Hola hermosas! Espero hayan tenido un excelente fin de semana, muy festejadas espero yo las mamás.
Gracias por estar pendiente de la actualización. Les recuerdo que los personajes principales no me pertenecen, pero la historia es original de mi autoría, es sin fines de lucro, no es para menores de edad, espero su comprensión.
SEPARADOS POR LA SANGRE
Pedir Perdón
"Pedir perdón no son solo palabras que se tiran al viento, pedir perdón es sentir realmente arrepentimiento, es sentir la necesidad de desnudar nuestra alma para liberarnos de sentimientos negativos, de rencores y también de dolor. Pedir perdón no te hace débil por el contrario te hace un ser humano".
VEINTINUEVE
Terry había regresado a la mansión de su madre para hablar por fin con Vincent, sabía que al igual que con Anthony tenía un asunto pendiente con él, solo que con el rubio le había sido más difícil enfrentarlo. Había decidido hablar con él porque quisiera o no compartían un lazo de sangre, un lazo que jamás dejarían de compartir, pero sabía que a pesar de todo él jamás podría ser alguien cercano a él aunque lo quisiera, porque estaba seguro que sus sentimientos por Candy siempre interferirían en ello. Habían quedado como hermanos, sí, pero solo con un trato cordial y amable en caso de un encuentro, también sabía que tenía que hablar con Amelia y ese era otro tema que lo incomodaba.
-Buenas tardes. – Dijo Terry mirando a Vincent fijamente.
-¡Hijo! – Dijo Vincent feliz de ver a Terry en la mansión, este se lanzó hacia él tomándolo por ambos brazos mientras lo miraba a los ojos con genuino gusto. – Me alegra que estés aquí. – Dijo una vez más el capitán. Terry lo miraba un poco confundido, jamás había visto a Richard recibirlo con tanto gusto después de meses de ausencia, y ver ahí a Vincent tan feliz y aliviado a tan solo días de haberse ido de la mansión lo hacía sentirse confundido. – Tu madre no está, pero de seguro no debe tardar. – Dijo el mayor para indicarle a Terry que si buscaba a Eleanor podía esperarla.
-He venido a hablar contigo. – Dijo Terry sin mostrar emoción alguna, él no era tan expresivo como lo eran los americanos, su educación había sido diferente y podía reconocer que era un tanto frío y poco expresivo.
-Por supuesto, tú dirás. – Dijo Vincent invitándolo a su despacho para hablar con comodidad, mientras su corazón latía emocionado sin saber la razón exacta de aquella plática solicitada.
-Me he enterado de que fuiste a hablar con Susana. – Dijo Terry con la misma tranquilidad y poco entusiasmo de siempre. Vincent sonrió un tanto apenado, no esperaba que su hijo fuera a reclamarle.
-Siento no habértelo informado antes. – Dijo Vincent creyendo que estaba en todo su derecho a reclamarle su atrevimiento. – Te aseguro que no era mi intención molestarte, por el contrario, pensé que hablando con la señorita Marlowe y su madre podríamos llegar a un acuerdo que fuera conveniente para ellas y para ti. – Dijo indicándole que tomara asiento. Terry lo escuchaba sin decir una palabra, quería escuchar los motivos que había tenido para hacerlo. – Anthony me contó lo que había sucedido en el teatro y el acuerdo por así decirlo al que habías llegado con esta señorita. – Dijo de nuevo Vincent. Terry asintió.
-Me pareció correcto en ese momento prometerle que jamás la abandonaría. – Dijo Terry con tranquilidad, tranquilidad que ahora sentía gracias a Vincent y a Anthony, aunque le doliera admitirlo.
-No estoy criticando tu decisión. – Dijo Vincent comprendiendo los sentimientos de culpa que pudieron haber asaltado a su hijo. – Es más, me parece muy loable de tu parte haber pensado en el futuro de esa joven y su madre. – Dijo una vez más el capitán.
-¿Pero de qué me sirvió la nobleza? Si de todas formas eché a perder todo. – Dijo Terry arrepentido de haber tomado tales decisiones. Vincent suspiró con melancolía, sabía que debía ser parcial entre sus dos hijos, pero también sabía que Terry era un poco más orgulloso y explosivo que Anthony.
-Creo que te refieres a tu relación con Candy. – Dijo Vincent con resignación, era un tema que no podía eludir.
-Había decidido dejarla ir porque debía quedarme con Susana. – Dijo Terry sin mirarlo a los ojos. – Pero no sabía cómo hacerlo, así que comencé a ser rudo, distante y frío con ella, pero no me di cuenta que ella había cambiado conmigo… tal vez si me hubiera dado cuenta…
-No… - Dijo Vincent interrumpiéndolo con ternura, una ternura paternal que Terry jamás había conocido en su vida. – No tuvo nada que ver contigo… tampoco con Anthony… - Dijo para que no tuviera resentimiento con su hermano mayor. – Los sentimientos de Candy regresaron en el momento que supo que Anthony estaba con vida. – Dijo intentando no lastimar más a su hijo. Terry lo miró con los ojos cristalizados, él sabía eso y asintió dándole la razón a su padre.
-Tienes razón, no puedo engañarme… - Dijo Terry con dolor, pero ahora un dolor que pesaba menos, al no tener la carga emocional de Susana todo había cambiado para bien en su corazón. Amaba a Candy y tal vez ese sentimiento se iba a mantener para siempre en su corazón, pero ahora sabía que no lo amaba no porque no fuera merecedor de ese amor, sino porque simplemente ella había amado a su hermano desde antes de que él hubiera entrado en su vida.
-Candy tampoco es culpable de sus sentimientos y me consta que Anthony intentó por todos los medios alejarse de ella, aún sin saber que eran hermanos de sangre. – Dijo Vincent de nuevo advirtiendo al actor que el rubio se había esforzado en alejarse de ella.
