C⤳
No sabía en qué me había metido, en la boca del lobo probablemente.
Después de la nueva fachada del hotel todos estaban con buenos ánimos, celebrando una victoria y un nuevo comienzo. Con nuevas esperanzas y un brillante futuro por delante, después de todo nunca se había visto tal acontecimiento. Siempre éramos los perdedores, los desadaptados.
Pero ahora quizá debí bajarle al entusiasmo.
Alastor me miraba estupefacto, como si me hubiese salido un tercer cuerno.
—No quise incomodarte, ni nada de eso —dije bajando la cabeza— Así que por favor olvida lo que dije. Me disculpo por ser tan desconsiderada.
Sabía que él no estaba interesado en nada relacionado a ámbitos amorosos. Mierda. Ahora por mi estupidez la relación de socios quedaría arruinada y todo sería incómodo.
—Me tomaré algunos días.
Estaba siendo cobarde, pero no hallaba otra solución. No quería mirarlo y que me rechazara en su siempre actitud condescendiente. No lo resistiría.
—Cuando regrese trabajaré tan duro como siempre lo he hecho.
Y corrí. Sin darles explicaciones a nadie.
A⤳
"Me gustas"
No sabía que esas simples palabras me dejarían helado.
No lo esperaba de ella tampoco, siendo un demonio apegado a lo moral, fijarse en mí que era el mismo terror en persona. Que aún ni siquiera dejaba de lado mis afecciones violentas para con los otros.
No soy bueno estando con otros, tampoco abriéndome a los demás. O hablando sobre mí mismo. No le agrado al resto y menos me agradan. No importa cuánto lo intente, es inútil. Lo mejor es quedarme sólo como siempre.
Pero, a decir verdad, este asunto no me repugnaba del todo.
No es que me haya preocupado tan siquiera en pensar en algo más con Charlie. La relación con ella era como la de un gato y su amo. Es como cuidar de un gato. Acercarme a ella para darle mimos, pero solo hasta ahí, pues ambos somos lo suficientemente independientes para agobiar al otro con interés innecesario.
Pero… eso había cambiado y ni siquiera me di cuenta. Y eso era frustrante. Miré mi mano.
Durante nuestras aventuras no pude evitar querer tocarla más de la cuenta. Un roce de hombros o acercala para un abrazo casual. Querer conversar de cualquier tema trivial y alargar las conversaciones más de la cuenta. Ansiar toparme con ella por los pasillos del hotel o preguntándome qué estaba haciendo cuando no la veía. Me excusaba a mí mismo con que era para molestarla, fastidiarla con mis ocurrencias. De alguna manera se sentía cálido tenerla cerca.
¿Cómo puedo describirlo?
Una maldita añoranza.
Y por más que no quería admitirlo, quería verla. Hace dos días que no se había aparecido por el hotel y mis pensamientos me estaban volviendo loco.
Estaba jodido.
C⤳
—Querida, cuando fue el problema de tu humillación por la televisión, y cuando el exterminio estaba al cruzar la puerta, no huiste. —murmuró Rosie llevando su taza a sus labios.
Si, me fui al emporio de Rosie. Ella fue una gran confidente al momento de mi rompimiento con Vagguie. Daba buenos consejos y era alguien que se ganó mi confianza. Ella fue indulgente conmigo cuando me aparecí hace dos días en su puerta, sin preguntarme nada ni presionándome en que le dijera qué había pasado. Solo dejándome ser. Se había convertido en mi figura materna y sí que lo necesitaba.
—Y, sin embargo —fijó sus ojos en mí con una gran sonrisa— esta persona se las arregló para desatar toda clase de emociones en ti. Es por eso por lo que lo tuyo no es un simple capricho o error. —tomó de mis manos y se inclinó— ¿Así que no crees que sería un desperdicio el obligarte a olvidarlo?
La miré quieta, sin saber qué responder a eso. Me había convencido de que tendría que enterrar estos sentimientos por el bien de mí y de Alastor. Supongo que estos sentimientos no son de amor ¿o sí?
—Solamente me he sentido así con él. Si ese era el caso, he cavado mi propia tumba.
—¡Oh, claro que sí, querida, es Alastor de quien hablamos! El pecador más temido y que solo añora poder. Pero, eres libre de hacer lo que creas que es mejor para ti, pues si sigues adelante no será nada fácil con ese muchachito.
