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Capítulo 16

Sin compromiso

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Había una sensación extraña en el ambiente, como si hubiera sido traicionado. Como si Kasumi lo hubiera traicionado. Lo que no tenía sentido si lo meditaba un poco, ella solo se había ido, dejándolo solo y sin explicaciones o al menos una despedida. Podía haber muchos factores para que se fuera sin despedirse, pero para él, vulnerable como se sentía, no lograba dar con una explicación que lo calmara.

Ahora con el calor del deseo y la euforia por conseguir estar con ella, apagados, pudo analizar la situación con más claridad. Si bien, habían estado juntos, no había sido como otras veces. Kasumi no se mostró afectuosa, por más que intentaba recordar, sus caricias y besos no eran los mismos que hace 4 años y medio. No había admiración ni lealtad absoluta, ya no era su todo. Así como sus ojos dejaron reflejar lo que sentía por él, sus besos y movimientos también se lo dejaron claro.

A su memoria vino aquel consejo del señor de la posada. No podía esperar que su relación fuera la misma de hace 4 años y medio, ellos no eran los mismos, ambos habían cambiado y crecido dentro de sus opciones. Pero lo que Kasumi le había entregado no tenía que ver con madurar, solo había sido sexo. Y le dolió el ego darse cuenta.

La inseguridad floreció como si fuera primavera. Tal vez Kasumi accedió a follar por cansancio, o quizás era una especie de despedida, para darse cuenta ella misma que lo que alguna vez sintió por él ya no existía y podía dar vuelta la página. Probablemente la próxima vez que intentara verla, ella lo rechazaría definitivamente y no estaba listo para eso.

Quizá nunca lo estaría.

Sin mucho en mente, y contradiciéndose a sí mismo una vez más, buscó su móvil y le marcó, necesitaba escuchar al menos su voz esa mañana, saber qué pasaba por su mentecilla. Frunció el entrecejo cuando la llamada se cortó a los cinco tonos. Jadeó indignado, y volvió a marcarle, ella volvió a cortar.

—Me… ¿me estás evitando? —se preguntó incrédulo y volvió a marcar. Pero la llamada esta vez alcanzó a sonar dos tonos y cortaron. No alcanzó a llamar nuevamente cuando recibió un mensaje de ella— ¿"no puedo hablar ahora"? —leyó en voz alta y frunció el ceño.

El pecho le apretó, su respiración se volvió pesada y ruidosa. Estaba molesto y no sabía bien porqué. Sentía que lo estaba tratando como una conquista de una noche cuando lo de ellos era mucho más profundo que eso. No estaba dispuesto a aceptar tal menosprecio, Kasumi sabía lo que sentía por ella, que para él no había sido algo pasajero. Incluso ahora podía regocijarse con que era la mujer que Satoru Gojo amaba ¿y lo trataba así? No lo permitiría. Por lo que siguió llamándola.

Ella contestó a la octava llamada.

— ¡¿Qué diablos te pasa?! —preguntó apenas ella le contestó, sin darle tiempo a que le saludara—te fuiste sin decir nada y ¿ahora me ignoras? ¡Me siento usado! —se quejó resoplando.

Ahora no es un buen momento… —dijo ella en un tono bajo y él bufó ¿no era un buen momento? ¿en serio? ¿esperaba que se calmara después de lo que había pasado y ella actuaba como si nada? ¿en qué se había convertido su Kasumi?

—Me siento usado —le recriminó con más fuerza, y aunque sonaba a broma, realmente lo sentía. Ella guardó silencio por unos segundos, frunció el ceño, sintiendo el corazón latirle deprisa.

Luego hablamos… —finalmente respondió y Satoru blanqueó los ojos al mismo tiempo que sonreía sin ganas, burlándose de sí mismo y de sus sentimientos.

¿Con quién hablas? —abrió los ojos de par en par al oír la voz de Utahime a lo lejos, escuchó a Kasumi carraspear la garganta y responder—C-con mi hermano, lo siento —entreabrió los labios para hablar, pero no se le ocurrió nada qué decir—Ah… su voz es parecida a la del idiota —frunció el ceño al oírla e hizo una mueca de molestia, escuchó a Kasumi reír—So-Sochi… envíame lo que necesitas y luego de la reunión lo veo.

— ¿No dirás que me quieres al menos? —preguntó con el semblante inexpresivo y la mirada sombría.

Y ella colgó.

Se quedó viendo el vacío, a pesar de que podía comprender que estuviera ocupada, seguía con esa molesta sensación en el aire, con esa idea de sentirse traicionado. Ni siquiera cuando Geto dejó la escuela de hechicería se sintió de ese modo.

Definitivamente… el amor era la peor maldición.

Estaba harto.


(…)


Guardó el celular en su bolsillo y tragó con dificultad. No estaba lista para lidiar con lo que había pasado en su noche apasionada con Satoru, no se esperaba que él la contactara tan temprano. Soltó un suspiro y miró a su maestra.

—Lo siento —sonrió a modo de disculpa. Se sentó con cuidado, tenía la cadera, pelvis y la entrepierna adolorida, pero lo disimuló bien. Juntó sus piernas y apoyó sus manos en su regazo— ¿qué me decía?

—Ah… —asintió su maestra—la misión sería solo por un par de días a la semana. Sería de escolta para la madre de Kamo.

— ¿Escolta? —cuestionó extrañada—pero si Kamo-san es el líder del clan, debe tener hechiceros a su cargo ¿por qué quiere escoltas de Kioto? no tiene sentido. —Utahime sonrió, y se dio cuenta rápido de lo que estaba pasando, o eso intuyó. Sintió las mejillas sonrosarse y desvió la mirada.

—Bueno… no es mi rol cuestionarlo… pero la paga es buena —dijo encogiéndose de hombros.

— ¿Uh? —la timidez dejó su cuerpo apenas le oyó— ¿en serio? —preguntó emocionada y su maestra extendió un papel con la propuesta para que la leyera. Alzó ambas cejas al ver el monto, era el pago de dos semanas completas de trabajo por dos días, sonrió emocionada— ¡lo tomo!

