-Cuánto mas debo seguir esperando, Mousse?

-No lo sé. No puedo estar controlando si se toma o no las dosis de la tarde, estoy ocupado en la empresa.

-Contrata a alguien y que la obligue a tomarlas-ordenó ella

-Eso no, sería peligroso tener testigos en casa. He tenido especial cuidado en aislarnos de todo y de todos.

Shampoo protestó y se cruzó de piernas ante la explicación.

-Todo esto pasó porque firmaste ese estúpido acuerdo antes de casarte-se quejó ella.

-Su padre no confiaba en mí-respondió Mousse afligido-pensé que si podía embarazarla, al menos...

-Pero no pudiste. Fin. Ahora tienes que enviudar, porque no quiero seguir compartiendo a mi hombre.

-Pero yo llevo compartiéndote con él todos estos años, sin quejarme o pedirte que lo lastimes.

-Nuestra tribu lo permite. Yo puedo reclamar un segundo esposo. Pero ustedes solo pueden tenerme a mí-explicó Shampoo

-No me parece justo. Te estoy ofreciendo todo: mi empresa, mi dinero, mi vida y yo solo obtengo la mitad!

Lo dijo tan serio como si todo eso que él ofrecía fuera realmente suyo y no mío.

Shampoo suspiró y pareció sopesar la situación antes de hablar nuevamente.

-Llevamos meses así. Akane debió morirse hace tiempo, qué es ella, un gorila? Nadie es capaz de resistir tanto de esa mezcla.

Mi esposo intentó acercarse a ella. Quizás para abrazarla y consolarla, como a una caprichosa que no puede tener lo que desea.

Shampoo, sentada en mi escritorio, lo evitó extendiendo la pierna y clavándole el tacón de aguja en el pecho a su amante.

-Si no te das prisa con eso, iré yo misma a enterrarla en el patio.-sentenció Shampoo.-Y esta vez será en serio.

En respuesta, Mousse despegó el tacón de su pecho y lo llevó hasta sus labios besando su tobillo con devoción.

-Yo me haré cargo.

Como lo más acorde que podía seguir a esa conversación, nuestro retrato de bodas cayó de mi escritorio y los cristales se esparcieron por el lugar.

.

.

.

Si lo hubiéra planeado, las cosas no se habrían dado tan bien.

Dejé las huellas de mis uñas marcadas firmemente en la espalda de Mousse. Y marcas en su cuello igualmente.

Ranma, sentado a unos centímetros de nosotros, sonrió divertido.

-Shampoo verá eso y le dará un ataque de celos en pleno desayuno.

-Eso quiero verlo.-respondí.-Ranma, necesito que me ayudes en algo más.-pedí como si nada.-Es importante.

-Claro, dime

-Puedes dejarme unas marcas? Aquí-señalé con el índice.

Él sonrío avergonzado. Titubeo un poco. Aceptó.

Y lo supe en el mismo instante que sus labios me rozaron la piel: estaba perdida.

.

.

.

Era apenas nuestro segundo encuentro en el Palace, exactamente cinco días después del primero, pero, mientras yacía tumbada en la cama, mirando al techo cubierto de espejos donde veía mi imagen reflejada y, junto a mí, su perfil masculino que me observaba fijamente con atención, pensé:

"Realmente, es la primera vez que comparto la cama con otro hombre distinto a mi esposo. Que sea justamente Ranma es casi poético"

Fue la primera vez que la idea cruzó mi mente.

¿Deberíamos pagarles con la misma moneda?

¿Si se lo proponía, Ranma aceptaría?

¿Podría, realmente y solo por venganza, hacer algo así?

Un poco de culpa me golpeó, como si fuese yo la que estaba mal, la equivocada, la que lastimaba a la persona que la amaba pensando en tener una aventura con otro hombre.

El pensamiento se me hizo absurdo, dada la situación.

.

.

.

-No me lo dirás?-preguntó Ranma aun sonriendo- Eso es injusto, yo te he dicho todo sobre ella. Lo que le gusta, cuantas veces, cómo le gusta...

Más que despecho había cierta camaradería en Ranma. Parecía liberado y hasta divertido con la idea de que Shampoo lo estuviera engañando con Mousse.

Según el decía, comprobar su infidelidad era suficiente para deshacer el matrimonio con Shampoo bajo las leyes tribales chinas.

