Disclaimer: Narutono me pertenece.
Aclaraciones: Universo Alternativo. Ubicado en los noventa en Japón. Modern Times. Mini Fic.
Advertencias: Secuestro, Estocolmo, DDLG (DaddyDom/LittleGirl) y más se irán añadiendo.
Lamento Nocturno
Parte I
La clase del profesor de matemáticas era de suma importancia para él. Tenía metas a pesar de su corta edad, pues venía de una familia que le daba importancia a los méritos, especialmente a las buenas calificaciones.
Por eso a Sasuke le fastidiaba recibir las bolas de papel que Naruto le pasaba, presumiendo ser un ninja al no ser detectado ni una sola vez, riéndose como si de verdad se creyera todas esas estupideces.
Mientras el profesor anotaba otras ecuaciones, Sasuke miró al costado en donde Naruto ocupaba asiento, usando el libro para poner un muro que le impedía ser regañado por el adulto al no tomarse en serio las clases, indicándole con ridículas muecas que leyera el mensaje, que era urgente.
Él bufó, no sintiendo ni una pizca de curiosidad. Más cuando Naruto le lanzó otra bolita de papel a la cabeza, la paciencia no le duró por mucho.
—¡Sensei! —una de las niñas de la clase gritó en cuanto el sonido de los bancos caerse y generar un estruendoso ruido inundó toda el aula—. ¡Naruto y Sasuke están peleando!
Dejando de lado las anotaciones sobre la pizarra, Iruka-sensei acudió al pleito que ambos niños protagonizaban, separándolos de inmediato a pesar de que Naruto continuaba mordiendo el brazo de Sasuke y éste no dejaba de estirar de los claros cabellos al otro, completamente necios a separarse. Más profesores, atraídos por el ruido generado, fueron a ayudar al joven docente para poner orden a los alumnos, manteniendo la calma al resto de la clase que no dejaba de ver con inquietud el resultado de la pelea. Incluso varios niños de otros niveles se acercaron, curiosos, y empezaron a dar ánimos a los participantes, siendo callados de manera inmediata por otros profesores.
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—¡Auch! —Naruto se quejó en cuanto la médico le aplicó la solución sobre sus heridas, sintiendo que le ardía—. ¡Eso duele, señorita Shizune!
—Y dolerá más si no te quedas quieto, Naruto —regañó la mujer de uniforme blanco, haciendo al pequeño rubio apretar los labios y soportar las lágrimas—. Ésta es la tercera vez en el mes que acudes a la enfermería por pelear.
—Pero es que Sasuke… —señaló al otro niño quien se hallaba en la otra cama; éste al ser señalado, frunció su ceño y dejó de ver el vendaje en su brazo a causa de las mordeduras de Naruto.
—¿Yo qué? —preguntó, enojado—. ¡Fuiste tú el que comenzó todo!
—¡Solo debiste leer mis mensajes y ya! ¡Siempre te haces el difícil!
—¡Estaba poniendo atención a la clase! ¡A comparación del burro que eres, a mí sí me importan mis calificaciones!
—¡¿Me llamaste "burro"?!
Shizune carraspeó fuertemente, interrumpiendo la próxima pelea de esos dos; aun separados, no dejaban de querer hacer conflicto.
—Los dos —hizo una señal de silencio al pegar su dedo contra los labios, haciendo a los menores quedarse callados—. Dejen de pelear y mejor encuentren la manera de disculparse con el otro. Lo que hicieron no estuvo para nada bien.
Sasuke miró a la mujer, deseando decirle que todo eso era culpa de Naruto.
—Ahora traten de reposar en lo que voy por un par de documentos a la dirección. Pronto sus padres se presentarán en cuanto terminen de hablar con la directora. Mientras tanto, usen el tiempo a solas para pensar en el mal que hicieron.
Antes de que Sasuke comenzara a replicar, Shizune añadió:
—Ambos —el pequeño azabache gruñó mientras Naruto suspiró, dejándose caer sobre la cama, inflando las mejillas.
Shizune partió de la habitación, dejándoles en claro que en cuanto regresara no quería encontrarlos pelear sino en sus respectivas camas.
Ni siquiera pasó un momento de tranquilidad cuando Naruto, de un salto, fue hasta la cama de Sasuke.
—¿Quieres otra paliza? —gruñó al tener al rubio cerca de sí.
Por el contrario, Naruto rio y mostró esa sonrisa zorruna que a él comenzaba a fastidiarle.
—Nope, con los golpes que me diste fue suficiente por hoy, teme —Naruto apuntó a su mejilla con el parche que Shizune le puso.
Sin sentirse intimidado por los ojos negros de Sasuke que le miraban como balas, él ocupó asiento al lado de su mejor amigo.
—En serio que eres una molestia —masculló Sasuke.
