Advertencias:
Notas del autor: Los personajes aquí utilizados pertenecen a su creador Vivziepop, el resto, es sólo basura narrativa o morbo literario... depende de su criterio.
El siguiente escrito contiene escenas fuertes como violación, sadismo, gore y diversas filias, así como descripciones enfermas, nacidas de una mente retorcida. Se recomienda ser leído bajo su propio riesgo.
Igualmente, las personalidades de los personajes son en parte OC (out of character o fuera de personaje), para adecuarse más acordemente al ambiente infernal.
Del mismo modo, la representación de la gula y de la pereza, así como el anillo que representan, no son los mismos que los de la serie original, para darle a la trama un toque más "siniestro". Este punto con referente a la representación de la gula y su anillo, espero ampliarlo mejor en otra historia.
Notas del capítulo:
¡Hola a todos! Soy fan del Fizzarozzie y de la escritura dramática/trágica, así que entre todo eso, nació "Infortunio", una serie de relatos (tal vez tres, aún no estoy segura de la cantidad), que serán presentados a modo de one shot, de forma que se pueden ver como historias independientes, pero que en conjunto, narran una historia más compleja. Lo podía dejar como un fanfic con varios capítulos, pero tengo mi atención en otros fanfics, así que prefiero usar éste método para no desechar las ideas, así, las historias cortas que me vienen a la mente son desarrolladas pero no me enfrasco de más en ellas.
El primer relato, (primero en escritura, más puede ser que luego, no en orden), es "Money Money Money!", la búsqueda implacable de Fizzarolli por obtener el agrado de su mentor Mammon, sin contar que la naturaleza del pecado, actuará en todo momento por sus propios fines. El segundo es éste "Sopa deliciosa", el punto de quiebre de una de las estrellas más brillantes del inframundo... ¡Nos leemos abajo!
Relato 2. DELICIOUS SOUP
La relación de Mammon y de Fizzarolli podría describirse con una sola palabra: Desconfianza.
Aunque hubo una época en que el imp, veía a aquel demonio como su ídolo y la prueba fehaciente de cómo debía de ser un regente infernal. No por nada había sido criado desde muy pequeño por él. Apenas tenía unos cinco años o algo así; la verdad, ya no lo recordaba. La representación de la Avaricia había aparecido en la carpa del circo en la que trabajaba como por arte de magia y ofrecido por él, una cantidad fastuosa de dinero que el maestro de ceremonias y su tutor, no se había negado en aceptar.
De esa forma, había sido vendido.
Como una mascota. Como una mercancía. Como un simple trozo de carne...
Ya Fizzarolli no lo analizaba a esas alturas. Y tampoco era como si le importara realmente. El único vínculo que había creado durante su corta estancia en el circo, había sido con su amigo y compañero, Blitzo… Pero habían pasado tantos años desde su separación, que apenas lo recordaba. Estaba seguro de que Blitzo, ni siquiera había sufrido por su partida… O al menos, eso era lo que se decía a sí mismo para no pensar mucho en el asunto, ni llegar a deprimirse debido a eso, puesto que, desde entonces, más nunca tuvo la oportunidad de crear lazos de amistad con nadie más. Quizás, ese era el motivo por el que Fizzarolli, precisamente había acabado volcando todos sus sentimientos hacia aquel que con tanto fervor idolatraba.
Al único que le demostraba afecto como el "hijo que nunca quiso".
No obstante, a pesar de todo su esfuerzo por agradar a su mentor - del cual se había terminado enamorando, envolviéndose en una especie de síndrome de Estocolmo-, todo se vio deshecho el día en que se hubo topado con la representación de la Lujuria…
Ese capítulo en su vida, era como una mancha imborrable. Fizzarolli maldecía aquel día o más bien, aquella noche en que le hubo conocido en persona. La enorme y torcida cicatriz que llevaba encima, le reclamaba el tamaño de su codicia y el de su estupidez. Bastó una noche en la cama de Asmodeus, no sólo para conocer la bestialidad del demonio tricéfalo, sino también para que Mammon lo echase de sus brazos como si fuera una bolsa pestilente. Ya no lo miraba de la misma forma y se encargaba de hacerle la vida imposible. Darse cuenta de la relación enferma que tenían ambos pecados, fue suficiente para que el imp, buscase de arrancar de raíz los sentimientos que hubo sentido alguna vez por la representación de la Avaricia.
Después de todo, Mammon ya no lo quería o más bien, nunca lo quiso, pero ahora no se molestaba en demostrárselo abiertamente. Como si buscase de castigarlo a diario el haberse atrevido a meterse en la cama de Asmodeus, muy a pesar que él mismo, básicamente lo hubo arrojado en sus brazos; todo con el fin de exprimirle al amante de los placeres del cuerpo, todas las ganancias que pudiera.
Aún así, Fizzarolli permanecía al lado del demonio dorado. No podía hacer más. Le debía todo y lo que era peor, estaba consciente de que detrás de la etiqueta de ser su trabajador estrella, se ocultaba el hecho de que realmente, era su esclavo. Había pagado por él una suma que hasta la fecha desconocía e Incluso, el imp pensó en dialogar con el pecado sobre aquel asunto, en busca de una forma de "comprar" su libertad... Pero estaba seguro de que Mammon no le liberaría tan fácil, siendo que había estado por años generándole fastuosas ganancias y en el presente, Fizzarolli era querido y deseado por muchos, siendo todavía comerciable; muy a pesar de que ahora, el propio imp se considerara un ser "incompleto" ...
Mientras el cigarrillo se desgastaba entre sus dedos en medio de estas cavilaciones, el payaso sintió envidia del humo que era capaz de desvanecerse en el aire. Deseaba desaparecer. Dejar de existir sin dejar rastro, como si jamás hubiera puesto un pie en aquellas tierras malditas del infierno… Pero sabía que a dónde fuera, Mammon lo encontraría. Ya se lo había dicho en broma tantas veces en el pasado, cuando aún le permitía hacerle masajes, pero sólo ahora se daba cuenta de la verdad de sus palabras.
Se sintió abatido. No tenía escapatoria alguna más que morir de agotamiento de tanto trabajar. Le dolían los tobillos al igual que sus pies. Los zapatos que había mandado a confeccionar el demonio dorado para él, eran una agonía. Sabía que lo hacía como un regalo, de parte de su odio pasivo, pues a pesar de destilar lo mucho que lo aborrecía, el pecado era capaz de esbozar aquella sonrisa enorme y exclamar unas palabras que estaban atiborradas de un falso aprecio...
El payaso detestaba esa situación. Por un momento deseó volver a aquella época en que no se odiaban y por lo menos, Mammon podía fingir mucho más que no le asqueaba... Fizzarolli tuvo arcadas, producto de su ansiedad, aunque el dolor que llegó a sus dedos debido a las cenizas del cigarro quemándole, lo hizo soltar al suelo lo que quedaba del mismo y apartarse de sus tortuosos pensamientos.
- Ah... era el último...
El imp se lamentó. En contra de los deseos del que se comportaba como su amo, se había escapado aquella noche del palacio para poder perderse en el ambiente nocturno de Avaricia. Aquella actividad febril solía realizarla de vez en cuando, como una forma de desahogarse, a sabiendas de que el pecado jamás le correspondería del mismo modo... Sin embargo, ahora era diferente. No esperaba encontrarse con algún amante para saciar sus ansias de sexo insatisfechas, ni aquella noche, ni ninguna otra. Después de su fatídico encuentro con el pecado de la Lujuria, se sentía avergonzado de quitarse la ropa y lo que era más lamentable: repudiaba el sexo, tanto que, de sólo pensar en ello, se le helaba la sangre.
Sonrió, en una mofa hacia sí mismo. Que su imagen se vendiese como algo que había sido hecho para profanarse, le parecía irónico a esas alturas... Puesto que, no deseaba que nada ni nadie lo tocase, nunca más. Incluso las risas del público, dirigidas a sus actos circenses, ahora le parecían que eran burlas dirigidas hacia sí mismo, como individuo. Era tan lamentable el modo de pensar que ahora lo dominaba, habiendo perdido por completo su autoestima.
Si hubiera podido cubrirse de una especie de material blindado, Fizzarolli estaba seguro, de que sería la criatura más feliz de todo el inframundo.
Pero...
A pesar de que estaba actuando rebelde, cuando hubo salido aún bajo la advertencia de Mammon, en el momento en que fue interceptado y metido en una camioneta, se dio cuenta de que lo mejor, era que le hubiera hecho caso...
... "Si sigues saliendo sin mi permiso... un día de estos, lo lamentarás..."
Ya era demasiado tarde.
Había llegado el día para lamentarlo…
Pensaba que se trataba de un cuento de Mammon, una manera de atemorizarlo y de demostrarle que deseaba mantenerle a salvo. Pero no fue así, se trataba de un hecho factible que, para su mala suerte, estaba viviendo en carne propia aquella noche. Como era de esperarse, forcejeó, en un intento de soltarse y salirse del vehículo. Más un fuerte golpe lo dejó inconsciente y no supo cuánto tiempo permaneció así, sumido en la penumbra de una mente desvanecida.
Odiaba dormir. Mucho más odiaba desmayarse. Venían recuerdos a su mente y no eran para nada agradables.
Por suerte, pudo salir de aquellos horrendos sueños cuando comenzó a despertar de su letargo... Aunque, de haber sabido lo que le esperaba, Fizzarolli hubiese preferido mil veces, nunca haberlo hecho...