-¿Por qué no se lo dijiste? – Preguntó Terry con curiosidad. Vincent bajó la mirada arrepentido.
-No supe cómo enfrentarlo. – Dijo con sinceridad. – Temía decirle la verdad acerca de tú madre, él había sufrido mucho con la muerte de Rosemary, con la separación de Candy y deseaba tanto tenerlo a mi lado, temí que me rechazara al enterarse de todo. – Dijo una vez más Vincent, sentía que debía ser sincero y no había palabras más sinceras que las que le estaban saliendo de su boca.
-Pensé que era por arrepentimiento. – Dijo Terry, como siempre diciendo lo que pensaba directo. Vincent lo miró con amor, agradecía que hablara con él con esa calma que tenía en esos momentos.
-Es verdad… sentí mucho tiempo remordimiento. – Dijo Vincent mirando a su hijo. Terry espero que continuara. – Pero no por ti, sino por mi conducta, yo era un hombre casado cuando conocí a tu madre y a pesar de que Eleanor es una mujer maravillosa, la madre de Anthony también lo era y estaba verdaderamente enamorado de ella, ninguna de los dos merecía un engaño de mi parte. – Decía con el corazón en la mano. – Cuando supe de tu existencia me sentí el peor de los hombres, había permanecido lejos de Anthony por mis viajes constantes y había permanecido lejos de ti por mi ignorancia de tu estancia en este mundo. – Los ojos de Vincent lo miraban fijamente, temía que si parpadeaba Terry pensaría que estaba mintiendo.
-Mi madre me contó toda su historia, pero la verdad pensé que no querías saber nada de mí. - Dijo Terry siendo honesto con su padre. Vincent se atrevió a acercarse a él, era como si descubriera que una barrera invisible se fuera desmoronando poco a poco.
-Te juro que si hubiera sabido antes de ti, lo hubiera remediado en el momento. – Dijo Vincent mirándolo con los ojos cristalinos. Terry se dejó abrazar, sintiendo que su corazón se estrujaba por ese contacto tan necesitado, necesitaba sentirse amado, necesitaba sentir que alguien estuviera orgulloso de él con todos sus defectos y él mismo creía que eran muchos, sin embargo estaba necesitado de ese amor paternal que jamás había tenido. – Te amo hijo… - Le dijo sin poder evitar que sus lágrimas cayeran libremente de sus ojos. Terry se sintió igual de conmovido y también dejó que las lágrimas lo atraparan. Desde la puerta del despacho los ojos conmovidos de Eleanor lloraban emocionados, agradecida porque por fin aquellos dos hombres que eran tan importantes en su vida por fin comenzaban a conocerse realmente.
-Yo aún tengo que aprender a conocerte… - Le dijo Terry sincero. Vincent sonrió y palmeó la mejilla de su hijo, él estaba dispuesto a dejarse conocer, estaba dispuesto a que él se acostumbrara a ese amor que le ofrecía, quería tener una relación tal vez no como la que tenía con Anthony, tal vez eso era mucho pedir, pero sí una relación en la que pudieran convivir en sana paz.
-Aquí estoy para ti… para ustedes… - Dijo mirando a Eleanor quien se acercó a ellos para incluirse en ese abrazo.
Vincent se sentía feliz porque Terry no se había molestado por haber intervenido en el problema que tenía, eso quería decir que las cosas habían salido mejor de lo que esperaba, porque a pesar de no haber conseguido que Susana le confirmara que lo dejaría libre de aquel compromiso, todo parecía indicar que así era.
El tiempo iba pasando rápidamente, Anthony se había pasado organizando todo lo referente al instituto y buscando a Candy, intentaba tener comunicación con ella por medio de carta, llamadas y tenía al personal en su búsqueda.
Susana había llegado en compañía de su madre y todos los días Annie le ayudaba a perfeccionar sus dotes musicales, si no hubiera sido por ella y Archie tal vez hubiera pasado más tiempo en perfeccionar sus conocimientos. El joven de la recepción pronto se hizo cargo de ayudar a Susana a llegar hasta el piso donde estaba el instituto y todos pudieron ver que había una conexión especial entre ambos, sobre todo por el chico, quien mostraba nerviosismo cuando la ex actriz le sonreía agradecida por sus atenciones.
Anthony había intentado en todo momento comunicarse con Candy, pero cada una de las cartas que había escrito hacia su departamento en Chicago habían sido rechazadas, todo esto le hacía comprender que Candy no quería saber nada de él y poco a poco los ánimos iban decayendo en su corazón, creía que ella no volvería a perdonarle una falta como la que había cometido con ella y eso lo hacía dudar en sus intenciones de viajar rumbo a Chicago.
Habían pasado más de cinco meses de su ausencia y por alguna u otra razón no había podido salir de inmediato en su búsqueda. Se sentía culpable por haber hecho siquiera pensar a Candy que no se preocupaba por ella o que no se sentía abrumado por la culpa y el dolor de saberla lejos. No tenía ninguna noticia de ella, ni siquiera Albert, quien había escrito y llamado también al departamento, pero ni en el hospital, ni en la mansión de Chicago o la de Lakewood se sabía nada de ella.
-¿Alguna noticia? – Preguntó Anthony cuando vio que Albert revisaba la correspondencia del día. Albert suspiró frustrado negando a su pregunta.
-Nada. – Dijo mostrando una vez más las cartas que habían sido devueltas desde el Magnolia. – No sé si es que realmente no se encuentra ahí, o simplemente las devuelve. – Dijo Albert con preocupación, tenía miedo siquiera de pensar que algo malo le hubiera ocurrido, pero al recordar que el señor Smith le había dicho que la había visto por ahí cuando fue por sus cosas lo tranquilizaba.
