NOTA: la historia empieza después de que leyeron los dos primeros libros, estos no estoy segura de escribirlos.
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Era un nuevo día en Hogwarts, los alumnos fueron emocionados a desayunar, todavía sorprendidos por el final del segundo libro.—¿Ahora si nos vas a contar cómo los Chudley Cannons se volvieron uno de los mejores equipos? —le preguntó Bruno a su sobrino James.
—Es una historia divertida —se rio junto con la tercera generación —digamos que mi papá y mi padrino borrachos y con dinero pueden llegar a hacer grandes cosas.
Varios lo miraron asombrados, esperando a que cuente mejor la historia. Al ver que empezaba a comer, Ed la contó.
—Mamá y tía Mione se habían ido de viaje de chicas y tío Aaron pasó por mi para que jugara con Winnie, tenía como 5 años y ella 3 —explica —cuando regresé al día siguiente mamá y tía Mione los estaban regañando, Winky nos contó que apostaron entre ustedes estando borrachos y terminaron comprando el equipo.
—Y ahora es de los mejores equipos —añadió James.
Varios rieron mientras la señora Weasley negaba con la cabeza.
—¿Winky? —preguntó Darlyn luego de un momento.
—Es nuestra elfa doméstica—contestó RJ.
—Y antes de que digas algo tía Mione —habló Lottie viendo que Hermione abría la boca para hablar —Winky tiene un salario, días de descanso y vacaciones —Hermione sonrió.
Después de desayunar Dumbledore se paró en la tarima con el tercer libro en su mano.
El Prisionero de Azkaban— leyó el profesor Dumbledore.
—¡En tu cara Snape! —exclamó Sirius —yo tengo todo un libro dedicado a mi— dijo para diversión de muchos, mientras Snape rodaba los ojos irritado, recordando como le echó en cara a Sirius en el primer libro que al menos él tenía un capítulo sobre él, cuando tuvo su confrontamiento con Sirius en la lectura del primer libro.
—¿Quién quiere leer? —varios levantaron la mano, eligió a un emocionado Colin Creevey. Él subió a la tarima y Dumbledore le dió el libro.
Lechuzas mensajeras— leyó Colin.
Harry Potter era, en muchos sentidos, un muchacho diferente. Por un lado, las vacaciones de verano le gustaban menos que cualquier otra época del año;
Varios gruñeron, recordando las condiciones en las que vive, sobre todo Sirius, quien dejó su forma animaga cuando leyeron donde dormía. Por suerte Amelia Bones decidió darle el beneficio de la duda cuando vió que los demás lo protegían.
y por otro, deseaba de verdad hacer los deberes, pero tenía que hacerlos a escondidas, muy entrada la noche. Y además, Harry Potter era un mago.
—No me digas— susurró sarcástico Draco rodando los ojos.
Era casi medianoche y estaba tumbado en la cama, boca abajo, tapado con las mantas hasta la cabeza, como en una tienda de campaña. En una mano tenía la linterna y, abierto sobre la almohada, había un libro grande, encuadernado en piel (Historia de la Magia, de Adalbert Waffling).
—No puedo creer que tengas que hacer así tu tarea— dijo Hermione indignada.
—Ya no la tengo que hacer así— dijo Harry intentando hacer sentir mejor a su amiga. Ella lo vió sospechosa pero no dijo nada.
Harry recorría la página con la punta de su pluma de águila, con el entrecejo fruncido, buscando algo que le sirviera para su redacción sobre «La inutilidad de la quema de brujas en el siglo XIV».
La pluma se detuvo en la parte superior de un párrafo que podía serle útil. Harry se subió las gafas redondas, acercó la linterna al libro y leyó:
En la Edad Media, los no magos (comúnmente denominados muggles) sentían hacia la magia un especial temor, pero no eran muy duchos en reconocerla. En las raras ocasiones en que capturaban a un auténtico brujo o bruja, la quema carecía en absoluto de efecto. La bruja o el brujo realizaba un sencillo encantamiento para enfriar las llamas y luego fingía que se retorcía de dolor mientras disfrutaba del suave cosquilleo. A Wendelin la Hechicera le gustaba tanto ser quemada que se dejó capturar no menos de cuarenta y siete veces con distintos aspectos.
—Loca— se escuchó un murmullo.
Harry se puso la pluma entre los dientes y buscó bajo la almohada el tintero y un rollo de pergamino. Lentamente y con mucho cuidado, destapó el tintero, mojó la pluma y comenzó a escribir, deteniéndose a escuchar de vez en cuando, porque si alguno de los Dursley, al pasar hacia el baño, oía el rasgar de la pluma, lo más probable era que lo encerraran bajo llave hasta el final del verano en el armario que había debajo de las escaleras.
Varios gruñeron y otros lo miraron con lástima, Madame Bones aprovechó de tomar más notas para presentar cargos contra los Dursley.
La familia Dursley, que vivía en el número 4 de Privet Drive, era el motivo de que Harry no pudiera tener nunca vacaciones de verano. Tío Vernon, tía Petunia y su hijo Dudley eran los únicos parientes vivos que tenía Harry.