A la mañana siguiente desperté con unas grandes ojeras, no había podido pegar un ojo en toda la noche con todas las posibilidades. Pero no llegué a nada concreto.
—¡Charlotte!
Escuché a Rosie llamarme del primer piso. ¿Qué era esta vez? Algún nuevo vestido tal vez. Bajé y me asomé al vestíbulo.
Ahí estaba él. El demonio al cual menos quería ver en estos momentos. Con su pose altiva y sonrisa ensanchada.
—¿Alastor? ¿Por qué…?
—Vine por ti —dijo con una pequeña vacilación en su voz. Con su mirada clavada.
¿Había escuchado bien? ¿Por mí?
—¡Charlie! Es momento de que te vayas —declaró con energía Rosie— Sí recorrió todo este camino para venir por ti, entonces te tienes que ir —se inclinó a mí y dijo en voz baja— después me cuentas todo.
Y nos corrió de su local, así de fácil.
Miré a Alastor que se había quedado en la vereda inmóvil. Mirando a los alrededores sin saber qué hacer. ¿Por qué de repente vino a buscarme? ¿Habrá ocurrido algún percance en el hotel? Supongo que no ha pensado en mi confesión en absoluto…
De repente se giró hacia mí.
—¿Quieres salir?
—¿Eh?
—En estos tres días… esa es la respuesta a la que llegué —murmuró mirándome con una intensidad que no había visto antes —Charlie, ¿quieres salir conmigo?
Oh, mierda.
A⤳
—Debe ser una mentira.
—¿Qué?
Esa era la respuesta que menos me estaba esperando. Me estaba abriendo por primera vez y la chiquilla se lo estaba tomando a broma. Mi estática empezó a surgir alrededor, sintiéndome enojado y pasado a llevar.
—Vine hasta aquí olvidando mi orgullo con el propósito de decirte esto, ¿qué quieres decir con que es una mentira, querida? —La distorsión en mi voz iba en aumento.
—¡Es tu culpa! —aseveró con las mejillas enrojecidas— antes no tenía ni una señal sobre esto y sin embargo de un momento a otro vienes hasta aquí pidiéndome salir… ¡Debe ser una cámara oculta!
Con que era eso. Si, tenía un punto a favor, pero maldita sea, en esos días no estaba pensando cuerdamente. Era algo que no tenía control y me frustraba el no tenerlo. Su cara enfurecida me traía más de esos pensamientos y quería seguir viendo sus expresiones, sobre todo si eran para mí.
—Entonces…Si te beso aquí en este momento ¿Me vas a creer?
Bendito infierno. Su cara no cabía de lo roja que estaba, compitiendo con su chaqueta roja. Si, me iba a divertir con todo eso.
—Era una broma —dije encogiendo los hombros.
—Oye, ¿por qué me estás haciendo eso? —dijo con los puños cerrado a cada lado— cosas como esas…hacen que me ilusione y que mantenga las esperanzas. Eres tan amable conmigo sin razón aparente. Me hace sentir como si estuviera en un sueño. Sin embargo, al final despierto y termino desilusionada —se acercó y agarró en un muñón mi abrigo— Después de pasar por eso múltiples veces quieres que te crea ¿No estás de acuerdo en que es imposible? ¿Y qué es lo que podría gustarte de ti, si solo piensas en ti mismo?
Su expresión había cambiado y solo se veía angustia en su rostro. No era muy agradable. Quizá decirle algunas cosas podría cambiarla.
—Tu obstinación y terquedad, tan contraria a tu dulce apariencia. Y… tu sonrisa.
No era mentira. Le agradaba ver las diferentes sonrisas que podía entregar ese particular ser.
Levantó la mirada sorprendida.
—Realmente no estoy seguro qué significa realmente todo esto, pero me gusta tu cara cuando sonríes. Y cuando lloras, quisiera hacer algo para ayudarte.
Recordaba cuando la escuchó llorar mientras le hablaba a su madre o cuando se enteró que el exterminio se adelantaba. La ayudó convenciéndose que solo lo hacía por diversión.
—Mis razones no son perfectas. Pero ¿No son suficientes para ti?
Acerqué mi mano a su cabeza para acariciarla lentamente, consciente de que esto traería una de esas expresiones que me gustaban. Y si funcionó. Aunque mucha cosa dulce me asqueaba así que revolví su pelo para terminar con ese ambiente.
