"Reencuentro"
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Katsuki Bakugo no es un sujeto que suele callar. Es un sujeto que grita lo que piensa.
Son raros los momentos donde calla.
Uno de estos es cuando fue aceptado en la academia de sus sueños. Al poco tiempo de haber ingresado, hubo muchos momentos en que sus gritos se convertían en silencios; pequeñas brechas entre su boca y sus pensamientos.
Esos silencios se hicieron sus espacios de calma, de meditación. No quería decir que sus gritos hubieran mermado, sino que encontraron un balance en él para crecer como héroe y como individuo.
Tras el festival deportivo una llamarada de duda de su personalidad surgió en él. Esa llamarada fue creciendo conforme hacía sus pasantías entendía los errores que su gran boca había dejado atrás.
La imagen de unos ojos verdes mirándolo conteniendo las emergentes lágrimas. Labios temblorosos apretados en el dominio de un temor acicalando sus facciones contorneadas. Pecas negras salpicadas en sus mejillas sonrosadas. Cara de niño inocente esclarecida por la impotencia ocasionada por sus palabras.
Despertaba por las noches teniendo tan nítida la imagen de su cara, su cuerpo tembloroso, el rechinar de sus dientes, su voz arrastrada en los peldaños de su lengua.
Katsuki llevaba ambas manos a su frente rodeada por las arrugas de su expresión. No lo había visto desde entonces, desde que él cayó en lo más bajo de su inseguridad; su propia debilidad.
Fue preso de la vulnerabilidad al presentir que si le daba rienda suelta a esa situación, no sería el mejor en el mundo de los mejores. Sabía que su ex amigo de la infancia tenía las de ganar, mas su propia debilidad lo llevó a romperle las ilusiones con sus palabras y sus actos.
Katsuki maduró lo suficiente para saber que aquello fue algo de lo más vil, por lo que debía disculparse. Visitó varias veces la casa de los Midoriya sin dar con él. La tía Inko, quien amablemente decía que Izuku no estaba con ella, puesto que él se había mudado al campo, a raíz de su falta de poderes, no le daba tregua a su impaciencia por encararlo.
Sin embargo, habían pasado años de sus intentos infructuosos. Pero no perdió la esperanza de que lo que se proponía lo lograría. Así siempre ha sido él.
Katsuki es disciplinado, es impredecible, es extraordinario, es habilidoso. Katsuki puede hacer lo que quiere y sabe cómo alcanzarlo. Es un héroe imprescindible en la industria. Aparece en los periódicos, en la televisión, incluso su rostro aparece en los tablones publicitarios. Katsuki ha extendido su nombre de héroe alrededor de Japón, siendo esto, un gran logro.
Si bien, debe sentirse realizado, no obstante, el pasado de su crueldad no mermaba con el pasar de los años, lo que hacía que la gloria y el éxito no supieran tan bien como pensaba.
Se decía que insistiría en ir a casa de los Midoriya las veces que fueran necesarias para enmendar su huella.
Enmendar es una palabra que denota el profundo sentimiento que lo produce recordar la expresión de impotencia de su ex amigo de la infancia. Y el enmendar suyo no significa ponerle alcohol a la herida, sino construir una barrera impenetrable en aquello que dejó; no con el fin de rehacer una amistad, sino con el fin de externar sus más recónditos sentimientos por él.
Sentimientos que en su momento no llegó a comprender, más que acicalándose de su propio egoísmo.
Estaba dispuesto a aclarar las aguas para que su relación pudiera partir con el asir de las velas y el viento en popa. Quiere ver las cosas que no pudo ver cuando disponía de las inocencias de un joven de catorce, que temerario de los retos del universo, pisoteó a los supuestos débiles, buscando enfrentarse a una orbe de enemigos.
Quiere demostrar que ya no es el mal tipo de su pasado. Demostrarse a él y a Izuku que cambió. Espera hacerlo.
Sentado en una mesa dobladiza de cuatro por cuatro metros, lo suficientemente larga y extensa para pegarle una pancarta que decía "Firma de autógrafos", veía la larga fila que se hacía de personas por obtener una simple firma suya.
