Prompt #06. Puerta. Tabla Random 10.


Una noche larga


Se miraron largamente. Yusa no sabía cómo empezar y probablemente sus hermanos tampoco aunque lo habían hecho antes. Shio y Rikai. Yusa estaba al tanto.

Eso no era sobre ellos, sino sobre él.

—No quiero morir sin haberlo hecho —les dijo tiempo atrás.

Shio y Rikai tuvieron sus confidencias. Yusa podía imaginar que la idea fue de Shi, que Ri solo se dejó llevar y no quería hacerlo.

Aún así, llegaron a estar los tres en la misma cama. Habían bebido un vaso de whisky cada uno. Era la primera vez, desde Navidad, que tomaban y jamás probaron algo fuera de champaña. Meses atrás, había sido idea de Take la bebida para que "aprendieran a moderarse". A lo mejor, estaba un poco resentido porque Arima pasó esas fiestas con Haise Sasaki y dejó al Escuadrón Zero con su colega...Y compañero de habitación, desde hacía diez años.

El alcohol en ambas ocasiones hizo que la cabeza de Yusa diera vueltas. Sus hermanos se besaron. Shio y Rikai lo eran todo juntos, abrazándose como si la piel que los separaba fuese poco y no se necesitara nada, un mero esfuerzo para volver a juntarse y ser uno solo. Yusa los miró un momento que fue demasiado largo.

Y antes de que ellos decidieran, de manera más bien forzada, a acostarse junto a él, supo que sobraba. Si no hubiese bebido, se hubiera ido entonces. Antes de que la mano temblorosa de Rikai acariciara su pecho, por encima de la camiseta de dormir. Y de que Shio besara su mejilla, más cerca de los labios.

—No puedo, olvídenlo —explicó Yu, temblando, poniéndose de pie de un salto y buscando sus pantalones, lamentando el habérselos quitado.

—Pero tú querías esto —señaló Shio, arrastrando las palabras, casi tan afectado por la bebida como él.

Yusa tomó su chaqueta y avanzó hacia el extremo de la habitación. Arima y Take habían salido a cenar. Estaban solos, el cuarto iluminado por unas velas aromáticas de vainilla que Rikai había llevado para ellos.

Era muy romántico. O lo hubiera sido. Si estuvieran enamorados. Pero no lo estaban. Rikai tenía eso con Shio pero no con Yusa. Y estaba bien.

—No me importa, en serio —agregó Rikai.

Yusa pudo detectar la culpa en su voz. Algo que sentían los Niños del Jardín cuando ponían límites en un mundo que no entendían. Trató de sonreírle a su hermano de cabello largo.

—Está bien, yo...Me equivoqué. No quiero solo...Sexo.

—No es solo sexo —se apresuró Shio, tratando de levantarse. Probablemente por el alcohol no podía hacerlo. Rikai le acarició el pecho a su pareja y lo miró con calidez, invitándolo a quedarse, ignorando a Yusa otra vez. Habían juntado las camas de ellos dos en el cuarto que compartían.

Yusa se sintió solo. Era hacerlo o...

—Está bien. Saldré.

Yusa se puso la capucha de la chaqueta, que lo cubría hasta los ojos, y se fue tan rápido que sus hermanos no llegaron a decirle nada más. Probablemente también querían que se largara esa noche.


Pronto no habría más noches. Por eso sus padres (como los tres chicos se referían en secreto a Arima Kishou y Take Hirako, sus tutores), habían salido juntos, como nunca lo hacían.

Kishou no dio detalles, convenían con Take en que era mejor que sus protegidos supieran lo mínimo posible.

Pero el Escuadrón Zero se fue replegando en aquellas semanas. Suspendieron entrenamientos privados y otras actividades. Se dedicaron a pagar y cerrar cuentas, guardando efectivo.

Sus padres adoptivos se miraban como si algo horrible estuviera a punto de golpearlos. Yu no quería saberlo.

...Estaba al tanto de que la edad de Kishou ya era avanzada para ellos. Pero tenía suficiente de humano como para desear que el orden de las cosas fuese otro.

Se negaba a la realidad. En retrospectiva, se portó como un niño. Algo ajeno a los Hijos del Jardín. Yusa se lo reprochó a sí mismo, al caminar por las calles de la ciudad, pensativo.

¿A dónde podía o debía ir? Ya era de noche, nunca estaba afuera solo. Era hábil pero no llevó armas consigo. Incluso tenía un poco de miedo. ¿Y si encontraba a un ghoul?

Arima Kishou hizo muchos sacrificios por ellos tres, por Rikai, Shio y Yusa, como para que este último solo muriera en una calle, apuñalado por mafiosos, drogadictos o comido por caníbales. Tampoco podía regresar tan pronto al apartamento. Y siendo honestos...No tenía amigos.

(Hajime no contaba, luchaba consigo mismo para no contactarlo).

Pudo haber visitado a Haise. Tuvo la idea de hacerlo. Sasaki había perdido su identificación civil durante la última misión, Yusa la encontró en el suelo del edificio que catearon y no tuvo oportunidad de devolvérsela. Pensándolo bien, revisó el plástico...

Tuvo una idea todavía más tonta y atrevida. Yusa era menor de edad aún. Con la identificación de Haise podría...ir a un bar.

Ambos tenían cabello negro. Haise era un poco más alto pero tal vez los empleados no notarían la diferencia. Yusa podía agregar que trabajaba para el CCG, aunque no llevaba nada consigo que lo avalara.

Caminó, tomó el metro mientras que pensaba. Tenía una dirección en mente, un lugar al que era muy tímido y muy joven para ir. Solía creer que era algo que haría con sus hermanos cuando creciera. Pero tal vez, ese día jamás llegara. Y ellos estaban ocupados.

Yusa se atrevió. Tomó las direcciones con las que había fantaseado. Sería solo una vez, esa vez. Mientras que sus hermanos se perdían el uno en el otro.

Cuando encontró el bar indicado, Yusa acarició una idea incluso más absurda. Se odió por creerlo un segundo. Pero siempre había tenido esa vana esperanza. La de que conocería en un lugar así a alguien como él, como sus hermanos. Que quisiera pasar el resto de su vida de la misma forma.

Alguien a quien confesarse. Alguien con quien beber, como los adultos lo hacían. Y que no lo lastimara como Hajime lo hacía.

No hubo problemas con su identificación. Era algo temprano pero lo dejaron pasar. O mejor dicho...Permitieron la entrada a Haise Sasaki, según la identificación malhabida.

Yusa no fue lo suficientemente atrevido como para pedir más alcohol. Una cosa era estar en un lugar tan diferente, tener la experiencia y ser observado como los hombres se observaban en los videos que Rikai había bajado una vez.

Para Yusa, la libertad era otra cosa. Compró un refresco con azúcar, no se preocupó de que fuese saludable. Estaba en un bar gay, con una identificación robada, pasando entre hombres de traje, mucho mayores, que intentaron sacarle conversación.

Pronto, terminó sonrojado. Quería bailar pero no sabía cómo. Se quedó cerca de la barra, disfrutando la música de jazz y tratando de no observar mucho a los bailarines con poca ropa en el escenario. Pensaba en qué más haría. Cómo sacarle provecho a la noche.

Cuando alguien le preguntó a qué se dedicaba, tuvo que inventar algo rápido. Mencionó Kamii, la universidad a la que recordaba que había ido Sasaki y su carrera, aunque Yu prefería mirar las noticias y programas de política antes que leer literatura. Como era una mentira y no había hecho una mejor research para ser creíble, las pláticas morían de inmediato y los hombres iban por candidatos menos tensos.

