Hola mis queridos lectores.

Apuesto a que no se esperaban esta actualización. Déjenme decirles que ni yo lo esperaba, pero no quise hacerlos esperar tanto, ya aguantaron demasiado drama y más con el reencuentro de nuestro amado InuKag que no salió tan bien como esperábamos; por eso quise compensarlor con este capítulo, donde las cosas se pondrán más tensas con los reclamos de ambos.

Agradezco cada uno de sus reviews.

Cbt1996: Insisto, cualquier queja, con mi abogado jajajaja. No sé por qué me imaginé que algo así me ibas a decir, pero cómo dices, las voy a compensar por el drama, el estrés y la espera. Todos necesitamos que se reconcilien, pero las cosas no podrían ser tan fáciles para ellos, se necesita un poquito más de sufrimiento para lo que está por venir, así que tranquila. Solo te puedo decir que disfrutes este capítulo, te gustará, es más, estoy segurísima de que lo amarás.

Karii Taisho: Jajajaja te comprendo, es un odioso de lo peor, muy testarudo, impulsivo, intolerante, y todos los adjetivos negativos que se te ocurra jajaja. El encuentro entre Bankotsu e Inuyasha no podía ser nada amistoso, después de todo, el orejas de perro no soporta la idea de ver a Kag con alguien más y como siempre, terminó metiendo la pata y hasta el fondo. Ya veremos qué hace Ayame, si logra o no conquistar a Bankotsu, y si deja que su corazoncito por fin se quede con una sola persona. Tus teorías cada día me sorprenden mucho más, si tan solo así hubiera sido al trabajar con la tesis, no habría sufrido tanto jajaja, no me llevo con las tesis, son el terror de todo estudiante jajaja. Espero que disfrutes este nuevo capítulo, que se te gustará, lo amarás. La espera valió la pena.

Rosa Taisho: Ayame quería, es decir, quiere que su amiga nuevamente sea feliz, y sabe que eso será a lado de Inuyasha; además, conociendo la verdad de lo sucedido, hizo su parte por ayudar, aunque no salió del todo bien. Kagome es un poco testaruda, por algo congenia super bien con Inuyasha. Respecto a la actitud de Bankotsu, será aclarado en el siguiente capítulo, Kag se lo va a reclamar porque las cosas pudieron ponerse peor para el pequeño "Banzai"; te juro que me reír como loca al escribir esa escena. Y si pensé en que Enju le gritara a Inu, pero las cosas iban a cambiar drásticamente y no habría podido hacer este capítulo que todos ansían. Tu teoría me gusta, dejaré que lo compruebes con este capítulo. Espero que lo disfrutes. Se que lo harás y lo amarás.

Ferdy Arevalo: Kagome está en la etapa de no querer saber absolutamente nada. Muy a pesar de que Bankotsu sembró la duda en ella sobre lo que pudo haber pasado, prefirió mil veces su orgullo antes que averiguar la verdad. Pero tranquila, el enojo es comprensible, estás viviendo las emociones de los personajes y eso me agrada, me hace sentir que voy por buen camino. Las cosas se irán acomodando poco a poco hasta que logren aclarar los malos entendidos. Espero que esté capítulo le brinde esa tranquilidad a tu corazón. Disfrútalo, se que lo amarás.

Annie Perez: Ambos son muy testarudos y orgullosos, ninguno querrá dar su brazo a torcer, pero el amor que se tienen es muy fuerte y encontrarán el momento adecuado para arreglar las cosas. Gracias por seguir aquí y espero que disfrutes este nuevo capítulo.

Se que tal vez esperaban un reencuentro menos dramático, pero Kagome está siendo muy orgullosa y aferrada a la idea de no querer saber nada. Pero en este capítulo, las cosas cambiarán, no se si para bien o para mal, pero por fin tendrán un momento para intentar aclarar las cosas. Espero que lo disfruten, y espero sus reacciones :D


CAPITULO 23: NO LA BESES

Narra Kagome

-¿Qué hago aquí? ¿Para qué vine?

