Galaxy Angel – La novelización

Por Fox McCloude

Disclaimer: Galaxy Angel y todos sus personajes son propiedad de BROCCOLI. Todos los derechos reservados.


Profecías caóticas (3-4)


Ahora que Ranpha había decidido dejar de acecharlo desde las sombras como una acosadora, Takuto finalmente pudo concentrarse más en buscar al intruso a bordo del Elsior. Si bien el hecho de tener que ayudar a Ranpha a buscar su amuleto perdido complicaba un poco las cosas, el joven comandante lo vio como una oportunidad de demostrarle que era digno de su confianza.

Empezaron por repasar en dónde había estado Ranpha antes de perderlo. La rubia le dijo que iba a la sala de entrenamiento y a los vestidores todos los días, y luego al terminar se iba a su habitación. De ser ese el caso, era más probable que el amuleto se le hubiese perdido en uno de esos lugares, y Takuto tomó nota de buscar allí en cuanto pasaran.

Ojalá y ese sujeto se quedara quieto por un momento para que pudieran atraparlo. Sin embargo, antes de abandonar el bloque donde estaban, no estaría de más revisar las áreas faltantes, antes de comenzar a ver en el resto de la nave, así que su primera parada era el salón de té, razonando que había una posibilidad de que lo hubiese perdido allí ya que lo frecuentaba junto con las demás.

Cuando entraron, ambos se percataron de que Mint estaba sentada en una mesa, como siempre disfrutando de sus dulces y té, y rápidamente ella notó su presencia.

– Oh, hola. – los saludó. – ¿Vienen a tomar algo de té también?

– Hola, Mint. – replicó. – Lo siento, esta vez no. En realidad, estábamos buscando algo, así que ahora no tenemos tiempo.

– Sí, sí. Tenemos muchas cosas que hacer. – asintió Ranpha. – Lo entiendes, ¿verdad? Lo sentimos mucho, Mint.

Los dos comenzaron a ver por todo el suelo, debajo de las sillas y mesas. El piso del salón de té estaba bastante limpio, así que incluso un objeto pequeño como el amuleto de Ranpha, a juzgar por su descripción, debería ser fácil de ver. Después de varios minutos, ninguno de los dos tuvo suerte en encontrarlo, así que concluyeron que no se le debía haber caído en ese lugar.

– ¿Puedo preguntar qué están buscando? – dijo Mint luego que ambos regresaron a su mesa.

– Un amuleto que llevaba en mi cartera. – dijo Ranpha. – No, no parece que esté aquí. Qué mala suerte.

– Y tampoco parece haber rastro de mi imitador. – agregó Takuto. En eso miró a Mint, y de repente le vino una idea a la mente. – Ah, ahora que lo pienso, Mint, tú eres una telépata, ¿verdad?

– Sí, es tal como dices. – asintió la peliazul.

– En ese caso, ¿no podrías leer mi mente para probar que soy inocente de espiar? ¿Por qué no lo hiciste antes?

– Bueno... en realidad ya lo hice. – replicó Mint juntando sus manos. Sus orejas telepáticas se bajaron notablemente. – Sin embargo, aunque en la superficie tú sientas que eres inocente, yo no puedo estar segura.

– ¿Oh, de verdad? – preguntó Takuto algo extrañado.

– Los humanos pueden convencerse a sí mismos de las mentiras. En realidad, hay una posibilidad de que te hayas convencido a ti mismo que eres inocente. – dijo Mint en un tono muy serio.

– Hmm, bueno, eso es verdad. – admitió Takuto. – Pero en este caso yo no creo que...

– En cualquier caso, la telepatía no puede usarse como prueba de tu inocencia, Takuto-san. – dijo Mint. Sonaba algo melancólica por alguna razón.

– No importa, Mint. – dijo Ranpha. – De todos modos yo sólo creo lo que veo con mis propios ojos.

– Ya veo. Bueno, significa que tendré que capturar al verdadero culpable después de todo. – murmuró Takuto.

Ahora que lo pensaba, las palabras de Mint tenían sentido. Sería demasiado conveniente si su telepatía fuese confiable, como para utilizarse en interrogatorios. Hasta él sabía que un criminal podía pensar que era inocente si creía que sus acciones estaban justificadas o que no había hecho nada malo, aunque las pruebas físicas dijeran lo contrario.

– Por favor no te sientas decepcionado. – dijo Mint. – Estoy segura de que probarás tu inocencia eventualmente... si es que realmente eres inocente.

Takuto estuvo seguro de que lo dijo con toda intención de animarlo, y lo apreciaba, pero el énfasis que hizo en la última parte le dio a entender que todavía tenía sus dudas respecto a él. A diferencia de Milfie, Mint era claramente un poco más escéptica. Pero de nuevo, no podía culparla, así que la única forma de ganarse su confianza era demostrar irrefutablemente su inocencia.

Se despidieron de Mint y ambos salieron del salón dirigiéndose al ascensor para ir al bloque D. Allí estaba la sala de entrenamiento y el primero de los lugares más probables donde Ranpha podría haber perdido su amuleto. Salvo por el equipamiento, el lugar estaba bastante despejado, así que revisar por el piso no debería ser demasiado difícil entre los dos, y rápidamente cubrieron todo el terreno.

Desafortunadamente, tampoco lo encontraron allí, incluso buscando entre las rendijas de las máquinas de ejercicios. Luego de revisar hasta el último rincón, fueron a los vestuarios (algo un poco extraño considerando que fue en ese lugar donde había empezado todo el lío), pero tampoco encontraron nada allí, ni al mirón, ni el amuleto de Ranpha, para decepción de ambos.

– Oye, ¿no escuchas algo? – preguntó de repente Ranpha cuando salieron al corredor.

– ¿Eh? – Takuto aguzó el oído, y fue entonces que se dio cuenta. Había un jaleo proveniente de la enfermería. – Vamos a ver qué sucede.