Yusa bebió su segundo refresco, considerando que ya había dado tiempo a sus hermanos para que consumaran alguna intimidad. Aún decidía si quería más para sí mismo, si se atrevería a ir un lugar más privado con el siguiente hombre que lo mirara de manera insistente.

Lo pensaba. Cuando alguien sujetó su hombro con una firmeza que lo sobresaltó.

—¿Cuánto cuestas?

El primer impulso de Yusa Arima al voltearse, fue el de golpear a la persona que le habló así. Pero tuvo que frenarse de inmediato.

—Yo...Yo...


—¿Por qué no te le declaras, Shio? —preguntó Rikai, aquella vez, en la que Shio Ihei les mostró las fotos que había tomado de Kuki Urie en la oficina común.

Shio puso los ojos en blanco.

—Solo pienso que es guapo y exitoso —se justificó su hermano, encogiéndose de hombros.

Las fotos estaban sobre el escritorio. Tal vez Shio no quería exhibirlas especialmente para Yusa. A lo mejor solo quería poner a Ri celoso. Pero Yu las miró de reojo, con reticencia. Como si no quisiera delatarse con un brillo particular en las pupilas. Empezar a temblar. O revelar un anhelo profundo.

—No deberías acosar a nuestros compañeros —murmuró Yu con severidad, empujando las fotos.

Rikai asintió.

—¡No lo acosaba! Mira la última foto. Urie hizo el signo de la victoria. Es gracioso a veces. No como Haise, es más serio pero le agradamos —aseguró Shio.

El corazón de Yusa latió fuerte.


Si, porque Yusa Arima ya conocía a Kuki Urie. O sea...¿Quién no lo hacía? Clase Especial Asociado. Líder de los Quinx. Condecorado varias veces. El Escuadrón de Arima Kishou no admiraba tanto a otros investigadores como a su secreto hermano mayor, Haise Sasaki. Pero observaban a otros.

Era difícil para los niños del Jardín acercarse a las personas normales. Los que venían de una familia natural, civiles, que habían ido a la escuela y sabían hacer cosas que consideraban sencillas, como pedir comida que les gustaba en un restaurante o escoger una camiseta con una frase. Los que no fueron criados como máquinas de fingir y matar. Para otros.

A pesar de los disgustos de Ri, Shio le contó lo que sabía de Urie. Que era huérfano por el Búho de un Ojo. Le gustaba pintar en su tiempo libre. Se ponía tenso cada vez que veía a los Kuroiwa. Había perdido a su compañero (¿Novio?), se hacía cargo de los gastos de la hermana de Ginshi Shirazu con el resto de los Quinx. Era asquerosamente cercano con Matsuri Washuu desde que Haise lo abandonó. Llevaba tiempo solicitando reuniones para planificar un nuevo asalto a Ru y rescatar a Tooru Mutsuki.

...Mezcla de rumores y verdades, que Urie tenía ojeras, había comenzado a beber y fumar, a ir a bares y zonas de la ciudad realmente cuestionables, para desahogar estrés o acaso desafiar las autoridades más bien abstemias de sus superiores...Era sabido.

Es solo que Yusa no quiso creerlo. Cuando fue a ese lugar, lo último que esperaría, era que precisamente Kuki Urie tomara su cintura con las manos enguantadas y el traje negro de civil, que olía muy fuerte a sudor. El aliento de Urie se derramó en jadeos con aroma a alcohol, sobre el hombro de Yusa Arima.

—Vamos, ¿cuánto? ¿Sesenta mil yenes? No seas difícil, ¿sabes quién soy, puta? —murmuró Urie, bajando la capucha de la chaqueta de Yusa, quien estaba profundamente sonrojado y miraba al suelo, agitado.

¿Puedo dejarlo aquí? ¿Puedo irme? ¿Quiero hacerlo?, se preguntó.

Con temor, analizó la situación tanto como su bloqueo mental se lo permitía. A pesar de las luces de fantasía y el humo falso en el bar, no distinguía más rostros conocidos. Kuki Urie estaba ahí solo. Probablemente buscando sexo. Sus manos subieron por la cintura de Yusa, se le colaron por la camiseta y llegaron a acariciarle los pezones, sujetándolos demasiado fuertes. El joven gimió.

—Tienes que hacer lo que yo quiera, soy un maldito héroe, ¿sabes? —continuó Urie.

Ya no parecía amable como en las fotos y los pasillos donde se había topado con Yusa. Se apretó contra el muchacho, poniendo en evidencia su erección contra el final de la espalda del joven Arima.

—Está...bien —Yusa se descubrió contestando.

A penas y podía creerlo. Tanto lo que estaba pasándole como su propia respuesta. Los otros hombres que lo vigilaban parecieron echar a Urie ciertas miradas de envidia y resentimiento. Pero nadie más se acercó a ellos cuando el joven superior del CCG tomó la muñeca de Yusa y tiró de él, cabeceando hacia lo que parecían unos sectores privados. Yu pudo imaginarse lo que eran porque había visto algo de porno gay con sus hermanos y solo.

Los títulos en los sitios de dicho contenido lo escandalizaban, al punto de que a veces solo llegaba a leerlos, veía la imagen promocional y eso bastaba para darle un entumecimiento que pronto se convertía en dureza de sus genitales. Pero pronto notó que entre más humillante era el título, más le atraía y lo excitaba, aunque no se atreviera a ver los videos. La fantasía le gustaba más a Yusa que el hecho.

Como con Urie. Tal vez había soñado alguna vez, que Kuki Urie lo llamaba aparte y comenzaba a tocarlo. Pero una idea no lastima, no huele a alcohol, tabaco, semen y orina con perfume Dior, no sujeta tu muñeca hasta casi quebrarla y no te arrastra como si fueras una presa.

Kuki Urie era un "Quinx" y algo sobre eso influía en el cuerpo de Yusa, como si no pudiera terminar de distinguir si estaba con un humano o con un ghoul. Lo cual resultaba irónico. La sangre de Yusa era mezclada. Debió sentirse a gusto con alguien que era, por aproximación artificial, lo más cercano a sí mismo, en lugar de una bestia de las que cazaban, seguro.

Sin embargo, no fue así. Algo en las maneras de Urie intimidaba a Yusa. Era como si no pudiera negarse a él pero tampoco quería, realmente, hacer eso. Su cuerpo respondía mecánicamente. Habían pasado horas desde su trago con sus hermanos. ¿El azúcar lo habría puesto eufórico o su bebida estaría adulterada? Yu no se daba cuenta. Sudaba mucho y el mundo giraba cuando Urie abrió la puerta de la habitación privada y lo impulsó hacia adentro, para besarlo con profundidad.

Yusa gimió. La lengua de Urie sabía a bebidas cargadas, tabaco y...¿Sangre? Tal vez se había mordido antes de besar a Yusa. El más joven jadeó, Urie cerró la puerta apretando su espalda contra ella y levantando su camiseta, para sujetar su cintura desnuda.

Se sentía bien. La lengua de Urie lo invadía. No podía respirar. Yusa cedía, se preguntó qué hora era, cuando el mayor se separó de él, repentinamente. Un hilo de saliva unió los labios de ambos un instante, lo que avergonzó a Yusa.

—Quiero una mamada —dijo Urie, con la boca enrojecida.

Yusa asintió. Su superior de civil ladeó la cabeza hacia un sofá en la habitación.

