"Celo" (Lado Izuku)

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Escucha el sonido de gemidos venir del otro lado de la habitación y se molesta. Aprieta la toalla mojada, el agua escurre por su puño. Su jefe, su admirable jefe se encuentra en una situación crucial y él sólo puede mirar a lo lejos su propia ineptitud transcurrir tortuosamente.

Izuku Midoriya es un Alfa. Un Alfa defectuoso: sin aroma, sin capacidad de oler a omegas, incapaz de reaccionar a las feromonas de los omegas y alfas, y sobre todo, una estatura baja del promedio de los alfas.

Izuku no se puede perdonar no haber notado que algo extraño le ocurría a su jefe esa mañana que lo recogió de su casa. El agotamiento y la cara ligeramente roja son clara señal de que un omega está a punto de entrar en celo. Izuku lo vio y pensó que su jefe estaba por enfermarse, puesto a que su jefe es riguroso en tomar sus supresores y colocarse parches inhibidores de aroma en su glándula a pocos días previos de su celo.

Izuku se ha memorizado la agenda y horarios de su jefe con meses de anticipación en su semestre trabajando en la empresa.

Cabe decir, que Katsuki Bakugo es un jefe estrictamente organizado. Una cualidad, sin duda, admirable para él.

Izuku deja la toalla en el bowl de agua con hielos, agarra la bandeja de estofado que había hecho.

Izuku toca la puerta. Un gruñido seguido de un gemido contenido salen del otro lado.

—J-jefe, ¿Puedo pasar?

No oye respuesta; sólo los sonidos que emergen de la boca de su jefe que volverían loco a cualquier Alfa.

—Le acabo de preparar el almuerzo. No es bueno que se salte las comidas—Dice. Deja esperar unos segundos. Añade.—Jefe, por favor.

Su jefe se queja. Izuku puede jurar que se retuerce en la cama, desesperado por que la incomodidad se vaya de su cuerpo. Qué más quisiera que su jefe no pasara por tal sufrimiento; además, de no entender cómo es que su jefe no tomó sus supresores esa mañana antes de ir al trabajo, siendo así que nunca se le olvidan. Pero Izuku no sabe hacerle esa clase de preguntas a su jefe, puesto a que el contrato constataba que cuestiones personales estaban fuera de discusión.

Sin embargo, a Izuku le intriga saberlo. Saberlo para auxiliarlo.

¿Y si su jefe está teniendo problemas para recordar?

¿Y si está pasando por un mal momento?

Se supone que para eso está él. Para eliminar lo que acongoje a su admirable jefe.

Izuku tiene en mente que el estrés de lidiar con una multitud de jefes Alfas está cobrando factura en el jefe. La reunión de la tarde anterior llevada a cabo con Shindo con la intención de cooperar en la producción de carrocería y ensamblaje para los vehículos deportivos, fue discriminado nuevamente por su condición de omega(diciéndole que los omegas no servían para liderar) y Shindo intentó coquetear con Katsuki, quien con su indiferencia y malhumor salió de la sala de reuniones, no sin antes, Izuku incapacitarle la muñeca a Shindo cuando estuvo por tocar a su jefe.

—Si no quiere comer, le dejaré el estofado picante de cerdo en la puerta.

De pronto, escucha un grito que lo estremece.

—¡¿Katsuki?! ¡Jefe! ¿Está bien? Le pondré otra compresa fría en la frente, no se preocupe, no dejaré que usted sufra solo. ¡No me tardo!

—¡Deku!

Izuku corre máxima velocidad por la compresa y se planta en la puerta con la respiración agitada. Su jefe quita el seguro de la puerta y abre. En instantes tiene a su jefe sudoroso, en ropa interior, la cara roja, respirando por la boca. Sus movimientos se ven laxos, lentos. Izuku no es ajeno a ver a un omega en celo. Ver a su madre, su mejor amigo, sus compañeros de la academia, en ese estado es bastante común.

Sin embargo, vislumbrar a su jefe así le genera impotencia.

—¡Jefe!—Chilla. —¿Qué hace parado? ¡No se pare! Causará más estragos para su cuerpo pararse.