Cuando el imp abrió los ojos, sabía que no estaba en su departamento. Comenzó a sentir algo de vértigo al no hallar ninguna ventana en la habitación y básicamente, encontrarse en un espacio en penumbras. Nunca solía recibir tragos ni comida de extraños. No sabía cómo ni en qué momento, pero le habían colocado algo a su bebida o comida y ahora, estaba por sufrir las consecuencias...
"No... eso no fue lo que ocurrió..."
En medio de su desorientación por el golpe recibido, comenzaba a mezclar lo ocurrido con suposiciones y ya no recordaba qué había pasado en realidad. Sin embargo, había un hecho indiscutible: Había sido secuestrado.
Trató de soltarse, pero le fue inútil. Le habían amarrado muy bien de pies y manos, lo cual lo hacía sentirse peor. Quería quitarse esos malditos zapatos que le aplastaban los pies. No se los había cambiado al salir porque estaba tan ansioso por despejarse, que lo había olvidado; corriendo como un niño hacia la calle con la esperanza de mojarse bajo la lluvia o recibir en su rostro, los copos de la primera nevada... Ahora, la sangre acumulada en aquel punto, le pulsaba como si de pronto, sus pies se hubiesen vuelto una masa convulsa.
Suspiró... De nada servía que gastara sus energías en forcejear. Quién le tenía atrapado, sabía muy bien lo que hacía y por ende pensaba, que lo mejor que podía hacer esa esperar y así lo hizo.
Seguramente sus captores querían dinero. No se preocupaba por ello. Era una estrella en potencia en varios círculos y su manager, era nada más y nada menos, que la representación de la Avaricia. De ese modo, Fizzarolli estaba seguro de que Mammon, tarde o temprano lo sacaría de ese aprieto... y esperaba que fuera lo más pronto posible.
Allí estuvo encerrado por tanto tiempo que dejó de contar los minutos. Estaba bastante cansado, tenía calor y mucha hambre. No sabía si estaba siendo vigilado pero lo más seguro, era que había cámaras dentro de la habitación.
El imp trató de sentarse, arrastrándose como pudo hasta chocar con una de las paredes, recostándose en ella. Su respiración se hallaba agitada, debido a la incertidumbre de no saber qué iba a ocurrir. No quería comenzar a temer por su vida, pero cada vez que pasaba más tiempo, empezaba a creer que sus secuestradores realmente no sabían quién era él y simplemente había sido una captura que acabaría con un deceso terrible...
Estaban en el anillo de la Avaricia después de todo. No era la primera vez que se enteraba de imps que eran privados de su libertad para luego desaparecer sin dejar rastro, sin que se pidiera un sólo rescate por ellos y acabando en nidos de ratas... Llegó a pensar si se trataría de ese, su final desafortunado.
- ¡Mierda... mierda...!
Comenzó a desesperarse... Él era una estrella ¿Por qué tenía que acabarse su fama de ese modo tan infeliz? Había soñado con tantas cosas desde niño y luchado incansablemente para llegar hasta donde estaba... Le parecía injusto todo lo que le había estado ocurriendo. Realmente no se merecía lo que fuera que estaba por sucederle. No se lo merecía… ¡Definitivamente no se lo merecía!
"Mammon... ¡Mammon!" Era lo único que estaba en su cabeza... Como si fuera capaz de oírlo... Quería verlo. Quería escuchar su odiosa voz y recibir sus comentarios hirientes. Que lo golpease, que lo patease, que le hiciera lamerle los pies… ¡Que le hiciera lo que quisiera, pero que viniera por él!
El imp se sintió terrible. Tantos años dependiendo del pecado, lo llevaban a sentirse indefenso cuando no estaba a su lado… No… todo había ido en declive desde esa noche en que había estado en la cama de Asmodeus y luego, había sido sentenciado a convertirse en lo que era. Pero, no quería pensar en eso. Sólo quería volver "a casa".
Inesperadamente, como una especie de respuesta a su ruego, la puerta del fondo comenzó a hacer un sonido, abriéndose lentamente. Fizzarolli sintió una mezcla de felicidad y miedo, pues deseaba salir de ese sitio y tener algo de contacto con otro ser vivo para no seguir luchando con sus pensamientos de autodestrucción. Pero, la apariencia del sujeto que entró, le arrebató la poca sensación de bienestar que se había producido en su interior tras su repentina llegada.
Aquel demonio, tal vez de su misma altura o un poco más alto, estaba vestido completamente de negro y sobre su cabeza, seguramente para cubrir su identidad, llevaba puesta una máscara de la horrenda mascota del parque de Mammon, "Loo Loo Land". Eso provocó una mueca de extrañeza de su parte, más a pesar del pánico que lo invadía, Fizzarolli se atrevió a hablar.
- … ¿Dónde estoy?... ¿Qué… es lo que quieres de mí…?
La pregunta, hecha con dificultad, no tuvo respuesta. El sujeto permaneció de pie, completamente estoico, observando al imp a través de la máscara sin hacer ningún ruido. Fizzarolli de la misma forma guardó silencio, manteniéndose atento a los movimientos del otro a pesar de que estuviera muerto del miedo. Sin embargo, el hombre parecía querer atosigarlo con su presencia pues, así como apareció, simplemente se esfumó.
El oxígeno volvió a ser respirable en cierta forma. La necesidad de compañía, que había estado embargando al payaso, todo ese tiempo que hubo estado solo, desapareció de golpe con la visión de aquella figura tan tétrica ¿Cuáles eran sus intenciones? Había esperado que le comentase algo o le hiciera interrogantes que le permitiesen saber sus objetivos… pero el hecho de que simplemente lo observase, sin mencionar una palabra, le parecía peor…
El imp, como pudo se enrolló en sí mismo. El hambre que había empezado a tener, ya no le parecía tan relevante, siendo que la sensación se había mezclado agresivamente con la aflicción que provenía de su miedo.
De ese modo, permaneció envuelto en esa habitación oscura, esperando el momento en que fuese liberado. Pero a medida que pasaban las horas, Fizzarolli se iba desesperando ante el desconocimiento de su destino. Ya no sabía ni qué hora era, ni cuántos días llevaba allí. Más si hubiese sabido lo que le aguardaba, hubiera preferido no pensar mucho en ese asunto.
Cuando el sujeto volvió a aparecer, el imp mostraba evidentes símbolos de agotamiento. No había podido dormir más que unos escasos minutos, dado que siempre acababa por despertar, ante el constante estado de alerta en el que permanecía su organismo desde que había ingresado en esa habitación.
- ¿Dónde estoy?... – Volvió a hacer aquella pregunta, con la esperanza de que esta vez, le contestase - ¿Quién eres?...
Más, sin embargo, no recibió de aquel demonio más que silencio y muy poco movimiento. Eso, lo fue llenando poco a poco de pavor, sobre todo cuando el sujeto, buscó de acercarse hasta él, reaccionando de inmediato echándose para atrás, arrastrándose como un gusano. Fizzarolli no pudo verlo por su máscara, pero en aquel momento, su captor sonrió. Estaba realmente disfrutando del modo en que actuaba sin siquiera haberle hecho un rasguño.
- Si esto es por dinero... sea la cantidad que sea, puedo pagarla...
- ...
- Si hablas con mi representante, él te puede dar todo lo que pidas. Yo te puedo brindar su información...
- ...
Una vez más, el extraño volvió a irse de la habitación, dejándole a merced de sus sombríos pensamientos durante horas. El imp estaba exhausto, hambriento y mojado, por el sudor y su orina, pues había tenido que hacerse encima al ser incapaz de desatarse las manos para siquiera, satisfacer aquella necesidad en una esquina. Poco a poco, fue desistiendo de soltarse. Sus muñecas le dolían por el esfuerzo y su piel, se había acabado desgarrando por el roce excesivo con aquel material que le apretaba, así que ahora el más mínimo intento, le dolía terriblemente hasta el punto de comenzarle a sangrar. Tanto era su malestar, que los espantosos zapatos que le apretaban, ni se cruzaban por sus pensamientos.
Ya no le importaba echarse en el suelo, no tenía fuerzas para sentarse o acomodarse en una pared. Tampoco le molestaba el calor, ni que su maquillaje se había estropeado, que apestaba y mucho menos que los insectos buscaran de subírsele encima al primer descuido. Todas esas preocupaciones se habían vuelto completamente ínfimas ante el bombardeo de su mente atribulada.
Cada minuto que pasaba, perdía la esperanza de salir de esa negra habitación y se sentía miserable. Estaba tan devastado, que inclusive prefería que su vida, hubiese acabado la espantosa noche en que se había atrevido a retar a Asmodeus, así por lo menos, no estaría siendo devorado por su propio estómago y su mente.
Mientras tanto, en otra habitación, el secuestrador observaba a Fizzarolli a través de una de las cámaras que tenía instaladas. Con una enorme sonrisa, se sirvió algo de cereal de la marca "Fizzarolli" y comió tranquilamente mientras que seguía viendo al otro, sufrir en la oscuridad. De pronto, su "programa", fue interrumpido ante una llamada telefónica. Una vez que atendió, su sonrisa cínica se extendió mucho más en su rostro.
El sujeto acabó de comerse el cereal y luego, como un niño emocionado, comenzó a contemplar todos sus "juguetes" debidamente acomodados: diversas herramientas que había escogido precisamente para encargarse de ese trabajo.
