A pesar de tener solo cuatro años, Lisa Curie Loud ha destacado como una de las niñas más brillantes de todo Estados Unidos. Su dedicación a sus estudios apuntaban hacia una segunda era renacentista en el campo de la ciencia, y todo dependía de una carpeta que reposaba sobre su mesa de laboratorio personal. Mientras su sudor empañaba sus gafas, los movimientos de la niña requerían precisión y cautela extrema. Sin embargo, justo antes de que pudiera verter el ácido en su mezcla, un fuerte golpe resonó detrás de ella, interrumpiendo su concentración.

—¡LISA! —gritó Luan, pateando la puerta.

Lisa pegó un grito y se tambaleó en su silla, casi derramando el líquido que tenía en la mano. Jadeó y refunfuñando miró a su hermana mayor.

—¡Luan! Creí haberte dicho exactamente veinticuatro veces que toques la puerta cuando estoy trabajando. ¿Qué es lo que quieres ahora? ¡¿Qué es más importante que la cura del cáncer?!—

—...La policía está afuera.

¿Qué?

—FBI! —gritó el megáfono desde la ventana, —¡TENEMOS LA CASA RODEADA, SEÑORA LOUD! ¡SALGA CON LAS MANOS EN ALTO!

Lisa se acercó sigilosamente a la ventana, y miró con estrés a Luan. —Luan, —murmuró, —¿por qué la casa está rodeada con agentes del FBI?

—¡¿QUÉ HICISTE?! —gritó Luan.

—¡¿Qué?! ¡Yo no he hecho nada!

—Ah, ¿no? ¡Pues respóndeme ésto!

Y he aquí, Luan sacó el portátil familiar encendido de su espalda y empezó a leer en voz alta. —¿Buscador de Tor? ¿300 gramos de Pseudoefedrina mercado negro? ¿Descargar modelo ébola no fake? ¡¿NOTICIAS SIN CENSURA?! —Luan pataleo y apuntó un dedo hacia ella. —¡Estuviste en esos foros anónimos otra vez!

—¡Silencio! ¡No he buscado tales cosas! —Lisa dijo, alterada. —¡Y esos foros son el único lugar donde se habla de ciencia REAL! ¡Todo lo que he aprendido en la escuela es una mentira inventada para controlar la ciencia moderna y el gobierno!

—¡Lincoln fue detenido, Lisa! —rechino los dientes, irritada.

—...Ay, madre.

El megáfono gritó furioso de nuevo: —¡ÚLTIMA LLAMADA, LOUD! ¡NOS VEREMOS OBLIGADOS A ENTRAR! ¡BAJEN CON LAS MANOS EN ALTO!

Un pitido retumbó los tímpanos de las hermanas por un momento y el megáfono habló otra vez. Era la voz de una mujer, apenas podía hablar sin romper en llanto. —ESTÁ BIEN, CARIÑO, —la mujer esnifo. —SÓLO ESTÁN AQUÍ PARA HABLAR. SÓLO, POR FAVOR, BAJA Y DALE AL HOMBRE SUS DOCUMENTOS, ¿OKAY?

Lisa y Luan se miraron con las cejas levantadas: —¡¿Los documentos?!

El patio frontal lo custodiaban hombres en uniformes pesados, cada uno portando vigorosamente su arma automática. Al fondo de ese bosque, Lucy Loud, con las manos esposadas, contemplaba desde el maletero de un camión de policía la ventana de la habitación de Lisa. Su atención fue cortada al sonido de la voz de su hermano acercándose.

—Oficial, ¡por favor! —Lincoln Loud rogó mientras era dirigido hacia el camión enfrente de ella. —¡Lisa es la chica más lista del mundo! ¡Esto tiene que ser un malentendido!

—No lo sé, muchacho, —la voz del agente jefe era fría y pesada. —Tu hermana es un caso bastante extraño. Hemos estado rastreando algunos movimientos muy sospechosos procedentes del portátil de esta casa. Esta mujer lleva mucho tiempo buscando problemas.

El peliblanco creció pálido y reclamó: —E-espera, ¿qué quieres decir con "mujer"?

Lynn Jr, cuya práctica de fútbol fue interrumpida momentos antes, se resistía al arresto e intentaba soltarse del agente que la cargaba. —¡Te mostraré algunos movimientos sospechosos! —gritó desde la distancia, —¡Suéltame! ¡Deja a Lisa en paz, pedazo de-

El señor Lynn solo veía como se llevaban a su hija con ojos cansados y profundos. —¡Lynn, por favor, ¡LYNN! ¡Cálmate!

—Si no coopera, —resumió el agente jefe, —no tendremos más remedio que forzar la puerta, ¿entendido? Llévenselo.

—¡¿QUÉ?! ¡¿Documentos clasificados?! ¡¿Drogas ilegales?! ¡Esta no es Lisa! ¡Ella no es una criminal! Ella tiene cuatro…

La voz de Lincoln desapareció en el momento que se cerraron las puertas. El agente jefe, procesando la interacción, se congela al digerir las palabras del peliblanco.

—¿Cuatro? ...¡¿SON CUATRO?!

Arriba en la habitación de Lisa, Luan temblaba mientras caminaba en círculos. Aún con las sirenas y el sonido del helicóptero afuera, se podía oír sus risitas escapándose de su boca.