—Cállate—Respinga.

Izuku se permite navegar el cuerpo de su jefe en busca de encontrar algún signo de malestar. Izuku coloca una mano en su frente, y se sorprende al sentir cuanto arde. Su jefe aprieta los labios, conteniéndose.

—¡Está ardiendo!

Le pone la compresa y se lo lleva a la cama. Lo acuesta sobre las sábanas mojadas, notando el sudor filtrado en ellas. Izuku se hace una nota mental de cambiarlas en la noche.

—Estás sudando mucho…

A Izuku se le olvida hablarle de «usted».

—¿Qué esperabas de un celo, idiota?

—Creí que estabas mejorando.

—¿Te burlas de tu jefe?

Por tanto, Izuku retoma el hablarle con mayor formalidad.

—¡N-no es eso! ¡Y-yo jamás me burlaría de usted! ¡Usted es perfecto!

—Tsk.

—Lo digo en serio. Usted es perfecto en cualquier momento, usted siempre brilla. Irradia energía, fuerza. Es la imagen de la victoria para mi. Cómo podría burla de usted si lo admiro.

Tras decirle aquello, su jefe hunde la cara en su almohada. La oleada de gemidos continúa. Izuku encierra los puños.

«Perdóneme jefe… no se merece pasar por esto. Y más que un simple empleado como yo lo vea. Me debe de estar odiando»

Izuku se disculpa. Su jefe rueda los ojos.

—Debo dejarlo descansar. La comida se la dejaré en la mesita de noche. Por favor, coma algo, aunque sea un bocado. Iré a recoger sus surpresores, me hablaron de la agencia de omegas que habían llegado en la mañana. Cerraré su casa con llave. Mientras, usted descanse y no se preocupe por nada, que eso me encargaré dude protegerlo con lo mejor de mis habilidades. Confíe en mi.

El cuerpo de su jefe tiembla.

—Quién carajos confiaría en ti—Su jefe bufa.

Izuku se atreve a pasar un poco de las cláusulas del contrato y toca sus cabellos rubios. Su cabello es suave, liso. La intriga de tocar a su jefe y cerciorarle de que él no se sobrepasaría con él, que Izuku es firme en cumplir con su deber, porque Katsuki verdaderamente le preocupe y le importa.

—No me tardo—Dice con la voz baja.

Izuku quita su mano de su cabello. Se dispone a marcharse, cuando siente un ligero tirón del dobladillo de la camisa. Su jefe exhala cansado.

—¿Jefe?

—Más te vale no tardarte.

Izuku sonríe. Por un momento, pensó, juzgando por la indescifrable expresión surcando el rostro de su jefe, que lo correría de su casa.

Ir por los supresores es tarea sencilla, pues hay varias agencias de protección para omegas en la ciudad donde siempre los tienen disponibles. Izuku corre lo mejor que puede. El aire se le escapa del pecho, su postura se tambalea, su expresión luce apurada. Se creía que cuidar de un omega en celo es difícil, dada a su naturaleza de necesitar de un alfa para aplacar sus celos. Pero, Izuku no está de acuerdo pues, sí es difícil cuidar de un omega en celo, mas esto se debe a su manera de afrontar los celos va de acorde a las preferencias del omega.

En este caso, adivinar las exigencias de un omega tomaba su tiempo. Del lado de su jefe, está en ceros para saber sus formas de lidiar con un celo.

Izuku recoge los supresores de la agencia, sudando, y regresa.

En cuanto llega, su jefe lo recibe con un gruñido agotado y el estofado a la mitad. Izuku suspira aliviado; al menos, su jefe comió algo.

Izuku le entrega los supresores y va a la cocina por un vaso de agua.

—¿Se siente mejor?

—Acabo de tomármelos, estúpido.

—Cierto—Ríe nervioso. —Jefe, dígame, ¿Qué hace cuando está en celo?

Katsuki lo ve con un dejo de molestia.

—Pervertido—Sisea.

Izuku se ruboriza.

—Pregunto porque quiero ayudarlo.

—Con los supresores basta.

