- Te juro que lo guardé aquí, Mousse. No es posible, cómo pudo desaparecer así?. Incluso hice un respaldo, pero tampoco está!

Su esposo la miró por un instante antes de responderle.

-Tranquila, mi amor. Debes haberte confundido otra vez.-resaltó él- Has estado muy estresada.

Ella se dejó consolar en brazos de aquel hombre con el cual había compartido los últimos 9 años de su vida.

-Afortunadamente yo también estuve trabajando en una propuesta para el cliente.

-De verdad, Mousse? Muéstrame, quiero ver!

-Por supuesto, te la mostraré más tarde-respondió evasivo él, besando su frente- ahora lo importante es no perder el contrato.

-Al menos dime cuál es tu propuesta. Sabes que he estado siguiendo este negocio con especial cuidado y no quiero que nada salga mal...

-No confías en mí, Akane?

La pregunta, ya tantas veces hecha, la incomodó como siempre. Aún así se obligó a sonreír y asintió con un débil "sí, sabes que confío en tí, amor".

A falta de tiempo la propuesta de negocio que Mousse había desarrollado fue presentada ante el cliente y el contrato fue dado con él a la cabeza de todo.

Por supuesto que ella se alegró pero no pudo evitar la extraña sensación en su pecho al leer la propuesta de su esposo: Era jodidamente similar a la suya, casi como un calco, con apenas diferencias muy mínimas.

Cuando le comentó a Mousse la semejanza entre ambas propuestas, su esposo reaccionó indignado, pero también preocupado por su salud.

"Me preocupas demasiado"-dijo él tomándola por los hombros-"te tomaste las pastillas que te recetó la doctora?"

Lo peor es que no tenía forma de probar nada, ni siquiera a ella misma, mucho menos a alguien más. El archivo simplemente había desaparecido sin dejar rastro.

Mousse la había convencido durante los meses recientes de que su memoria, o aún peor su mente, le hacia confundir las cosas y la había llevado con una doctora china, amiga de la universidad de él, que le aseguró que con aquellas cápsulas herbales el estrés que la hacía confundirse sería cosa del pasado.

Iban a su consulta una vez al mes.

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Los meses pasaron, pero lejos de mejorar, ella cada vez se sentía peor.

Había terminado por dejar la empresa familiar a cargo de su esposo y pasaba el día en casa. La medicina china, pensaba ella, le causaba más mal que bien. Demasiados efectos secundarios.

Y, recientemente, las alucinaciones se unieron al carrusel de eventos. Algunas de ellas eran muy reales.

Una tarde en la que había logrado conciliar el sueño, después de días sin dormir, despertó al escuchar una risa femenina en el recibidor.

Bajó los primeros escalones y claramente vio desde allí como la doctora y su esposo estaban abrazados en el recibidor. Los ojos violetas de Shampoo se posaron en ella con burla y sin dejar de mirarla, besó a su esposo apasionadamente.

-Mousse!-gritó ella furiosa-Qué estás haciendo, cómo puedes traer a esta mujer a mi casa?!

Recorrió la distancia faltante hasta llegar a la puerta, dispuesta a arrancarle el cabello a esos dos. Sentía el corazón latiéndole pesadamente a cada paso. Su respiración era superficial. De golpe todo se oscureció.

-Akane, mi vida, estás bien?-la voz de su esposo la hizo reaccionar.

- Suéltame, no me toques, infiel desgraciado.-la rabia se había apoderado de ella, que lo golpeaba incesantemente en el pecho.

-Infiel yo? Akane, por Dios. -exhaló con angustia Mousse- Tranquilizate, no sé de qué me estás hablando. Te encontré desmayada en el jardín. Por qué saliste? Es peligroso en tu estado de salud.

-No intentes engañarme. Te vi con mis propios ojos. A los dos, par de desgaciados, en mi propia casa, a ti, besándote con esa Shampoo-reclamó Akane

Mousse rió como si le hubieran contado un mal chiste.