Me repetía una y otra vez mientras seguía observando la puerta de madera, sólida y elegante, con líneas limpias y un acabado impecable. En la parte superior media, tenía el número 980 en acero inoxidable, brillando sutilmente bajo la luz de la noche. Mis pensamientos se debatían entre tocar la puerta o volver atrás.

-Sango ¿Por qué tuve que hacerte caso? -me quejé conmigo misma

Flash Back

-Kag -la voz de Sango me sacó de mis pensamientos-. Creo que hay un pequeño problema.

-¿Qué pasa, Sango? -pregunté temiendo lo peor al escuchar su voz nerviosa.

-Inuyasha -cuando pronunció su nombre, sentí que mi corazón se paralizaba, tenía miedo de escuchar que algo malo le había sucedido.

-¿Qué tiene Inuyasha? -pregunté alarmada.

-Bebió más de la cuenta y…

-¿Qué? Por Dios Sango, dime. -la interrumpí abruptamente. De no ser por la música, Rin, Ayame y Bankotsu se habrían asustado por mi reacción.

-Tranquila, él está bien. -suspiré con alivio al escucharla, pero la confusión me embargó enseguida-. Kag, me acaba de llamar, y él insiste en querer hablar contigo

-Pues yo no quiero hacerlo -respondí tajantemente.

-Y él lo sabe, pero si no vas a verlo a su departamento, es capaz de venir de nuevo, y puede ser peligroso que maneje en su estado.

Sus palabras me hicieron pensar demasiado; estaba entre la espada y la pared; y aunque mi instinto era alejarme de Inuyasha y evitar cualquier confrontación, sabía que dejarlo sólo en ese estado no era una opción segura. Respiré profundamente, tratando de calmar mis nervios, y finalmente tomé una decisión.

-Está bien, iré a verlo -dije fingiendo seguridad, pero por dentro me temblaban las piernas.

Fin Flash Back

-No, -dije apoyando mi frente en la puerta- ¡Esto es una mala idea! -Me di la vuelta decidida a regresar, cuando la puerta se abrió y la voz ronca de Inuyasha me paralizó.

-¿Kagome?

Sentí como si el suelo se moviera bajo mis pies; era él, detrás de mí, y no podía escapar de esa situación. Quise obligarme a no voltear, pero mi cuerpo no respondió a mis órdenes, y giré nuevamente para encontrarme una vez más con esos hermosos ojos dorados que tanto había extrañado.

-Inuyasha… yo… -no podía articular ninguna palabra, quería parecer indiferente, pero mi cuerpo me traicionaba- Sango dijo que…

-¿Quieres terminar alguna de tus frases? Por favor -dijo con un gesto de diversión en su rostro, mientras cruzaba los brazos y se apoyaba en el marco de la puerta. Maldición, se veía tan sexy.

-Fue un error haber venido aquí. Me largo. -quise moverme, pero otra vez mi cuerpo se rehusaba a obedecerme. Inuyasha me tomó de la mano y me sorprendí.

-Gracias por venir -dijo en un susurro apenas audible para ambos.

El solo contacto con su mano cálida fue suficiente para despertar muchas sensaciones; tuve un impulso de abrazarlo, de aferrarme a él como antes solía hacerlo. Mi mirada se enfocó en sus labios, y las ganas de besarlo se apoderó de mí; apreté los ojos fuertemente y sacudí la cabeza tratando de borrar esos pensamientos de mi mente. No podía permitirme caer en esa tentación, no después de todo lo que había pasado.

Intenté concentrarme en saber de qué quería hablar, pero me distrajo el hecho de que se veía perfectamente bien.

-¿No se supone que habías bebido demasiado? -pregunté con una ceja levantada. Inuyasha se encontraba en sus cinco sentidos.

-Si Sango te hubiera dicho que estaba bien y que solo quería platicar contigo, ¿habrías venido? -respondió con una sonrisa irónica, como si disfrutara de mi desesperación por querer salir de ahí.