Sirius, Remus y Brooke hicieron una mueca, uno pensando que hubiera sido mejor no ir tras Peter y los otros dos pensando que hubiera sido mejor ignorar a Dumbledore y Petunia.
Eran muggles, y su actitud hacia la magia era muy medieval.
—Medieval se queda corto— dijo Tonks.
En casa de los Dursley nunca se mencionaba a los difuntos padres de Harry; que habían sido brujos. Durante años, tía Petunia y tío Vernon habían albergado la esperanza de extirpar lo que Harry tenía de mago, teniéndolo bien sujeto.
McGonagall vio molesta a Dumbledore, quien bajó la mirada apenado de sus acciones, las protecciones de sangre protegían a Harry en esa casa, pero nada lo protegía de las personas que la habitaban.
Les irritaba no haberlo logrado y vivían con el temor de que alguien pudiera descubrir que Harry había pasado la mayor parte de los últimos dos años en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Lo único que podían hacer los Dursley aquellos días era guardar bajo llave los libros de hechizos, la varita mágica, el caldero y la escoba al inicio de las vacaciones de verano, y prohibirle que hablara con los vecinos, fue una sorpresa tanto para él como para Darlyn cuando la encontró mudándose a un par de casas de ahí, habían podido estar juntos hasta cuando tuvo que irse a su campamento de verano, como lo tenía de planeado desde antes de saber que se mudaría.
—De haber sabido a donde me mudaba, ni iba al campamento —murmuró Darlyn.
Para Harry había representado un grave problema que le quitaran los libros, porque los profesores de Hogwarts le habían puesto muchos deberes para el verano. Uno de los trabajos menos agradables, sobre pociones para encoger; era para el profesor menos estimado por Harry, Snape,
Varios le dirigieron miradas a Snape, aun recordaban leer su trato hacia los alumnos, especialmente hacia Harry y Neville.
que estaría encantado de tener una excusa para castigar a Harry durante un mes. Así que, durante la primera semana de vacaciones, Harry aprovechó la oportunidad: mientras tío Vernon, tía Petunia y Dudley estaban en el jardín admirando el nuevo coche de la empresa de tío Vernon (en voz muy alta, para que el vecindario se enterara), Harry fue a la planta baja, forzó la cerradura del armario de debajo de las escaleras, cogió algunos libros y los escondió en su habitación. Mientras no dejara manchas de tinta en las sábanas, los Dursley no tendrían por qué enterarse de que aprovechaba las noches para estudiar magia.
Harry no quería problemas con sus tíos y menos en aquellos momentos, porque estaban enfadados con él, y todo porque cuando llevaba una semana de vacaciones, justo después de la partida de su novia, había recibido una llamada telefónica de un compañero mago.
—Perdón —Ron hizo una mueca apenado.
Ron Weasley, que era uno de los mejores amigos que Harry tenía en Hogwarts, procedía de una familia de magos. Esto significaba que sabía muchas cosas que Harry ignoraba, pero nunca había utilizado el teléfono.
Por desgracia, fue tío Vernon quien respondió:
Varios hicieron una mueca pensando en lo que pasaría.
—¿Diga?
Harry, que estaba en ese momento en la habitación, se quedó de piedra al oír que
era Ron quien respondía.
—¿HOLA? ¿HOLA? ¿ME OYE? ¡QUISIERA HABLAR CON HARRY POTTER! —Colin gritó, sobresaltando a algunos, mientras otros reían.
Ron daba tales gritos que tío Vernon dio un salto y alejó el teléfono de su oído por
lo menos medio metro, mirándolo con furia y sorpresa.
—¿QUIÉN ES? —voceó en dirección al auricular—. ¿QUIÉN ES?
—¡RON WEASLEY! —gritó Ron a su vez, como si el tío Vernon y él estuvieran
comunicándose desde los extremos de un campo de fútbol—. SOY UN AMIGO DE HARRY, DEL COLEGIO.
—Esto es cada vez mejor —dijo Ginny riendo con los demás Weasleys.
Los minúsculos ojos de tío Vernon se volvieron hacia Harry; que estaba inmovilizado.
—¡AQUÍ NO VIVE NINGÚN HARRY POTTER! —gritó tío Vernon, manteniendo el brazo estirado, como si temiera que el teléfono pudiera estallar—. ¡NO SÉ DE QUÉ COLEGIO ME HABLA! ¡NO VUELVA A LLAMAR AQUÍ! ¡NO SE ACERQUE A MI FAMILIA!
Colgó el teléfono como quien se desprende de una araña venenosa.
La bronca que siguió fue una de las peores que le habían echado.
Las risas se fueron apagando y varios lo miraron preocupados.
—¡CÓMO TE ATREVES A DARLE ESTE NÚMERO A GENTE COMO...COMO TÚ! —le gritó tío Vernon, salpicándolo de saliva.
