Antes de partir: Lunática22, Hadramine, Smellswinter, NarradoraNueva, Wendisnice, Amedelune, Delfina, y a ti, GallieSol17, pues son quienes me mueven a seguir escribiendo esto... Gracias.
Capítulo 33: MINISTERIO DE MAGIA
"Las prisiones de hierro y piedra son como cualquier otra cosa en este mundo: no son eternas. El tiempo las desgasta; y si el tiempo no es suficiente, el hombre puede terminar la tarea que el tiempo ha comenzado. Pero hay otras prisiones más terribles aún, las prisiones del espíritu y del corazón, donde nos encerramos nosotros mismos, y de las cuales la fuga es más difícil, porque no hay muros que derribar ni barrotes que romper, sino pensamientos y sentimientos que superar."
EL CONDE DE MONTECRISTO, Alexandre Dumas
El cielo del Londres muggle lucía particularmente oscuro mientras Draco se desplazaba oculto bajo la capa mágica, siguiendo a Potter. El cara rajada se había unido a ellos a la salida de San Mungo. Aguardaba por ellos escondido entre dos maniquíes en una tienda abandonada que Draco nunca había visto en su vida. Era la entrada al hospital desde el mundo no mágico, según adivinó.
Potter tuvo la decencia de explicarle que debían caminar hasta el Ministerio, donde se reunirían con Theo. Debían hacerlo rápido y sin usar magia para evitar ser rastreados.
"No sueltes la capa bajo ningún motivo, e intenta no golpear a nadie mientras caminamos", dijo con aquel insufrible aire autoritario que siempre adoptaba. Un vestigio de su complejo de héroe, sin duda, que en otras circunstancias Draco se habría detenido a cuestionar y contradecir. Pero en el contexto actual, se limitó a apretar los labios y obedecer. Ya habría tiempo para mandarlo al demonio.
Granger caminaba hombro a hombro con su amigo, entre gente horrorosamente vestida. Se había quitado la túnica verde lima de sanadora y llevaba puesto un polerón de un aburrido color rosa pálido, con la capucha cubriendo su maraña de cabellos de un modo bastante efectivo.
Una maraña de cabellos que tú amabas...
En escasas ocasiones durante el camino, Granger giraba su rostro por encima del hombro, como para asegurarse de que él los seguía, pese a que difícilmente podría distinguirlo tras la capa mágica. Una acción ridículamente falta de lógica en su opinión.
Antes te parecían tiernas sus acciones faltas de lógica...
"¿Cómo entrará Nott al Ministerio?", preguntó Granger, siempre queriendo saber más de lo necesario.
¿No había sido su curiosidad parte de su encanto?
"Dijo que resolvería eso después de poner en marcha su plan para distraer a los aurores", respondió Potter, haciéndolos detenerse ante una caja negra con una luz roja encendida que los muggles llamaban semáforo.
Los autos que cruzaban la calle levantaban un viento frío que se colaba por debajo de la capa, recordándole el poco abrigo que ofrecía el mono naranja que llevaba puesto.
No era como si él no hubiera sobrevivido a condiciones más frías en Azkaban.
Más frías y más brutales.
Un temblor involuntario lo recorrió de pies a cabeza y no estaba seguro si se debía al aire helado o a los recuerdos.
"Dicen que tu amigo llora todas las noches por su mami", le susurró el guardia con olor a vinagre y colonia barata en el oído. Los ojos hinchados por los golpes le impedían verlo desde su posición hincada en el piso. "¿Cuándo vas a llorar tú?", había un morboso placer en su voz, no muy distinto del de los otros.
"Recuerda que no tiene una madre por quien llorar", rió alguien a su espalda, pero a pesar de la rabia, Draco no hizo nada por mostrar reacción. Meses de golpizas reiteradas le habían enseñado que no responder los aburría, haciendo que el calvario terminara antes.
Una última patada en el costado le hizo perder el equilibrio y caer de lado, sin que las manos atadas le sirvieran de mucho para amortiguar el golpe. Tampoco tenía sentido hacerlo.
"¿Qué dices? ¿Está para llevarlo a la enfermería?"