-Bien, tú ganas esta vez. -dije con frustración-. ¿De qué quieres hablar? No creo que tengamos más que decir entre nosotros.

-¿Podrías pasar por favor? -pidió apartándose un poco de la puerta, y lo miré dudosa-. No sería apropiado tener esta conversación en el pasillo.

Inuyasha tenía un punto a su favor. Aun así, seguía pensando que nada de esto era una buena idea, y él lo notó de inmediato. Lo vi sonreír disimuladamente e insistió en que pasara a su departamento, a lo que finalmente acepté.

-No te preocupes, Kag, no voy a intentar convencerte de nada -dijo con calma mientras cerraba la puerta detrás de nosotros.

Me sorprendió al ver que su departamento era acogedor y elegante al mismo tiempo. Las paredes estaban pintadas en tonos neutros, y el suelo era de madera oscura. El salón estaba decorado con muebles de líneas limpias y sencillas, complementados por algunos toques de color en cojines y obras de arte en las paredes.

Me invitó a sentarme y agradecí con un gesto, aunque me sentí algo tensa. Valoraba la oportunidad de conversar y, tal vez, encontrar una forma de cerrar ese capítulo doloroso de nuestras vidas.

-Te escucho -le dije con seriedad

-¿Por qué te fuiste, Kag? -preguntó con nostalgia

-¿Para eso querías que viniera? ¿Para reclamar que me fui de tu lado? -respondí con molestia cruzando los brazos- Si las cosas van a ser de esta manera, lo mejor será que me vaya-. Me levanté del sofá, pero él me tomó de la mano nuevamente.

-Perdóname, no te estoy reclamando, no quiero hacerlo. Solamente quiero entender muchas cosas. -Su mirada suplicante me dolió en el alma, así que volví a sentarme para escucharlo-. Gracias, Kag.

Se formó un silencio incómodo entre nosotros y eso me estaba desesperando. Lo vi tronar los dedos y eso era signo de que los nervios y la incertidumbre lo estaban alterando.

-Kag, las cosas no son cómo tú crees -dijo rompiendo el silencio-. Cuando llegué al departamento, Kikyo estaba adentro, ni siquiera sé cómo logró entrar. Discutimos, las cosas se salieron del control y sin darme cuenta, me drogó, me provocó una sobredosis y…

-Bravo -lo interrumpí aplaudiendo ante su relato. Era obvio que estaba mintiendo-. Inuyasha, deberías dedicarte a escribir libros o guiones para películas

-¡Kag! -exclamó desconcertado.

-En serio, Inuyasha. Es una idea tan cliché -continué con sarcasmo-. Escucha: el típico chico que jura que no pasó nada y que termina drogado por la loca de su ex. Me parece una historia tan convincente. No seas tan infantil, por favor.

Él agarró su cabello, cerrando los ojos con fuerza, en un intento de controlar sus impulsos.

-Si de ser infantiles hablamos, tú no te quedas atrás, Kagome -lo miré con los ojos entrecerrados, mientras él suspiraba profundamente-. Tú no sabes todo lo que sufrí sin saber de ti. No sabes lo que me dolió enterarme que te fuiste a Corea y que me reemplazaste por el imbécil de Bankotsu.

-¿Cómo? -dije sorprendida.

Se supone que nadie sabía en donde estaba, y justo en este momento, Inuyasha me acababa de demostrar que estaba equivocada. Eso quería decir que después de que decidí escapar, él se dedicó a buscarme; por un momento la ilusión de volver a estar con él se hizo más fuerte. Tuve ganas de abrazarlo y decirle que olvidáramos todo, que empezáramos de nuevo, pero la imagen con Kikyo volvía a inundar mis pensamientos.

-¿Te atreviste a buscarme? ¿Para qué? -pregunté confundida.