Por años se había divertido en esos espectáculos exclusivos y nunca esperó que tendría la oportunidad de oro de poder tener un compañero de juegos tan especial como aquel. Se sentía como un coleccionista, al cual le llega a las manos el producto que ha estado esperando por mucho tiempo, con una devoción enferma.
Fizzarolli estaba mareado. Había vomitado un par de veces y le dolía la cabeza. Prefería que aquel sujeto lo drogase de nuevo, pero por lo visto, en sus intenciones estaba el reducirlo con la supresión de comida y agua, para así, hacerlo pasar por tales dolencias mientras estuviera consciente.
Cuando la puerta volvió a abrirse, el payaso no se molestó en siquiera buscar de hablar, pero sin duda, se sorprendió de ver que aquel hombre esta vez, aparecía con el rostro descubierto, dándose cuenta entonces de que se trataba de un imp, igual que él; pero con cabellos cortos y claros, cuernos de tamaño estándar y llevaba puestas unos anteojos. Le pareció bastante normal de hecho y le impresionó que alguien como él, fuese precisamente el que lo hubiese encerrado pues, no lucía peligroso.
Más luego, una corriente gélida le recorrió la espina dorsal.
Algo se lo dijo, quizás el instinto, que algo malo iba a suceder, porque un captor no revelaría su identidad a menos que fuera a darle fin a su víctima… Sea como fuese, por un momento, Fizzarolli se sintió aliviado al saber, que todo por fin acabaría.
- Oh, Fizzarolli… pero qué mal te ves.
Mencionó el sujeto con una sonrisa amplia en sus labios y hasta riendo un poco, luego añadió:
- ¿Qué ocurre? ¿No tienes suficiente energía como para hacer tus chistes de mierda?
El aludido no mencionó palabra alguna, lo miraba desde su posición, confundido, asustado y completamente expectante.
- No me mires así. No soy el villano aquí. – Se agachó, para estar a su "altura". - ¿Crees que me atrevería a hacerte daño? – El tipo se llevó las manos al pecho e hizo un gesto dramático. – Que poca estima le tienes a tu fan número uno...
Su corazón palpitaba frenético. La cabeza le daba vueltas. Sin embargo, aquello no le pareció extraño. Fue entonces cuando Fizzarolli lo comprendió, se trataba de un fan obsesivo. En cierto modo, eso lo calmaba. Creía que, si era lo suficientemente astuto, podía convencerlo para que lo dejase en libertad. Sólo tenía que arreglárselas para asegurarle de que estaba de su lado y de que haría lo que quisiera para complacer su "corazón de fan" y con eso, el payaso podría zafarse de ese embrollo. Pero la improvisación no era algo fácil de realizar cuando has estado por días recibiendo terror psicológico…
- ¿En serio?... Me siento muy halagado… - Mencionó el imp maltrecho, tratando de formular las palabras en su cabeza, la cual no dejaba de taladrarle el cráneo con un dolor incesante - Dime… ¿Hay algo que quieres que haga por ti?
- ¿Mmm? Pues… Si, hay un par de cosas, Fizzarolli. Pero, todo a su tiempo…
El peliblanco se puso de pie y Fizzarolli se alarmó ante la posibilidad de que pudiese marcharse y dejarle solo de nuevo.
- ¡Espera! Por favor…
Fizzarolli exclamó, casi con desespero. Captando la atención del sujeto en el acto.
- ¿Podrías… darme algo de agua?... te lo imploro…
El otro le miró, como si estuviera grabándose la reacción de súplica de su rostro y luego de unos segundos incómodos, le prometió que volvería luego con algo de agua y comida.
Fizzarolli no pudo evitar mostrar una débil sonrisa. Saber eso había sido como si los dioses o deidades del infierno, se hubieran apiadado de él (N/Sue: no sé cómo aplicar esa frase en el infierno o.o?), por lo que, el resto del tiempo que estuvo solo, permaneció esperando el regreso de su "fan", con un anhelo retorcido en su interior.
No tuvo que esperar mucho. El hombre volvió al poco tiempo con la charola en donde había estado comiendo el cereal y la colocó en el suelo, pateándola hasta donde estaba Fizzarolli. El imp, completamente alarmado, se encogió en su sitio ante el acto. Se arriesgó y notó que el plato estaba vacío, mirando después al sujeto sin decirle nada.
- Debes estar sediento ¿No, Fizzarolli?
La expresión por parte de Fizzarolli luego de escucharle, destilaba lo aterrado que estaba tras sus palabras. No sabía si lo decía en serio o a modo de burla. No obstante, no dijo nada. Sólo observó.
- Entonces, abre la boca y bébetelo todo.
Lo que vino luego, llenó a Fizzarolli de una mezcla de impotencia y repulsión. El peliblanco se hubo sacado el miembro y comenzó a orinar enfrente de él, cayendo aquel líquido amarillo y caliente dentro de la charola. La garganta del payaso, completamente seca, parecía haberse cerrado de pronto, ante la sola idea de que aquello transitara por su cavidad. El sonido de la orina saliendo como un chorro, se escuchaba intensamente en esa habitación cerrada, semejante al ruido de un grifo abierto. Mientras que el imp en el suelo, no se movía de su sitio.
- Ah… ¿No lo harás? Te advierto que, si no obedeces, no te daré nada de comer.
¿Acaso pensaba que era estúpido? Si le había ofrecido orina, pidiéndole agua, lo que le diera de comer, seguro sería igual de peor. Al ver que Fizzarolli no le hacía caso, aquello pareció molestar al otro imp. Inmediatamente, dirigió el chorro de orina al rostro de Fizzarolli y éste al ser incapaz de cubrirse, comenzó a ocultar su rostro como pudo en el suelo.
- ¡¿Por qué no obedeces?! – El peliblanco, una vez que hubo acabado de descargarse, se acercó a Fizzarolli y tomándolo de los cuernos, levantó su rostro para seguir gritándole. -
¡¿Te crees que esto es un juego?! ¡¿No te has dado cuenta de que puedo hacer lo que quiera contigo?! ¡Aquí no eres nadie… ¿Lo entiendes?!
Acto seguido, estampó su cabeza contra la charola, manteniendo su rostro metido en el plato con orina, haciendo presión con ambas manos. Fizzarolli se retorcía, pero en las condiciones que estaba, apenas y podía moverse.
- ¡Ah! ¡Basta! ¡Detente, por favor!
Pidió Fizzarolli cuando el hombre le hubo levantado para evitar que se ahogase. Le había entrado orina por la nariz, la boca y los ojos, chorreándole todo el rostro.
- Eres tan patético… - Luego agregó, con una furia contenida: - Me das asco…
Fue lo que exclamó para luego soltarlo cruelmente a un lado. El peliblanco metió entonces las manos en los bolsillos y le arrojó encima lo que había sacado de ellos: Cereal de la marca "Fizzarolli".
- Buen provecho. – Fueron sus palabras antes de marcharse.
Fizzarolli lloró en silencio, llevado por la rabia y todos los malestares que parecían estar batallando en su interior para ver, quién lo hacía sentirse más miserable.
Cuando se hubo tranquilizado un poco, buscó entre la oscuridad y se comió lo que encontró de aquel cereal, tanteando en el suelo con la lengua. Luego, por más que lo intentó, con el pasar del tiempo no pudo contenerse. Se arrastró hasta dónde sabía, se encontraba el plato lleno de orina y con la garganta seca, casi cerrada por la falta de líquido, tomó valor para comenzar a beber de aquello, aguantando la respiración, para no tener que olerlo y neutralizar un poco su sabor. A medida que bebía como un perro, las lágrimas surcaban por sus mejillas. Trataba de no pensar mucho en lo que hacía, le ayudaba la temperatura, puesto que le había sido más difícil de tragar de estar caliente o eso pensó… simplemente quería saciar su necesidad tortuosa de hidratarse y cuando menos se lo esperó, se había bebido todo; aguantándose las ganas inclusive de lamer el plato como una prueba de que aún, conservaba un poco de dignidad.
Fue entonces cuando volvió a tener ese pensamiento que lo había acompañado por meses, como una sombra mal cosida a sus zapatos apretados…
A esas alturas, sólo quería morirse…
Para su desdicha, su muerte no estaba tan cerca…
Apenas bastó un día para que su captor volviera a atormentarlo en su celda, aprovechándose de la debilidad presente en el cuerpo de Fizzarolli debido a la falta de hambre, la deshidratación, el sueño y el miedo.
La sonrisa en el rostro de aquel hombre era tan maniática que lo desconcertaba.
- Por favor… comunícate con mi agente…
Suplicó, cansado y a la espera de que le hiciera caso.
- Oh, Fizzarolli ¿Crees que el dinero es lo único que me importa? No soy cómo tú, pedazo de mierda. Tú que te vendes como un objeto para que hagan obscenidades con él… Dime ¿Realmente no sabes quién soy?
Estaba mareado. A esas alturas, le era difícil mantener la conciencia hasta el punto de no saber si el hombre estaba realmente allí o se trataba de una creación amorfa de su malvada mente. Sin embargo, la pregunta formulada lo confundió y mencionó sin pensarlo:
- ¿Mi… admirador número uno?
La respuesta que hubo dado, fue como una bofetada para el oyente, retirando la sonrisa de su rostro casi de inmediato.