Ron, obviamente, comprendió que había puesto a Harry en un apuro, porque no volvió a llamar. La mejor amiga de Harry en Hogwarts, Hermione Granger, tampoco lo llamó. Harry se imaginaba que Ron le había dicho a Hermione que no lo llamara, lo cual era una pena, porque los padres de Hermione, la bruja más inteligente de la clase de Harry, eran muggles, y ella sabía muy bien cómo utilizar el teléfono, y probablemente habría tenido tacto suficiente para no revelar que estudiaba en Hogwarts.
Hermione asintió de acuerdo con los pensamientos de Harry.
De manera que Harry había permanecido cinco largas semanas sin tener noticia de sus amigos magos ni de su novia, y aquel verano estaba resultando casi tan desagradable como el anterior.
Varios hicieron una mueca.
Sólo había dos pequeñas mejoras: después de jurar que no la usaría para enviar mensajes a ninguno de sus amigos, a Harry le habían permitido sacar de la jaula por las noches a su lechuza Hedwig.
—Deberíamos visitar a Hedwig y Mercury— le susurró Harry a Darlyn.
—Podemos ir a la lechucería antes de dormir— sugirió Darlyn, recibiendo un asentimiento por parte de Harry.
Tío Vernon había transigido debido al escándalo que armaba Hedwig cuando permanecía todo el tiempo encerrada. Y al menos una vez a la semana los hermanos de Darlyn, Aaron y Bruno, venían por él y lo llevaban por helado.
—Esos son mis chicos— celebró Brooke a sus sobrinos, apretándole el cachete a Aaron, quien restaba más cerca de ella.
Harry terminó de escribir sobre Wendelin la Hechicera e hizo una pausa para volver a escuchar. Sólo los ronquidos lejanos y ruidosos de su enorme primo Dudley rompían el silencio de la casa. Debía de ser muy tarde. A Harry le picaban los ojos de cansancio. Sería mejor terminar la redacción la noche siguiente...
Tapó el tintero, sacó una funda de almohada de debajo de la cama, metió dentro la linterna, la Historia de la Magia, la redacción, la pluma y el tintero, se levantó y lo escondió todo debajo de la cama, bajo una tabla del entarimado que estaba suelta. Se puso de pie, se estiró y miró la hora en la esfera luminosa del despertador de la mesilla de noche.
Era la una de la mañana. Harry se sobresaltó: hacía una hora que había cumplido trece años y no se había dado cuenta.
Harry aún era un muchacho diferente en otro aspecto: en el escaso entusiasmo con que aguardaba sus cumpleaños. Nunca había recibido una tarjeta de felicitación. Los Dursley habían pasado por alto sus dos últimos cumpleaños y no tenía ningún motivo para suponer que fueran a acordarse del siguiente.
Harry ignoró las miradas de lastima y se centró en peinar el cabello de Lils, quien estaba sentada en los cojines del suelo con su cabeza apoyada en las piernas de Harry.
Harry atravesó a oscuras la habitación, pasando junto a la gran jaula vacía de Hedwig, y llegó hasta la ventana, que estaba abierta.
Se apoyó en el alféizar y notó con agrado en la cara, después del largo rato pasado bajo las mantas, el frescor de la noche. Hacía dos noches que Hedwig se había ido. Harry no estaba preocupado por ella (en otras ocasiones se había ausentado durante períodos equivalentes), pero esperaba que no tardara en volver. Era el único ser vivo en aquella casa que no se asustaba al verlo.
Aunque Harry seguía siendo demasiado pequeño y esmirriado para su edad, había crecido varios centímetros durante el último año.
—Son los genes Potter— le dijo Sirius removiéndole el cabello, mientras Harry se ruborizaba, ¿era necesario mencionar lo pequeño que era?
Sin embargo, su cabello negro azabache seguía como siempre: sin dejarse peinar.
El cuarteto de oro compartió una mirada antes de soltar unas risas, el año pasado Darlyn estaba esmerada en arreglar el cabello de Harry para el baile de navidad. Una semana antes de este probó diferentes productos, Hermione la ayudó cuando después de 5 productos nada lo peinaba mientras Ron se reía de las quejas de su amigo. Al final el cabello de Harry era morado y no fue hasta unas horas después y varios lavados que regresó a la normalidad.
No importaba lo que hiciera con él, el pelo no se sometía. Tras las gafas tenía unos ojos verdes brillantes, y sobre la frente, claramente visible entre el pelo, una cicatriz alargada en forma de rayo.
Algunos voltearon a verlo e inconsciente movió su cabello para cubrirla.
Aquella cicatriz era la más extraordinaria de todas las características inusuales de Harry. No era, como le habían hecho creer los Dursley durante diez años, una huella del accidente de automóvil que había acabado con la vida de los padres de Harry, porque Lily y James Potter no habían muerto en un accidente de tráfico, sino asesinados.
De nuevo las miradas de pena se posaron en él, él solo quería que dejaran de verlo de esa manera.