—¡¿Por qué la gallina cruzó la carretera, Lisa?! —Luan habló entre dientes. —¡Para detener A UNA NIÑA DE CUATRO AÑOS FABRICANDO LA CURA DEL CÁNCER CON QUÍMICOS PROHIBIDOS EN 32 ESTADOS Y DOCUMENTOS CLASIFICADOS DEL GOBIERNO! ¡J-JA, JA! JA.

Lisa, escondida debajo de la ventana, le frunció el ceño. —¡Deja de bromear y ayúdame a encontrar una solución, hermana!

Luan rompió una sonrisa macabra y sus pupilas temblaron. —¡JAJA! ¡JA! ME ESTOY VOLVIENDO LOCA.

—¿Eh, chicas? —Luna Loud se asomó por el marco de la puerta, confundida. —Me acabo de despertar, ¿por qué está el FBI fuera?

Lisa gruñó, ni siquiera volteando a mirar a su hermana. —Esa no es ninguna de tus incongruencias, Luna. Ahora, vete.

Luan saltó al oír su voz y apuntó a Luna. —¡TU! ¡¿qué hacías anoche con el portátil?!

Luna encogió los ojos y tartamudeó sudando: —Eh, ¿estaba tocando con mi banda en el garaje? ¿Por qué?

—Okay, podemos trabajar con eso, —murmuró Luan, poniendo un dedo debajo de su barbilla. —Digamos que estabas buscando todo eso para... ¡escribir música violenta a todo volumen!

—Viejo, me estás asustando.

Lisa gira hacia sus hermanas con la cara iluminada: —¡Pero tiene razón! Es el portátil de la familia. ¡Podemos culpar todo esto en tus inclinaciones musicales!

Luna sacude la cabeza. —¡Wow, wow, wow, para el caballo! ¡¿Culparme de qué?!

—¿Caballo?

Las hermanas gritando rompen su cuello hacia el centro de la habitación. Después de un breve silencio sofocante, todas suspiran al unísono.

—¿Lucy? —gime Luan, recuperando el aliento. —¡Creí que estabas con Lincoln ahí abajo!

—Estaba.

Lisa gruñe al verla y sacude la cabeza frustrada. —¡L-lárgate! ¡¿Por qué estás aquí?!—

—Oí "caballos" y "culpa", —carraspeo la gótica. —Pensé que si podía escabullirme para ver el historial del portátil, podría explicarlo todo.

—¡¿Qué quieres decir, presagio del apocalipsis de corazón negro?!

Luna, revisando el portátil junto a Luan, preguntó: —Ehm, ¿chicas? ¿Qué es "concurso de jarras Princesa Ponycon?"

El tiempo se paró por un momento, y el silencio era agrio, imposible de tragar.

—Condené a esta familia.

—Me das asco, —habló Lisa entre arcadas.

Luan de inmediato soltó una risa desesperada, y mediante suspiros pidió: —Es una broma, ¿verdad? Sólo una broma, ¡eso es!

—No puedo soportar la culpa, —Lucy respondió, con la voz claramente muerta de pena, aunque más muerta que con pena. —El remordimiento me está desgarrando viva. Dame el portátil. Necesito entregarme.

Antes de que ella pudiera tener sus manos en la laptop, la rockera entró a la habitación de un salto y cerró el portátil de golpe, sacudiendo la cabeza: —¡No, no, no! No vamos a ir a la cárcel. Y menos tú.

Luan se dió una bofetada y, tragando saliva, jadeó: —Tienes razón. ¡Necesitamos una mejor defensa! ¡No podemos arriesgarnos a que nosotras cargemos la culpa!

En el momento de rendezvous, Luna se inclinó para ver todos los vasos de precipitados y frascos que había en la mesa del laboratorio personal de Lisa. Levantó una ceja y alzó la voz entre los murmullos de sus hermanas: —¿Qué es eso?

—He estado trabajando en la cura del cáncer, —respondió Lisa, acomodándose las gafas.

—Entonces, ¡¿por qué te buscan a ti?!

—Porque quería ayudar a la humanidad. La CIA no me silenciará esta vez.

—¿De qué está hablando?

—Ella ha vuelto a navegar por esos foros de extremistas ateos y políticos, —Luan le aclaró con la voz apagada.

—Ah.

El megáfono gritó una vez más, sonando impaciente; —VAMOS A ENTRAR PRONTO. LAS CUATRO LOUDS, AL SUELO.

—Te doy gracias por mi castigo, Dios, —farfulló Lucy mientras obedecía y se posaba en el suelo melancólicamente.

—¡¿Cu-Cuatro?! —Lisa balbuceó de la sorpresa. —¡¿Quién más?!

De repente, Lori Loud, la primogénita, llegó corriendo a la habitación, despeinada, jadeando furiosamente y apenas vestida. —¡LUAN! ¡Dame el portátil! ¡Rápido!

Luan casi se desploma del susto y esconde la laptop detrás de ella. —¡¿Qu-qué?!

Antes de que Luan pudiese cuestionar, Lori saltó hacia el portátil y se lo intentó forcejear de sus manos: —¡Borra el historial! ¡Dame el portátil!

La comediante la empujó. —¡Es inútil! ¡Ya vienen!

—¡¿Los ves ahí fuera?! —Lori protestó, apuntando a la ventana. —¡LITERALMENTE tienen armas, Luan! ¡ARMAS! ¡Dame el portátil!

—No luches, hermana, —carraspeo Lucy. —Deja que el gobierno me lleve por mis pecados.

Lori miró a su hermana menor estupefacta —¡¿También vienen a por ti?!

Hubo una pausa embarazosa, y Luan, aún temiendo de preguntar, rompió el silencio: —¡¿De qué estás hablando?!