—Pero, quiero que se sienta más cómodo. Un celo es muy agotador.

—Qué te importa.

—Me importa, porque usted me preocupa.

—Y una mierda te importo.

—Usted me dio la oportunidad de trabajar para su empresa cuando me rechazaron en la entrevista. Significa que vio algo en mí que nadie más lo hizo. Por eso, quiero demostrarle mi admiración siempre que pueda.

—Esta mierda la haces porque tu trabajo es cuidarme. No pongas excusas.

—¡No son excusas! Yo lo aprecio a usted verdaderamente. Me importa.

—Te odio.

—Y yo lo admiro a usted—Dice con una sonrisa. —Haría cualquier cosa por usted.

Katsuki lo mira con ojos serios. Izuku asume que se debe a su imprudencia y opta por marcharse de la habitación y dejar solo a su jefe. Sus mejillas han vuelto blancas y su respiración de ha tranquilizado. El supresor le ha hecho efecto.

Izuku se sorprende cuando siente nuevamente un tirón del dobladillo de su camisa. Se gira a verlo.

—¿Jefe?

—¿Cualquier cosa?

—Sí.

—Entonces, quiero que me respondas algo y me hables con la verdad y más te vale no vacilar, idiota. Que te conozco.

—No lo haré, jefe.

Izuku percibe su corazón acelerarse.

—¿Has sido pareja de un omega?

—¿Qué?—Escupe; su jefe lo escanea con la mirada dura. —¡No, jefe! ¡Claro que no! ¿Por qué pregunta? No, eso no quise decir. Quiero decir que por qué quiere saber…

—Eres un Beta. Los Beta suelen estar con otro Beta. No salen de su zona de confort.

—No, yo no, jefe. Nunca he salido con nadie.

—¿Saldrías con un omega?

—No creo ser una buena opción para un omega. No tengo aroma. No podría ayudar a un omega a hacer un nido en su celo…

«Además ¿Quién querrá ser pareja de un alfa defectuoso como yo?»

—¿Intentarías salir con un omega?

—No sé, jefe. Me temo ser rechazado por uno o despreciado.

—Hmm.

—Jefe, ¿Se siente bien? ¿El supresor le hizo efecto?

—No cambies el tema, imbécil.

—Lo siento.

Izuku tiene miles de pensamientos en su mente en relación al interrogatorio de su jefe. Acaso quiere saber si tiene disponibilidad para trabajar más horas, o en su lugar, desea conocer sus opiniones respecto a los omegas.

—Hay un omega que saldría con un Beta como tu.

Izuku alza la mirada, sorprendido.

—¿Qué ha dicho?

Las mejillas de su jefe se han teñido de un rosa rojo que confunde a Izuku.

—No repito lo que digo, Deku.

—No soy una buena opción, jefe. Lo juro.

—No me hables.

—Lo siento.

—¡Y no te disculpes!

—Perdone, jefe. No quería molestarlo.

—No estoy molesto, carajo. Solo…cállate.

E Izuku aprieta los labios para no emitir palabra alguna. Sin embargo, no descarta lo que su jefe mencionó momentos antes. «Hay un omega que saldría con un Beta como tu». ¿A qué se refiere con eso? ¿Es que su jefe le presentará a un omega?

Izuku traga saliva.

Katsuki se quita las sábanas. Sus piernas blancas y tonificadas salen a la luz; el sudor se condensa en su piel.

—¿Qué sigues haciendo aquí? ¡Salte!

Izuku da un salto ante la inesperada reacción de su jefe.

—¡Katsuki! Jefe. Pero usted, sus preguntas.

—¡Salte!

—¿Acaso me presentará a un omega?

—¡¿Hah?! Presentarte una mierda. Ni siquiera contestaste si saldrías con un omega. Temblaste como un maldito cachorro.

—Es que nunca he salido con uno.

—No pregunté eso, carajo.

—Bueno, sí saldría con un omega… pero con un omega que me quiera por quién soy.