—Y tu un amargado —replicó Naruto, sacando la lengua—. Pero, pasando a otra cosa, de verdad quiero decirte algo importante. Muy, muy importante.
Sasuke observó a Naruto de soslayo, confundido. De inmediato pensó que lo que el rubio tenía que decirle sería otra tontería más.
—¿De qué aun mojas la cama?
—¡Yo nunca he mojado la cama, teme!
Rio por la escandalosa reclamación de Naruto, algo bueno durante ese día. Era divertido burlarse de él de esa manera, especialmente por cómo el rubio reaccionaba.
—¿Y bien? —después de un rato en que Naruto dejó de enumerar todas las increíbles cosas que había hecho a su corta edad, de las cuales excluyó por completo comportarse como un bebe que orina la cama, Sasuke decidió hablar sobre lo que su amigo urgentemente necesitaba hablar con él—. ¿Qué quieres decirme cómo para haberme molestado en la clase?
—¡Ah, sí, eso! —Naruto recordó el tema principal por el cual ambos se hallaban en la enfermería.
Viendo para todos lados, cerciorándose de que nadie y nada escuchaba, haciendo a Sasuke sentir fastidio por la actitud de Naruto, éste se acercó a él, demasiado que Sasuke sintió repelús, tentado a irse a otro rincón de la habitación pero el rubio le detuvo, mirándole directamente a los ojos.
—Estás demasiado cerca, dobe —masculló, no gustándole que la persona de Naruto se encontrara invadiendo su espacio personal; no era tan tolerante al contacto.
—Jura por lo más sagrado que tengas que esto nunca lo dirás a nadie —susurró Naruto, buscando en Sasuke la confianza para decirle su secreto.
—Lo más sagrado que tengo es la tarjeta suprema de Charizard.
—¡Pues júralo por la tarjeta de Charizard!
—Ni siquiera me has dicho algo que valga la pena.
—Esto vale la pena, Sasuke. ¡De veras!
Sabiendo perfectamente que Naruto no descansaría, era un cabezota, accedió.
—Bien, lo juro —dijo sin mucho ánimo, viendo a Naruto con sumo aburrimiento—. Ahora dilo.
Naruto asintió con una mueca de completa seriedad, nada propia en un niño de primaria, mirando a Sasuke, haciendo a éste tener un tic ligero en la ceja por el comportamiento tan extraño de su amigo.
—Pensé que era mi imaginación —empezó a relatar Naruto—. Pero… ¿Recuerdas la película que vimos, la de terror?
—¿En la que no dejabas de gritar como niña y taparte los ojos? —Sasuke no perdió oportunidad de burlarse.
Naruto enrojeció de pena.
—¡Y-Yo no grite como niña!
—Claro que lo hiciste. Le rogaste tanto a mi nii-san y a Shisui-niisan que quitaran la película. Tuvieron que ponerle en pausa o sino mamá habría subido a la habitación y nos hubiera castigado. ¿De esa película hablas?
—¡Sí, de ésa! —le apuntó con el dedo, soportando las ganas de borrarle a Sasuke esa sonrisa—, ¡y para aclarar, no hice eso!
—Sí, claro —respondió Sasuke con ironía.
—¡Deja de interrumpirme!
Después de calmar la risa que nacía de su interior por cómo Naruto negaba esos hechos que eran una verdad, y que Itachi como Shisui podrían confirmar, dejó a Naruto terminarle de contar lo que tanto quería decirle.
—Como decía —dejando de lado la vergüenza que representaba haberse comportado así después de haberle dicho a Shisui-niichan que era un niño grande capaz de ver una película de terror en completa oscuridad, Naruto prefirió ir al tema central—. Hace varias noches, mientras me quedaba despierto tratando de terminar un juego, escuché algo.
—¿Y? —por la expresión en el rostro de Sasuke era obvio que eso no le impresionaba.
—Ya sabes que por el calor y el verano, todas las ventanas de mi casa quedan abiertas.
—Sí, lo sé. Por eso siempre venías a contarme que escuchabas cosas de las que estabas seguro eran fantasmas. Pero solo eran tus vecinos pelearse, los perros ladrar y las ramas de los árboles moverse. En conclusión: eres una gallina.
—¡Que dejes de interrumpirme, y no soy una gallina! —se defendió de los ataques de Sasuke, inflando más las mejillas—. Y mi oído solo se confundió un poco pero… ¡Pero ésta vez sí escuche un fantasma!
—¿En serio? Wow —Sasuke volvió a burlarse—. Deberías comenzar tu propia investigación paranormal.
—¡Hablo en serio, teme! —Naruto tomó de los hombros de Sasuke, sin quitarle esa cara inexpresiva, sacudiéndole para dar énfasis a su mensaje—. ¡Hay un fantasma viviendo en mi casa!