Lori tragó saliva y apuntó los ojos alrededor, buscando una explicación. Su corazón se hundió cuando se dió cuenta que no encontraba ninguna. —Okay, puede que haya buscado algunas cosas, pero…

Preparándose para lo peor, Luan abrió el portátil y empezó a buscar. —¿CÓMO QUÉ?

—C-como... em…

Lori tragó saliva, pero la voz de Lisa resonó en la habitación. —¿El blog del narco pelando "rata" viva 2007?

—¡¿QUÉ MIERDA?! —chilló Luna, conteniendo el vómito dentro de su cuello.

—¡TENÍA CURIOSIDAD! —explicó Lori, perpleja. —¡BOBBY ME DIJO QUE ERA UN TÍO!

—Y lo era,— Lisa remató.

—Si. Puedo confirmarlo, —murmuró Lucy, levantando su "Libro para hablar con gente muerta."

—Ah, ¿tú lo viste también?

Luna calló a las dos: —¡¿POR QUÉ BUSCARÍAS ALGO ASÍ, VIEJO?! ¡ESTO ES UN DESASTRE!

—Bueno, —defendió la mayor, —¡al menos yo no compro drogas en navegadores oscuros!

—¡¿TU QUÉ?! —Todas las miradas apuntaron a Luna.

—¡Me dijiste que las habías dejado! —Luan berro al borde de las lágrimas.

—¡Wow- Oye, oye! —Luna intentaba recoger sus palabras. —¡Me-me ayuda a ser creativa, hermana! Sólo las tomo para escribir música, ¡en serio! ¡Puedo dejarlo cuando quiera!

Lori raspo en voz baja. —¿También puede tu banda punk? Todos ustedes literalmente casi tuvieron una sobredosis anoche en el garaje, ¡lo vi!

—¡¿Así que todos han estado buscando cosas ilegales en el portátil familiar sin borrar el historial del navegador?! —Luan protestó. —¡¿Es en serio?! ¡¿Quién más estaba usando esta cosa?! ¡¿Quién más?!

—Chicas, —Leni se asomó por la puerta, —¿y el portátil?

Silencio.

—Me quiero matar, —dijo Luan. —¡¿DÓNDE ESTABAS?!—

—Ehm, ¿en el baño? ¿Me estaba bañando? Pero, en fin, necesito el portátil. Creo que olvidé borrar algo.

Todos se quedaron en silencio con miseria en sus ojos.

—¿Ah? Espera, ¿quién llamó a la ambulancia?

—...No puedo aguantar más esto.

—¡SUFICIENTE! —Lisa golpeó su mesa de laboratorio. —No dejaré que nos lleven. ¡Tenemos que permanecer juntas, hermanas!

Un fuerte disparó azotó la sala. Las botas de miles de hombres retumbaban el suelo, cada uno hablando constipadamente. El agente jefe anunció como si de una batalla vikinga se tratase.

—FAMILIA LOUD, ¡ESTAMOS DENTRO!

—esoesloquedijoella.

Lisa voló a su armario. Después de un corto tiempo tirando ropa, sacó un walkie-talkie escondido y le susurró: —Il a favorisé nos entreprises. Opération pilule rouge.

Abajo, los agentes no demoraron en conquistar la sala de estar y la cocina. El tsunami negro ya había empezado a poner pies en las escaleras.

Luan y Luna forzaron a todas adentro, y de inmediato cerraron la puerta y empezaron a atrincherar la entrada con cualquier mueble que pudieran encontrar cerca. Nadie podía entrar, nadie podía salir.

En medio de esto, Luna miró a su hermanita menor, y gritó bajo estrés. —¡¿Qué estás haciendo?! ¡Ya vienen!

—Hey, ¡está hablando como una loca! ¡Perdonen su francés! —Luan estaba hiperventilando. —¡Jajajajaja! ¡¿ENTIENDEN?!

—Luan, ¡¿has estado tomando tu medicación?! —preguntó Lori, más bien molesta.

Lucy, aún tumbada en el suelo, alzó la voz; —Luna se lo tomó todo.

—¡Ay, cierra la boca! —se quejó Luna, resentida. —¡Tú ni siquiera sabes eso!

—No. Pero no sería la primera vez, —respondió.

—¡¿En serio?! ¡Eso fue hace siglos! ¡Déjalo ya, viejo!

Lucy le gruñó: —Los antidepresivos no son baratos, Luna.

—¡Hermanas!— Lisa llamó la atención de las demás, sacando una cuerda gruesa y larga, —a la de tres, saltamos por el tejado. Todd nos ha preparado un plan de escape con un camión que pasará pronto.

—¡¿Estás loca?! —dijo Lori. —¡Mamá y papá literalmente nos van a matar!

Luan entró en pánico. —¡NO, LOS MUNICIPALES LO HARÁN!

—Te lo aseguro, hermana, —Lisa intentó calmar la voz, aún cuando ella temblaba de adrenalina. Tomó un extremo de la cuerda y se puso a trabajar. —Todd ha calculado la trayectoria perfecta. Antes de que la cuerda se rompa por nuestro peso, debemos girar a la izquierda con todas nuestras fuerzas.

Lori gruñó, viendo que no tenía más salida, y procedió a tomar la cuerda. —Ya que.

Mientras tanto, los agentes y diferentes oficiales armados subían las escaleras, rompiendo puertas y revisando todas las habitaciones y baños. Poco a poco, se acercaban a la puerta de Lisa.