-Debo ir tío. – Le dijo Anthony con la misma preocupación y angustia que había vivido todo ese tiempo. - Debo buscarla yo mismo. – Decía Anthony seguro de salir de inmediato rumbo a Chicago, non quería perder más tiempo del que había perdido. – He sido un tonto, me dejé llevar por el juicio de todos sin escuchar mi propio corazón. – Dijo sin querer culpar a nadie, él solo había sido el que había tomado la decisión, tal vez orillado por las circunstancias y por la presión que había impuesto la familia, sin embargo él había tenido oportunidad de decidir y salir corriendo junto con Candy no obstante lo rechazara.
-Reconozco que fui uno de esos juicios. – Dijo Albert reconociendo que así era. - ¿Cuándo te vas? - Preguntó para saber los planes de su sobrino.
-Esta misma noche. – Respondió Anthony con seguridad. – Ya dejé todo tal cual me lo pediste. – Agregó para informar que no tenía nada de qué preocuparse.
-No estarás para el nacimiento del hijo de Annie y Archie. – Dijo Albert con una sonrisa de lado. Anthony sonrió con un poco de tristeza.
-Ellos sabrán comprender. – Dijo con tranquilidad, Annie estaba a punto de tener a su hijo, su embarazo estaba muy avanzado y a pesar de ello continuaba asistiendo a las clases en compañía de Archie quien era el que la cuidaba, todas esas atenciones habían ayudado a fortalecer el vínculo entre la joven pareja, sin embargo su trato seguía siendo cordial entre ellos.
-Lo sé. – Dijo Albert seguro de ello.
Anthony subió a su habitación para preparar una pequeña maleta, no quería retrasar más tiempo su partida, a pesar de tener su vida ahí en Nueva York, su corazón no estaba simplemente ahí, porque desde la partida de Candy se sentía simplemente perdido, era como si estuviera viviendo en piloto automático, sin sentido, necesitaba tanto estar con ella. Necesitaba sentirla cerca, amarla, sentir su presencia por lo menos.
-¿Estás listo? – Preguntó Albert al ver que bajaba con maleta en mano.
-Listo. – Dijo Anthony con cierto nerviosismo y ansiedad en su mirada, deseaba que la distancia fuera más corta de lo que realmente era.
-Yo iré contigo. – Dijo de pronto Stear, quien estaba dispuesto a acompañarlo.
-¿Estás seguro? – Preguntó Anthony, él sabía que su primo también tenía su vida, además del próximo nacimiento de su sobrino.
-Por supuesto, además pronto Patty llegará a Chicago y quiero estar ahí para recibirla. – Dijo con un poco de travesura, tenía semanas sin ver a su prometida y ansiaba volver a verla, no podía siquiera imaginar lo que Anthony estaba sintiendo después de tantos meses de separación.
El ruido de la locomotora se dejó escuchar al momento de su marcha, el corazón de Anthony latió con nerviosismo, no sabía qué esperar de la rubia, estaba seguro que ella tal vez no lo perdonaría, se lo decía su silencio en las cartas devueltas, sin embargo haría todo lo que estuviera a su alcance para que eso sucediera. Habían pasado muchas cosas que habían impedido que saliera en su búsqueda, entre ellas una fuerte nevada que había dejado incomunicadas las dos ciudades del país por varias semanas.
-¿Nervioso? – Preguntó Stear con tranquilidad, mientras veía como Anthony se perdía en el panorama de la ventana a su lado. Anthony sonrió de lado con nostalgia, la verdad era que no estaba nervioso, la verdad era que estaba aterrado de no encontrarla, aterrado de que no lo perdonara, aterrado de haberla perdido.
-Estoy aterrado… - Dijo Anthony sincero a su primo, este lo miró con cierta sorpresa en sus ojos.
-¿Aterrado? – Preguntó Stear con esa misma sorpresa que reflejaba en su mirada.
-Tengo miedo que ella haya decidido olvidarme… – Dijo Anthony sin temor de expresar sus miedos ante él.
-Eso no pasará Anthony. – Dijo Stear seguro de ello. – Candy te llevó siempre en su corazón, aun cuando creyó que estabas muerto te siguió amando, te amó aun descubriendo que le habías mentido, te amó a pesar de todo… y de seguro te sigue amando a pesar de la distancia que ha interpuesto entre ustedes. - Decía Stear seguro que era verdad lo que decía, convencido de que Candy jamás podría amar a alguien más que no fuera a Anthony.
-Pero le fallé… - Dijo Anthony convencido de ello. – Le había jurado que nada nos separaría. – Dijo con el mismo dolor que había quedado marcado en su pecho.
-Anthony, tienes que aprender a perdonarte tú mismo, de nada sirve que Candy te perdone si tú no lo haces. – Dijo el mayor con sabiduría. – Es verdad que tú prometiste que no te separarías de ella, sin embargo Candy también huyó de tu lado, la separación que le pedías no era que se fuera lejos de ti y se escondiera bajo una piedra. – Dijo una vez más el inventor.
-Lo sé, pero ella no comprendió que debíamos esperar un tiempo. – Dijo Anthony frotando sus ojos, se sentía tan cansado de todo ese dolor que había cargado tanto tiempo en su pecho.
-Te aseguro que fue lo mejor, en estos momentos ella ya no tiene relación alguna con Terry, su noviazgo pasó al olvido, ahora están libres para amarse y ahora si poder formar una familia juntos. – Dijo Stear con emoción en su mirada. Anthony al igual que Stear sonrió con ilusión al pensar siquiera en formar un pequeña familia al lado de Candy.
-Eso sería maravilloso. – Dijo Anthony con verdadera ilusión. – Pero primero tengo que encontrarla y después pedirle perdón hasta que lo consiga. – Dijo mirando fijamente a algún punto fijo, se podía ver su preocupación en su rostro.