Asesinados por el mago tenebroso más temido de los últimos cien años: lord Voldemort. Harry había sobrevivido a aquel ataque sin otra secuela que la cicatriz de la frente cuando el hechizo de Voldemort, en vez de matarlo, había rebotado contra su agresor.
Medio muerto, Voldemort había huido...
Pero Harry había tenido que vérselas con él desde el momento en que llegó a Hogwarts. Al recordar junto a la ventana su último encuentro, Harry pensó que si había cumplido los trece años era porque tenía mucha suerte.
Varios asintieron de acuerdo con el libro, mientras Remus y Brooke compartieron una mirada preocupados.
Miró el cielo estrellado, por si veía a Hedwig, que quizá regresara con un ratón muerto en el pico, esperando sus elogios. Harry miraba distraído por encima de los tejados y pasaron algunos segundos hasta que comprendió lo que veía.
Perfilada contra la luna dorada y creciendo a cada instante se veía una figura de forma extrañamente irregular que se dirigía hacia Harry batiendo las alas. Se quedó quieto viéndola descender. Durante una fracción de segundo, Harry no supo, con la mano en la falleba, si cerrar la ventana de golpe.
—Ya estaba durando mucho la tranquilidad— se escuchó el susurro de Oliver Wood, quien había llegado en el quinto capítulo del primer libro.
Pero entonces la extraña criatura revoloteó sobre una farola de Privet Drive, y Harry, dándose cuenta de lo que era, se hizo a un lado.
Cuatro lechuzas penetraron por la ventana, dos sosteniendo a otra que parecía
inconsciente. Aterrizaron suavemente sobre la cama de Harry, y la lechuza que iba en medio, y que era grande y gris, cayó y quedó allí inmóvil.
Los Weasley hicieron una mueca preocupados por su lechuza.
Llevaba un paquete atado a las patas.
Harry reconoció enseguida a la lechuza inconsciente. Se llamaba Errol y pertenecía a la familia Weasley
Se escucharon risas provenientes de Slytherin.
—Ni una lechuza decente se pueden comprar— se rio Pansy mirándolos con desprecio, pero no contaba con que más de la mitad del comedor los defendería.
Harry se lanzó inmediatamente sobre la cama, desató los cordeles de las patas de Errol, cogió el paquete y depositó a Errol en la jaula de Hedwig. Errol abrió un ojo empañado, ululó débilmente en señal de agradecimiento y comenzó a beber agua a tragos.
Los Weasley le sonrieron a Harry agradecidos.
Harry volvió al lugar en que descansaban las otras lechuzas. Una de ellas (una hembra grande y blanca como la nieve) era su propia Hedwig. También llevaba un paquete y parecía muy satisfecha de sí misma. Dio a Harry un picotazo cariñoso cuando le quitó la carga, y luego atravesó la habitación volando para reunirse con Errol.
Harry reconoció la tercera, (un macho marrón y blanco) era la lechuza de los Rose, llevaba un paquete y una carta, dio un picotazo cariñoso y después de quitarle la carga se fue junto a Hedwing, pero no reconoció a la cuarta lechuza, que era muy bonita y de color pardo rojizo, pero supo enseguida de dónde venía, porque además del correspondiente paquete portaba un mensaje con el emblema de Hogwarts. Cuando Harry le cogió la carta a esta lechuza, ella erizó las plumas orgullosamente, estiró las alas y emprendió el vuelo atravesando la ventana e internándose en la noche.
Harry se sentó en la cama, cogió el paquete de Errol, rasgó el papel marrón y descubrió un regalo envuelto en papel dorado y la primera tarjeta de cumpleaños de su vida.
Harry se ruborizó cuando varias personas le sonrieron e intentó ignorar las miradas de pena que algunos le dieron.
Abrió el sobre con dedos ligeramente temblorosos.
—Que lindo— Cho Chang le sonrió.
—Me lo quiero comer a besos— se escuchó el murmullo de Romilda Vane, provocando que Darlyn tomara a Harry de su camisa y estampara sus labios contra los de él, un Harry muy sorprendido le siguió el beso, profundizándolo más de lo pensado.
—Alguien más se lo está comiendo a besos— le dijo a Romilda una de sus amigas riendo, aunque solo Vane la escuchó, pues los demás se alocaron con el beso de la pareja.
—¡Ese es mi ship! —se escuchó el grito por encima del alboroto.
Una vez los adolescentes se calmaron, dejando a dos adolescentes extremadamente sonrojados, Colin retomó la lectura.
Cayeron dos trozos de papel: una carta y un recorte de periódico.
Supo que el recorte de periódico pertenecía al diario del mundo mágico El Profeta porque la gente de la fotografía en blanco y negro se movía. Harry recogió el recorte, lo alisó y leyó:
FUNCIONARIO DEL MINISTERIO DE MAGIA RECIBE EL GRAN PREMIO
Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles, ha ganado el gran premio anual Galleon Draw que entrega el diario El Profeta.