Y así, ahí recostados en la cama con forma de corazón, ambos habíamos estado intercambiando información sobre nuestras parejas, Mousse y Shampoo, ese par de traidores, en busca de una razón por la cual fuese posible, sino justificado, el hecho de querer envenenarme lentamente hasta morir.

Y, pronto, la conversación estaba sobre hielo frágil sin darnos cuenta.

Ranma había comentado lo celosa que era su esposa, luego preguntó si Mousse lo era conmigo.

-Nunca lo fue. Yo no le di motivos, supongo. Mousse siempre dijo que confiaba en mí ciegamente.-comenté en ese instante

Luego se cuestionó divertido el por qué Shampoo lo estaría engañando con Mousse. Dicho en sus palabras, era imposible que fuese por su "rendimiento" en la cama.

Entonces volteó y me miró con la pregunta en los ojos, como si fuese obvio que ahora era mi turno de hablar y dar detalles de mi vida conyugal.

Cuando la pregunta se formuló finalmente, no supe más que quedarme callada y mirar mi reflejo en el espejo del techo. De cualquier forma Ranma declinó en escuchar la respuesta casi de inmediato.

-Bueno, no me lo digas. En realidad, no sé si quiero saber la frecuencia de tu vida sexual con Mousse. Mejor no me digas nada.-Ranma dejó de estar acostado a mi lado mientras decía eso y pasó a estar sentado en el borde de la cama unos minutos, de espaldas a mí.

-Ha pasado mas de un año, desde la última vez que me tocó-confesé finalmente.

Sentía el rostro ardiendo. Mitad frustración y vergüenza por decirlo en voz alta.

Ranma volteó a mirarme. No sabría decir cual era su expresión en ese momento. No quería verlo a la cara. Sentía que si lo hacía me echaría a llorar en sus brazos, como una niña pequeña.

-Lleva al menos un año durmiendo a mi lado sin que pase nada...Nuestro mayor contacto son sus abrazos...para contenerme de bajar en las noches, por los ruidos-expliqué tan pausadamente que cualquier otra persona habría bostezado, pero Ranma seguía atento a mis palabras. La mirada fija en mí.-Como mucho un beso en la frente o en la mano.

Guardamos silencio unos minutos. Creo que se me resbaló una que otra lágrima, pero seguí con mi confesión al espejo.

-Solo lo hacíamos durante mis días fértiles, desde que nos casamos. Y yo, intentaba...bueno, que fuera más natural, más espontáneo o romántico, pero al final era todo muy mecánico.

-Es un imbécil, un completo imbécil-escuché decir a Ranma

Reí con amargura al recordar esa parte de mi matrimonio.

-Mousse quiso que me embarazara desde nuestro primer mes de casados, pero nunca pasó.

-Pues que bueno, sería terrible-razonó Ranma

-En algún punto él se enojó mucho. Me acusó de tomar anticonceptivos. Dejó de tocarme por casi medio año y solo volvió a hacerlo cuando accedí a ir con un especialista en fertilidad. Estaba obsesionado conque quedara embarazada.

-Y? Él también fue? -quiso saber Ranma. Negué con la cabeza.

-Y hace dos años, más o menos, empecé a sentirlo aún más distante. Él decía que era por el estrés del trabajo, que asumir una posición tan importante siendo yo aún tan joven le preocupaba.

-Hace dos años-rescató Ranma de mi monólogo-No fue por la época en que quedaste a cargo de la empresa de tu familia?. Recuerdo que hubo una cena de presentación oficial.

Asentí en silencio. Aquello fue después del accidente en que murieron mis dos hermanas. Necesitaba la pausa. Luego continúe.

-Y en algún punto, empecé a sentir que solo era mi culpa. Qué quizás Mousse me amaba, pero no me deseaba. O que al no poder tener hijos se estaba marchitando su amor...

.

.

.

Fue casi gracioso, casi. El ver despertar a mi aún esposo tan confundido a mi lado, entrando en pánico por pensar que algo había pasado entre nosotros dos.

Podría haberme reído, sin duda, en ese instante.

Y lo haría, seguro que sí. Me recostaría junto a Ranma en esa horrible cama de motel para contarle los detalles de todo, él me contaría como le había ido con shampoo y nos reíriamos a carcajadas.

Pero no ahora. Ahora era momento de consagrar mi actuación. Como antes era él quien lo hacía.

La desesperación en su rostro mientras le contaba cada segundo de nuestra detallada y romántica noche juntos solo me tentaba a seguir probándolo.