—¿Es esto necesario? —cuestionó Leni, mientras la rockera ataba la cuerda en su cintura. —¿Por qué no podemos hablar con ellos?—

—Lisa, ¿qué hacemos con los documentos? —Luan cortó a Leni.

Lisa, enfocada en atar su cintura con la cuerda, le contesta: —Nos los llevaremos con nosotros. Una vez que estemos a salvo, tendremos que quemar las evidencias.

—¡Es-espera! —la comediante tartajeo. —¡¿Quemarlas?!

—No digas incoherencias, hermana. ¿Qué más propones que hagamos con ésto?

Ella, temblando y sudando, se rascaba las manos desesperadamente. —Tal vez podría llevármelos y esconderlos hasta que solucionemos las cosas. ¿Tal vez?

Pero Lisa tomó una pausa, y entornó los ojos hacia ella: —...¿cómo?

Luan, notando sus sospechas, se esforzó el doble para relajar su estrés. —Confía en mí, —dijo. —Dame los documentos y…

—¡No! —Lisa arrebató los papeles. —Estás actuando muy extraño. Incluso más que de costumbre.

—¡¿Puede alguien darle su bolsa de respiración?! —comentó Lori.

—Y algo de Xanax. Para todas,— añadió Luna. —Solo digo.

—¡Confía en mí, por favor! —la comediante rogó, poco a poco quebrándose. —Sé lo que estoy haciendo.

—¿Qué escondes? —su hermana menor decidió ser más franca.

—¡N-Nada!

—¡Estos papeles son evidencia peligrosa! Tenemos que deshacernos de ellos.

—¡S-SOLO DEJAME SOSTENERLOS, LISA!

—¡¿Por qué?!

—PORQUE LOS NECESITO.

—¡¿PARA QUÉ?!

—DAME LOS DOCUMENTOS.

—¡¡¡RESPONDEME!!!

Luan pegó un grito, arrancándose las mechas. —¡PORQUE HAY MUCHA MIERDA EN ESTE MUNDO!

Un silencio absoluto se apoderó del mundo entero, prolongándose como si el tiempo se hubiera detenido por años enteros, hasta que el agudo grito ahogado de Lisa desencadenó la fiera de once cabezas. En ese instante preciso, ella comprendió la gravedad de la situación:

—¡HAS ESTADO VIENDO NOTICIAS DE CABLE!

Un suspiro colectivo explotó entre todas, inclusive Lucy.

—¡Pensé que esos clips sin censura de Fox News eran de Lisa! —Luna se quejó. —¡Me has mentido tú también!

—¡El terapeuta LITERALMENTE te dijo que no lo hicieras! ¿Cuál es tu problema?

—¡¿No lo ven?! —la comediante rota tragaba saliva a litros, intentando mojar su titiritero. —¡Están talando nuestros árboles y arruinando el medio ambiente! ¡El mundo tiene que saberlo! ¡La humanidad es horrible!

—Bienvenida al club, —dijo Lucy.

—Tuve que dejar de lado al Sr. Cocos por un tiempo. Solo me recordaba las cosas horribles que hace la humanidad con sus efímeros recursos. ¡Por eso tuve que conseguir esos documentos! ¡EL MUNDO NECESITA SABERLO! NECESITO SEGUIR AL TÍO TED.

Luna se unió a la competencia de gritos: —¡¿Quién es Ted?!

—¡NO SÉ!

Tres golpeteos sordos rebotaron dentro de la habitación. El escándalo las había delatado. Todas se fueron en posición inmediatamente.

—No tenemos tiempo que perder, —Lisa rápidamente hizo un nudo en el marco de la ventana con el último extremo de la cuerda. —Tenemos que irnos. ¡Ahora!

Lori habló en un suspiro: —Dame los papeles, rápido!

Lisa obedeció. —¡Todos, agarrense de la mano!

—¡Espera, —sollozó Leni, —no he buscado nada malo!

—Que pena, —dijo Lori, agarrándole la mano mientras sostenía la carpeta en su axila, —¡te vienes con nosotros!

Los agentes intentaban entrar con un ariete pero Lucy, incluso aún con la cuerda medio puesta, no se levantaba del suelo: —El Señor corrige a los que ama. Y castiga a todos los que acepta como hijos suyos.

—¡Viejo, ya! —protestó Luna, —¡Levántate!

—No llores por mí. Ya estoy muerta.

—Agh, maldita sea, —gruñó, levantándola del suelo.

—Si. Deja que Dios me maldiga.

—¡A la de tres! —Lisa se preparó.

Un golpe. El seguro apenas se podía mantener.

—¡Uno!

La madera se rompe: —¡TODAS AL SUELO!

—¡DOS-TRES-YA!

Lisa jaló a todas por la ventana y se balancearon a la izquierda por el tejado, dejando un rastro de balas. La cuerda hace eco a una palmada al aire y se rompe detrás de ellas. Todos volaron y cayeron precisamente dentro de un camión de helados en movimiento. Todd, el robot de Lisa, iba al volante. Él sacó una pequeña caja que contenía vasos de precipitados con productos químicos y una caja de pastillas. Puso su garra robótica dentro de la caja para sacar una pequeña píldora roja que procede a comerse. Inmediatamente, el camión tiró del gas y arrancó a la velocidad del sonido. El resto de los oficiales, abatidos, corrieron a sus autos y prendieron las sirenas. El agente jefe no pudo creer lo poquísimo que vió.