—¡No me escupas en la cara! —Sasuke quitó al rubio, mirándole con repulsión.
Después de limpiarse con asco las babas de Naruto con un pañuelo que Shizune tenía en la enfermería, miró a Naruto sin creerle.
—¿Cómo estás seguro de que es un fantasma y no otra cosa lo que escuchaste? No sería la primera vez que haces escándalo por nada. Miedoso.
—Ésta vez lo escuché muy claro, Sasuke —Naruto negó, completamente seguro de lo que le decía a su amigo—. Es como… Ahm… Como un llanto. Al principio no pensé que fuera verdad, hasta me dije que podía ser el viento, pero el viento no llora como una mujer, teme.
Sasuke arqueó una ceja, un poco interesado.
—Dejé de jugar y me puse a dormir, esperando que dejara de escucharla pero no pude. Seguía llorando. No era como el llanto de esos horribles espectros que vimos en la película, era… Bueno, sonaba muy triste.
Naruto hizo memoria de lo que sucedió hace varias semanas atrás. El cómo se quedaba observando detrás de la ventana, más allá de la oscuridad, la posible fuente de donde ese lamento se lograba escuchar y colarse hasta su habitación.
Estuvo aterrorizado, sí, al principio pero después le dio curiosidad porque, a comparación de los fantasmas que había visto en películas —obviamente a escondidas de papá porque éste le prohibía ver ese tipo de contenidos debido a su edad— y leído en mangas, ningún fantasma era amigable como Gasparín, todo lo contrario: amaban atormentar a la gente; moviendo las cosas, tirando de los pies de las personas mientras dormían o espantar a los dueños de la casa.
Y una noche decidió ir a investigar. Se había llevado el casco del Power Ranger Red para suma protección y la espada de juguete que se ganó en el último festival del vecindario. Podía estar seguro que el fantasma vivía en el cuarto de jardinería de su padre.
Muchas veces su papá le había repetido que jamás entrara ahí por ser un lugar peligroso; además de las filosas tijeras y las herramientas, había líquidos que contenían veneno que podrían ser perjudiciales si los ingería. Pero era un niño listo y sabía leer, ninguna botella atractiva de colores llamativos le engañaría.
Tuvo mucho miedo, sobre todo por cómo todas las cosas daban la sensación de que pronto serían lanzadas hacia él, afirmándole que una fuerza oscura habitaba el lugar y no lo quería cerca. Pero después de prender la linterna que le pertenecía a su padre, Naruto no halló nada tenebroso, solo herramientas de jardinería y bultos de abono para las flores que su padre cuidaba en el jardín.
Se decepcionó pero al mismo tiempo sintió alivio de que todo eso hubiera estado en su imaginación y no fuera real.
Confirmado que no había ningún fantasma, estuvo dispuesto a marcharse, más no pudo en cuanto el sollozo lejano de alguien lo detuvo, haciéndole latir apresuradamente el corazón, escuchando cada latido en los oídos, girándose lentamente, viendo a un punto inexistente.
—P-Probablemente fue mi imaginación —susurró, riéndose con nervios, convenciéndose a sí mismo.
Sin embargo el llanto volvió a repetirse y ésta vez Naruto lo escuchó con claridad.
—¡Ah! —gritó, dispuesto a correr, más al intentar hacerlo la puerta se cerró, generando un temblor en las paredes de madera que provocaron la caída de herramientas pesadas, impactando en el suelo.
Naruto se protegió haciéndose ovillo, pensando que todo era producto de la furia del fantasma por osar molestarle. En cuanto todo se calmó, el rubio abrió los ojos para darse cuenta del desastre que ahora el lugar, con toda la herramienta en el suelo.
—Oh no —se quitó el casco de Power Ranger—, papá va a enojarse…
Buscando librarse de un futuro regaño, intentó acomodar todas las cosas en el orden original o al menos no dejar evidencia de que estuvo ahí, pero aún no era tan alto como para poner las herramientas en su respectivo lugar sin necesidad de ponerse de puntillas, haciéndolo enojar.
—S-Solo un poco más… —decía con esfuerzo, sacando la lengua de pura concentración cuando el orificio de la llave inglesa rozaba con el clavo—. Y-Ya casi… ¡Wah! —se le resbaló de las manos, esquivando de inmediato lo que pudo ser un feo golpe en el pie, viendo para su horror que el golpe causó un enorme hueco en el piso de madera—. Ay no, papá en serio se enojará…
Intentó remediarlo, pero poco podía hacer. Necesitaba la mano de un experto y él apenas era un niño cursando quinto año. Quiso poner la madera rota en su lugar, no obstante al removerla encontró algo que le hizo parpadear.