—Bien… le avisaré a Kamo, mañana tendrás que ir a la mansión del clan —Kasumi se puso de pie con cuidado y asintió.

—Gracias —sonrió y se despidió moviendo la mano.

Intentó pensar en eso, en su próxima misión que le aliviaría bastante el bolsillo y no en los aparentes reproches de Satoru. Cuando se decidió a acostarse con él, se dijo que sería solo eso, que no cambiaría nada lo que pensaba o sentía sobre su relación con él, pero su confesión la tomó desprevenida. No sabía qué pensar, pero lo que sí tenía claro era que no quería dudar de los sentimientos de él. Quizás para no herirse otra vez, intentaba pensar en que por algo él no lo había dicho antes, si se lo había dicho ahora era porque realmente lo sentía.

En otro momento se habría sentido aliviada por ser correspondida, pero ahora sentía que aquella confesión había llegado tarde.

— ¿Cómo te fue? —levantó la vista al ver a Mai, la esperaba apoyada en la pared con los brazos cruzados y mirándola con cansancio— ¿es una buena misión?

—Sí, bastante —sonrió y caminaron juntas— ¿vienes llegando o vas saliendo?

—Llegando… —comentó mirando hacia el frente—ahora cuéntame… ¿así que Ryuu también se te insinúo?

— ¡¿También?! ¿te dijo algo a ti? —preguntó desconcertada.

—Seh —comentó girando a verla—me lo cogí, no lo hace mal. Quizás busca cogerse a todas las hechiceras de Kioto… también lo hizo con Momo —se carcajeó.

— ¡¿Qué?! ¡es un imbécil! —exclamó indignada. —Con razón no me inspiraba confianza… —se estremeció.

—Es un idiota —dijo sonriendo—pero oye… en serio coge bien. Quizás te ayudaría a desestresarte y olvidar a cierto otro idiota…

—Sobre eso… —comenzó diciendo apenada. Mai la quedó viendo con interés, suspiró nerviosa y giró el pomo de la puerta de su habitación— ¿podemos hablar en mi cuarto? —preguntó.

—Seguro —dijo encogiéndose de hombros. Kasumi empujó la puerta y entró primero, ella se asomó a los segundos y ambas quedaron mudas en el umbral al ver a Satoru Gojo sentado en la cama de Kasumi. Miró a su compañera alzando ambas cejas, Kasumi estaba más sorprendida que ella y con la boca abierta— ¿es en serio? —preguntó alzando una ceja.

— ¿Cómo sigues? —preguntó Satoru mirando a la gemela de Maki. Kasumi balbuceó nerviosa hacia su amiga, ignorándolo y negando.

—N-no ha pasado nada —se rio con vergüenza—de verdad que no ha pasado nada —se apresuró a decir y Satoru frunció el ceño.

— ¿Por qué me niegas? —preguntó poniéndose de pie y caminó hacia ambas. Kasumi giró a verlo con los ojos bien abiertos y el ceño fruncido, advirtiéndole, pero no le asustaba en lo más mínimo. — ¿Te doy vergüenza?

— ¡Por favor! —exclamó al borde de un colapso nervioso—váyase… es más ¿quién lo dejó entrar a mi cuarto? —prefirió preguntar en vez de como llegó tan rápido, seguramente había mal usado su ritual como tantas veces.

—Mira… —comenzó diciendo Mai, en un tono serio ignorando al hechicero mientras miraba a Kasumi—si quieres sufrir por este imbécil es cosa tuya. Pero deja de hacerte la desentendida —le acusó y Kasumi negó rápido, moviendo ambas manos.

— ¡Hermana de Maki! —ambas giraron a verlo, Satoru se paró en frente de ambas a una corta distancia y apegó ambas manos a sus propias piernas como si estuviera haciendo un saludo militar—como amiga de Kasumi, te pido el consentimiento para estar con ella —Kasumi abrió los ojos de par en par, sintió el calor irse de su cuerpo, y centrarse únicamente en su rostro, oyó a Mai reírse y volteó a verla con pánico en los ojos—te juro que no volveré a hacerla llorar —sentenció y la reverenció.

—Esto es divertido —se burló Mai.

— ¡¿Qué hace?! —exclamó avergonzada. Satoru se reincorporó y alzó una ceja, se encogió de hombros y murmuró serio.

—Le pido el consentimiento a tu amiga, creo que fui claro —explicó ladeando el rostro. —Pensaba hablar con Kusakabe también… —dijo pensativo y Kasumi se tensó.

— ¡No! —le gritó asustada— ¡no hable con nadie! —habló rápido, presa del nerviosismo y el miedo— ¡ni siquiera estamos saliendo! —exclamó sin paciencia y Satoru frunció el ceño haciendo una mueca.

— ¿Y lo de anoche? —preguntó serio. El rostro de Kasumi se incendió, volteó rápido balbuceando nerviosa hacia Mai que la miraba con una sonrisa burlesca— ¿solo me usaste? —preguntó en un tono meloso y se cubrió la boca, fingiendo sollozos y Mai estalló en risas.

— ¡N-no es lo que piensas! —negó mirando a su amiga ¡quería contarle pero no así! Se sentía mareada y no lograba pensar con claridad al verse expuesta—bu-bueno sí… pero.

—Los dejo solos —se rio Mai, pero antes de salir, miró a Satoru y le hizo un ademán de que lo vigilaba, él sonrió y asintió conforme, sacudiendo su mano despidiéndose.

Kasumi cerró la puerta detrás de sí, apretó los labios con fuerza y volteó a verlo enojada. Satoru le sonrió bobamente, como si no hubiera hecho nada malo, lo que la hizo suspirar. Era difícil enojarse con él cuando actuaba tontamente, porque lo único que quería era reírse. Sin embargo, esta vez se había pasado.

— ¿Cómo se le ocurre aparecer en mi habitación así sin más? ¡sin siquiera avisar! —le regañó en un tono bajo pero arisco. — ¡pudo acompañarme Utahime-sensei! ¿qué tiene en la cabeza? —continuó diciendo con las mejillas rojas de rabia.