"Démosle unos días más. Que sane un poco por su cuenta", con la punta del zapato lo obligó a girarse boca arriba. "Además, algo me dice que este va a llorar muy pronto".
Pero Draco no lloró, ni entonces, ni nunca. No permitió que lo quebraran. Y esa fue la pequeña victoria a la que se aferró cada vez que lo golpeaban o cuando lo dejaban desnudo y solo por horas en la celda fría. Y con cada maldita nueva humillación, él recordaba su victoria y la convertía en su coraza.
"¡Draco!", exclamó Granger, muy cerca de él, palpando el aire con su mano en su busca. "Debemos avanzar".
¡Y todo por tu culpa!, quiso gritarle. Pero en lugar de eso, la obedeció, echando a andar detrás de ella. La rabia le revolvía el estómago, pero no era tan idiota como para no aprovechar la oportunidad de escapar, viniera de quien viniera. Sobrevivir, sin importar cómo, era su lema. ¿No había hecho cosas peores ya para lograrlo?
"Dime que no usaremos los retretes para entrar", suplicó Granger, con el asco claro en su voz.
Draco casi rió de la ironía de su escrúpulo.
"No te preocupes", la tranquilizó Potter. "Ingresaremos por la entrada de los aurores", y tras dar la vuelta a la siguiente esquina, se detuvo frente a un muro de ladrillos cubiertos de moho, tocando una serie de ellos con su varita. "Malfoy, te recomiendo que aprietes bien la capa", advirtió, y el piso se removió a sus pies, y el vacío los succionó de golpe. Draco se sintió caer y caer por varios segundos, hasta que todo se detuvo y poco a poco siguió descendiendo suavemente hasta tocar el piso.
Al incorporarse, acomodó la mágica tela rápidamente para asegurarla a su cuerpo. A su lado, la maraña de cabellos de Granger se había liberado de la capucha y parecía haber explotado en todas direcciones, como la enredadera indomable que tantas veces había invadido su almohada.
Maldita arpía, murmuró en su cabeza, buscando el modo de alejar el recuerdo del olor a miel de su cabello, el cómo se hinchaban sus labios en los momentos más acalorados, o el modo en que palpitaba su sangre bajo la delicada piel de su cuello cuando todo acababa. ¡Cuánto había disfrutado él de aquellos instantes en las mañanas compartidas, en que la miraba y olía, disfrutando cada instante! Pensando ridículamente que si lograba mantener vivo el deseo en ella, si la complacía de un modo que la hiciera adicta, lograría retenerla con él, hasta que todo acabara. Siempre había sido bueno usando el sexo como anzuelo.
Pero al final, a ella le importó bien poco lo que él la hiciera sentir en la cama.
Y le importó aún menos lo que yo sintiera, reclamó mentalmente.
"Aguarden", susurró Potter, mirando en todas direcciones. Habían descendido a una antesala amplia, con un escritorio dispuesto frente a una serie de puertas. "Es extraño que esté tan vacío".
"Auror Potter", lo saludó una mujer de rostro ovalado y lentes gruesos, ingresando por una de las puertas. Llevaba el cabello negro en una melena de corte anguloso. "¿Has traído visita?".
"Hermione me ha acompañado a buscar unas cosas a mi oficina".
"¡Claro! La señorita Granger. Es un placer tenerla por aquí, señorita", sonrió con cordialidad, tomando asiento en el escritorio. "En otras circunstancias yo misma los acompañaría pero con todo este lío tendré que confiar en que el Auror Potter pueda guiarla en su recorrido".
"Astrid, ¿por qué está todo tan vacío?"
"¿No estás al tanto? Están casi todos en Azkaban. Me extraña que no fueras convocado también", sonrió con incredulidad.
"Es mi día libre, pero, ¿por qué han sido convocados?"
"Porque alguien ha volado toda la torre norte de la prisión".
"¿En Azkaban?", exclamó Harry sorprendido.
"Al parecer existía una conexión directa al mar en una de las celdas, de la que no estábamos al tanto. Piensan que ingresaron por ahí."
"¿Y los prisioneros?"