-Ella está bien Anthony. – Dijo Stear confiado que así era. – Te aseguro que volvió al hogar de Ponny. – Dijo una vez más. – Ella siempre vuelve a ese lugar cuando necesita tomar fuerzas de nuevo para volver a comenzar. – Agregó con la misma tranquilidad que sentía en su corazón.
-¿En el hogar de Ponny? – Preguntó Anthony pensando el motivo por el cuál no había escrito a ese lugar. Stear asintió.
-Pensé que el tío Albert te lo había mencionado. – Dijo Stear creyendo que tal vez no era adecuado decirle lo que había pasado dos meses atrás.
-¿Mencionarme qué? – Preguntó Anthony intrigado por lo que decía Stear. Stear suspiró dispuesto a decir lo que sabía, después de todo parecía que una vez más había hablado de más.
-Hace un par de meses habló al hogar de Ponny. – Dijo Stear con tranquilidad.
-¿Ella está ahí? – Preguntó Anthony impaciente, quería saber si debía ir directamente hasta ese lugar. Stear negó.
-Al parecer sí, no lo sé realmente, pero el tío Albert me dijo que no se había podido comunicar con ella, parece que en ese momento ella no se encontraba o había salido, pero que de todas formas no quería hablar con Albert. – Dijo Stear mirando a su primo.
-Si no quiso hablar con Albert, mucho menos querrá saber de mí. – Dijo Anthony con dolor, pero sabía que debía enfrentar lo que fuese necesario para conseguir su perdón.
-Pero fue Albert quien le dijo que debía alejarse de ti por un tiempo. – Dijo Stear insistiendo en darle ánimos.
-No sé qué enfrentaré Stear, pero te aseguro que haré todo lo posible porque ella regrese conmigo. – Dijo Anthony con seriedad, sabía bien que Candy tenía todo el derecho de estar molesta con él, él mismo estaba molesto consigo mismo.
El resto del camino fue en silencio, Stear no se había atrevido a seguir hablando del tema, sabía que Anthony sufría por la ausencia de Candy, pero sabía también que ella lo amaba incondicionalmente y aunque tampoco había comprendido el motivo de su huida, sabía que Anthony la convencería de volver a su lado.
El tren llegó a la estación puntual otro día por la tarde, el cansancio era evidente en los rostros de los viajeros, sin embargo el ánimo de Anthony iba en aumento al decirse una y otra vez que faltaba mucho menos para volver a verla.
-¿Irás a Lakewood? – Preguntó Stear para saber los movimientos de su primo, él tenía planeado quedarse en la ciudad a esperar a Patty, su compromiso había sido anunciado un par de meses antes y la joven preparaba junto con su madre y su abuela una próxima boda.
-Saldré a primera hora por la mañana. – Dijo con impaciencia, quería irse de inmediato, pero sabía que no conseguiría nada exponiéndose en la oscuridad de la noche.
Llegaron a la mansión y la vieja Elroy los recibió con alegría, se sentía tranquila de estar con ellos una vez más, no le gustaba estar sola, había regresado tan solo una semanas antes y le parecía que Albert la había castigado demasiado quedándose más tiempo del que ella creía conveniente en la gran manzana.
-Buenas noches tía abuela. – Saludó Anthony con el mismo respeto y seriedad de siempre.
-Bienvenidos muchachos. – Saludó la matriarca con una sonrisa de lado, apoyándose en el viejo pero valioso bastón que le ayudaba a equilibrar su paso. Anthony la miró cansada, no podía evitar que el tiempo pasara por ella y era evidente que así sucedía. - ¿Has venido a buscar a Candy? – Preguntó la vieja Elroy con seguridad, sabía bien que ese sería el único motivo por el cual Anthony se había decidido a abandonar Nueva York.
-Sí. – Respondió Anthony simplemente, no quería dar muchos detalles de sus movimientos a la vieja.
-Tal vez esté en el hogar de Ponny. – Dijo la mayor intentando ayudar. Anthony la miró como preguntándose si ella sabía algo al respecto, era bien sabido que aquella mujer era imposible que se le escapara algo que tuviera que ver con ella o su familia.
-¿Sabes algo al respecto? – Preguntó Anthony mirándola fijamente a los ojos.
-Sé que ahí regresó cuando tú partiste años antes. – Le dijo con tranquilidad. Anthony la miró sin poder evitar recordar la culpa que pesaba en aquella mujer.
-Es lo que yo le dije tía abuela. – Habló Stear para intentar calmar un poco el temperamento del rubio, él sabía que en el fondo Anthony no le perdonaba a la matriarca su proceder.
-Mañana puedes disponer de un automóvil que te lleve directamente hasta ahí. – Dijo Elroy queriendo ayudar.
-Te lo agradezco. – Dijo Anthony realmente agradecido por la ayuda ofrecida.
El resto de la noche se la pasaron hablando de la boda de Stear, mientras Anthony se mantenía en silencio, simplemente asentía o sonreía de vez en cuando, pero todos sabían que sus pensamientos no estaban precisamente en el próximo compromiso a celebrar en la familia Ardlay.
Candy por su lado estaba desayunando con la señorita Ponny y la hermana María, había llegado muy temprano a visitarlas y compartir con ellas aquel hermoso día.
-¿Qué has pensado Candy? – Preguntó la señorita Ponny a la rubia quien de la misma forma que había llegado meses atrás se mantenía hermética en su posición.
-¿Acerca de qué? – Preguntaba la rubia sin querer reconocer que sabía de qué le hablaba.
-Sabes bien de lo que hablo, el señor Albert habló nuevamente hace una semana y no has querido comentar nada. – Dijo la mujer queriendo ayudar a su niña, la veía triste a pesar de que se esforzaba por sonreír y seguir adelante.