Niños, niñas, jóvenes, adultos, se encontraban presentes. Aún le sorprendía la afición con que había conquistado los corazones de las multitudes con su pésimo carácter y temible apariencia. Sin embargo, obtuvo un séquito de fans que se aglomeraban de a montón por tener un vistazo de él, un pedazo de su esencia. A Katsuki esos eventos le frustraban mucho, pues convivir con otros no era algo que se le daba con facilidad como a sus amigos, quienes eran extrovertidos de corazón disponían de la sencillez que él carecía.
Si bien, ellos lo esclarecieron en la vasta tempestad de la adolescencia, haciéndole hacer las pases consigo mismo y querer a su yo del presente. Al yo que firma autógrafos, aparece en noticieros, en anuncios de revista. Al Yo que dedica unos minutos de su tiempo a dar una entrevista con tal de aparecer en pantalla, y asimismo Izuku lo pueda ver dondequiera que esté, pues quiere ser visto por éste.
Izuku… una firma suya encarecía el papel de la libreta escolar. Su ex amigo de la infancia adora a los héroes. Le encantan. Siempre recolectaban calcomanías, figuras de acción, cualquier objeto de quienes idolatraban.
El joven de unos catorce o quince años de edad le sonríe, esclareciendo sus facciones juntas. El gakuran le trae recuerdos de su juventud en un santiamén.
El pecho se le contrae trayendo por gravedad, su peso.
Le invade una profunda nostalgia.
La firma de autógrafos termina al punto de las cuatro, justo a tiempo para ir a patrullar en sus rondas vespertinas. Aún hace calor pese a estar en principios de otoño. Las hojas poco a poco han cambiado de un verde intenso a colores gráciles, cálidos. Otra estación ha pasado y continúa refulgiendo a costa suya.
Cabizbajo, avisa en el comunicador que la zona se encuentra despejada, libre de todo peligro, a lo que su compañero le responde que puede retirarse a casa.
Choca con unos hombros, luego con otros y en su afán de ver qué lo distrajo de su cavilación, alza la cabeza y lo ve. Ojos verdes se encuentran con ojos rojos. Su corazón da un vuelco, causando que su alma se vuelque en la vertiginosa acción de verlo ojiabierto, completamente abstraído del resto del universo exterior.
El verde que lo mira lo sacude, haciendo que una fuerza inconsciente corra hacia él.
Por un momento, se olvida de hablar, porque se abalanza a él, motivado por el brillo de reconocimiento que atisba de él.
Lo agarra del brazo, aferrado, agitado.
Respira a los cuatro polos con el aire contenido en los pulmones; el aire sale espeso, emanando oscilaciones erráticas de su exasperada voz.
No piensa dejar escapar esa única oportunidad.
—¡Deku!— Sale de su boca con un ímpetu desordenado.
—¡K-Kacchan!— Pronuncia el aludido en una voz aguda, pese a sonar adulta. —No. Perdón. Dynamight— Corrige apresurado.
Quiere decirle que está bien, que le puede decir ese apodo, mas las palabras se le secan e Izuku es el oasis en medio del desierto. Aprieta su brazo bajo el guante del traje. Los músculos del brazo de Izuku se tensan como una cuerda y Katsuki atisba lo gruesos que son. Parecen de hierro.
—¿Po-podrías soltarme?— Pide Izuku, mediante un sonrisa nerviosa.
Katsuki lo suelta, en contra de su deseo.
«Tiempo sin verte» intenta decir, mas lo que sale es diferente.
—Sigues siendo el mismo nerd de siempre.
Lo ve ojearlo con reticencia y se maldice por la metida de pata hasta el fondo. Es un imbécil, lo sabe. Un imbécil que en momentos de conflicto o que están fuera de sus manos dice una sarta de estupideces.
Sin embargo, aprovecha su distracción para verlo entero. Ojos verdes que iluminan las penumbras, pecas que yacen en los mismos lugares, negras y redondas, mejillas del color de los cerezos, labios como claveles rojos, estatura promedio ligeramente más bajo que él; y, pese a ello, una estructura muscular mucho más prominente de la suya.
Sus rasgos inocentes lucen endurecidos por las huellas de las estaciones.
Concluye que el tiempo le hizo bien.
—¿Cómo has estado, nerd?—Interroga.
—Bien, gracias— Responde, agitando las pestañas en breves pestañeos. Las negras pupilas lo escudriñan. —¿Y tú?
