«El amor es una forma de prejuicio. Amas lo que necesitas, amas lo que te hace sentir bien, amas lo que te conviene».

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Él la mira por encima de los ninjas en el comedor, sin temor a hacer contacto visual y bajo la protección que le otorga que la noticia aún no se ha hecho pública. Han pasado tres noches ―quizás cuatro, el tiempo es un poco relativo estos días― desde que la bomba explotó en su cara, y Kakashi no ha buscado manera de establecer comunicación con ella.

En defensa propia, Sakura también se siente abrumada. Si él la hubiese buscado primero, ella le huiría de él como la peste, se escondería bajo las rocas y aparecería el día del nombramiento improvisado con un traje ceremonial ―también improvisado―, diciendo: ¿Tienes los anillos?

Una kunoichi de la nube hace que se rompa el contacto al sentarse en la mesa de Kakashi, ella se inclina justo delante de la cara del hombre mostrando su escote prominente, y él shinobi se ve ligeramente impresionado con la cercanía de sus pechos bronceados. Sakura puede sentir una vena hincharse al costado de su cuello, tiene las manos tan apretadas en la cuchara de sopa que el metal se calienta y le deja marcas rojas en medio la palma.

Tiene que resignarse a verlo como el momento de escapar, pero se siente casi culpable por los sentimientos que bullen en medio de su pecho. Kakashi no es suyo, se lamenta, ni siquiera ahoera que la aldea se lo impone. No volverá a pasar, lo prometo, sus palabras le atormenta la mente y el corazón.

Es abordada por Yusuke antes de levantarse. Su cordialidad y sonrisa amable la dejan clavada en el mismo sitio. Él trae un cabestrillo y se ha cortado el cabello muy bajo, se ve cansado y algo curtido por el sol, pero es varonil y apuesto aun. Lo que le gusta de él, suele ser la capacidad que tiene para despertar miradas curiosas sobre ellos sin esforzarse.

―Pensé que habíamos quedado como amigos.

Ella suspira, se siente tres veces su edad cuando debe tener estas conversaciones.

―Lo somos.

―¿Y por qué no me visitas?

―Las visitas de amigos no implican tener sexo, Yusuke-san.

Él pone los ojos en blanco y hace un quejido.

―Sexo de amigos. Casual. ―Él ignora tantas cosas de ella.

―¿Alguna vez no lo fue?

―Vamos, Sakura. Mi unidad será trasladada pronto, volveré a Suna hasta que pueda recuperarme del brazo.

―Que tengas un buen viaje, Yusuke-san. Te deseo lo mejor.

Ni siquiera puede terminar de comer. Yusuke la mira abandonar el comedor, pero, tras él, la mirada de Kakashi pesa mas que mil ojos curiosos.

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A las dos menos cuarto aparece Eiko en la puerta de lona. Ella salta de su lugar junto a una camilla se dirige a él con las manos brillando en verde. La urgencia de su entrada le hace saltar del modo médico clínico hasta el de un médico de combate, pero él rechaza su examen tomándola por las muñecas suavemente y llevándola hasta la esquina de la tienda, lejos de los oídos atentos de los pocos pacientes despiertos.

Huele a sudor y cenizas ―como la mayoría de ellos― pero se ve bastante limpio en comparación con los shinobis que regresan del campo de batalla. En otra circunstancia eso podría excitarla un poco. Eiko es una masa caliente de feromonas cada vez que choca con ella.

―¿Estas bien?

―¿Por qué no lo estaría? ―Su entrecejo se frunce como si estuviera contemplando un pensamiento desagradable―. Quería hablar contigo acerca de algo.

Ella se zafa de su agarre y cruza los brazos.

―Cuando todo esto acabe y regrese a Iwa, quiero que nos enseriemos.

La respuesta sale sin pensarlo, con más seguridad de la que pretende:

―No.

―Sé que somos casuales, pero si tal vez me dieras la oportunidad yo-

―No. No estoy hecha para relaciones internacionales, no me gustas tanto para eso. Fue algo de momento y el momento ya pasó.

Él la mira inexpresivo ―o lo que piensa que lo es― pero Sakura lo lee con facilidad y sabe que más que repudiar su respuesta, está buscando algo para lastimarla.

Eiko es pura sangre caliente la mitad del tiempo.

