Los personajes principales le pertenecen a Stephanie Meyer la historia es mía queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de la historia sin mi autorización.


Capítulo 59.

Dueño de los sueños.

Ella lo esperaba con tal ansiedad que la sola sonrisa de él, le devolvía el aliento. Gabriel García Márquez.

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Jasper ayudó a Edward a acostarse sobre la cama y luego esperó a que Isabella entrara en la habitación, pero ella estaba en la puerta con los brazos cruzados sin moverse, mirando a la nada pareciendo temerosa de entrar en la habitación. Había miedo e indecisión brillando en sus ojos que de pronto se veían vulnerables. Por primera vez en muchos años la señora parecía aterrada, quizás demasiado.

—Vas a tener que ser paciente —le dijo Jasper a Edward de forma casi silenciosa. Su amigo sonrió suavemente mientras miraba a su esposa con adoración.

—Eso será fácil, ella me esperó ocho años. Tuvo fe, me amó con cada uno de sus actos y cumplió sus votos. Ahora puedo esperarla el tiempo que sea necesario.

Jasper bufó y sonrió abiertamente antes de abrazar a su mejor amigo, casi hermano, él qué había vuelto de la muerte solo para ella y le dijo mientras le palmeaba la espalda:

—Creo que voy a robarme a Alice en una segunda luna de miel, hombre. Me haces parecer un mal esposo.

Edward lo empujó un poco.

— Avísame cuando, así busco un buen médico que te reemplace —le dijo de manera bobalicona.

Jasper le enseñó el dedo de en medio y luego se puso serio.

—¿Tienes algún dolor que deba preocuparme? ¿Mareos?

—No me fastidies.

—¿Te sientes mal? ¿Te duele algo?

La voz casi desesperada de Isabella los hizo a ambos mirarla, ella se había precipitado adentrándose en la habitación y ahora estaba sobre Edward tocándolo por todos lados casi temblando de angustia. Edward le tomó las manos, deteniéndola, y miró a Jasper con desaprobación antes de responderles a ambos.

—No me duele nada y me he sentido muy poco mareado, un poco cansado por el sobre esfuerzo. Pasé mucho tiempo en cama y solo no puedo dejar de sentirme cansado. Jasper dice que es normal, que de alguna manera mi cuerpo puede protestar por un tiempo, pero no es nada que no podamos superar.

—¿Qué dijeron sus últimos estudios?

Isabella ignoró a Edward sorprendiendolo cuando Jasper hablo usando términos médicos mientras él le describía los estudios que le habían hecho.

—Hicimos un TAC cerebral y exámenes físicos. Traje a varios frisioterapeutas que nos pidieron exámenes neurológicos que, por supuesto, hice también. La zona dañada por la bala está totalmente recuperada y no hay afecciones, los efectos secundarios en un paciente en coma son normales por lo que debemos monitorearlo. Las primeras veinticuatro horas estuvo despierto y un poco molesto, pero te soy honesto, está sano y fuerte. Es un milagro. Debemos cuidarnos de los dolores de cabeza o las reacciones físicas que no sean normales, de momento no hay ninguna.

Isabella miró a Edward y se acercó a tocarlo antes de asentir de acuerdo con Jasper y decir :

—Es mi milagro.

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Cuando Edward abrió los ojos más tarde esa noche y el alivio brillo en los ojos grises de su esposa, él le sonrió, aún así la preocupación del hecho de que era el único que parecía poder dormir le impidió volver a conciliar el sueño. Isabella era hermosa, indescriptible y mayor. Eso era algo que ninguno de los dos podía negar, ella ya no era aquella niña pequeña que le había salvado la vida.

Quedaba muy poco de la adolescente por la que él había derrapado convirtiéndose en un loco de atar hasta que habían terminado casados y envueltos en la vida. Él esperaba en este punto poder solo tomarse un tiempo para amar, proteger y cuidar de la mujer que ciegamente había sacrificado más que su vida, su amor, por cuidar de él siendo un vegetal.

La había hecho sufrir de tantas formas que sentirse merecedor de un poco del amor que sus ojos destilaban le causaba culpa.

Podía perderse horas en los ojos de Isabella, en las tormentas que sus sentimientos batallaban día a día, pero le molestaba el miedo que brillaba en estos cuando lo veía. Sabía que ella esperaba aún despertar de algún sueño y que él estuviera muerto y el único que podía eliminar ese miedo era el tiempo, y Edward esperaba que tuvieran muchísimo

—¿Cuánto tiempo dormiste? —le susurró aún así con su voz ronca por el sueño. Isabella le sonrió y evitó mirarlo al responder.

—Tres horas. ¿Quieres algo de comer?