El señor Weasley, radiante de alegría, declaró a El Profeta: «Gastaremos el dinero en unas vacaciones estivales en Egipto, donde trabaja Bill, nuestro hijo mayor, deshaciendo hechizos para el banco mágico Gringotts.»
—¿Sabes que no hay necesidad de estar celosa verdad? —le susurró Harry a Darlyn, cuando esta apretó más su mano al ver la mirada de Cho sobre Harry —no me importan ellas, solo te amo a ti.
Darlyn sonrió al sentir los labios de Harry en su mejilla.
—Yo también te amo— le dijo antes de recargarse en su hombro.
Mientras Colin seguía leyendo.
La familia Weasley pasará un mes en Egipto, y regresará para el comienzo del nuevo curso escolar de Hogwarts, donde estudian actualmente cinco hijos del matrimonio Weasley.
Observó la fotografía en movimiento, y una sonrisa se le dibujó en la cara al ver a los nueve Weasley ante una enorme pirámide, saludándolo con la mano. La pequeña y rechoncha señora Weasley, el alto y calvo señor Weasley, los seis hijos y la hija tenían (aunque la fotografía en blanco y negro no lo mostrara) el pelo de un rojo intenso. Justo en el centro de la foto aparecía Ron, alto y larguirucho, con su rata Scabbers
Para la mayoría pasó desapercibida las miradas de los de la orden, los del futuro y el gruñido de Sirius y el cuarteto de oro.
sobre el hombro y con el brazo alrededor de Ginny, su hermana pequeña.
Harry no sabía de nadie que mereciera un premio más que los Weasley,
—Gracias Harry— le sonrió la señora Weasley al igual que los demás Weasleys a excepción de Percy.
que eran muy buenos y pobres de solemnidad. Cogió la carta de Ron y la desdobló.
Querido Harry:
¡Feliz cumpleaños!
Siento mucho lo de la llamada de teléfono. Espero que los muggles no te dieran un mal rato. Se lo he dicho a mi padre y él opina que no debería haber gritado.
Algunos rieron.
Egipto es estupendo. Bill nos ha llevado a ver todas las tumbas,
Bill sonrió contento de que a su hermano le gustara Egipto, cerca de él una rubia francesa lo veía sonriente.
y no te creerías las maldiciones que los antiguos brujos egipcios ponían en ellas. Mi madre no dejó que Ginny entrara en la última.
—Sigo sin entender por qué— se quejó Ginny —sólo soy un año menor que Ron.
—No te preocupes rojita —Bruno habló antes de que la señora Weasley replicara —podemos ir ahí en nuestra luna de miel— le sonrió ignorando las miradas que le dirigieron los hermanos de la pelirroja. Ginny rodó los ojos sonrojada.
Estaba llena de esqueletos mutantes de muggles que habían profanado la tumba y tenían varias cabezas y cosas así.
Cuando mi padre ganó el premio de El Profeta no me lo podía creer. ¡Setecientos galeones! La mayor parte se nos ha ido en estas vacaciones, pero me van a comprar otra varita mágica para el próximo curso.
—Te hubiéramos comprado una antes si nos hubieras avisado las condiciones de tu varita— lo volvió a reñir la señora Weasley. Ron se encogió en hombros.
—Al final fue útil— Molly no pudo negar esto y dejaron a Colin seguir leyendo.
Harry recordaba muy bien cómo se le había roto a Ron su vieja varita mágica. Fue cuando el coche en que los dos habían ido volando a Hogwarts chocó contra un árbol del parque del colegio.
—Sigo sin creer que eso sucedió— se escuchó el susurro de un primer año de Hufflepuff.
Regresaremos más o menos una semana antes de que comience el curso. Iremos a Londres a comprar la varita mágica y los nuevos libros. ¿Podríamos vernos allí?
¡No dejes que los muggles te depriman! Intenta venir a Londres.
Ron
Posdata: Percy ha ganado el Premio Anual. Recibió la notificación la semana pasada.
Percy se sorprendió al escuchar su nombre, no esperaba que Ron lo nombrara en su carta.
Harry volvió a mirar la foto. Percy, que estaba en el séptimo y último curso de Hogwarts, parecía especialmente orgulloso. Se había colocado la medalla del Premio Anual en el fez que llevaba graciosamente sobre su pelo repeinado. Las gafas de montura de asta reflejaban el sol egipcio.
Luego Harry cogió el regalo y lo desenvolvió. Parecía una diminuta peonza de cristal.
Debajo había otra nota de Ron:
Harry:
Esto es un chivatoscopio de bolsillo. Si hay alguien cerca que no sea de fiar, en teoría tiene que dar vueltas y encenderse. Bill dice que no es más que una engañifa para turistas magos, y que no funciona, porque la noche pasada estuvo toda la cena sin parar. Claro que él no sabía que Fred y George le habían echado escarabajos en la sopa.
—Debí haber imaginado que fueron ustedes— Bill dijo mientras algunas personas reían.
—Parece que si funcionaba— susurró Ron para que solo Hermione, Darlyn y Harry escucharan.