—Bien—Recata.
Se vuelve a maldecir por no tener tema de conversación para generar una buena comunicación. No obstante, en sus tiempos de juventud no tuvo una buena comunicación con él, por lo tanto desconoce el cómo lograrlo. Mas no quiere rendirse.
—He visto que te has convertido en un héroe como querías— Comenta Izuku, luciendo un poco más repuesto del desconcierto. —No dudé nunca en lo lograrías. No me malentiendas, sé que no te gusta que duden de ti o te sobreestimen, pero… me alegra tanto. Espero que no sea un problema que te lo diga yo; un sin poderes.
Izuku tenía una manera de rememorar su pasado que no le reprochaba la redundancia de su lógica.
No puede evitar sentirse idiota por su Yo del pasado.
—¿Dónde has estado? Fui varias veces a tu casa y la tía me decía que no estabas ahí.
Lo ve desviar la mirada, frunciendo las cejas, sugiriendo una incomodidad frente a su interrogante.
—No digas nada—Asegura.
Izuku alza la mirada y contempla el verde calarle. Cavila en él una hondonada profunda.
—Bueno, Kacchan. Fue un gusto haberte visto luego de varios años(ocho, creo) sin vernos—No. No. —Me tengo que retirar. Nos vemos en algún momento—Él aún no está listo para dejarlo marchar. No lo estará en ningún futuro. —Espero que sigas siendo el mejor como lo has hecho hasta ahora.
El guantelete de su traje se empalma en su mano como si de un pegamento se tratara.
Frena su decisión de retirarse. Izuku lo ojea sorprendido.
—¿Kacchan?
Ansía oír su apodo de sus labios más veces. Las veces que quiso presenciar su voz.
—Tenemos que hablar— Manifiesta.
—¿Qué?
—Tengo algo que decirte.
—Me lo puedes decir ahora. Estoy apurado.
—Tiene que ser ahora— Presiona. Sus dedos se endurecen sobre las fibras de sus músculos. En sus años de conocerlo y el tiempo sin verlo no reparan la distancia que él mismo creó; y, pese a todo, la gentileza de tratar con los otros ha sido una labor de apariencia casi inexistente.
Katsuki sigue siendo el mismo imprudente de boca suelta de la infancia. Radica en su personalidad temperamental el ruido y el influjo de joder las cosas con su bocota.
Se advierte que debe tener cuidado con su imprudencia. No busca ahuyentar a Izuku con la presión de su necesidad; su deseo.
Izuku contempla por unos segundos el guantelete apresando su mano y visiblemente, contiene la tensión hilvanando en su físico.
—¿Por qué ahora?
¿Por qué ahora? Se repite. Porque le tomaron años para aceptar su estupidez.
—Las veces que he ido a tu casa no estás—Reclama.
—Y de qué quieres hablar que es tan importante.
«De todo. Del pasado. De ti. Y de mi. De mis sentimientos por ti. De tus sentimientos.»
Son muchos tópicos, muchas constantes, miles de direcciones, un sinfín de posibilidades; de caminos por tomar. Sin embargo, Katsuki aprieta su agarre, mirándolo con el fervor que no pudo expresar en la adolescencia.
—De lo que te dije la última vez—Confiesa áspero.
Izuku se tensa en su guante. Suelta el aire contenido de sus pulmones y revolotea a su rostro. Es una turbulencia agitada por la frágil línea de separación.
—Kacchan, no te tienes que forzar a hablarme de eso. Ya pasó.
—¡No me estoy forzando!
—Kacchan—Pronuncia suave. —Ya lo superé.
—No es verdad. Si fuera verdad, no te hubieras tensado—Apunta.
—¿Por qué quieres hablar de eso? Estamos en la calle. Nos acabamos de ver luego de muchos años y es lo primero que me dices. Esta conversación no está fluyendo bien. ¿Podrías soltarme? No voy a huir, esta vez. Lo prometo.
Katsuki gruñe para sus adentros, aferrado a sostener su acción.
—Kacchan. Estás usando tu traje. La gente nos está viendo.
—¡Cállate!— Espeta. —Vamos a hablar ahora.
Ni siquiera le importa lo que está usando. Es más, le pasa desapercibido el hecho de usar el traje de héroe.