—Aterrizaje perfecto, —suspiró Lisa, corriendo al frente. Lisa ató el extremo roto de su cuerda alrededor del asiento delantero y se sentó.

Todd condujo por el barrio, dando una vuelta brusca a la derecha. Esquivó inmaculadamente a todos los peatones y farolas de la calle, excepto a los chinos, a los que arrolló con gusto.

—¡TU ROBOT APESTA, LISA! —gritó Luan, ya al borde del colapso mental. —ESTÁ ATROPELLANDO A GENTE INOCENTE.

—¡FUE TU IDEA DARLE COMIDA CHINA AQUELLA NOCHE! ¡NO SABÍA QUE ÉL LA ODIARÍA TANTO!

—¡OYE, NO ME KUNG-PEZ DE NADA! ¡JAJAJAJA!

—Es por esto que mamá y papá quieren el divorcio.

El camión brincó, acompañado de un crujido de dientes debajo de las llantas. El golpe hizo que ambas corten la pelea. Mirando por la ventana trasera, Luna se mordió el labio, agobiada con lo que veía: —¡Tenemos compañía!

Una armada nacional entera se acercaba desde la carretera. Camiones SWAT, carros de policía, helicópteros. Luna del horror creyó que pronto empezaría a ver tanques bloqueando todo lo que veía. El agente jefe conducía enfurecido, sus ojos huecos se enfocaron en el alma de Luna. Grito mediante el megáfono, dando órdenes: —¡DETÉNGASE! ¡PAREN EL CAMIÓN!

—Tenemos que hacer algo, —carraspeó Lisa, poniéndose las manos bajo la barbilla.

Las puertas del camión se abrieron de golpe. Todas voltearon la mirada a la luz, espantadas.

—Tómame, Dios. Perdóname. —Lucy profetizó, mirando el mundo correr por sus ojos. —Mis acciones lujuriosas han condenado a esta familia.

—LUCY, CIERRA LAS PUERTAS, ¡IDIOTA! —gritó Lisa.

Lucy giró y se despidió. —Las veo en otra, hermanas.

Abrió los brazos y se inclinó hacia la carretera debajo. Pero, en vez de caer, ella salió volando del camión, y como una bala, su cabeza impactó contra la ventanilla delantera del camión más cercano, haciendo que el parabrisas delantero se haga añicos. El agente que conducía perdió el control y chocó contra una farola, haciendo que los que iban detrás también pierdan el control. Una explosión incendió lo que quedaba del camión.

Lucy, aún viva, voló detrás del camión, decepcionada al darse cuenta que aún colgaba de la cuerda atada a sus caderas. Lisa, estupefacta, estuvo calculando las probabilidades de aquel repentino éxito y, tras un breve momento de silencio, se encogió de hombros y asintió con la cabeza: —Buen viaje.

Lori tembló al verla y murmuró: —¡¿Qué mierda le pasa a esa niña en general?!

Mientras tanto, los otros camiones saltan a través de toda la catástrofe y se mantienen detrás del camión de Todd. Más camiones se acercaban, los agentes disparaban al aire. Un agente en el asiento frontal apuntó y

disparó su pistola, impactando en la ventanilla trasera, haciéndola añicos. Todas chillaron, pero nadie resultó herida.

Luna agarró la cuerda de Lucy y jaló hacia el maletero. La gótica fue arrastrada de vuelta al camión, con una herida gigante corriendo bajo su frente. Luna se quitó la chaqueta y la envolvió alrededor de su frente para cunar la herida.

—Lo peor es que sigo viva.

—¡¿Lisa?! —aulló Luna, —¡¿Qué demonios hacemos ahora?!

Lisa, preocupada, miró hacia adelante por la carretera y vio una parada de autobús a unas cuantas leguas. Unos cuantos ciudadanos estaban allí de pie, esperando a que un autobús aparcado allí abra las puertas. Lisa noto a alguien entre la multitud y sus ojos se iluminaron.

—Tengo un plan. Tenemos que hacer una parada rápida.

El camión se acercó a detrás del autobús. Todd detiene el camión y Lisa abrió las puertas. Ella saltó y corrió hacia el autobús.

—¡Alto! —comandó. Todos se congelan y la miran.

El conductor del bus levantó una ceja: —¿Disculpe?

—Retrocedan.

—Qu-

—SILENCIO.

—Niña, ¿estás perdida?

La ventanilla a su lado explotó en mil fragmentos y un puñetazo le dió en las luces. Lori trepa por la ventana rota y se pone al volante mientras que Luna se quitaba el vidrio clavado en su puño. La multitud gritó y empezaron a huir, excepto una.

Stella Zhau se congeló, y tomó un momento para reconocer a quién veía. —¡¿Qué...?!

Lisa agarró a Stella de su camisa y la lanzó dentro del autobús. Mientras tanto, la policía restante se acercaban, el Agente Jefe tenía las manos todavía pegadas al volante. Todd pisa el pedal y pronto, Lori arranca el autobús y conduce detrás de él.

—¡¿Qué está pasando?! ¡¿Lori?!

—Rápido, —dijo Lori, —esconde esto bajo tu camisa.

Stella tomó la carpeta de prisa. —¿Q-qué?

—¡Sólo hazlo!

Lisa arrancó los pedazos de cristal aún pegados en el marco de la ventana y se apoyó ahí. —¡Conduce tan lejos como puedas del camión! ¡Nos encontraremos bajo la autopista Hamilton!

Lori asintió, y Lisa saltó. Todd acercó el camión inmediatamente y agarró a Lisa, jalandola al camión. El camión y el autobús separaron sus caminos.

