HETALIA PERTENECE A HIDEKAZ HIMARUYA


España se había alegrado en un primer momento de haber pasado a la final de judo. Luego vio que Japón había caído frente a Cuba y se lo hizo encima.

— ¿Preparados?—preguntó el árbitro.

Para nada, pensó España, pese a que asintió nerviosamente antes de saludar con una reverencia a su rival. A Cuba se le daba demasiado bien esto. Era una maldita bestia de la lucha. Le iba a poner Cantabria mirando para Ceuta. Señor, ten piedad...

— Vamos, viejo, no te me vas a cagar encima, ¿verdad?—Cuba rió. Él sabía perfectamente que tenía las de ganar. Él, con lo corpulento que era, que a su lado España era un tirillas...

España se obligó a poner cara de duro.

— Vamos allá, cubanito sabrosón—le dijo, mientras iba preparando el número del fisio.

El árbitro dio la señal, y dio comienzo la pelea. La primera ronda no duró demasiado. Era como forcejear con una montaña. Cuba lo tiró al suelo a los doce segundos.

— ¡Vamos, España, hazle una onda vital a todo gas!—chilló México desde las gradas, arrancando unas risas a los hispanos presentes.

— ¡Lo siento, Aguja Dinámica, no hablo taco guacamole!—respondió España, poniéndose en pie.

Segunda ronda. Esta vez España consiguió aguantar hasta veinticinco segundos, y empujar un poco a Cuba, pero el resultado fue el mismo. España volvió a besar la lona.

— Ay, España, tú sólo sabes perder—se mofó Cuba.

— ¿Tú cuántas medallas llevas?—a España ese comentario le había sentado a cuerno quemado y, unido a la frustración, comenzó a sentir que la lengua se le desataba sin remedio.

— Es un tanto penoso que todo tu mérito en la vida sea el deporte, ¿no crees?

— ¡Mira quién habla, don perfecto! ¡Que tan mal no me irá cuando siempre me estás pidiendo dinero!

— ¡Vamos, Cuba, a por él!—lo azuzó Colombia—. ¡Piensa en lo de 1895!

— ¡Eso, duro con el colonizador!—se unió Venezuela.

Y parecía surtir efecto, porque Cuba miró a España con los ojos entornados y expresión dura en el rostro.

— ¡Vosotros no metáis mierda! ¡Siempre tenéis que usar el comodín de la leyenda negra!—España se volvió hacia ellos.

— ¡De leyenda negra nada!—replicó Venezuela.

— ¡Miren cómo se pone cada vez que sale el tema!—dijo El Salvador.

— ¡Machácalo, Cuba!—animó Ecuador.

— ¡Panda de desagradecidos! ¡Soy muy malo, pero siempre venís a mí a poner el cazo! ¡Os va a conseguir fondos Rita la Cantaora!—se enfadó España.

El árbitro hizo de nuevo la señal y Cuba y España se lanzaron el uno contra el otro. España apretó los dientes. No quería perder, no quería, no delante de todos ellos, pero de nuevo Cuba lo tiró al tatami.

— ¡Vamos, España, despierta de una vez y pelea!—chilló entonces América entre los espectadores—. ¡Tanta siesta te tiene amodorrado! ¡Que te sacan de bailar flamenco y tocar la guitarra y no das una, macho!

Aquellas palabras tuvieron un efecto mágico sobre las naciones hispanas. Todas se volvieron hacia él. Su algarabía cesó de sopetón.

Cuba dio unos cuantos pasos hacia la grada y con gesto iracundo comenzó a gritar:

— ¡EH, TÚ, COMEPINGA! ¡EL ÚNICO QUE TIENE EL CEREBRO EMBOTADO AQUÍ ERES TÚ!

No sólo Cuba se puso a gritarle, México también se había vuelto hacia él para dirigirle una mirada furiosa:

— ¡TÚ TE CALLAS, QUE NADIE TE DIO VELA EN ESTE ENTIERRO!

Y Venezuela:

— ¡CON ESPAÑA SÓLO NOS METEMOS NOSOTROS, TÚ VETE A INSULTARLE A TU PADRE!

— ¿Pero qué os pasa? ¿Qué he dicho?—América se hacía el inocente, el atacado— ¡Joder, los latinxs sois unos brutos!

Fue el turno de España de que perder su actitud normalmente campechana para mirar a América como si quisiera comérselo:

— ¡A VER QUÉ TIENES QUE DECIR TÚ DE LOS LATINOS, SO PAYASO!

