Amada Caperucita,

¿Cómo empezar?

Al principio sólo quería comerte. Era mi carne la que pedía la tuya. Luego conocí lo que esa capa roja esconde y me enamoré de mi víctima, Sakura. Jamás tuve intención alguna de asesinar a tu abuelita, Tsunade. Ella se estaba viendo con el cazador, y por temporadas desaparece con él en el bosque. No soy tan malo. No creas todo lo que dicen de mí. Los lobos podemos cambiar. Ya soy vegetariano y estoy ayudando a los tres cerditos, Karin, Suigetsu y Jugo, en la construcción de su casa ahora de cemento. Te invito un café mañana y luego vemos que pasa.

Sinceramente tuyo,

Itachi, tu Lobo Feroz


Amada Caperucita,

Tomé una manzana de tu canasto. Me cansé de esperarte. Tenías que creerme y no dejarme abandonado en la casa de tu abuelita. La cama se enfrió y me fui al bosque. Ya no pueden matarme con una bala de plata en el corazón. Tú te encargaste de quitármelo. No sé dónde lo dejaste, aunque si lo encuentro, no creo que lo ocupe.

Siempre tuyo,

Itachi, tu Lobo Feroz


Caperucita malvada,

No puedo más. Tu recuerdo me envuelve crudamente cada día.

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Me lo ha confirmado el Capitán Zabuza Garfio.

Siguiendo las prescripciones de la moral en turno, me receto tiempo, abstinencia y soledad.

¿Te parece bien que te quiera sólo una semana más?

No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana puedo reunir las palabras de amor y pasión que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos seres que no se dicen nada.

Pero ¿tú?

Tú eres malvada. Sabiendo cuanto sufro por ti y tú, sencillamente me respondes silenciosamente con indiferencia. Aunque la culpa es mía. Ya me habían dicho que una flor como tú, no le haría caso a un Lobo como yo. No importaba que tus besos y caricias fueran adictivos para mí, no debí obsesionarme con esos ojos verdes que me miraban con fugaz amor. Debí jugar en tu mismo nivel, Sakura.

Tu juguete usado,

El Lobo Feroz.


Estimada Sakura,

Ya no puedo llamarte Amada por respeto a mi presente. El tiempo pasó y nunca me quisiste escuchar. Un día de esos que tanto que pasaba en el bosque perdido, pensé que eras tú, una chica a quien vi con una capa roja, y me acerqué con la ilusión que me alimentaba el alma. Pero no eras tú.

Era a la que llaman Blancanieves, su nombre real, Hinata. Nos estamos conociendo. No sabe todo lo que dicen de mí y piensa que soy lindo. Espero que estés bien y te deseo lo mejor en tu nueva relación. Ya no puedo decirte que soy tuyo, aunque aún tienes una parte de mí.

Saludos

Lobo Feroz.