Querido Diario:
Te juro que esa chica me volverá loco.
El día de hoy, Toph y Katara se fueron al Spa (si, por supuesto que Toph fue llevada la fuerza), dejandonos solos a Sokka y a mi. Como siempre, jugamos a las cartas y un poco al Pai Sho ―solo un poco, porque Sokka es muy mal jugador y yo siempre le gano―.
Cuando regresaron, Katara apareció usando un kimono celeste y verde, con estampados de flores, demasiado pegado al cuerpo.
¡Espíritus... estaba muy hermosa! La ropa abrazaba cada curva de su ser de una forma muy atrevida que no habia visto antes, pero que, debo confesar, realmente me atraía. Traía el cabello semisuelto, con adornos pequeños en tonos azul que combinaban con esos ojos que tanto me encantan. ¡Y esa sonrisa...! Creo que estuve hipnotizado durante un buen rato.
Y como si no fuera suficiente, mi amorcito vino y se sentó a mi lado. Preguntó a qué estabamos jugando ―ahora entiendo que estaba planeando algo― se inclinó hacia mi, demasiado cerca, y fingió analizar el tablero.
¡Desde mi altura pude ver su escote! El kimono se habia aflojado un poco, abriendose al compas del movimiento de Katara. Ese dulce aroma a flores, intensificado por su baño en el Spa, su piel, sus claviculas, su pecho y apenas el inicio de sus... Oh, Espíritus.
Sé que debi apartar la mirada, no era correcto que la estuviera viendo ¡pero no pude!
Y quizas, no quise. Lo estaba disfrutando demasiado.
Justo en ese momento, sentí una mano escurridiza sobre mi rodilla. ¡Era Katara! Y la fue subiendo por mi muslo izquierdo lentamente. Por Roku y Kyoshi, ni el rayo de Azula fue tan electrizante como el escalofrío que me recorrió entero en ese instante, provocado por la forma en la que me estaba tocando.
Ah, y esto no termina ahí.
¿Sabes lo que hizo después? No, por supuesto no. Porque tu piensas que esa muchachita es un angelito espiritual.
¡Pues no!
Giró hacia mi y me susurró:
―¿Te gusta lo que ves, cariño?
Nunca sentí mi garganta tan seca y mi cara tan caliente como en esa ocasión.
¿Que si me gustaba? ¡Por supuesto que me gustaba! ¡Me encantaba! Y eso que no vi nada realmente... pero lo poco que estaba a mi disposición, la breve piel expuesta... Espíritus...
Justo entonces, Sokka volvió ―se había retirado al baño antes de que llegaran las chicas, y Toph se había dirigido directamente a la cocina apenas puso un pie en el lugar― y me preguntó la razón por la que estaba tan colorado. Por supuesto, desde su ángulo no podía notar lo que su hermana me estaba haciendo.
Katara respondió antes de que yo pudiera hacerlo.
―Oh, déjalo en paz, Sokka―lo regañó―. Solo tiene un poco de calor, ¿verdad, Aang? ―volteó nuevamente hacia mi, mientras subía y bajaba peligrosamente su mano sobre mi muslo.
Podría haber jurado que casi me daba un infarto cada vez que se acercaba demasiado a mi... bueno, ya sabes, a esa parte, je.
Para mi fortuna, el asunto terminó allí, y Katara detuvo aquella intoxicante pero adictiva tortura.
Por todos los Avatares, querido diario, esa chica va a matarme un dia de estos.
Aunque, para serte sincero, no me molestaría en absoluto morir por su encantos.