Los dos entraron, y una vez allí, vieron que la Dra. Kera estaba frenéticamente recogiendo un montón de lana desordenada en el suelo mientras Vanilla intentaba ayudarle. La lana se le hizo familiar por alguna razón, pero en cuanto los vio, la doctora se puso de pie y lo miró muy enojada.

– ¡Ah, conque ahí está! ¡¿Cómo se atreve a volver como si no hubiera pasado nada?!

– ¿Eh? ¡¿Pero qué hice?! – exclamó Takuto en shock.

– Alguien deshizo completamente el suéter que la Dra. Kera estaba haciendo. – explicó Vanilla.

– ¡Nada de alguien, usted fue quien lo hizo, Comandante Mayers! – volvió a gritar la doctora. – ¡Vanilla y yo salimos por un rato, y cuando regresamos usted se estaba yendo con mi lana en las manos! ¡Me vi obligada a cortar el hilo cuando lo estaba destejiendo, pero ya era demasiado tarde!

– No, Doctora, se equivoca. – dijo Takuto. – Es una larga historia, pero basta con resumir que hay alguien a bordo de la nave que se está haciendo pasar por mí.

– ¿Eh? – La expresión de la médico del Elsior cambió de enojo a confusión. – ¿A qué se refiere con eso?

– ¿Es eso cierto? – preguntó Vanilla.

Aunque fue muy sutil, su expresión también mutó, y se notaba también sorprendida. Takuto entonces recordó la conversación que tuvo con ella en el hangar luego de la pelea contra esos cazas, y chasqueó los dedos al tener una realización. Tal vez estaba más cerca de resolver el misterio.

– Vanilla, ¿recuerdas lo que me dijiste en el hangar? Los misiles que nos impactaron no causaron mucho daño más allá de sacudir un poco al Elsior, ¿verdad? – le preguntó, y ella asintió. – Bueno, esto puede sonar algo absurdo, pero sospecho que el propósito de esos misiles podría haber sido introducir a algún espía en la nave, y ese es el sujeto que se está haciendo pasar por mí para causar problemas.

Vanilla y la doctora intercambiaron miradas. Por un momento, Takuto pensó en decirle a Ranpha que le diera algo de apoyo, ya que ella llevaba un rato con él y quizás la ventana de tiempo podría darle una coartada. Sin embargo, no fue necesario, ya que a los pocos segundos de estar muy pensativa y considerar lo que le dijo, Vanilla volteó a verlo y dijo:

– Entiendo. Doctora, Takuto-san está diciendo la verdad.

– ¿Eh? ¿En serio? – La doctora suavizó su expresión y sonrió. – Bueno, si tú lo dices, Vanilla, entonces confío en tu criterio. Discúlpeme por haberlo acusado, Comandante.

– No se preocupen, entiendo su reacción. – aseguró él.

– Pero todavía no te has librado de lo de ser un mirón. – dijo Ranpha, haciéndolo enfurruñarse.

– Escucha, ya te dije que no fui yo. Además, ¿no se supone que te estoy ayudando a buscar tu amuleto? – se defendió él.

– Todavía podrías estar haciendo trampa. – insistió la rubia. – Igual no creo que esté aquí, ya que últimamente no he venido a la enfermería.

– Entonces vamos a otra parte. – dijo Takuto. – Doctora, Vanilla, les prometo que atraparemos pronto al culpable que arruinó su suéter.

– Buena suerte. – dijo Vanilla.

Ya sin más que hacer, Takuto y Ranpha abandonaron la enfermería. A juzgar por lo sucedido, seguramente el impostor debía haber estado en allí no hacía mucho. Parecía que siempre llegaban al lugar justo después que se había ido. ¿Quizás sería mejor pedir algo de ayuda adicional?

Con eso en mente, fueron hacia la sala de tiro. Como se esperaría, Forte estaba allí, aunque en ese momento no se encontraba disparando, sino que estaba sentada frente a la mesa, y extrañamente también tenía los ojos vendados.

– Oh, Forte, ¿qué estás haciendo? – preguntó Takuto.

– Mira allí, su revólver está desmontado. – dijo Ranpha, señalando hacia la mesa. Efectivamente, el arma de Forte estaba totalmente desarmada, pieza por pieza, hasta el último resorte y tornillo, y todo muy bien organizado.

– Esas voces... ¿Ranpha y el Sr. Comandante? – preguntó Forte. – Justo a tiempo. Vengan, les quiero enseñar algo.

Curiosos, Takuto y Ranpha se aproximaron para ver. Sin quitarse la venda de los ojos, Forte comenzó a palpar las piezas de su revólver, ensamblándolas y luego volviéndolas a desarmar a una velocidad sorprendente. En menos de un minuto, el arma estaba totalmente ensamblada, y al siguiente, sin más, todas las piezas estaban de nuevo separadas sobre la mesa, y totalmente ordenadas.

– *Silbido*, increíble. – dijo Takuto, bastante impresionado. – Lo estás haciendo con los ojos vendados, y muy rápido.

– Hago esto cada mañana antes del desayuno. – dijo Forte con un deje de orgullo.

– Hmm... conque sí, ¿eh? – murmuró Ranpha. Takuto la miró y vio que la rubia entrecerraba los ojos y sonreía con algo de malicia. – Jejeje... en ese caso...

– Oye, Ranpha, ¿qué estás...?

– ¡Shhh, cállate! – Takuto vio que Ranpha cogía algunos de los tornillos del arma y los movía de lugar, y quitaba uno de los resortes mientras Forte terminaba de desensamblarla. Lo llamarían aguafiestas, pero no le parecía bien que hiciera eso.

– Un momento, Forte, Ranpha está...

– ¿Cambiando de lugar los tornillos y escondiendo un resorte? – preguntó la pelirroja.

– Sí, eso es... espera, ¿qué? ¿Cómo te diste cuenta?