Satoru guardó silencio por varios minutos, eso pareció calmarla. Escondió sus manos en los bolsillos de su chaqueta y la observó serio. La vio negar, meciendo su flequillo para luego acomodarlo con sus dedos sin mirarlo. Estaba molesta, y entendía su punto, pero seguía sintiendo que Kasumi no se ponía en su lugar. Por primera vez desde que la conoció, sintió que estaba siendo egoísta. Tal vez lo pensaba de ese modo porque no estaba reaccionando como esperaba, y por eso la juzgaba así y el que estaba mal en todo el asunto era él. Quizás ambos. Pero debía sacarse esa pesadumbre o no podría estar tranquilo el resto del día.

—Kasumi… —habló luego de un tenso silencio. Ella volteó a verlo, en su mirada había sospecha y sonrió al notarlo— ¿Qué es lo que pasa entre nosotros? —preguntó y tragó con disimulo.

Entreabrió los labios, pero nada salió de su boca. Como si las palabras estuvieran atoradas en su garganta. Y en su mente, las ideas tampoco estaban claras. Satoru estaba serio, ya no había broma en su tono o gestos, su sonrisa boba se había esfumado y de las pocas veces que lo había visto así, era primera vez que se sentía intimidada con su presencia. No es que le tuviera miedo o él le inspirara pavor, simplemente no sabía cómo hacerle frente. Nuevamente estaba allí la adoración profunda que sentía con él, con el hechicero más fuerte ¿y sí decía algo que no le agradara? ¿y si lo ofendía? Quería idolatrarlo como tantas veces. Pero ahora no era el hechicero más fuerte, se dijo, era solo un hombre buscando explicaciones que ni ella sabía a ciencia cierta qué decir.

—Yo… —en blanco. No sabía cómo decir lo que sentía, porque tampoco tenía claro sus sentimientos.

— ¿Ni siquiera lo sabes? —preguntó arqueando una ceja. Ella se sonrojó, Satoru suspiró y negó con pesimismo. Sonrió mirándose la punta de sus zapatos y levantó la vista hacia la joven que lo miraba confundida—no quiero reprocharte… pero me confundes. Me aceptas besos, me sonríes… pasamos la noche juntos ¿y ahora reaccionas así?

La vergüenza se le subió al rostro. Era justo que Satoru quisiera explicaciones, no estaba siendo sincera ni con él ni con ella misma ¿qué podía decir? Era cierto y seguía manteniendo su convicción de no retomar lo de ellos, pero no tenía sentido que le siguiera el juego dejando su ventana sin seguro, dejando que se recostara en su cama o incluso responderle los mensajes. Se sintió culpable de repente, se cegó tanto con lo mucho que le gustaba que él la rondara, que no pensó en el daño que estaba haciendo. Porque ahora podía llegar a considerarlo luego de su sorpresiva confesión.

—Yo… lo siento —susurró apenada, Satoru frunció el ceño al oírla y se tensó, ya previendo lo que le diría a continuación, mordió su mejilla interna al mismo tiempo que empuñaba sus manos en los bolsillos de su chaqueta—no hay nada serio… lo de anoche —negó sin mirarlo—olvidémoslo.

Satoru contuvo su respiración por varios segundos, sintió las mejillas acalorarse por pura vergüenza. Se sintió menospreciado, incluso más que en la mañana cuando se despertó solo en la habitación. Observó su postura, su faceta de timidez y culpabilidad, y la detestó. Sintió rabia hacia ella, a su actitud de víctima que no le correspondía ¡era él el afectado! Se acercó rápido a ella y se preparó para acecharla por si retrocedía, pero no lo hizo. Kasumi levantó el rostro y lo enfrentó con determinación, y la rabia creció. Ella estaba segura que lo de ellos había sido un error, cuando para él fue la luz de esperanza al final del túnel. No estaban en la misma frecuencia.

—No —dijo sin pensar—no puedo olvidarlo —murmuró con la frustración pintándole la expresión. —Quiero estar contigo y lo sabes —se atrevió a tomarla de los hombros, Kasumi apretó los labios desviando la mirada, con las mejillas sonrosadas y el enojo de hace segundos quedó en el olvido, sus gestos lo conmovieron una vez más y solo pudo soltar entre dientes— ¿estás jugando conmigo? —la cuestionó atrayéndola a su cuerpo y ella jadeó.

—N-no —se apresuró en decir—lo siento… —el semblante de Satoru se ensombreció, las comisuras de sus labios temblaron al mismo tiempo que sus lentes se deslizaron por su nariz y vio sus ojos color cielo fijos en ella. Tragó, nerviosa, la desesperación en su rostro le inquietó y se sintió mareada de repente—yo… siento si se hizo una idea equivocada, no volverá a ocurrir.

Se le fue el aliento al oírla. Ahí estaba otra vez, el rechazo. Su ego masculino le gritó que estaba bien, que se despidiera y se fuera, y que por fin diera vuelta la página. Él era el gran Satoru Gojo, no podía seguir persiguiendo a una muchachita que no sabía lo que quería. Pero no lo hizo. Apretó sus dedos en los hombros de ella, Kasumi entrecerró los ojos cuando lo sintió y relajó el agarre apenas lo notó. Su respiración se aceleró y negó, sin una idea en mente, simplemente negó las palabras de ella y sonrió sin ganas, burlándose de sí mismo por estar en esa situación.

Se había dicho que, si Kasumi lo rechazaba, la dejaría en paz. Pero a su parecer, decirle que no quería nada con él y que había sido un error follar toda la noche, no era un rechazo. Quería oírla decir que no lo amaba. Cuando eso pasara, recogería su ego y se iría.

Por lo que seguiría insistiéndole.

—No —finalmente dijo y ella lo miró confundida. Satoru miró sus labios rosados luego sus ojos y relamió su labio inferior con la punta de su lengua, sonrió para calmarse, pero estaba desesperado y se vio preso del pánico al entender que, si no hacía las cosas bien, se quedaría sin nada de ella—so-solo quería entender qué pasa entre nosotros —se apresuró en hablar—si quieres volver a follar, no hay problema. Cuenta conmigo.

— ¿Qué? —soltó sintiendo el calor en el rostro. Satoru sonrió y se acercó a su rostro, la punta de sus narices rozándose— ¿Gojo-san?