-Eso es ridículo, mi vida. La doctora ni siquiera está en la ciudad, por qué vendría a nuestra casa hoy? Te sentiste mal? La has llamado?

-Yo no llamé a nadie.

-Entonces, explícame, porque no estoy entendiendo. Me viste besándola en la sala?

-Los vi con estos ojos, Mousse, no me lo niegues.

-Admito que es una mujer atractiva, pero yo no sería capaz de hacer algo así.-dijo él en respuesta, mientras la ayudaba a levantarse-Te encontré aquí afuera hace un momento. Me asustaste, Akane. Mira, estaba por llamar a la ambulancia.-explicó mostrándole la pantalla del celular-Puedes caminar o prefieres que te lleve en brazos?

Akane lo miró con desconfianza. Ella estaba segura de lo que había visto. Lo estaba.

Se separó de su esposo y volvió a entrar a su casa disgustada y confusa. Tenía barro seco en los pies y manos, notó. Su camisón estaba sucio, tenía hojas y cesped pegados a la tela.

-Qué demonios? Acaso me estoy volviendo loca?-se cuestionó metiéndose a la ducha.

Estaba segura de lo que ella había visto, pero no podía explicarse el por qué estaba en la condición en la que Mousse decía haberla encontrado en el jardín.

Limpió el espejo empañado y le pareció que había adelgazado demasiado en esos meses, ni hablar del largo cabello descuidado y las ojeras que le adornaban el rostro. Cualquiera que la mirara la juzgaría por una demente.

Lo cierto es que aunque pasaba la mayor parte del día sola en casa, no había noche en la que no escuchara voces en la planta baja de su casa, como si una reunión se estuviera dando. O música que se reproducía aleatoriamente en cualquier momento. O ruidos extraños.

Mousse la abrazaba diciendo que él no escuchaba nada y le pedía que durmiera tranquila. Que él vigilaría y la protegería dado el caso.

Quería confiar en Mousse, pero algo dentro de ella lo hacía cada vez más sospechoso. Abrió el botiquín del baño, tomó todas las medicinas herbales y las tiró por el retrete.

No planeaba seguir tomando ninguno de esos merjunjes preparados por Shampoo.

Si es que estaba enloqueciendo, entonces ella misma se internaría en el psiquiátrico.

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La primera noche sin tomar nada, notó un cambio. Y luego más. El primero fue que dejó de sentirse una extraña en su propio cuerpo. Pero lo más significativo fue que Mousse le preguntara insistentemente, cada noche, si se sentía bien.

-Sí, déjame dormir, cielo-fingía Akane su respuesta con voz adormilada.

-Segura? Hoy no escuchas nada?-insistía su esposo, pero ella lo ignoraba, mientras el ritual de ruidos nocturnos continuaba en la planta baja.

Osea que él también los escuchaba!

Una idea empezó a formarse con mas claridad en su mente ahora que estaba más despejada.

Algunos días después, escuchó a su marido maldiciendo en el baño y luego sintió sus pasos venir hacia ella.

-Akane, qué pasó con tus medicinas?-exigió saber él

-Las tiré-contestó ella sin inmutarse, aún bajo el abrigo de sus sábanas.

-Desde cuando no las tomas!?-preguntó casi a gritos.

Akane guardo silencio. Y luego su esposo regresó al tono de voz conciliador, condescendiente y amoroso que solía usar con ella.

-Por qué lo haces, mi vida? Sabes bien que las necesitas- Bajo las sábanas, Akane sonrió.-Enviaré al mensajero para que te las traiga en la mañana. No debes descontinuar el tratamiento, lo sabes.

-Lo sé, pero no me siento bien cuando las tomo. Solo quiero dejarlas por unos días, Mousse, por favor-pidió dulcemente descubriéndose el rostro.

Mousse se sentó junto a ella y le dio un beso en la frente.

-No es posible, mi vida. Créeme, es por tu bien. Acaso no confías en mí?

-Lo hago, claro que confío en ti. Eres mi esposo.

El hombre a su lado asintió y besó el dorso de su mano antes de levantarse.