Inútil, se dice, solo hay alguien que puede lastimarla y definitivamente no es él.

―Entonces los rumores son ciertos.

La chica pone los ojos en blanco.

―¿Qué soy la fácil del campamento? Dime algo que no sepa.

Luego de una sonrisa sardónica, su cara se agria y se retira sin decir una palabra. La indiferencia es una manera de hacerle daño. Ella recuerda que, en medio de la noche, reposando sus encuentros carnales, ella le ha confesado lo mucho que odia la indiferencia.

Por supuesto, la ley de hielo de Eiko no es ni la mitad de dolorosa que la de Kakashi, pero la realización de esto la lleva a pensar en todo lo que Kakashi hace ―o no hace― justo ahora.

Él hace una protesta silenciosa contra ella y este matrimonio forzado. Es como la huelga de hambre a la que se sometieron cuando eran niños, solo para que Choji pudiera recibir dos porciones del comedor de la academia. Tan silencioso como mortal.

Si Kakashi se rehusa a unirse a ella ―o ella a él― eso podría matarlos.

De regreso a su tienda, con el sol cayendo a sus espaldas, los susurros la siguen a cada paso. Algunos la miran con asombro, otros la miran con asco.

Eiko debió haber dicho algo sumamente ofensivo para lograr que incluso esa Kunoichi agradable de las nubes le dé una mirada de reojo.

Sakura se detiene, se mira las sandalias llenas de barro y se toma un instante para olerse las axilas. Nada de ella está fuera de lugar, pero los cuchicheos continúan en la fila del comedor, y lo único amable que encuentra entre tantas caras desconocidas, es la cara de un genin Akimichi que sirve su estofado.

―¡Muchas felicidades, Sakura-sama! ―Su cabello rojo casi toca el borde del plato mientras trata de hacer una reverencia ―. Soy Akio Akimichi. Puedes repetir cuando desees, solo búscame.

Y en la mesa que todos despejan para dejarla comer sola, Sakura une los cabos sueltos. Las felicitaciones fueron suficiente.

―¡Oh, por Dios! ―se cubre la cara con las manos.

Lo sabían. La noticia es radiactiva en el campamento, es veneno que pica y se extiende.

Ella busca su melena plateada por encima de todas las caras pero no hay rastro de él. Y ahora que todos lo saben antes de hacerlo oficial, él debe evitarla como la nueva peste. La kunoichi se quema la boca con el estofado y sale a las carreras hasta las filas de tiendas que usan los capitanes para reunirse. Un anbu la intercepta mientras trata de acercarse a la lona de Kakashi y el sonido de sus sandalias en el fango hace un chasquido asqueroso cuando el enmascarado la detiene.

―Él no está aquí, Sakura-sama.

Mierda.

Y Kakashi no está en el hospital improvisado. Tampoco en la mesa reuniones jounin. Eso solo significa que está en el campo de batallas.

El estómago se le retuerce.

Ya el sol se ocultó y los niños genins regresan con las armas recuperadas.

Sakura corre hasta el grupo y obtiene una respetuosa inclinación.

―Buenas noches, Sakura-sama.

―¿Alguno de ustedes ha visto a Kakashi Taichou.

―Hokage-sama no estaba en el campo. Ahora no se le permite ir.

Entonces ella busca todo el campamento hasta debajo de las piedras y recorre cada tienda de sus conocidos, y se sienta con cada grupo de shinobis por separado hasta que se resigna.

Cuando se levanta del último grupo junto a la hoguera, uno de sus ex amantes la aborda:

―Felicidades por tu boda, Sakura-sama. ―Kai suena amable a pesar de lo agria que se ve cada mueca en su cara―. ¿Puedo acompañarte hasta tu tienda?

No es la mejor idea del mundo, ella está consciente. Su reputación es tan frágil como un pétalo de cerezo, y le returce las tripas saber que Kakashi depende de ella ahora.

Los chismes se extienden mas rápido que el fuego.

A pesar de ello, Sakura se permite tomar la mano de Kai para levantarse, y no tener hacer contacto visual con él. Evitarlo no hará que desaparezca, y Kai tampoco es de los que atacan como Eiko. Él es un poco diferente por lo que ha visto de él.