—¿Pero qué haces? —enunció con furia.
Mientras lanzaba improperios que no eran de una dama, la miré con una sonrisa sincera, una que no era fingida ni traía razones ocultas.
Mi dulce y bella demonio.
Cuando llegamos al hotel ella se quedó de pie en medio del vestíbulo, de espaldas a mí. Absorta en su propio mundo.
De alguna forma me recordaba a cuando nos habíamos conocido. Y ese deja vu me hizo acercarme a ella hasta detenerme a centímetros.
—Bienvenida de vuelta, querida —susurré en su oído.
Antes de que pudiera hacer algo contra mí desaparecí en las sombras, no sin antes ver su cara toda roja.
C⤳
—Así que a pesar de que están saliendo, nada ha cambiado —dijo Ángel con su mentón apoyado en su mano.
—Estoy contenta de que estemos saliendo, pero parece que soy la única que se pone nerviosa y espera que algo pase —dije desanimada tomando parte del alcohol que tenía enfrente.
Hace más de tres semanas que estábamos saliendo, pero todo seguía igual a como cuando solo éramos simples socios. No había ninguna muestra de cariño o de atención de parte de él, solo temas de trabajo. Ni siquiera hacíamos otras actividades aparte de las de oficina.
—Hey, guapetón —hizo unas señas a Husk— No te hagas y dinos lo que piensas del tema.
El cantinero se dio la vuelta y nos miró con hastío.
—Si les digo lo que pienso, espero que me dejen de joder —dio un suspiro— Deben de saber que ese malnacido no es del tipo de demonio que cambia drásticamente su forma de ser solo por estar en una relación, o más bien seria grotesco que lo hiciera.
Es verdad. Sería muy extraño que cambiará sus actitudes de la noche a la mañana. Sobretodo si es tan lejano a cuestiones de pareja, que se mostraba reacio cuando se le insinuaban o aburrido cuando había muestras de cariño cerca de él.
—Tienes razón —mencioné tomándome todo el vaso— Me siento más motivada, ¡muchas gracias, Husk!
—Buen trabajo, mi vida— Ángel le dio una palmada en el brazo al cantinero y este le miró con repulsión.
Es cierto. Incluso si él se me propuso, incluso si su actitud no cambia, ya me ha dicho lo que le gusta de mí. Y a largo plazo él podría cambiar, poco a poco, después de todo tenemos todo el tiempo del mundo. Además, el solo poder estar con él me hace feliz, ¿no es así?
Si…
A⤳
—¿Es en serio?
—Sí.
Necesitaba distraerme así que vine con Rosie. Era a la única que le podía confiar todo tipo de temas.
—¡Es genial, querido! Realmente me has sorprendido. No eres ese tipo de…hombre.
La miré con una ceja alzada. Dejó su taza en la mesita de centro y me miró divertida.
—Alguien que se interese por alguien más aparte de sí mismo —rió dando una palmada al aire— Pero más importante, ¿por qué de repente te dieron ganas de pedirle que saliera contigo?
Excelente pregunta. A decir verdad, no estaba seguro del porqué se lo pedí. Solo lo hizo por impulso después de que hubiera desaparecido esos días.
—Cuando me dijo que yo le gustaba estaba sorprendido —expresé mirando el contenido de mi taza— pero no me disgustó. No tengo mucha experiencia en esto de las relaciones —alcé mis hombros— tampoco alguna otra razón en particular ¿Es esto cariño? No estoy seguro, pero quiero buscar otra diversión en mi lista, no pierdo nada —mostré mis dientes.
Rosie me miraba entre divertida y orgullosa.
—Mmm…Bueno, está bien si a partir de ahora empiezas a descubrir qué es lo que realmente sientes. Así que…
¿Qué no me había escuchado? La miré frunciendo el ceño. No era eso a lo que había querido llegar.
—¿Cómo planeas proceder? —enunció cambiando su tono a uno menos serio— ¿Salir en una cita? ¿Llevarla a comer?
—No estoy planeando nada —afirmé.
Me miró congelada.
—Ya vivimos juntos en el mismo espacio. Por el momento no hay más por hacer —dije sin darle más importancia al asunto— Además, mis sentimientos no se han solidificado, los hombres no pueden hacer las cosas a medias.