– No deberías sorprenderte tanto. – dijo Forte levantándose la venda de los ojos. – Aunque, aprecio que me hayas avisado, gracias.

– ¡No es posible! – exclamó Ranpha. – ¡¿Cómo lo supiste, Forte-san?!

– Cuando haces esto tantas veces como yo, cualquiera puede darse cuenta incluso sin mirar. – replicó Forte encogiéndose de hombros.

– ¿Cualquiera? Jajajaja, cualquiera no, Forte. Tú eres una profesional. – dijo Takuto.

– Deberías aprender a montar y desmontar las armas con las manos. – dijo Forte, guiñándole un ojo. – Ven a verme si algún día quieres que te enseñe.

– Claro, suena divertido. – replicó el comandante.

– Como se esperaría de Forte-san, supongo. – sonrió Ranpha, y le devolvió el resorte. – Ten, puedes tenerlo de vuelta.

– Ahora tendré que rehacerlo todo desde el principio. – dijo la pelirroja un poco seria. Ranpha se rio nerviosa y de inmediato pidió disculpas.

– Jeje, perdón.

– No importa. A todo esto, ¿qué están haciendo ustedes aquí? – preguntó Forte.

– Estamos buscando un amuleto que se me perdió. – explicó Ranpha. – Tiene forma de un pequeño martillo, ¿no lo has visto?

– ¿Amuleto? Hmm, no, siento mucho decir que no lo he visto. – replicó Forte.

– También estamos buscando al intruso que está haciendo pasar por mí. – agregó Takuto. – ¿Crees que podrías ayudarnos a atraparlo?

– Me gustaría, pero primero tengo que terminar de guardar mis armas. – replicó Forte. – Si me dan unos minutos, después podré unirme a ustedes.

– Entiendo. – dijo Takuto. – Descuida, podemos seguir buscando por nuestra cuenta un poco más. Perdón por molestarte. Vámonos, Ranpha.

– Nos vemos.

Con eso, ambos salieron de la zona de tiro. Ya habían dado muchas vueltas por este bloque, así que quizás sería mejor ir a los cuarteles. Si ya habían revisado los vestidores y la sala de entrenamiento, entonces el último lugar donde podría estar el amuleto de Ranpha debía de ser su propia habitación. Con suerte, seguro lo encontrarían allí y se podría concentrar en buscar al impostor.

Al salir del elevador y empezar a caminar por el corredor, se encontraron con Milfie, que venía con una canasta de picnic en la mano, y rápidamente se acercó a ellos.

– ¡Ah, Takuto-san, Ranpha! – los saludó alegremente. – Parece que los de mantenimiento ya terminaron de arreglar el parque galáctico. ¡Ya podemos ir de picnic ahora!

– Qué bien. – dijo Takuto. – Pero... ahora mismo estamos un poco ocupados, lo siento.

– Ah, cierto. – la sonrisa de Milfie se apagó un poco. – Dijiste que tenías que encontrar al verdadero culpable, ¿no? Qué lástima.

– Será en otra ocasión, lo prometo. – aseguró Takuto. – En cuanto hayamos atrapado a ese impostor y todo esté un poco más tranquilo.

– Oye, que no se te olvide, mi amuleto también es importante. – le dijo Ranpha metiéndole un codazo en el costado.

– ¡Au! No tan fuerte. – se quejó el comandante.

– ¿Tu amuleto? ¿El que te dio tu familia? – dijo Milfie, a lo que Ranpha asintió. – Si quieren puedo ayudarles a buscarlo, ¿qué dicen?

– Gracias. – dijo Ranpha. – De hecho, ahora que recuerdo también vine a tu cuarto esta mañana, cuando fui por los ingredientes que me pediste a la tienda. Tal vez se me haya caído allí dentro.

– No digan más, enseguida voy. – Y sin tardanza, Milfie se metió a su cuarto. Mientras lo hacía, Ranpha arrastró a Takuto hacia su propia puerta, y sin mediar palabras la abrió para dejarles entrar, aunque él se detuvo en el umbral por reflejo.

– ¿Qué haces? – le preguntó. – No te quedes allí parado como un idiota.

– ¿Eh? Pero... ¿está bien que entre a tu cuarto así nada más? – respondió él.

– Dijiste que me ibas a ayudar, ¿no? – le recordó la rubia. – Vamos, entra de una vez.

Se sintió bastante raro, ya que en lugar de ser invitado dentro, Ranpha prácticamente lo metió a la fuerza. Bueno, supuso que si lo dejaba entrar al menos le tendría algo de confianza, y efectivamente él sí le había dicho que la ayudaría a encontrar su amuleto

En contraste con el cuarto de Milfie, el de Ranpha parecía tener un estilo oriental, con unos pergaminos con caracteres chinos colgando de las paredes al fondo, unas ventanas falsas hexagonales y en el centro una alfombra con el símbolo del yin-yang debajo de una mesa de té con dos sillas. Del lado izquierdo estaba una cama sencilla con cortinas de dosel, y del derecho un gabinete donde había un montón de cosas como jarrones, fotos enmarcadas y botellas de productos variados. Las lámparas en el techo parecían estar hechas intencionalmente con el diseño de linternas chinas antiguas.

– Wow, tu cuarto tiene un estilo bastante exótico. – comentó Takuto.

– No estamos haciendo un tour. – dijo Ranpha. – Vamos, ayúdame a buscar, empieza por el piso allá.

– Sí, sí, entendido.

Y con esto, nuevamente pusieron manos a la obra. Ranpha empezó a buscar debajo de su cama, mientras él echaba ojo por el suelo alrededor del gabinete. Luego se puso de pie y empezó a mover los cachivaches con mucho cuidado para no romper algo, ya que algunas de esas cosas se veían bastante delicadas. Al no encontrar nada allí, decidió revisar debajo de la mesa.

Y entonces, vio un pequeño brillito en la alfombra. Se acercó para verlo más de cerca, y efectivamente, se trataba de un diminuto martillo con un pequeño cordón atado al mango.