Entonces ahora que tiene muchos pares de ojos mirando, listos para decir algo sobre ella, este joven es el único que habla amablemente y no parece estarla señalando con el dedo como mono de cierto. Él posee cierta calma que viene con la edad, y de cierto modo le reconforta. Siempre y cuando permanezca en silencio y mantenga sus manos para sí, el paseo será agradable.

Y asi lo hace, caminando bajo las miradas y criticas de cada shinobi que se cruzan hasta que la deja frente a la tienda de lona que se apoya en la pared de arcillas.

―Gracias por acompañarme, pero espero tengas en mente que ya lo nuestro terminó. ―Es casi una obligación decirlo, pero está descubriendo que mientras más lo dice, mas liogero se siente en la punta de la lengua.

Asiente pausadamente.

―Jamás me atrevería a cortejar a la esposa del Hokage.

Suena demasiado formal para su gusto, casi diplomático. Ella lo ama y lo odia por igual.

Sakura lo observa perderse entre las tiendas y los chicos de la patrulla, pero cuando entra a su tienda, queda congelada de rodillas en la entrada.

Kakashi se extiende en toda su longitud encima del futón gastado. Está leyendo Icha Icha, ignorante de todo lo que pasa allá afuera y parece poco impresionado cuando la observa en la entrada.

―No tienes idea del caos que hay afuera. ―Que estúpido se siente que eso sea lo primero que comparten en días.

Una de sus cejas plateadas ―la única visible― se alza arrogante.

―¿Tu sí?

Es como si está jugando con ella y al mismo tiempo no. Nada sobre él parece serio. Ella no sabe si acercarse o retirarse de su propio espacio.

―Sí. Alguien... Alguien está diciendo cosas sobre nosotros.

La ceja sube aún mas, pero Icha Icha cae abierto sobre su pecho. Kakashi se lleva los brazos a la cabeza como una almohada. Es fascinante la tensión de la tela de su camisa abrazando sus bíceps, tanto así, que debe hacer un esfuerzo para mirar el único triangulo de piel de su cara que queda al descubierto.

―Lo sé.

Ella quiere tirar de su cabello y arrancarse mechones rosa.

―¿Y no te importa? Ya todos saben sobre el nombramiento y saben que...

Hay un suspiro cansado de su parte.

―No me importa que lo sepan ahora, se enterarían en un par de días.

―¡Pues yo encontrare al culpable! Y luego lo hare pagar y... ―¿Luego qué? Ella quiere que Kakashi llene el espacio vacío de una ira mal dirigida.

Pero él solo se sienta con su postura desgarbada y la mira como un cachorro curioso.

―Yo lo hice. Esparcí el rumor de mi nombramiento y de nuestro matrimonio.

Por un momento cree que sus oídos la traicionan, pero Kakashi luce tan serio que es imposible que sea una broma ahora. Ella sale de la tienda sin decir más y repite el proceso de hace días, donde el agua fría le congelo las neuronas, pero esta vez lo encuentra relajante.

Se lava las manos y los pies con el agua que sobra y se toma unos diez minutos mirando al vacío para asimilar las cosas.

Kakashi será Hokage. Tsunade no va a despertar. Naruto aún no aparece. Y la Alianza va perdiendo la guerra (aun cuando están en una pausa incierta).

Su matrimonio arreglado no tiene cabida ahí, parece mínimo en comparación con todo lo que la rodea, pero cuando cierra los ojos, lo único que puede vislumbrar es la cara de Kakashi acercándose a besarla en medio de la noche. La muesca en su piel palpita al ritmo de su corazón.

Toma una bocanada de aire. Ella puede con los rumores. Toma una segunda. Ella puede con el hospital de campaña. Toma una tercera. Ella puede con su vida.

Cuando regresa a la tienda, Kakashi sigue en su futón, de cara a la lona y su torso sube y baja en el compás rítmico de quien apenas toca el sueño con las puntas de los dedos.

¿Es una invitación a la cama? Piensa, y se reprende cuando la ansiedad sube por las palmas de sus manos y el calor se extiende desde la cicatriz que guarda con recelo en el pecho. Está congelada apenas a un paso de él, y el espacio que ha dejado intencionalmente para ella la llama con un atractivo sonido ―mil cantos angelicales o mil alaridos infernales― pero quiere resistirse.

