Capítulo 31: LA CULPA

"El hombre que no tiene conciencia ni sentido de culpa no puede arrepentirse."

CRIMEN Y CASTIGO, Fyodor Dostoevsky

El arrepentimiento es una sombra persistente que se desliza en nuestros pensamientos, como un recordatorio constante de las decisiones que desearíamos haber tomado de otra manera. Si bien su consecuencia directa es la culpa, el modo de enfrentarlo es distinto para cada uno. Hay quienes se dejan consumir por ella, mientras que en otros, surge un anhelo desesperado de redención, una necesidad visceral de mitigar el sentimiento horrendo que les consume el alma.

Ronald Weasley llevaba mucho tiempo atrapado en la lamentación inútil cuando decidió que debía hacer algo. Por supuesto, no había llegado a dicha conclusión por sí solo, sino que instigado por Hermione.

"Sentir culpa no le sirve a nadie si no haces algo al respecto", había dicho, con aquella pasión que siempre mostraba en sus convicciones, y que en otro tiempo él había amado de ella. Si bien la admiración seguía ahí, el amor que antes sentía por su amiga ya no guardaba ningún interés romántico. No después de todo lo que había pasado entre ellos. O entre ella y Malfoy.

Y aún así, sabía que tenía razón, más aún cuando siguiendo su consejo había hablado con Andrómeda para desenterrar los recuerdos que podían revelar a todos aquella parte del pasado que se había mantenido oculta tanto tiempo, y que bien podía ayudarlo a enmendar su error.

Y se había sentido tan bien, como no recordaba sentirse hacía mucho. Pero el efecto duró poco tiempo y pronto sintió que debía hacer algo más. Ir más allá. ¿No era eso lo que haría Hermione?

"Te ves especialmente feliz esta mañana, cielo", observó Molly Weasley, sentada a la mesa frente a él. Su padre, a su lado, alzó los ojos de la tostada que cubría de mermelada y asintió sonriendo. "¿Se puede saber a qué se debe?"

"Nada del otro mundo, mamá", dijo, sin dejar de sentir cierta ansiedad ante lo que tendría lugar ese día. No podía dejar de imaginar la cara de Hermione cuando viera el periódico, cuando entendiera que había ido más allá de lo que ella había pedido, cuando comprendiera que había sido más valiente de lo que venía siendo en años. "¿A qué hora llegará El Profeta?"

Su padre lo observó con curiosidad, antes de tragar lo que quedaba de la tostada en su boca. "Ya debería haber llegado. ¿Quieres que vaya por él a la…?"

El hombre no alcanzó a terminar cuando Ron se alzó de la silla en dirección al buzón que estaba a la entrada de su casa.

Efectivamente, una versión doblada del periódico estaba ahí, y sin esperar a volver con sus padres, lo estiró hasta dejar expuesta la primera plana, donde aparecía su foto- no la mejor versión de él, ciertamente- debajo del titular: "Héroe de Guerra rompe el silencio: Draco Malfoy fue un espía de la Orden del Fénix. Detalles en página cuatro".

Y Ron sonrió complacido, pensando en la impresión que daría a Hermione el periódico cuando lo viera, y en cómo todo estaría mejor ahora que todos sabrían la verdad.


"¿Que hizo qué?", gritó Hermione, arrebatando el periódico de las manos de Harry, en medio de la sala de espera de San Mungo, hasta donde su amigo había llegado con una copia de El Profeta. "No, no, no, ¡no! ¡Esto no puede estar pasando!"

"Vele el lado positivo", agregó Harry en voz baja, rascándose la nuca, "al menos no está en Azkaban para sentir la reacción de los otros prisioneros cuando se enteren". Hermione alzó sus ojos a él con expresión nefasta."¿Qué? No me digas qué…"

Hermione lo interrumpió, al comprender que una sala atestada de gente no era el mejor lugar para tener esa conversación. Tomando una de sus manos, lo arrastró hasta la sala más cercana y cerró la puerta tras ella.

