Ícaro: - ¿Capitán Rex? ¿Que ocurre? -

El tiempo siguió su curso sin descanso, y ya muchos de los recursos de Gwori habían sido evacuados.

El Kandosii partió hacia un planeta cercano a Mon Cala, donde los Mon Calamari podrían disponer de todos los recursos para la fabricación de los nuevos buques de guerra. Los materiales, los especialistas y la mano de obra fue una ayuda que el general Ackbar aceptó a regañadientes, pues quería hacerle frente al Imperio para asegurar Gwori. Pero una vez más, Ícaro tuvo que hacerlo entrar en razón, y pedirle más paciencia de su parte.

Una ayuda inesperada provino de una persona bastante problemática. El líder rebelde Saw Guerrera ayudó a colaborar con la evacuación, a cambio de las armas que la Kestrel Nova y el Aurora fueron capaces de hurtar del arsenal imperial de Kargans. Kurt, Numa, Mirana y Vander no estaban de acuerdo con la petición, pero los tres tuvieron que quedarse bajo la supervisión de Guerrera hasta que el Oasis pudiese ser completamente evacuados.

Ahora, sobre la superficie de Gwori quedaban los últimos colones, los cuales estaban organizando todo dentro de las naves que el senador Organa dispuso para la evacuación. Todo parecía ir de acuerdo a los plazos de Ícaro, pero la repentina llamada del antiguo capitán de la Legion 501 de clones tomó a los altos mandos de Gwori por sorpresa.

Rex: - General, tengo noticias poco alentadoras. Muchos de mis contactos me han informado que fuerzas imperiales de varios sectores de la galaxia se están movilizando. Howser logró escapar de Kergans y logró llegar a Alderaan junto a muchos de sus seguidores, y parece que la situación es similar en ese sector. -

Zeb: - Esto no me gusta... Solo puede significar una cosa. -

Miraj: - Saben donde estamos... Y vienen en camino. Debemos apresurarnos. -

Ícaro: - Coincido. Activen la alarma... Debemos partir de inmediato. -

Los interminables pasillos del Oasis se tornaron de un desgarrador color carmesí, mientras las sirenas avisaban a todos de lo sucedido. Los residentes que aún quedaban, en su mayoría técnicos y soldados que estaban concluyendo con la evacuación sintieron en terror invadir sus cuerpos.

Todos, absolutamente todos los presentes dejaron lo que fuese que estuviesen haciendo detrás, y se lanzaron a la carrera hacia los hangares del refugio. Si alguno solo tenía la mala suerte de quedar rezagado, podía asegurar que no tendría un futuro nada agradable

Miraj y Wag Too se apresuraron a resguardar a sus pequeños, aún cuando se podía escuchar el llanto de los mismos por el ruido y el caos a su alrededor. Helgait junto a varias cuadrillas exploraron todo el refugio, llamando a todos los que pudieran escucharlo para la retirada. No tendrían tiempo a indagar casa por casa.

Miraj y Wag Too dejaron a sus pequeños dentro de la nave con varios sirvientes de confianza, pues debían regresar a la superficie para terminar a ayudar a los que aún quedaban sobre el hangar. Sin embargo, ambos se encontraron con una escena desgarradora.

Toba: - ¡No! ¿¡Por qué no puedes venir con nosotros! -

Ícaro: - Toba... Escucha... Tengo que conseguir todo el tiempo posible para... -

Toba: - ¡No! ¡No es justo! ¿¡Por qué tu siempre eres quien debe quedarse atrás!? ¿¡Por qué nunca puedes estar conmigo!? -

Los lamentos pequeña nelvaaniana amargaban el corazón de todos los que la escuchaban. La noticia de que Ícaro debía pilotar personalmente el Destructor Imperial fue duro para todos. Los droides B1 no tenían la programación para poder valerse por su cuenta, y solo una supercomputadora como él sería capaz de llevar a cabo todos los procesos para mantener la enorme nave operativa.