-Gracias, mi cielo, lo de anoche fue maravilloso-dije y mi voz sonó totalmente enamorada- No sabes la falta que me hacía estar en tus brazos. Te amo tanto, Mousse, tanto.

Pegué mis labios a los suyos un instante y luego me refugié en su pecho. Mousse acarició mis hombros desnudos con torpeza, aturdido aun por mis palabras y los hechos a los que no daba crédito.

Tardamos en bajar a desayunar. Cuando lo hicimos, encontramos a Ranma preparándonos el desayuno.

-Anoche no había pensado beber, al final me he tomado unas copas-se disculpó él al vernos-Shampoo y yo hemos ocupado la habitación de invitados.

-No hay problema-respondió Mousse secamente, sentándose a la mesa.

-Te ayudo a poner los platos?-pregunté yo.

Ranma aceptó mi oferta y el desayuno fue servido en silencio con nada mas rescatable que la obvia molestia de Shampoo al verme junto a mi esposo esa mañana, luciendo en la piel las marcas que Ranma había dejado para ser vistas.

.

.

.

El video se reprodujo con la claridad de imagen y audio mas digna de una premiere cinematográfica que de la humilde instalación en la que ahora se daba.

Shampoo y Mousse discutían airadamente en nuestro despacho una noche, tras una de mis "crisis nerviosas". Hubo reclamos, maldiciones, golpes y ultimátum.

También en esa reunión en el Palace, cinco semanas después de descubrir todo, tras la llamada tan inesperada y de emergencia , pude escuchar la razón de aquel entramado en el que se había convertido mi vida:

Mousse, que siempre había estado enamorado de Shampoo ofrecía todo lo mío, incluida mi vida, con tal de estar con ella.

Y Shampoo, egoísta como era, no solo aceptaba sino que ponía condiciones, exigía brevedad y desde luego se negaba a dejar a Ranma.

Lo preocupante era la promesa de los amantes de culminar a la brevedad posible con su obra maestra: mi muerte.

Sentí el puño de Ranma apretando la sábana lleno de rabia.

Hasta ese momento todo lo que habíamos visto de ellos eran sus ardientes encuentros en distintos rincones de mi casa. O las escenas circenses donde pretendían torturar mentalmente a una mujer mermada.

Pero esto que ahora veíamos, esto era distinto.

-No puedes volver ahí-murmuró Ranma-No dejaré que te vayas, Akane.

-Eso no lo decides tú. Por supuesto que iré. Ya sabes lo que debes hacer si algo me pasa.

Todas las cámaras que había instalado en mi casa eran la mayor prueba y garantía de que incluso si ellos se salían con la suya y yo moría, esos dos pagarían en prisión por lo que habían hecho.

.

.

.

Deseché la idea de tener un romance con Ranma solo por venganza casi de inmediato.

Sin embargo, la atracción que sentíamos era demasiado fuerte para resistirse o negarlo.

Después de saber los motivos seguimos reuniéndonos en el Palace. Aunque ya teníamos pruebas suficientes para un divorcio y un juicio penal, seguíamos en contacto.

La excusa era lo de menos. Eran solo excusas. La siguiente vez que nos reunimos después de la noche del somnifero en el vino, sucedió.

Mientras me reía en la entrada contándole de mis dotes de actriz, Ranma me abrazó hasta que dejé de reirme. Luego se separó para verme y en sus ojos tan sinceros, supe lo que diría.

-Creo, creo que te quiero.-dijo él-En realidad, estoy seguro. Y sé que no tienes cabeza para esto ahora, pero después de esa noche cuando me pediste que te dejara marcas en el cuerpo yo...

Besé a Ranma para acallarlo. No quería escucharlo, solo sentirlo. Dejar a mi cuerpo y no a mi corazón o a mi mente tomar la desición.

Lo besé como si mi vida dependiera de sus labios y él me devolvió el beso con la misma necesidad.

Ese, por supuesto, no era nuestro primer beso.

Nos habíamos besado estando en mi cama, con Mousse inconsciente a un lado nuestro, hasta que mis labios se hincharon. Hasta que mis dedos se enredaron en su cabello. Hasta que mi voz se perdió en la noche. Hasta que sus besos extrajeron el veneno y sus caricias borraron el dolor. Nos besamos y sus manos y labios dejaron marcas en mi piel que aun no se habían borrado.

No hablamos mucho esa noche.