Izuku está rojo. Claro que lo está. Acaba de exponerse ante su jefe porque no le puede ocultar nada. Su cara arde, arde, arde. Y Katsuki está justo ahí, sin dejar de verlo con esa expresión indescifrable y sus ojos duros, lo que lo pone en un aprieto, porque esto nunca se lo ha dicho a nadie, ni su voz lo ha escuchado.

—Ese omega te va a querer por ser un idiota.

—¿Usted conoce a ese omega?

Katsuki sonríe de lado; con esas sonrisas en las que enseña los dientes que dice que ni su sombra lo detiene.

—Jefe, puedo preguntar por qué me lo quiere presentar. No soy alguien que destaque, no soy atractivo, hablo mucho, soy muy torpe, no me cuido lo suficiente. Dudo que un omega se sienta seguro a mi lado.

—¿Terminaste?

—¿Qué? Ah, sí, jefe.

—Debería de correrte por todas las pendejadas que dices—Desdeña, con los brazos cruzados. —Pero no puedo correrte porque es una maldita molestia.

—Lo siento.

—Mierda, deja de disculparte—Masculla. —Y antes de que te salgas, tráeme tu saco.

Izuku abre los ojos con gesto confundido.

—No cuestiones mis órdenes. ¡Tráeme tu maldito saco, imbécil!

—¡Sí!

Una vez, le trae el saco. Katsuki se lo coloca en el rostro, dejando solo sus ojos expuestos.

—¿J-jefe, por qué hace eso?

—¿No es obvio, imbécil?

—Si es lo que creo que es, es para un nido. Jefe, pero yo no tengo aroma. Es inútil hacer un nido.

—Con una chingada, Deku. Qué omega en su sano juicio le pide su ropa a un Beta para su celo. Deletréalo, idiota.

—No entiendo.

—Deja tu camisa y salte.

Izuku desabotona su camisa, sintiéndose extraño de quedar con su playera de tirantes, se la entrega a su jefe, quien se la pone sin abotonar y regresa a oler el saco, ante la incrédula mirada de Izuku. Si se tratara de un alfa con aroma, dirá que el omega lo invita a estar con él, pero sabe que ese no es el caso.

—Sabes que sí tienes olor, ¿No?

Izuku frunce las cejas, interrogativo.

—Tu loción, idiota. Hueles a un maldito bosque.

—Ah, sí.

El rubor no abandona el rostro de Izuku, quien mantiene su mirada fija en el comportamiento inusual de su jefe.

—A ese omega no le importa que no huelas a nada.

—Jefe, Katsuki, no me dé esperanzas en vano.

Su jefe chasquea la lengua.

—Serás idiota—Gruñe. —Siéntate y cállate.

—¿Qué? Pero si me dijo que me fuera—Repone alarmado.

—No cuestiones mis órdenes. Lo dice tu maldito contrato.

—Sí, lo siento.

E Izuku se sienta con nerviosismo, sus cara ardiendo, la confusión brotando de su postura tambaleante. El jefe está muy raro. ¿El celo le afecta de esa manera? Izuku no puede verlo directamente a la cara.

—Más te vale entender que a ese omega ya lo conoces.

—¿Eh?

Katsuki lo fulmina con la mirada.

—Jefe, ¿Quién es ese omega?

—Lo ves todos los días…—Lo dice tan baja que Izuku apenas logra escucharlo. Su corazón palpita veloz dentro de su agitado pecho. Izuku teme profundizar más en el tema, porque no quiere molestarlo.

—Katsuki…

—¿Qué más respuestas quieres?—Exclama de pronto, sobresaltando a Izuku. —¡Averígualo, imbécil! Es tan obvio que no necesito darte la respuesta.

Izuku no hace más que mirar sus manos y sentir sus orejas quemar igual que su cara. Si es lo que cree que es, mantiene una relación estrictamente de trabajo con la recepcionista, que es omega y con la única con la que platica, además del secretario Iida Tenya que es alfa y el chofer, Kirishima Eijiro, otro alfa. Los dos únicos alfas(tres poniéndolo a él) que el jefe Katsuki permite en la empresa; al primero porque es amigo de la familia Bakugo y el segundo porque es su mejor amigo. Pero Izuku no conversa con los demás empleados.

