido fuerte y se puso las manos en su cara. —Agh, ¿cómo explico lo que he hecho? Me verán como una inmadura.

Agnes levantó la mano y la acomodó en el hombro de Lisa. —Ese no es tu trabajo, Lisa. Tienes un propósito mayor que ese.

—¿Qué es?

—Dime, ¿por qué crees que de repente la gente te apoya?

—No todos.

—Obviamente. ¿Pero no te parece extraño?

—Yo... —Se llevó una mano debajo de la barbilla, y tomó un tiempo para contestar. —S-si. Pero no me molesta.

—¿No quieres saber por qué, Lisa?

—¿Porque todos están locos?

Una escalera de manos subía hasta la azotea, su destino. Agnes caminó con gracia hacia la barandilla del otro lado. El aire tuvo un matiz distinto, cargado con la mezcla del smog callejero. Sin embargo, tenía una calma inesperada, casi agradable. Lisa la siguió tímidamente.

Se paró junto a ella y apreció la vista. Era la ciudad, exactamente igual a como la conocía desde que nació. El pitido suave de los autos, el bullicio del viento de otoño estable, la lentitud de un día domingo; todo era tan aberrantemente normal. Chunk se acomodó sobre la barandilla.

Agnes asintió. —Todo el mundo quiere hacer algo más grande que ellos mismos, Lisa. Pero, ¿por qué no vemos eso demasiado últimamente?

—Porque el conformismo nos ha robado nuestro potencial, —murmuró Lisa.

—Yo no estoy de acuerdo con eso. Trabajaste mucho para conseguir documentos clasificados.

—Y aún más trabajo para actuar como si me importase todo eso para mantenerme entretenida.

—Entonces, —Agnes volteó hacia ella, —¿qué descubriste?

—Lo que ya sabía.

—¿Lo cual es?

Lisa se rió bajo su aliento. —No es nada interesante, créeme.

Agnes le dió una risa. —¡Pero queremos saber!

—Guardadlo para vosotras, —suspiró Chunk, levantándose y caminando. —No puedo saber estando sobrio. Necesito un piti.

—Tu y mi hermana Luna se llevarían de maravilla, —comentó Lisa, siguiendole la mirada.

—¿Luna? ¿La que tiró ese oficial del techo de tu camión?

—Algún día la conocerás.

Agnes llevó la cara de la niña hacia la suya. —Te apoyamos por esto, Lisa. Eres una gran persona, e inspiras a muchos.

Lisa gruñó. —Siento que hice más daño que

—A veces tienes que hacer sacrificios. A veces tienes que hacer cosas malas. Pero, mientras sepas que estás haciendo lo correcto, estoy segura de que todo saldrá bien.

—No creo que sea Robin Hood. Sólo quería divertirme.

—Y te divertiste, ¿verdad?

Lisa se calló con el ceño fruncido. —...lo intenté.

—No te preocupes, —le dijo, distrayendo su mirada hacia adelante. Chunk caminaba lentamente. —Eres una chica lista. Sabes lo que haces y eso es lo que importa. Además, tienes unos papeles muy importantes. Solo eso ya es un trofeo.

—...supongo, —Lisa habló entre labios, perdida en su mente.

—Oh, no supongas. Corres un gran peligro por culpa de ellos, Lisa. ¿Quieres seguir caminando con ellos?

—¿Eh? —exclamó, volviendo a la realidad. —Perdón, No te escuché.

—No te preocupes. Solo se trataba de esos documentos.

—Ah, efectivamente. Aunque... estaba pensando que quizá fue un error conseguirlos.

—Tal vez. Pudiste haber ido a por otra cosa, —Agnes se enfocó detrás de Lisa.

—N-no, —tartamudeó Lisa. —No me refería a eso. Puede que me haya pasado de la raya y-

—¿Crees que podría... ser la protagonista de mi propia historia loca?

Se lo pensó por un momento. —Bueno, puedes. Todo el mundo tiene derecho a su libre albedrío, pero-

—Es cierto. A veces pienso en hacer algo tan... loco como tú.

—¿En serio?

—Pero, sabes, no sé si podría llevarlo a cabo.

—Lo entiendo. No estás obligada a hacer nada que no quieras, pero si es por un objetivo, como tú has dicho, todo lo vale.