-Por que te amaba,-gritó frustrado- Aún te amo, maldita sea. Te quise olvidar con otras mujeres, pero no pude hacerlo, ya nada era igual. -Su voz comenzó a sonar entrecortada y eso me dolía-. Pequeña, nadie supo hacerme llegar hasta el cielo con sus caricias como tú lo hacías. Yo… -cerró los ojos con fuerza, como si lo que fuera a decir lo lastimara-. No volví a tener sexo con nadie y por eso me llamaron impotente, Kag; solamente con eso tendrás una maldita idea de la falta que me hiciste. Y no me refiero únicamente al sexo, me hiciste falta para darle sentido a mi vida. -sonrió con dolor, y con eso, mi corazón se estrujó más de lo que pensé-. Pero claro, tú me olvidaste fácilmente y te enredaste con ese maldito de Bankotsu. Preferiste amar a alguien más a estar conmigo.

Él ya sabía de la existencia de Bankotsu. ¿De dónde demonios sacó la idea que yo tenía algo que ver con él?

Tras darle una fuerte bofetada, llevé mi mano a la boca, sorprendida por mi propia acción. Inuyasha se puso de pie de inmediato, y nos quedamos frente a frente, intercambiando miradas cargadas de rencor. Ninguno de los dos dijo una palabra; el único sonido que rompía el silencio era el de nuestra respiración agitada.


Narra Inuyasha

Escucharla decir que no me creía, me hizo perder la compostura y le reproché haberme reemplazado por su actual noviecito. Nunca esperé su reacción: me abofeteó y lo tenía merecido. Quería arreglar las cosas y todo lo estaba haciendo mal.

Sentí cómo el tiempo se detenía, y de repente, inexplicablemente, sentí la urgencia de besarla. No pude contenerme más, la tomé de la cintura y la besé con desesperación. Kagome empezó a golpearme, tratando de separarse, pero la abracé con más fuerza hasta que poco a poco me correspondió. Volver a sentir sus dulces labios fue maravilloso.

Nos besamos con pasión y deseo, como si estuviéramos tratando de recuperar el tiempo perdido. Cada beso era una explosión de emociones contenidas durante tanto tiempo. Era como si el universo entero conspirara para unirnos de nuevo. Sin embargo, en algún momento, la realidad se abrió paso entre nosotros. Kagome se apartó con brusquedad, sus ojos se mostraban llenos de confusión.

-¡No, esto no puede estar pasando! -exclamó, retrocediendo unos pasos-. Lo siento, Inuyasha, pero esto no está bien. No puedo seguir aquí.

Intenté acercarme a ella, pero se alejó aún más, como si temiera que el contacto físico avivara la llama de la pasión que acabábamos de encender.

-Kag, yo… lo siento, no sé qué me pasó -balbuceé, sintiendo cómo la angustia se apoderaba de mí-. Solo quería…

Sin previo aviso, se lanzó hacia mí y me besó desesperadamente. Por un momento, me quedé aturdido por su repentino gesto, pero rápidamente me dejé llevar por la pasión. Correspondí al beso con igual o mayor intensidad, mientras sus labios buscaban los míos con ansias. Mis manos encontraron su cintura y la atraje más hacia mí, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío.

Sus jadeos resonaban en mi oído, y eso solo aumentaba mi deseo por ella. Sin pensarlo, incliné mi cabeza hacia su cuello y comencé a dejar una senda de besos y caricias por su piel, provocando que sus suspiros se volvieran más profundos y apasionados.

Kagome se aferraba a mi cabello y yo la sostenía con fuerza, como si temiera que desapareciera si la soltaba. En ese momento, éramos dos almas perdidas en un mar de deseo y arrepentimiento, buscando consuelo en los brazos del otro, ansiando sentir nuestra piel, ser uno sólo y entregarnos a la pasión.

Nuestros movimientos eran frenéticos y desesperados, impulsados por la lujuria que nos consumía. Mientras nos besábamos con intensidad, sentí las manos de Kagome desabrochar los botones de mi camisa con urgencia. Mis propias manos buscaban el cierre de su vestido, sintiendo el deseo ardiente de explorar cada centímetro de su piel.