—¿Hmm? ¿Qué es esto…? —musitó, viendo algo que no debía estar debajo de un suelo de madera.
Tocó la superficie, dándose cuenta que era de metal y muy pesada; lo descubrió al intentar alzar lo que parecía ser una tapa de la palanca, la cual estaba completamente sellada. Ni aun usando toda su fuerza pudo moverla un milímetro.
—¿Qué hace esto en mi casa…? —siguió musitando, de verdad no entendía nada.
Otro sollozo interrumpió la curiosidad de Naruto, recordándole que en ese lugar, al parecer, no estaba solo cómo pensaba. Se echó para atrás, espantado de descubrir que el sonido parecía provenir al otro lado, un eco que le dejó helado y sin saber qué hacer, además de sentir que debía correr, despertar a papá y decirle que había un fantasma.
Peso eso significaría meterse en problemas por no encontrarse dormido tal como papá pensaba, sino en el cuarto de jardinería al cual destruyó parte del piso.
No tuvo que pensar demasiado en las opciones que tenía y decidió salir de ahí, dejando el lugar tal cómo quedó para entrar en casa, esperando que sus pasos apresurados no despertaran a papá, deslizándose hasta su cama, tapándose hasta la cabeza con las cobijas y rogando que todo eso fuera una pesadilla que desaparecería en cuanto el Sol iluminara los cielos.
—He ido varias veces —después de narrar lo principal a Sasuke, Naruto tomó asiento en el piso, abrazando sus rodillas— y sigo escuchando el llanto. De verdad hay algo ahí, teme.
—Un bunker.
—¿Uh? —miró a Sasuke sin entender a qué se refería—. ¿Un qué?
Sasuke rodó los ojos.
—Un bunker, dobe. Es una especie de refugio que protege a las personas de desastres naturales o bombas. ¿No recuerdas la lección de historia la semana pasada? Ya que Japón fue atacado por Estados Unidos, muchos quedaron con el miedo de que volviera a repetirse. Las personas ricas construyeron bunkers debajo de sus casas para poder protegerse. Seguramente en tu casa haya uno.
—¿Tú crees?
—O quizá sea un almacén que se creó durante las guerras. No sé —Sasuke no lucía impresionando, aunque sí tenía curiosidad—. Puede que solo hayas escuchado un par de ratas allá abajo y no un fantasma.
—Estoy seguro que las ratas no lloran como mujeres…
—Pruébalo.
—¿Hah?
—Iré a tu casa y los dos iremos al cuarto de herramientas de tu papá. Así veremos si de verdad es un fantasma lo que está abajo o es solo tu imaginación, dobe.
Naruto mostró una sonrisa enorme ante la propuesta de Sasuke, listo para decirle que ambos serían unos investigadores de lo paranormal —como los Caza Fantasmas— por esa noche.
Pero la puerta de la enfermería se abrió y Naruto no pudo decir lo que pensaba, especialmente cuando se topó con el rostro de padre en compañía de los padres de Sasuke.
—Uh oh —exclamó, nervioso de ver la mueca seria de su padre.
No se comparaba con la del señor Fugaku, no obstante su padre siempre traía una mueca alegre y una sonrisa ligera, le generaba cierto nerviosismo ver a su padre sin una.
—Sasuke —la voz autoritaria de Fugaku resonó en toda la habitación, haciendo al susodicho temblar ligeramente.
Ni siquiera la presencia de su madre le dio ese sentimiento de seguridad.
Silenciosamente se dirigió hasta donde se hallaban sus padres, recibiendo una mirada suave pero reprendedora de su madre quien de inmediato lo guio afuera, con su padre yendo detrás de ellos, sintiendo la mirada de éste puesta sobre su espalda; sabía perfectamente que, en cuanto subieran al auto familiar, le miraría por el espejo retrovisor y comenzaría el regaño.
—Lamentamos el comportamiento de nuestro hijo, Minato-san —se disculpó Mikoto Uchiha al rubio, quien negó.
—Todo lo contrario, Mikoto-san. Espero puedan perdonar el comportamiento de mi hijo también.
—No tienes por qué disculparte, Minato, fue mi hijo quien inició con esto —aclaró Fugaku, mirando con severidad a su hijo menor quien agachó la cabeza—. Me aseguraré de hablar seriamente con él sobre no lanzarse a golpes a sus amigos.
Minato sonrió con cierta culpa de que todo recayera en Sasuke.
—No hay necesidad de ser tan severos. Nuestros hijos son mejores amigos y niños todavía. Están aprendiendo —a modo de aligeramiento, Minato acarició la cabeza de Sasuke en un gesto amistoso—. Agradezco que Sasuke sea el amigo de Naruto. Estoy consciente que suele ser algo hiperactivo e inquieto. Así que, Fugaku-san, no sea tan duro con Sasuke.
