Aquí mi participación para el día 7, y último, de la FukuRan Week 2024 o "Fukuran's middle-birthday" en Twitter #fukuranMB24
Contexto: Este es un canon divergence (¿AU en un futuro alterno?) donde Fukuchi no intentó hacer un apocalipsis vampírico y, en su lugar, aparece un día de la nada para visitar a su viejo amigo Fukuzawa.
DÍA 7: Memory
Fukuchi Ōchi era una leyenda viva que contaba con ingreso libre a varios países y residencias oficiales sin necesidad de tramitar permisos nacionales.
Claro que tenía acceso a la casa de su mejor amigo, Fukuzawa Yukichi, tan sólo debía tocar la puerta; sin embargo, dada la cantidad de años conociéndose, decidió ignorar las formalidades y entrar con el escándalo característico de un impúdico y desvergonzado hombre de mediana edad.
—¡Yukichi! ¡¿Adivina qué traje para celebrar nuestro reencuentro?! —exclamó, agitando al aire una botella y un par de vasos de vidrio.
Fukuzawa se hallaba en un sillón de la sala –contiguo a la puerta principal– con Ranpo sentado sobre sus piernas. Llevaban poco tiempo sumergidos en un beso candente que se cortó de golpe ante la visita inesperada.
Ranpo chasqueó la lengua a sabiendas de que sus planes habían sido arruinados. Conocía a Fukuzawa lo suficiente para saber que no echaría a su amigo y que, en caso de hacerlo, no lograría recuperar el ambiente pasional.
—Oh, vaya —agregó Fukuchi tras aclararse la garganta—, lamento interrumpir. —No lo decía de verdad—. No esperaba, eh… Bueno, que mis predicciones se volvieran realidad.
Fukuzawa suspiró, resignado a vivir un suceso inevitable.
—Hasta que se te hizo, mocoso —dijo Fukuchi, adentrándose para acomodarse en otro sofá frente al par de amantes, separados por una mesilla donde colocó lo que llevaba en las manos.
—¿Que no piensas irte? —preguntó Ranpo con un tono demasiado hostil para contar como bienvenida, y con una mirada a juego.
—¡Já! ¿Crees que puedes remontar con Yukichi después de que el ambiente se enfrió de golpe? —dijo Fukuchi, evidenciando las intenciones de quedarse al destapar la botella y servir los vasos.
Ranpo apretó los labios y le dedicó una mirada de desaprobación. Con un silencioso desagrado, bajó de las piernas de Fukuzawa, no así del sillón, acomodándose por un lado.
Ranpo era un libro abierto en cuestión emocional para el par de hombres presentes. Fukuzawa no quería pensar en ello, pero cada que ellos se encontraban, se veía incapaz de favorecer a uno sobre el otro y presentía que pronto presenciaría una discusión tan absurda como incómoda.
—En fin, podemos aprovechar esto para celebrar nuestro reencuentro y brindar por la nueva parejita —inició Fukuchi, ofreciendo una de las bebidas—. ¿Lo ves, Yukichi? Debiste hacerme caso mucho antes.
—No saques ese tema de nuevo —respondió Fukuzawa, aceptando el vaso.
Los ojos de Ranpo se abrieron ligeramente con un brillo inquisitivo, ansiosos por desentrañar el misterio de lo que acababa de escuchar.
—Te dije que tarde o temprano terminarías junto al mocoso —agregó Fukuchi, dando el primer sorbo al alcohol que el cuerpo le exigía.
—¿Eh? —interrumpió Ranpo, con gestos para nada sutiles en reflejo de asombro y fascinación—. ¿En verdad le dijiste eso? ¿Hace cuánto?
Fukuzawa quiso pedir que pararan o cambiaran de tema. No lo hizo, a sabiendas de que lo ignorarían en su totalidad.
—Hmm, tiene algún tiempo —dijo Fukuchi, intentando hacer memoria—. Después de celebrar la fundación de la agencia. ¿Cuántos años tendrías tú en aquel momento? ¿Unos quince? ¿Dieciséis?
—¡¿O sea que fue hace más de diez años?! —vociferó Ranpo, girando el rostro hacia Fukuzawa, quien no hizo más que llevarse el vaso a los labios y esquivar su mirada.
—Yep. Cuando te quedaste dormido en la mesa de postres, Yukichi te cargó de regreso al apartamento que compartían. En mi vida lo había visto poner la cara que tenía en aquel momento. —El recuerdo era tan claro como el agua.
Fukuzawa recostó con cuidado en el futón al chiquillo de quince años que rara vez lucía tan tranquilo y apacible, salvo en los momentos de descanso por la noche. Le cambió la ropa por una pijama, con cuidado de no despertarlo, antes de arroparlo y abandonar la habitación.