"Hasta ahora solo se ha reportado un mortífago desaparecido, pero aún no logran confirmar su identidad. Yo que tú me apresuraría en hacer lo que tenga que hacer, auror, antes de que Robards se entere de que andas por aquí y aproveche de convocarte también, día libre o no", advirtió, guiñándole un ojo.
Potter se limitó a sonreírle de vuelta y caminar en dirección a la segunda puerta, dando tiempo suficiente para que los tres la atravesaran antes de volver a hablar.
"¿Nott está loco?", preguntó cuando estuvieron suficientemente lejos de la entrada.
"Dijo que haría algo para sacar a los aurores de aquí", expuso Granger, encogiéndose de hombros.
"Pero nunca dijo que haría volar Azkaban. Seguro había otros modos de lograrlo que no incluyeran dejar mortífagos en libertad".
Draco no pudo evitar reírse de la ironía por debajo de la capa, atrayendo la atención de los otros.
"Me refiero a… otros mortífagos".
Granger alzó sus ojos en dirección a él, pero se mantuvo en silencio y Draco no se detuvo a preguntar dónde residía la diferencia para Potter, pues no estaba seguro de que él mismo la tuviera clara.
Apenas dieron vuelta en el último pasillo, una puerta particularmente conocida se expuso ante ellos.
"La sala de Wizengamot. ¿En serio?", preguntó con mofa.
"Investigué, y no hay rastreadores ahí, por lo que es un lugar seguro para usar un traslador, y de los pocos vacíos en este…"
No alcanzaron a ingresar cuando la risa de tres hombres les llegó desde el interior.
"Higgins, Walter", titubeó Potter, en dirección a sus compañeros. "Jordan. ¿Qué hacen aquí?"
Los hombres parecieron sobresaltarse al principio, antes de posar sus ojos en Granger y de regreso en Potter.
"Escapar de Robards, igual que tú", sonrió un rubio con cara graciosa. "Está como loco, mandando a todos a Azkaban para contener la fuga".
"¿Y qué haces tú aquí, Potter?", un hombre calvo y delgado se sonrió de lado con picardía. Sus oscuros ojos recorrieron a Granger de pies a cabeza en un modo insinuante que revolvió el estómago de Draco de tal modo, que debió usar todo su autocontrol para no dar los cuatro pasos que los separaban y romperle la nariz.
Puede ser una maldita traidora, pero es "mi" maldita traidora, se dijo, pensando que de haber tenido una varita le habría quitado la sonrisa de la cara.
Pero entonces sus ojos viajaron al tercero de ellos, un rostro oscuro, con sus rastas tomadas en una cola por detrás de su nuca, que Draco recordaba demasiado bien, tanto de Hogwarts como de Azkaban…
"¿No llamarás a tu padre ahora, Malfoy?" En sus recuerdos, las bromas del comentarista de Gryffindor habían sido reemplazadas por una risa amarga y oscura. Tan oscura como sus ojos. "¿Qué se siente pasar de tu pedestal de privilegios a ser una maldita basura?".
Lee Jordan nunca lo había golpeado. Lo suyo era el discurso despiadado y la humillación. Y en ocasiones, eso había dolido mucho más que los golpes.
Quedarse quieto y esperar a que Potter se deshiciera de ellos habría sido lo sensato. Pero se había acercado a Jordan lo suficiente para que la rabia le hiciera ver la oportunidad, y ya no pudo ser sensato.
"¿Qué… qué ocurre?", gritó Jordan, mientras la mano de Draco, invisibilizada por la capa que lo cubría, lo cogió por el cabello, arrastrándolo con fuerza hasta la pared más próxima, para azotar su cabeza contra el muro una y otra vez.
"¡Qué demonios…!", gritó alguien a su espalda, y Draco sabía que debían estarlo apuntando, pero sabía también que la invisibilidad le ganaría unos segundos, tiempo suficiente para satisfacer su ira. Al menos en parte.
"¡No!", la oyó gritar, pero el ruido de la cabeza de Lee Jordan impactando contra el muro sólido era demasiado reconfortante para detenerse, o para atender a la advertencia, hasta que un haz de luz azul pasó muy cerca de su hombro.
"¡Bajen sus varitas!", gritó Potter a los otros, y Draco se giró para ver cómo apuntaban directamente a él, con la mirada fija en los pantalones naranja que asomaban por debajo de la capa, que con todo el movimiento se había corrido.