Como respuesta el Uchiha mayor soltó un suspiro, aunque de alguna manera Sasuke sintió que la intervención del señor Namikaze logró aligerar la tensión sobre los hombros de su padre; probablemente no tendría un regaño tan serio cómo pensó.
—Hablaré con Naruto también y haré que me prometa que esto no vuelva a suceder —les aseguró al matrimonio, sellando aquel trato con una sonrisa, viendo al interior de la enfermería a su hijo asomarse, viéndole a él directamente—. Espero que esto no afecte la amistad entre nuestros hijos —respetuosamente Minato hizo una reverencia—, hasta entonces y que pasen buena noche —luego se giró a su hijo—, Naruto, es hora de ir a casa.
Naruto hizo lo que su padre le pidió, caminando lento, probando el terreno para saber si le esperaba un regaño como a Sasuke, o solo una amistosa plática que su padre le daba cada vez que se metía en problemas. Afortunadamente, al llegar al lado del rubio mayor, Naruto sintió una caricia en su cabeza que le confirmó que su padre no estaba tan molesto, eso le hizo sonreírle tímidamente.
Con una última despedida, Sasuke y Naruto marcharon con sus respectivas familias al separarse en la entrada de la escuela. Viendo a Sasuke subir a la parte trasera del auto negro de su familia, él se despidió, haciendo a Sasuke bufar para después mirar al otro lado, con el señor Fugaku encendiendo el motor y marchándose, perdiéndose al final de la calle.
—Naruto, tu cinturón por favor —la voz de su padre hablarle desde adelante lo hizo dejar de ver más allá de la calle, pensando en la suerte de su amigo.
Tal cómo el mayor le pidió, se puso el cinturón, viendo a su padre por el espejo retrovisor. Éste encendió el motor del auto para ir a la dirección contraria. Al integrarse a la avenida principal, el auto se detuvo ante un semáforo rojo y él tamboreó los dedos sobre sus pantalones, no acostumbrando a tanto silencio.
Por lo general su padre siempre le preguntaba cómo fue su día, qué hizo y cosas por el estilo. Era una costumbre que tenían desde que recordaba. Le hacía feliz contar cada detalle de su día a papá, saber que le escuchaba y recordaba cosas de las que a veces él olvidaba. Pero el interior del auto estaba demasiado silencioso, tanto que era un tanto incomodó; por el gesto que tuvo de parte de papá, imaginó que no estaba en problemas, pero ahora sentado en la parte trasera del auto, no estaba tan seguro.
—¿Qué te parece ir a comer algo de ramen en Ichiraku, Naruto?
Más la pregunta de parte de su padre hizo a Naruto mirarle con ojos brillantes, notando la sonrisa de su padre, la de siempre, plasmada en su cara.
—¡Sí!
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Eran más de las nueve y las luces neón de los comercios se hallaban prendidas, dando la apariencia de luciérnagas en el paisaje urbano de lo que Tokio era. La caja registradora hacer su clásico sonido lo despertó de ver a través del enorme ventanal lo que sucedía allá afuera, enfocando de nuevo el rostro de la joven cajera que le sonrió servicial, dejando su cambio y ticket en la bandeja de cerámica. Él sonrió, tomando lo que le pertenecía, acomodándose a un Naruto completamente dormido sobre el hombro, maniobrando a la perfección el asunto.
—Qué tenga linda noche, Minato-san.
—Gracias, Ayame-chan. Saluda a tu padre de mi parte.
—Hai.
Salió del establecimiento, corriendo la cortina a un lado. Arropó a Naruto con su saco al sentir la noche fría, caminando con dirección a donde estacionó el auto para ir a casa y dejar a Naruto en su cama; mañana había escuela y no quería tener problemas al levantar a su hijo.
Frecuentemente Kakashi le decía que debía ser un poco más duro con Naruto, algo a lo cual hacía oídos sordos pues no era la clase de padre que gustaba castigar severamente a su hijo. Creía en el diálogo. Su hijo podía entender a la perfección cuando hacía mal.
Era cierto que se comportaba un tanto terco y desastroso, pero era un buen niño.
Al llevar a Naruto a su restaurante favorito, Minato quiso tocar el tema de la pelea entre Sasuke y él con calma, preguntarle el motivo de ahora, más no pudo cuando Naruto agradeció sonoramente el plato de ramen que la mesera le llevó, sorbiendo feliz los fideos, no dejando de repetir lo deliciosos que eran; él simplemente no tuvo corazón para regañarlo, así que lo dejó ser.
En lugar de tocar el tema de la pelea, Minato prefirió escuchar cada cosa que Naruto deseara contarle, escuchando atentadamente cada cosa sin importar lo insignificante que pudiese ser. Solo después de que los platos de cada uno estuvieron vacíos, y notar que Naruto bostezaba más, Minato supo que era hora de marcharse.
