Los personajes principales le pertenecen a Stephanie Meyer la historia es mía queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de la historia sin mi autorización.
Capítulo 51.
Juegos suicidas. Primera parte.
"Destruye mis deseos, erradica mis ideales, muéstrame algo mejor y te seguiré" Fyodor Dostoievski . . .
Constantes, a veces las constantes eran lo único que podía asegurar la vida de una persona. Normalmente el corazón late entre 60 y 100 veces por minuto. En recién nacidos de 0 a 1 mes de edad: 70 a 190 latidos por minuto. Bebés de 1 a 11 meses de edad: 80 a 160 latidos por minuto. Niños de 1 a 2 años de edad: 80 a 130 latidos por minuto.
Todo era a base de constantes.
Jasper sintió pequeño su corazón mientras subía las escaleras hacia la segunda planta con una grabadora en su mano y miles de decisiones en la otra. Estaba asustado, su corazón estaba latiendo y golpeándole el pecho, negándose a aceptar que un día de estos iba a perder a su mejor amigo, renegando de que sería él mismo quien iba a quitarle el soporte que lo mantenía vivo. Se sentía como Caín, viendo a Abel dando sus últimos respiros.
Cuando era joven había sido egoísta y estúpido, destructivo, pero ¿quién en su vida no había tenido una etapa en dónde despilfarrar era más importante que lo realmente importaba?
No tenía sentido, hasta que si lo tiene. Cada paso que Jasper dió fue como caminar sobre vidrios, descalzo, esperando no herirse, y no herir a los demás en el intento.
Infierno.
Era un niño, un chico quizás, que apenas entraba en la adolescencia cuando Edward apareció en una fiesta de su madre pareciendo pertenecer a un museo, puesto que era demasiado atractivo para todas las niña y él había estado celoso. Eran mentiras pequeñas, o a voces, el hecho de decir que, como hombres, ellos no se fijaban en el otro; lo hacían por ego.
Había convertido a Edward en su mejor amigo por ego, así él sería visto al lado del muñeco de pastel, dulce pero las chicas se cansaron de perseguir a un hombre que solo sonreía y les daba un no respetuoso haciéndolas sentirse aturdidas, haciéndolas sentirse obsesionadas.
Más tarde, en los años que pasaron, se dió cuenta de que el corazón de su mejor y único amigo leal le pertenecía a una chica que, con solo una sonrisa, podría parar el tráfico o hacer a un hombre tener un orgasmo.
Ella era caos, aunque la palabra era pequeña en comparación; no había forma de ignorar sus ojos, su cintura, su pecho. Hombre él amaba a su esposa pero las ganas de mirar a medusa a los ojos pondrían de rodillas a cualquiera.
Aún vestida con la ropa de su padre la chiquilla de la que su mejor amigo estaba enamorado era como Marilyn Monroe con un saco de papas. Estaba seguro de que hubo un tiempo en el que podría haberse tardado un milenio en describir sus labios. La chica parecía congelar infiernos con solo una mirada.
No tardó más de dos segundos en darse cuenta que el amor que su mejor amigo le profesaba era correspondido. Los vio juntos muy pocas veces, pero estar en un cuarto en el que ambos estaban sólo mirándose era como ver un fuego que no podía consumirse.
Ellos eran pasión, desenfreno, amor, desesperación, había tanto allí que si los observaba podría describir sentimientos para los que no había nombres todavía. Isabella amaba de forma casi antinatural a Edward Cullen. Él podría dar su corazón en una apuesta sabiendo que no iba a perderlo; la chica amaba con devoción y veneración a su mejor amigo tanto que sabía que ella habría dado su imperio por verlo salir del coma.
Siguió subiendo las escaleras. En su vida como médico había visto y vivido muchas cosas. La palabra tragedia era el pan de cada día, al igual que la muerte. A veces podía jurar que ella se sentaba esperando a verlo operar mientras tomaba la decisión de dar oportunidad a uno de sus pacientes o de llevarse esa alma a donde sea que perteneciera, sin piedad. Jasper sabía que había treguas y guerras entre la muerte y él, a veces, él la veía sentada a su lado mientras él se perdía en uno de sus tantos artículos médicos. Si tuviera que describirla le pondría el rostro de Isabella sin pensarlo dos veces.