—Si no quieres nada serio, puedo aceptarlo —susurró derrotado, suspiró y se encogió de hombros volviendo a sonreír con su actitud habitual—pero… —Kasumi lo miró perpleja, Satoru se sonrojó y lucía avergonzado—pero… solo hazlo conmigo ¿sí? —pidió mirándola a los ojos.

—Pero… me acabas de reprochar —prefirió decir. No quiso explicarle que ya no se relacionaba de ese modo con otros, que solo había sido con él desde que volvió a su vida.

—Olvídalo —dijo y la soltó, se rascó la nuca, nervioso y desvió la mirada—entre que me uses de vez en cuando, a que no lo hagas. Prefiero lo primero —suspiró derrotado y ella se sonrojó avergonzada.

—N-no lo estoy usando —susurró mirando sus pies. Lo escuchó carcajearse y levantó la vista, Satoru se veía más calmado, pero no dejaba de sentirse culpable por confundirlo.

— ¿Sabes? Creo que me lo merezco —dijo mirándola sin dejar de sonreír y ella lo observó confundida arqueando las cejas.

— ¿Qué cosa? —preguntó luego de unos segundos. Él se inclinó hasta su altura y la besó, sorprendiéndola. El beso fue breve, pero lo respondió casi por inercia. Se separaron lentamente, él sonriéndole aun y ella mirándolo confundida.

—Te dejaré descansar, anoche no dormiste mucho —se rio burlón y ella se sonrojó.

Pensó en decirle que no estaba bien lo que le había sugerido, que él no se merecía eso, pero también quería aquello. Era la excusa perfecta para seguir viéndolo manteniendo la situación clara entre ellos.

Él volvió a besarla, más lento esta vez. Sus manos en su cintura la jalaron hacia su cuerpo y se besaron varias veces, hasta que se alejaron lentamente con la respiración entrecortada. Satoru sonrió y acarició su mejilla, Kasumi se tensó y se abrazó a sí misma buscando contención, intentando calmar lo mucho que le hacía sentir cada pequeño gesto suyo. Lo observó en silencio marcharse por su ventana y una vez sola, se recostó en su cama.

Debía estar feliz, podría seguir viéndose con Satoru sin compromisos, era un buen acuerdo. Pero le dolía profundamente el pecho, quería amarlo sin condiciones, corresponderle, pero tenía tanto miedo que no podía decirlo en voz alta, ni a él ni a nadie. No quería salir herida de nuevo… quizás solo necesitaban algo de tiempo, pensó. Suspiró cansada y cerró sus ojos.

Los volvió a abrir cuando oyó golpes en la puerta. Se levantó rápido sin mirar la hora y abrió, alzó ambas cejas al ver a Mai.

— ¿Estás en condiciones? —preguntó sonriendo mientras miraba hacia el interior del cuarto—creí estarías desnuda y con el imbécil en la cama.

— ¡Mai! —exclamó avergonzada y miró a su alrededor—no hables de eso en el pasillo…

— ¿Y qué pasó? —preguntó ignorándola, entró a la habitación y miró aburrida el espacio ordenado, bufó decepcionada—pensé encontraría tu ropa interior en el suelo.

—Ba-basta —susurró apenada— ¡no sé qué hacer! —se quejó volviendo a la cama—hice una estupidez… bueno varias —susurró recordando las veces que follaron.

—Pero… ¿lo pasaste bien al menos? —Kasumi sonrió.

—Sí —mordió su labio inferior y se apoyó en sus codos para verla—pero… pasó algo raro.

— ¿Uh? —Mai se sentó al otro lado de ella y la observó con atención— ¿Es precoz?

— ¡N-no! —exclamó con vergüenza—el… el sexo siempre es bueno con él —susurró y escondió el rostro entre sus manos para calmar el calor—lo que pasó es… es que… dijo que me amaba —susurró mirándola con angustia y Mai alzó ambas cejas.

— ¿Le crees? —Kasumi tragó e hizo una mueca con los labios—le crees.

—Es que… nunca me lo había dicho —susurró sin mirarla—lo sentí tan… genuino —volteó a verla, seria, con el corazón latiéndole deprisa—quiero creerle.

—Entonces ¿lo perdonaste? —cuestionó alzando una ceja mientras se cruzaba de brazos.

—N-no —se rio nerviosa—pero… no lo sé —hizo un puchero, pensativa y suspiró—me gustaría corresponderle, pero tengo miedo.

—Uhm… ¿te dijo que te amaba antes de follarte, durante o después? —preguntó con sospecha y Kasumi giró a verla con sorpresa, la vio desviar la mirada con vergüenza.

—Du-durante —susurró sin mirarla.

—Uhm… bien, no lo dijo para llevarte a la cama. Ya lo había conseguido… lo dijo con el calor del momento, expuesto y vulnerable… quizás dijo la verdad —asintió pensativa tomándose la barbilla— ¿en qué quedaron? ¿le pedirá tu mano a Kusakabe? —se rio y Kasumi negó rápido.

—N-no… nada de eso —suspiró y tomó un mechón de su pelo, jugueteó con él y murmuró sin mirarla—n-no me juzgues ¿sí? —pidió en un tono meloso.

—Ya escupe —respondió ansiosa.

—Ehm… me dijo que, si quería volver a estar con él, no tenía problemas, aunque no sea algo serio —hizo una mueca al terminar, temiendo la respuesta de Mai.

— ¿Sexo casual? —se rio— ¿es eso? ¿acordaron follar sin compromiso?

— ¡No lo digas de ese modo! —volvió a esconder su rostro entre sus manos.

—Pero eso es —se encogió de hombros—está bien, no te juzgo. Pero si te soy sincera… eso tiene dos posibles resultados. —Kasumi bajó sus manos y la miró curiosa, la vio levantar el dedo índice—uno… terminarán enojados y no se hablarán nunca más. Muy probablemente alguno quede despechado, ya sea porque se ven poco, celos o se aburran. Y dos —levantó también el del medio, como si hiciera el gesto de "amor y paz" —lo siento mucho, pero… caerás a sus pies como antes.