– ¡Ah, Ranpha! ¡Ya lo encontré!

– ¡Ah, ese es! – exclamó la rubia, empezando a correr hacia él. – ¡Mi amuleto!

Al parecer, cegada por la emoción y las prisas, Ranpha no se fijó que él todavía estaba debajo de la mesa en ese momento y vino tan rápido que se tropezó y se golpeó la cabeza con el borde. La rubia gruñó y se quejó de dolor mientras se frotaba la frente.

– Ayayay... eso dolió.

– ¿Estás bien? – preguntó Takuto preocupado. – Déjame ver...

Takuto empezó a palparle la frente, y se dio cuenta que se había hecho un chichón con el golpe. Aunque tardó un poco más en darse cuenta de lo que estaba haciendo, y que probablemente por eso ella estaba empezando a ponerse roja.

– Parece que no es muy serio, menos mal. – dijo él. – ¿Te sientes bien?

– Sí... ahora, ¿te importaría dejar de tocarme la frente?

– Ah, perdón. – Takuto apartó la mano de inmediato. Los dos se quedaron mirándose en silencio por un momento, lo cual se le hizo bastante incómodo, hasta que Takuto recordó qué estaban haciendo. – Ah, cierto, tu amuleto.

– ¡Muchas gracias! – Ranpha tomó el diminuto martillo y lo estrujó protectoramente entre sus manos. – ¡Ah, qué alivio! Por un minuto no sabría que hacer...

– Ahora que lo miro bien, parece estar tallado a mano, ¿no? – observó Takuto luego de verlo más detenidamente.

– Sí... sabes, esta es mi posesión más preciada. – dijo Ranpha, en un tono bastante melancólico que no le había escuchado hasta ese momento.

– ¿Más preciada? – preguntó Takuto intrigado.

– Cuando me fui de casa para convertirme en piloto en la academia, mis hermanos menores me dieron este amuleto. – explicó ella. – En mi planeta, este es un símbolo de buena fortuna, así que me lo dieron para que me ayude a ganar dinero.

– ¿A ganar dinero? – Takuto se interesó todavía más por escuchar ese relato.

– Mi familia es muy numerosa, y muy pobre. Cuando era pequeña, realmente la pasamos muy mal. – continuó. – En la cena, solíamos pelearnos por la comida que sobraba, y siempre teníamos que hacer fila para entrar en el baño. Todos los días eran una batalla. – De repente sonrió. – Pero aun así... somos muy cercanos.

»Este martillo de buena fortuna es un ejemplo de eso. Cuando me fui de casa, pese a que su hermana mayor los estaba dejando, me regalaron esto. Ellos mismos lo tallaron, aunque hicieron un trabajo algo torpe. Mira aquí, por ejemplo, quedó algo rayado.

– A mí me parece que está muy bien hecho. – comentó Takuto. – Puedo ver que se esmeraron mucho en tallarlo.

– Gracias. – dijo ella. – Por eso siempre trato de mandar parte de mi salario a casa para apoyarlos. Por la buena fortuna que me dieron con esto, he ganado mucho dinero, así que puedo enviarles también regalos y cartas con frecuencia.

– Entiendo. – asintió Takuto. – Realmente piensas mucho en tu familia, y ellos en ti.

– ¿Y eso no es algo natural? – dijo ella. – La gente que no piensa en su familia es de lo peor.

Takuto no pudo evitar quedarse mirando el amuleto de Ranpha. Cuando la conoció por primera vez, le pareció que era una chica ruda y agresiva, por lo que le sorprendió mucho ver este lado de ella. Acababa de comprobar que pese a su duro exterior, era una persona de buenos sentimientos que se preocupaba mucho por su familia, y eso era realmente admirable. Ahora podía entender por qué estaba tan asustada de creer que lo había perdido, y lo mucho que significaba para ella.

– Oye, ¿hasta cuándo planeas quedarte mirándolo – preguntó Ranpha, sacándolo de su trance.

– Eh, perdón, es sólo que... pensaba que es bueno tener certeza de este tipo de cosas. – dijo él, rascándose detrás de la cabeza. – A mucha gente le daría vergüenza que le vieran con algo como esto.

– ¿Qué estupidez es esa? – dijo Ranpha. – Yo amo a mi familia, ¿qué hay de malo con eso?

– Nada, obviamente. Sólo que me parece admirable que seas tan directa en admitirlo.

– Bueno, como sea. – Ranpha le volvió a sonreír. – Takuto, gracias de nuevo por ayudarme a buscar mi amuleto.

– Oye, no lo digas así, que me sacas los colores. – replicó él.

– Bueno, ahora que ya lo encontramos, este caso está cerrado. – dijo Ranpha mientras lo volvía a poner a salvo dentro de su cartera.

– Whoa, whoa, espera un momento. Te recuerdo que todavía no hemos resuelto lo de la acusación contra mí. – le recordó él.

– Ah, ¿todavía te preocupa eso? – dijo ella. – Ya no me importa, te perdono.

– Aunque aprecie eso, no es suficiente. A menos que atrape al culpable no habrá forma de convencer a los demás. Y además... tengo un mal presentimiento sobre todo esto.

– En ese caso, sigamos buscando al culpable juntos. ¡Andando!

Con un problema ya resuelto, Takuto y Ranpha salieron de la habitación, justo a tiempo para ver que Milfie salía de la suya para informarles que no pudo encontrar el amuleto. Afortunadamente, Ranpha le dijo que no debía preocuparse, que ya lo tenían, así que podían concentrarse en resolver el otro misterio.

– ¡Ah, allí estás! ¡Ven acá de inmediato!

Justo en ese instante, Forte apareció en el otro lado del corredor, y se veía muy molesta por alguna razón. Ay no, ¿el impostor habría seguido haciendo de las suyas?

– ¿Qué pasa, Forte? – preguntó Takuto, aunque ya intuía lo que iba a decir.