Fukuchi, quien veía todo desde el otro lado de la puerta, aguardó pacientemente el regreso de su amigo antes de iniciar una conversación en voz baja.
—Oi, Yukichi —dijo, con una seriedad inusual en él—, ¿por qué no te permites amar como es debido?
—Acaba de crearse la agencia —respondió Fukuzawa, a medio camino de descifrar la razón tras la repentina pregunta—, tendré mucho trabajo que hacer y debo estar al pendiente de Ranpo.
—Justo a eso me refiero. El chiquillo... ¿Por qué no lo intentas con él?
—¡¿Hah?! Gen'ichiro, nunca creí que escucharía algo así de ti.
Fukuchi se cruzó de brazos y levantó una ceja. ¿Acaso debía evidenciar la información que sus ojos obtuvieron de manera inequívoca?
—Ese chico podría ser mi hijo —argumentó Fukuzawa.
—Sí, bueno, no lo ves como si en verdad lo fuera. ¿Me equivoco?
Fukuzawa apretó los labios. Lejos de su incompatibilidad con las mentiras, no podía negar que Fukuchi lo conocía mejor de lo que debía.
—Él es… —Fukuzawa hizo una pausa breve—. Somos hombres (y la sociedad es cruel).
—¿Y qué tiene? En mis viajes he tratado con un par de parejas homosexuales. No son nada del otro mundo. Sí, tal vez son un poco menos comunes de ver si los comparas con las parejas hetero que andan por ahí, pero siguen sin ser algo extraño.
Fukuzawa se mantuvo en silencio. Ese no era el problema. Él, como quiera, podría hacer caso omiso al cargar con el estigma, pero Ranpo tenía un brillante futuro por delante y no podía mancharlo con algo así.
—Ya tiene edad suficiente —continuó Fukuchi—. No es un niño.
—Pero es demasiado joven. No podría arrebatarle los mejores años de su vida. Mucho menos haciendo que pasara tiempo con alguien como yo.
—Ya pasa tiempo contigo. ¿Acaso no lo escuchaste parlotear incansablemente sobre los casos que han resuelto juntos en este último año? Si eres el Yukichi que conozco, sé que no pasas por alto la manera en que se le iluminan los ojos cuando habla de ti. Ni la forma en que sonríe, se emociona y es dócil a tu voz. Es evidente que siente algo por ti y con lo listo que es, no creo que no lo sepa. Que carezca de las habilidades necesarias para seducirte es un tema distinto; hace lo que puede con lo que tiene a la mano y también eres consciente de ello. Además, justo ahora, a puerta cerrada, ¿sabes qué cara pusiste mientras lo arropabas? Ese moc… Ranpo, se ha llevado por completo tu corazón, ¿no es verdad?
Las abrumadoras emociones de Fukuzawa se filtraron por una rendija de la prisión que las contenía, obligándole a emitir un suspiro pesado.
—Aún así, no podría. Yo no… No es correcto.
—Yukichi —le colocó una mano en el hombro, esperando que el contacto físico distrajera a Fukuzawa del dilema ético que se le dibujaba en el rostro—, no metas la cabeza ni tus normas morales en un asunto donde manda el corazón y los sentimientos. No es bueno.
Fukuzawa sintió que el aire que respiraba se detuvo alrededor de él cuando la verdad se hizo evidente. Las pupilas se le dilataron y un escalofrío le recorrió el cuerpo.
—Además —continuó Fukuchi, depositando unas cuantas palmaditas—, te puedo apostar lo que quieras a que vas a terminar cayendo a sus pies tarde o temprano. Ese chico es más persistente y terco que una mula. Si estás esperando a que se fije en alguien más… Bueno, pierdes el tiempo. Así que no lo hagas esperar tanto. Date el lujo de ser feliz y dáselo a él también.
—En su rostro había bastante paz y afecto —describió Fukuchi, teniendo delante a un Ranpo intrigado. Hasta le dieron ganas de tomar una fotografía, pues era la primera vez que no le dirigía un gesto de pocos amigos—. Intuí lo que tenía en la cabeza en un instante, pero él se encontraba en negación porque te llevaba casi veinte años y tú eras un pajarillo recién salido del nido.
Ranpo se giró hacia Fukuzawa. Era inevitable para él que los ojos se le iluminaran con una chispa de adoración cada se posaban sobre su pareja.
En los momentos más cotidianos, la presencia serena e imponente de Fukuzawa se volvía el centro de atención de Ranpo. Incluso los miembros de la agencia lo habían notado en más ocasiones de las que podrían contar, pese a las intenciones de Fukuzawa por mantener la discreción de la relación.