- No me refiero a eso, estúpido… - Dijo, con absoluta inconformidad en su tono: - Si, tú fan número uno… O al menos, eso era hasta el día en el que te conocí y me trataste como un pedazo de basura…
El ritmo cardíaco del payaso se aceleró y el pánico, vino a sobrecogerlo ¿De qué hablaba? ¿Cuándo había sucedido eso?
Por supuesto que había pasado y por supuesto que no lo recordaba. Había pasado unos cinco años atrás…
***FLASH BACK***
Tenía unos dieciséis o diecisiete años y en ese tiempo, Fizzarolli vivía en la opulencia. No le importaba otra cosa en el inframundo más que el pecado de la Avaricia. Siendo básicamente acogido por él desde que había sido un infante, con el pasar de los años, había aprendido a admirarlo y hasta a amarlo. Pero, debido a que sus sentimientos no eran correspondidos, el pequeño imp se conformaba con las migajas que venían en forma de palabras fraternales que Mammon, le brindaba cada vez que le llenaba los bolsillos.
Esas palabras para él, eran mucho más valiosos que los aplausos de su público y que el cariño de sus fans. Por eso, el día en que el demonio dorado le hubo obsequiado el más costoso de los trajes, se sintió el ser más feliz de todos. Sus grandes ojos no se apartaban de los elaborados encajes ni de la tela brillante de la cual, pendían joyas como si fueran rocío. Sabía que tenía que ser especial para que la representación de la Avaricia le diese un regalo tan caro y con eso en mente, el payaso se sentía valioso, único e inigualable.
Arick Burnie Burnz por el contrario, era un imp que había dedicado la mayor parte de su vida a seguir las andanzas de Fizzarolli, aquel payaso del cual había quedado prendado desde que lo había visto por primera vez, cuando ambos eran niños. No escatimaba a la hora de asistir a sus shows, comprar toda la mercancía que salía con su nombre, así como pagaba por cosas en línea que algunos de los habitantes del palacio robaban para vender – como cepillos de dientes usados, ropa y cosas así - e inclusive, Arick se las había arreglado más tarde para conseguir un trabajo mal pagado en el equipo del circo de Mammon, con la esperanza de algún día, lograr conocer a su ídolo y poder trabajar a su lado en el escenario. Cada noche, después de salir de un trabajo donde era severamente explotado, practicaba y practicaba sus actos, con la esperanza de ser reconocido, imaginando cómo sería su vida al lado de aquel que tanto "amaba" ...
Todo su mundo giraba en torno a Fizzarolli y sólo su existencia, le hacía la vida en el infierno, completamente tolerable.
Una noche de una fiesta importante en el palacio de la representación de la Avaricia, aquel fan se las hubo arreglado para ingresar y una vez que vio a su ídolo, hermosamente engalanado, como un muñeco de vitrina, no pudo controlar su emoción… Corrió hasta él y lo tomó del brazo, con la esperanza de conocerlo al fin en persona, de escuchar hermosas palabras de su parte que le hicieran sentirse que todo el sufrimiento por el cual pasaba a diario, valía la pena…
Ante aquel gesto inesperado y tan repentino, Fizzarolli reaccionó de golpe y de una sacudida fuerte, alejó al peliblanco.
- ¡No me toques!
- Fizz…
- Que asco… Me ensuciaste…
La sonrisa de emoción que había estado manteniendo Arick desde que se había topado con el objeto de su devoción, se tornó en una expresión de asombro mezclada con lamento.
- Yo… lo lamento… He estado trabajando en tu equipo desde hace un tiempo y yo… realmente quería conocerte…
- Esta no es una fiesta para cualquiera ¿Entiendes? – Mencionó, sin prestarle atención a sus palabras.
En el momento en que Fizzarolli lo miró con desdén, para luego, proceder a sacudirse el traje, sintió que algo se hubo quebrado dentro de él…
- No me hagas perder el tiempo y desaparece… - Hizo una pausa y agregó: - Ah… y estás despedido.
Mientras que el payaso de finos trajes le daba la espalda y unos hombres se acercaban rápidamente para sacarlo de la fiesta y molerlo a golpes, Arick, el ex fanático de Fizzarolli, juró que un día, le haría pagar por el daño que le había causado…
***FIN DEL FLASH BACK**
Y allí estaba el desquiciado Arick… luego de tantos años a punto de volver realidad su venganza. Era tan fascinante como el destino se había confabulado para llevarlo exactamente hasta ese punto, que era delicioso. El hombre se relamió los labios y Fizzarolli, sólo pudo continuar encogido ante su pavor, temblando como un animalito bajo la lluvia. No tenía la más mínima idea de cual había sido su pecado ni que tenía en mente aquel sujeto. Lo cierto era que él mismo, ya no era ni la sombra de lo que era antes cuando se dejaba seducir por la fama y la fortuna, de modo que creía, no merecía el sufrimiento que estaba por experimentar… Pero, así no funcionan las cosas ¿O sí?
- Antes de que comience el espectáculo, me divertiré un rato contigo…
- ¿De qué… hablas?
Realmente no quería saberlo. No quería saber qué tenía pensado hacerle.
- No sabes cuantos putos muñecos con tu cara me he comprado, Fizz… y ninguno me ha satisfecho por completo…
- No…
Sólo eso salió de sus labios, en forma de un quejido ahogado y buscó de inmediato de arrastrarse por el suelo para intentar escapar, aunque le fue inútil estando atado de pies y manos y sin energías. Arick, quién parecía disfrutar del modo en que se arrastraba, se apresuró en acercarse y usar el peso de su cuerpo para básicamente subirse encima de él, llevando sus manos al fino cuello, para empezar a estrangularlo.
- ¡Quédate quieto o te mataré!
- ¡!
Fizzarolli se movía de un lado al otro, intentando quitarse de encima al sujeto, llevado por su sentido de supervivencia más que por su verdadero deseo de vivir, pero era inútil. De sus labios salían sonidos inaudibles y por más que trataba, el aire dejó de acceder a sus pulmones, provocando que perdiese el sentido…
Deseó que lo hubiese matado, pero al parecer su captor sabía exactamente lo que hacía, deteniéndose en el momento preciso. Luego, cuando lo reanimó Fizzarolli tosió fuertemente, sintiendo un dolor tan desgarrador en su garganta seca y lastimada que pensó, acabaría escupiendo sangre.
- ¿Qué carajos es esto...? ... - En el rostro del otro, se notaba el desconcierto. - ¿No se supone que eres un hombre? ¿Dónde está tu verga?... ¡¿Qué mierda eres?!
- ¡!
Sólo entonces se percató de que se hallaba completamente desnudo. Sudó frío y por primera vez, la mirada de Fizzarolli era distinta, colmada de excesiva vergüenza. Sus piernas, que ya no se hallaban atadas, buscó de cerrarlas para evitar que siguiera observando lo que más le daba vergüenza. Comenzó a llorar.
"¡No me mires…!"
Parecía decir con ese gesto. Pero su captor no le quitaba la mirada y de paso, seguía juzgándole. Lo que quedaba de su sexo, era una cicatriz horrenda y torcida como recordatorio de la noche que se hubo atrevido a jugar con fuego... Ese castigo tan cruel, le había marcado para siempre y sentía que era la razón de toda su ruina.
A pesar de las malas lenguas, Asmodeus no se tomaba el sexo a juego y cuando se hubo dado cuenta de que el payaso, había aprovechado la oportunidad en que lo había metido en su lecho, para robarle, la furia que sintió fue tan inmensa que estuvo a punto de volverlo cenizas o de triturarlo bajo el peso de sus botas… Pero, podría decirse que, a pesar de todo, Fizzarolli se hallaba iluminado por una buena estrella, ya que, a sabiendas de que se trataba del favorito de Mammon y por evitar un desacuerdo con el otro pecado, la representación de la Lujuria se hubo limitado a llenarle el intestino de esos mismos objetos que había hurtado y a llevarse su pene como venganza...
Aún a la fecha, el imp recordaba aquel evento con amargura y resentía la decisión estúpida que lo había llevado hasta ese punto… todo por agradar a alguien que parecía odiarlo.
Ese había sido su castigo y el muy miserable de Mammon no le había ayudado más que para evitar que muriese desgarrado y desangrado, burlándose en medio de su desgracia, como si él no tuviera nada que ver en el asunto. El daño que presentaba era mayor que el estético. Fizzarolli no podía comer nada sin sufrir las terribles consecuencias de un intestino que había sido claramente reconstruido, quedando apenas salvable un trozo que a duras penas cumplía con su función orgánica. Si no fuera por las pastillas con la que se mantenía dopado la mayor parte del tiempo, Fizzarolli no podría sobrellevar el malestar. Pero extrañamente, el hecho de no poder comer le importaba menos que haber perdido su virilidad... Sin ella, no sabía lo que era y Mammon se encargaba de recordárselo a diario.
- Bien… supongo que esto lo hará más divertido…
- ¿?...
No le comprendió o más bien, no quería hacerlo…
- No…
Los ojos de Fizzarolli se abrieron al máximo cuando el sujeto sacó un cuchillo ¿En dónde lo había estado ocultando? Eso era lo de menos. Lo más preocupante vino después, cuando en medio de su forcejeó e intento inútil por alejar al tipo, éste acabó por enterrarle el arma blanca en aquella herida antigua que tanto le había costado sanar, en medio de las insalubres condiciones en la que había sido atendido en el hospital de Avaricia. El grito de dolor que escapó de su boca, se extendió por toda la habitación y pareció gustarle a aquel que le hacía daño, pues una enorme sonrisa, fue su reacción ante el modo en que Fizzarolli gritaba y suplicaba.