—No, no, te equivocas —dio un suspiro— Cuando estás saliendo con alguien, debes tratar a tu pareja de manera extra especial —me miraba esperando una respuesta, pero no sabía que decirle— ¡Ah! Realmente no entiendes a las mujeres, ¿verdad? Por satán, Alastor, ¿por qué tengo que guiarte en este aspecto también? —murmuró algo enojada.
Cuando llegué al hotel vi que Charlie estaba en el vestíbulo, sentada en las escaleras.
—Llegas tarde —dijo algo sorprendida.
—¿Por qué sigues despierta, querida? —me acerqué a ella y miré para arriba, donde se hallaba.
—Ah, sí, estaba pensando en irme a dormir, pero… —se detuvo y miró con más atención— Alastor, hay algo en tu cabello.
—¿Qué?
Llevé mis manos a mi cabeza para cerciorarme y sacudí mi cabeza cuando no encontré nada. Iba a ir a mi cuarto para verme al espejo y estar seguro de que ya no tenía nada cuando siento unas manos que no eran mías en mi pelo a la altura de mi mejilla. Me tensé. No había escuchado a Charlie bajar los escalones hacia mí.
—Uhm… Bienvenido de vuelta —murmuró cerca de mi cara con las mejillas sonrojadas.
Oh, vaya.
Quitó las manos y vi que era una pelusa. Se apartó y desvió la mirada.
"Cuando estás saliendo con alguien, debes tratar a tu pareja de manera extra especial"
—Me iré a acostar.
—¿Quieres salir a una cita conmigo? —pregunté de manera directa.
Nos quedamos mirándonos el uno al otro. Yo esperando la respuesta algo impaciente y ella como si no pudiese articular una.
Hasta que su expresión cambió a una más entusiasta.
—¡Sí quiero! —exclamó.
Alcé mis cejas algo sorprendido por su repentina efusividad. Charlie se tapó la boca avergonzada y aún más roja.
C⤳
—Gracias por la espera. Aquí están las choco fresas.
Ante mí había un plato lleno de fresas cubiertas de chocolate. Se veían tan deliciosas.
—¿Qué es esto? —lo miré maravillada.
—Creo que es un producto famoso de este lugar. Puedes comerlo.
—Pero si tú ordenaste esto.
—Es para ti. "A las mujeres les gusta esto". Es lo que me dijo Rosie —dijo simplemente encogiéndose de hombros sin darle mayor importancia.
En ese momento me sentí tan llena de alegría que sentía que iba a explotar. Al parecer se había tomado la molestia de consultarle a Rosie para nuestra cita. Si bien sabía que Alastor no estaba interesado en citas románticas, tampoco sabía si es que tenía experiencia en ellas.
Pero me resultaba tan tierno todo aquello, me imagino las incomodidades que tuvo que pasar.
No pude evitar reírme.
—¡Esto sabe realmente delicioso! —mencioné apenas me comí una fresa— El chocolate se derrite al instante.
—Qué bueno, cariño.
Observé que solo estaba con una taza de café, pero nada para comer.
—Alastor, ¿te gustaría probar un poco? —le propuse sin más.
—No, gracias.
—Pero sería un desperdicio, hay que aprovechar que estamos aquí —insistí con una sonrisa.
Me miró con un aura algo sombría, sopesando mi propuesta y claramente tenso. Pasaron unos segundos y todavía no decía nada, quizá estaba excediendo su paciencia y debería calmarme.
—Ah, está bien —suspiró resignado.
—Bien, toma —inmediatamente levanté una fresa para pasársela y que no se arrepintiera, agradeciendo el pequeño momento de suerte.
Pero no tomó la fresa, sino que agarró mi muñeca y se acercó a mí, mordisqueando la fruta desde mi mano y cerrando los ojos en el acto.
Santa mierda bendita.
Podía sentir su respiración en mi cara de lo cerca que estaba. Mi corazón bombeó como loco y sentí como el calor iba a mis mejillas.
—Uhm…no está mal —finalmente mencionó abriendo los ojos y desviando la mirada.
No sabia como reaccionar, me quedé congelada.
Después de unos segundos y viendo que no respondía, fijó su mirada nuevamente en mí.
—¿Pasa algo, querida? ¿Por qué estás tan roja?
Era increíble que actuara tan normal después de lo que había hecho.
—Te…te acercaste demasiado —balbuceé nerviosa— Me sorprendí… ¡Ah! Y tu mano.
Aún tenía agarrada mi muñeca. No es que me molestara, pero me tomó por sorpresa.