—¡Lisa, por favor, detén esto! —Leni suplicaba. —Entregate.

Lisa cogió más vasos de precipitados y un pequeño tubo de metal, metiendo los líquidos en el tubo y agitando la botella. —¡Prefiero morir de pie que vivir arrodillada!

—¡Tienes cuatro años!

Lisa patea las puertas de atrás y tira el vaso a la carretera. El líquido rojo se esparció por la calle, formando una gran mancha. Pronto, las llantas de los camiones de policía se tintan de rojo, hinchándose con un zumbido.

Sus ruedas explotaron y los coches rodaron. Los agentes salieron volando por la calle. Todos los coches y agentes fueron enviados chocando y rodando. El mundo se caía a pedazos detrás del camión. El agente jefe fue también enviado volando por los aires, pero convenientemente aterrizó directamente en el techo del camión de Todd.

—¡No te escaparás tan fácilmente!

El agente disparó. La bala atravesó el techo, apenas rozando la cabeza de Todd. El robot se agachó al oír el disparo, inclinando accidentalmente el volante hacia la izquierda. El autobús se desvió, haciendo que todos en su interior caigan alrededor.

—¡¿Qué ha sido eso?! —Lisa miró arriba.

—¡El helicóptero nos está disparando! —Leni lloró.

—¡¿En serio?!

Otra bala disparó. Todd se agachó de nuevo, haciendo que el autobús se desvíe. Mientras tanto, Lori observaba desde lejos al Agente Jefe en el techo del camión.

—¡¿Qué hacemos?! —gritó Lori. —¡Hay un policía en el camión de Lisa!

—¡Solo conduce! ¡No podemos arriesgarnos! —Luan insistió.

Stella se les quedó mirando con la cara atontada. —¡¿Me tienen de rehén?!

Lori pausó y desvió la mirada momentáneamente: —¿Supongo?

En el camión, el agente jefe, viendo que el camión aún seguía, tomó su cuchillo e intentó romper la salida de emergencia.

Lisa, con el alma ya en los labios, buscó dentro de la caja y sacó un contenedor aleatorio. Hizo una pequeña oración, agitó la botella y la lanzó al alto cielo donde les seguía el helicóptero. Una nube roja de humo se formó, temporalmente blindando al piloto. Pronto, un enjambre de cuervos comenzó a atacar el helicóptero. Los pilotos perdieron el control y cayeron lentamente en espiral hacia el pavimento. Lucy simplemente se quedó viendo todo.

—...esos eran mis amigos.

—Sufre, —Lisa volteó sonriendo.

—¡¿Alguien vio a Luan?! —preguntó Leni

—¿Luan?

Una luz divina se mostró encima de todas, y de ella, emergió un demonio en uniforme y cuchillo en mano. El agente jefe mira directamente a Leni y levanta el pie para saltar.

Leni se cubre los ojos. —Oh no, oh no, oh no, oh no-

La piel de repente se le erizó al oído de patitas como la de una araña carraspeando detrás suya. El agente jefe voltea la cabeza, listo para atacar a lo que sea que esté trepando hacia él. El sabueso se anunció detrás suya:

—¡OYE!

Inmediatamente sacó su pistola eléctrica y apuntó a Luan. —Niña, agáchate.

Luan, ahogándose en su cacareo, lo veía con las pupilas hundidas. —¿CÓMO LLAMAS A UN MUSULMÁN QUE TAMBIÉN ES CAPITALISTA?

—¿Eh?

—¡Oye! —ella río —¡No explotes el chiste!

Da dum tss.

—...no entendí.

Y ahí entonces, Luan procedió, con todo derecho, a dar un grito primal y derribar al agente jefe. Le golpeó la pistola eléctrica de la mano.

Agarró su cuchillo y lo apuntó al ojo. Pero el agente jefe rodó antes de que le dé. Una puñalada pasa a través del hierro, atascando la navaja en el tejado. El agente jefe aprovechó ese momento para alcanzar su funda de pistola y para herir a una menor bajo un motivo legalmente justo.

¡BANG!

Luan pegó un grito grueso pero breve. El brazo de Luan se desgarró, manchando el tejado con pequeñas lagunas de sangre, pero Luan mantuvo su ímpetu. De la rabia, jaló el cuchillo y se lanzó hacia él, acuchillando su jugular.

—¡Mierda!

Luan no paraba de cacarear maniacamente. El agente perdía el aire y la sangre a manómetros. Pero no había terminado. Abordó a Luan e intentó tirarla por el techo con la poquísima fuerza que le quedaba. Pero Luan era demasiado fuerte. Empezaron a forcejear y a darse puñetazos en el cuerpo. Finalmente Luan le empujó y le tiró. Su tensa espalda levitaba y se hundía agresivamente, dejando escapar pequeñas risitas.

Con su pequeño cuerpo, Lisa fue capaz de trepar la cabeza fuera de la salida de emergencia. —¡¿Estás bien?! —Preguntó.

—¡AJAJAJAJA! NO.

El enorme rojo en el brazo de Luan era inevitable de ver, pero lo era más el hecho de que Luan ni se inmutaba. Leni de repente gritó: —HERMANA, ¡ESTÁS HERIDA!

—¡Ayúdame a entrarla! —dijo Lisa.

Leni agarró los pies de Lisa, y Lisa agarró los de Luan. Ambas la jalaron hacia adentro. El camión se alejó a toda velocidad, dejando atrás un montón de coches en medio de una vía rápida.