Debí mirar más videos, se dijo Yu para sí, cuando Urie y él tomaron asiento. El mayor se quitó la chaqueta y la dejó a un lado, le sacó a Yusa tan bruscamente la suya que no parecía que lo estuviera ayudando, sino que tomaba parte de un asalto.

Fue demasiado rápido. Urie agarró su cabeza y se la llevó a la entrepierna.

Vamos...—murmuró, apremiándolo.

Yusa temblaba. Pero hizo lo mejor que pudo, extendiendo su mano temblorosa.


Una vez se despertó. Años antes, de madrugada, sobresaltado. Un ruido extraño venía del pasillo. Yu supuso que de la habitación de sus padres.

Algo como un gemido. O un llanto. Podía ser el lamento quedo de un hombre lastimado. Pero...No estaba seguro. Si sonaba como un hombre o un animal. Distinguía la voz de uno de sus padres.

—¿Yu? —Rikai levantó la cabeza de su almohada en la cama cerca de la pared.

Shio lo imitó.

—No pasa nada —lo tranquilizó Shio, haciéndole un gesto para que volviera acostarse.

Yusa miró de reojo hacia la puerta, hizo un ademán casi automático de tomar la espada corta bajo su almohada.

—¡Cálmate! —susurró Ri.

Shio se cubrió la cara somnolienta, sonrojado.

—Nuestros papás se están reconciliando —explicó a Yu, quien pronto se sonrojó como él, al escuchar nuevos gemidos y suspiros provenientes de la habitación vecina.

—Pondré música en mi celular —anunció Rikai, manipulando muy rápido su móvil para que el cuarto se llenara con canciones de BGS.

—¿Quieres clonazepam? Hay gotas al lado del vaso de agua en mi mesa —ofreció Shio.

Los gemidos sonaban más amortiguados. Yusa aceptó los fármacos de su hermano y volvió a acomodarse.

Por pudor, ignoraron a sus padres y se durmieron otra vez. Al menos Yusa lo hizo. Tanto Arima Kishou como Take Hirako estaban de mejor humor, horas más tarde.


El suspiro que Urie soltó cuando se bajó la bragueta para rebuscar entre la tela de sus calzoncillos y sacarse el miembro morado, semierecto, removió esos recuerdos en Yusa. Pero fueron sus gemidos, cuando sujetó los cabellos del más joven y lo llevó a su entrepierna, los que terminaron de confirmarle una teoría tan repentina como absurda a Yu...

Kuki Urie se parecía a Take Hirako, en la voz ronca y la mirada esquiva. Pero Yusa no sabía qué hacer con esa información. Pronto, se alejó de sus recuerdos de infancia, de sus padres. No tenía con qué comparar aquello.

Solo siguió los movimientos de Urie, a cada centímetro más cerca, más arrepentido de lo que estaba sucediendo, pero siendo incapaz de alejarse, como si un ghoul estuviera a punto de devorarlo.

—Vamos, dije que te pagaría...¿Crees que un investigador del CCG no respetaría su maldita palabra?

Urie se volvió insistente, empujando el miembro erecto, de olor fuerte, contra la comisura de los labios de Yu. El joven explotó su cerebro, preguntándose cómo lo haría. Las cosas con Hajime no estaban claras, no del todo. Pero una cosa era lo que ellos tenían. Hajime era un niño y Yusa se sentía uno también.

Explorar con alguien que se parece a ti (un poco), es muy diferente a dejar que un adulto tome el control total.

¿Y por qué no solo apartar a Urie y confesar que no era un prostituto? Yu podía solo pedirle que lo mirara bien, que se pusiera sobrio. Pero, ¿qué pasaría?

Yusa no quería más problemas, estaba escapando de los mismos. Él no se encontraba tan ebrio como para no saber qué pasaría si no se apartaba de Urie, cuando este último lo buscó en la barra. Trató de recordar cómo se había tocado a sí mismo, la última vez en que se sintió excitado.

...Qué había hecho con Hajime, aunque fuera un secreto y lo guardara hasta de sí mismo. El cuerpo de Hajime era pequeño, su sudor casi no olía y él normalmente guardaba su kagune, ni siquiera mostraba sus ojos alterados en presencia de Yusa.

Fue un poco humillante el desconcierto de Yu. Su mente saltó a la vez en la que encontró en internet una foto de un ghoul musculoso, con tatuajes en todo su cuerpo y un kagune igualmente fuerte, que cubría su espalda y su cabeza como un casco de tentáculos hinchados, rojos, jugosos...

Yusa se había quedado mirando la foto como hipnotizado aquella vez, hasta que se descubrió con una erección. Era la computadora de Shio, él se la había prestado para una tarea de la secundaria en línea, pero Yusa se descubrió poniendo la máquina a un lado luego de memorizar el cuerpo del ghoul. Sabía que era real. Se había tomado en un lugar sucio, con poca luz, tal vez en el distrito 24. Yusa se quedó metido en su cama, como si estuviera enfermo y empezó por estrujarse lentamente, con los ojos cerrados, preguntándose cómo sería tocar un cuerpo así, si no estaría frio y sudoroso, si podría besarlo.

Incluso fantaseó con lo que un ghoul así le hubiera hecho, de encontrarlo solo. Fue difícil, pero usando algo de saliva, pudo tocarse hasta acabar, en minutos.

...Pero, por supuesto, ese desvío de conducta, del correcto y buen Yusa Arima, no había sido gratuito. Sus padres se enteraron por alguna clase de programa que enviaba información a uno de los dos o ambos. Take y Kishou llamaron a Shio aparte para regañarlo.

Y el hermano de Yusa solo aceptó la culpa, porque al fin y al cabo, la foto estaba en un sitio que solía visitar y también la había visto. Sus padres ni siquiera imaginaban a Yusa capaz de hacer algo así. Tocarse mientras que fantaseaba con ser forzado por un ghoul.

Tenía, finalmente, algo parecido a lo que había añorado. Había dejado que culparan a su hermanito por algo que él hizo. Tal vez se merecía ese miedo, al tener el pene erecto de Urie tan cerca.

Al carajo, pensó, tan avergonzado por esa palabrota no dicha como por responder, finalmente, lamiendo la punta del miembro con la lengua y bajando hasta su base.

...No era tan diferente del de Hajime. Es solo que a Hajime le faltaba crecer. Algún día, sería como Urie, tal vez incluso más corpulento.

...Mientras tanto, Kuki Urie se estremeció, pudo escucharlo jadear y maldecir.

Le gusta esto, lo estoy haciendo bien, pensó Yusa con una mezcla de orgullo y miedo. Porque si no conseguía que Urie se saciara así, podía pedir otra cosa, que Yusa no quería dar.

—¡Ah! ¿Estás jugando conmigo?

El sabor era demasiado salado, como sudor, pero más sucio e íntimo. A Yusa le gustaba pero también le daba arcadas. Un nuevo sentimiento lo invadió.

¿Cuántos chicos como yo se la chuparon así? No soy especial, no va a recordar nada mañana y yo siempre pensaré en esto, se dijo Yusa con pesar.

Entonces, Urie jaló más fuerte de sus cabellos, forzando la punta del miembro en la boca de Yusa.

—Vamos, haz un mejor trabajo, casi no lo siento, es solo una maldita mamada, te portas como un niño de primaria...—se quejó Urie.

Yusa no podía respirar, dolía. Abrió la boca todo lo que pudo, por algún motivo, su primera intención era no lastimar a Urie allá abajo. Pero a medida que el adulto embistió, jalándole los cabellos hasta casi arrancarle parte del cuero cabelludo, toda piedad por él se disipó.