—Lo siento —aseveró y me soltó como si mi piel lo quemara.
Apoyó su mentón en su mano y fijó su mirada en otra cosa. Me sentí algo fría, estaba reaccionando como una adolescente sin experiencia y temía que lo hiciera sentir incómodo.
Después de salir de la cafetería, decidimos dar un paseo por un parque cerca. Como el establecimiento estaba cerca del territorio caníbal, el parque aún conservaba su vegetación y se veía limpio.
Era una noche agradable.
Decidí adelantarme en la caminata y respirar profundamente. A pesar de lo que había pasado anteriormente, estaba disfrutando de al fin poder hacer algo de pareja con Alastor. Si bien las cosas marchaban lentamente, no tenía prisa. No con él, quería respetar los intereses de mi socio y que no se espantara con mi intensidad.
—Lo siento por lo de antes.
Me detuve y lo miré confundida. No era lo que esperaba oírle.
—Realmente no soy bueno en este tipo de cosas —mencionó con sus manos en la espalda mientras observaba los árboles— Si hay algo que no te gusta, dímelo, no me lo tomaré a mal. Tendré cuidado de no tocarte.
—¡No es eso! —me apresuré a decir a lo que fijó su cara a mi— Solo… Estaba roja porque estaba avergonzada, pero no de una manera extraña —Dios, ni siquiera podía explicarme bien.
En ese momento me sentía tan avergonzada que mejor me puse a mirar al suelo. Debe de pensar que soy patética y cursi.
—Entonces, ¿quieres que nos agarremos de las manos?
Lo miré tan rápidamente que sentí un crujido en mi cuello, pero no me importó. La imagen frente a mí era algo que ni siquiera en mis sueños creí posible. Alastor me ofrecía su mano mientras me miraba seriamente.
—Tengo las manos sudadas.
Y ahí estaba. Añorando cosas de pareja, que hiciéramos mas actividades juntos y echaba a la borda los esfuerzos de Alastor por mi nerviosismo pendejo. Siempre debía arruinar las cosas, si no era con mis padres, era con mis parejas.
Iba a seguir maldiciendo hasta que escuché la risa de Alastor frente a mí.
Oh.
—Tonta —formuló con los ojos cerrados y su mano en su boca, aguantándose la risa.
Me pregunto… si regresaré viva de esta primera cita.
A⤳
El suave murmullo de la noche se vio abruptamente interrumpido por un estridente sonido, arrancándome de mi sueño. Aunque no era precisamente un devoto del descanso, aquella vez me encontraba sumido en un estado de plácida calma, rodeado por la suave quietud de las horas nocturnas. Pero entonces, como si la propia esencia del reposo se viera desafiada, mis párpados se abrieron de golpe, y lo que mis ojos encontraron no fue el escenario de mi tranquilo dormir, sino el rostro de Charlie, reposando bajo las sábanas, en mi cama.
El impacto de aquella visión fue como un sacudón eléctrico recorriendo mi cuerpo. Mi mente tardó un instante en procesar lo que veía, mientras mi corazón aceleraba su ritmo, sorprendido y algo contrariado por aquella invasión de mi espacio más íntimo.
Con un gesto brusco, me incorporé de golpe, sacudiendo a la intrusa con una mezcla de desconcierto y molestia.
—¡Charlotte! —exclamé, mi voz resonando con una nota de reprimenda en la quietud de la habitación.
Ella se enderezó de un salto, su rostro reflejando un rápido cambio de emociones que iban desde el terror inicial hasta una confusión evidente. Mi ceño se frunció aún más ante su respuesta, aunque la voz áspera de la molestia se mezclaba con una preocupación subyacente.
—¿Qué estás haciendo aquí? —inquirí, intentando mantener la compostura mientras mis pensamientos se agolpaban en mi mente.
—Lo siento, de verdad —murmuró ella, acomodándose el cabello con gesto avergonzado—. Salí del baño y... simplemente colapsé aquí.
El entendimiento comenzaba a abrirse paso en mi mente, suavizando ligeramente mi enojo inicial. Sabía que la vida de Charlie en el hotel podía ser un torbellino de actividad, con horarios impredecibles y una carga de trabajo que a menudo la dejaba exhausta. Pero aún así, el hecho de que hubiera terminado en mi habitación, en mi cama, me resultaba inaceptable.