Sakura empieza a sudar frio. Era esto lo que ella quería, ¿Por qué teme tomar lo que quiere?

Quizás porque no quiere que él se sienta obligado a dárselo.

―¿Qué estas esperando? ―dice de repente. Le hace dar un pequeño salto en su sitio.

El largo cuerpo de Kakashi se gira para mirarla a la cara despojado de su máscara. La urgencia de mirar su rostro desnudo se le escapa de las manos como lo hizo su niñez, ella sabe que no hay tiempo ni ganas de eso.

―¿Deberíamos dormir juntos? ―Su propia voz es temerosa.

Kakashi parece contemplarlo, parpadea un par de veces ajeando uno o dos pensamientos y luego dice con cuidado―: No, si no quieres que lo hagamos.

Claro que quiere, por Dios que quiere.

―Pídeme que me vaya y lo haré.

Es alarmante la calma que usa para decir eso. A Sakura se le rompe un poco el corazón de solo pensarlo.

―¡No! Yo quiero. Quiero estar contigo.

Ahora puede mirarlo a plenitud, y es grandioso debe decir. Su sonrisa se alza inocente y parece sincera, ella nunca pensó que él realmente podría sonreír, todo dientes blancos y un canino ligeramente torcido. Parece pintado en el arte antiguo, sacado de un cuento de príncipes y dragones. Parece real, y al mismo tiempo triste.

Como yo.

Pero qué es él, sino otro ser roto por la vida. Los caminos que ella recorre, Kakashi parece sabérselos de memoria. Le aterra y le divierte saber que ella puede caminar de su mano y su guía.

―Voy a romper una promesa ―anuncia. Su cuerpo se mueve hacia ella en cámara lenta.

Y a medio trayecto, Sakura agradece a cualquier deidad del amor por permitirle enamorarse de Kakashi Hatake. El hombre que detiene el tiempo para ella antes de cada beso, aun si él no puede devolver todo el amor que ella tiene para darle.

¡Dios! Como disfruta el preludio del contacto de sus labios.

No te canses de hacerlo, piensa, no me canso de sentirlo.

Labios sobre labios. El olor del humo de cigarrillo, sudor y madera aturden todos sus sentidos. Es embriagante. Se siente rota y reconstruida cuando sus lenguas se entrelazan. Él calor que la sigue a todos lados y la convierte en cenizas, se apacigua en olas frescas como la menta de sus labios.

Sakura envuelve sus brazos por encima de su cuello, y se sorprende lo delicado que puede ser Kakashi cuando trata de ponerla sobre su regazo y una sonrisa rompe el beso.

―¿Sakura? ―su aliento hace cosquillas en su nariz ―¿Por qué estas tratando de curarme?

Es entonces cuando se percata del brillo verde que los envuelve. Son polos opuestos, irremediablemente atraídos el uno al otro.

―Si tú me dejas voy a hacerlo ―dice aun aferrada a su cuello―. Voy a curarte el alma entera.

La mira fijamente a la cara y ella toma la audacia de besarlo. Se abraza con más fuerza a él para sentir su calor, la frescura de su cuerpo, cada uno de sus relieves, y gime de placer al mecerse sobre él.

Quiere dejarlo como nuevo.

Kakashi abandona su boca y encuentra un nuevo punto de fijación desabrochando su blusa y dejando sus pechos expuestos.

No hay halagos de por medio, él no le dice que es hermosa, pero toca su piel como si fuera porcelana, como si ella estuviera tan caliente que teme quemarse.

Su lengua recorre sus pezones casi con devoción y sus dedos le amasan los pechos pecho como algo precioso.

Ella no necesita que le aprecien con palabras. Puede sentir al amor que tiene para dar.

Se vuelven a encontrar en un beso húmedo y Sakura aprovecha para desvestirlo, quitar el chaleco con urgencia y luego romper la camisa encima de él. Si Kakashi es una deidad, ella quiere adorarlo de por vida.

Él tiene la piel marcada por la vida y por la guerra. Sakura quiere besar cada una de sus cicatrices, por su cuenta quiere hacer una nueva marca para meterse ahí.

―Si pudiera vivir en tu piel ―murmura Kakashi como si leyera sus pensamientos. Deja besos y marcas en su cuello, y desciende lentamente hasta su abdomen.