Acomodó bien a Naruto en la parte trasera del auto, cerrando la puerta y yendo al asiento del conductor, sacando las llaves para encender el motor. Estuvo a punto de dar marcha cuando al espejo impactó una hoja, quedando atorada con el parabrisas. Él suspiró, apagando el auto y saliendo de éste para quitar la obstrucción que le impedía ver bien. Removió el papel, girándolo y encontrando algo que lo hizo queda quieto, analizando cada oración escrita en ese cartel de persona desaparecida, estudiando con sus ojos la fotografía en blanco y negro de la joven que se hallaba perdida.
Minato dobló el papel con cuidado, guardándolo en el bolsillo del pantalón, volviendo a ingresar al auto y dando marcha al auto por la calle principal.
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Después de preparar a Naruto para dormir, cambiándole el uniforme escolar por su pijama de Power Rangers sin despertarlo, Minato le dio un beso en la frente, saliendo de la habitación y cerrando la puerta.
Apagó las luces de los pasillos, bajando a la primera planta, silbando una melodía que escuchó por la radio esa mañana, abriendo el refrigerador y sacando unas cuantas cosas para preparar algo rápido.
Colocó el emparedado en un plato, junto con zumo de naranja y unas fresas como postre, todo sobre una bandeja de madera.
Subió un poco el volumen de la televisión pero sin que éste lograra disturbar el sueño de Naruto a pesar de que su hijo podía dormir cómodamente en medio de un huracán. Se encaminó a la salida trasera sin interrumpir la melodía, dirigiéndose al cuarto de herramientas; al abrirla, encendió la bombilla.
Había ordenado pues una mañana, hace unas semanas, halló el lugar en un desorden, algo inusual y nada propio de él ya que solía ser organizado con sus pertenencias; había dejado para después investigar qué ocurrió o quién entró al lugar, prefiriendo enfocarse en el orden así como el arreglo del piso que encontró también destrozado.
Minato dejó la bandeja con comida sobre una de las mesas de trabajo, agachándose para abrir el compartimiento y dejar a la vista la puerta de metal. Sacó una llave que colgaba de su cuello, abriendo la herradura y alzándola sin mucho esfuerzo. El chirrido que anunciaba la falta de aceite resonó en toda la habitación, recordándole que debía hacerle mantenimiento. Nuevamente cogió la bandeja y con ayuda de la pequeña linterna que retuvo entre los dientes, Minato bajó por las escaleras.
No era mucha la profundidad, solo lo necesario para protegerse de algún ataque sorpresa. Con ayuda de una soga volvió a cerrar la puerta. La única luz que iluminó la oscuridad fue la de su linterna, pero ésta duró poco al encender las bombillas, iluminando el lugar, siendo un extenso pasillo con tuberías resonando y el piso humedecido debido a unas cuantas filtraciones. Aun así él cuidaba que el moho no se extendiera y hacía arreglos constantes.
Las pisadas de sus zapatos fueron la melodía acompañante de su silbido campante, único eco en el desolado lugar. No fueron ni siquiera cinco minutos cuando llegó al final, siendo una puerta hecha de metal recibirlo. Con un solo brazo sostuvo la bandeja mientras con el otro jalaba la palanca hacia fuera para abrir. Costó un poco hacer todo el trabajo sin la ayuda de ambos brazos pero ya se había acostumbrado a la pesadez de la puerta.
Otra habitación oscura a la que Minato ingresaba, pero las penumbras fueron breves al encender las luces. Éstas parpadearon pero al cabo de un par de segundos se mantuvieron. Minato ingresó, dejando la comida en la mesa principal, cerrando la puerta detrás de sí hasta escuchar el clic del seguro.
Desabotonó su playera y fue hasta la colección de CD´s que guardaba, eligiendo algo tranquilo para esa noche. Caminó hacia el ventanal que ocupaba la mayor parte de la pared, teniendo acceso visual a otra habitación, una completamente distinta en la que estaba, siendo más colorida y numerosamente amueblada, hecha exclusivamente para la comodidad de su habitante.
Prendió más luces, viendo la figura recostada en la cama apretar los ojos debido a la intensidad de la luz. Sonrió y tocó el vidrio, dando a conocer su presencia antes de ir al reproductor; dio"Play" y la música comenzó a filtrarse a través de las bocinas.
Tomó nuevamente la bandeja con comida y se dirigió a la esquina donde otra puerta semi oculta se hallaba, de la cual la misma llave abrió, dándole acceso al interior de esa habitación secreta que él mismo adornó y acopló.
La suavidad de la alfombra lo recibió; tuvo que quitarse los zapatos para no manchar de suciedad nada. Fue como caminar sobre las nubes. Las cadenas chocaron entre sí, anunciándole que ella estaba despierta, algo que lo aliviaba pues la última vez que la visitó ella dormitaba.