-Entonces, no suspendas el tratamiento.

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Akane recibió la caja de medicinas que el mensajero le entregó a eso de las 9:45 am. Las dejó en su bolso, sobre la mesita de centro y volvió a subir a su habitación.

Tomó las tijeras y realizó el primer corte, firme y certero. Luego otro y otro y otro corte.

Una alfombra inusual se fue formando a sus pies.

El reflejo que apreció se veía 10 años más joven, sin la larga cabellera y las ojeras reducidas a apenas círculos visibles. Las últimas noches había dormido a sus anchas.

Salió de casa a eso de las 10:30. Un vestido negro con motitas de color blanco y botas altas fueron los elegidos de ese día.

Esperó el uber que había llamado y luego se dirigió a la oficina del esposo de la doctora Shampoo, Ranma Saotome.

Como no era capaz de creerlo ella misma en principios, quería sondear el terreno antes de cometer alguna indiscreción.

Ranma, Shampoo y Mousse habían sido amigos mucho antes de su matrimonio.

No conocía mucho a Ranma, apenas habían intercambiado un par de palabras en algunos eventos, de modo que una visita social le pareció una excusa muy pobre.

Aun así, ahí estaba ella, tocando a la puerta de su despacho. Ranma abrió y se quedó mirándola varios segundos sin decir nada.

Akane carraspeó y saludó finalmente, rompiendo la incomodidad.

-Hola, por Kami, mírate, creo que no te reconocí, Akane.-se disculpó apartándose para darle paso- Te cortaste el cabello, te queda bien-señaló amistoso.-Dime, qué te trae por aquí?.

Ser sutil no era una de sus mejores cualidades, pero se esforzó lo más que pudo.

-Creo que Mousse intenta enloquecerme-le confesó apurada detallando muy superficialmente sus dudas.

Ranma la miraba con el desconcierto propio de quien oye a un loco

-Y creo que está teniendo una aventura con otra mujer.-añadió ella

-Entiendo-respondió Ranma desviando la mirada a la pantalla de su celular-No sé de lo primero, pero juraría que Mousse no te engaña.-añadió

-Lo hace, créeme-aseguró ella, omitiendo sus sospechas de que la mujer en cuestión fuese precisamente su esposa, Shampoo.

-No, créeme tú a mí. Mousse no es hombre de aventuras. Lleva como 10 años casado contigo, no es así?

-No lo entiendes.-lo interrumpió ella

-Mira, aparte de ti, Mousse solo estuvo enamorado una vez. Y hasta donde sé, esa mujer jamás tendría una aventura con él.

-No puedes asegurar eso.

-Claro que puedo, porque esa mujer es Shampoo, mi esposa, y ella nunca me engañaría. Está obsesionada conmigo, ya sabes.-bromeó tontamente.

Akane se mordió el labio con frustración, pero no quiso discutir con aquel necio que parecía negado a ver el engaño.

-Oye, sé que no somos amigos, pero dime: quieres que guarde está conversación en secreto?-le preguntó mientras garabateaba algo en una hoja sin mirar

-Por favor- respondió Akane en un bufido de hartazgo

-Bien, Mousse no lo sabrá por mi boca.-acordó Ranma

-Gracias- dijo ella y se levantó para irse, convencida de que la visita a ese tipo había sido no mas que una pérdida de tiempo.

-Akane-llamó Ranma casi al mismo tiempo 《Hablamos un poco más?.》-se leía en la hoja de papel- 《Espérame en la cafetería que está en RosePark. Aunque tarde, espérame.》- Me dio gusto verte, cuídate- se despidió cordial

-Sí, adiós, Ranma. Gracias por tu tiempo.

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Buenas, buenas, yo de nuevo (que descaro el mío). Como ya habrán notado estoy en mi etapa de venganzas, ajá. Entonces las ideas surgen y boom, tengo que publicarlas porque en borradores hay demasiado de por sí. Nada eso, voy a andar activa publicando...eso espero. Besitos!!