—Kacchan—Agita ligeramente el brazo, causando caos en él, quien se rehusa a dejarlo ir. Ya lo hizo una vez, no piensa hacerlo de nuevo.
Su corazón late a mil por hora, revoloteando de alegría.
—¡No!
—Kacchan, por favor.
—¡No!
Tiembla. Sus venas saltan, refulgen a la luz del día. Se hallan latentes, al igual que la creciente agitación salpicando su expresión.
—Kacch-
—No, hasta que accedas a hablar conmigo—Condiciona.
Izuku lo escudriña aparentemente impertérrito a su súplica. Parece renuente a acceder, mas en el rato tendido en el que ambos hombres se observaron en un silencio envuelto por los ruidos de la multitud, asintió.
—Está bien. Hablaré contigo.
Es un comienzo.
El olor a café serpentea por el establecimiento.
Sus latidos eclipsan la eludida realidad de la sonoridad externa, mientras el verde del contrario lo miran con un fulgor dominante.
Tras aceptar hablar con él, Katsuki lo llevó a la agencia, indicándole que lo esperara en lo que se despojaba del traje y se cambiaba a ropa civil.
Siempre se vestía lento y mesurado, pero en esa ocasión, apresuró en vestirse con la velocidad que sus explosivas manos permitieron, pues creía que Izuku lo abandonaría ahí, mas lo esperó.
Fueron a un café cercano a los rumbos de la agencia. Uno que no fuera tan llamativo como las franquicias.
El ambiente ameno lo hace más sencillo de poder escuchar lo que sea que surja de aquella conversación, pues no intenta acallar las palabras de su boca.
—Puedes empezar, Kacchan— Sus mejillas rosadas denotan un color llamativo de su blanca y pulcra piel. Katsuki se muerde el labio inferior. —No voy a huir, si es lo que estás pensando, aunque no sé cuál era la urgencia de hablar conmigo si nuestra amistad no quedó en buenos términos, que digamos— Al ver su disgusto (propio), apresura a añadir—: ¡No es contra ti! Claro que no. No te guardé rencor por cómo acabó nuestra relación. Éramos muy inmaduros en ese entonces para saber el peso de nuestras acciones, ¿No lo crees?
Katsuki no tiene razones para negarlo.
—Si es por eso de lo que quieres hablar—Continúa. —Créeme cuando te digo que jamás me lo tomé personal o como una forma de herirme. Reconozco que al principio me dolió mucho, mas en cambio, ese día fue cúspide para mi, al darme cuenta que no podía ser un héroe.
Reconoce la incapacidad de su Yo del pasado al despotricar estupideces con una confluencia bárbara. Se maldice y se lamenta ahí mismo, mas hacerlo no hará la situación mejor, pues no podrá transmitir sus sentimientos adecuadamente a Izuku si se retiene en sus recurrencias.
—Esas palabras—Musita con la voz atorada. —No lo dije en serio.
Izuku sonríe. Es esa sonrisa que en su pasado la tapó con sus manos para que el sol no deslumbrara el calor que irradia.
Aún no entiende por qué sonríe, pero no lo cuestiona. Es Izuku.
—Lo sé—Reconoce. —Lo sé… Es parte de que hayamos crecido en diferentes circunstancias, a pesar de que vivíamos en el mismo barrio. No todos nacemos iguales, Kacchan. Hay unos que nacemos con quirks excelentes para ser héroes, otros con quirks no tan poderosos, y hay unos que nacemos in ninguna particularidad. Esa es la realidad a la que llegué a los cuatro y es la realidad que aún sustento. Pero—Yergue los hombros y los baja como externando que le da igual el tema. —No te culpo por pensar así. O a los demás que tienen esa mentalidad.
Katsuki emite un sonido similar al chasquido de la lengua. Es su manera de dar a entender que ya no piensa así, que ya respeta a las personas que nacieron sin una particularidad.
Sin embargo, al ver que Izuku lo mira directo a los ojos como si pudiera penetrar sus pupilas dilatadas por el asombro, olvida el tren de sus pensamientos. Se empapa de su mirada, empalagado por sus sonidos.