- Eres… tan hermoso…
Estaba loco. Aquel tipo tenía que estarlo. Trató de alejarse, en medio del dolor, arrastrándose por el suelo como un gusano rastrero al que le han cortado un pedazo, pero el peliblanco se lo impidió, jalándolo y volviéndose a subir arriba de él para continuar apuñalándolo repetidas veces sin ninguna clase de misericordia; primero en los muslos y otros lugares aleatorios para acabar dirigiendo todo su enojo contenido por años, a la entrepierna del payaso. La sangre salía a borbotones y el sufrimiento de Fizzarolli, aumentaba a medida que seguía acribillándolo. Lloraba y gritaba, agitándose de forma errática, pero parecía que por más que se quejara, más alimentaba el deseo enfermo de aquel imp de verlo destruido, pues en su rostro se había cincelado una sonrisa y se reía maniáticamente.
- ¡Por favor! ¡Basta! ¡BASTA!
Pataleaba, se retorcía… pero no podía detenerlo. Iba a matarlo. Estaba seguro… Pero Fizzarolli hubiera preferido mil veces recibir aquellas puñaladas directamente al corazón que en su maltratada entrepierna. Cerró los ojos con fuerza y esperó que la muerte viniera a sacarlo de su agonía…
Para su suerte o quizás su desgracia, el atacante se detuvo en medio de su tormento y lanzó el cuchillo ensangrentado a un lado. Luego de alejarse lo suficiente, admiró su obra. Observó la sangre emanar de lo que parecía ser un cúmulo de picadillo de carne como un río negruzco... Le pareció tan perfecta la escena que se llevó las manos a la boca para cubrir una sonrisa, propia de aquel que está sumido en la maravilla de lo que ha hecho. No podía creerlo… Luego de años deseándolo, por fin tenía la posibilidad de hacerle daño a aquel que lo había lastimado y en su mente enferma, era maravilloso. La adrenalina era tanta, que Arick la sentía recorrer cada centímetro de su cuerpo, al igual que una ráfaga intensa ¡Nunca se había sentido tan vivo! Soltó una fuerte carcajada y se lamió los dedos, saboreando la sangre del payaso que se encorvaba en el suelo del dolor.
El dolor espantoso que sentía Fizzarolli era lo único que lo mortificaba y por eso, fue incapaz de darse cuenta también de que todo eso había excitado terriblemente al perpetrador.
Se percató de ello cuando el peliblanco, luego de bajarse los pantalones, volvió a acercarse a él e hizo lo impensable: Le metió la erección en aquel agujero que le había hecho con el arma blanca y que componía la unión de lo que quedaba de su sexo y su ano. Fizzarolli estaba en shock, incapaz de procesar lo que estaba pasándole. No conforme con haberlo "violado" con el cuchillo, ahora lo hacía con su propio miembro. Todo aquello le parecía una pesadilla ¿Por qué no terminaba de desmayarse o de morirse de tanto dolor?
No tenía caso tratar de resistirse. Era incapaz de hacerlo. Sólo se quejaba tras cada embestida o cuando el tipo lo abofeteaba o ahorcaba como parte de su descarga de violencia.
Lo único que le daba esperanza al payaso, era saber que acabaría muriendo desangrado dentro de poco. Ya no pensaba en que Mammon vendría a rescatarlo. A esas alturas estaba tan humillado que no podría soportar vivir. Con la cabeza ladeada y mientras el sujeto le cogía como si fuera una muñeca diseñada para el placer, Fizzarolli fijaba su atención en el brillo que destilaba el cuchillo, lleno de sangre a lo lejos. Quiso tener aquel objeto en la mano. Lo deseó con todas sus fuerzas… Estiraba sus dedos y arañaba el suelo… Pero era incapaz de alcanzarlo, sus manos seguían atadas. Pero, de haber podido tomarlo, no pensaba en usarlo para defenderse, sino más bien, para acabar con su propio sufrimiento.
Así nadie más, tendría el derecho de amedrentarle…
No supo en qué momento perdió el sentido y mucho menos cuando el sujeto acabó llegando al clímax en medio de su carne viva, procurando que todo su semen, le quedase adentro. Quizás como una forma de humillarle o simplemente porque se sentía demasiado bien cogiendo sus carnes hinchadas.
- Maldición…
Reaccionó al salir del estupor propio del orgasmo y actuó de inmediato. Sabía que, si no se apresuraba, Fizzarolli moriría y eso, no podía permitirlo…
La oscuridad llegó a él, ésta vez como una amiga compasiva y lo cobijó con un manto que se apiadaba de su ser atormentado. A Fizzarolli ya no le importaba pertenecer el resto de la eternidad a esa oscuridad. Todo era mejor que volver al infierno en donde vivía y sufría…
Pero, cuando abrió los ojos, recordó en donde estaba y lo que había pasado.
Había sido drogado y su vida, salvada por muy poco. En ese momento se dio cuenta de que era un desgraciado por haber sobrevivido de nuevo. No tenía fuerzas para moverse y le dolía hasta la punta de los dedos. Ya no llevaba puestos los costosos y estranguladores zapatos, pero ya no le parecía un alivio aquel descubrimiento. El punzar abominable de su zona baja, era lo que lo había despertado y su interés principal. Su captor le había tratado la herida, pero tanta brutalidad no se curaba de un día para otro y era seguro que no tardaría en infectarse, si es que ya no lo estaba. Fizzarolli ya no temía si podría ir de nuevo al sanitario o comer adecuadamente. Su preocupación era hasta cuando tenía pensado aquel demonio tenerlo con vida y que clase de cosas enfermas tenía en mente hasta que llegase ese punto.
Las lágrimas salían de sus ojos, pero nada más. No sabía cómo su cuerpo, era capaz de generar tantas lágrimas…
Una parte suya, que pensaba en su sobrevivencia, le decía que, si tal vez cooperaba con el maldito, podría encontrar un modo de escapar. No obstante… ¿Tenía acaso algún sentido? A esas alturas, Arick no necesitaría que le diera su cooperación de buena gana. El payaso ya no tenía fuerzas para nada y si en ese instante, llegaba de nuevo para abusarlo, estaba seguro de que no podría ni retorcerse.
La cabeza parecía que iba a estallarle en mil pedazos y si hubiera tenido fuerzas, se hubiera acercado a una pared para hacerla chocar repetidas veces hasta quebrársela. También, pensó en morderse la lengua. Si era capaz de volarse un pedazo lo suficientemente grande, la hinchazón podría llegar a asfixiarlo… Ah… pensó en tantas formas de suicidarse en aquel cuartucho inmundo, que hasta le pareció poético, pero todas requerían que tuviera cierta porción de fuerza y en sus condiciones, lo único que era capaz de hacer era de mover los ojos y de quejarse…
De ese modo, llorando y pensando en el suicidio, se quedó dormido o se volvió a desmayar, producto de la fiebre y el dolor… No estaba seguro…
No supo cuando tiempo pasó. Fizzarolli se la pasaba la mayor parte del tiempo dopado y dedujo que su captor, lo estaba curando, limpiando y alimentando vía intravenosa para mantenerle con vida. De ese modo, poco a poco fue relativamente "mejorando". También se percató de que le había cambiado de ambiente en esa ocasión. Aquel lugar, era completamente diferente al agujero oscuro y pestilente al cual lo había metido desde el primer día en que su suplicio, había iniciado. En su lugar, los colores brillantes y estridentes, juntos con luces que le cegaban, decoraban todo.
Se hallaba acostado en una especie de camilla, a la cual se hallaba atado fuertemente de sus muñecas y tobillos. Aunque no verificó este hecho. No tenía fuerzas para intentar zafarse. Le dolían todas las heridas que, a estas alturas, ya era incapaz saber cuales eran, entre cortadas, mordiscos y moretones, sin mencionar la atrocidad cometida contra su pelvis…
Siguió tratando de explorar la habitación con la mirada, pero sus ojos, ya acostumbrados a la falta de luz, hinchados y lastimados de tanto llorar, apenas y podía mantenerlos abiertos. Sin embargo, pudo vislumbrar que todo el espacio lucía exactamente como un set… un set de grabación…
No sabía si era la falta de una buena alimentación, la deshidratación, el dolor o inclusive las consecutivas resurrecciones – Porque a Arick le gustaba estrangularlo de vez en cuando, sobre todo si tenía pensado cogérselo -, pero realmente se le dificultaba pensar con claridad y deducir lo que estaba sucediendo a partir de lo que veía; le era en extremo difícil pensar. Es más, de sólo respirar, se sentía mareado.
No sabía en qué momento el peliblanco llegaría y mucho menos si estaba viéndole en aquel momento. Fizzarolli tenía deseos de intentar soltarse, utilizando su cola para verificar si podía desatar aquellas correas que le cortaban la circulación de las muñecas. Pero estaba tan fatigado, que apenas y podía mover la cola un poco, como el péndulo de un reloj, doliéndole en cada esfuerzo y cuando intentó subir mover la cabeza más de lo debido, estuvo a punto de perder el conocimiento.