Lori condujo tan rápido como pudo. Miró por el espejo retrovisor y vió que ya nadie las seguía. Lori se limpió el sudor de su frente y expulsó un suspiro áspero —Creo que estamos a salvo.

—¡Suficiente! —pataleó Stella —¿Qué está pasando?

—La policía está intentando matarnos.

—¿¡¿¿QUÉ??!? ¡¿POR QUÉ?!

—Ehh.., —se entrometió Luna, —p-porque el gobierno está intentando tapar la cura del cáncer.

Las incontables bolsas de basura alrededor eran suficientes para esconder al camión de Todd y el autobús. Era un olor fastidioso, pero a este punto, todas ya habían masticado su orgullo. Lori tocó la puerta de atrás, asqueada, y Lisa apareció en frente de ellas, abatida.

—¡Ya era hora! Luan tiene un ataque de risa y una bala.

Luan se retorcía y reía incontrolablemente mientras se formaba un charco de sangre debajo de ella. Lori se tragó el grito atascado en su garganta y entró en el camión para ayudarla.

Stella entró en shock al verla. —¡¿Qué le pasa?!

—Tranquila, —Luan explicó, —está tomando su medicación.

—Estaba, —la voz de Lucy resonó en el fondo. —Porque vivimos con una drogadicta.

—Lucy, —preguntó Luna, recordando que estaba molesta, —¡¿qué fue lo que te pasó ahí?!

—Un intento de suicidio.

—Ah, okay, —suspiró aliviada. —Me preocupó que solo intentaste sabotearnos.

Lucy respondió con una callada mirada sombría.

Luna se mordió el labio y entró al camión. Le revolvió el pelo a su hermanita con una extraña empatía. —Ah, no te preocupes. Lo conseguirás la próxima vez.

—No, —Luna apartó la cabeza. —No hagas eso. Sigo enfadada contigo.

Luna río y suavizó su tono. —No puedes seguir enfadada con tu hermana mayor, ¿verdad?

—Sí. Si puedo.

—Te diré algo, —dijo Luna, arrodillándose, —una vez que tengamos todo en orden, te conseguiré un Xanax.

—¿Luna? ¡¿Qué coño haces?! —preguntó Lori mientras atendía la herida de Luan.

—¿Xanax? —dijo Lucy, ignorando a Lori.

—¡Es como un caramelo! —sonrió Luna. —Hace que se te pase la tristeza, te hace sentir muy bien.

—Yo no… tomo ese tipo de drogas.

Luna sacudió la cabeza, —No, no, no. Esta es de las buenas, ¡como las medicinas para la fiebre o el jarabe para la tos! Como las que tomas tú, ¡aunque no esté clínicamente demostrado que seas una enferma mental como nosotras!

—Drogas.

—Si, pero… estas son saludables.

—No me estás entendiendo.

—¿Qué, quieres un abrazo?

Lucy no dijo nada y volteó la mirada. Luna se inclinó hacia delante y la abrazó, para sorpresa de Lucy.

Carraspeo con dificultad —Apestas a Sam.

—¿A su perfume?

—No. A semen de chica y cigarrillos.

—¡STELLA! —Lisa apuntó a la niña. —¡Los papeles!

Stella, sudando, rápidamente sacó los papeles de su camisa y se los entregó a Lisa. Ella los abrió, y se tomó el momento de calma para leerlo. Hizo una pausa. Se quedó muda. Al terminar, suspiró y miró a Stella con rostro serio. Le lanzó la carpeta devuelta.

—Toma.

Stella se asustó del repentino cambio. —Que dem… —la carpeta cayó a sus pies.

—Esto es lo que va a pasar, —informó. —Tú eres el cerebro de todo esto. Robaste esos documentos y planeaste todo desde un principio.

—¡¿Qué?! ¡¿No?! ¡Yo no he hecho nada!

—Sí, lo hiciste, —su espalda se puso rígida. —Y ahora, para liberarte del gobierno, tendrás que quemarlo todo.

Lori interceptó al ver todo lo que quería hacer Lisa. —No, no, no. Para. Esto no era parte del plan, Lisa. ¡No podemos obligarla a hacer eso!

Lisa se encogió de hombros. —Sí, podemos.

—¡No! ¡Es literalmente una niña!

—Nosotras también.

Lori miró a sus hermanas, esperando que alguien esté de su lado. Se quedaron con la mirada perdida. La cara de Lori cayó lentamente, derrotada. Stella entró en pánico y vio a Lisa sacar una grabadora de audio de la garganta de Todd.

—Ahora, repite después de mí: "Yo, Stella…"

Stella dió un paso atrás, —Mejor me voy...

Pero Lisa se acercó a ella: —"Yo, Stella…"

—N-no, espera-

—"Yo, STELLA…"

—HE DICHO ESPERA.

Stella empezó a temblar. Le corrían lágrimas y sudor por la cara. Lisa se acercó y susurró las palabras con la cara rígida. Su mano temblaba tímidamente. —Repite conmigo.

Stella respira hondo y vuelve a sollozar. —Yo, Stella...

Lisa pegó un gritó.

El sabueso riente saltó sobre Lisa como un animal y empezó a morderle el pelo, buscando la oreja de Lisa. Consiguió tirarla fuera de su alcance, pero ahora su peluca estaba entre los dientes de Luan. Luan miró los documentos con los ojos inyectados en sangre. Su herida de bala se revelaba en su brazo. Ella escupió su peluca y reveló sus dientes con brackets.