—Comprendo tu razonamiento— Prosigue como si el chasquido no lo detuviera de hablar. Parece que haberlo invitado a platicar salió a su favor. A Izuku no le para la boca. —Es el razonamiento de muchos otros héroes. No obstante, no puedo concordar que los que no tenemos particularidad no podamos tener oportunidades.
—¿A qué te refieres con eso?—Alza una ceja.
Izuku vuelve a sonreír.
—¡Ah! Pues trabajo en una agencia publicitaria de héroes—Suena orgulloso. —Entrevisto, escribo artículos, etc. Un montón de cosas. Se ha acomodado a mi manera de ver el mundo de los héroes. Es un trabajo que no me arrepiento de haber escogido.
—¿A qué héroes entrevistas?
—Oh, pues a Cellophane—Enumera. —Fat Gum, Shouto, Uravity. Bueno, a ella la he entrevistado varias veces. Es una chica muy agradable.
El pecho se le aprieta en un nudo. Las emociones se estampan en su centro bocal, impidiéndole quejarse, reclamarle, lo que sea que pudiera hacer para no imaginarse a Izuku con otros héroes. Teme por que una situación de esa índole ocurra antes de que él pueda actuar.
—¿Cuánto tiempo llevas trabajando ahí?
—Hace poco. A decir, verdad no tengo mucha experiencia—Ríe. Es una risa que acaricia sus tímpanos. Se derrite embalsamado por la finura del terciopelo de su voz. —Así que me ponen a los héroes de mi edad, y poco a poco a los mayores. Como Fat Gum o Hawks. Todos son héroes increíbles—Izuku deslumbra; lo encandila, volviendo grumos sus intentos de intervenir.
Entonces, Izuku sonríe sin darle tregua.
A Katsuki se le atragantan las cavilaciones, junto con el café sin tocar.
Izuku está arrasando con él y no lo puede detener.
—Fuera de ese trabajo, mi vida ha sido muy tranquila—Afirma consecutivamente con la cabeza.—La tuya, no pregunto, porque he estado al tanto de lo que has estado haciendo desde la última vez que nos vimos. Sé que te ha ido genial en lo que hiciste y cómo formaste parte de los festivales deportivos y estuviste presente el día en que All Might se retiró. Un día impactante, sin duda—Sacude la cabeza, lamentándolo. —Ojalá hubiera estado ahí, para verlo. ¿Sabes que el día en que te atrapó el monstruo del limo me encontré con All Might? Me dijo que renunciara a mi sueño.
—¿Él te dijo eso?—No evita la sorpresa escapársele. Su maestro e ídolo de la infancia había sido muy bueno con él.
A la evidente sonrisa de Izuku, entiende que es así.
—All Might no es así ahora— Corrige.
—Me imagino. Aun con eso en su contra, no he dejado de idolatrarlo.
—Izuku—Interrumpe. Es atropellado, pese a la gentileza con que trata hacerlo. Lo atisba mirarlo ligeramente perplejo. —Lo siento… por todo.
—Kacchan—Articula al filo de su asombro. —¡No es necesario que te disculpes!
—Claro que lo es—Insiste terco. —Lo es. Lo es… Fui inmaduro y un estúpido y se supone que deberías de odiarme por sugerirte a que hicieras algo tan horrible, pero tenía miedo. Estaba inseguro. Proyecté mis debilidades en ti, porque sabía, aún sé, que tienes la madera suficiente para ser un héroe. Siempre lo he sabido y ¡Fui un tonto!—Se dice con odio.
Izuku hace ademán de tomar sus manos y Katsuki aludiendo a su petición, acepta su iniciativa, limitándose a sentir el suave ardor de su piel tocarse con la suya.
Su pecho revolotea.
—Kacchan, está bien.
—No lo está.
—Kacchan, claro que lo está. Mira dónde estamos ahora. Cada uno. Estamos juntos, no como los niños que fuimos, sino como los adultos en que nos hemos convertido. No desmerites tu crecimiento. Es muy valioso para mi.
—Tonto—Mofa con fingido reproche. Aprieta sus manos entre las suyas. Son cálidas, asemejándose a los pasteles de arroz que tanto le gusta comer con salsa picante. —Dime una cosa—Lo vislumbra asentir. —¿Puedo volverte a ver?—Se siente estúpido por pedir eso, pues sabe muy bien que no puede ofrecerle una amistad duradera, y si la ofrece, querrá más y más, y eso sería meterse en territorios sinuosos.