En realidad, no ha pasado tanto desde que fui a la primaria, pensó Yusa, aunque solo había completado ese grado con enseñanza a distancia e instrucciones de Take, cuando Arima lo llevó a vivir con él. La idea de que Urie pudiera compararlo empíricamente con alguien más joven que Yusa, le causó más disgusto que lo que reconoció como el presemen amargo manchando las paredes de su garganta.

—¡Estás mordiéndome! Dime...¿Te sientes un...ghoul...? —jadeó Urie, embistiéndolo.

Quiso toser pero Urie no dejó de empujarse en su interior. Yusa aferró sus muslos. Pensó en que si estuviera armado, pudo pelear con él pero así como estaba, como un humano, jamás tendría oportunidad. Urie siguió aferrando su cabeza como si quisiera matarlo, usando su miembro como una espada.

Poco a poco, sin embargo, el ritmo de sus caderas fue bajando intensidad. Yusa podía aguardar la respiración. Se descubrió pensando que se hacía bueno en eso, si alguna vez quería dejar el CCG e infartar a Arima Kishou, ya que su papá deseaba morir con tantas ganas. Que su hijo adoptivo pasara de guerrero a prostituto probablemente lo hubiera logrado mejor que un arma esgrimida por Ken Kaneki.

—¡Jódete, Haise! Ve a abandonar a tu madre...

Por supuesto, no sabe ni le importa quién soy, se dijo Yusa, en tanto la carga se disparaba en su boca y bajaba por su esófago. Los músculos de Urie se relajaron pero no sacó el miembro de entre los labios forzados de Yusa, quien se obligó a tragar el semen caliente. Sabía horrible, no pudo evitar hacer arcadas y toser, escupiéndolo, cuando, finalmente, Urie se apartó.

Se hizo un silencio incómodo, mientras que Yusa buscaba recomponerse para marcharse.

—¿Fumas?

Urie se desperezó en el sillón, Yusa continuó arrodillado.

—No...—murmuró él, cubriéndose la boca, para disimular el líquido que le salió de entre los labios, una mezcla de la carga de semen y su saliva, que luchaba por convertirse en vómito.

Urie miró a Yusa pero parecía ver a través de él.

No me ha reconocido, debería irme, pensó Yusa, pero no podía moverse. Urie le hizo un cabeceo para que se sentara a su lado.

—Solo por hoy, acepta uno, ven aquí.

Yusa se preguntó seriamente si los Quinx poseían alguna clase de influencia que les permitía dominar los pensamientos y acciones de otras personas con sangre ghoul. Hubiera tenido sentido. Porque él se encontró obedeciendo a Urie una vez más, aunque no le resultaba para nada conveniente hacerlo. Se puso de pie solo para sentarse junto a Kuki Urie, arrojándose el cabello sobre las mejillas, esperando así cubrirse el rostro y mantener su identidad oculta.


—¿Quién fue?

Take Hirako tocó la puerta del cuarto que Yusa Arima compartía con Shio Ihei y Rikai Souzu, antes de abrirla y alzar la mano, enseñando un paquete de cigarrillos húmedos en tierra.

Yusa estaba leyendo sobre ghouls en la edad media, Shio tenía abierta una revisa de cómics y Ri descansaba con los ojos cerrados en su cama. Este último solo se despertó ante la intrusión.

Hubo silencio. Yusa asumió que Shio lo había hecho porque su hermano menor era el más atrevido de los tres. Era su oportunidad de equilibrar la balanza.

—Fui...—comenzó Yusa, cuando Ri lo interrumpió, sorprendiendo a todos.

—...Yo...—terminó Ri.

Take los miró a ambos y finalmente a Shio.

—¿Han empezado a cubrirse? No sé si enojarme o conmoverme. Que sea la última vez que encuentro algo así en las macetas del balcón. Y ya tienen cita para ver a un neumonólogo. No les queda mucho tiempo libre y ahora tendrán menos.

Los tres guardaron silencio. Take se fue tan rápido como había llegado. Ya casi era hora de cenar, Arima Kishou probablemente no los acompañaría.

—¿En serio fuiste tú, Ri?

Shio jadeó. Rikai puso los ojos en blanco.

—Quería probar emociones nuevas —comentó Ri, encogiéndose de hombros.

—Quedamos en probar estas cosas juntos —le recriminó Shio, con una sonrisa que ocultaba enojo y tristeza.

Ri suspiró.

—También quedamos en darnos algo de espacio, ya que "somos muy jóvenes para una relación seria" —replicó Rikai.

—Creo que ayudaré a papá con la cena —añadió Yusa, para dejarlos solos.


Su experiencia con cigarrillos no era la mejor. Y Yusa entendía que alguien con un escaso tiempo de vida en expectativas, debía mantenerse alejado de algo así.

De todos modos, ya había tomado algo de alcohol, Yusa supuso que un cigarrillo no le haría daño. Era una noche de liberación. La última que tendría en mucho tiempo.

Si siquiera sobrevivía.

Aceptó el cigarrillo de Urie con manos temblorosas.


Sus padres los habían llamado horas antes. Para explicarles.

—No necesito pedirles que obedezcan. Son el Escuadrón Zero. Mi propia guerrilla —explicó Arima Kishou.

Yusa asintió, con cierto orgullo. Rikai también lo hizo y disimuladamente tomó por un momento la mano de Shio. Estaban en la sala, con la luz baja.

—Le darán a Ken Kaneki la misma obediencia que siempre me han dado. Todos ustedes, incluso Take —continuó Arima Kishou.

—¿Haise? —preguntó Yusa.

—Si. Haise...—repitió Arima Kishou, asintiendo—. En cierto modo, es tu hermano. Así se hace llamar —la voz de Arima tembló, denotando un sentimentalismo que llenó a Yusa de inquietud. Tardó en darse cuenta de que eran celos.

—¿Por qué? ¿Por qué obedecerle? —preguntó Yusa, de repente.

Tanto Rikai como Shio lo miraron con miedo. Pero Take lo observó con cierto respeto. Tal vez era la pregunta que todos querían hacer pero no se atrevían.

Arima Kishou no aceptaba cuestionamientos con frecuencia. Era capaz de soltarles una bofetada y de retirarles sus "privilegios" ante la más mínima vacilación. Él los trataba como si fueran soldados, más que sus hijos. Cumplían ambos roles y le temían en la admiración que les despertaba.

—Porque no vivirán en el nuevo mundo si no aportan algo para crearlo. Han asesinado demasiado, al igual que yo. No les queda más futuro. Serán enjuiciados y linchados por haber seguido órdenes. Más si apoyan al nuevo gobernante, tal vez vivan para ver lo que construímos y celebrar lo que caerá —explicó Arima.

Los tres se emocionaron, tal vez Take también. Nunca habían sido incluídos en un discurso tan privado como lleno de gratitud. Había esperanza. Para niños del Jardín, aquello era muchísimo.

¿Su padre moriría combatiendo? Si. Pero todos los niños del Jardín sabían de sus destinos efímeros. Arima Kishou ya había vivido más de lo esperado. Discutía todavía en secreto sobre sus posibilidades con Take, pero tomó una decisión.

La vida que tuvieron como una familia llegaba a su fin, tendrían que labrarse otra, apelando a la buena voluntad de un mestizo igual a ellos.


¿Qué era la libertad? ¿Qué era ser tenido en cuenta? ¿Ser perdonado? ¿Tenía algo que ver con sentir el sabor de Urie en su boca? ¿Con no querer volver a ver a Hajime, luego de que cambiara tanto?