Con dedos temblorosos, logré liberar el cierre de su vestido, dejando al descubierto su delicada piel. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo al verla ante mí, en ropa interior; se veían tan jodidamente hermosa. La apegué más a mi cuerpo, buscando fundirnos en un abrazo apasionado, mientras mis labios seguían buscando los suyos con ansias insaciables, estaba hambriento por ser sentir sus suaves labios por todo mi cuerpo.

Caminamos con torpeza hacia la habitación sin soltarnos hasta que finalmente nos topamos con una pared. Allí, sin detenernos, seguimos devorándonos con pasión desenfrenada. Mis manos exploraban su cuerpo con desesperación, sintiendo cada curva y cada suave textura de su piel bajo mis dedos. Kagome respondía con la misma intensidad, sus suspiros y gemidos llenaban el espacio entre nosotros, alimentando aún más nuestro ardiente deseo.

En ese momento, nada más importaba excepto el calor de nuestros cuerpos desnudos entrelazados, la electricidad que fluía entre nosotros y la sensación embriagadora de estar completamente perdidos en el éxtasis.

-Te he extrañado demasiado, pequeña. -susurré cerca de sus labios.

-No digas nada, -terminó de quitarme la camisa para después acariciar mi pecho desnudo.

El roce suave y cálido de sus manos recorrió mi piel, dejando un rastro de electricidad en su paso, y su aliento entrecortado aumentaba mi deseo por ella. Nos envolvimos aún más en el éxtasis del momento, dejando que el deseo y la pasión nos consumieran por completo, sin pensar en las consecuencias ni en el pasado que nos había separado.

Desabroché su sostén y lo lancé con un movimiento rápido, liberando sus pechos y atrapándolos con mi boca. Kag soltó un pequeño grito al sentir mi lengua jugar con sus pezones. La lujuria nos envolvía por completo mientras me entregaba a la dulce melodía de los gemidos de Kagome.

De un solo movimiento, la giré, presionando su cuerpo contra la pared mientras mi torso se ajustaba a su espalda, sintiendo el calor emanar de su piel. Nuestros cuerpos se fundieron en un abrazo, buscando una conexión más profunda, mientras nuestras respiraciones entrecortadas seguían llenando el aire a nuestro alrededor.

Mordisquee el lóbulo de su oreja y ella echó la cabeza hacia atrás apoyándose en mi hombro, buscando mis labios con desesperación. Volvió a girar y nuevamente nos fundimos en un beso desesperado.

-Me encanta tu cuerpo -musité entre besos y fui descendiendo hasta su entrepierna.

Con destreza y pasión, retiré sus bragas y deslicé mi lengua por sus pliegues, provocando que fuertes suspiros escaparan de su garganta. Concentré mi atención en su clítoris, acariciándolo delicadamente con mi lengua, mientras recorría sus piernas con mis manos. Los gemidos de Kag llenaban la habitación, impulsándome a intensificar mis caricias.

-Inu… -gritó entre gemidos

Sentí que sus piernas comenzaban a flaquear, así que levanté una de ellas y la pasé por mi hombro, proporcionándome mejor acceso y profundizando nuestra conexión. Ella se movía con desesperación, en un danza erótica que exigía mayor intensidad en mis caricias.

Respondí a sus movimientos y comencé a penetrarla con mi lengua con fuerza tratando de llegar lo más profundo posible. Sus gritos se volvieron más intensos y sus manos se aferraron firmemente a mi cabello, impidiendo que me alejara de ella. Cada gemido y susurro de su placer alimentaba mi deseo de hacerla sentir completamente satisfecha.

-Inuyasha… te… necesito -susurró lo cual fue música para mis oídos.

Di las últimas embestidas con mi lengua y me puse nuevamente de pie, levantándola por los muslos para que enredara sus piernas a mi cintura. El roce de nuestros sexos me excitaba más de lo que ya estaba. ¿Acaso esta mujer podría volverme más loco de lo que ya estaba?

Nos dirigimos hacia el interior de mi habitación, dejándonos llevar por la urgencia del momento. Al llegar a la cama, bajé a Kag y enseguida me empujó suavemente para después subirse a horcajadas sobre mí, con una expresión de deseo en su rostro. Nos miramos intensamente antes de fundirnos en un beso apasionado que selló nuestro anhelo compartido.