Edward tomó la mano de Isabella pues ella hizo el impulso de levantarse intentando alejarse. Sus manos estaban temblando, eran las tres de la madrugada, no tenía hambre más que de sentirla cerca así que tiró de ella hasta que estuvo recostada en su pecho. Isabella suspiró con alivio y eso lo hizo querer maldecir por todo el daño que el haber estado en coma le había causado a su esposa, pero en cambio empezó a acariciarle el cabello despacio mientras intentaba con toda su alma recordar una historia que fuera lo suficiente aburrida como para hacerla dormir.

Empezó a hablar, pero la respiración suave de Isabella y el hecho de que de pronto su cuerpo se puso pesado y se le escapó un ronquido que seguro la haría avergonzarse lo detuvo. Había sido egoísta el atarla a su enfermedad, pero Jasper le había dicho que Isabella creía que era su culpa, que ella ni siquiera se había dejado revisar por ningún médico, que se había negado por años a hablar sobre esa noche, que lo que les había dicho a los policías era solo que Félix la había secuestrado y que su esposo había intentado rescatarla porque él había amenazado con matarla si avisaban a las autoridades.

Pero Edward sabía que nada de lo que ella había vivido había sido fácil, y estaba seguro que no era su culpa. Félix Volkov había disparado a Isabella y él estaba agradecido de haber recibido las balas por ella. Había buscado a su esposa desesperado pensando en que iba encontrarla muerta, la había buscado por días. Emmett y la policía habían hecho hasta lo último por dar con Félix, quien parecía ser una aguja en un pajar.

Los aliados de Isabella en ese entonces eran personas dudosas en reputación pero cuando él escuchó a Amaya D'Angelo decir por teléfono que Isabella estaba en aquella bodega y que Félix la estaba matando, él no lo había dudado. Emmett tampoco, y ambos se habían ido a meter a la boca del lobo.

Cuando la había visto en el piso de aquella bodega con laceraciones que daban terror, con golpes que la tenían inconsciente, sólo había querido llorar como un niño y curarla. Naturalmente, para salvarla de lo que Félix le había hecho ella tenía que salir con él de allí. Cuando Isabella le pidió por tercera vez en sus vidas irse, dejándola en manos de aquel deplorable maldito, fue cuando tomó una decisión, él no iba a abandonarla jamás. No más.

Ella le pidió que se fuera, le rogó, pero él era terco, obstinado y la amaba, combinación peligrosa de sentimientos que estaba dispuesto a sentir por su esposa. Ella valía cada uno de sus sentimientos.

Las cosas no salen como uno planea. Había sentido el primer disparo, su hombro había dolido y casi se había quedado sin aire, pero estaba allí con un propósito, quería salvar a Isabella y ella se estaba aferrando a su mano como si él pudiera hacerlo.

Isabella era una mujer fuerte, era más que fuerte, una mujer especial, preciosa y única en esa relación. Él era débil, y si al contrario de lo que había pasado aquella noche los disparos hubiesen alcanzado a Isabella, quizás no habría tenido la fortaleza que ella tuvo, la fe que prodigó, la forma en la que lo cuido. El solo pensar en los miles de dólares escondidos en los aparatos médicos que ella decía eran suyos lo hacía estremecer, el hecho de que ella hubiese vendido dos de los diez planos que Hyõ le había dejado, esos que eran la herencia de el primer hombre al que Isabella había amado con su corazón, eso lo hacía querer perder el sentido.

Ahora que la tenía en sus brazos y ella parecía reacia a dormir mientras él lo hacía y el alivio brillaba en sus ojos cada vez que lo veía abrir los suyos y sonreír, él estaba dispuesto a sacrificar unas cuantas horas de sueño por hacerla sentir segura. Por hacerla descansar.

—Te amo — la escuchó susurrar mientras la sentía aferrarse a su camiseta tan fuerte que él quiso besarla. Quería borrar a besos todos los malos recuerdos que susurraban a su oído y la llamaban a la oscuridad. Quería ser el dueño de sus sueños y llenarla de vida, esa vida que casi parecía haber muerto irónicamente en sus ojos.

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En términos de salud, él se sentía orgulloso y feliz de poder decir que estaba bien, tenía un cuadro pequeño de desnutrición debido a los años que había pasado en coma, quizás un poco de estreñimiento ya que habían tenido que desviar sus necesidades a una bolsa por años. Sus manos temblaban ante cualquier esfuerzo físico y sus piernas se negaban a apoyarlo, pero Jasper y los diez médicos que lo habían revisado habían asegurado que iba a estar bien, le habían hecho exámenes que lo habían hecho sonrojar puesto que si Isabella estaba dispuesta él quería una familia con ella, estaba listo a ese punto a aceptar lo que ella quisiera ofrecerle, pero necesitaba curar antes su corazón.

Lo sabía. Sabía que posiblemente a este punto Isabella estaba aterrada, quizás demasiado por todo lo que había pasado.