"Bittercrow programó el retiro de las pociones que lo mantienen inconsciente para hoy". Explicó, notando la comprensión tomar forma en el rostro de Harry. "La mitad de los aurores de Azkaban vendrán a resguardar su habitación para que no escape hasta que le den el alta y eso ocurrirá pronto".

"¿Cuánto tiempo crees que tengamos para que Kingsley cambie de opinión?"

Hermione clavó sus ojos en su amigo casi con lástima.

"No cambiará de opinión, Harry", aclaró. "Políticamente no le conviene hacerlo".

"¿De qué hablas?"

"Es una larga historia", suspiró Hermione, dejando caer su cabeza contra la puerta. "Esperaba tener más tiempo, ¿sabes? Alcanzar a hablar con él ahora que tengo mis recuerdos y decirle…", se interrumpió.

¿Qué se supone que le diga?, se preguntó.

Si bien sabía, por la hostilidad que había mostrado por ella en su visita a Azkaban, que Draco guardaba un comprensible rencor contra ella, se preguntaba si tendría algún sentido esforzarse en cambiar ello. Después de todo, incluso si conseguía colocarlo en libertad, no tenían opciones de quedar juntos o de tener un final feliz, considerando que él estaría obligado a mantenerse oculto y en el exilio por el resto de su vida, mientras que ella…

¿Mientras que tú…?, resonó la pregunta en su cabeza, abriendo de golpe la puerta a otra serie de cuestionamientos que ahora no tendría tiempo de responder. No cuando la declaración de Ron había precipitado las cosas en su contra.

"Debo hablar con Nott"

"¿Theodore Nott?", preguntó Harry, claramente confundido, por lo que Hermione tomó aire.

"Hay algo que debes saber".

Y a medida que la historia de los últimos días dejaba sus labios, la comprensión se iba dibujando en el rostro de su amigo.

Harry sabía que Theodore Nott había tenido un pasado difícil. Detalles del estado en que fue encontrado, eran el deleite de los integrantes más antiguos del Departamento de Aurores, quienes habían agregado a la historia sus propios inventos y detalles escabrosos, a fin de hacer todo más horrible.

También estaba al tanto de las restricciones que habían puesto a su varita y el estricto control que mantenían de su sanidad mental, luego que un medimago diera la alerta de un aura oscura e inestable, que debía ser contenida y controlada.

Por lo mismo, no pudo evitar que un frío helado recorriera su espalda al tenerlo enfrente.

"¿Hay algún motivo para traer a Potter contigo?", preguntó Nott, recostado contra la chimenea de su amplio apartamento. Sus rizos castaños cubrían parcialmente su ceja derecha, mientras sus ojos negros lo examinaban con insistencia. Aunque Harry no llevaba mucho tiempo como auror, su pasado lo había vuelto especialmente sensible al peligro. Y podía sentir la oscuridad emanando de Theodore Nott. Aunque no habría podido decir que tuviera una naturaleza maligna.

"Lo hay. Necesitamos un nuevo plan y él puede ayudarnos", explicó Hermione, avanzando un paso hacia Nott, cuyos oscuros ojos se giraron a ella. "También necesitaremos a Zabini". Una sonrisa se dibujó en sus labios al comprender que Harry también había sido puesto al tanto del disfraz de Blaise Zabini.

"¿Y cuál sería este nuevo plan tuyo, Granger?"

"Sacar a Draco de San Mungo antes de que lo regresen a Azkaban".

"Eso es una intención. No un plan", dijo tajante, dejando caer su cabeza de lado y observándola con desprecio.

"¿Se te ocurre algo mejor?", interrumpió Harry, armándose de valor para enfrentarlo. No le gustaba mucho el papel de oyente pasivo. Menos cuando le molestaba la actitud de Theodore Nott hacia Hermione, como si fuese incapaz de ver que ella solo buscaba ayudar.

"De hecho, si", sonrió, con una arrogancia que hizo a Harry fruncir las cejas. "Luego de ver la inoportuna declaración de tu amigo esta mañana, llegamos a la misma conclusión que ustedes, aunque con algo más de elaboración".