-Albert y yo no tenemos nada qué decirnos señorita Ponny. – Dijo Candy segura de que así era.
-Pero él te explicó los motivos que tenía para posponer el compromiso entre ustedes. – Dijo la buena mujer con una sonrisa tierna y dulce.
-Lo sé, por eso mismo me he mantenido lejos de ellos. – Dijo Candy suspirando con pesar, debía admitir que extrañaba mucho a Anthony.
-Pero Candy, es justo que regreses al lado del joven Andley. – Dijo la señorita Ponny con impaciencia, le preocupaba que viviera sola quien sabe dónde, porque ni siquiera a ella le había revelado dónde se quedaba, todo por tal de que no se lo dijera a nadie, sabía que su misma preocupación haría que revelara su paradero.
-Si Anthony quisiera ya hubiera venido a buscarme. – Dijo Candy levantándose lentamente, su sonrisa delataba el dolor que sentía en su corazón.
-Pero Candy… ¿Cómo te va a venir a buscar si ni siquiera has dado señales de vida? - Preguntó la señorita Ponny una vez que la vio de pie, sabía que una vez más huiría de ahí. – Está bien, respetaré tú decisión, pero por favor quédate un poco más, el viaje fue largo y es justo que descanses un poco antes de partir. – Dijo con una sonrisa tierna, sabía bien que no debía presionarla y supo reconocer que la joven comenzaba a sentirse presionada y agotada.
-Gracias. – Dijo Candy con una sonrisa, ya que en verdad se sentía agotada, cada vez había espaciado más las visitas a sus dos madres porque temía que la convencieran de regresar al lado de Anthony, cuando ella lo último que quería era ocasionar un problema entre hermanos.
-¿Sigue negándose a hablar con el joven Andley? – Preguntó la hermana María al ver que Candy caminaba rumbo a la habitación que le tenían preparada para cuando llegaba a visitarlas.
-Espero que pronto venga a buscarla. – Dijo la señorita Ponny esperanzada, le daba tanta pena ver a su pequeña sufrir por amor.
-Todo sucede a su tiempo señorita Ponny. – Dijo la hermana María observando la imagen de la cruz que había en la pared. – El señor obra de maneras misteriosas y él sabrá el momento en el que deberá reunirlos. – Decía la monja con una sonrisa mientras prendía una veladora junto a la cruz y sonreía en señal de complicidad con la imagen.
-Así sea hermana María. – Dijo la señorita Ponny a la hermana María, ambas unieron sus manos en señal de plegaria y rezaron nuevamente para que su pequeña Candy volviera a sonreír.
Anthony había salido muy temprano rumbo a Lakewood, estaba desesperado por llegar a su destino, parecía que el camino se había alargado y que las horas caminaban más lentas a partir de su salida de Nueva York. La mansión de las rosas lucía solitaria, simplemente los empleados que esperaban la llegada del joven abrieron la reja que permanecía casi todo el tiempo cerrada.
-Buenos días joven Anthony. – Saludó Benicio con una sonrisa que denotaba el gusto por volver a ver a Anthony. Anthony sonrió de la misma manera, saludando con agradecimiento y gusto por volver a ver a aquel hombre que lo había ayudado tantas veces con Zeus, su antiguo caballo.
Anthony bajó del automóvil y estiró las piernas, respiró el aroma a campo, el aire era limpio y fresco. La primavera había comenzado y esperaba ver pronto el brote de los nuevos rosales que había en el jardín, se detuvo a ver las dulce Candy y suspiró al ver que a pesar del tiempo aún sobrevivían algunos de esos rosales. Suspiró con frustración al recordar que Archie y Stear le habían dicho que Elisa se había encargado de lastimar la mayoría de las estirpes de rosas Dulce Candy.
-Bienvenido joven Anthony. – Dijo el mayordomo, quien con su habitual elegancia se acercaba hasta el joven Brower para recibirlo.
-Muchas gracias Jhon. – Saludó Anthony con una sonrisa, le agradaba estar ahí una vez más, sin embargo a pesar de estar de regreso se sentía incompleto, sobre todo cuando los recuerdos de su adolescencia lo asaltaban de golpe.
-¿Gusta pasar al comedor? – Preguntó Jhon con elegancia, dispuesto a recibir por todo lo alto a su joven patrón.
-Necesito tomar primero un baño Jhon, ya que voy a salir. – Dijo decidido a salir de inmediato en busca de Candy. Tenía las indicaciones que debía tomar para llegar al hogar de Ponny y mucha impaciencia por llegar hasta ahí.
Después de que había tomado un baño y comido un poco se dispuso a seguir las indicaciones que le había dado Stear para llegar al hogar de Pony, "Es fácil", había dicho Stear con seguridad a pesar de que él jamás había estado ahí. Encendió el automóvil y comenzó su camino, no había pensado siquiera en llevar algo de agua o comida por si acaso lo necesitaba, no había considerado que ya era tarde cundo salió de Lakewood rumbo al hogar de Ponny, lo único que le importaba era llegar a su destino y averiguar si efectivamente Candy se había ido a refugiar ese lugar para alejarse de él.
El tiempo pasó y ya casi al atardecer llegó a su destino, el pequeño orfanato lucía en completo silencio, las luces estaban apagadas y solo las luces de uno de los salones estaba encendida, imaginó que sería la hora de la merienda y sintió de pronto remordimiento por llegar a interrumpir los alimentos, sin embargo la necesidad de ver a Candy era mayor, rogaba porque ella estuviera en ese lugar.
Tocó la puerta con falsa calma, intentando aparentar que no estaba ansioso o desesperado por ver a su amada. La puerta se abrió lentamente y unos ojos bondadosos se posaron en los suyos, unos ojos que le transmitieron una paz infinita y una profunda sorpresa al ver que estaban llenos de bondad y sabiduría llenándose pronto de lágrimas.