Todo había sido para darle mas realismo a la escena de la mañana siguiente. Lo sabía. Ambos lo sabíamos.

Eso no era verdad. Había pasado por algo más.

Entramos a la habitación basándonos, tropezamos, nos reímos y nos recostamos en la cama que tan fea me pareció siempre.

Mi respiración agitada mientras sus manos luchaban con el boton de mi blusa blanca.

Su torso bronceado en todo su esplendor ante mí cual escultura griega cuando él se arrancó la camisa.

Sus manos recorriendo la longitud de mis piernas y su lengua mezclando su sabor con el mío una y otra vez hasta hacerse uno.

Un sonido obsceno y vergonzoso surgió de mí en medio de todo. Y fue como si mi cerebro hubiera hecho click finalmente.

-Ranma, basta-pedí y él tardó en reaccionar, un gruñido en negación. Luego me miró confundido- Aquí no-expliqué acariciando su rostro.

-Aquí no-repitió él no muy convencido.

Hablamos. Aquí no, repetí.

Nos besamos. Tienes razón, aceptó él.

Mis manos acariciándolo. No es el momento, sugerimos ambos a la vez.

Sus labios recorriéndome. Es lo mejor...Por favor, por favor, no te detengas.

Repetimos en cada reunión durante las siguientes ocasiones...

Parecía que con Ranma en dos semanas siendo amantes yo descubría cosas que estando casada por nueve años con Mousse jamás había experimentado.

A plena luz y por primera vez, disfrutaba en la cama. Veía nuestro reflejo en los espejos y me encantaba. Cada sensación era nueva.

Lo mejor es que no había una promesa de amor. No había ese "confía en mí". Ni siquiera había futuro.

Pero estaba él.

A mi lado. De mi parte.

Sosteniéndome.

Sobre mí. Debajo de mí.

En medio de mí. Dentro de mí.

En mí.

Cuando Ranma dejó inconsciente a Mousse y Shampoo, no imaginé que sería tan útil acostarme a su lado esa mañana y fingir una noche apasionada.

Shampoo estaba "molesta y decepcionada" de él, de que la hubiera traicionado tan fácilmente. Así que se distanciaron. Lo cual fue muy oportuno.

No creí que presenciar una pelea entre amantes fuera tan...divertido? Sí, divertido. Sobretodo estando Ranma a mi lado.

.

.

.

Le di la noticia y él festejó como si se hubiera ganado la lotería. Gritó eufórico. Me abrazó y me besó.

Me lavé la boca siete veces después de eso.

Me cuidó tanto durante el embarazo. Oh, mi salud estaba ya rebosante en los primeros cuatro meses.

Él se encargó de difundir la noticia. En la empresa. Nuestro círculo social. Una gran noticia y una gran celebración.

Y suspendimos totalmente la medicación, obviamente.

Podía hacerle daño al bebé.

Me reí tanto de eso. No había razones para que él festejara.

Porque eramos nosotros los que lo estabamos engañando. A ellos dos. Engañados por completo.

Porque el hijo que esperaba no suyo. Era de Ranma.

Porque Mousse era estéril, tanto o más que el desierto mismo.

Porque les hice saber a todos que yo lo engañaba. Que mi hijo, no era de él.

Porque se fue de mi vida como llegó: sin nada. Humillado. Directo a una celda en prisión.

Porque a Shampoo tampoco le quedó opción mas que huir: de la ley y de su tribu. Las amazonas no ven con buenos ojos la infidelidad. Escuché que le dieron cacería hasta encontrarla. Una pena.

Porque Ranma, mi hijo y yo eramos libres de estar juntos.

Y lo estábamos. Juntos y felices.

.

.

.

Nota de la autora:

Y terminó. Jajaj ay, no tienen idea de cómo disfruté escribir y compartir este fic. Prácticamente escribí la idea basándome en un oneshot sin nombres en los personajes (puede ser cualquiera) al que llamé "Infieles". Es el borrador así que algunas cosas varían, bueno varias XD, pero la idea central era pues que las víctimas del engaño terminaran "engañando" a los infieles... no sé quizás se los comparta luego, pero había que pulirlo y surgió todo lo demás que ahora leen, ajá estoy medio loca, ya sé.

Gracias por leer y por sus comentarios, de verdad que me hacen muy feliz leerles.

Entonces, nos leemos en la siguiente actualización del fic "Prohibida". Ciao, besitos!