Sea lo que fuera que iba a sucederle, no tenía más remedio que esperarlo. Prefería guardar sus fuerzas para mediar si encontraba la oportunidad. Aunque ciertamente, le resultase complicado organizar las palabras en su cabeza.
Cuando Arick entró en la habitación, se veía bastante contento. Fizzarolli apenas y pudo abrir los ojos, siendo que le dolía hasta la propia existencia, pero de pronto, el otro imp se acercó, le tomó del mentón con fuerza y por primera vez, le besó en los labios.
Fue tan extraño que el payaso ni se movió. Fue un beso torpe que duró apenas unos segundos pero que le permitió a Fizzarolli, verle nítidamente el rostro a Arick y pudo reconocerlo de aquella fiesta… esa expresión de psicópata, jamás la olvidaría.
- ¿Estás listo para el espectáculo?
- …¿?
El payaso salió de su estupor ante sus palabras. Realmente odiaba esa pregunta. No fue necesario que le preguntase a qué se refería, su expresión, de completa confusión, fue suficiente para Arick. Le soltó y empezó a prepararse para la transmisión.
Las cámaras en la habitación que hubo ignorado ante su turbación inicial, aparecieron ante sus ojos y le enfocaron… Fizzarolli comenzó a sentir cómo su respiración se agitaba, fue entonces cuando se dio cuenta a través de una de las pantallas que reflejaban la transmisión de una cámara del terrible estado de su cuerpo, excesivamente delgado, lleno de moretones, mordiscos y rasguños. Seguramente le había ultrajado estando inconsciente, no lo dudaba. Apenas unas vendas ensangrentadas le cubrían la zona de la cintura. Vio su rostro demacrado y lloró, lamentándose de sí mismo, dado que era un imp bastante coqueto.
Arick le dijo que no llorase y comenzó a maquillarlo, lo que lo hizo estar más confuso, pero no preguntó nada. Cuando estuvo debidamente maquillado, el peliblanco sonrió y le dijo que se veía hermoso, para finalizar, le colocó una nariz de payaso, quizás como parte de aquel mórbido performance.
Quiso preguntar tantas cosas, pero Fizzarolli sintió que su lengua se enredó dentro de su boca y apenas pudo balbucear.
Arick se colocó una máscara diferente a la que hubo utilizado cuando aquel juego macabro había iniciado, ésta era de arlequín y apenas le cubría la zona de los ojos, para mostrar en su frente unos adornos puntiagudos, muy al estilo circense. Sólo en ese momento se percató de que el imp se hallaba vestido con esa temática.
- Damas y caballeros… Soy yo, su querido amigo "Creepzo", listo para darles algo divertido en sus aguadas vidas. Bienvenidos una vez más a este show especial, sólo para los demonios más exclusivos de todo el infierno…
Apenas y Fizzarolli pudo descifrar lo que había mencionado… El sujeto, estaba presentándose… ¿Ante quién? ¿Quiénes eran su público?... ¿Desde dónde estaban filmando?
- Les mencioné que tendría en esta ocasión a un invitado especial y ha llegado el momento de revelar su identidad… Con ustedes… - Hizo una pausa dramática y agregó con júbilo, señalando al aludido: - ¡El único e inigualable! ¡Fizzarolli!
Las cámaras de nuevo le enfocaron y Fizzarolli se percató de una enorme pantalla, en donde no sólo se veía su rostro, sino la cantidad de demonios viéndole y el chat… estallando en comentarios… ¿Quiénes eran esas personas? Trató de leer lo que escribían, pero era imposible, eran demasiados y en sus condiciones era incapaz de leer, su visión apenas le funcionaba lo suficiente para ver lo que sucedía.
- Durante semanas se ha estado anunciando la subasta y ha llegado el maravilloso momento de comenzar la puja de éste hermoso payaso que, por años, ha encantado a muchos de nosotros…
Por un momento, Fizzarolli pensó que estaba en Lujuria y eso, le heló la sangre… Pensar en ser subastado en el mercado negro de Lujuria, era una pesadilla que aterraba a muchos en el inframundo… No obstante, el destino parecía tenerle algo peor preparado… En ese momento, mientras seguía analizando el directo, se dio cuenta de a qué público estaba dirigido aquello…
Gula.
El anillo en donde el hambre básicamente no existía. Lo que había en cambio, era una necesidad mórbida de devorar… Y cuando el apetito era básicamente insaciable, las criaturas acababan por intentar comer las cosas más exóticas…
- Comenzaría por la parte más "deseada" de todos. Pero lamentablemente, parece que alguien ya se nos adelantó… - Mencionó en forma graciosa, pero con algo de molestia contenida, pues sabía que esa parte, era muy bien pagada por los comensales. – En fin… ¿Quién desea un lindo pie de éste payasito de circo? ¡Mírenlos! Son tan pequeños y hermosos… ¡Miren sus pezuñas!... – Hablaba con un tono de voz aniñado, como aquel que ve algo extremadamente adorable. – Se acercó y le hizo cosquillas en las plantas de los pies con la punta de sus garras.
De pronto, Fizzarolli no pudo escuchar más. Aquel tipo estaba ofertando su pie… Por Satán… ¿Realmente aquello era real?
Fizzarolli reaccionó llevado por el miedo e intentó hacer lo de zafarse usando su cola, pero apenas pudo retorcerse y sus articulaciones, parecieron desprenderse del intenso dolor que le generó luego cuando el peliblanco, le atacó con un teaser. Convulsionó un poco y el chat se llenó de mensajes, de personas pujando para llevarse el pie y otras, riéndose por lo lindo que le había parecido el modo en que el cuerpecito maltrecho del imp, temblaba por el choque eléctrico.
- Que lindo. Quiere huir. – Mencionó Arick con ese tono lleno de fascinación.
Cuando el sujeto se acercó de nueva cuenta a su pie y lo lamió, para el divertimiento de su "público", Fizzarolli ni se movió, estando aún afectado por el repentino choque eléctrico. Quería creer que estaba soñando y que aquella asquerosa lengua que se arrastraba por la planta de su pie, era parte de ese mórbido sueño.
Arick se alejó un momento hasta una especie de mesa en donde tenía expuestas múltiples herramientas y volvió luego para atarle algo en la pantorrilla o eso fue lo que sintió, porque a esas alturas, no estaba seguro de poder diferenciar las sensaciones que experimentaba.
Pero un sonido estridente le hizo salir de su sopor. Sus ojos se abrieron al máximo y gritó al ver la sierra, reaccionando al verla tan cerca de su tobillo:
- No…. ¡NOOOOOOOOOO! ¡AHHHHHHHHH!
De nada sirvió. Arick llevó la sierra afilada hasta uno de sus tobillos y comenzó a rebanarle el pie. Los gritos y la sangre manchando las sábanas y salpicando por todas partes, mientras que la grotesca escena era grabada en tiempo real en el mejor de los ángulos, para que los morbosos que presenciaban aquel acto horrendo, no se perdieran ni un sólo detalle de las pequeñas cuchillas ingresando en su piel y cortándola. La peor parte vino cuando el hueso se interpuso entre los dientes de la sierra, pues el dolor, era insoportable. El peliblanco, de un sólo golpe se lo quebró y entre gritos, sollozos y súplicas, Fizzarolli fue desprendido de su pie izquierdo…
Estaba bañado en sudor. La sangre salía a raudales de la herida que Arick se apresuró en cauterizar, con un soplete para soldar. De nuevo, los gritos intensos por parte de Fizzarolli, al ahora ser quemado vivo. En medio del dolor, se desmayó y con una sonrisa en los labios, el atacante bañado en sangre, alzó el pie ensangrentado y le agradeció al "comprador", que ya había pagado una alta suma, indicándole que la mercancía llegaría en óptimas condiciones hasta su puerta.
Los números de espectadores aumentaron y la cantidad de demonios "hambrientos", pidiendo diferentes partes del desafortunado payaso, también.
Fizzarolli se hubiese escandalizado de haber podido leer los comentarios de aquel streaming. Y es que, aunque no pudiera creerse, todos esos que participaban en ese festín de carne, eran fanáticos del payaso e inclusive, muchos habían asistidos a múltiples de sus shows… Lo "amaban" tanto que deseaban tener una parte de él y lo mejor que podían hacer, era comérselo, pues sabían que, de esa forma, Fizzarolli viviría en ellos…
Aquella noche. Se vendieron ambos pies del imp, posiblemente a unos fetichistas. En su lugar, el payaso ahora tenía un par de muñones quemados que le dolían igual o peor que su entrepierna abusada. Se hallaba bañado en vómito y las arcadas no cesaban.
- Por favor… dame algo… para el dolor… me duele mucho… por favor…
Suplicó mientras lloraba y para su sorpresa, Arick le obedeció y le dio algo que lo hizo dormir por días.
No tardó en darse cuenta de que la razón por la cual soportaba tanto martirio, era porque estaba siendo sometido a los estupefacientes más potentes del anillo de la Pereza. Sólo las drogas de Belphegor eran capaces de hacer soportar a un soldado durante una batalla, para que siguiera peleando a pesar de que le hubiesen arrancado la piel, atravesado múltiples órganos o que tuviera las tripas al exterior.
La única esperanza de Fizzarolli, era que le "vendiesen" todas sus partes lo suficientemente rápido como para matarlo o en cambio, que una sobredosis de esos narcóticos, lo acabasen salvando de ese infierno.