—Hola, Hinata —habló con suavidad, dejando la comida no muy lejos de ella, ignorando que el plato con comida que le trajo esa misma mañana seguía intacto—. ¿Aun te duele la cabeza? —preguntó con preocupación, tomando asiento en la cama, acariciando esos sedosos cabellos, esperando una respuesta que no llegó.
Minato suspiró.
—Debes comer, por eso te sientes débil —le hizo saber con suavidad, mirando la comida que le hizo—. No quisiera tener que volver a ponerte una intravenosa, sabes lo mucho que detesto tener que forzarte.
—No tengo hambre… —le escuchó musitar sin mucho esfuerzo, notablemente débil, demasiado como para no alejarse de él.
—Eso no es cierto, escuchó cómo tu estómago ruge —señaló, acomodando la cabeza de ella sobre el regazo, sin que la joven pusiera resistencia, quitando los mechones de su frente y permitiendo ver su rostro de perfil, añorando que esos dulces ojos le mirasen—. No tienes idea de lo mucho que me duele que te comportes así. ¿Qué puedo hacer para que dejes de estar tan triste, hmm? Haré lo que sea.
—Déjeme ir a casa…
Minato suspiró.
—Todo menos eso. Ya hemos hablado de ello. Muchas veces —esto último lo dijo con seriedad—. Estás a salvo aquí. Tienes todo lo que necesitas y no hay razón por la cual debas preocuparte de nada. Yo me encargaré de todo.
Al no ver respuesta, Minato volvió a resoplar.
No, no estaba enojado con ella. No era desilusional ni pensaba que todo eso que hacía estaba bien; sabía que era ilegal, que había secuestrado a una joven y la mantenía como rehén. No se engañaba a sí mismo.
Solo sacrificaba unas cuantas cosas para darle a Hinata lo que merecía, una vida mejor sin tener que preocuparse.
—Lo cual me recuerda… —sacó el cartel de búsqueda oculto en su pantalón, desdoblándolo y colocándolo cerca del rostro de Hinata, esperando que leyera el contenido—, tu hermanita es admirable. A pesar de los años, sigue buscándote. Pensé que se había rendido, claramente me equivoqué.
Hinata tomó el papel que el rubio le ofrecía y leyendo cada cosa ahí anotada. Era la misma información, salvo que la única diferencia radicaba en el tiempo que llevaba desaparecida. La primera vez que Minato le mostró un cartel como ese el tiempo de desaparecida fue de seis meses; la segunda vez, un año; la tercera, dos años y ahora, cinco años.
La foto de ella plasmada en papel era la de siempre, la misma que Hanabi le tomó con la cámara desechable que ambas compraron solo porque quisieron. En casa no había fotos de momentos felices debido a la nube negra del recuerdo de las tragedias que abundaban en su familia, pero querían cambiar eso, adornar cada rincón de su hogar con nuevas memorias que les trajeran felicidad.
Sonreía, de verdad lo hacía, completamente feliz, sintiendo la luz cálida del Sol dar en la piel como una caricia y el viento de verano moverle el cabello. Dios, incluso podía oler lo que ese día cocinaban en las calles, el pabellón de comida que a su hermanita y a ella les encantaba visitar en las noches en las cuales tenían antojo de un bocadillo de medianoche.
Cuánto extrañaba esas memorias.
—Por favor, deje de hacer eso —la voz se le quebró al no soportar que jamás saldría de ahí.
Hinata rompió el papel y tiró los restos al suelo, escondiendo el rostro contra la colcha de la cama, callando sus sollozos.
Él se dedicó a consolarla en silencio, a estar a su lado y a abrazarla, arropando con sus brazos protectores el cuerpecillo tembloroso de su precioso tesoro, calmándola con una canción de cuna que anteriormente le cantaba a Naruto de pequeño, pegando su barbilla contra la cabeza de ella.
Poco a poco la resistencia de Hinata en alejarlo cedió y él pudo tenerla entre sus brazos, besando amorosamente su coronilla, repitiéndole lo importante que era ella para él, que le perdonara por todo lo que hacía y que algún día esperaba que pudiera reconocer sus buenas intenciones detrás de todas esas acciones cuestionables.
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Lo primero que Naruto hizo al despertar fue ir directo a la habitación de su padre, no hallándolo en ésta sino con la cama impecable, sin una sola arruga, como si no hubiera dormido ahí.
Pronto escuchó en la primera planta el sonido de los trastos, así como el aroma de huevos fritos cocerse en el sartén. El estómago le rugió y bajó de inmediato, viendo a la alta figura de su progenitor cocinar usando aquel delantal que en ocasiones le hacía reírse a carcajadas.