Es aberrante reprimirse; es un castigo equivalente a sus cometidos.
—Sí, Kacchan. Me gustaría—Izuku aprieta sus manos y Katsuki advierte su corazón bailotear en un vuelco.
Sus sentimientos borbotan en una acumulada explosión frenada por su cara pétrea y su mueca.
Hablar no resulta ser tan malo como se espera.
A partir de ahí, comenzaron a verse a menudo; más por iniciativa de Katsuki que por otra cosa. Sus acercamientos, que, en muchas ocasiones terminaban con Izuku tomando la palabra y él callando como el buen escucha que es cuando está con él.
Sabía que si se acercaba de más, podía asustar a Izuku con la intensidad de sus acciones, resultando que éste se alejara y él no quería eso. La distancia lo sobrepone a estar en un constante estado de alerta, pues quiere ganarse el máximo de su confianza; ser cercano a él (hasta donde se le permita, claro). No quiere ser imprudente en la vida de Izuku, mas la sola idea de que éste se enfade con sus acciones lo asusta.
No obstante los varios sonrojos de Izuku alimentaban su iniciativa, lo que hacía que sus emociones desbordaran en un frenesí casi incontrolable.
Se decía que si lo veía sonreír radiantemente hacia él, destruiría al próximo villano que se presentara en su camino y no le importaría meterse con la ética profesional de un héroe.
Mas se detenía cuando Izuku definía sus impulsos, al referirse a las menciones de su vida en el trabajo, pues básicamente es lo único que le relataba, sin tocar el tema de su vida en el campo, lo cual sentía que era más por resistencia a contarle que cualquier otra cosa, lo que no entendía el motivo por el que callaba. Él no se molestaría, en cambio, lo escucharía.
Aunque al final del día, regresaba a su departamento con una sensación de plenitud por haber pasado momentos de su tiempo a lado de él. Sentía que se llevaban mejor que en la infancia y que si Izuku lo dejaba entrar a su mundo poco a poco es por algo. Quería tener esa esperanza de que las cosas se darían de mejor manera porque ese tiempo era el indicado para acercársele.
Sus manos buscaban entrelazarse con las suyas, aguardando los tiempos en que el inviernos terminara y el verano arribara a éstas. Katsuki no sabe cuánto es que vale la espera, mas comprende lo valioso que es aguardar con la boca seca a ascuas de sus sentimientos. Y Katsuki se sorprende a sí mismo cuando no sabe qué hacer con sus manos. Éstas reaccionan actuando por cuenta propia, advirtiéndose al borde de ceder a tocarlo, pues las manos tienen el poder de acariciar, rozar, alcanzar, sostener. Katsuki quiere esas cosas, quiere mostrarle a Izuku que ya no es el mismo Katsuki de la adolescencia.
La impaciencia lo flagela demasiado, debido a que no puede reprimirse por más tiempo.
Y cuando ve esos ojos que hablan por sí solos, se derrite.
Al recogerlo del trabajo ese día se dice que tiene que abrir la boca por una buena vez. Les había comentado a sus amigos de un amor de la infancia que tuvo, debido a que su ausencia de interés por las relaciones de pareja suscitó curiosidad en ellos, se empecinaron en cuestionarle dicho desinterés, a lo que él les dijo que recién se había encontrado con éste y que haría lo posible por ganarse su confianza.
Kirishima, como su fiel mejor amigo, le hizo saber que fuera lo más sincero posible, y que aunque Katsuki desmerite las confesiones de amor, debía recurrir a una, porque eso es lo que un hombre hace. Le dijo que se viera varonil, pues eso habla de una confianza y seguridad en sí mismo y en sus sentimientos.
Kaminari, su otro amigo, segundeó tal consejo, expresando que si gritaba de seguro lo ahuyentaría, a lo que se ganó una explosión en la cara por parte suya. Mina y Sero, comentaron lo mismo al decirle que no recurriera a los gritos pese a cómo surja la situación; es decir, la ansiada respuesta de Izuku.
Katsuki no estaba para escuchar burlas o para las suposiciones de ser rechazado, aunque Kirishima confiaba ciegamente en que si hablaba respecto a cómo se sentía, las cosas encajarían en su lugar.