"¿Y bien?", Hermione lo enfrentó cruzando los brazos por encima de su pecho, claramente más acostumbrada que él a las formas del castaño.

"Antes de decir nada", siguió Nott con expresión curiosa, "¿están seguros que quieren verse involucrados en esto? Porque su ayuda nos facilitará las cosas, y mucho", admitió, sorprendiendo a Harry, "pero una vez que estén al tanto de nuestro plan, no hay espacio para arrepentimientos".

"Estamos aquí, ¿no?", expuso Harry, algo cansado de los cuestionamientos del muchacho. "Y mientras sigues haciendo preguntas idiotas, se nos acaba el tiempo para poner en práctica lo que sea que tienes en mente. Así que en verdad sugiero que dejes tus preguntas para otro momento y avancemos con esto, Nott. Pues te aseguro que Malfoy no tiene todo el día".

La sonrisa en los labios de Theodore Nott esta vez alcanzó sus ojos, que analizaban los de Harry con una suerte de reconocimiento.

"Siempre supe que en otras circunstancias, tú y yo nos habríamos llevado muy bien", expuso, sorprendiendo a Harry, quien se rascó la nuca por reflejo.

"Bueno… El sombrero pensó en ponerme en Slytherin", se encogió de hombros.

"Oh, no. Habrías sido un pésimo slytherin", explicó Nott, tomando asiento en el sofá e invitándolos a ellos por primera vez a hacer lo mismo. "¿Verdad que sí, Blaise?". La morena figura de Zabini emergió de la nada, muy cerca de ellos, haciendo a Harry saltar sobre sus pies.

"Un slytherin espantoso", afirmó Blaise. "Pero habría sido bueno tener de nuestra parte al favorito de Dumbledore", torció el labio. "Tal vez así, habríamos podido ganar alguna vez".

Harry separó los labios para defender a su antiguo director, o las victorias de su casa, pero sabía que algo de razón había en el comentario del monero, por lo que volvió a cerrarlos, antes de cambiar el tema.

"Y entonces, ¿cuál es el plan?"

Los ojos de Theodore Nott nunca le habían parecido tan brillantes como entonces.


Cassiopeia Bittercrow jamás había tenido pretensiones de ser una heroína. Su naturaleza era más bien la de una Ravenclaw, sedienta de conocimiento y en una constante búsqueda de hallar solución a los problemas del mundo.

O más bien, a aquellos que podía solucionar.

Voldemort nunca fue un problema a su alcance y por lo mismo le resultaba ridículo que se hubiese esperado de ella algún tipo de oposición a su régimen. Hizo lo que pudo, como muchos otros, sanando a quien podía sanar en medio de una ola de destrucción y muerte.

Pero eso no significaba que no pudiera admirar el heroísmo cuando lo tenía en frente, y Hermione Granger cumplía bien ese papel para ella. Era de las pocas personas que no se dejaban cegar por las convicciones, sino que eran capaces de ver los matices que daban la relatividad a todo. Por eso, no le sorprendió del todo tenerla en su oficina, pidiendo su ayuda para dejar escapar a Draco Malfoy.

Y aun así, ella no era una heroína, ni pretendía serlo.

"Lo que me pide va en contra de todas las reglas, señorita Granger", expuso, bebiendo tranquilamente de su taza de té. La joven frente a ella no parecía dispuesta ni a probar el suyo. "Y hasta de un juramento que usted bien conoce, y que debería recordar".

"La base del juramento que hacemos los medimagos es ayudar a otros".

"Con nuestro arte", aclaró. "Es usar la magia para sanar. Lo que usted me pide es mentir y engañar, para darle espacio a sacar al señor Malfoy de aquí".

Si lo analizaba, Cassiopeia debía admitir que incluso hacer esa solicitud requería audacia y valor de parte de Hermione Granger. Y algo de confianza en que ella no la delataría.

"Estoy pidiendo que me ayude a evitar que lo maten".

"No sea dramática, señorita. Los guardias evitarán que los otros prisioneros lo maten".