Cualquiera podría morir en los brazos de esa mujer y ser feliz. Le costó mucho tiempo y golpes entender que una mujer como ella era como admirar a una belleza griega en una estatua. Podrías mirar por horas perdiéndote en los detalles de cada uno de los trazos de su cuerpo, pero no podías tocar algo tan sagrado como eso.
Y eso le trajo odio. Odio a Isabella por mucho tiempo. Nunca en su vida pensó que ver a su mejor amigo luchando contra todo y contra nada iba a ser tan doloroso, más doloroso que cuando Alice descubrió su amor por las pastillas que lo drogaban. Recordaba sus momentos de oscuridad porque estos eran sus fantasmas.
Unos días después de saber que Isabella había salvado al hospital de su padre de la quiebra Jasper sufrió un accidente. Fue grave. Años antes su padre había salvado la vida de su esposa quien a contradicción de los médicos se había convertido en un milagro andante. Se había enamorado de ella, el cabello rojo sangre lo volvía loco y no había sido difícil conquistarla. Eso no significó un desafío nunca.
Cuando el accidente pasó y se vio con una pierna reparada de forma dolorosa Alice ya era su esposa, pero parecía que la mujer prefería estar en el set de grabaciones que ser su apoyo, ambos estaban tan lejos del otro que el accidente los unió y los separó más si eso era posible.
Las drogas ayudaron mucho a menguar el dolor y la soledad pero se convirtieron en un hábito, uno que casi le costó la vida a uno de sus pacientes, nadie más que Isabella, quien en ese momento estaba volviéndose millonaria, lo supo. Ella, a pesar de su ira, fue y pagó por silencio, pagó las facturas de hospital y le dió a la familia del paciente todo lo que pidieron, y luego lo mandó a su casa junto a Alice, quién sabía que él estaba en problemas. Ella los ayudó en silencio a recordar el porqué ellos se habían casado.
Le costó años de terapia de pareja llegar a aceptarse, le costó la mitad de su alma y a su mejor amigo aceptar que Isabella no era la villana de su historia; el villano era el mismo. Había deseado cosas que nunca diría en voz alta, pero era imposible no amar de forma extraña a esa impasible e imperturbable mujer. Era imposible no odiarla por hacerlo sentir. Aceptó eso a solas y en silencio evitó con trabajo duro cometer un error del que sabía que iba a arrepentirse; en silencio emprendió la retirada de un lugar que no le correspondía jamás. Él amaba a Alice, por amor a Dios, a sus hijos, así que impasible decidió dejar de pensar mierdas que solo lo hacían un hombre idiota y se centro.
Abrió la puerta de la habitación de su mejor amigo; el monitor cardiaco sonaba anunciando vida, no había necesidad de que los doctores estuvieran constantemente monitoreando su estado ya que estaba siendo monitoreado por un programa que Isabella había ayudado a crear. Este alertaba de cualquier falla cardiaca enviando alertas a los beepers que usaban para localizarse entre si por cualquier emergencia entre médicos. Se habían salvado muchas vidas con los nuevos inventos de Isabella, su mente era como leer un libro de ciencias en el que cada página mostraba algo nuevo.
Por un tiempo había sido difícil convencer a Isabella de aceptar que dos veces al día eran más que suficiente para que él estuviera allí monitoreando a Edward; hubo un tiempo en el que Isabella solo le pidió permanecer al lado de Edward y cuidarlo, ¿Que podía hacer si su mejor amigo parecía estar en coma por fuera pero tan sano por dentro que no había explicación para lo demás?
Había enfermeras preparadas para crisis de pacientes que merecían estar en una unidad de cuidados intensivos, pero Edward no era uno de esos.
Habían contratado a los mejores neurólogos, los mejores especialistas en crisis de órganos que podían fallar durante un coma del tipo vigil* ya que, de acuerdo a los exámenes, ese era el tipo de coma en el que Edward estaba.