-Por fin has llegado. – Le dijo la señorita Ponny con una sonrisa amable, tomando las manos de Anthony entre las suyas como si supiera perfectamente quién era aquel que había llegado al orfanato. Anthony la miró confundido, no creía que Candy lo hubiese estado esperando, pero podía ver que aquella mujer con sus ojos repletos de bondad lo había sabido reconocer sin siquiera conocerlo.
-Buenas tardes, mi nombre es…
-Sé quién eres… - Dijo la señorita Ponny con tranquilidad, haciéndose a un lado para que el joven entrara a su espacio. Anthony entró sin salir de su sorpresa.
El ambiente dentro del hogar era verdaderamente agradable, podía sentir una calma y una verdadera paz interior que hacía mucho tiempo no sentía en su corazón a pesar de que sabía era un lugar lleno de pequeños, quienes estaban en el comedor cenando en silencio.
-Me preguntaba cuánto tiempo más tardarías en llegar. – Dijo la señorita Ponny sin dejar de sonreír. Anthony por un momento dudó si realmente era a él a quien estaban esperando o si acaso se había confundido con alguien más.
-He venido a buscar a Candy. – Dijo Anthony por si las dudas. La señorita Ponny soltó las lágrimas que habían estado formándose en sus cansados ojos.
-Sabía que vendrías a buscarla, ella a pesar que no lo dice sé que te ha estado esperando. – Dijo la señorita Ponny tomando a Anthony de la mano para llevarlo hasta el comedor junto a los demás, Anthony por un momento sintió que su corazón latía emocionado, un vuelco se formó en su pecho cuando de un momento a otro estuvo frente a un largo comedor repleto de niños, los cuales dejaron de comer para poner sus ojos en el recién llegado. Anthony alargaba su vista buscando entre los presentes el rostro de su amada, sin embargo eran puros rostros infantiles los que se encontraban cenando por el momento.
La hermana María llegó saludando con la misma amabilidad que había llegado la señorita Ponny y después de terminar de alimentar a los pequeños se dispuso a llevarlos a la cama. Anthony estaba sentado en un extremo de la mesa, la buena mujer lo había invitado a cenar junto con ella. La señorita Ponny podía ver en los ojos de Anthony la pregunta impaciente que se detenía por prudencia, mientras buscaba impaciente por las puertas que rodeaban el comedor la presencia de su amada.
-Ella no está aquí. – Dijo la señorita Ponny por fin al ver que Anthony buscaba a Candy con impaciencia. Los ojos de Anthony se abrieron con tristeza e impaciencia.
-¿Dónde está? – Preguntó Anthony con notable angustia y desesperación, quería volver a verla, quería pedirle perdón y arrodillarse frente a ella de ser necesario, no le importaba hacer lo que tuviera que hacer con tal de que ella lo perdonara.
-No lo sé. – Respondió la señorita Ponny sincera. Anthony la miró confundido. – Ella vino ayer por la mañana a vernos, pero no ha querido revelar dónde se está quedando. – Dijo una vez más la mayor con cierta pena en su voz.
-¿Por qué? – Preguntó Anthony desconfiando un poco de sus palabras.
-Ella quería asegurarse que no le dijéramos al señor William o a usted en dónde está. – Dijo la señorita Ponny con cierta nostalgia en su voz. Anthony sintió un dolor profundo en su corazón, le dolía reconocer que Candy efectivamente como lo había pensado no quería saber nada de él.
-Sé que no querrá verme, pero le aseguro que la amo profundamente y no me iré hasta que ella me escuche… he venido a pedirle perdón. – Dijo Anthony nuevamente, creyendo por un momento que era imposible que Candy no hubiera revelado su paradero.
-Candy está muy lastimada joven Brower. – Le dijo la señorita Ponny, sin embargo sus ojos seguían irradiando bondad hacia él. – Pero le aseguro que en el fondo esperaba que llegara por ella… ella lo necesita más que nunca. – Decía tomando su mano en señal de ánimo.
-He sido un tonto. – Dijo Anthony con pesar, se sentía mal una vez más por haber aceptado aquella separación, sus ojos se llenaban de lágrimas una vez más. La mayor lo miraba conmovida, reconociendo en aquel bello joven un alma noble y sincera.
-Le aseguro que Candy comprende la posición en la que estaba, pero es difícil que no se haya sentido herida y temerosa. – Decía nuevamente la mayor. Anthony la escuchaba con atención.
-Mi intención no era que ella se alejara definitivamente de mí, simplemente debíamos esperar un tiempo antes de poder comprometernos. – Aquellas palabras causaron un efecto de alegría en el corazón de la señorita Ponny, quien de inmediato le sonrió agradecida al joven Anthony.
-A veces Candy es muy impulsiva, y sé que actuó de esa manera cuando decidió irse de su lado, pero también creo que lo hizo por protegerse, ya no quería sufrir más. – Dijo la señorita Ponny con una sonrisa comprensiva.
-Lo sé, pero le aseguro que mis intenciones con ella son serias, yo la amo y deseo tanto que pueda perdonarme para casarme con ella en cuando lo disponga. – Dijo Anthony poniéndose de pie para hacer énfasis en lo que deseaba.
-Ya es tarde. – Dijo de pronto la señorita Ponny. - ¿Por qué no se queda esta noche? – Preguntó segura que el camino no era tan seguro para él.
-Creo que no sería conveniente. – Dijo Anthony poniéndose de pie, sabía que no sería fácil que Candy lo perdonara, pero por lo menos sabía que ella había estado frecuentando el hogar de Ponny y por el momento eso era suficiente para él. – Pero le aseguro que mañana volveré a primera hora para esperar su llegada. – Dijo Anthony dispuesto a esperar la llegada de su amada.