Ella lo mira desaparecer en su entrepierna, con besos en sus muslos y suaves caricias mientras la desprende de su ropa. Siente las mejillas arder.

Incluso si están rodeados de ninjas capaces de oír y oler a distancia, el sexo nunca se había sentido tan íntimo. Es otro plano ―u otra realidad― sentir sus labios en los muslos y luego su aliento caliente rozar contra su centro.

Se muerde los labios para no soltar un gemido que se escuche hasta en Suna, y casi se hace sangrar cuando la lengua de su amante hace contacto con su botón del placer. Sakura casi puede imaginárselo sonriendo arrogante.

―Me tomaré mi tiempo acá. ―Y realmente lo hace, dibuja formas con su lengua, sus dedos juegan tentativamente con su entrada, yendo de poco a más, hasta que uno está completamente dentro y se mueve rítmicamente.

Sus músculos internos se tensan. Es suficiente señal para que Kakashi introduzca un nuevo dedo, explorando y preparando su interior.

Hasta ese punto Sakura no puede contenerse, deja salir un gemido poderoso que solo invita al shinobi a dar más de sí en su trabajo. Sakura siente que la elevan muy alto y la dejan caer en picada, la experiencia de un orgasmo solo con el juego previo es algo nuevo para ella, y Kakashi se percata pero no se detiene, bebe de sus jugos más ávidamente.

La vista de él dedicado a ella la calienta de nuevo, es como que está decidido a llevarla de nuevo al borde y empujarla. Y aunque quiere, Sakura no es lo suficiente egoísta, ella lo nota tocándose por encima del pantalón y aun palpitando su orgasmo, tiene que detenerlo.

―Déjame devolver el favor. ―Le gusta su cara maravillada por ella, le gusta el modo en que sus ojos se afilan y se separa de ella para limpiarse sus jugos brillantes con la punta de la lengua como si degustara el mejor de los majares.

―No tienes por qué. Podría quedarme ahí toda la vida.

Sakura se abalanza contra él y comparte su propio sabor en un beso húmedo.

―Pero voy a hacerlo ―le replica.

Empieza dejando un camino de besos y mordidas por todo su abdomen. La suavidad del vello plateado recortado le hace cosquillas en la punta de la nariz a medida que se acerca a su cintura y desabrocha sus pantalones. En un segundo, su miembro erecto se librea justo en frente de su cara. Erguido y orgulloso, Sakura nunca creyó ver uno tan bonito. Es una longitud promedio, pero considerablemente más grueso que el común y casi tan rosa como sus labios.

Se relame los labios. La gota de líquido que se desliza por toda su extensión la invita a beberlo.

Kakashi pone una mano sobre su cabellera rosa y la estimula para tomarlo. Ella no pierde mucho tiempo, chupando delicadamente la punta mientras juega con sus testículos. Tiene la cara contorsionada en una satisfacción morbosa, y aquello la excita tanto que podría acabar de nuevo con solo mirarlo.

Pero Sakura quiere hacerlo bien, entonces hace espirales sobre su glande y luego lo lame como un helado, hasta que Kakashi gime un audible "Si", y ella lo engulle hasta la base. Su garganta recibiéndolo por completo y trata de suprimir el reflejo nauseoso apenas lográndolo. Ella sube y baja por toda su extensión mientras él la acaricia y de a momentos la toma por el pelo con demasiada fuerza. Eso le fascina. Que la tome con fuerza y le folle la boca sin parar. Apenas se lamenta de no poder saborear todo lo que él tiene para liberar en su boca.

Cuando cree que ya lo tiene en su punto, lo libera de sus fauces dejando un hilo de saliva entre su miembro y la punta de su lengua. Él vuelve en sí con una sonrisa complacida, lobuna y temblorosa.

―Temía que no te detuvieras. ―dice en medio de un jadeo aliviado. No deja lugar a replicas y la aprisiona entre sus brazos en el gastado futon.

La sensación de su cuerpo encima de ella es emocionante y asfixiante. Kakashi es mucho más grande y pesado, sus músculos parecen haber sido tallados por los mismos Dioses y ella poco asimila que está a punto de ser follada por semejante deidad.

Busca sus ojos para compartir un breve momento y besarlo justo cuando él se empala en ella sin avisos y hasta el fondo. Es demasiado grueso para tomarlo todo de una vez y la lastima casi tanto como lo disfruta.