Ícaro no podía hacer nada. El tiempo se acababa y carecían de alternativas. Toba se aferraba a su cintura, suplicándole que no la dejase atrás... No de nuevo. Sentía como su núcleo se resquebrajaba por su sufrimiento, y ninguno de los presentes podría hacer algo para cambiarlo. Mas, el droide agachó su cuerpo, hasta quedar a una altura donde podía ver con tristeza los ojos cristalinos de la pequeña.

Si el rostro de Ícaro fuese capaz de cambiar, seguro estaría mostrando una sonrisa. Una de tristeza y orgullo. La mano de B1 que Wag Too apenas pudo instalarse sobre sus brazos amputados se alzaron, y con peculiar delicadeza limpió la lágrima que corría por la mejilla de la pequeña.

El droide hurgó en uno de sus compartimentos, y agarró con su mano el sable de luz que tanto lo había acompañado en este desgarrador viaje. Todos veían como el droides miraba la poderosa arma por unos segundos, como si quisiera memorizar cada ranura antes de dejarlo ir. Luego, se lo ofreció a la pequeña.

Toba: - ¿Qué es eso? -

Ícaro: - Es el objeto más valioso que tengo. - Decía mientras estiraba la mano.

Toba: - ¿Por qué me los das? -

Ícaro: - Para que lo cuides... Hasta que puedas regresármelo. -

La pequeña dudó mucho en tomar el arma, pero sus pequeñas manos eventualmente la acercaron lentamente hasta tomarlo, pero ni ella estaba preparada para lo que ocurriría a continuación.

Por primera vez desde ambos se vieron en aquella gélidas cavernas de Nelvaan, fue el droide quien tomó a la pequeña y la envolvió en sus brazos. Toba quedó en shock por varios segundos, tratando de entender lo que estaba pasando. Los brazos de aquel al que llamaba padre rodeando su cuerpo, y su cabeza apoyada delicadamente sobre su hombro. Una muestra de afecto genuina, que no demoró en responder.

Así ambos pasaron varios segundos. Wag Too era incapaz de relajar la presión sobre sus puños o dientes ante la impotencia, mientras bajaba la cabeza para tratar de disimular las lágrimas que también caían de sus ojos. Incluso la propia Miraj, de carácter fuerte no pudo evitar sentir la tristeza en ese momento.

Finalmente, ambos concluyeron el abrazo y se miraron fijamente. Toba tratando de contener sus última lágrimas, Ícaro queriendo tener la capacidad de poder llorar. La cabeza del droide se alzó, y vió por encima de la pequeña al lurmen y la zygerriana que estaba a su espalda, y con todo el dolor de su alma les dijo:

Ícaro: - Cuídenla... Por mi. -

Wag Too quería responderle de inmediato. Por supuesto que lo haría... Pero la tristeza estaba saturando su mente y era incapaz de hablar. Miraj solo pudo asentir con la cabeza, mientras tomaba la mano de la pequeña nelvaaniana y le llevaba consigo. Luego, tomó el paquete de datos que Ícaro le ofreció.

Ícaro: - Vallan a estar coordenadas... Allí estarán a salvo. -

Miraj: - Lo... Lo haremos... Gracias... Por todo. -

Ícaro asintió con la cabeza, y sintió como el tiempo se ralentizaba, mientras veía como sus amigos y su pequeña se alejaban hacia el interior de la corbeta Nebulón-B. Aunque nada le dolía más que ver a la pequeña Toba, sin apartar la vista de él aún cuando los adultos halaban de ella. Ícaro vió sus ojos cristalinos por última vez, antes que la compuesta de la nave se cerrase frente a sus ojos. Lo que hubiese deseado por ir con ellos.

Droide B1: - General. Los preparativos están listos. - La llamada de un droide desde el interior del acorazado lo sacó de su estado.

Ícaro: - Voy en camino. Preparen todo. -

El droide apretó los puños, y con el dolor que se acresentaba en su núcleo se dió la vuelta y se alejó de la corbeta, mientras se podían escuchar el sonido de los motores calentarse. El droide se apresuró hacia el Acorazado Estelar y no tardó en llegar al puesto de mando, donde la silla del comandante llena de modificaciones improvisadas esperaban por él.