— A ver, a ver, calma...—el árbitro intentó mediar, pero Cuba y España habían perdido interés en pelear el uno con el otro y se acercaban cada vez más a las gradas.

— ¡Y ESO DE LATINXS TE LO METÉS POR DONDE TE QUEPA!—pero Argentina no tenía intención de detener aquí la pelea, ni ella ni ninguno de los implicados. El resto de espectadores o se apartaba, temiendo un tumulto, o miraban con una mezcla de estupor, vergüenza ajena y morboso entretenimiento.

— ¡YO POR MIS HIJOS MA-TO!—proseguía España, dándose golpes en el pecho.

— ¡IMBÉCIL!

— ¡PENDEJO!

— ¡GONORREA!

— ¡GRINGO HUEÓN!

— ¡Oye, que eso de gringo me ofende, es un slur!—protestó América, poniéndose en pie con los brazos en jarras.

— ¡TE JODES!—le dijeron Cuba y España a una misma voz.

— Lo que yo decía, sois todos unos matones y unos locos, lo lleváis en la sangre—América ya se preparaba para irse (¿haciéndose la Karen indignada? ¿le había entrado el miedo?).

Aquello ya fue el colmo. Cuba y España se olvidaron por completo de la competición y fueron derechos a por él. Sus hermanos también se olvidaron de que ellos no tenían que pelear ese día. Fue un poco injusto: 21 contra 1.


Eran muchos helados, pero a España no le importó rascarse el bolsillo.

— Sigo diciendo que son unos exagerados.

Cuba asintió.

— Era una exhibición de judo, ¿no? Pues eso hicimos—prosiguió España, y le dio un lametón a su helado de limón.

— Lástima que los botaran a los dos—dijo Costa Rica. Él se había pedido un polo del mismo sabor—. Tú te merecías el oro, Cuba. Ese nudo no lo hace cualquiera.

— Tan sólo lamento que se lo hubiera hecho al pobre Canadá en lugar de a Estados Unidos—Cuba sacudió su cabeza con pesadumbre. ¡Es que se parecían tanto...! Se lo compensaría de alguna manera, con unas vacaciones, o con mucho helado...

— Recordá, es 'América'—Uruguay se burló con gestos repipis.

— ¡Eso se cree él, que le vamos a llamar América!—gruñó México, dándole un bocado a su pirulí como si fuera la cabeza del susodicho—. Gringo egocéntrico...

— Menudo cretino...¡Eh, Finlandia!—España llamó al muchacho, que se encontraba sentado con los otros nórdicos en una mesa cercana, hablando sobre el oro que había conseguido Noruega en hockey sobre hielo—. ¿Cómo se dice 'mira el árbol' en tu idioma?

— ¡Katso puuta!—respondió él, encantado.

La sonrisa se le borró de la cara. No comprendió en absoluto por qué todos ellos prorrumpieron en risotadas. Miró a sus compañeros con un poco de vergüenza, confuso. Suecia los fulminó con la mirada, pensando que se estaban burlando de él.

— Ay...Bueno, mañana es nuestro turno de vernos las caras en Atletismo—dijo Bolivia a Perú.

— Que gane la mejor—sonrió ella, abrazándola.

— Ya sabemos que van a ganar Kenia, Ghana, Etiopía...o Jamaica—Colombia se encogió de hombros, y dio un lametón a su helado de fresa.

— Gracias por los ánimos—le dijo Perú con una sonrisita.

— Sabes que es verdad.

— ¿Cómo diantres lo hacen?—se preguntó Venezuela en voz alta.

— Que te persigan los leones de la sabana es buen entrenamiento—dijo Chile.

El grupo rió. «¡Cómo te pasas, Chile!», «¡Será eso, jajaja!», «¡Te van a funar a ti también, hermano!»

— ¡Polonia, Polonia!—Argentina llamó al eslavo, que justo pasaba por allí—. ¿Cómo decís 'tu método' en tu idioma?

Polonia debió de verlo venir, a juzgar por las sonrisitas que no podían reprimir.

— Decílo, por favor—le insistió Argentina. Se mordió el labio inferior, capaz a duras penas de contenerse.

Insistió tanto que Polonia supuso que no tenía más remedio que complacerla, y que fuera lo que Dios quiera:

— ...Twoja metoda.

Todo el mundo alrededor se los quedó mirando cuando todos ellos se pusieron a carcajearse hasta quedarse sin aire. Polonia sacudió la cabeza, puso los ojos en blanco y se fue, como si no fueran más que una panda de críos.


FIN