Diablos.
"¿Quién eres?", preguntó el tipo rubio, con la varita firme entre sus dedos. "Pregunté que quién…", pero no alcanzó a decir otra palabra, cuando una fuerza invisible lo lanzó contra el muro opuesto, con una fuerza brutal. El otro auror se giró en dirección al recién llegado, pero solo para sufrir el mismo destino que su compañero.
Lo segundo que ocurrió fue que sus varitas volaron por los aires lejos de ellos. Acto seguido, Granger lanzó una bola de luz roja, invocando el hechizo Desmaius sobre los aurores, enviandolos a la inconsciencia.
"¡Diablos!", exclamó Potter, rascándose la nuca, antes de girarse al recién llegado. "Esto no se suponía que ocurriera así".
"Un poco tarde para aprender que en la vida, las cosas raras veces son como esperamos", dijo Theo, bajando la capucha que cubría su cabeza hasta descubrir sus rizos castaños, sin dejar de caminar en dirección a Draco, que dejó finalmente caer la capa y abrió sus brazos para recibir a su amigo.
Los abrazos no eran algo habitual entre ellos, y no entendía de dónde diablos había venido el impulso, pero tal vez sentir culpa por las torturas que Theo debió soportar, y agradecimiento por no abandonarlo pese a todo, hicieron que ese abrazo fuera tan involuntario como bienvenido.
"¡Rayos, si que estás fuerte!", exclamó Theo, separándose de , notoriamente incómodo, haciendo a Draco recordar cuánto confundían a Theodore Nott las demostraciones de afecto.
"No sobrevives tres años en Azkaban sin tener oportunidad para entrenar los músculos", sonrió Draco de vuelta. "¿Y Blaise?"
"Nos espera en el otro punto".
Draco tuvo el impulso de preguntar cuál era el otro punto, pero ante la presencia de Potter y Granger se contuvo. Tener a Theo cerca volvía a convertir a los otros dos en seres ajenos a su círculo de confianza.
Especialmente ella. No tener que seguir confiando en ella era un alivio.
"Lamento interrumpir su reencuentro, pero ¿te parece adecuado entrar al Ministerio sin usar siquiera un disfraz", comenzó Harry en dirección a Theo, "y después de haber volado parte de Azkaban?"
"Tranquilo, Potter", sonrió su amigo, inclinando su cabeza de lado. "Aturdí a todo aquel que intentó mirarme de cerca, y una réplica mía está participando de una entretenida sesión con mi loquero en San Mungo".
"¿Lovegood?", preguntó Draco y el modo en que se amplió la sonrisa en los labios de Theo fue toda la confirmación que necesitaba.
"Le debes esto. Mi pobre Luna está haciendo su mejor esfuerzo por parecer infeliz". Explicó, pero la sonrisa se borró de sus labios al instante en que se giró a Potter. "En cuanto a Azkaban, dijiste que necesitábamos una distracción. Pienso que fue bastante efectiva".
"Harry", lo llamó Granger. "¿Crees que podamos aplicar el hechizo desmemorizante en los aurores?", sugirió, apuntando a los tres bultos en el suelo.
"No creo que podamos implantar ningún recuerdo que explique la contusión craneal repetida de Lee Jordan", sus brillantes ojos verdes lo miraron directo a los ojos, con una clara acusación ahí. Draco se limitó a sonreír, recordando la satisfacción que aquella pequeña venganza le había provocado.
"A veces es mejor no explicar nada", expuso Nott, extendiendo a Potter un frasco con un líquido verdoso en su interior. "Dales de beber esto y olvidarán los últimos treinta minutos de lo ocurrido. Que ellos solos busquen alguna respuesta que no nos involucre".
"¿Siempre llevas contigo una poción desmemorizante?", preguntó Granger sin ocultar su sospecha.
"A decir verdad, la reservaba para ustedes. Era una forma de asegurarme de no dejar rastros en sus lindas memorias", Theo se encogió de hombros. "Pero dadas las circunstancias veo necesario el cambio de planes. Además", giró a mirarla. "Tendrás que venir con nosotros".