Hasta pronto,
Ron
Harry puso el chivatoscopio de bolsillo sobre la mesita de noche, donde permaneció inmóvil, en equilibrio sobre la punta, reflejando las manecillas luminosas del reloj. Lo contempló durante unos segundos, satisfecho,
Ron sonrió satisfecho de que a Harry le gustará su regalo.
—Me encanta su amistad— dijo Angelina Johnson.
y luego cogió la carta que había llevado Mercury, la lechuza de los Rose:
—Sigo sin creer que la dejaron nombrarlo Mercury— Sirius le dijo a Aaron y Bruno.
—A todos les gusta Queen— Aaron sonrió.
Querido Hazza:
¡Feliz cumpleaños!
Lamento no haber mandado cartas antes, nos tienen muy vigilados y sería raro si me vieran dándole una carta a una lechuza. Tuve que escabullirme en la noche para darle esto a Mercury.
En el campamento las cosas van bien, ¿te acuerdas del pedazo de canción que te enseñé en navidad? ¡Ya la terminé!
Uno de los cursos aquí es de composición y me ayudó a acabarla. Te la cantaré cuando nos veamos.
—¿Ahora si la vamos a escuchar? —preguntó Luna con su voz soñadora, otros miraron a Darlyn emocionados, pues en el segundo libro solo se mencionó que ella cantaba y componía, y que Harry adoraba su voz, esperaban poder oírla para aligerar el ambiente.
Darlyn se encogió en hombros y volteó su vista a sus hijos, pero solo sonrieron sin contestar.
Cuando regrese iremos a la feria y al cine para festejar nuestros cumpleaños.
—¿Qué es eso? —preguntó Astoria Greengrass, varios Slytherins tenían la misma duda, pero no dijeron nada.
—La feria es un lugar al aire libre con diferentes juegos, tanto mecánicos como de puestos en los que puedes ganar premios —contestó Hermione.
—Y el cine es un lugar donde proyectan películas— ante las miradas curiosas Darlyn explicó: —es una serie de imágenes con sonido que cuentan una historia, como los que ha proyectado el libro, solo que más largos.
En ocasiones especiales, el libro brillaba y proyectaba lo ocurrido junto con una voz narrando, la última vez que ocurrió esto fue cuando Harry se enfrentó al basilisco.
Igual hay una persona que te quiere conocer, llega una semana después que yo.
Espero que esos muggles te estén tratando bien. Por cierto, ¿te tratan bien mis hermanos? Me contaron que han pasado algunas tardes contigo.
—¿Dudabas de nosotros? —le preguntó Bruno haciéndose el ofendido.
—Te dijimos que lo cuidaríamos— añadió Aaron. Harry se sonrojó, no sabía de eso.
—Solo preguntaba— se encogió en hombros defendiéndose.
¡Solo falta una semana para vernos!
Besos y abrazos, te quiere
Lyn
Pd.: ¿Has probado brownie con helado de vainilla? Nos dieron unos como premio (ganamos cabaña más limpia). Definitivamente haremos brownies cuando llegue.
Harry sonrió sonrojado dejando la carta en su cama, luego cogió el paquete y lo desenvolvió, era un walkman con una funda, un cassette y una revista junto con una nota:
Es un cassette con mis canciones favoritas (principalmente de Abba y de Queen).
—¡Tenemos que tener una noche de karaoke! — le dijo Sirius emocionado, a lo que ella asintió igual de emocionada.
Remus y Harry compartieron una mirada, esos dos cantando canciones de Queen definitivamente es un show que verían.
Luego podemos agregar más. Tiene una funda de piel de dragón para que funcione en Hogwarts y en lugares donde hay una gran concentración de magia.
Igual encontré una revista con las mejores jugadas de quidditch, pensé que te interesaría.
¡Disfruta!
Lyn
Harry volvió a sonreír, extrañaba a Lyn, dejó la revista junto al chivatoscopio, al día siguiente la leería, y colocó el cassett en el walkman y se puso los audífonos, mientras Killer Queen de Queen sonaba se acercó al paquete que Hedwig trajo.
—Me encanta esa canción— se escuchó es susurro de un Ravenclaw.
También contenía un regalo envuelto en papel, una tarjeta y una carta, esta vez de Hermione:
Querido Harry:
Ron me escribió y me contó lo de su conversación telefónica con tu tío
Vernon. Espero que estés bien.
En estos momentos estoy en Francia de vacaciones y no sabía cómo
enviarte esto (¿y si lo abrían en la aduana?),
Los nacidos de muggles y algunos mestizos rieron, imaginándose lo que hubiera pasado.
¡pero entonces apareció Hedwig! Creo que quería asegurarse de que, para variar, recibías un regalo de cumpleaños.
—Que linda— Hannah Abbott dijo.
El regalo te lo he comprado por catálogo vía lechuza. Había un anuncio en El Profeta (me he suscrito, hay que estar al tanto de lo que ocurre en el mundo mágico). ¿Has visto la foto que salió de Ron y su familia hace una semana? Apuesto a que está aprendiendo montones de cosas, me muero de envidia...