— ¡¿Eh?! —exclamó asustada— ¿Por qué yo? —arrugó el ceño al pensarlo— ¿no puede ser él?

—Él ya está a tus pies, tonta —Kasumi se tensó apenas la oyó, al mismo tiempo que sonreía con nerviosismo al intentar comprender sus palabras—pero tú… terminarás perdonándolo y volverán.

— ¿Sería tan malo? —preguntó en un susurro.

—No lo sé —se encogió de hombros—eso depende de ti. Si crees que él está listo para eso, y si tú también lo quieres. No pierden nada con intentarlo.

—Uhm… quizás —susurró pensativa—tal vez solo necesito algo de tiempo.

—Es probable —asintió estirándose—vamos a almorzar, Momo nos espera.

Asintió y un poco más calmada, tomó su móvil y la siguió.


(…)


Era su segundo día sirviendo de escolta a la madre de Kamo, una mujer bastante agradable. Se sorprendió al enterarse que tenía un hijo pequeño, que era medio hermano de Kamo. No había tenido oportunidad de topárselo, y en parte estaba agradecida. No sabía bien cómo lidiar con él ahora que lo de ella y Satoru tenía un nombre. Si bien, Kamo no le había hecho ninguna propuesta o comentario, no era tonta. Sentía que la misión que le había encargado solo era una pantalla de humo y que tarde o temprano, él sacaría a colación su verdadera intención. Todo el ambiente que se había formado alrededor de su misión nueva, entre las bromas de Momo y Mai y la mirada suspicaz de su maestra le reforzaban su idea.

—Noritoshi ya viene —dijo la señora, sonriéndole—gracias por escoltarnos estos días, Miwa-chan.

—Descuide —sonrió a ambos—es mi trabajo —dijo y los reverenció—si no les importa, esperaré a que llegue para poder marcharme.

—Claro —asintió la madre de Kamo— ¿no estás cansada? Me imagino que no dormir en tu cama debe ser agotador… —murmuró preocupada.

—Estoy acostumbrada —se encogió de hombros—con las misiones, al menos una vez o dos a la semana, termino durmiendo en algún hostal o templo.

—Ya veo —asintió y acarició el rostro de su hijo mientras lo miraba dormir—me imagino que Noritoshi también pasó por eso…

—Sí —sonrió—pero él siempre terminaba sus misiones rápido, no le pasaba seguido.

— ¿Lo conoces desde hace tiempo? —preguntó sonriéndole.

—Bu-bueno… no tanto —se encogió de hombros—es una generación mayor a la mía.

—Ya veo —sonrió y suspiró—no pensé que se volvería líder del clan tan pronto… pero gracias a ello, podemos vernos de nuevo. Pero… ahora tendrá que meterse en toda esta mierda de normas —murmuró con el semblante ensombrecido.

— ¿Normas? —cuestionó confundida— ¿al ser el líder no puede hacer lo que estime conveniente?

—En algunas cosas… —susurró desviando la mirada—pero hay situaciones que vienen desde generaciones atrás que él no puede cambiar y pasa en todos los grandes clanes.

— ¿Cómo qué? —preguntó inquieta.

—Debe casarse, engendrar herederos que tengan la técnica del clan Kamo… si no los tiene con su esposa, tendrá que recurrir a concubinas —se burló sin ganas—así nació él.

—Ah… —incómoda, miró sus zapatos.

—Un niño desarrolla su ritual a los 4-5 años. Son años de incertidumbre ¿qué crees que deba hacer mientras? —tragó incómoda, cambió su peso de pie y susurró mirándola con pesar.

— ¿Tener más hijos? —respondió haciendo una mueca, y ella sonrió.

—Para ellos no es un problema —se rio y Kasumi se sonrojó—somos nosotras las que nos llevamos lo peor… pero si te soy sincera… no me imagino a Noritoshi actuando así…

—Tampoco —respondió rápido y la mujer la miró sorprendida—Kamo-san es demasiado correcto…

—Uhm… pero es hombre —se encogió de hombros. —Lo ideal sería que se consiga una esposa hechicera… tal vez las probabilidades de que herede el ritual serían mayores.

—Uhm… quizás —comentó incómoda.

—Lamento la demora —ambas giraron hacia la puerta, no lo escucharon llegar. Noritoshi vestía un kimono fino de color gris, con un obi rojo escarlata, su cabello estaba sujetado en una media cola. Parecía un elegante líder de clan. Kasumi le sonrió y él se ruborizó ligeramente—pensé ya te habías ido.

—Esperaba que llegaras —sonrió—bueno, ahora los dejo… ¿la próxima semana también debo venir? —preguntó ilusionada.

—Sí, te acompaño a la salida —dijo y Kasumi asintió.

—Que tenga un buen día —se despidió de la madre de Kamo y salió del salón.

Para lo próxima que estaba la primavera, seguía haciendo frío y con lluvias ocasionales. Kasumi miró el enorme patio que se extendía por la hacienda mientras caminaban por el pasillo, el jardín parecía bien cuidado y había esculturas abstractas que imaginaba eran costosas. Cada empleado que se encontraron en el camino, los reverenciaron como si fueran personas importantes.

— ¿Te acostumbras a esto? —sonrió Kasumi y Kamo se rio.

—Un poco —reconoció—es agradable si te soy sincero.

—Ya veo —se rio— ¿Kamo-san? —él volteó a verla con curiosidad y ella bajó el tono de voz— ¿por qué me pediste venir? Tienes varios hechiceros a tu disposición. —Espero verlo nervioso o avergonzado, pero en cambio, su semblante se ensombreció y se acercó un poco para susurrarle.

—Hay muchos miembros del clan que no están de acuerdo con que un bastardo lidere el clan.

—No eres un bastardo —se apresuró en responder, mirándolo afligida. Él le sonrió y volvió a su sitio, manteniendo la distancia.

—Lo soy —se encogió de hombros—aunque ahora lleve el apellido del clan, eso no cambia que haya nacido fuera del matrimonio.

—Uhm… pero ¿crees que pueden intentar algo en tu contra? —susurró nerviosa.