"¿Por qué?", la pregunta salió involuntariamente por sus labios, y la dijo con una rabia que pareció doler a Granger.
Muy bien… Que te duela, habría querido decirle.
"Blaise sufrió una especie de despartición en nuestro último viaje", expuso con expresión sombría en dirección a Draco. "La ayuda de una sanadora nos vendrá bien".
"Necesitaré pociones", se apresuró a decir Granger, echando a andar su cerebro, como si repasara las distintas opciones que tenía de obtenerlas, con el ceño fruncido y los labios entreabiertos, en esa expresión que lucía a la vez tan inocente como admirable. Draco recordaba haberse sentido más de una vez tentado a sacarla de sus pensamientos con un beso.
Como ahora.
¡Maldición!
"No te preocupes, Granger", siguió Theo, extrayendo de su capa una bola no más grande que una manzana. "Donde vamos tendrás una amplia selección de pociones", sonrió. "¿Están listos?"
"Nott, espera", lo llamó Potter. "Hermione no era parte del trato".
"¿Qué se supone que eres? ¿Su niñero?", lo desafió Draco, casi por impulso.
Como si Granger necesitara de alguien que la cuide, pensó, sintiendo la intensa mirada de ella posarse en su rostro.
Pero no cedió al impulso de mirarla, mientras avanzaba hacia el traslador en manos de Theo.
"¿Listos?", volvió a preguntar su amigo, y entonces sintió los dedos de ella rozar los suyos, antes de que todo comenzara a dar vueltas, con su maraña de cabellos golpeando una y otra vez contra su rostro, antes de que sus pies impactaran con tierra firme otra vez. Con Granger asida a su antebrazo para estabilizarse del mareo.
Por un instante, habría deseado quedarse ahí, disfrutando de la calidez de sus dedos rozando su piel. Pero la rabia acumulada era tanta, que pudo más que el deseo, y retiró su brazo con brusquedad.
"Lo siento", susurró ella, comprendiendo en su rostro su molestia.
Nunca lo sentirás lo suficiente, quiso gritarle, pero en lugar de eso, dirigió su mirada al entorno intentando acostumbrar sus ojos a la oscuridad que cubría la tarde. Sobre su cabeza, la lluvia caía en suaves gotas que humedecían su cabello y su ropa.
"¿Dónde estamos?", preguntó Granger.
Theo se sonrió de lado sin responder, comenzando a caminar en dirección a una entrada trasera a la casa que Draco conocía demasiado bien.
"Wiltshire", susurró, haciendo que ella se girara en su dirección. Draco se permitió mirarla de soslayo unos segundos. Su maraña de cabellos castaños lucía más indomable que nunca, atrapando en él las finas gotas de lluvia y resplandeciendo en la oscuridad. Sus ojos brillando como fuego, y Draco recordó por qué la había deseado en el modo que lo hizo, llegando a condenarse a sí mismo y a sus amigos, en un ridículo intento de retenerla.
¿La había amado? Sí. Fue un amor que nació del enigma que representaba para él aquella chica a quien le habían enseñado a odiar y menospreciar, pero que, sin embargo, le resultaba cada vez más admirable. Un amor que se alimentó del deseo de oírla, de tocarla, de olerla, de besarla, y de la creciente necesidad de atarla a él con lo único que creía tener para ofrecerle: lo único en lo que se sabía mejor que ella. Pero incluso en el sexo, ella aprendió rápido, y pronto fue él quien la deseaba más de lo que ella jamás llegó a desearlo.
Tampoco consiguió que lo amara.
"Estamos en la mansión, ¿verdad?", le preguntó. Draco entrecerró los ojos y caminó en busca de Theo, sin responderle.
Ella no merecía que él le respondiera.
No merecía que él la hubiera amado de la manera en que lo hizo. No merecía que, en los momentos más horribles de su encierro, él pensara en ella y la recordara como lo hacía, o que anhelara el calor de su cuerpo a su lado, la humedad de su boca sobre su piel, o el aliento tibio en su cuello cuando se hundía en ella.