Sus besos ardientes recorrían mi torso, despertando sensaciones eléctricas en cada centímetro de mi piel. Nuestras caricias encendían un fuego aún más intenso en nuestro interior. Siguió bajando hasta que se encontró con mi pantalón y lo desabrochó con facilidad, bajándolo junto con mi ropa interior, dejando al descubierto mi gran erección. Lo que más me sorprendió fue cuando tomó mi miembro entre sus manos mientras me observaba con mucha lujuria.

-Kag… ¿Qué… qué haces? -pregunté con voz ronca y entrecortada

Sus labios envolvieron mi miembro con una delicadeza exquisita, desencadenando una oleada de placer que recorrió todo mi cuerpo. El simple roce de su lengua me hacía delirar; mis manos se aferraban a las sábanas con fuerza mientras me dejaba llevar por las sensaciones abrumadoras que inundaban mi ser. Era una experiencia embriagadora, una conexión exquisita que nos consumía por completo en un torbellino de pasión desenfrenada.

Los celos se apoderaron de mí de repente, inundando mi mente con imágenes que prefería no ver. La idea de Kagome en los brazos de Bankotsu, entregándole el mismo placer que a mí, era insoportable. Un torbellino de emociones contradictorias me envolvía, llenándome de furia y confusión. Por un lado, me consumía la rabia al pensar en otro hombre tocándola, pero por otro, me invadía una profunda satisfacción al darme cuenta que ella seguía siendo mía. La atraje hacia mí y rodamos juntos sobre la cama, dejándola debajo de mi cuerpo.

-Eres mía, Kag. -susurré en su oído-. Solamente yo puedo tocarte de esta manera. -dije mientras la besaba apasionadamente.

Kagome tomó mi rostro entre sus manos y besó mi frente. Su gesto me llenó de una sensación cálida y reconfortante. Me sentí amado y comprendido en ese instante, como si todos nuestros problemas nunca hubieran existido.

-Cállate y penétrame de una vez. -Ordenó sin tantos rodeos-. Te necesito dentro de mí ahora… por favor

Su suplica urgente encendió aún más el fuego que ardía entre nosotros. Sin esperar más tiempo, la penetré con fuerza y pasión, de una sola estocada, entregándome por completo al deseo que nos consumía. Kagome gritó mi nombre con gran intensidad.

-Eso es nena… -comencé a embestirla lentamente- grita mi nombre…

-Inuyasha -Enredó sus piernas en mi cintura haciendo más profundas mis embestidas. Susurros de placer escapaban de sus labios mientras la pasión nos consumía.

-Dime que… solo yo… te he hecho gritar… de esta manera

-Tu… eres el único… Inuyasha -dijo mientras enterraba sus uñas en mi espalda.

Mis movimientos se intensificaron hasta volverse más violentos, estaba descargando por completo toda la pasión contenida por tanto tiempo, y ambos los estábamos disfrutando. El deseo nos llevaba a un frenesí de pasión desenfrenada, nuestros cuerpos se fundían en un baile ardiente descontrolado.

El eco de los gemidos de Kagome y mis gruñidos se mezclaban con el sonido de nuestros cuerpos chocando, creando una sinfonía de placer que resonaba en la habitación, envolviéndonos en una atmósfera intoxicante y embriagadora. Sentía que ya no podía más, y los espasmos en su cuerpo, me indicaron que estaba a punto de terminar. Di un par de embestidas más y ambos explotamos en un orgasmo placentero.

Nuestras respiraciones agitadas llenaron la habitación mientras nos recuperábamos del éxtasis compartido. Nos abrazamos con fuerza, aferrándonos el uno al otro como si temiéramos separarnos. El calor de nuestros cuerpos se entrelazaba, y en ese momento, todo parecía perfecto.

De pronto, Kagome giró quedando nuevamente a horcajadas sobre mí.