Una bocanada del cigarrillo hizo que Yusa tosiera y pronto lo apagara en un cenicero. Al menos, le sacó el regusto al semen de Urie.

—Ten, una copa —le ofreció Urie, ya que en la mesa junto al sillón había una botella de whisky y dos vasos que su superior ya bastante ebrio, procedió a llenar.

—Debería irme.

—¿Por qué?

Urie aún usaba sus guantes. A pesar de tambalearse momentos antes, de repente era firme al ofrecerle un vaso repleto a Yusa. El licor era más barato en comparación con el que bebió en casa de sus padres, pero seguía siendo una marca conocida, que a menudo servían luego de las reuniones de Yoshitoki Washuu con los miembros destacados del CCG. Probablemente era un lujo para Urie y Yusa sintió un aguijonazo absurdo de culpa por rechazarlo. Dudó.

Los Hijos del Jardín normalmente quieren ser humanos. Al menos los que son seleccionados para pretender como investigadores. A Yusa le costaba no ver a los humanos como a los héroes de todas las historias: El mundo así los modelaba. Eran los humanos los que robaron el fuego sagrado de los banquetes ghouls para calentar a sus hijos y prosperar. Eran los humanos los que hicieron un arca para escapar de la ira de Dios por los caníbales. Eran los humanos los que eran capaces de morir por ideales de amor y justicia, ahí donde los ghouls solo querían masacre y alimento.

Y aún así, Urie había abandonado su humanidad, algo tan preciado, por un poco de fuerza. Eso le causaba a Yusa una mezcla de rechazo y fascinación.

—¿Eres universitario?

La pregunta de Urie trajo a Yusa a la realidad de ese momento. Al final, mecánicamente, aceptó el trago que le ofrecía.

—Si.

Yusa se sentó junto a Urie y deseó con todas sus fuerzas que el líder Quinx no continuara con su cuestionario.

—¿Qué estudias?

Yusa no era un chico que maldiciera, ni siquiera para sus adentros, pero eso le arrancó en la mente algunas de las pocas palabrotas que conocía y que por cierto, en su mayoría habían sido aprendidas de los labios de ghouls moribundos.

Piensa rápido.

—Literatura en Kamii —respondió de repente.

...Bueno, era parte de una fantasía de Yusa. Sabía que si alguna vez llegaba a ver el fin de ese mundo atroz en el que vivía, probablemente haría una carrera de civil. Algo dedicado a las cosas hermosas y eternas. Donde todos se sintieran efímeros. Y ya nunca más tuviera que usar un arma.

—Ah...Mi ex jefe estudió eso ahí —comentó Urie, casi desinteresadamente, bebiendo un largo sorbo de su whisky.

Yusa se obligó a no hacer muecas. Desde luego, su elección a falta de una mejor imaginación, tenía muchísimo que ver con Haise Sasaki (Ken Kaneki) y su pasado. A veces envidiaba la soltura con la que Haise hablaba con su padre simbólico, Arima Kishou, sobre libros y autores. Yusa quiso ser él, un día, lo cual era absurdo a todas luces.

Arima Kishou no viviría para verlo hacer algo con su vida (más que obedecerlo) y su plática con Urie era más falsa que el día a día de Yusa Arima en el CCG.

Yusa nunca le recomendaría libros a su hermano mayor. Ese pensamiento resultaba más amargo que la venida de Urie mezclada con tabaco y alcohol en su boca.

—¿Fuiste a la universidad? —preguntó Yusa, al darse cuenta de que llevaba demasiado tiempo sin hablar, mientras que Urie bebía y lo observaba con ojos somnolientos.

Tal vez fue un error preguntarle algo. Tal vez, Yusa debió esperar a que Urie se desmayara, pero tenía una inquietud, un presentimiento, de que si no decía algo, en el silencio pasaría otra cosa. Que él no quería que sucediera.

—El CCG tiene su propio sistema educativo y es muy completo, por cierto —contestó Urie, un poco a la defensiva, arrastrando las palabras con un grave rastro de su ebriedad.

Vaya manera de decir que no lo hiciste, pensó Yusa.

Sabía la historia de Urie, también la de personajes como Juuzou Suzuya o Ui Koori. No los entendía. Incluso si estaban muy dañados por los ghouls, incluso si los aborrecían...Eran humanos de verdad, completos. Sus vidas no pertenecían a un clán maldito, con líderes narcisistas. Podían hacer lo que quisieran.

Y elegían matar y morir para ellos. Yusa no lo entendía. No tenía sentido. Tal vez estaban locos o eran tontos pero trataba de no pensar mucho en eso porque lo hacía sentir triste y frustrado.

Si hubiera podido elegir, las manos de Yusa jamás hubieran lastimado a nadie. Humano, ghoul...Ni a quien estuviera a la mitad.

Hajime disfrutaba matar, por eso ya no podían estar juntos. ¿Y Urie? No parecía ni ser de los que siquiera reflexionaban al respecto.

—Pude haber ido a una universidad normal. Hice el ingreso para arte. Me aceptaron —agregó Urie, llenándose el vaso otra vez.

Yusa no sabía si decirle algo sobre todo lo que estaba bebiendo. A un ghoul no lo hubiese afectado, sin embargo, Urie era Quinx.

¿Debería llamar a Haise?, se cuestionó Yusa, clavando la mirada en su propio vaso de whisky, casi sin tocar. Lo puso a un lado, junto al cenicero.

—¿Pintas?

Urie lo miró.

—¿Cómo lo supiste?

—Uhm...Tienes manos de...pintor —trató de elaborar Yusa, alterado.

—No me he sacado los guantes aún —recalcó Urie.

¿Se dio cuenta? Trabajamos juntos, aunque solo me haya visto una o dos veces al año...Incluso si está tan ebrio...

Urie se inclinó hacia el lado del sofá de Yusa, interrumpiendo su tren de pensamientos en pleno descarrilamiento.

—Mi papá quería que yo estudiara arte. Pero...esa universidad está llena de homosexuales. No me gusta —añadió Kuki Urie, quitándose los guantes y arrojándolos sobre la mesita.

Yusa no dijo nada. Quería levantarse e irse. Pero no lograba hacerlo. Urie podía atacarlo. Si lo enfrentaba, no solo vulneraría a los civiles en el bar...Revelaría su identidad. Y Yusa estaba desarmado. Contra un Quinx. Arima Kishou decía que los subordinados de Haise en realidad contaban como un SS cada uno, es solo que no eran funcionales. Haise los había formado como una familia pero carecía de la pauta disociativa para imponerse sobre ellos en el trabajo. Ellos tampoco tenían suficiente sentido de unidad como el Escuadrón Zero, que seguía órdenes de Arima y Take.

Urie estaba quebrado por la muerte de Ginshi Shirazu. Como Ui, luego de la muerte de Hairu Ihei. Yusa los entendía. Él también la extrañaba. Pero solo podía proceder con cuidado.

—¿De veras eres un prostituto? —preguntó Urie, de repente. Posó las manos desnudas en las rodillas de Yusa, subió en una caricia atrevida por sus muslos.

Yu se preguntó si existía alguien con una ontología que llevara a venderse. Cuál era la diferencia entre asesinar y prostituirse, si al fin y al cabo, la prostitución era hacer lo que quisiera el cliente, como un jefe sin escrúpulos. Por qué era "mejor" clavar una espada que recibir un miembro.

Solo lo dejó ser.