Él había estudiado y trabajado con estos pacientes durante años salvando la vida de muchos y viendo a la muerte llevarse a otros en sus experiencias y sus pruebas de laboratorio buscando una cura efectiva, pero la medicina era así, un campo inexistente de probabilidades que podían ser malas noticias y tragedias.
—Ella es inteligente, hermano. Yo no soy nada en comparación, maldición, no soy nada a su lado.
Casi pudo escuchar a Edward hablando de su Isabella con adoración. ¿Qué pensaría Edward de la Isabella después de él? ¿Qué pensaría Edward de esa loca y desesperada mujer que se sentaba en el piso oyendo solo sus constantes? Lejos pero cerca a la vez.
Una de las enfermeras le sonrió suavemente mientras le extendía el reporte médico de ese día. Los mejores médicos estaban siempre a su lado pero ese día él estaba solo. Dió en silencio gracias a Dios por estarlo. Estaba a punto de romper una de las reglas más grandes de todas.
Isabella se negó a entrar en la habitación de su marido en coma cuando las cosas pasaron, ella se permitió verlo una sola vez después del accidente y luego se quedó afuera, lejos de él, como si eso fuera a traerlo de vuelta.
Él se preparó dejando la grabadora sobre una de las mesas en la habitación y luego comenzó a pegar los electrodos para realizar un electroencefalograma*. Quería medir la reacción, verificar si la función cerebral cambiaba, o si en la penumbra en la que Edward parecía estar él podía oír el llamado de su amada.
—Puedes irte —despidió a la enfermera quien asintió y se retiró mientras Jasper encendía la máquina que medía la actividad cerebral de su mejor amigo.
Miró, como un soldado que está parado sobre una granada a sabiendas que la muerte lo espera en el próximo paso, a la grabadora antes de suspirar y encenderla.
Y como alma que lleva el diablo salió de la habitación al empezar a escuchar la declaración de amor eterno de Isabella para su esposo. Se encaminó hasta la habitación en dónde los resultados del experimento saldrían impresos en papel, agradecido de poder huir de las palabras agónicas de una mujer que parecía no amar al mundo, pero que amaba devotamente a un hombre que estaba a punto de ser declarado muerto.
Era agonía pura y por un momento Jasper deseo que Rosalie tuviera razón y lo que estaban haciendo funcionará, que su amigo despertara, que la voz de su amada fuera como el Flautista De Hamelin y lo trajera de vuelta a la conciencia.
Nadie lo vio, nadie vio que en cuanto la voz de Isabella flotó en el aire de la habitación una de las manos de aquel hombre al que todos esperaban ver despierto se movió, fue un movimiento leve, pequeño, fue la esperanza.
Un acto de fé a punto de convertirse en un milagro. Era el alma de un hombre que un día volvió para morir por un amor. O para vivir por ambos un amor consumidor. Un amor que no podía describirse con simplezas. . . .
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Podría desear una vida a tu lado, pero desear y querer son palabras distintas.
Si deseo, este puede ser un sueño vacío sin aspiraciones a que pueda cumplirse. Podrían pasar años y no lucharía por tenerte a mi lado.
Eres mi otra mitad. No hay forma alguna de que me enamore de nuevo, porque he jurado amarte toda la vida.
Eres ese sueño que quizás no voy a poder cumplir nunca. Desearía poder tenerte conmigo siempre.
La vida no nos sonreirá porque queremos estar juntos. Estoy segura de que va a ponernos en medio miles de obstáculos para que no los estemos.
Habrá oscuridad de mi parte, pero tu eres el faro que alumbra a mi barco. Ése que está perdido y a la deriva de una sola sonrisa tuya.
Ancla mi corazón al tuyo y no me dejes sola jamás. Quédate aunque a gritos te pida que te vayas. No te des por vencido, porque el día que te rindas conmigo yo lo habré perdido todo.
Una vez, hace muchos años, Isabella cometió el error de amar, amó con la intensidad de su respiración, con la fuerza de su alma, la dedicación de sus venas, la esperanza de un ciego que quiere ver el sol y no solo sentirlo.
Ella amaba. Aún amaba.