—No lo descarto —suspiró—si te incómoda, lo entiendo. Puedo pedir que venga otra persona. Quizás de Tokio… —ella negó moviendo su cabello, y él sonrió—gracias, Miwa…

—No hay de qué —sonrió asintiendo—me voy, me avisas cualquier cosa. Gracias por considerarme.

—O-oye…—Se detuvo antes de salir y lo miró atenta— ¿no quieres acompañarme a cenar? —lo miró sorprendida, él parecía nervioso y no la miraba a la cara. Eran contadas las veces que podía disfrutar un espectáculo así del líder del clan Kamo.

—Lo siento —sonrió apenada—hice planes con mis hermanos.

—Descuida, para otra ocasión será—ella asintió y lo reverenció.

Se alejó rápido de la mansión Kamo. No sabía a qué hora se iría por lo que no pidió ningún asistente para que la fuera a buscar. Pero estaba bien, le gustaba caminar. Sin embargo, después de caminar casi una hora, los pies ya le estaban doliendo. Las mansiones de clanes de hechiceros siempre estaban alejadas de las ciudades, así como los colegios. Se preguntó dónde estaría la del clan Gojo, cuando Satoru adolescente la llevó para año nuevo no se preocupó de ello, ahora ya adulta no pudo evitar imaginar visitándola y no a escondidas.

Al pensar en el clan Gojo, la inquietud que antes sintió por el clan Kamo, creció considerablemente ¿Satoru estaría bajo la misma presión? No se lo imaginaba siguiendo normas ni preocupándose de ese tipo de cosas, era Satoru Gojo después de todo ¿quién le podría exigir algo? Nadie. Aunque fueran normas del clan, nadie se le podría imponer pues era el hechicero más fuerte, y el líder más prodigioso en la historia del clan. Tal vez por eso nunca supo de que lo estuvieran atormentando con esas cosas.

"¿y qué pasará después? ¿esconderemos a nuestros hijos y nuestro matrimonio?" se repitió en su cabeza de repente y sus mejillas se sonrojaron ¿la consideraba como un prospecto de esposa o solo le tomaba el pelo? Seguía pensando que Satoru jamás se sometería a normas que no fueran con su estilo de vida e ideales, por lo que un matrimonio e hijos, dudaba que estuvieran en sus planes, menos con ella.

Suspiró, pensar en él y en el futuro le atormentaba. Quizás era la falta de sueño, pero la cabeza pronto empezó a molestarle. Se detuvo en una cafetería y dudando un poco, decidió gastar en un café para soportar hasta llegar donde sus hermanos. Su móvil vibró en ese momento y lo tomó rápido mientras caminaba hacia el interior del café y se formó en la fila de la caja. Sonrió al ver el mensaje de Satoru y respondió rápido. Él le pedía verla, tuvo que rechazarlo pues no estaría en el colegio de Kioto.

Gracias a la misión de Kamo, no se quedó a dormir en Kioto y él no pudo ir a visitarla. No es que no quisiera estar con él, pero creía que lo mejor era mantener la distancia el mayor tiempo posible, si se iba a acostar con él, que solo fuera eso. No quería caer a sus pies como Mai le había insinuado.

Dio un paso más en la fila y se tropezó con el cliente que venía detrás. Entonces notó que ella era la que estaba formada mal, y se había colado. Se sonrojó al notarlo y levantó la vista con vergüenza.

— ¡Lo siento mucho! —dijo e intentó alejarse para ir al final, pero el chico que estaba detrás la miró fijamente a los ojos y negó. Kasumi parpadeó confundida al verlo, sus ojos cafés estaban fijos en los suyos, su cabello negro lo usaba largo y sujeto en una coleta baja. — ¿Nos conocemos? —preguntó arqueando una ceja.

—No —se apresuró en responder, serio. Sin dejar de mirarla—no hay problema, sigue en la fila.

—Ehm… gracias —murmuró y se formó en silencio.

Lo miraba de soslayo a cada minuto. No solo sentía que ya lo había visto antes, sino que lo conocía y por más que pensaba en compañeros de secundaria o primaria, nadie se le venía a la mente. Tenía una cicatriz en la mejilla difícil de ignorar. Tal vez se la hizo después de conocerla, pensó. Estaban por atenderla, miró el pizarrón de precios y volteó hacia el chico que, para su sorpresa, estaba atento a ella y lo encontró justo observándole. Él pareció avergonzarse y desvió la mirada apenado, con un ligero rubor en las mejillas.

— ¿Qué quieres pedir? —preguntó sonriéndole—pediré por ti, por las molestias.

—No es necesario —dijo sin mirarla.

—Por favor —respondió haciendo un mohín y él volteó a verla, se rascó la mejilla y asintió— ¡excelente! ¿qué pido?

—Un americano, por favor —Kasumi asintió y cuando fue su turno, pidió el café del desconocido y su cappuccino. —Gracias —murmuró cuando lo recibió al salir del café—dame tu número.

— ¿Uh? —preguntó parpadeando confundida.

— ¡Pa-para pagarte! —se excusó sonrojado. Fue el turno de Kasumi de avergonzarse y negó rápido.

—De-descuida, te lo invito. —Sonrió— ¿Cómo te llamas? De verdad que siento que te conozco…

—Uh… Kyosuke Momijiro —murmuró y Kasumi asintió pensativa.

—Ya veo… bueno, debo irme. Lo siento otra vez —dijo reverenciándolo.

—No hay problema, Miwa. —Kasumi se tensó y lo miró seria, el corazón le latió deprisa y negó confundida.

— ¿Cómo sabes mi apellido? —quiso saber, escondiendo el temor que de repente surgió.

—Me lo dijiste —sonrió él—nos vemos.

—Uh… adiós —susurró incómoda y lo vio alejarse.

Tenía una molesta sensación en el pecho. Casi como una alerta, quizás intuición, no dejaba de pensar que lo conocía, pero su nombre ni su rostro aparecía en sus recuerdos. Y no estaba tan loca, no le había dicho su apellido. Suspiró derrotada, quizás el cansancio le estaba jugando una mala pasada, prefirió quedarse con eso. Volteó hacia la calle por la que Momijiro se había ido, pero ya no había señales del muchacho y solo se había descuidado unos segundos.

