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Ulquiorra no volvió a pisar la casa del hada hasta unos días después, se había reunido con su consejo de guerra cuando aquella sensación de tristeza e impotencia lo invadió, había tenido que despachar a todos los súbditos y generales para no perder la cara frente a ellos.

Grimmjow no había vuelto a aparecer, por lo que aún no debía tener pista de donde debía estar el otro pedazo de lanza, así que solo le quedaba ir a revisar que tenía el hada.

—Maldición.

Apareció junto al árbol de la vida, ocultó su presencia a la pequeña hada mientras observaba como ella intentaba sacar su magia interna para poder generar una bola de fuego.

Las hadas tenían poderes elementales pero su raíz mágica debía estar en excelentes condiciones para que esto pudiera suceder y la joven hada solo podía generar pequeñas chispas y luces. Parecía bastante frustrada.

—No debí hacerle caso a ese rey demonio —murmuró mientras volvía a intentar y no ocurrió nada.

—¡Orihime!

Unas voces se escucharon llamando a la pequeña hada, que no tardó mucho en correr en esa dirección, Ulquiorra la siguió sin que ella se diera cuenta.

Los espíritus florales habían aparecido en medio del jardín con su apariencia humana, eran varios y parecían preocupados.

El rey demonio había notado que ellos habían estado todo este tiempo ausente, probablemente como precaución de la pequeña hada, pero no le había prestado atención a ese hecho hasta ahora que aparecían.

—¡Volvieron! —dijo emocionada el hada abrazándolo.

Ulquiorra se sorprendió de la calidez que sentía en su pecho, aquella hada de verdad le tenía mucho cariño a esos espíritus. En su vida nunca recordaba haber sentido sentimientos tan puro y lleno de amor como en ese momento sentía, tal vez cuando era un niño, recordaba emocionarse cuando su nana le avisaba que el rey tenía tiempo para verlo, eso había sido hacía siglos y se sorprendió de poder recordar algo bueno cuando lo único que recordaba de su niñez y adolescencia era la rigidez con la que su padre decidió prepararlo para ser rey. Con la crueldad con la que lo lanzó a la cueva para matar sus sentimientos y lograr ser portador del hellfire.

—¿Seguro que estás bien? —preguntó una de las hadas rompiendo la tormenta de recuerdos de Ulquiorra y volviéndose a enfocar en la escena que sucedía delante de sus ojos.

—Estuvimos días esperando tu llamado. ¿Qué está ocurriendo? ¿Ese espíritu feo que te está molestando?—habló esta vez uno de los espíritus masculinos.

¿Espíritu feo?

Ulquiorra se preguntó si hablaban de Grimmjow o de él, estaba seguro que era un adjetivo más para su general que para él. Grimmjow era un espíritu, Ulquiorra era un cultivador demoníaco. Pero luego recordó que Orihime al principio lo había confundido con un espíritu por lo que es probable que sus amigos florales no supieran que él era el rey demonio de las leyendas.

—Tranquilos, estoy bien —aseguró el hada.

—Mi bella Hime, tienes que delatarlos, ellos son malos, escaparon de Hueco Mundo —Uno de los espíritus masculinos habló, su voz algo ridícula por la dulzura con la que le hablaba.

—Keigo, no puedo hacer eso.

—¿Por qué?

—Sabes muy bien cómo son las estúpidas leyes de la corte. La van a acusar de traición —bufó un espíritu floral femenino.

—Tatsuki, pero ella puede explicar que aquel espíritu demoníaco la obligó y robó sus poderes para escapar —dijo ahora otro espíritu femenino.

—Nuestra Orihime no tiene testigos. ¿Parece que no vivieran en este mundo? Sabes muy bien lo implacable que es nuestro rey con respecto a eso.

—En parte lo que dice Tatsuki es mi mayor preocupación, —comentó Orihime interrumpiendo la discusión de los espíritu—, pero tampoco creo que Ulquiorra busque realmente hacerme daño, no puede en realidad.

—¿Cómo estás tan segura que no está buscando la manera de hacerlo? —preguntó el mismo espíritu floral femenino.