Miró la botella de coñac medio vacía frente a ella. Aún podía recordar las veces que absurdamente creyó que el dolor menguaba si ella bebía hasta el cansancio. Últimamente beber dos botellas no daba resultado. El alcohol no era más que un somnífero que no la alejaba de la destrucción y esos juegos suicidas que arrastraban su mente a la oscuridad del Infierno.
Cuando la video llamada se conectó y Jonathan de Airlines le sonrió abiertamente ella fingió estar bien. Entonces los negocios empezaron y ella dejó que el sueño de Hyõ siguiera haciéndose real y fuerte, mientras su corazón se hacía pedazos desgarrandola por dentro. . . . Rosalie sonrió abiertamente enamorada de la forma en la que su madre le contaba a Emmett cómo la semana pasada había estado en un club de tejido. Emmett sorprendentemente estaba entretenido sonriendo suavemente mientras miraba con adoración a Margaret Hale hablar de puntos y la lana.
Grace salió de la nada y se detuvo llamándole la atención a Rosalie quien se levantó disculpándose en silencio dejándolos solos un momento. Grace se veía inquieta y asustada.
—¿Grace? —la llamó y ésta suspiró como si una carga pesada estuviera en sus hombros, intentando darse valor suficiente para mirar a la chica a los ojos antes de ponerle la mano en el hombro.
—Ha llegado el momento de que le cuente mi parte de la historia Rosalie.
Rosalie asintió sintiéndose asustada porque Grace parecía estar a punto de confesarle un asesinato, aún así, intentando no demostrar lo que estaba sintiendo, se acercó a Emmett y le susurró al oído. Emmett se tenso, pero la dejó ir.
Rosalie siguió a Grace hasta su habitación pues es donde estaba la grabadora y cuando ambas se acomodaron Grace habló.
—Si hay algo que sé sobre Isabella Cullen es que ella siempre fue una señora. No era una niña cuando la conocí, era una mujer perdida y locamente enamorada del niño Edward, tenía en sus ojos escondidos secretos que eran peligrosos, pero amaba a Edward de una forma arrasadora. Vi crecer a Edward, me arrebataron un pedazo enorme de mi corazón cuando lo secuestraron, pero cuando él regresó, no era el mismo chiquillo, había un fuego en sus ojos que deduje fue la mala experiencia.
Más tarde, en los años que vinieron, me di cuenta de que ese fuego tenía nombre. Edward era rebelde, un chiquillo que quería imponer su voluntad y perseveraba. Él niño me besaba la mejilla siempre que llegaba de la escuela y Dios sabe que yo amaba verlo sonreír o escucharlo narrar esa vida que todos deseamos en algún momento.
Estaba lleno de relatos de aventuras. Libertad, sueños y pasión desmedida. Edward Cullen es aventura, ese golpe del destino que deja a cualquiera sin aliento. Un buen chico, único en su clase.
—Un día Grace te enseñaré mi tesoro y la amarás —me dijo un día robándose las rebanadas de tomates para la ensalada que yo estaba preparando. Serví a la familia Masen por tanto tiempo que pensé que mi lealtad iba a permanecer allí, pero cuando Isabella llegó del brazo de Edward a una fiesta de la señora Masen y ella la humilló mi lealtad cambió.
La niña Elizabeth era como mi hija, pero hizo a su hijo verse como un chiquillo inmaduro, no que Edward no lo fuera, pero era como ella lo había criado. Siendo un niño de mami y papi Edward no sabía del mundo, pero Isabella lo hizo evolucionar y lo hizo desear más, lo hizo querer ser mejor para estar a la altura de sus deseos.
Isabella iba hermosamente vestida con un vestido color ámbar; era la mujer más elegante y llamativa de la fiesta sin duda, más de uno de todos los empresarios en esa fiesta giraron sus ojos a ella en busca de atención que fracasó puesto que ella solo tenía ojos para mi niño Edward.
Recuerdo mucho la mirada despectiva de la señora Masen, el miedo en los ojos del señor Cullen, la sonrisa boba en el rostro de Isabella y Edward quienes parecían ajenos a lo que estaba pasando. Elizabeth no se relajó hasta que no empezaron a decir que Isabella era la nueva dueña de Global High.