—Ustedes igual deberían ir de luna de miel a Egipto— dijo Bruno sonrojando a Hermione y Ron, mientras sus amigos se reían de ellos.
los brujos del antiguo Egipto eran fascinantes.
Aquí también tienen un interesante pasado en cuestión de brujería. He tenido que reescribir completa la redacción sobre Historia de la Magia para poder incluir algunas cosas que he averiguado. Espero que no resulte excesivamente larga: comprende dos pergaminos más de los que había pedido el profesor Binns.
Muchos la miraron sorprendidos, incluso algunos maestros.
—Ni lunático o la peli-peli se esmeraban tanto— dijo Brooke sorprendida recibiendo un asentimiento de Remus y Sirius.
Ron dice que irá a Londres la última semana de vacaciones. ¿Podrías ir tú también? ¿Te dejarán tus tíos? Espero que sí. Si no, nos veremos en el expreso de Hogwarts el 1 de septiembre.
Besos de
Hermione
Posdata: Ron me ha dicho que Percy ha recibido el Premio Anual. Me imagino que Percy estará en una nube. A Ron no parece que le haga mucha gracia.
Los padres de Ron lo miraron preocupados, aun tenían una plática pendiente como familia, sin embargo, siempre terminaban posponiéndola.
Harry volvió a sonreír mientras dejaba a un lado la carta de Hermione y cogía el regalo. Pesaba mucho. Conociendo a Hermione, estaba convencido de que sería un gran libro lleno de difíciles embrujos, pero no. El corazón le dio un vuelco cuando quitó el papel y vio un estuche de cuero negro con unas palabras estampadas en plata:
EQUIPO DE MANTENIMIENTO DE ESCOBAS VOLADORAS.
—¡Ese es un buen regalo! —exclamaron los amantes de quidditch.
—¡Merlín, Hermione! —murmuró Harry, abriendo el estuche para echar un vistazo.
—Me alegra que te haya gustado— le dijo Hermione riendo por lo bajo.
—Gracias— le sonrió Harry.
Contenía un tarro grande de abrillantador de palo de escoba marca Fleetwood, unas tijeras especiales de plata para recortar las ramitas, una pequeña brújula de latón para los viajes largos en escoba y un Manual de mantenimiento de la escoba voladora.
Después de su novia y sus amigos, lo que Harry más apreciaba de Hogwarts era el quidditch, el deporte que contaba con más seguidores en el mundo mágico. Era muy peligroso, muy emocionante, y los jugadores iban montados en escoba. Harry era muy bueno jugando al quidditch. Era el jugador más joven de Hogwarts de los últimos cien años. Uno de sus trofeos más estimados era la escoba de carreras Nimbus 2.000.
—Esto ya lo sabemos— se quejó Zabini. Varios le dieron la razón.
Harry dejó a un lado el estuche y cogió el último paquete. Reconoció de inmediato los garabatos que había en el papel marrón: aquel paquete lo había enviado Hagrid, el guardabosques de Hogwarts. Desprendió la capa superior de papel y vislumbró una cosa verde y como de piel, pero antes de que pudiera desenvolverlo del todo, el paquete tembló y lo que estaba dentro emitió un ruido fuerte, como de fauces que se cierran.
Varios se tensaron, sobretodo los amigos de Harry, preocupados de que algo le sucediera.
Harry se estremeció.
Sabía que Hagrid no le enviaría nunca nada peligroso a propósito, pero es que las ideas de Hagrid sobre lo que podía resultar peligroso no eran muy normales: Hagrid tenía amistad con arañas gigantes; había comprado en las tabernas feroces perros de tres cabezas; y había escondido en su cabaña huevos de dragón (lo cual estaba prohibido).
La mayoría volteó a ver a Hagrid, quien se encogió en su lugar. Umbridge lo miró con desprecio, aun recordaba que al ministro tuvo que disculparse con Hagrid por lo ocurrido sobre la cámara de los secretos y se le permitió tener una varita.
Harry tocó el paquete con el dedo, con temor. Volvió a hacer el mismo ruido de cerrar de fauces. Harry cogió la lámpara de la mesita de noche, la sujetó firmemente con una mano y la levantó por encima de su cabeza, preparado para atizar un golpe.
—ALERTA PERMANENTE— gritó Moody asustando a la mayoría, pues olvidaron que estaba ahí.
Entonces cogió con la otra mano lo que quedaba del envoltorio y tiró de él.
Cayó un libro.
Harry sólo tuvo tiempo de ver su elegante cubierta verde, con el título estampado en letras doradas, El monstruoso libro de los monstruos, antes de que el libro se levantara sobre el lomo y escapara por la cama como si fuera un extraño cangrejo.
—Oh... ah —susurró Harry.
—¿Un libro puede hacer eso? —preguntó una Hufflepuff de primer año emocionada.
—Si, pero no te lo recomiendo— le contestó Susan Bones.