Con quien está pegado siempre es con el jefe Katsuki. Fuera de eso, Izuku no ve a los empleados, ni a sus compañeros para tener algo con ellos.

Entorna los ojos hacia su jefe oler su saco y frotar su barbilla en su camisa y no puede pensar en más. El jefe Katsuki se ve tan en paz. Izuku nunca ha dado su ropa para un omega en celo, la ha usado para tapar el olor intenso que surge de su glándula en ese estado, pero es una vista inusual e intrigante que difícilmente puede quitarle la mirada de encima.

—Jefe¿Usted…?

—¿Qué quieres?

La paz en el rostro del jefe Katsuki se vuelve enojo. Por alguna razón, a Izuku le disgusta provocar eso en su jefe. Izuku estira su mano y atrapa una de las mejillas del jefe. El aludido enrojece, lo atisba apretar el saco entre sus puños, sus pupilas dilatarse ligeramente.

—Olvídelo. No creo que valga la pena preguntarle.

—Sácalo, Deku.

Izuku pone cara de inquietud.

—Deku—Su jefe presiona. —Escúpelo.

—¿Usted saldría con un alfa?

La mano de Izuku se adhiere a la mejilla del jefe Katsuki, la cual podría fácilmente incinerarle la piel. O más esos ojos rojos que hablan tanto con sólo mirarlo.

—¿Hah?

—¿S-saldría con un alfa?

—¿Por qué carajos saldría con un alfa? Esos malditos no conocen de límites frente a los omegas. Los consideran débiles, los imbéciles.

—Sí, pero no todos los alfas son así. Tiene a Iida y a Kirishima trabajando para usted.

—¿Adónde quieres llegar con esto?

—Bueno, es que usted…— Izuku delinea el pómulo afilado y delgado de su jefe con la yema de los dedos. —Usted me hizo esas preguntas. No sé qué pensar de ellas. Estoy confundido. Quería más claridad si lo escuchaba, a pesar de que sé que no sale con alfas.

—Eres un Beta, Deku.

Izuku contiene los músculos del cuerpo, sus dedos centrados en la línea que traza su quijada. El jefe no parece turbado de su tacto en los minutos que lleva su mano ahí pegada. E Izuku no la quiere quitar.

—Sí.

—A ver, Deku, ¿Por qué saldría con un alfa si eres un Beta?

—No sé…

Entonces, su jefe sube una de sus manos a posarla sobre la suya. El calor se cierne en sus nudillos. Izuku entra en terror, su corazón late desbordado por la adrenalina que le produce tener a su jefe tocándolo.

—¿Por qué uso tu ropa?

El tono de su jefe es más exigente.

—No sé.

—¿Por qué carajos crees que te dejé entrar en mi casa, imbécil?

Las venas de la mano de su jefe se marcan.

—¡No sé!

Izuku está muy atolondrado con el inesperado celo de su jefe, las preguntas, las indirectas que no capta, las expresiones que no descifra, esa mano en la suya que lo sacude.

—¡Piensa, Deku! ¿Qué más señales quieres ver?

—Yo…

—Te dije que no te iba a ayudar pero ver que no entiendes es una maldita molestia.

—Lo siento. No logro entender lo que me quiere decir, jefe.

El jefe suspira con enfado, retira su mano de la suya y regresa por aspirar el aroma de su saco. El frío que corre por su mano le deja un vacío en el estómago a Izuku.

—Ya que tu cerebro no da para más. Cuando mi celo se termine te lo haré a entender.

—¿No puede ser a-

—No—El jefe lo interrumpe; su tono es cortante.

Izuku baja la cabeza. Ve los muslos blancos de su jefe y retira la atención de ellos. Se dice que, pese a la confusión, ayudará al jefe en los días del celo y se mantendrá en paciente.

—De acuerdo—Izuku accede con una sonrisa.

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NOTA: Esta es mi experimentación con el omegaverse luego de haber hecho un one-shot de Katsuki y quise hacerlo de Izuku.

Pensaba hacerle un fic por su cuenta, pero lo dejaré así.

Espero que les guste.