—No te atrevas, Lisa. NO TE ATREVAS.

Lisa se posicionó delante de Stella. —No quieres hacer esto, Luan.

—Entonces dame los documentos. Te lo pido amablemente, hermanita. —Luan gruñó y siseo, con el pelo hacia arriba.

El pelo de Lisa se erizó al verla. —Cálmate. Podemos… —Su voz quebró, al notar que Luan empezaba a caminar hacia ella.

—¡¿Que me calme?! Acabas de hacerme matar a un agente federal, Lisa. —Luan respondió entre risas. —¡No me digas que me calme, Lisa! ¡Solo quiero ayudarte, Lisa!

—¡Y-Yo no te he dicho nada! ¡Eso es una falacia-

—SUBCONSCIENTEMENTE, LISA.

Luan rasgó una bolsa de basura con las garras, dejando verter sus entrañas en el suelo. Se detuvo a solo centímetros de la cara de Lisa. Su respiración era agitada y sus ojos estaban fijos en la carpeta detrás de ella. Sus manos se crispaban.

—Luan, —Luna intentó acercarse, —dejala, hermana.

Luan crujió el cuello hacia ella. Una simple mirada fue suficiente para que tanto Luna como Lori se congelen y retrocedan.

—L-Luan? —tremuló Lisa mientras se encogía.

—Pensaste que era todo lo que siempre habías querido; que te habías adentrado demasiado en la madriguera del conejo; que todo era una excursión sin retorno. La idea de todo ese conocimiento de comida basura llenó ese vacío que tienes desde que naciste. Y te alimentaste.

—No... ¡Estás perdiendo la cordura! ¡Está loca!

—¡¿Eres la MÁS BRILLANTE de la familia y aún así no lo ves?! ¡Pues yo SÍ, LISA! Con mis dos ojos, LO VEO TODO.

Sus ojos apuntaron a la niña. —TE VEO. A TI.

—¡Has matado a un policía! —rogó Lisa.

—Oh, no, no, no, no. Eso es lo menos preocupante aquí. Y todos lo sabemos. Toda la familia lo sabe.

Luan pausó el tiempo con una simple mirada, y demandó con la voz ronca: —Dame. Los documentos. Ahora.

La pequeña se congeló. Sus ideas salían disparadas como balas en una guerra, pero ninguna le atinaba a algo para salvarse. Pudo jurar en ese momento que vió su cortísima vida pasar entre sus ojos. Y cuando apenas se estaba dando cuenta de en donde se había metido, Luan cayó impaciente.

—Lisa.

—N-No le harías daño a tu hermana pequeña, ¿verdad?

—LISA.

—¡Se lo voy a decir a mamá!

—¡¡¡¡LISA!!!!

Soltó una carcajada estridente y Lisa dió un grito de sangre.

Cerró los ojos e intentó cubrirse. Pero lo único que escuchó fue un fuerte impacto. Lisa jadeando, poco a poco abrió los ojos. Ella se ahogó en su saliva.

Luan estaba en el suelo. No había ningún movimiento en su cuerpo.

—LO SIENTO, ENTRÉ EN PÁNICO, ENTRÉ EN PÁNICO.

Lisa sube la mirada para encontrar a Leni bajo estrés, con la palma de la mano alzada y temblando. Ninguna podía creer lo que había pasado, ni siquiera Leni.

Lori y Luna corrieron al cuerpo de Luan. —¡¿Está bien?!

—Yo, yo, acabo de noquearla. —susurro Leni, al borde de las lágrimas.

Lisa siguió congelada en su sitio, mirando fijamente a mil yardas. Si no fuera por Stella, se habría desplomado en ese momento. Después de unos segundos, Lisa respiró hondo y se giró.

—Nuevo plan, Stella-

Y para sorpresa de nadie, Stella salió corriendo, y los papeles de la carpeta cayeron sobre ella.

—ME LLEVA LA-

—No la golpeaste tan fuerte, ¿verdad? —Lori preguntó.

—N-no lo sé. —Leni temblando respondió.

—No, no, está bien,— anunció Luna, su mano en la muñeca de Luan. —Tiene pulso. Le siento un pulso.

Una pausa comió gran parte del pavor de todas.

—Esta es... LITERALMENTE la última vez que bebemos agua del grifo, ¡¿entendido?!

—¿Agua del grifo? —protestó Luna. —Creía que todo esto era por la endogamia antes de mamá y el hedor constante de pubertad femenina por toda la casa.

—Luna, vivimos en Michigan. ¿Cómo es posible que no lo sepas?

—Viejo, solo digo que tal vez la familia es-

—E-espera… —Leni tartamudeó, asustada. —¿Qué es "endogamia"?

Las dos hermanas se miraron, cayendo en un silencio agrio.

—NO HAS OÍDO NADA. —Una le grita. —LE DICES ALGO A ALGUIEN Y LITERALMENTE TE DENUNCIAMOS A LA POLICÍA. —La otra le sigue.

Leni gimoteó y se hizo un ovillo.

Mientras tanto, Lucy observaba todo el drama, sentada en la parte trasera del camión. Uno de esos papeles cayó con gracia en las piernas de la gótica. Lo tomó y empezó a darle una ojeada rápida. A Lucy no le interesaba la política, pero algo peculiar del documento le llamó la atención. Lo leyó, y lo releyó, pero aún no podía comprender las palabras de aquel párrafo. Suspiró profundamente y rezó en voz baja para que fuera lo que no parecía.

—Que Dios nos ayude a todos.