Había rememorado una y otra vez cada beso y cada gesto. El modo en que mordía sus labios y entrecerraba los ojos cuando estaba a punto de explotar. La curiosidad en sus ojos cuando la exploraba de una manera que transgredía los convencionalismos, y cómo ella se abría por completo a sus deseos, sin restricciones ni tapujos. Todo esto, en fin, lo había llevado a creer que ella también lo amaba.
Pero todo fue una mentira que él se dijo a sí mismo.
Al menos no podía reclamarle su franqueza. Ella nunca dijo que lo amara. Fue él quien quiso creerlo así.
El chirrido de la amplia puerta que daba al jardín trasero de su antiguo hogar lo trajo de regreso a la situación en que estaban. Draco se percató de que aunque seguían en el patio, la lluvia había dejado de caer, como si un hechizo hubiera sido puesto sobre sus cabezas.
A unos pasos de él, Theo se inclinó ante una figura sentada en el piso, sosteniendo su espalda contra un amplio pilar.
"¿Cómo sigues?", preguntó Theo.
"Deseando otra botella de whisky", sonó la voz de Blaise, sin ningún disfraz esta vez. ¡Cómo había odiado verlo en su máscara rubia cada vez que lo visitaba en Azkaban! "Ya me terminé la primera y sigue doliendo como el diablo", sus ojos negros se posaron finalmente en él.
"Espero que sepas que con esto termino de saldar cualquier deuda de vida que tuviera contigo, Draco", advirtió.
"Yo también te extrañé, Blaise", sonrió, inclinándose junto a él. Advirtiendo el modo en que la mano del moreno presionaba su hombro.
"¿Qué pociones necesitas, Granger?", preguntó Theo, recobrando su expresión hostil.
"¿No me digas que la trajeron a ella?", alegó Blaise. "¡Diablos! ¿No había otra opción?"
"Ya te dije que puedo ser un genio, pero la medimagia no se me da bien, y te necesitamos entero para el nuevo salto".
Blaise murmuró un par de maldiciones más, antes de que Granger se hincara a su lado y le permitiera ver su hombro.
"Necesitaré díctamo y verruga de bazo", comenzó ella frunciendo el ceño con actitud analítica. Draco la odiaba por lucir tan jodidamente atractiva cuando hacía eso. "Y alguna poción para el dolor".
"Sé dónde encontrarlo", se adelantó él, caminando en dirección a una de las puertas. Lo que fuera por escapar de ella.
Pero no había avanzado ni dos metros cuando un bulto en el piso lo hizo trastabillar y casi caer. Acomodando los ojos, se percató de que no era cualquier bulto, sino las piernas amarradas de un cuerpo.
"¿Qué demonios?"
"¡Ah!", escuchó la exclamación de Theo, quien se acercó al bulto y, con un movimiento de su mano, hizo que el cuerpo se incorporara mágicamente, quedando hincado con la cabeza cubierta por una bolsa roñosa. El mono naranja estaba pegado al cuerpo en algunas partes, aunque Draco no sabía si era por sangre o agua. "Olvidé mencionarte que nos trajimos un recuerdo de Azkaban".
El hombre se removió entre las cuerdas, como si la nueva posición lo hubiera despertado y quisiera liberarse de las ataduras. Theo agarró la capucha que cubría su rostro y la jaló, revelando la expresión pálida y enferma de un hombre amordazado, cuyos ojos, negros y malignos, Draco conocía bien. "Seguro que recuerdas a mi padre".
Y aunque él y Theodore Nott habían sido amigos desde la infancia, nunca había visto sus ojos brillar con un odio tan oscuro y profundo como entonces.
-Fin del Capítulo 33-
No me odien por la demora, por favor… El exceso de trabajo me tiene con escasez de tiempo… pero hago lo que puedo. Gracias por comentar, gracias por seguirme, y gracias por preguntar si sigo viva… jeje.
Respecto a Draco en este capítulo, es la primera mirada que tenemos a sus pensamientos en la historia, y puse mi mayor esfuerzo en resaltar que sus pensamientos de rabia y rencor contra Hermione son bastante más superficiales que el deseo y admiración que sigue sintiendo por ella pese a todo, aunque el dolor en este momento no le permita admitirlo. Por favor, háganme saber si cumplí mi objetivo.
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UN ABRAZO A TOD S,
Alex