– Nada de "¿Qué pasa?", Sr. Comandante. Devuélveme los tornillos de mi revólver que te robaste, ahora mismo.

– ¿Los tornillos? Pero si yo no los tomé. – dijo Takuto.

– No te hagas el listo conmigo. Cuando me di la vuelta para guardar mis armas, vi que habías regresado, y al revisar me faltaban dos tornillos de mi arma. – insistió Forte.

– ¡Pero si ese no fui yo! – se defendió Takuto. – ¡Debió haber sido mi impostor!

– Es cierto, Forte-san. – dijo Milfie. – Takuto-san no haría algo así, ¿verdad, Ranpha?

– Aunque sigo teniendo mis sospechas, he estado con Takuto todo el tiempo desde que salimos de la zona de tiro, y te aseguro que él no cogió ningún tornillo. – dijo Ranpha.

– ¿En serio? – Forte suavizó un poco su expresión. Takuto se sorprendió un poco de que Ranpha lo hubiese defendido sin que se lo pidiera, pero no podía decir que no lo apreciara. – Bien, si lo dice Ranpha, lo acepto.

– A todo esto, ¿pudiste ver a dónde se fue mi impostor? – preguntó Takuto.

– Empecé a perseguirlo cuando lo vi, pero lo perdí de vista cuando llegué aquí. – dijo Forte.

– Hmm... – Takuto se puso pensativo. – La zona de tiro está en el bloque D, y ahora estamos en el bloque C. Parece estar moviéndose de abajo hacia arriba en el Elsior. Es posible que haya ido a los bloques A o B.

Y justo en ese momento, empezó a sonar el comunicador de Takuto. Con suerte, tal vez en el puente ya tenían alguna noticia.

– Habla Takuto, adelante.

– Ah, Takuto, qué oportuno. – Se trataba de Lester, obviamente. – Creo que tu doppelgänger espacial por fin cometió un desliz. Las cámaras acaban de captar una sombra como la tuya.

– ¿Eh? ¿En dónde? Yo he estado con el Takuto real todo el tiempo. – dijo Ranpha.

– No, esta sombra estaba sola. – dijo Lester. – Mientras ustedes dos estaban ocupados flirteando.

– ¡No estábamos flirteando! – exclamó Ranpha algo indignada, aunque Takuto pudo verle algo de rubor en las mejillas. Forte y Milfie se rieron por lo bajo, pero Takuto rápidamente desvió la conversación al punto importante.

– Como sea, ¿dónde viste la sombra? – preguntó.

– Parece que se dirigía hacia el parque galáctico, aunque no puedo estar seguro. – replicó Lester.

– ¿Pero no se supone que hay cámaras en el parque? – preguntó Takuto. – Entonces, ¿por qué iba a...?

– Algo está interfiriendo con los monitores, y la imagen se corta. – dijo Lester. – Desde el último ataque enemigo, el sistema de seguridad ha estado inestable. Tengo un mal presentimiento sobre eso.

Takuto intercambió miradas con las Angels. Podía ver que todas estaban pensando lo mismo que él, y sus sospechas sobre el ataque estaban cada vez más cerca de ser confirmadas. Con razón estaba siendo tan difícil de rastrear, si realmente estaba interfiriendo con el sistema de seguridad del Elsior. Por otra parte, si iba al parque, ese sería un callejón sin salida y tendrían más posibilidades de atraparlo. Esta era su oportunidad.

– Entendido, gracias, Lester. Cambio y fuera. – dijo Takuto. – Ya escucharon, el impostor se está escondiendo en el parque. Tenemos que ir de inmediato antes de que vuelva a desaparecer.

Todas asintieron y sin tardanza lo siguieron hacia el elevador para ir al bloque A. Apenas se abrió la puerta, todos se dirigieron hacia el parque galáctico, que tal como había dicho Milfie ya estaba reparado.

En cuanto entraron, vieron que el camino de entrada parecía estar despejado, pero no había señal del doble de Takuto por ninguna parte. El comandante sugirió que se separaran para cubrir más terreno, por lo que Forte y Milfie se fueron por el sendero de la izquierda, y él y Ranpha por la derecha. Iban con mucha cautela, pues no sabían lo que podría hacer una vez que lo atraparan.

Pasaron varios minutos sin que ninguno de los dos viera nada. Luego del picnic que tuvieron cuando llegó al Elsior, se sentía un poco extraño que el parque estuviera tan silencioso. Era un poco escalofriante, para ser honesto, pero se esforzó por mantener su sangre fría y no mostrar debilidad o miedo en frente de Ranpha.

– ... No parece que haya nadie aquí. – dijo Takuto. – ¿A dónde se habrá ido mi imitador?

– ¿Crees que ya haya salido de aquí? – preguntó Ranpha.

– No creo. – dijo Takuto. – Este lugar es muy grande y hay muchos sitios donde podría ocultarse. Esta vez no pienso dejar que ese impostor se salga con la suya y haga lo que le plazca. Aunque se trate de un doppelgänger espacial, tengo que encontrarlo.

– Hmm... oye, Takuto.

– ¿Sí? ¿Qué pasa?

Al voltear a ver a la rubia, notó que tenía una expresión inusualmente tímida en el rostro. Muy extraño, considerando que en lo que llevaba de conocerla siempre había sido alguien muy directa, e incluso agresiva.

– ... Sabes... me sorprende admitirlo, pero no eras tan mal tipo como creí. Al principio pensé que no eras alguien muy confiable, pero ahora veo que me equivoqué. – le dijo.

– ¿Eh? ¿A qué viene eso tan de pronto? – preguntó él, halagado y a la vez un poco consternado.

– Realmente eres alguien muy dedicado, y tienes un buen sentido de la responsabilidad. – prosiguió Ranpha. – Creo que mi opinión de ti ha mejorado, un poco.

– Ranpha...