―Lo siento, me dejé llevar un poco. ―dice con voz estrangulada, pero no parece sentirlo del todo. Ella lo besa en los labios para aceptar sus disculpas, mientras se amolda a su circunferencia.

Es perfecto, se percata, encajan como piezas de rompecabezas, como si su orificio estuviera hecho a la medida de Kakashi ―o un poco más estrecho, se recuerda a si misma―, pero apenas se acostumbra a él, y aun comiéndole la boca, Sakura empieza a mover lentamente sus caderas.

Es un suave ir y venir que Kakashi recibe de buena gana y toma el control del ritmo para marchar a su modo. Constante y controlado solo hasta que él toca su punto preferido ―aquel que ningún otro amante había logrado encontrar con su miembro― y es entonces que todo se sale de control.

Empuja con fuerza en ella y la besa con la misma intensidad, hasta lograr sacarle gemidos audibles y gritos donde no se cansaría de pedirle más. La sensación de ser llenada por él, de tenerlo entre sus piernas, prisionero de su sexo y gimiendo su nombre, es casi tan buena como un orgasmo.

Eso solo hasta que siente al verdadero cielo aterrizar en ella, y se siente ir. Se aprieta alrededor de su miembro y no le da tiempo de notificar cuando ya se está corriendo en él. Sakura está palpitando en su falo, siendo empujada de nuevo y magnificando cada una de las réplicas que vienen después de su orgasmo mayor.

La piel se le eriza, los oídos se le tapan, pierde conciencia de sí y solo puede pensar en lo bien que se siente.

―Córrete de nuevo para mí, Sakura. ―Susurra en su oído y le clava los dientes con un poco de fuerza en el hombro. Su voz la trasporta a otro mundo.

Quiere correrse para él. Quiere ser la "puta del Hokage". Es simplemente perfecto.

Kakashi acelera en ritmo, y ella se envuelve con más fuerza en sus caderas hasta que se convierten en uno solo. Todo su cuerpo masculino empieza a tensarse, desde los vellos que se erizan en su nuca hasta los músculos de sus brazos.

Ella quiere usar las palabras de él y pedirle que se corra, pero está demasiado concentrada en su propio placer como para articular una palabra de nuevo, lo único que puede hacer es dejarse llevar para acabar juntos. Kakashi empuja de nuevo, esta vez con fuerza y hace que el vientre de Sakura vibre.

Solo un poco más...

Los chorros calientes de su semen la inundan y la precipitan a su propio orgasmo nuevamente. Es perfecto, casi como si lo hubiesen planeado y nada los complace más.

Al cabo de un momento, Kakashi se está ablandando dentro de ella, perdido en su pequeña muerte y respirando con fuerza contra su oído, y aplastando su cuerpo con peso muerto.

―Sakura ―jadea. Hay cierta alegría en su voz que no puede ocultar. Sakura aún no encuentra sus palabras, solo se abraza un poco más a él.

Cuando ya han pasado algunos minutos, él rueda de ella hasta que pueden estar frente a frente.

Es tan hermoso como alguna vez se lo imagino, y espera que él la vea del mismo modo. Porque el miedo de que esto que acaban de hacer sea solo un ataque febril de soledad empieza a apoderarse ella.

Lo único que logra calmarla es un beso en la frente, una parte de su lenguaje secreto, el "mirar debajo de las cosas" lo que la lleva a poner una mano en su corazón y calmarse.

―¿Y si te hago daño? ―susurra él, su aliento le hace cosquillas en las mejillas. Esta es la primera vez que ella lo ve tan vulnerable, con todas las barreras abajo.― La guerra ya es suficiente infierno.

El ligero guiño de su ojo, el sharingan abierto y mirando fijamente a ella como si quisiera grabar cada centímetro de su cara post orgásmica, es suficiente para conseguir una respuesta de ella:

―Lo que perdemos en el fuego podemos recuperarlo en las cenizas.

A veces, Kakashi se hace daño, pero Sakura siempre puede sanarlo.

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¡Hola a todos!

Estoy viva -aún- y estoy en capacidad de escribir -pero no lo hago- entonces gracias por los comentarios y los mensajes preocupados. Espero poder volver a escrbir pronto.

Fic culminado por aca *-*