La niña extendió los brazos, estirándose y bostezando. —Hablando de obligación, no he dormido toda la noche. Debo volver con mi hermano, se supone que él me llevará a prisión. La diversión terminó.

Lisa suspiró, y se dio la vuelta. Se quedó paralizada cuando levantó su cabeza hacia la sombra que hacía de torre enfrente de ella. Tenía los brazos abiertos, listo para agarrarla. —...ehm.

—¿Podrías entregármelos? —preguntó Agnes, sonriendo.

—...¿no?

—¿Por qué no? ¿Acaso no tengo derecho a mi libre albedrío?

El tiempo se detuvo, y nadie se atrevió a moverse. —Por favor, no me hagas daño.

—No lo haré. Pero Chunk, sin embargo, es otra historia.

Chunk abre sus manos y cierra sus brazos, lanzándose hacia ella. Lisa se precipitó. Su cuerpo pequeño apenas pudo escapar. La niña salió corriendo hacia las escaleras.

—No pierdas los papeles, —demandó Agnes.

—¡Eh! —gritó Chunk. —¿Estás tonta? ¡Vas a hacerme trabajar, hombre!

Chunk no era más rápido que ella, pero era más pesado. Lisa corrió escaleras abajo, mientras que Chunk las saltó por encima. Lisa casi perdió balance con el impacto de sus pies en la plataforma, pero siguió bajando. Estaba cada vez más cerca del último nivel. Pero de repente, su pie resbaló tras un empujón y cayó por las escaleras. Gimió de dolor y parpadeó desesperadamente al ver que su mundo era borroso. Sus gafas se habían caído fuera de la plataforma.

—¡Agh! Mi astigmatismo, —chilló.

Lisa se arrastra hacia cualquier cosa que pudiese agarrar, cegada. Chunk saltó de la plataforma y cayó en su piso. Se acercó lentamente a Lisa.

—¿Señora Agnes? Espere, por favor.

—Entrégame los documentos, venga, —habló Chunk.

—¿Qué? ¡Yo no los tengo!

Pero Agnes bajó lentamente ante ella. Lisa jadeó y se arrastró hacia atrás.

—Y yo sé cuando un niño me miente, Lisa. Soy profesora.

—Lo siento, colega. ¡Sólo me divierto!

—¡¿En serio vas a pegar a una niña de cuatro años por unos papeles?!

—No eres ninguna niña de cuatro años, Lisa.

Lisa se levantó y salió corriendo. Cayó al suelo de cemento. Agnes levitó la cara lentamente de la barandilla y vió a Lisa cojeando hacia la carretera. Chunk saltó sobre la pasarela y bajó lentamente las escaleras de mano.

—¿Pero adónde vas?

—¡No!

Chunk la alcanzó, la tomó de los hombros y la elevó a su cara.

—¡OIGAN!

Su pelea fue cortada por el claxon de un carro. Los dos voltearon hacia un relámpago grueso de luz en pleno día. Chunk se mareó, y Lisa volteó a mirarla.

—¿Qué leches? —el británico cubrió sus ojos.

—¡¿Otra vez?! —se quejó Lisa.

—¡¿Qué mierda están haciendo?! —Bobby gritó, saliendo del asiento del copiloto con un bate en la mano.

—¡La policía está en camino, sucios! —El viejo conductor del taxi gritó desde su asiento.

—¡¿Señorita Agnes?! —tartamudeó Lincoln, saliendo tímidamente del taxi.

Agnes se sobresaltó al oír la voz de su estudiante. —...ehm.

Ronnie Anne brincó fuera del coche detrás de su hermano y quebró una mueca violenta a su profesora mientras rompía sus nudillos. —Esperé este momento desde el C en la evaluación de Español.

Bobby apuñaló el cielo con su bate. —¡A PARTIRLES SU PUTA MADRE, RON!

—¡AHUEVO! —gritó Ronnie Anne.

—Me cago en… —Chunk soltó a la niña, y se echó a correr.

—¡YA TE CARGÓ LA VERGA, CULERO! —abucheó Bobby, agarrando impulso hacia el británico.

Lincoln llegó a Lisa primero. Ella aún se mantenía en shock, cegada por completo.

—¡Lisa! ¡¿Estás herida?! ¡¿Estás bien?!