Ícaro: - Actives los propulsores. Máxima potencia. Condense los estabilizadores y prepárense para despegar. -

Las órdenes del superdroide táctico retumbaron en la sala, mientras los droides B1 tratan de entender la tecnología de punta imperial. Ícaro se sentó de inmediato sobre su asiento, y dos droide B1 se apuraron a ayudarlo.

Ícaro bajó la cabeza, y un puerto se mostró sobre su nuca. Los dos droides tomaron un cable de cinco pulgadas de espesor, el cual culminaba en una punta metálica, la cual enterraron sobre el cuello del droide para conectarlo directamente con la nave.

El cuerpo de Ícaro se estremeció ante la fuerza, y el dolor que su núcleo experimentaba. La cantidad de datos que ingresó de pronto en su memoria fue abrumadora, mientras sus sistemas se sincronizaban con cada rincón de la nave. Un destructor imperial era un monstruo poderoso de metal, y la potencia que este manejaba saturó el pequeño cuerpo del droide.

El sistema de acople que habían creado no tuvo tiempo a ser calibrado, y carecía de moduladores, resistencia entre muchas otras cosas, lo cual provocó en Ícaro la sensación de haber sido alcanzado por un relámpago.

Tras varios segundos, su cuerpo apenas pudo ser capaz de recuperar la conciencia. tanta energía estalló en su interior, y la descarga salió precipitada de su cuerpo por uno de sus sensores ópticos, el cual estalló en mil pedazos al instante. Ahora, Ícaro y el acorazado eran solo uno.

Miraj: - Ícaro, ya estamos listos para ascender a la atmósfera. -

Ícaro: - Enten... dido... Prepárense para dar... el salto tan... pronto sea posible... No tenemos mucho tiempo. -

Oficial: - ¡MULTIPLES NAVES SALIENDO DEL HIPERESPACIO! -

La voz de un operador dentro del Nebulón sacudió todos los canales de comunicación. El terror se adueñó de todos cuando vieron emerger del hiperespacio a una colosal flota imperial, compuesta por dieciséis acorazados y decenas de naves de menor tamaño. Ícaro estaba en lo cierto al dudar de sus propios cálculos.

Miraj: - General... -

Ícaro: - ¡Hagan el salto! ¡Ahora! ¡Yo los distraeré lo suficiente! ¡Huiré tan pronto ustedes lo hagan! -

La flota imperial no tardó en abrir fuego, mientras millares de cazas TIE despegaban como un enjabre desde sus puertos. Ícaro se había fusionado con la nave, y sentía los impactos sobre su escudo como golpes sobre su propia piel, pero no dudó en interponerse entre la flota imperial y las naves que transportaban a sus seres queridos.

Los escudos estaba al máximo, pero el poder de fuego en su contra era abrumador. Por suerte, Miraj no tardó en dar la noticia que el hiperpropulsor estaba listo, y no tardaron en dar el salto... Pero la tragedia apenas había comenzado.

Tan pronto como las naves se adentraron al hiperespacio, fueron catapultadas de vuelta. Ícaro vió con terror como el Nebulón y las otras fragatas fueron sacadas del hiperespacio, mientras se inclinaban erráticamente ante la abrupta sacudida.

Ícaro: - ¡Miral! ¿¡Qué ocurrió!? -

Miraj: - No lo sé. Sentimos perturbaciones tan pronto dimos el salto. Algo nos sacó del hiperespacio. -

Ícaro no era siquiera capaz de concebir esto. ¿Cómo algo así había pasado? Imposible... La fuerza requerida para hacer algo así escapa a todo lo que alguna vez hubiese conocido.

Su mirada se alzó al frente, donde los centenares y cazas TIE se acercaban. Dieciséis acorazados frente a él, de los cuales quince no dejaban sus cañones descansar. Sin embargo, fue esta nave que no abría fuego la que más llamó su atención.

Una nave similar a un destructor imperial se posicionaba justo al medio, pero era claramente diferente. Semejante en tamaño y forma, pero tenía sobre su casco cuatro enormes esferas que sobresalían tanto por debajo como por encima.

No había duda alguna... Esa cosa era la responsable de esto.