La señorita Ponny asintió gustosa, estaba segura que a pesar de todos los malos entendidos y los enojos de su pequeña traviesa pronto todo quedaría arreglado, lo único que ella rogaba era que Candy aceptara hablar con él antes de que pasara más tiempo.
-No quiero que sienta que estoy mintiendo. – Dijo de nuevo la señorita Ponny, a pesar de todo quería que Anthony estuviera enterado de las veces que Candy llegaba a visitarlas. – Pero no es seguro que Candy regrese mañana, cada vez viene con menos frecuencia, creo que algunas veces es difícil encontrar quien la traiga de regreso. – Dijo de nuevo la mayor, no quería que Anthony viajara en vano.
-No importa, vendré todos los días si es necesario hasta encontrarme con ella. – Dijo Anthony seguro que no le importaría realizar aquel viaje a diario.
Anthony se retiró del hogar, sentía aún dolor dentro de su pecho, sin embargo también había un rayo de esperanza al saber que su pecosa estaba más cerca de lo que había estado los últimos meses, se sentía esperanzado, pero al mismo tiempo temeroso de que ella le negara la posibilidad de un perdón.
-Volveré hermosa, te lo prometo. – Decía mirando desde la colina de Ponny aquel paisaje que solo se había imaginado aquella fatídica tarde que los había separado.
Anthony llegó tarde de regreso a la mansión, estaba cansado, sin embargo no sentía sueño alguno, caminó entre los pasillos silenciosos de aquel lugar recreando los recuerdos que yacían en su mente, subió las escaleras y no pudo evitar ver a su pecosa descender las escaleras de la mano de él dispuestos a bailar su primer vals, su rostro se iluminaba al recordar cuando se enteró que había sido adoptada por su tío William, sus ojos se iluminaban como si la volviera a tener de frente con aquel hermoso vestido verde esmeralda, aquella tarde en la que descubrió que efectivamente ella era la niña de sus sueños y con la que deseaba formar una familia. Llegó hasta la habitación que un día había sido de su pequeña llorona y se abrazó con fuerza de los cojines que adornaban la pieza, no podía evitar sonreír con nostalgia y después pasar al llanto al recordar todo aquello.
La noche pasó lenta, su cuerpo giraba en su cama de un lado a otro, sin embargo ni todo el cansancio, ni todo el sueño que pudiera sentir en esos momentos lograba hacer que lo venciera el sueño. Se levantó decidido para ponerse a trabajar en el jardín, pronto llegaría el día en el que la Dulce Candy había florecido por primera vez, y quería asegurarse que para cuando llegara ese momento él pudiera ofrecer de nuevo un nuevo broto a su amada.
Trabajó desde antes que el sol saliera moviendo costales de abono, el sudor de su frente revelaba el esfuerzo que hacía por conseguir reanimar las plantas.
-Buenos días joven Anthony. – Dijo el jardinero con una sonrisa. Anthony se incorporó para saludar al buen hombre que había cuidado sus rosedales después de que el señor Whitman se hubiera ido de ahí.
-Buen día Joseph. – Saludó Anthony reconociéndolo de inmediato.
-Se ha esforzado mucho esta mañana. – Dijo el hombre que ya era mayor, pero que seguía teniendo un ánimo maravilloso para mantener las plantas de la mansión irradiando su belleza.
-Necesito que las rosas este año florezcan mejor que nunca. – Dijo Anthony mientras se limpiaba el sudor de su frente. Joseph sonrió por lo dicho por Anthony.
-Creo que al saber que usted está de vuelta, florecerán con mayor ánimo. – Dijo Joseph con verdadero convencimiento, él sabía al igual que sabía el viejo Whitman que Anthony tenía un don especial para lograr que las rosas florecieran con verdadero brillo.
Anthony sonrió por las palabras de jardinero y miró a su alrededor, sintiendo en su rostro el viento fresco que se sentía por las mañanas de primavera, un viento que le hacía llegar el aroma fresco de los rosales que aún no florecían.
-¿Qué hora es Joseph? – Preguntó curioso, había perdido noción del tiempo, no sabía a qué hora había bajado para comenzar su labor, simplemente sabía que aún estaba oscuro.
-Son casi las siete de la mañana joven. – Respondió el jardinero, quien lo había estado observando desde hacía una hora atrás trabajar con ahínco.
-Necesito que consigas más abono, hace falta fertilizante y tierra nueva. – Dijo Anthony como el experto que era, sintiendo como dentro de su corazón nacía nuevamente la impaciencia por hacer florecer aquel hermoso jardín que él creía carecía un poco de vida.
-No se preocupe joven, yo me encargo de decirle a los muchachos que consigan todo en el pueblo. – Dijo Joseph observando que Anthony se despedía para desayunar e irse de inmediato hasta el hogar de Ponny.
Anthony salía apresurado de la mansión de las rosas, su corazón estaba ansioso por llegar hasta el humilde orfanato donde había crecido su amada, tenía la esperanza de que ese día podría encontrarla, aunque muy en el fondo el miedo de no hacerlo se mantenía latente, era como un presentimiento que quería callar para no desanimarse de seguir intentándolo.
Continuará…
Hola hermosas! ya apareció Candy, y ahora sabemos dónde no se refugio, pero que sí está en contacto con sus madres de vez en cuando, existen tantos lugares donde la pecosa pueda esconderse pero ni a ellas se los ha revelado. Espero les haya gustado el capítulo, ya falta poco para que se encuentren nuevamente. ¿Están emocionadas? ¿O desesperadas?
TeamColombia:
Hola hermosas, espero hayan pasado un excelente día de las madres todas ustedes (las que son mamá) y si aún no lo son que hayan consentido a su mamá. La pecosa apareció y no quiere decir donde se está escondiendo, esperemos que ya pronto puedan encontrarse ambos para que arreglen sus diferencias. Muchas gracias por comentar hermosas, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
P.D. Muchas gracias por sus felicitaciones.