Por un momento, Takuto sintió algo de alegría de pensar que por fin se había ganado la confianza de la rubia, aunque fuese sólo un poco. Sin embargo, antes de poder decir algo más, de repente las luces se apagaron y se quedaron totalmente a oscuras. No sólo eso, sino que los ventiladores también habían dejado de soplar. No podía ver casi nada más allá de su propia nariz.

– ¡¿Eh?! ¡Ay no, todo está oscuro, no puedo ver nada! – gritó Ranpha, sonando claramente con pánico.

– ¿Por qué no se encienden las luces de emergencia? – preguntó Takuto. – Y también dejaron de funcionar los ventiladores. ¡No es posible que fallen tantos sistemas a la vez! – En eso escuchó un rumor que sonaba como algo moviéndose entre los arbustos. – ¡¿Quién anda ahí?!

– ¡Espera! – gritó Ranpha, todavía sonando nerviosa. – ¡Takuto, no me dejes aquí! ¡Kyaaa!

Cuando intentó ir hacia la fuente del sonido, escuchó a Ranpha tratar de detenerlo, y luego oyó que se tropezaba con algo. Su visión se iba acostumbrando poco a poco a la oscuridad, así que pudo distinguir la silueta de la chica que se había caído. No, no podía dejarla allí.

– ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? – preguntó Takuto preocupado.

– Ah, sí, estoy bien... – replicó la rubia.

– ¿Puedes levantarte? Ven, dame la mano. – le ofreció. Ella pareció dudar por un momento, pero finalmente la aceptó. Sorprendentemente, para ser una mano que golpeaba tan fuerte el saco de arena, era muy suave y cálida al sujetarla.

– Sí, gracias...

– Será mejor no movernos hasta que vuelvan las luces. Podríamos tropezarnos con algo. – le dijo él.

– Supongo...

Y luego de decir esto, los dos se quedaron callados, aguardando a que volviera la luz. Takuto pudo notar que Ranpha empezaba a apretarle la mano con más fuerza, casi hundiéndole sus uñas. ¿Realmente estaba tan asustada? No quería arriesgarse a preguntar y que le diera un golpe por ofenderse.

– ... Hey... – dijo ella de pronto.

– ¿Eh? ¿Qué pasa? – preguntó él.

– Sólo... di algo.

– Eh... ¿no me aprietes la mano tan fuerte? – dijo él, tratando de bromear para aliviar la tensión. Sin embargo, la mano de la chica empezó a temblar, y él pudo notarlo. – Ranpha... ¿estás temblando...?

– No es tu culpa. – dijo ella. – Si alguien anda por allí, tal vez ande tras nosotros. Si te vas a otra parte y me dejas sola...

– Ah, lo siento...

– Si de verdad lo sientes, ¡entonces has algo! – dijo Ranpha. Sonaba cada vez más asustada, y el chico no podía evitar imaginarse su expresión.

– ¿Pero qué quieres que haga?

– Sólo... háblame. De lo que sea.

La última parte sonaba casi como una súplica. Mejor dicho, ERA una súplica. Por un momento, Takuto pensó en hacer una broma de nuevo, pero al sentir que Ranpha se sentía muy asustada, y que no quería quedarse sola, decidió que mejor era tratar de animarla.

– No te preocupes, Ranpha. Estoy aquí contigo. Sólo escucha mi voz.

– ¿De verdad? ¿No te irás?

– No. – aseguró él. – Lo prometo.

Eso pareció relajarla, ya que después de decírselo, dejó de apretarle la mano y de temblar. Bien, eso resultó, aunque ahora había otro problema...

– Um... ¿ahora qué debería decir?

– Está bien. – dijo ella. – Ya no hace falta que digas más nada...

En ese momento, sonó un *CLICK*, y la iluminación por fin regresó. Y rápidamente se dieron cuenta que no estaban solos.

– ¿Qué hacen ustedes dos aquí?

Ranpha dio un chillido ahogado, y rápidamente soltó su mano. El príncipe Shiva estaba delante de ellos, mirándolos de manera bastante severa. ¿Habría escuchado su conversación?

– ¡¿P-Príncipe Shiva?! – exclamó Takuto. – ¿Por qué está aquí?

– Necesitaba un cambio de aires, así que decidí salir a caminar un poco. – respondió el heredero. – Y ustedes dos, ¿qué estaban haciendo? ¿Estoy interrumpiéndoles algo?

– ¡N-no estábamos haciendo nada! – dijo Ranpha frenéticamente. – ¿Verdad, Takuto?

– ¿Eh? Ah, sí. No estábamos haciendo nada, en serio. – replicó Takuto. El príncipe los miró con suspicacia, pero finalmente se encogió de hombros y pareció aceptarlo.

– Hm, ya veo. Por cierto, ¿saben cuál fue la causa del apagón de hace un momento?

Takuto no sabía si responderle. Tenía la certeza de que el impostor debió haberlo causado, pero no sabía si el príncipe ya estaba enterado de la situación, y se preguntaba si debería decirle. No querría echarle más preocupaciones con todo lo que ya tenía encima.

– No estamos seguros. – respondió vagamente. – Aunque parece que el sistema ya está otra vez en línea, así que...

En eso, los tres escucharon un ruido extraño. Sonaba como una máquina moviéndose. Takuto y Ranpha inmediatamente fueron a investigar, y el príncipe fue detrás de ellos. El ruido parecía provenir de detrás de los arbustos que enmarcaban el sendero de piedra, así que sin tardanza los apartaron.

Y fue allí que finalmente encontraron al impostor, que sonreía descaradamente.

– ¡No es posible! ¡Es otro Takuto! – exclamó Ranpha.

– ¡Lo sabía! – agregó el verdadero Takuto. – ¡Se estaba haciendo pasar por mí!

– ¡Este debe haber sido el mirón! – Ranpha empezó a tronarse los nudillos, sonando realmente furioso. – ¡Muy bien, apártense, que es hora de la venganza!