Me asombró el hecho de que Elizabeth no cambiará de parecer. Para ella, Isabella no era más que una niña con demasiado dinero para gastar y una mente tan pequeña como la de un grano de mostaza.
No era justo.
Yo había leído el periódico en dónde la nombraban como la mujer con la mano de Dios. Ella tenía el respeto, aunque era la hija bastarda de un hombre que no le daría jamás su apoyo, tenía poder, a pesar de ser la hija de una prostituta drogadicta. La chica, decían, que tenía
la mano de Dios porque era buena creando, y estaba subiendo como la espuma porque invertía tiempo y dinero en cosas a las que nadie nunca les tuvo fe hasta que ella lo hizo.
Elizabeth renegó de su hijo, la incómodo, los acecho poniéndolos en situaciones para las que estoy segura ellos no estaban preparados, demostrando ser solo un viejo tiburón cercando a su presa para comérsela de un zarpazo.
Recuerdo que Isabella la miró sin sentirse ofendida y le dijo
—Tu hijo es el amor de mi vida Señora Masen —lo dijo de una forma en la que hizo a Elizabeth palidecer y cuando Edward apareció tomándole la mano para dar énfasis a su declaración entonces yo susurré sintiéndome entrometida
—Creo que debería rendirse señora.
—Ellos aún no están casados —afirmó Elizabeth bebiendo alcohol por primera vez en años. Sabía que ella no bebía porque era miedosa, su padre había muerto de cirrosis hepática alcohólica así que Elizabeth Masen evitaba el alcohol como se evita a la peste. Nadie sabía que Edward e Isabella llevaban años siendo esposos, aunque no me sentí impresionada de saberlo meses después, cuando Edward anunció que iban a vivir juntos en esta mansión y a ser felices.
Elizabeth les presentó a gente que pensó iban a incordiar la vida simple de una chica que apenas se estaba abriendo paso en el mundo de los ricos Olvidó que en su momento había sido igual que aquella chica, una mujer que solo buscaba la aprobación de los padres de Carlisle Cullen, una mujer que se volvió dura a base de muchos años y golpes que, por supuesto, la vida no se negó a darle.
Imagínate casarte con un hombre que no te ama solo por tener su apellido.
Si bien es cierto Carlisle Cullen era un hombre guapo en medidas enormes, él amaba a una mujer que no podía ser suya.
Si has leído los diarios, debes saber que Esme era la madre biológica de Edward y, aunque Carlisle Cullen se proclamó su padre, Elizabeth reclamó al chico como suyo antes de que ambos pudieran darse cuenta.
Cómo el rotor de un revólver con una sola bala y el sonido de los juegos suicidas de esa familia hicieron a mi lealtad cambiar en la dirección correcta. Hyõ ya estaba muerto cuando llegué a la vida de Isabella para cuidarla y Edward acababa de caer en coma. Cuando el infierno arda, y estoy segura de que arderá, estaré allí también esperando y rezando a Dios que este no sea el último aliento de dos personas a las que les tengo fé y confianza.
Monitor cardíaco: El monitor de signos vitales o monitor cardíaco es un dispositivo que detecta, procesa y muestra los parámetros fisiológicos de un paciente conectado a éste. Para lograrlo, utiliza las señales eléctricas del corazón para desplegar gráficamente su estado funcional.
Un electroencefalograma es un estudio que se utiliza para detectar problemas relacionados con la actividad eléctrica del cerebro
Coma vigil: la pérdida de la conciencia es incompleta, el paciente reacciona a estímulos dolorosos y no hay trastornos vegetativos
¿Quien grito cuando la mano de Edward se movio? jajajaja bueno yo lo hice cuando escribí Señora y creanme ella es una de mis mas bonitas creaciones. Él volvera pronto chicas, estamos en los capítulos finales de esta hermosa historia que se tardo diez años en ver la luz, y Grace, Grace es maravillosa, ella y su lealtad por la familia Cullen y luego por Isabella.
¿Reviews? Se que quieren mas de Edward pero no es su momento o acaso ¿Ya se olvidaron de Félix? Jo, gracias por siempre ayudarme con la historia, sin ti no habrian capítulos cada domingo.
Hasta el próximo domingo chicas!
Ann.