—Si...

Urie buscó desabrochar su pantalón y bajarlo, mordiéndose el labio inferior. Palabras de negativa se atascaron en la boca de Yusa. Urie volvió a prender un cigarrillo.

—Te ves extraño. Juraría que nunca te he visto por aquí. Y vengo seguido, cuando me estreso.

Yu se estremeció, ya que sus muslos pálidos quedaron al descubierto. Debía reconocer que tenía la entrepierna bastante dura. Pero no sabía qué quería de Urie.

Probablemente, nada...Solo echaba de menos a Hajime y quería hacer algo al respecto.

¿Y Urie? ¿Qué pretendía al observar a Yusa semidesnudo, fumando?

Ui tenía un problema con el cigarrillo y alcohol. Kuki Urie probablemente solo lo tenía con la hipocresía. Porque consumía todo aquello a escondidas.

La brasa anaranjada del cigarrillo de Urie era lo más visible en esa habitación con luz baja. De repente, una mano tibia y sudorosa de Urie, sujetó con firmeza el muslo izquierdo de Yusa. La otra mano, que sostenía el cigarrillo, llevó su punta caliente a frotarse contra la piel de Yu.

—¡Ah! ¡¿Qué...?!

—Cálmate...Necesito asegurarme de que no eres un ghoul. No eres, ¿cierto?

Yusa jadeó. El dolor de la quemadura fue intenso. Las lágrimas corrieron gruesas por sus mejillas. Yusa hizo de cuenta que era un entrenamiento. Soportó como pudo. El breve instante en que Urie lo quemó con el cigarrillo encendido duró como una eternidad.

—Un ghoul ya hubiera revelado sus ojos negros. Eres humano, por lo que veo —comentó Urie, apartando el cigarrillo.

—...Quiero irme...—pidió Yusa, lo que debió dejar más claro desde un principio.

La herida era oscura, dolorosa, un punto negro sangriento en la palidez del muslo de Yusa Arima. Urie no parecía arrepentido. Puso los ojos en blanco, desechó el cigarrillo en el cenicero, se encogió de hombros.

—En mi rubro me tengo que asegurar. Hubiera sido una pena que un poco de diversión me costara carne y papeleo. A diferencia de otros investigadores, tengo una seria política con respecto a eyacular adentro del que será mi próximo quinque.

Urie dijo todo eso tan convencido, que el estómago de Yusa se dio vuelta. Y aún así, no pudo moverse. Tenía miedo aún. Y eso lo anestesiaba más que el sufrimiento.

—A ti te gusta el dolor, ¿no? Eres un masoquista —agregó Urie, acercando su dedo índice y golpeando la punta del miembro de Yusa.

Yu jadeó. Ni siquiera se había dado cuenta de lo duro que aún estaba.

—No hemos terminado. Voy a hacer que te corras. Como hiciste que me corriera...

—No...Por favor...

Pero Urie no escuchó cuando se arrodilló ante Yusa y besó su pene lampiño. A penas y una pelusa oscura cubría sus testículos. Era muy joven aún.

Yusa se preguntó si Urie no lo sabía. Su disgusto aumentó al imaginar que Urie dormía con muchos adolescentes que conocía prostituyéndose en ese bar. No sabía o no le importaba lo suficiente quiénes eran. Se parecía más de lo que jamás admitiría a los ghouls que mataba, creyéndose un héroe.

—Basta...Por favor...

—¿No necesitas el dinero? —preguntó Urie, deteniéndose de repente.

Yusa sintió que podía respirar otra vez. Se humedeció más los labios. Tenía la boca muy seca y un dejo del sabor salado de Urie en ella.

—...Si. Pero no puedo ir tan lejos...—contestó, no muy seguro de por qué decía cada palabra que acudía con torpeza a sus labios.

(Hajime aún pesaba en él, probablemente).

La mano de Urie se cerró en torno al miembro de Yusa y comenzó a jalar de él. Arrancándole un jadeo.

—No eres un prostituto, ¿verdad, universitario?

Un dedo de la otra mano de Urie se metió en su entrada. Yusa ahogó un grito.

—Estás muy estrecho para ser un tipo que se vende...

No tenía ningún lubricante. Yusa jadeó. Tuvo algún impulso violento pero logró frenarlo. Solo tenía que dejar que Urie lo hiciera. No había otra opción.

Excepto humillarse más.

—Por favor...No tomes mi castidad así...Me duele y...Nunca estuve con nadie...

No era del todo mentira. Sus incursiones con Hajime tenían límites, Yusa quería que crecieran más. Se sentía un niño y eso lo fastidaba pero saber que Hajime, que lo superaba en atrevimiento y malicia, era incluso menor, lo confundía. Aún así, permitir que Urie lo follara, hubiera sido traición.

Las lágrimas corrían por las mejillas de Yusa. Algo oscuro brilló en los ojos del mayor y el joven Arima pudo anticipar, antes de que Urie metiera un segundo dedo en su interior, que no lo estaba conmoviendo. Para nada.

—Entonces, di la verdad...¿Quién eres...?

Los dedos hicieron movimientos penetrativos, bruscos, lastimando la entrada de Yu. Este pudo sentir que su aro de músculo incluso comenzaba a desgarrarse. Su labio ya estaba herido y se hirió más. Bajó la mirada, profundamente apenado.

Ni así lo diría. Era demasiado. Y si Urie lo preguntaba, era porque tampoco sabía. Solo se trataba de un juego enfermo y Yusa se enojó consigo mismo por seguirle la corriente a un maldito como Kuki Urie.

—No soy un prostituto...Ni un ghoul...Yo...Estudio en Kamii y...mi papá está enfermo. Yo...Necesito...Dinero. Es todo...Por favor...

Las palabras No me violes, quedaron atascadas entre los labios sangrantes de Yusa Arima. Kuki Urie lo había reducido a eso. Y luego, él solo...Rió.

Una carcajada corta. Como si estuviera satisfecho consigo mismo.

Lo sabía. Eres un buen chico, ¿no? Solo quieres cuidar de tu papá...Eso está bien...—comentó, todavía haciendo que sus dedos entraran y salieran de Yusa, lo cual provocaba que el cuerpo del joven se estremeciera entre sus jadeos.

La manera en la que Urie lo tocaba comenzaba a estimularlo de una manera extraña. Su erección estaba más levantada. Yusa creyó que si Urie la tocaba, se correría y solo daría una impresión más lasciva.

Iba a volver a rogar, cuando los labios de Urie se juntaron con los suyos, privándole del aliento. La saliva alcoholizada de Kuki Urie invadió de nuevo la boca de Yusa Arima y solo se separó luego de arrancarle gemidos desesperados. Entonces, Urie atacó el cuello de Yusa, besándolo y lamiéndolo.

—Me gustan...Los chicos...Como tú...Estudiante...Solo quieres cumplir con tu deber...Velar por tu padre...Apuesto a que él...Se quedó sin empleo...Por culpa de un ghoul...¿Verdad? —murmuró el mayor contra su piel, frotando más fuerte el miembro de Yusa con una mano, mientras que presionaba más adentro sus dedos.

Una cierta cantidad de presemen salió del pene de Yu. No podía controlarlo. Nunca le había pasado así.

Con Hajime...Yusa lo poseía. Era diferente. No se entregaba. No lo tomaban. No se perdía a sí mismo en lo que el otro quería.

No tanto. No así.

—Si...Por favor...—atinó a decir.