-Dime, Inuyasha. -dijo mientras acariciaba mi pecho- ¿Alguna de tus amiguitas te hizo gritar de placer? -la miré confundido por su pregunta. Repartió delicados besos por mi rostro y se detuvo en mis labios- Porque no quiero que vuelvas a besar a nadie como a mi.

Me quedé sorprendido ante sus palabras. La seriedad en sus ojos me hizo darme cuenta de lo mucho que significaba para ella ese momento, y el seguir disfrutando de la noche junto a ella dependía de mi respuesta. Mis manos acariciaron su cabello con suavidad mientras la miraba con intensidad.

-Nunca he sentido lo que siento contigo con ninguna otra persona, Kag. Eres única para mí, y no hay nadie más en mi mente ni en mi corazón -respondí sinceramente, buscando transmitirle toda la verdad de mis sentimientos.

Nos quedamos en silencio por un momento, hasta que tomó mi miembro entre sus manos, acomodando la punta en su entrada.

-Cuando estés con alguien más -empezó a introducir mi miembro en ella lentamente, sus fluidos mezclados con los míos bañaron mi miembro conforme se iba adentrando en su cavidad-, no quiero que la acaricies como me acaricias a mi

Me estremecí ante sus palabras, sintiendo cómo mi deseo por ella se intensificaba aún más. La tomé por la cintura y terminé de hundirme en su cavidad, saboreando cada centímetro de su cálido interior mientras nuestras miradas se encontraban en un profundo entendimiento.

-No habrá nadie más, Kag -respondí con firmeza, dejando que mis manos acariciaran su piel con devoción mientras nos fundíamos en un éxtasis de amor, pasión y lujuria.

-Tampoco quiero que la mires ni la beses como a mí.

El vaivén de sus pechos me estaba enloqueciendo, haciendo que no prestará atención a sus palabras.

-Me estás… ¡agh!... -Un nuevo gemido escapó de los hermosos labios de Kag-. Inuyasha, ¿me… me estás escuchando?

-S-sí

-Perfecto… porque… -cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás. Después se dejó caer sobre mí y la sensación de su pecho sobre el mío era como estar en el centro de un remolino de sensaciones abrumadoras y excitantes-. Porque.. Si lo haces, te juro que te vas a acordar de mi.

Su voz, entre gemidos, resonaba en mi mente mientras me sumergía en el éxtasis del momento. Asentí con la cabeza, prometiéndole en silencio que solo tendría ojos y manos para ella.

-Lo juro, Kag -respondí con un tono ronco, tratando de controlar mi deseo de poseerla salvajemente mientras continuaba moviéndome dentro de ella con pasión desenfrenada-. Tu serás la única mujer en mi vida.

La vi sonreír satisfecha ante mi respuesta. La abracé y salí lentamente de su interior. Le haría entender de una u otra forma que no existirá nadie más en mi vida.

Con movimientos suaves giré sobre ella y acaricié su trasero mientras me posicionaba por detrás. La miré con deseo antes de penetrarla desde esa posición, dejándola gritar con cada fuerte embestida.

-Recuerda, pequeña… que solo yo…. -la jalé del cabello y me acerqué a su cuello- sólo yo puedo poseer tu cuerpo.

Le di un suave mordisco en el cuello que le provocó un estremecimiento en el cuerpo mientras sus manos se aferraban a mi brazo en su cintura. El Inuyasha tierno se había ido, ahora sentía la necesidad de embestirla tan duro, para que me suplicara por más, para que no olvidara la satisfacción que le puedo brindar, y sobre todo, que no olvidara que mi cuerpo siempre se quemará de tanta pasión provocada por ella.

-Demonios, pequeña. -grité entre jadeos dejándole caer en la cama- ¡No se lo que me hiciste! -Exclamé acelerando mis embestidas.

Mi cuerpo cayó sobre ella, tratando de no deja caer todo mi peso, besé la raíz de su cabello y gruñí cerca de su oído. El sonido de mis jadeos llenaba la habitación mientras continuaba embistiéndola salvajemente. Sentía cómo cada fibra de mi ser vibraba de placer, cómo el deseo nos consumía a ambos con intensidad.