—Él… no es normal —susurró pensativa. Sin dejar de sentirse incómoda, miró a su alrededor, de pronto se sintió observada, quizás era la paranoia. Suspiró y caminó hacia la estación de metro más próxima.


(…)


Había dejado su chaqueta en su habitación, después de muchos días nublados y con amenazas de lluvia, por fin salía el sol y estaba un poco más cálido. Pero para él era una excusa para lucir genial delante de Kasumi, que en cualquier momento llegaría junto al resto de colegas de Kioto.

Habían organizado una reunión importante entre los directores de ambas escuelas, pero para él, lo importante era que por fin la vería después de tantos días. Logró mantener comunicación con ella el resto de la semana, y notó que estaba más receptiva. Sin embargo, cada vez que intentó coordinar un encuentro para coger, ella se le escabulló. Suspiró cansado y acomodó sus lentes, miró por la ventana, esperando verla en algún momento.

La sala pronto se fue llenando, Nanami estaba sentado de los primeros y Yuji no tardó en acomodarse junto a él. A su lado, sus amigos junto a Maki. Yuta había regresado hace unos meses, por lo que le había costado un poco integrarse al grupo por su timidez, sonrió al verlo entre Panda y Toge.

Esta vez solo citaron hechiceros ya graduados, ningún estudiante. Yaga discutía con Ijichi los preparativos en caso de que algún colega de Kioto decidiera quedarse, y él no pudo evitar sonreír al pensarlo.

—Buenos días —levantó la mirada al ver a Utahime entrar, estiró un poco el cuello intentando ver detrás de ella, pero solo venía acompañada con hechiceros de otras promociones.

— ¡Satoru-chan! —saludó una hechicera de Kioto y él la miró por varios segundos antes de reaccionar. La saludó moviendo la mano, la joven iba a acercarse, pero Utahime la detuvo y le susurró algo que pareció enojarla y terminó cruzándose de brazos ubicándose en el otro extremo del salón.

—Tan severa como siempre —le sonrió a Utahime y ella le frunció el ceño.

—Y tú tan descuidado como siempre.

— ¿Los demás vienen? —preguntó Yaga y ella asintió. Satoru sonrió nervioso y se cruzó de brazos, apoyándose en la muralla. Volteó rápido a la puerta al oír voces y se reincorporó sacando pecho y la espalda recta cuando la vio llegar—pasen rápido, por favor.

—Buenos días —saludó Kasumi al grupo grande de hechiceros y se sentó al final, Satoru iba a acercarse y sentarse junto a ella, cuando vio a Kamo Noritoshi ubicarse a su lado, y en el otro, la gemela de Maki.

Tensó la mandíbula y mordió su mejilla interna, se cruzó de brazos nuevamente y la miró con sospecha. No se perdió detalle de la interacción, como un depredador a su presa observando cada movimiento, gesto y mirada. Sentía el calor recorrerle el pecho con cada sonrisa, sin darse cuenta frunció el ceño e hizo una mueca con los labios.

Kusakabe llegó de los últimos y se sentó detrás de Kasumi. Alzó ambas cejas al ver que el hechicero parecía molesto con lo que veía y obligó a la joven a sentarse a su lado. Se rio bajito, a pesar de que repetía hasta el cansancio que no se creía un padre para Kasumi, la celaba como uno. Kasumi se puso de pie con gesto de fastidio y pasó por delante de Kamo, se agachó para escuchar al hechicero de primer grado y los vio discutir bajito, para finalmente ella suspirar y salir del salón.

— ¿Ya empezaremos? —preguntó a Yaga. El director miró la hora en su reloj y murmuró sin mirarlo.

—En 15 minutos.

—Iré al baño —dijo sin esperar una respuesta y salió rápido del salón, siguiendo a Kasumi.

Con las manos en los bolsillos, entró al comedor al verla ingresar. La vio detrás de la cocina acomodando tazas sobre una bandeja y entró sigiloso, ella no se dio cuenta de su presencia hasta que se paró detrás de ella y tomó el tarro de café en grano que intentaba alcanzar en la última repisa del mueble.

— ¿Uh? —jadeó al verlo. Alzó ambas cejas por la sorpresa e intentó alejarse, pero Satoru puso el tarro en frente de ella y la atrapó dejando ambas manos sobre el mesón y ella en medio— ¿Gojo-san? —preguntó sin mirarlo.

— ¿No me darás las gracias? —le susurró en la oreja y ella se estremeció.

—Gracias —le escuchó decir— ¿le preparo un café? —preguntó sin mirarlo—Kusakabe-san me pidió uno.

—Ah… —murmuró pensativo mientras olía su cuello y ella se alejó un poco para mirarlo.

—N-no haga eso —tenía las mejillas sonrojadas y desvió la mirada nerviosa—alguien podría entrar…

—Me daré cuenta si alguien viene… —dijo sonriéndole y volvió a su cuello, al mismo tiempo que se apegaba a su cuerpo y ella tembló bajo su toque.

Besó su piel con suavidad, sus manos antes en el mesón, se apoderaron de su cintura cubriéndola casi en su totalidad y la jaló un poco hacia atrás, para que su trasero rosara su pelvis masculina.

—N-no… —gimoteó al sentir su dureza—debo volver… debemos volver —dijo nerviosa, mirando hacia la puerta, alerta por si alguien venía.

—Te extrañé —dijo ignorando sus quejas— ¿me extrañaste? —preguntó y le besó el cuello, luego la mejilla, buscando sus labios.

—Gojo-san… por favor —ella estaba nerviosa, podía sentirlo. Pero aquello solo le causaba diversión—dijo que sería discreto…

—Lo estoy siendo —respondió haciendo un mohín— ¿sabes lo difícil que fue no empujar a ese mocoso y sentarme a tu lado y tomar tu mano?

— ¿Mocoso? —murmuró confundida mientras dejaba el café en la cafetera.

—Kamo —respondió con desagrado en su voz—ese imbécil tiene segundas intenciones contigo… —ella no contestó. Frunció el ceño mientras la veía prepararle el café a su colega y apoyó su barbilla en su hombro derecho—ya lo sabías ¿verdad?