Urie tomó eso como una invitación para volver a bajar hacia su miembro. Pero solo jadeó sobre él. Yusa se arqueó. No iba a rogar que Urie se la chupara. Sería demasiado intenso.

¿No?

—Japón sería una potencia mundial, de no ser por los malditos ghouls...—murmuró Urie, con rabia. Un tercer dedo hizo que Yusa casi se partiera en un grito ahogado.

—¡Ah!

—Los ghouls son lo peor que existe...Si uno viera a un chico tan bonito como tú, lo violaría y lo comería. Yo...el CCG, somos lo único que puede protegerte...—susurró Urie, echando su aliento sobre el muslo de Yusa, a la altura de su herida.

Iba a decir algo más, como una propuesta para calmarlo sin que lo penetrara, pero Urie tenía tres dedos adentro y la lengua de Urie se deslizó sobre su quemadura, chupándola, mordiéndola.

¿Quiere comerme?

Los Quinx podían, técnicamente, enloquecer y canibalizar. Take se lo había dicho, que debían tener cuidado con Haise, aunque a Yusa le inspirara confianza. Más que Urie, seguro.

Kuki Urie mordió bastante fuerte el muslo de Yusa Arima, quien rompió a llorar.

—Por favor...

Los tres dedos se movieron a un lado y Urie se apartó, sin aire, sonriendo levemente. Relamiéndose, quitó la mano que penetraba a Yusa, pero continuó acariciando su miembro con la otra.

—No soy un ghoul...Estoy de tu lado...Lo prometo...—dijo Urie en un hilo de voz. Pero su ojo izquierdo se había puesto rojo.

Yusa supo que si fuese un ser humano normal, Kuki Urie hubiera tenido terribles problemas. O tal vez no...A lo mejor, los chicos que se dedicaban a eso estaban tan desesperados, que no podían poner reparos en qué cliente era un ghoul o se portaba como uno.

Urie volvió a bajar su mano libre hacia su entrepierna. Eso solo hizo que Yusa entrara en mayor pánico.

—No quiero que mi primera vez sea así...Por favor —rogó.

Urie soltó su miembro, pasó a sujetar sus caderas y las juntó con las del joven Arima. Yusa no pretendía moverse pero temblaba muy fuerte. El adulto besó su mejilla y sacó la lengua para probar el rastro de sus lágrimas.

—No te preocupes. Solo me voy a frotar...—prometió, soltando una carcajada.

Era difícil creerle. Pero en ese punto, Yusa incluso pensó que estaba bien soportarlo, vivir aquello. Era su culpa por querer emociones nuevas y por pretender olvidarse con tanto cinismo de Hajime. ¿Había algo más nuevo que hacer el amor por primera vez con uno de sus superiores, tan ebrio que ni sabía quién era Yusa? Ah, digno de una anécdota. Y tal vez, de una denuncia penal.

¿Por qué se había topado a Urie, en sí? Corrían rumores sobre Kuroiwa el joven y Kuramoto, este último era un pupilo que siempre era amable con los niños del Escuadrón Zero. Por Kuramoto Ito, los padres de Yusa pelearon en su momento y Take tuvo que distanciarse de él. El hijo del viejo Kuroiwa incluso tenía una novia, siempre saludaba a Yusa de manera cordial. Se decía que los dos frecuentaban lugares así, ¿y si se los hubiera encontrado en lugar de a Urie? No podía imaginarse a uno de ellos haciéndole algo como lo que Urie le hacía.

Kuramoto Ito probablemente hubiera llamado a Take y Yusa hubiese tenido problemas. Tal vez, Kuroiwa Takeomi, de la misma edad de Urie pero con más aire a hermano mayor, lo hubiese llevado a su casa sin más que un regaño.

¿Por qué Urie? Yusa tuvo mala suerte.

—Por favor...Por favor...—fue lo único que atinó a decir, cuando la punta de la verga de Urie se rozó contra su entrada.

—No voy a penetrarte...Lo juro...Te estoy cuidando...—susurró Urie.

Los dientes de Yusa rechinaron cuando la cabeza del miembro rugoso de Urie comenzó a deslizarse entre sus nalgas. El pene de Urie aún estaba bastante húmedo por el sexo oral.

—¡Ah! Por favor...Urie...—rogó Yusa, sin aire ni mayor determinación que la de arquearse contra el sillón.

—¡Vamos! Estoy tocando tu clítoris...—jadeó Urie, todavía jaloneando el miembro de Yusa.

Yu estaba muy pendiente de lo que sucedia con la punta del pene de Urie, podía sentir cómo iba por su entrada y a medida que su superior suspiraba y gemía más, como una bestia, pudo percibir el líquido caliente que rodeaba su aro de músculo, finalmente cubriéndolo. Urie colapsó contra su pecho. Le levantó la camiseta para lamer y pellizcar sus pezones erectos. Yusa lloraba, pero poco después de que Urie se corriera, su miembro eyaculó contra la camisa del mayor, manchando la mano que aún lo masturbaba con brusquedad.

—Lo...siento...Yo...

—Límpialo —ordenó Urie, muy serio de repente, aunque aún sonrojado.

Era demasiado pero todo lo que habían hecho lo era. Yusa solo quería complacerlo y marcharse. Se inclinó, obedeciendo. Podía sentir la eyaculación de Urie entre sus muslos, bajando, derramada entre sus nalgas.

Por favor, que me deje ir, pensó, pasando la punta de la lengua por la camisa sucia de Kuki Urie, obligándose a degustar y tragar el sabor de su propio semen en la ropa de su amante forzoso. Pasó a hacer lo mismo con la mano desnuda, sucia en venida que Urie le ofreció, con cinismo.

—¿Te gusta? —preguntó el Quinx, con cierto morbo.

Yusa asintió, sonrojado, al borde del desmayo. No estaba seguro de que fuera cierto. Pero tenía un sabor más delicado, como el de Hajime. Tal vez porque ninguno de ellos consumía todo lo que era corriente para Urie.

—Dijiste mi nombre...¿Cómo lo sabías?

Yu estaba tan cansado, que ni contestar podía. Se encogió de hombros y Urie se apartó, cabeceando de agotamiento.

—Lo vi...en las noticias —mintió Yusa.

Aunque no era del todo mentira. Había visto a Urie en algún que otro programa de divulgación sobre el CCG y en informativos sobre operaciones determinadas. Parecía que los directivos intentaban que fuera odiado por las masas, al ser tan joven y estar como una cabeza de mando. Pero a Kuki Urie no le importaba.

Parecía orgulloso de la explicación semi falsa de Yusa.

—Lo sé, como dije...Soy un héroe. Los ghouls se quedan con nuestros trabajos, por eso un chico hermoso como tú tiene que hacer esto...Pero tranquilo, te digo...Voy a hacer de este un gran país otra vez —le aseguró Urie, acomodándose la ropa en la que aún quedaban rastros de los fluídos de Yusa y a saber de quién más.

(Yu estaba al tanto de que ese slogan de la derecha extrema del CCG, le daba tantos escalofríos como toda la jornada con Urie en general).

—Gracias...—murmuró Yusa, haciendo una mueca, más bien para sí. Al menos, el ojo de Urie ya lucia normal y no parecía haber notado su incomodidad.

A Yusa Arima todo le dolía. La quemadura. La mandíbula. Un poco el trasero, se sentía sucio. Quería llorar más y bañarse. Se puso de pie y buscó su chaqueta.