Katsuki no estaba seguro de ello, debido a su tormentoso pasado con Izuku, comprende que la balanza está en su contra.
Lo pensó concienzudamente, le dió miles de vueltas, hizo introspecciones mesuradas y lo clasificó en su cerebro como la máxima prioridad por encima de su trabajo de héroe a que eso es lo que haría.
Izuku conversa amenamente con él acerca de su apasionada labor en los análisis de héroes, mismos que en diversas ocasiones compartió con él, coincidiendo en muchos puntos de vista.
Si Izuku hubiera sido un héroe, se habría convertido en el mejor. Nadie de igualaba a su mente estratégica y asombrosa capacidad para desmenuzar punto por punto los defectos de los tan aclamados héroes. Nadie era perfecto, pero si existía una definición cercana a esa perfección, Izuku la había obtenido.
—¿Kacchan? Ey. ¿Me estás escuchando?
Katsuki alza la vista, topándose con su suave mirada y se advierte aguarse.
—Sí, te estaba escuchando.
Izuku pone cara de no creerle en absoluto. Curvea los labios en un mohín adorable.
—No me estabas escuchando. Llevas distraído desde que viniste—Katsuki frunce los labios, endureciendo su ceño. —¡No te estoy reclamando, ni nada por el estilo! No me malentiendas, Kacchan.
—No lo hago.
—¿Seguro?— Sus ojos se abren, alertas.
Katsuki pone los ojos en blanco.
Asiente.
Izuku suspira aliviado. —Me alegro, Kacchan. Es un gusto que estemos en buenos términos. No esperé que nos fuéramos a encontrar y que nos volviéramos a hablar. A decir verdad, no esperé que me fueras a buscar en el tiempo en que estuve fuera de la ciudad—No terminó lo que decía, pues calla al percatarse que habló demasiado.
A él no le importa, mas el asunto no escapa de sus oídos.
—¿Me vas a decir por qué te mudaste o no? Y peor, sin la tía. La dejaste sola.
A Izuku los ojos se le espabilan, su piel cobrando un auténtico color al papel reflejando un semblante similar al de una roca.
—Yo-yo…—Juega con sus dedos índices. —Kacchan, es complicado.
—No evadas el tema. Dímelo a la cara—Las pupilas de Izuku se dilataron. —¿Qué es lo que estás ocultando?
—Lo siento. Es que si te digo te ofenderás.
¿Qué excusa tan tonta es esa?
—Dime—Exige exasperado.
—Me mudé al campo para encontrar mis opciones, ya que no podía ser un héroe sin un poder— Manifiesta como tarabilla. —Al llegar ahí entendí que podía hacer muchas otras cosas que no sabía hacer como el trabajo de campo, reparar, cortar madera, construir algo maravilloso con ella. Aprendí a sobrevivir por mi cuenta sin el uso de poderes. Fue bueno para mi, pues en esta sociedad donde hay tantos héroes, los que no tenemos poderes somos reducidos a simples civiles—Mira hacia abajo y Katsuki puede sentir el instante en que el pecho se le hace nudo. —Yo no quería eso. Quería tener mejores posibilidades, siempre y cuando esas posibilidades tuvieran que ver con el mundo de los héroes…—Su discurso se vuelve lento. No soporta verlo así. —Quería ser útil… no podía rendirme.
—Y no lo hiciste—Katsuki decide callar el discurso con contundencia. —Lo hiciste muy bien.
—Kacchan—Sus ojos se humedecen. El verde brilla; es hermoso. —Gracias—Musita. —No quería que pensaras que es tu culpa el que yo haya tomado esa decisión. Las cosas que aprendí, la calma de una ciudad ruidosa, el bombardeo de las noticias, no lo tiraría a la basura por nada.
—Y no lo harás, Deku—Cerciora.
En un arranque de valentía, posa su mano en su hombro. Se estremece al ver que Izuku no lo aleja. No puede evitar enrojecer de los nervios y sentir que la temperatura le sube en un decadente vaivén. Las mariposas aletean en su vientre. Los vasos sanguíneos se acumulan en las protuberancias de sus pómulos.