Abrazó y acarició su espalda sintiendo su corazón latiendo junto al suyo. No supo cuánto tiempo había estado sosteniendola cuandoque Jasper tocó la puerta tan suave en un intento de dejar a Isabella dormir. Miró el reloj y notó entonces que las tres horas que su esposa había dormido se habían convertido en ocho ya que eran las diez de la mañana y ella aún parecía estar descansando.

—Pareciera que ahora es una lapa pegada a ti —dijo burlándose con una sonrisa suave sin dejar de mirarla. A Edward no le sorprendió la adoración con la que su mejor amigo estaba viendo a su esposa. Sabía que de alguna manera Isabella era una mujer que despertaba amor en cualquiera aún así sintió celos de la forma en la que Jasper se veía. Era un hombre exitoso, casado con una actriz que le había dado dos hijos y tenía premios en medicina. Él era solo Edward Cullen, el hombre que amaba a Isabella Cullen, aquella mujer que según había leído, había ganado premios grandes de aviación y diseños. Una mujer exitosa nominada a premios que solo hombres habían ganado antes que ella.

—Parece que has superado tu aprensión a mi esposa.

Jasper bufó abiertamente antes de tomar una silla y sentarse sin dejar de mirarla fijamente.

—Sabes que en un principio ella no parecía ser lo indicado para ti. Ella era diferente y tú estabas enamorado de ella de una forma tan rara que me hacía sentir de menos. Mi amor por Alice no llegará jamás a compararse con el que tú le tienes a Isabella. Amo a mi esposa, pero hombre, cuando hablabas de ella… quería sentir eso también. Creo que envidiaba eso, ella te ama igual. Te respira, no puede ni podrá vivir sin ti jamás. Es increíble. Casi podía sentir su dolor ¿Sabes? Cada investigación que fracasamos, la vi envuelta en desesperación, la esperanza muriendo en sus ojos y el tiempo pasaba corriendo sin detenerse.

Edward suspiró audiblemente antes de apretarse a ella.

—Me siento como un chiquillo cuando me mira. Creo que para mí es como si el tiempo se hubiese detenido en el momento en el que fuimos felices y decidimos ser una familia. Sé que me ama, ella no tiene que decirlo en voz alta, me lo demostró, es imposible no amarla de vuelta.

—Pero… —lo interrumpió Jasper.

—Jasper, no soy suficiente, Isabella es…

—La mujer más molesta del mundo que no dejará que termines eso que quieres decir —Jasper sonrió abiertamente mientras Isabella se quitaba del pecho de su esposo y se estiraba en la cama —¿Cuándo empezamos la fisioterapia? —preguntó ella aún con los ojos cerrados. Jasper negó cuando Edward estuvo a punto de decir algo y respondió.

—Creo que deberíamos ir despacio. Siobhan quiere empezar con masajes y…

—¿Puedo hacer yo los masajes?

Edward sonrió abiertamente y Jasper se sonrojó ligeramente antes de levantarse.

—Puedo decirle que te enseñe, pero ella es una profesional y …

—Edward es mi esposo. Es egoísta pero no quiero que nadie lo toque a menos que sea necesario, y los masajes no deben ser cosa de otro mundo, aprenderé. Es mío.

Edward movió la cabeza ligeramente mientras inclinaba su barbilla. Jasper alzó las manos y se fue cerrando la puerta. Cuando estuvieron solos Edward se giró a su mujer y escondió su rostro en sus pechos de forma torpe sorprendiendola por moverse de esa forma, cuando se logró acomodar y sus frentes quedaron a la altura mientras sus ojos se conectaban cómo la luna y el sol Edward le susurró.

—Siempre podrían traer a un hombre que haga los masajes —Isabella se sonrojó cuando las manos de Edward se perdieron en su estómago y empezaron a deambular desde allí a sus costillas robándole el aliento —. Jum… Estás irremediablemente hermosa, el tiempo no ha pasado sobre ti. Recuerdo esto.

El aliento escapó de Isabella y Edward siguió susurrandole al oído

—Creo que nos conviene que me recupere pronto ¿Sabes?

—No hay prisa —le respondió Isabella y Edward sonrió sobre su boca aún sin besarla, sin dejar de tocar sus pechos por debajo de la blusa. Isabella se arqueó haciéndolo desear estar sano y que sus piernas le obedecieran, pero estás estaban entumecidas y empezaron a hormiguear, sin embargo no quería arruinarle nada a Isabella así que la besó, sin importarle nada más que perderse en sus besos. Con desenfreno, con amor, se perdió en sus labios hasta que ambos estaban sin aire y cuando terminó de besarla se lanzó sobre su espalda sintiendo alivio.

—Quizás si tenemos prisa —susurró de pronto Isabella haciéndolo reírse abiertamente a carcajadas.


Esos dos son hermosos juntos jajajaja pero bueno, nos queda un capítulo, chicas gracias por leer. También hay tres outakes más asi que todavía tenemos para rato.

Reviews?

Ann.