—No sé de qué habla —prefirió decir—debo volver ¿seguro no quiere uno? —preguntó volteando a verlo y él aprovechó para besarla en la boca.

Kasumi respondió con timidez su beso, y él se encargó de toquetearla mientras lo hacía. Ella de espaldas a él, pudo manosear su pecho y cintura sin problemas mientras se frotaba en su trasero. Gimió ronco en su boca y ella se alejó respirando agitada.

—Debo volver —repitió sin mirarlo.

—Vamos rápido a mi cuarto —pidió él besando su cuello sin dejar de tocarla.

—N-no —negó e intentó apartarlo con sus codos—en otro momento ¿sí?

—Vaya… antes me hubieras dicho que sí sin pensarlo —le recriminó alejándose. La vio tomar la bandeja y voltear a verlo. Tenía las mejillas sonrojadas y los labios hinchados por sus besos.

—Antes era una mocosa ¿no? —dijo seria—una admiradora que le diría a todo que sí. Ya crecí —le sonrió alzando la barbilla y se alejó rápido.

Satoru medio sonrió al verla irse y se quedó unos minutos apoyado en el mesón esperando que su erección bajara. Relamió sus labios y se cruzó de brazos; ya sabía que su Kasumi no le daría en el gusto tan rápido, pero era difícil no pensar en los motivos detrás. Desde que ya no lo quería como antes, hasta que sí se estaba burlando de él, y tenía claro que lo merecía. No dejaba de ser irónico, suspiró derrotado y se rascó la nuca. Si estuviera usando su chamarra, se habría regresado sin problema a la reunión. Esperó unos cinco minutos y caminó a la salida. No hizo más que poner un pie en el pasillo cuando notó a Megumi apoyado en la pared afuera del comedor.

— ¿Ahora eres un viejo acosador? —le preguntó inexpresivo y Satoru suspiró.

—Nos viste. —Dijo desviando la mirada.

—Tenía una ligera sospecha de a dónde irías. No me equivoqué —se encogió de hombros con desinterés, pero en sus ojos había un brillo de satisfacción que pocas veces se dejaba ver.

—No la estaba acosando —se defendió rápido escondiendo sus manos en los bolsillos—verás… cuando dos personitas se aman mucho, ellos…

— ¡Cállate! —exclamó rápido con las mejillas sonrojadas—n-no digas más.

—Ah… —susurró con decepción—creí que ya había llegado el momento de darte la charla.

— ¿Qué hay entre ustedes? —preguntó cruzándose de brazos y Satoru se rascó la cabeza, continuó caminando y Megumi le siguió. —La estás rondando hace tiempo ¿no?

— ¿Tan evidente soy? —sonrió sin mirarlo—no… más bien, tú eres el chismoso. Tienes el mal hábito de espiar a la gente ¿eh?

— ¿No responderás? ¿solo la acosas y ya? —preguntó y Satoru se detuvo, volteó a verlo serio y negó.

—Tengo intenciones serias con Kasumi.

— ¿Cómo manosearla a escondidas en un comedor? —preguntó alzando una ceja y Satoru suspiró frustrado.

— ¿Quieres que la manosee a vista y presencia de todos? —murmuró haciendo una mueca.

— ¡Por supuesto que no! —exclamó cansado—me refiero a que…

—Sé a qué te refieres —dijo y miró la punta de sus zapatos—Kasumi no quiere que nadie sepa nada… aun no me da el "sí" definitivo —se encogió de hombros—así que mantenlo en secreto.

— ¿En serio? —preguntó extrañado— ¿no te estás aprovechando de ella?

— ¿Qué clase de hombre crees que soy? —respondió indignado y Megumi se encogió de hombros. Lo vio adelantarse y suspiró. —Un día de estos recibirán noticias de mi abogado —refunfuñó siguiéndolo.

Entraron al salón en silencio, la reunión apenas había empezado y la pausaron al verlos pasar. Megumi se sentó junto a Yuji y él se quedó de pie al lado de Yaga. Buscó a Kasumi con la mirada, y para su alivio, Kusakabe la había hecho sentarse a su lado. Tenía un ligero tono rosa en sus mejillas y no lo miraba, sonrió. Le encantaba esa dualidad en ella. Podía mostrarse segura como para rechazarlo y palabrearlo, y a los segundos volvía a ser esa joven recatada y amable. Le gustaba la mujer en la que se había convertido, aunque le hiciera sufrir.

Se preguntó si ella también se sentía de ese modo, aceptando todo de él. Quizás en el pasado fue de esa forma, tenía que esforzarse para que ella volviera a sentirlo. Aunque tenía mucho en contra.

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N/A: Sí, ha pasado tiempo. Dos meses me parece, pero han pasado tantas cosas. Lo principal ha sido que he tenido algunos cambios en mi vida de adulta, de trabajo y mudanza entonces eso ha tomado mi tiempo y preocupaciones más que nada. Pero, a nivel de fanatismo y eso, lo que ha pasado en los últimos capítulos del manga me dejaron sin alma. Sin mentirles que recién hoy entré nuevamente a Face o Twitter a mirar, porque no quería ver nada sobre esos cap o el hecho de que... bueno, ya saben. El 23 de septiembre del año pasado me rehusé a creer lo que vi y decidí sanamente a quedarme con hacer mi propio canon hahaha y por eso empecé este fic, pero ahora me costó mucho-y sigue costándome-, pensar en seguir con esa línea ignorando lo que hay en el manga. Pero lo haré, porque Gojo se lo merece, Miwa igual y yo lo necesito o no saldré del shock.

Así que retomo esto, tengo otro cap listo ya, pero quiero retomar la escritura para sanar un poco lo que el gato endemoniado destrozó.

En fin, sobre el cap y la trama, no culpen a nadie hahaha cada uno peca en su estupidez e inseguridad. Y bueno, eso hace un poco más entretenido el drama, al menos para mí, espero para ustedes igual, si es que siguen habiendo lectoras del ship y del fic hahah

En fin x2, nos leemos pronto espero y que estén muy bien!