—¡Papá! —anunciando su llegada Naruto dio un enorme brinco a las piernas de su padre, abrazándose a éstas como un koala.
Minato maniobro con maestría sus manos ocupadas con el desayuno y esa habilidad adquirido debido a los ataques sorpresas de su energético e hiperactivo hijo, manteniendo el equilibrio sin dejar caer ni siquiera una gota de aceite.
—Naruto, es peligroso que saltes así —regañó con suavidad pero sin que dicha reprimenda durase demasiado ante esos adorables ojos azules que le miraban desde abajo, apegado a sus piernas.
Él suspiró; era débil con las cosas adorables.
—¿Quieres ayudar a papá a arreglar la mesa?
—¡Hai!
—Pero primero lava tus dientes, por favor.
—¡Eh, pero sí me los lave…! —Naruto miró a su padre, dispuesto a convencerlo que se había aseado pero bastó que el mayor le diese esa significativa mirada llena de azul para entender que no iba a creerle—. Bien, iré a lavarme los estúpidos dientes, ¡que se volverán a ensuciar!
—Recuerda que es por tu bien y así no tendremos que ir tantas veces al dentista —le recordó al escuchar los pasos del pequeño hombrecito dirigirse a la planta de arriba, siendo consciente de lo mucho que a Naruto le desagradaba visitar al dentista.
No tuvo que decir nada más en cuanto le escuchó subir rápidamente por las escaleras, yendo como un bólido al baño.
Apagó el fuego y suspiró, borrando la mueca amigable que le mostró a Naruto, observando más allá de la ventana que ofrecía una vista panorámica del patio trasero.
Había pasado la noche al lado de Hinata, esperando que ella terminase de llorar; detestaba verla sufrir y derramar lágrimas. No le gustaba ver a nadie querido por él atravesar por malos momentos. Apenas podía contenerse cuando Naruto se caía de un columpio o se cortaba con algo. Y aunque estaba al tanto de que lo que Hinata padecía era completamente normal al haberla alejado del único ser amado a quien añoraba más, le dolía sentirla temblar bajo su cobijo, aspirando de su piel el toque salado de sus cristalinas lágrimas y teniendo tatuado el sollozo descontrolado de sus débiles pulmones al encontrarse debilitada cómo para seguir llorando.
Antes de retirarse porque no podía dejar la casa sola ni que Naruto despertara sin hallarlo, solo besó su cabeza y se cercioró que continuara dormida, arropada en los brazos de Morfeo. Llevó los platos con comida aun en éstos para limpiarlos, desechando todo al considerarlo inútil por quedar estropeado o con una textura demasiado dura para degustar.
Se aseguraría de pasar a la panadería esa misma tarde y comprar rollos de canela.
—¡Listo!
La cantarina voz de Naruto anunciar su regreso hizo a Minato adoptar nuevamente la misma mueca amigable de siempre, la de padre cariñoso que Naruto veía todos los días. De ese modo ambos pusieron la mesa, acomodando todo lo necesario, siendo Minato el responsable de servir el nutritivo desayuno de esa mañana, asegurándose de que Naruto comiera sus verduras y no tratara de esconderlas, repitiéndole —como siempre— la importancia de ingerir los nutrientes necesarios.
—¡Cierto, papá…! —Naruto quedó con media oración trabada en la boca cuando Minato le limpió la comisura del labio.
—Naruto, te he dicho que no hables con la boca llena —recordó Minato con un suspiro, asegurándose que su hijo aprendiera los modales básicos.
—¡Lo she…! —Naruto masticó rápido para después tragar todo—. Neh, papá, quería saber si puedo invitar a Sasuke a quedarse hoy.
—Hmm —se hizo para atrás, analizando la petición del pequeño—. ¿Y Sasuke podrá? El día de ayer los dos estuvieron en medio de una pelea.
—¡Pero somos amigos! ¡Lo juro! —Naruto juntó las manos para lucir más convincente—. S-Solo estábamos jugando.
Minato ladeó el rostro con una ceja en lo alto.
—Por ese parche que llevas en la mejilla no parecía un juego…
—¡Y-Ya sabes cómo somos Sasuke y yo, pá!
Él suspiró al saber que no podía negarle a Naruto ser un niño y disfrutar de la compañía de su mejor amigo.
—Siempre y cuando los padres de Sasuke estén de acuerdo, no tengo problemas.
—¡Sí! —vio a Naruto alzar el puño con una enorme sonrisa de triunfo. Sí, consiguió de él lo que quería—. ¡Gracias, papá!
Minato se limitó a acariciar los mechones rebeldes de Naruto, escuchando a su hijo reír contento.
—No hay de qué. Ahora termina tu desayuno, debemos ir a dejarte a la escuela.