Luna Andry:
Hola Luna! Ya son hermanos! por fin hablaron estos dos como personas civilizadas y no con los puños de frente, aunque por ahí me pedían más golpes entre ellos, no te creas si gasta pensar en tanto pleito, luego un se lo cree jajaja.
Terry tiene ahora que enfrentar a sus futuros cuñados, ¿Lo aceptarán fácilmente? Eso el tiempo lo dirá, aunque sería una pena perder esas peleas y enfrentamientos entre el elegante y el rebelde ¿No lo crees?
Amiga hermosa, como siempre un gusto que hayas leído el capítulo, te mando un fuerte abrazo!
Cla1969:
Ciao meraviglia! Spero che tu stia bene e che tu abbia passato una bella giornata domenica. Alla fine Candy è arrivata, è stato molto senza sue notizie e non era giusto, ora aspetteremo che ritorni così Anthony potrà parlare con lei e risolvere le loro divergenze. Sono felice che tu possa capire la traduzione perché questo Google non sa tradurre bene ahahah. Ti mando un grande abbraccio, bellissima.
Rose1404:
Hola hermosa! Me alegra saber que están muy bien! El 26 de mayo lo celebran? Espero no olvidarme para felicitarte ese día. Haces bien en disfrutar al pequeño Anthony, merece todo tú tiempo y amor antes de convertirlo en hermano mayor.
Y Candy apareció, tal como lo deseabas, se está escondiendo todavía hasta de sus madres, con mayor razón de nosotros y de los Ardlay, creo que esta vez la pecosa si está molesta con ellos. Terry también tendrá que insistir un poco con Amelia, pero creo que ella lo perdonará más pronto.
Muchas gracias por leer y comentar siempre amiga, te mando un fuerte abrazo.
Silandrew:
Hola hermosa! Espero que a pesar de que tus hijos ya trabajen hayan tenido un tiempecito para abrazar y mimar a su mamá, (aunque creo que debe de ser cuando se están juntos y no solo el día de las madres). Espero lo hayas pasado muy bien.
Hay hermosa, tienes razón, había mucha hipocresía y tantos protocolos que sabemos que Candy no aprendió están interfiriendo mucho entre ellos, una disculpa por tu molestia, pronto acabará te lo prometo.
Jajajaja te prometo que ya será menos de Terry y Amelia jajaja, tienes razón ellos no son los protagonistas de esta historia, ya vendrán los capítulos de los rubios te lo prometo.
Te mando un fuerte abrazo hermosa, gracias por comentar y estar pendiente de la historia.
Julie-Andley-00:
Hola hermosa! ¿Cómo estás? Espero que muy bien. Al contrario, gracias a ti por leer y darte un tiempo para dejarme un comentario. Espero que hayan pasado un día increíble las mamá de tu familia.
Candy apareció y pronto podrán hablar (eso espero) y Terry ya habló con su papá y con su hermano, solo le falta Amelia, pero creo que le está sacando la vuelta, ¿Será por el cuñadazo que se va a echar encima? La historia avanza y el nudo que se apretó se comienza a aflojar, esperemos que sea rápido.
Amiga te mando un fuerte abrazo.
Mayely León:
Hola amiga! Espero hayas pasado un día muy consentida y regalada. Candy apareció! por fin! y no está donde creímos que estaba... bueno sí... pero no... anda escondida y no revela dónde, pero Anthony ya llegó a buscarla y está dispuesto a ir todos los días para esperar encontrarse con ella.
Espero que te haya gustado el capítulo, ya falta menos para su encuentro! Te mando un fuerte abrazo amiga hermosa.
gidae2016:
Hola hermosa ¿Cómo estás? Espero que muy bien. Muchas gracias por tus felicitaciones, lo pasé muy bien gracias a Dios.
Fue buena la plática con Anthony y Terry, la necesitaba, sobre todo el rubio para que dejara de sentir remordimientos, también Terry habló con su padre y parece ser que está dispuesto a conocerlo verdaderamente, falta que Anthony y Candy hablen! por lo menos ya sabe que frecuenta el hogar de Ponny, vamos a ver si se da pronto ese encuentro, espero que sí.
Amiga hermosa, muchas gracias por leer y por dejarme un comentario. Te mando un fuerte abrazo como siempre, te deseo un lindo día.
María José M:
Hola hermosa, muchas gracias por tus felicitaciones, pero por supuesto que en el cielo también se celebra! y te aseguro que ellas se conocen y se abrazan mutuamente. Gracias hermosa, también te quiero mucho, aunque seas mi diablito del hombro izquierdo jajaja.
Amiga, creo que muchas quisiéramos que las cosas no hubieran sido así, pero desafortunadamente son más las que están en desacuerdo con esta pareja que para mí es la mejor de todas, y estoy de acuerdo contigo, ojalá así hubiera sido. Muchas gracias por leer espero que estés muy bien. Seguimos platicando por mensaje.
Mía Brower Graham de Andrew:
Hola mía! Un gusto saber que sigues al pendiente de la historia, gracias por dejarme un mensajito. Te mando un fuerte abrazo como siempre.
ViriG:
Hola hermosa! Espero que estés muy bien, ¿Qué te ha parecido la historia hasta donde vamos? Te mando un fuerte abrazo.
Usagi de Andrómeda:
Hola hermosa, sé que llegarás hasta aquí, espero que estés muy bien y muchas gracias por leer.
Muchas gracias a todas y cada una de las personas que leen en forma anónima, gracias por darme un espacio en su tiempo. Espero que hayan celebrado un excelente día de la madre y que las hayan consentido mucho.
GeoMtzR
13/05/2024.