Tuvo fiebre y vomitó tanto que pensó que acabaría por salírsele el estómago por la boca. Transitaba entre el sueño y el despertar tan a menudo, que no sabía cual era su realidad. La única forma de diferenciarlo, era el incesante dolor o la voz de Arick. A veces le hablaba con tanto cariño que su mente le jugaba sucio, haciéndole creer que debía sentirse agradecido con aquel que le limpiaba hasta las heces y se esmeraba por mantenerlo con vida. Fizzarolli estaba tan trastornado que era incapaz de buscar un modo de escapar y así, lograse desatarse, sin pies, le sería imposible trasladarse.
- ¿No te parece magnífico, Fizz? Estamos por fin juntos en éste, nuestro escenario… Tú y yo… Es como un sueño hecho realidad…
El peliblanco mencionó aquello en uno de esos momentos en que lo atendía, dándole algo de agua y acariciándole los cuernos como si fuera lo más valioso.
- Te quiero… - No supo por qué, pero eso escapó de sus labios, de donde se formaba una pequeña sonrisa.
Arick sonrió ante lo mencionado por Fizzarolli. Se acercó hasta él y le acarició el rostro con tanto cuidado que al payaso por un momento se le olvidó que ese mismo tipo, le había dejado inválido. Lo cierto era que, en medio de aquella demente situación, el payaso jamás había recibido esa clase de afecto por nadie y en esa situación, era bastante confuso para él…
Sentía que odiaba a Arick cuando se acercaba a lastimarlo… pero cuando lo limpiaba, trataba con cuidado o le daba pastillas para neutralizar el dolor… ya no se sentía de esa forma. Su verdugo, se convertía en una especie de entidad que era capaz de ofrecerle alivio en medio de tanta tortura.
- Oh, Fizzarolli… ¡Somos las estrellas!… Como debió ser…
- Te quiero… – Volvió a repetir Fizzarolli como un disco rayado, con una mirada opacada.
El peliblanco besó dulcemente su frente y sus mejillas, pero no volvió a besarle en los labios y Fizzarolli lo lamentó, puesto que quizás, hubiese hecho el intento de morderle la lengua o parte de la cara… Aunque por el debate que se estaba efectuando dentro de su atrofiada mente, ni él mismo estaba seguro…
Lo siguiente que se vendieron, fueron sus manos… Cuando las vio extendidas frente a la cámara mientras Arick las ofertaba, apreció su dorso por última vez. Aquellas marcas oscuras en sus delgados dedos, le parecieron sumamente encantadoras; unas manos propias de un artista que nunca había conocido el trabajo pesado…. Fizzarolli se dio cuenta de lo mucho que le gustaban sus manos… Y de un instante a otro, las perdió…
Lloró. Al igual que con sus pies, tuvo esa sensación fantasmal de que aún las tenía en los instantes en los que estaba consciente, pero luego, al percatarse de su perdida, volvía a sumirse en la amargura.
Ya le era inútil intentar escapar. Sin manos ni pies, apenas y podría arrastrarse. Pero si lo lograba, no creía que llegaría tan lejos.
- Pérdo… name…
Arick le miró y sonrió, más no dijo nada. Fizzarolli entre lágrimas, cada vez que podía hablar le pedía perdón con una esperanza ínfima de llegar a su conciencia… pero según el peliblanco, sólo su sufrimiento podría resarcir su ofensa del pasado.
Lo siguiente que hizo, fue rebanarle los muñones como si estuviera despachando filetes de carne delgados y a través de su página en línea, ofertó aquellos tajos de carne a un precio exorbitante que sólo los más pudientes del infierno, podrían pagar por semejante manjar. El atacante se detuvo cuando llegó a las rodillas y codos respectivamente, pues cauterizar constantemente esas heridas podría apresurar la muerte de Fizzarolli. Sin mencionar que de tanto usar el soplete, le había terminado generando quemaduras al rostro y al resto del cuerpo del payaso. Aquello le pareció una lástima, pues la idea era luego desollarlo para vender lo que quedase de su piel.
Fizzarolli ya no tenía esperanza de que alguno de los presentes se apiadara de él y se comunicase con las autoridades de Gula para denunciar el caso – porque inclusive en el infierno, se regían por ciertas normas-, había perdido esa esperanza hacía varias mutilaciones atrás.
Los sueños de Fizzarolli, se habían vuelto un caldo de sangre… Un cúmulo de sangre espesa en la que él, se sumergía todos los días hasta asfixiarse.
Los ataques sexuales por parte del peliblanco no cesaron, comenzando de nuevo quizás llevado por el morbo de verle en una situación tan lamentable y en medio de su éxtasis, se volvía bastante agresivo, a pesar de que el otro, fuera incapaz de oponer resistencia. En medio de todo eso, una de las cosas que más odiaba Fizzarolli, era cuando le estimulaba su cola, puesto que siendo una de las zonas más erógenas de los imps, lo llevaba a sumirse en batalla encarnizada por evitar sentir placer alguno durante aquellos abusos.
A esas alturas, Fizzarolli ya no pedía clemencia. No podía hacerlo. Arick le había comprimido tanto el cuello que apenas y podía respirar. Su tráquea tenía que estar dañada. Lo único que podía hacer para demostrar que seguía consciente, era verlo con su mirada opaca y emitir uno que otro sonido lastimero. Aquel rostro que jamás olvidaría de nuevo, ya no lo veía con odio, es más… Ahora parecía mirarlo con "amor".
- Seguramente debes de pensar… "Si pudiera devolver el tiempo, te aseguro que cambiaría las cosas y te trataría mejor… Así, no tendría que acabar de este modo" – Mencionó Arick, como si hubiera sido capaz de leer sus pensamientos, al tiempo que deslizaba una de sus herramientas puntiagudas por la piel del imp sobre la camilla. – Pero yo te digo una cosa Fizzarolli… Si se pudiera devolver el tiempo, te volvería a lastimar… una y otra y otra y otra y otra vez… Justo como lo estoy haciendo ahora…. – Sonrió amplio, rasgándole la piel sólo con el simple propósito de hacerle sangrar, lamiendo luego el cuchillo. – No sabes cuanto estoy disfrutando todo esto…
- …
No lo comprendía.
Perder sus cuernos, fue tan doloroso como cuando le rebanó los brazos y las piernas. Su captor no lo hizo de modo delicado, como el resto de sus agresiones y sólo le permitió un calmante cuando ya el trabajo había sido hecho. Fizzarolli sabía que el proceso, lento y doloroso para él, era el disfrute de aquellos privilegiados miembros VIP que tenían acceso a esa parte de la transmisión y que eran adoradores del sufrimiento ajeno.
Sus gritos de angustia, eran como un canto majestuoso que les fascinaba escuchar. Arick utilizó un mazo para aquella actividad atroz, y golpeó sus cuernos hasta quebrarlos, haciendo resurgir la sangre entre las astillas de los cuernos como una fuente inagotable de la cual, el peliblanco bebió como si fuera lo más delicioso del mundo. El payaso no pudo ante semejante dolor y se desmayó cuando le partió el primer cuerno. Cuando volvió a recuperar el conocimiento, sentía aún los martillazos encima de la cabeza, pero también, una ligereza en la misma al ya no poseerlos.
Amargamente sollozó. Para los imps, los cuernos eran de gran significado y los de Fizzarolli, siempre hubieron sido la envidia de muchos. Ahora, aquel material seguramente sería utilizado para crear diversos objetos, pero más que nada joyas; pues nada gustaba más a los repulsivos demonios que formaban parte de esos juegos macabros, que el portar accesorios de huesos y cuernos, como parte de sus recuerdos…
Eso le hizo pensar que sus colmillos, no tardarían en ser extraídos. Arick no le metía el pene en la boca por ellos, lo sabía, pero estaba seguro que una vez que estuviera desdentado, su boca pasaría a ser el siguiente agujero a ser violentado. De sólo pensar en eso, no sabía si temía al dolor de que le sacara uno a uno los dientes o lo que vendría luego… Porque estaba seguro de que, cuando se aburriera de aquellos huecos, le haría unos nuevos.
"Venderé cada parte de ti, hasta que no quede nada…"
Las palabras de Arick resonaban en su cabeza como los martillazos. Nunca pensó que llegaría a conocer a alguien más malvado que Mammon y Asmodeus juntos, pero ahora que se hallaba sufriendo todo ese tormento, sabía que estaba habitando en el infierno.
Aunque lo que quedaba de él, no era más que un guiñapo de lo que una vez hubo sido, se notaba que el otro imp, todavía gustaba de Fizzarolli. Aún, en esas condiciones tan espantosas en las que no distaba mucho de lucir como un cadáver de algún exterminio, el peliblanco se atrevía a tocarlo y siendo incapaz el otro, de moverse, Arick se masturbaba disfrutando de lamer sus heridas o de frotarse contra alguna de sus partes mutiladas.
Ahora, su cuerpo marchito que se hallaba reposando sobre la camilla y su piel lastimada y llena de escaras, se pegaba como buscando de cicatrizarse con las fibras de tela. La siguiente extremidad en ser cercenada sería su cola, así que el peliblanco, la tomó para aprovechar que aún formaba parte de su cuerpo. Sabía a la perfección lo sensible que era y se lamentó que el payaso se encontraba más desmayado que nunca, pues le hubiese fascinado ver su rostro matizado por el placer y escuchar aquellos ruiditos que salían de sus labios, mientras se la frotaba como siempre lo hacía.