Cayó de la cama produciendo un golpe seco y recorrió con rapidez la habitación, arrastrando las hojas. Harry lo persiguió procurando no hacer ruido.
—Me recuerda a lo sucedido con Dobby— dijo Rose.
—¿Cómo es que siempre terminas con algo mágico dando vueltas por tu habitación? —se rió Winnie. Harry se encogió en hombros.
—Suerte Potter— contestaron sus amigos y Lyn.
Se había escondido en el oscuro espacio que había debajo de su mesa. Rezando para que los Dursley estuvieran aún profundamente dormidos, Harry se puso a cuatro patas y se acercó a él.
—¡Ay!
El libro se cerró atrapándole la mano y huyó batiendo las hojas, apoyándose aún en las cubiertas. Harry gateó, se echó hacia delante y logró aplastarlo.
Hagrid parecía algo decepcionado, mientras que otros se veían aliviados.
Tío Vernon emitió un sonoro ronquido en el dormitorio contiguo.
Hedwig, Errol y Mercury lo observaban con interés mientras Harry sujetaba el libro fuertemente entre sus brazos, se iba a toda prisa hacia los cajones del armario y sacaba un cinturón para atarlo. El libro monstruoso tembló de ira, pero ya no podía abrirse ni cerrarse, así que Harry lo dejó sobre la cama y cogió la carta de Hagrid.
Querido Harry:
¡Feliz cumpleaños!
He pensado que esto te podría resultar útil para el próximo curso.
—Un libro que muerde no sirve para nada— dijo Umbridge —¿ahora entiende lo que le decía? —se dirigió al ministro —el semi-gigante representa un peligro y debe ser despedido.
—Mejor continuemos con esta plática una vez que se acaba la lectura Dolores— dijo Fudge nervioso al ver que la mayoría del comedor le dirigía miradas molestas.
—Pero…
—Ya cállese Umbitch —Lottie la interrumpió, provocando algunas risas por su apodo.
De momento no te digo nada más. Te lo diré cuando nos veamos. Espero que los muggles te estén tratando bien.
Con mis mejores deseos,
Hagrid
A Harry le dio mala espina que Hagrid pensara que podía serle útil un libro que mordía, pero dejó la tarjeta de Hagrid junto a las de Ron, Lyn y Hermione, sonriendo con más ganas que nunca.
Ya sólo le quedaba la carta de Hogwarts.
Percatándose de que era más gruesa de lo normal, Harry rasgó el sobre, extrajo la primera página de pergamino y leyó:
Estimado señor Potter:
Le rogamos que no olvide que el próximo curso dará comienzo el 1 de
septiembre. El expreso de Hogwarts partirá a las once en punto de la mañana de la estación de King's Cross, anden nueve y tres cuartos.
—¿No podemos saltarnos eso? —se quejó Cormac McLaggen —todo eso ya lo sabemos— varios le dieron la razón, hasta ahora el capítulo estaba resultando aburrido, pues no tenía nada interesante sobre ese año.
—Como ya se mencionó antes, es importante leer todo para mayor comprensión— dijo Dumbledore callando a una pequeña multitud que se estaba aburriendo.
A los alumnos de tercer curso se les permite visitar determinados fines de semana el pueblo de Hogsmeade. Le rogamos que entregue a sus padres o tutores el documento de autorización adjunto para que lo firmen.
También se adjunta la lista de libros del próximo curso.
Atentamente,
Profesora M. McGonagall Subdirectora
Harry extrajo la autorización para visitar el pueblo de Hogsmeade, y la examinó, ya sin sonreír. Sería estupendo visitar Hogsmeade los fines de semana; sabía que era un pueblo enteramente dedicado a la magia y nunca había puesto en él los pies. Pero ¿cómo demonios iba a convencer a sus tíos de que le firmaran la autorización?
—Lo veo difícil —Lavander hizo una mueca.
—Pero si va a Hogsmeade— su amiga Parvati dijo.
—¿Si te la firmaron? —preguntó sorprendido Neville. Harry negó con la cabeza, sin añadir nada más, aunque muchos lo miraron intrigados.
Miró el despertador. Eran las dos de la mañana.
Decidió pensar en ello al día siguiente, dejó el walkman junto a los demás regalos, se metió en la cama y se estiró para tachar otro día en el calendario que se había hecho para ir descontando los días que le quedaban para regresar a Hogwarts.
—Eres adorable— le dijo Brooke con una sonrisa. Harry se ruborizó, estaba seguro que de estar cerca le hubiera apretado los cachetes igual que a Aaron.
Se quitó las gafas y se acostó para contemplar las cuatro tarjetas de cumpleaños.
Aunque era un muchacho diferente en muchos aspectos, en aquel momento Harry Potter se sintió como cualquier otro:
contento, por primera vez en su vida, de que fuera su cumpleaños.
—Ahí termina— anunció Colin dejando el libro en el atril.
Dumbledore se levantó de su asiento y tomó el libro.
—¿A quién le gustaría leer el siguiente? Se llama: El error de tía Marge.