"¿Y usted se conformará con curar sus heridas y mandarlo de vuelta, hasta que logren acabar con él?".

"Tal vez se sorprenda. El señor Malfoy ha sobrevivido bastante más de lo que usted cree".

"¿Y eso hace que deba seguir aguantando, aunque no lo merezca?".

La taza de té quedó detenida entre sus labios y la mesa, ante el eco de un recuerdo.

Cassiopeia había soportado muchas solicitudes y reclamos en su vida, al extremo de volverse inmune a ellos.

O eso intentaba.

La chica castaña que pidió que mintiera por su padre. Y no lo hizo.

El auror rogándole que no diera a conocer su enfermedad para no perder su puesto. Y no lo hizo.

La madre clamando por una salida para su hijo. Tampoco lo hizo.

Aunque debía admitir que los ruegos de Narcissa Malfoy fueron por lejos los que estuvieron más cerca de convencerla de que algo debía ser hecho.

"Es solo un chiquillo. No se merece nada de esto", le gritó, pocos días antes de encontrar su propia muerte por traición. Y Cassiopeia agradeció no haber cedido a sus ruegos, o ella misma habría terminado muerta. ¿Y quién habría ayudado entonces a sanar a todos aquellos que ella ayudó?

Pero eso no evitó la culpa. E intentó ayudar al chico en el único modo que encontraba de hacerlo: sanando sus heridas y guardando silencio, incluso cuando presenció cosas que daban clara cuenta de que las lealtades del rubio no estaban con el mago oscuro.

"¿Esperaba algo menos de Hermione Granger?", recordaba bien sus palabras, así como el modo en que sus ojos grises miraban a su prisionera, sin burla, en una especie de admiración silenciosa que Cassiopeia sabía identificar muy bien.

Aunque nunca nadie me ha mirado de ese modo.

Es el modo que se reserva para los valientes.

"Tengo curiosidad, señorita. ¿Por qué este repentino interés en el señor Malfoy?".

"Usted sabe por qué", el reclamo estaba claro en sus ojos.

"De modo que ya recuerda", sonrió en dirección a Hermione.

"Recuerdo que usted sabía que podía hacer algo. Recuerdo que yo esperaba que lo hiciera y recuerdo que no hizo nada".

"Hice mi trabajo, señorita Granger".

"Esa es la excusa que se ha dado históricamente para justificar las peores injusticias del mundo". Cassiopeia apretó los labios e inspiró profundamente, sin saber qué decir.

Extrañamente, el rostro de la joven parecía suavizarse.

"Señora Bittercrow, sé que ha salvado muchas vidas y también sé que no tengo derecho a pedirle nada. Sin embargo, su silencio hasta ahora, al no llamar a los guardias para denunciarme, me indica que usted reconoce que la condena de Draco es una injusticia. Puedo ver la culpa en sus ojos, porque es la misma culpa que yo siento. Esta es mi oportunidad para hacer algo, pero necesito su ayuda."

"¿Y si no quiero ayudarla?"

Hermione Granger no pareció sorprendida, sino decepcionada cuando pestañeó.

"Me tomará más tiempo. Pero lo intentaré igualmente".

Para lo que no se soluciona con el tiempo…, recordó las palabras dichas por la joven en otro tiempo, hay que ser valientes.

Y recordaba también cómo habían dolido.

"Dudo que el tiempo pueda servir de algo en el caso del señor Malfoy", dejó escapar Cassiopeia. La joven pestañeó por reflejo, mostrando su turbación. "Supongo que no nos quedará más que ser valientes".

Curiosamente, Cassiopeia Bittercrow no sintió el miedo que creía cuando Hermione tomó sus manos y sonrió. Sino que se sintió… Bien.

Tal vez la valentía era contagiosa. O tal vez, simplemente sabía que había llegado el momento de hacer más de lo que debía hacer. Había llegado el momento de ser valiente.

-Fin del Capítulo 31-

NOTA: PERDÓN LA DEMORA. TEMAS LABORALES ME TUVIERON OCUPADA, PERO YA DE VUELTA.

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