– ¡Espera, Ranpha! – Takuto la detuvo poniéndole un brazo delante. – No sabemos de lo que podría ser capaz, no deberíamos acercarnos imprudentemente.

El impostor dio algunos pasos atrás, y de repente empezó a soltar una espesa cortina de humo. Los tres, Takuto, Ranpha, y el Príncipe Shiva comenzaron a toser, y el comandante sintió que le empezaban a arder los ojos, obligándolo a taparse con su propia capa para tratar de filtrarlo.

– ¡¿Q-qué diablos?! *COFCOF* ¡No puedo ver nada! – oyó gritar a Ranpha.

– *COFCOF*, ¡Ranpha, Príncipe Shiva! ¡¿Se encuentran bien?! – les llamó.

– *COFCOF*, ¡sí! *COFCOF*, ¡estoy bien! – decía el príncipe con la voz entrecortada, sin dejar de toser igual que ellos.

Takuto comenzó a agitar las manos tratando de despejar al menos un poco el humo. Este no empezó a disiparse sino hasta uno o dos minutos después, y para cuando lo hizo...

– ¡Aahh! – gritó Ranpha. – ¡¿Cuál Takuto es el verdadero?!

– ¿Eh? – exclamó Takuto. – ¡Wah, tienes razón! ¡Está frente a mí!

– Ambos se ven iguales. ¿Quién es el verdadero? – preguntó el príncipe.

– ¡Yo soy el verdadero, yo! – dijo, y de pronto el impostor habló al mismo tiempo que él. Ambos se miraron entre sí con idénticas expresiones de shock. – ¡¿Puede imitar también mi voz?! Tch... esto será un problema.

No sabía cómo lo estaba haciendo, pero si podía imitar no sólo su apariencia, sino su voz, sería mucho más complicado lidiar con él.

– ¡Diablos, ¿quién de los dos es el verdadero?! – dijo Ranpha, alternando miradas entre ambos.

– ¡Por eso te digo que me escuches! – exclamó Takuto, y de nuevo el impostor le siguió perfectamente, para su gran molestia. ¿Hasta cuándo seguiría con la charada?

– Aww, qué fastidio. Si no hay de otra, ¡voy a tener que golpearlos a los dos! – exclamó cerrando los puños y echándolos atrás.

– Oi, oi, ¿no puedes recurrir a algo que no involucre violencia? – volvieron a hablar ambos Takutos, con evidente pánico en su voz.

– ¡Me disculparé por adelantado! Takuto, lo siento mucho si esto te lastima. – Se tronó de nuevo sus nudillos. – Bien, ¡el de la derecha primero!

Takuto no pudo más que lanzar un grito de sorpresa cuando el puño de Ranpha se le hundió en la boca del estómago, sacándole todo el aire, y podría jurar también que al menos una o dos costillas le hicieron ruido al recibir el impacto, antes de desplomarse sobre el camino de piedra.

– Grk... ayayay...

– ¡Ahora tú! – exclamó Ranpha, y Takuto apenas pudo ver que el impostor también recibía su propio golpe y se desplomaba igual que él.

– ¡Takuto-san, Ranpha!

– ¡¿Señor Comandante?! ¡Whoa, hay dos!

En ese instante llegaron corriendo Milfie y Forte. Él todavía estaba en el suelo, pero pudo ver que las dos recién llegadas miraban confusas, como preguntándose a quién debían socorrer. Forte fue a donde estaba él y lo ayudó a pararse, mientras Milfie iba hacia el impostor, pero justo en ese momento, la silueta de este comenzó a distorsionarse de manera muy extraña, como si fuera un monitor con estática.

– ¡Alto, Milfie! – gritó Ranpha, deteniendo a su compañera. – ¡Hay algo raro con ese Takuto!

El impostor se puso de pie, y cuando la imagen falsa dejó de hacer estática, finalmente pudieron ver su verdadera identidad. Era un robot vagamente humanoide, que podría imitar el esqueleto de un humano con sus extremidades lo suficientemente cerca con un holograma para ser convincente. Ahora por fin todo comenzaba a cobrar sentido.

– ¡¿Qué es esto?! – exclamó Ranpha. – ¡¿El Takuto falso era un robot?!

– Ya sé lo que es. – dijo el verdadero Takuto al reconocerlo. – Es un robot sonda de camuflaje óptico. Utiliza imágenes tridimensionales para imitar apariencia humana y hacer misiones de reconocimiento.

– ¿Así que este era el impostor? – preguntó Milfie en shock.

– Bueno, en ese caso, es hora de que pague por lo que ha hecho. – dijo Forte desenfundando su arma y quitándole el seguro.

– ¡A un lado! ¡A este me lo cargo yo! – gritó Ranpha saltándole en frente. – ¡Por su culpa Takuto salió lastimado! ¡No lo voy a perdonar!

Takuto estuvo a punto de decir que ella fue la que lo golpeó, pero ya no había mucho sentido en ello. Sin más, la rubia echó una carrera hacia el robot y dio un enorme salto.

– ¡TOMA ESTO! ¡TÉCNICA MORTAL, PATADA METEÓRICA!

Si Takuto pensó que el puñetazo que le dio Ranpha le había dolido, no habría forma de compararlo con la patada que le dio al robot. El tacón de la chica golpeó directo en la "cabeza" del robot, que empezó a hacer ruidos que evidenciaban daño en componentes críticos, antes de echar chispas y desplomarse con una explosión de humo, esta vez para ya no volver a levantarse.

– Wow... lo mataste de un solo golpe. – dijo Takuto sorprendido.

– ¡Increíble, Ranpha, como siempre! – exclamó Milfie aplaudiendo.

– ¿Qué tal? ¿Te rindes? – dijo Ranpha, pateando un poco más al ahora inutilizado robot.

– Tus habilidades son espléndidas, Ranpha Franboise. – dijo el príncipe Shiva. – Te enviaré mis felicitaciones por esto.