—Confío que no es así.

En la respuesta del hada no había dudas y lo parecía decir con toda la sinceridad del mundo. Ulquiorra estaba sorprendido y a la misma vez contrariado. Aquella mujer o era muy ingenua o muy tonta.

—Orihime, mi linda Orihime. Tú no sabes ver el mal de las personas, piensas que todos son buenos. La prueba es que aún sigas siendo amiga de la estafadora de Nell y ahora defiendes a un espíritu maligno —dijo con dulzura el espíritu femenino.

—No lo sé, Tatsuki, pero prefiero creer que él no me hará daño, para mi salud mental y porque él hasta ahora no me ha demostrado lo contrario. Ulquiorra solo ha buscado ayudarme y no se…se ve tan solitario y aislado. Tal vez todo eso de la leyenda no es como nos dicen.

Los espíritus florales protestaron por un rato pero el hada estaba renuente, finalmente la dejaron tranquila pero Ulquiorra no dejaba su sorpresa.

—Igual nos quedaremos, estaremos alerta.

Los espíritus tomaron su forma floral en aquel jardín dejando al hada pérdida en sus pensamientos igual que sin saberlo a un rey demonio.

.*.*.*.

El día de la prueba llegó, Orihime estaba impresionada por la cantidad de hadas que participan este año por un rango. Todas parecían alegres y muy hermosas, entre ellas logró distinguir a varias de familias importantes de la ciudad de las hadas hasta de la propia corte celestial.

El sueño de una hada siempre era obtener un rango alto y dependiendo de lo que aspiraba, entrar a alguna secta importante de la corte o simplemente asegurar el puesto que ya tiene dentro de ella, ya sea como sirviente, compañera de misiones o hasta las más ambiciosas, llamar la atención de algún señor para matrimonio o ser damas para sus hijas.

Cualquiera que lograba un rango muy alto podía aspirar a ser un hada guerrera o hasta el hada principal de alguna secta.

Orihime estaba muy emocionada, había esperado tanto tiempo para poder participar. Su raíz mágica dañada siempre ha sido un impedimento para participar pero aunque no lo quisiera admitir, el entrenamiento del rey demonio había dado frutos y aunque no había reparado su raíz podía hacer un poco más de magia.

Al Orihime acercarse a solicitar su formulario de inscripción, todas las hadas parecieron callarse haciéndola pensar que era por ella y por su origen humilde como espíritu floral, pero al alzar la mirada se dio cuenta que no era por ella sino por la llegada de otra hada.

La reconoció enseguida, la había visto varias veces cuando visitaba la ciudad de las hadas y entendía la sorpresa de las demás. Era Rukia Kuchiki, hija adoptiva del reconocido cultivador celestial, Byakuya Kuchiki, uno de los miembros principales de la corte celestial.

No era común que una hada que ya tenía un puesto tan importante dentro de las familias hiciera la prueba a menos que quisiera reafirmarlo pero ella no tenía esa necesidad, nadie la iba a reemplazar.

Rukia era la hermana de sangre de la esposa de Byakuya, ella había sido adoptada por el cultivador desde hacía décadas y había sido criada por él. Además de ser la prometida oficial del cultivador más famoso actualmente en la corte, Ichigo Kurosaki. Ella realmente no tenía que asegurar nada porque ya tenía todo seguro, no entendían la razón por la que participa en una prueba de rango.

La famosa hada pareció ignorar todas las miradas y llegó al lado de Orihime, pidió su hoja de inscripción y la llenó más rápido que la pequeña hada, al entregarla a la reclutadora, se detuvo frente a ella.

—¿Tú eres el hada llamada Orihime? —preguntó.

—Si, soy yo —respondió nerviosa, Rukia pareció analizarla y finalmente asintió.

—Ya veo —siguió su camino como si nada, dejando a Orihime confundida.

Las hadas empezaron a curiosear una vez el hada dejó el lugar. Orihime estaba muy confundida, había sentido algo de amenaza en la última mirada que le dirigió aquella hada.

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