—¿Sabes? Aún me pregunto cómo es que no te cansas de mi. Hablo mucho, lloro mucho, analizo mucho, todo lo que hago es mucho—Sonríe triste. —Es agotador.
—Lo hago porque me gustas— Se oye a sí mismo decir. Entonces la realidad se cierne sobre él y se percibe ruborizar furiosamente, a la vez, que sus palpitaciones suben de tono ajetreando sus tímpanos. —Espera…Deku. Lo que dije es-
—Lo escuché—Interrumpe sin verse turbado por su confesión; al contrario, la sonrisa continúa proviniendo de sus labios. Su corazón revolotea, no puede contener la revolución gigantesca que estremece su cuerpo.
—Deku. Aguarda. Lo que quiero decir es que no espero una respuesta. Lo que siento es de años y-
—Kacchan, está bien— Asegura. Hace una pausa y lo ve directo a los ojos. —No hace falta que me digas más.
Katsuki no puede más que mirarlo, expectativo, pues cree que será rechazado. No, definitivamente lo rechazarán ahí mismo. Para qué tener esperanzas si lo que dijo en un momento de debilidad le saldría tan caro como perderlo. Por qué amedrentarse con falsas ilusiones a sabiendas de que Izuku se sentiría incómodo con su confesión.
Así que Katsuki apretó los labios sin emitir sonido.
Puede advertir la oscuridad cernirse en su cabeza borrando todo el calor que creyó haber alcanzado en una milésima parte, gracias a la virtud de la paciencia. Le resulta exhaustivo mantener la fachada de malhumorado, cuando en realidad su peor temor se encuentra delante de sus ojos.
Izuku baila con su expresión. Sus humedecidas orbes reflejan en sus espejos su nítido rostro.
—Acepto— Fue su respuesta, sorprendiendo a Katsuki, quien abrió las esquinas de sus ojos. —Porque también me gustas, Kacchan.
El pecho se le hincha de gozo aun sin saber lo que pasa a su alrededor o lo que procede de sus palabras.
—¿Qué has dicho?
—Me gustas—Repite.
—Dilo otra vez.
—Me gustas.
Esos ojos verdes se funden en el solsticio de su mirada rojiza bañada por el resquemor emocional.
Katsuki da un paso al frente, cerrando la distancia entre ellos. Izuku no se apartaba, por lo que sustenta el argumento que escaparon de sus labios, acallando los sonidos rimbombantes de su ajetreado corazón.
Antes de acortar los centímetros que lo separan, Izuku toma la iniciativa de acercase más rápido con un fuerte instinto reinando en él. Sus labios hacen contacto al rozarse. Es mágico, es majestuoso. Se siente bien. Enardece las arreboladas protuberancias de sus pómulos y explota el sinsentido de sus silencios. Enmudecido por esos labios rosados que asemejan el color de los cerezos caer en primavera, sintiendo la respiración acalorada del verano acariciar su dermis sobreponiendo cualquier estupidez distraerlo de la maravilla que ocurre.
Sus labios se mueven sobre los suyos e instantáneamente siente su pecho revolotear de gozo.
Katsuki se entrega al decoro de sus besos cálidos y azucarados. Transmite lo que quedaba enredado en los silencios arraigados en las miradas envueltas en un tierno decoro.
Al separarse, Izuku lo abraza estrechando sus brazos en su torso, apretándolo. Katsuki, al ser más alto, queda a unos centímetros arriba del rostro de Izuku encontrarse por encima de su hombro. Katsuki se agacha a su cuello e inhala de su fragancia y se embalsama en el dulce néctar que emana su cuello.
Exhala, liberándose de sí mismo, pues vive el sueño de su adolescencia en su máximo fulgor.
—Deku.
—¿Hm?
—Me gustas.
—Y tu a mi—Por el tono de su voz, sabe que está sonriendo. —No puedo creer que me dijeras que te gusto. Ha sido un sueño de años poder estar en tus brazos, Kacchan.
Katsuki comparte el sentimiento más que bien. Lo saborea con el sabor metálico que deja permeable en su boca cuando lo cavilaba.
No piensa soltar este momento.
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NOTA: Pensaba dejarlo hasta ahí, pero dada la inspiración que me genera esta idea, veré si la extiendo a una siguiente parte.