– Muchas gracias. – dijo Ranpha, haciendo una reverencia al príncipe, antes de girarse hacia Takuto de nuevo. – Takuto, ya que me ayudaste a encontrar mi amuleto, ahora estamos a mano.

– ¿A mano? ¿Y el golpe que me diste? – preguntó el comandante.

– Eso fue para prevenir cualquier peligro. – replicó la rubia. – Fue inevitable, lo siento.

Takuto rodó los ojos. Seguro habría otra forma de haber revelado al impostor que no involucrase que él recibiera un golpe, pero bueno, por lo menos el asunto ya estaba resuelto. Forte se acercó a registrarlo, y encontró algo en medio de sus restos.

– ¡Ah, aquí están los tornillos que se robó de mi revólver! Uff, menos mal. – dijo con gran alivio.

– ¿Y todo este hilo de lana de qué es? – preguntó Milfie.

– Era del suéter que estaban tejiendo Vanilla y la Dra. Kera. – explicó Takuto. – Y esto es...

– ¡Aah! ¡Es la foto de Ricky! – exclamó Ranpha, cogiéndola y llevándosela a la cara para verla muy de cerca. Takuto inmediatamente se la arrebató. – ¡Hey!

– Esa foto es de Creta, ¿recuerdas? Tenemos que devolvérsela. – dijo Takuto guardándola en el bolsillo para entregarla después. Ranpha hizo un puchero, pero él la ignoró. – En serio, esta cosa realmente me causó muchos problemas para un solo día. Bueno, al menos el misterio ya se resolvió.

Con eso en mente, Takuto llamó por el comunicador a Lester para decirle que habían atrapado al impostor y que ahora sí ya iba de camino al puente para relevarlo, para gran alivio del subcomandante.

Sin embargo, todavía quedaban algunas cosas que hacer. Primero pasaría por la enfermería, tanto para devolverles a Vanilla y a la doctora la lana de su suéter, como para verificar que el puñetazo de Ranpha no le dejó ningún daño permanente. Después, haría que alguien llevara los restos del robot sonda para analizarlo, y aprovecharía de devolverle la foto de su ídolo a Creta mientras estaba en ello.

...

Una hora después en el puente, Takuto convocó al resto de la Brigada Angel para una reunión de emergencia, para explicar todos los pormenores de lo que había sucedido. Todos, incluyendo a Lester, escucharon atentamente lo que les decía, y cada una de las piezas encajaba perfectamente.

– Ya veo. – dijo Lester. – Entonces el propósito de ese ataque con los misiles no fue dañarnos, sino meter al robot espía. Pero ¿por qué?

– Sospecho que el robot podría haber estado buscando al príncipe Shiva. – sugirió Takuto. – Piénsenlo, ¿qué otra razón tendrían para estar persiguiendo al Elsior? Después de que lo revisaron, Creta dijo que estaba programado para adoptar la apariencia del oficial de más alto rango de la nave para poder infiltrarse.

– En otras palabras, tú. – señaló Lester. – Esto pinta mal. Significa que el enemigo ya sabe o al menos sospecha que el Príncipe Shiva se encuentra a bordo de esta nave.

– ¿Qué va a suceder ahora? – preguntó Milfie.

– Lo más seguro, es que el enemigo nos esté esperando cuando salgamos del Chrono Drive mañana. – dijo Takuto. – Así que tenemos que estar preparados para pelear cuando llegue ese momento.

Toda la Brigada Angel intercambió miradas muy serias. Sabían perfectamente lo que eso significaba, y Takuto también lo sabía. Así que de momento había sólo una cosa por hacer.

– Por lo tanto, váyanse a descansar por lo que queda del Chrono Drive. – les ordenó. – Es mejor que mañana despierten con energía cuando nos toque entrar en batalla.

– Sí señor. – replicaron todas haciendo el saludo militar, y se dirigieron hacia la puerta.

Ranpha sin embargo, se detuvo cuando todas las demás se habían ido, y echó una última mirada a Takuto antes de salir. Parecía que quería decir algo más, pero finalmente se retiró. ¿Quizás tenía algo que ver con lo que sucedió en el parque?

– Takuto, yo también voy a retirarme. – dijo Lester. – ¿Puedes encargarte de todo por el resto del Chrono Drive?

– Claro. – replicó el comandante. – Y siento haber hecho que te perdieras tu descanso por esto.

– Descuida, no fue tu culpa. – replicó Lester. – Pero a cambio, tendrás que cederme dos de los tuyos para compensar la próxima vez, ¿te quedó claro?

Takuto soltó un resoplido, pero asintió. Lester abandonó el puente, así que él ahora se quedaba a solas con Coco y Almo. Después de todo lo sucedido ese día, sentarse en la silla del comandante por el resto del día no sonaba como un mal prospecto.

Al menos hasta que salieran del Chrono Drive, en medio de la flota enemiga. El lado positivo era que esta vez estarían preparados, y él se aseguraría de golpearlos primero, y más fuerte.

Esta historia continuará...


Notas del autor:

Y ya estamos de vuelta otra vez. El misterio del doppelganger de Takuto se ha resuelto, y Ranpha ha encontrado su amuleto perdido. Al mismo tiempo, también nos ha dado un vistazo de su lado dere, ¿qué les pareció? Quién se iba a imaginar que una chica atlética y competitiva como Ranpha ocultaba un lado sensible y un gran amor por su familia. Y bueno, por fin el desmadre que causó el robot espía llega a su fin, pero ahora están esperando una emboscada en cuanto salgan del Chrono Drive. Mejor irnos preparando para la batalla.

Creo que en este segmento no queda mucho más que decir, en el siguiente concluiremos el capítulo de Ranpha. Gracias por los reviews a Goddess Artemiss, TheNewDabs y BRANDON369, nos estaremos viendo el sábado. ¡Brigada Angel, despeguen!