—Entiendo que estés cansada, pero... ¿cuántas veces ha ocurrido esto? —pregunté, sintiendo cómo la tensión se deslizaba en mi voz—. Incluso si no fue intencional, no puedo permitir que invadas mi espacio de esta manera.
Mis palabras resonaron en el aire tenso que nos rodeaba, pero su respuesta me tomó por sorpresa, una mezcla de desafío y descaro que despertó una chispa de irritación en mi interior.
—Eres tan ruidoso —bostezó, sus palabras cargadas de una insolencia apenas velada—. ¿Qué hay de malo en compartir la cama? No pierdes nada con ello.
Aquellas palabras, pronunciadas con tanta liviandad, encendieron una llama de indignación en mi interior. ¿Cómo se atrevía a invadir mi privacidad de esa manera, como si fuera algo trivial? Pero más allá de la ira, algo más profundo se movía en mi pecho, un deseo de mostrarle las consecuencias de sus acciones, de hacerle entender que había límites que no podía cruzar impunemente.
El aire se volvió denso con la tensión entre ambos. Con un gesto lento, me acerqué a ella, sintiendo el suave roce de su aliento en mi piel. Mis dedos se deslizaron con determinación hacia su nuca, agarrándola con firmeza pero suavidad, como si temiera que en cualquier momento ella pudiera escapar de mi alcance.
Sus ojos, amplios y sorprendidos, me miraban con una mezcla de incredulidad y anticipación. Podía sentir el latido acelerado de su corazón, casi en sincronía con el mío, mientras me acercaba aún más, mis labios rozando los suyos en un susurro apenas perceptible.
El beso fue un estallido de sensaciones. El calor de su boca se fundió con el mío en un torbellino de emociones que nos envolvió por completo. Por un momento, el mundo exterior pareció desvanecerse, dejándonos a solas en nuestra propia burbuja de intimidad.
Y entonces, algo cambió en ella. La sorpresa dio paso a la entrega, y sus labios respondieron al contacto con una pasión que me dejó sin aliento. Se aferró a mí, sus manos buscando mi rostro con desesperación, como si quisiera memorizar cada rasgo, cada detalle, en aquel instante fugaz.
Nos separamos lentamente, pero el calor de nuestro encuentro aún palpaba en el aire. Sus ojos me miraban con una intensidad que me dejó sin palabras, y su sonrisa era un reflejo de la complicidad compartida en ese momento irrepetible.
—¿Qué... qué fue eso? —susurró, con la voz aún cargada de emoción.
Mis labios se curvaron en una sonrisa traviesa mientras observaba la mirada desconcertada en su rostro. Con un tono de voz juguetón, le susurré:
—Eso, querida, fue solo un recordatorio de lo que sucede cuando invades mi espacio personal de esta manera. Considera esto... venganza.
Ella parpadeó varias veces, procesando mis palabras, antes de que una risa nerviosa escapara de sus labios.
—Venganza, ¿eh? —murmuró, con una chispa de diversión en sus ojos—. Bueno, supongo que puedo aceptar las consecuencias de mis acciones.
Y antes de que pudiera reaccionar, sus labios encontraron los míos en un beso que era igual de sorprendente que el primero, pero esta vez cargado de complicidad y deseo mutuo. Mis manos se deslizaron por su espalda, aferrándola con firmeza mientras nos sumergíamos en el torbellino de emociones que nos envolvía.
Cuando finalmente nos separamos, ambos estábamos sin aliento, pero con sonrisas juguetonas bailando en nuestros labios.
—¿Estás seguro de que no te importa que duerma aquí de vez en cuando? —preguntó, con una ceja levantada.
—Bueno, supongo que podría considerarlo —respondí, con una risa suave—. Siempre y cuando prometas no invadir mi espacio de nuevo sin permiso.
Ella asintió solemnemente, con una expresión traviesa en su rostro.
—Lo prometo —dijo, antes de dejarse caer contra las almohadas, con una sonrisa satisfecha en su rostro.
Aunque no había anticipado que nuestra relación daría este giro tan rápido, debo admitir que no me desagradó del todo. Sin embargo, aquel momento no estaba en mis planes, ni mucho menos. Como alguien relativamente inexperto en asuntos del corazón y en los delicados intercambios de piel que acompañan a las relaciones románticas, me encontré en un territorio desconocido y un tanto abrumador.
¡Poético!