Urie se arqueó, bostezó y metió las manos en los bolsillos de su traje. Sacó un fajo de billetes y los contó, pese a su estado de ebriedad, sin reparar en un número preciso pero...Yusa calculó doscientos mil yenes por el toco que formaban. No sabía si tomarlos. Urie lo miró, como si se imaginara qué pensaba.

—Quiero comprar tu virginidad pero...no ahora. Cuando estés listo. Se me viene un trabajo muy grande, podré darte el doble de esto, es más de lo que nadie aquí te daría porque no te das a conocer. Y eso me gusta...Los chicos de aquí...Un tren les pasa. Contigo es real y me gustan las cosas finas —añadió Urie, haciendo una mueca que disgustó a Yusa pero...

Supuso que lo mejor sería aceptar el dinero. Se hubiera visto raro que no lo hiciera. Se inclinó ante Urie como si le agradeciera. Él se sirvió de esa apertura para sacar algo más del bolsillo de su pantalón.

—Es mi tarjeta. Para que me contactes. Aunque siempre vengo aquí. Raro que no te viera.

Yusa se encogió de hombros, guardó el dinero y la tarjeta de Urie en un bolsillo interno de la chaqueta, avergonzado. Sabía de sobra que no era un prostituto pero toda esa "aventura" se había sostenido sobre la mentira de serlo.

Urie se sirvió más whisky, se puso sus guantes de nuevo y volvió a acomodarse en el sofá.

—¿Nos veremos de nuevo en otra ocasión? —agregó Urie, haciendo un ademán con su mano libre, ya que con la otra sostenía su vaso.

Era su manera sutil de echar a Yusa. Solo por bronca, el muchacho manoteó su vaso de whisky olvidado, ya casi tibio, y lo tomó de un largo sorbo, sintiendo su amargura repugnante.

Si, nos veremos en el trabajo, contestó a Urie para sus adentros. Pero Urie estaba sobre "curándose" de nuevo, a penas y lo miraba de reojo. Yusa solo asintió y dio zancadas hacia la puerta para marcharse cuanto antes, no fuera cosa de que el Quinx cambiara de opinión.


Su leve ebriedad le pegó duro por la inexperiencia pero se las arregló para encontrar una tienda de conveniencia. Aunque no usaba muchas redes sociales, Shio le había mostrado reels donde recomendaban beber agua luego del alcohol y café para alcanzar la sobriedad en una hora. Ya casi era de madrugada. Con algo de mala suerte, iba a llegar para encontrar a sus padres en la sala, esperándolo.

¿O no?

Tal vez la salida de ellos se había extendido. Confiaba en eso.

Al menos, en la tienda volvió a ser un niño. Comió un bocadillo de proteínas con el agua. Usó su tarjeta de estudiante del CCG (aunque era más bien ayudante de Ui en la Academia, al igual que Shio y Rikai), trató de olvidarse del fajo de billetes contra su pecho mientras que comía y bebía, concentrándose en dominar el whisky en su sistema.

Lo vivido con Urie parecía un sueño pero sentía el olor de ese hombre sobre su cuerpo. Tendría que bañarse al llegar a casa. Pero, ¿quería hacerlo? Una mezcla de fascinación enfermiza lo colmaba con respecto a los aromas. Había sufrido en brazos de Urie pero también se sintió vivo. Y casi no pensó en Hajime. No tanto como pensó que lo haría.

Tampoco era algo que hubiera repetido. Pero olvidarlo no resultaría sencillo.

Eligió, antes de marcharse, un café como el que Haise solía comprar en una tienda del distrito veinte. No sabía bien. Pero fue el agregado a una hora viendo viendo las noticias en su teléfono con ansiedad sobre las unidades de contramedidas ghoul en otros países y las políticas del propio. Pasó rápido.

Eran las cinco de la mañana, tomó un taxi.


Tuvo suerte. La cena de sus padres adoptivos se había extendido en copas y probablemente llegaron muy distraídos en una pelea o en hacer las paces como para revisar que los tres muchachos siguieran en el cuarto.

O quién supiera. Arima Kishou y Take Hirako eran muy perceptivos a veces. Tal vez habían decidido darle libertades que Yusa no merecía.

Sus hermanos, sin embargo, lo esperaron con cierto enojo.

—Ya era hora de que regresaras —lo invitó Shio a subir por el soporte de la planta trepadora a los pies de la habitación que aún compartían. Tanto él como Rikai tiraron de su camiseta para que cruzara más rápido la ventana.

Yusa cayó sobre ellos y rodaron en la alfombra, riendo. No pudo evitar notar lo despeinado que lucía Rikai y que Shio tenía el cabello mojado, como si se hubiese bañado recientemente.

Tal vez Rikai no se le había unido por preocupación.

—¿A dónde te metiste? —exigió saber el heredero de la casa Souzu.

Yusa se encogió de hombros. Iba a mostrar la identificación de Haise pero cuando metió la mano en el bolsillo interno, lo primero que salió fue el fajo de billetes.

Sus hermanos lo miraron con ojos como platos. Shio lucía sorprendido. A Rikai lo invadió una indignación silenciosa. Tal vez no le hicieron reproches porque también habían tenido una "aventura" juntos, que no lo incluía.

—¿Robaste un banco? —indagó Shio, levantando el dinero, que cayó al suelo.

—Ya saben...Un día en el mundo de la gente normal es una noche larga para un chico del Jardín —se encogió de hombros Yusa, fingiendo que nada digno de ser relatado había sucedido. Pero temblaba.

Sabía que se desmoronaría si sus hermanos lo presionaban pero ellos solo intercambiaron miradas con ligera desconfianza y a lo mejor decidieron, de mutuo y mudo acuerdo, dejarlo ahí.

—Ya casi es hora de desayunar. ¿Por qué no te bañas y tratas de dormir una hora? Te excusaremos —ofreció Rikai.

—Ah...Me vendría bien, ¿no será mucha molestia?

—Para nada. Pero...Cuando puedas, nos debes la anécdota —añadió Shio.

—Lo mismo digo —agregó Rikai, un poco más serio, cruzándose de brazos.

Yusa se obligó a reír más, como si eso ocultara sus estremecimientos. Pero...Sabía que sus hermanos normalmente sabían todo de él. Estaban anonadados entre sí por sus experiencias como para notar que se sentía tan mal. Sin embargo, con el correr de los días, sería más y más difícil ocultarlo.

Y sobre todo, debido a quién se sentía tan sucio.

—¿Luego? —casi prometió Yusa, quitándose la chaqueta y los zapatos, buscando enfilar hacia el baño privado.

—Seguro, hombre —concedió Shio.

Rikai asintió, frotándose la nuca.

—¿Cuándo? —añadió el chico de las mechas púrpuras, quien tenía sus momentos de agudeza.

Yusa sonrió más y en ese punto, fue demasiado evidente que sentía dolor.

—Cuando seamos libres. Se los contaré todo. Y podrán decirme lo que hicieron...¿Si?

Shio y Rikai volvieron a mirarse entre sí. Shio jadeó como si sintiera alguna pena, Rikai solo suspiró y Yusa tomó la reacción como pie para encerrarse en el baño, ducharse y fingir que la noche habia sido una mezcla de sueño húmedo con pesadilla.

Hajime le escribió a Yusa desde un celular nuevo con una mezcla de insultos y un extraño pedido para retomar el contacto. Sus emojis lloraban y mandaban berenjenas. Shio se encargó de borrar el mensaje y bloquear el número, como favor a su hermano.

Que Rikai acomodara su chaqueta y la tarjeta de Urie cayera, más tarde, no ayudó a negar lo que sucedió pero eso es parte de otra historia.