Aunque, lo cierto era, que si Fizzarolli se hubiese enterado de que iba a perder la cola, se hubiese alegrado… pues tenía bastante tiempo anhelando que le arrebatase esa parte "traidora" de su cuerpo…
De pronto, en medio del deleite del peliblanco, en la habitación apareció una bruma verduzca como una explosión en la cual se materializó, nada más y nada menos que Mammon, la representación de la Avaricia.
- Veo que te estás divirtiendo, muchacho asqueroso. – Fueron sus palabras, destiladas con aquel acento particular suyo.
- Señor… Mammon…
Arick se acomodó y se apartó del cuerpo casi inerte de Fizzarolli. El pecado capital, que había visto de todo en sus eones de existencia ni se inmutó al ver a su pupilo en aquellas condiciones tan deplorables. El que alguna vez hubo llamado "monedita de oro", parecía un gusano hinchado que apenas y respiraba. Si hubiese tardado un poco más, era posible que ni con las drogas de Belphegor, hubiese aguantado.
El rey se dirigió entonces al peliblanco, sin dejar de examinar el aspecto del cuarto de torturas más de cerca. Su anillo, era conocido por ser la cuna de la mafia, así que para él, ese lugar no era más que un pequeño cuarto de juguetes y lo que había hecho Arick, apenas era el berrinche de un infante contra un juguete que había robado. Cosas más atroces se había encontrado y hecho. Pero quizás, una pequeña parte de sí mismo, proveniente de su naturaleza angélica, se preguntaba si había sido necesario tanto maltrato…
- Tu trabajo ha terminado. – Anunció de golpe el mayor.
- ¿Cómo dice?
- Lo que has oído. Se cancela la venta. He encontrado algo mejor que hacer con lo que queda de Fizzarolli… así que me lo llevo ahora mismo. Puedes seguir desquitando tu frustración con otros miserables a partir de ahora.
- Usted… tiene que estar bromeando… - No podía creerlo. – Dijo que se vendería hasta el último de sus pedazos…
- Pues, cambié de opinión, muchacho ¿Qué no escuchaste lo que dije? – Mencionó la representación de la Avaricia, con tedio.
- ¡Pero…! Sus órganos… ¡Hay clientes que esperan pagar una fortuna por sus entrañas!
- Lo sé. – Respondió de tajo. – También sé que hay diseñadores que desean hacer una cartera de mano con lo que queda de su piel. Aunque, ahora que lo veo, su hermosa piel rojiza ahora es un completo desastre con todas esas horrendas cicatrices… Ustedes los artistas de sangre son tan descuidados a veces. – Se lamentó por ello, pero siguió comentando. - Los teléfonos no dejan de sonar y las propuestas han sido jugosas, no lo niego… Después de todo, ya he hecho una pequeña fortuna con todo lo que se ha vendido, jeje…
Mencionó el rey con una sonrisa retorcida en su regordete rostro.
Nadie más que él, era el culpable de que Fizzarolli se hallara en esas condiciones.
Había mandado encarcelarlo para crear todo ese show repugnante para el divertimiento de un público que no todos se atrevían a satisfacer. El mismo Mammon se había encargado de conseguir los clientes y de comunicarse con Arick para que realizase los encargos. Después de todo, desde que había encontrado su contacto, sabía que sería excelente para aquel monstruoso trabajo y no le falló.
La representación de la Avaricia, fue testigo desde el principio, de todas las vejaciones y abusos a los que hubo sido sometido su pupilo y en ningún momento, tuvo el más mínimo deseo de detenerlos. Es más, en ocasiones el propio Mammon, era el que le ordenaba formas de "castigarlo."
Y la razón por la que se había empecinado tanto con Fizzarolli, ni el propio Mammon la sabía.
Se decía a sí mismo que era por dinero. Dado que los actos Fizzarolli, ya no le generaban las mismas ganancias que antes y necesitaba hallar un modo de llamar la atención del público… Nada como una noticia sensacionalista como un secuestro para alimentar al mundo del espectáculo. Pero en medio de su codicia, Mammon miró en dirección a los espectáculos morbosos de snuff y halló lo que estaba buscando. Los caníbales pagaban muy bien… pero pagaban más si la carne era de "calidad". Aquel negocio, que se hallaba establecido en su anillo tenía muchísima demanda en el resto de los anillos del inframundo, pero sus principales clientes como se mencionó, estaban en Gula.
Pero aparte de eso, la rabia también había contribuido para que Mammon tomase aquella decisión para el destino del desafortunado payaso. La rabia, que había anidado dentro de sí, la vez en habían visitado Lujuria, se arremolinaba desde entonces como un torbellino. Ser "vencido" por Asmodeus le parecía demasiado humillante. Que su plan de hacer que la representación de la Lujuria le obedeciera, haciendo uso de Fizzarolli, había terminado tan mal, era lo que lo motivaba a desquitarse con el desgraciado imp.
- Pero no puede llevárselo… - Murmulló Arick.
- ¿Qué?
- No puede llevárselo… - Repitió.
El pecado se acercó hasta el imp y lo miró con desdén.
- ¿Quién te crees que eres para decirme lo que debo o no hacer con él? Has recibido tu pago todo este tiempo por el trabajo que has hecho ¿Por qué te quejas?
- No me importa el dinero. Se lo devolveré todo… ¡Todo!… Yo… ¡Quiero acabar con él!... ¡Me prometió que podría hacerlo! ¡Que acabaría con él lentamente con mis propias manos!
Mammon se le quedó viendo. No entendía que Arick estuviera dispuesto a entregarle el dinero que le había dado, sólo por satisfacer su venganza, pues para él, el dinero era lo que más importaba en todo el inframundo.
De pronto, por un momento, el rey se vio reflejado en esos ojos suplicantes y le dio asco.
- Pero que llorón eres. Me importa una mierda lo que te dije, el trato se cancela y se acabó…
Al ver que el demonio dorado, estaba decidido a dar el trabajo por terminado, Arick trató de acercarse a Fizzarolli con una navaja que había sacado ágilmente de su bolsillo…
Si era lo suficientemente rápido, podría matarlo antes de que el mayor, pudiera reaccionar y así, poner fin al sufrimiento de ambos…
- "¡FIZAROLLI!" – Se lanzó sobre él, presto a acabar con su tormento…
Pero fue muy ingenuo de su parte al pensar de ese modo. Dado que los sentidos del pecado capital, estaban más desarrollados que la mayoría de los habitantes del inframundo.
Ni siquiera se molestó en agarrarlo. Mammon aumentó el tamaño de sus fauces lo suficiente para capturarlo, devorando la mitad del cuerpo de Arick, matándolo en el acto. Lo único que quedaron fueron sus piernas en el suelo bajo un charco de sangre y la representación de la Avaricia, no se comió la parte superior del cuerpo, simplemente la escupió como si se tratase de un pellejo asqueroso e imposible de masticar.
- Mira lo que me has hecho hacer… Que asco… ¡Cómo odio la carne de imp!
Expresó a los restos de Arick que descansaban en el suelo, procediendo a escupirlos y patearlos. Fizzarolli seguía sumido en su letargo y fue incapaz de presenciar tan atroz acto.
Más cuando Mammon lo soltó de sus ataduras, levantándolo de la cama y lo acunó entre sus brazos superiores, el olor del pecado llegó hasta sus irritadas fosas nasales, como un aroma familiar y tranquilizador que le hizo recobrar un poco el sentido.
- "Ma… mmon…"
Quiso mencionar. Pero en sus condiciones, era incapaz de hacerlo. Apenas y podía ver la silueta desde su posición, pero sin duda, aquel calor y olor que emanaba aquel cuerpo, era el de su jefe y ex amado… Fizzarolli sonrió internamente y las lágrimas se escaparon de sus ojos, pensando que su suplicio había acabado y aquel pecado, había cumplido el rol de caballero de dorada armadura, yendo hasta ese lugar horroroso a salvarlo…
Siendo completamente ignorante de la cruenta verdad, el pequeño y mutilado imp cerró los ojos de nuevo, más tranquilo, pues pensaba que, en manos del rey, podría hallar por fin el reposo que tanto había estado buscando.
- Volvamos a casa, Fizzy… Hay que preparar todo para tu grandioso regreso... Como el ave fénix que renace de sus cenizas. – Se emocionó de sólo pensarlo. - Serás… ¡Una leyenda!
Fueron las últimas palabras del pecado mientras desaparecía con Fizzarolli, dejando atrás una explosión que acabó por consumir entre llamas, todo el lugar en donde se había estado realizando aquel abominable show.
*Fin*
Notas finales:
Aclaro que Fizzarolli, es de mis personajes favoritos (No sé porque a mí musa, le gusta hacer sufrir a los personajes que me gustan) y adoro escribir lo que me venga a la mente, así no sean temas de mi agrado. Como mencioné en un principio, éste escrito puede tomarse de forma independiente (como un one shot), aunque tiene su posterior continuación, que ya está en proceso. Para los que deseen saber cómo fue el primer encuentro entre Fizzarolli y Asmodeus (en donde se describen más detalladamente parte de los hechos mencionados en este escrito), los invito a leer el one shot "Infortunio: Money Money Money!"… Sin más que agregar, muchísimas gracias por haber leído y si se animan a dejar su comentario. Hasta una siguiente oportunidad ¡Bye Bye!