Acomodó su cabeza sobre mi mano, lamiendo mis dedos, provocando una sensación deliciosa que recorrió todo mi cuerpo. Su gesto juguetón y sensual me hizo gemir de placer, aumentando aún más la intensidad de nuestros movimientos.

El eco de sus gemidos se acrecentaba con cada embestida, y sus gritos de placer llenaban la habitación, ahogándome en un mar de placer. Sentí cómo su cuerpo se estremecía bajo el mío, y nuevamente derramó sus fluidos, envolviendo por completo mi miembro. Seguí embistiéndola con más fuerza, mientras ella se aferraba a las sábanas

-Ya… Inu…. Agh… -sus gritos desesperados me volvían loco

-¿Qué quieres, nena? -pregunté cegado por la lujuria- ¿Me detengo?

-NO -gritó desesperada- N-no pares… sigue… agh… más. Me acerqué a su espalda, y mordí su hombro. Unas pequeñas lágrimas escaparon de sus ojos.

-¿Te… lastimé? -pregunté sin detener mis movimientos.

-Estoy bien… me gusta lo… lo que haces… no pares amor.

Los espasmos se apoderaron de mi cuerpo y finalmente derramé mi semilla dentro de Kagome seguido del grito sincronizado de los dos.

Después de alcanzar el clímax, caí exhausto sobre su cuerpo, sintiendo el latido acelerado de su corazón bajo el mío. Nuestros cuerpos estaban envueltos en el éxtasis, mientras disfrutábamos del placer mutuo que habíamos experimentado. Mis labios encontraron sus hombros, dejando suaves besos sobre su piel mientras recuperábamos el aliento.

Poco a poco, sentí cómo su respiración se tranquilizaba, y una sensación de completa satisfacción al disfrutar de la calma después de la tormenta, mientras el aroma a sexo y pasión impregnaba el aire a nuestro alrededor. Mis dedos acariciaban suavemente su espalda, trazando círculos mientras nos sumíamos en un estado de paz.

Después de un rato, Kagome se separó de mí y me miró con una mezcla de picardía y complicidad en sus ojos. Sus labios se curvaron en una sonrisa tentadora mientras me besaba suavemente en los labios. Lentamente, descendió por mi cuerpo hasta llegar a mi entrepierna, donde tomó mi miembro entre sus manos con delicadeza. Comenzó a lamer desde la base hasta la punta, limpiando cada rastro de nuestra pasión compartida con una habilidad que me dejó sin aliento.

-Pequeña… -un gemido de satisfacción escapó de mi garganta al sentir su boca acariciando mi sexo con suavidad, despertando sensaciones placenteras que recorrían todo mi cuerpo.

-No digas nada, Inuyasha. Solo disfrútalo -susurró con voz seductora mientras continuaba con sus caricias.

Después de un rato volvió a acomodarse a mi altura con una sonrisa de satisfacción.

-Te amo -musité

-También te amo -respondió, con una sonrisa radiante en su rostro, sellando nuestras palabras con un dulce beso.

Nos acomodamos uno a lado del otro, entrelazando nuestros cuerpos en un abrazo cálido, sintiendo cómo su piel se fundía con la mía. Nos envolvimos en las sábanas, buscando el calor mutuo mientras nos dejábamos llevar por el sueño reparador que nos esperaba. Con cada respiración, sentía cómo el cansancio y la relajación nos invadían. Juntos, nos sumergimos en el más profundo de los sueños, dejando atrás todas los malos momentos que había experimentado en el día.

En sus brazos, encontré refugio y consuelo, sabiendo que estábamos juntos y que nada ni nadie podía separarnos. Y así, con ella entre mis brazos, nos quedamos dormidos.


SORPRESA

Porque es Viernes, y el cuerpo lo sabe. Al fin tuvimos un digno Viernes de Lemon.

Gracias por llegar hasta aquí.

Espero sus reacciones