—¡Eres todo un asaltacunas, Yukichi! —exclamó Fukuchi harto del sentimentalismo, buscando relajar el ambiente—. ¡Ja, ja, ja, ja!
—Sí. —Ranpo estuvo de acuerdo, con una sonrisa tan orgullosa que resultó hilarante.
Oír aquello hizo que Fukuzawa dejara de lado la bebida para reprender a su chico.
—Tú siempre le llevas la contra a Gen'ichiro porque sí, no estés de acuerdo con él ahora.
—¡Al fin me miras!
«Maldición», pensó Fukuzawa, quien hasta entonces ignoró a propósito los ojos verdes que le pedían atención con insistencia.
Sabía de sobra que Ranpo lo celaba demasiado cuando Fukuchi hacía acto de presencia. Es más, el propio Fukuchi era consciente de ello y nunca desperdiciaba la oportunidad de provocar al chico robando la atención de Fukuzawa.
A esas alturas, Fukuzawa no sabía por qué rayos no podían llevarse bien y ya. Fukuchi tenía su edad, en teoría, debía ser lo suficientemente maduro para no buscarle pelea a un jovencito con una energía infantil equivalente a un jardín de niños entero.
—Relájate, Yukichi —continuó Fukuchi, en un intento de quitarle la seriedad del rostro—, después de todo, hacen una linda pareja. Se ven bien juntos. Parecen, eh, un pequeño Ken escuálido y brunette.
—¡Oye! —protestó Ranpo.
—Y… el abuelo Ken.
Esa fue la gota que derramó el vaso.
—Magnífico reencuentro —habló Fukuzawa—. Ahora, fuera de aquí.
—¿En verdad luzco escuálido? —preguntó Ranpo mientras se miraba los brazos.
—¡¿Es eso lo que te preocupa?! —Fukuzawa se consternó más de que le dijeran que parecía el abuelo de Ranpo. Todavía no procesaba que la diferencia de edad le pesara tanto. No se sentía viejo ni lo era, aunque siempre le echaban más años encima debido al color de su cabello.
—En fin, ¿cuándo será la boda? —agregó Fukuchi—. Imagino que estoy invitado y seré padrino de algo importante.
—¡No! —exclamó la pareja al unísono.
—¿Tú no estabas de mi lado hace, literalmente, segundos? —señaló Fukuchi a Ranpo.
—¡Pero no te quiero de padrino!
Fukuchi se llevó una mano al pecho, haciendo dramática la forma en la que inhaló en sorpresa.
—Este mocoso cambia de opinión muy rápido. Yukichi, eso es bipolaridad, es una red flag.
«¿Red flag? ¿De golf?», pensó Fukuzawa, quien no entendía del todo las cosas de los jóvenes, como su pareja, ni de los chavorrucos como su mejor amigo. Se preguntó por qué las personas más importantes de su vida se encontraban en extremos opuestos.
—¡Nada que ver! —bramó Ranpo, inclinándose hacia el frente con las manos hechas puño sobre las rodillas—. ¡Y deja de llamarme mocoso, ya tengo treinta!
—Bienvenido a la era de los viejos entonces —anunció Fukuchi con los brazos extendidos—, porque yo te conocí a mis treinta-y-pocos y desde entonces me llamabas viejo.
—¡Porque eso eres!
—Te recuerdo que tengo la misma edad de tu viejo.
Fukuzawa no deseaba escucharlos pelear, aunque poco podía hacer para detenerlos, puesto que se encontraban rebajados a una edad mental impropia y compartida. El mejor curso de acción era ignorarlos y limitarse a disfrutar del buen alcohol que Fukuchi había escogido.
—¡Fukuzawa es un hombre maduro y respetable! —defendió Ranpo—. Tú eres un viejo. ¡Viejo, viejo, viejo! Y borracho, aparte.
Con una amplia sonrisa de malas intenciones, Fukuchi señaló con el índice a su mejor amigo, quien no pasó por alto la situación y dejó su vaso a un lado.
Harto de la absurda escena, Fukuzawa echó a ambos de la casa con el ultimátum de no recibirlos hasta que resolvieran sus diferencias o que enfriaran la cabeza durante, al menos, una hora.
Sin embargo, en soledad, supo que algo en él había cambiado. En el pasado no habría dudado en amonestar a Ranpo por su actitud, antes de pedir que lo dejara un momento a solas con Fukuchi, prometiendo algo de su interés a cambio; ahora, por otra parte, pensó en comentar con Fukuchi que no se tomara tantas libertades en su casa y que agendaran una reunión, pues no había perdido las ganas de disfrutar de Ranpo en la intimidad de su habitación.
