Perdón por la demora.. pero aquí esta
Los personajes de Sailor Moon son de Naoko Takeuchi. La historia es de mi loca cabeza..
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*********** Capítulo 4 ***********
"Si hubieras vivido lo que yo viví, si hubieras sufrido lo que yo sufrí tan solo una parte te apiadarías de mi"
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El viernes me quedé en casa de Artemis, después de la cena hablamos de mil cosas. Vivimos el caos tratando de dormir al pequeño Helios, pero al final cedió, luego del tercer cuento, el cual no llegó al "vivieron felices para siempre", se durmió.
Era un sol, dulce y tierno. Amaba a este chiquitín fue tan muy especial para mí en momentos que más lo necesitaba.
Cuando vi a Artemis parado en la puerta de la habitación de su hijo, suspiré y me levanté, lo arropé y le di un beso en la frente antes de seguir al padre a su escritorio. Había logrado esquivarlo toda la tarde pero con Helios fuera de combate no tuve más opción que contarle de Darien. Claramente no aprobaba lo que había hecho él pero como yo, comprendió que no tuvo la culpa, aunque igual pensaba que era demasiado el que Darien quisiera que lo esperara.
Cuando me fui el sábado por la mañana de su casa, salí renovada.
— Voy a investigarlo. —Me dijo al despedirnos— Esa noticia que encontraste en internet es muy extraña.
Yo también pensaba que era extraña ¿Me pregunto si tendría alguna relación con lo que su tío lo obligó hacer?
Abrí la puerta y la primera en saludarme, bueno la única, fue Diana. Sonreí, me senté en un sillón con ella poniéndola entre mis brazos y agarré el control de la televisión. Aún faltaban un par de horas para que comenzara la acción de la noche.
Sentí vibrar mi celular.
Preciosa ¿te veremos esta noche?, muero por repetir
Sonreí mientras respondía, y cuando apreté enviar me imaginaba la cara del hombre al leerlo.
Sabes que no repito, pero estuvo bien
Su respuesta no se hizo esperar.
Algunas cosas valen la pena repetir, no te hagas rogar que te retorcías con loba en celo
Este chico no entendía, así que fui directa y clara.
Vamos a ver guapito, no repito. Una vez que consigo lo que quiero, me las pico. Si estás aburrido entretenete con tu manito.
Me reía yo sola.
Diana me miraba moviendo su cabecita, seguro que pensaba que estaba loca.
Un segundo después el guapito me llamaba. Los chicos de hoy no entienden, es más, éste me divirtió un rato pero no deja de ser un eslabón más para lo que necesito. Ignoré su llamada y a la tercera vez que le corté no llamo más.
Me paré y saqué el corset rojo junto a la peluca negra. Las metí en el bolso de mano y a continuación agarré una toalla para meterme en la tina de baño… necesitaba relajarme, y sólo dios sabía cuánto.
Con el cuerpo sumergido en la bañera miré el techo, no sé por qué pero siempre volvía a pensar en él.
— ¿Por qué demonios tuviste que volver?
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Sentada en la mesa del fondo de un bar observaba a un hombre alto en la barra. Agarré mi vaso con alguna bebida de color rosado tomé un trago, era dulce y suave. Cuando se volteó sus ojos rojos se fijaron en mí. Tomó su copa y con un caminar pesado vino en mi dirección.
— ¿Está ocupado?—Preguntó señalando el asiento vacío a mi lado.
Volví a tomar otro sorbo antes de responderle. — Depende de lo que quieras. — sonrió.
— Primero conocerte, después… bueno, el lugar tiene una vista espléndida desde la terraza pero supongo que ya la conoces.
— Nunca llego a los ventanales, siempre termino tendida boca abajo antes.
— Es bueno saberlo.
Tomó un sorbo de una bebida, parecía un Martini, quizás sea una bebida fina para un hombre como él.
Lo escaneé de arriba abajo sin vergüenza, mirándolo a través de mis ojos negros, sonreí como tonta por algún comentario estúpido que dijo, no sé si era mejor fingir que escucharlo realmente. Su pelo rosado era horrible, parecía que allí vivía Piglet, el amigo rosado de Winnie Pooh
— Entonces cuando el sargento me dio la posibilidad de venir a trabajar directamente para el jefe no lo dudé.
Bingo. Él era parte de la seguridad que trabajaba para quien buscaba.
Metí un dedo en su Martini y saque la aceituna, metiéndomela en la boca lentamente, primero la chupé y luego la tragué entera. Se concentró en mi boca y luego en el viaje de la aceituna por mi garganta tanto que relamió sus labios. Sus ojos se oscurecieron y brillaron con lujuria.
— No me has dicho cómo te llamas. —dije.
— ¿Importa? —Lo miré inclinando la cabeza de costado esperando su respuesta—Me dicen ojo de águila.
Me acerqué a él y me froté descaradamente en su brazo, parecía más un perrito en celo que una mujer ardiente, supongo que a él no le importó ya que sonreía satisfecho.
— Y dime ojos de águila…—metí mi mano en su saco, él pensó que estaba jugando o tratando de excitarlo más quien sabe —. Eres rápido como el águila o lento como la tortuga.
— Qué tal si lo compruebas.
Agarró mi rostro estampando su boca sobre la mía. Me mordió el labio inferior para que abriera mi boca al tiempo que una mano apretó uno de mis pechos con fuerza. Tanto que grité por su brutalidad.
— Deja algo para cuando estemos arriba. —agregó él.
Con su otra mano me sujetó de la nuca, obligándome a inclinarme para abrir más metiendo su lengua hasta mi garganta.
Colocándose encima de mí apartó un poco la mesa. Empezó a tratar de abrir mi corset. Cuando necesitó aire, lo aparte un poco pero fue a mi cuello, al nacimiento de mis pechos, lamiéndome desde allí hasta la barbilla. Sus manos me tocaban por todo el cuerpo, me manoseaban, parecía un pulpo.
— Espera...
Lo volví a frenar con ambas manos sobre su pecho y sacando la que estaba aún en su chaqueta.
— No me digas que te arrepientes, aquí no estamos para esto—agarra mi mano y la lleva a su entrepierna—. Ves lo excitado que estoy, mira lo que me haces— ¿Lo que yo hago y el asalta mi boca y me manoseó por todos lados?—. Ahora acabemos.
Tiró de mí obligándome a parar, luego agarró mi nuca para acercarme volviéndome a besar con desesperación.
Ambas manos las llevó a mi trasero apretándolo y haciendo que sienta su erección. Volví a separarlo cuando no pude controlar más las náuseas.
— Vayamos, yo nunca me arrepiento. Pero estoy sedienta, voy por bebidas.
— Yo solo quiero beberte a ti.
Vi como relamió su lengua, le di la espalda antes de que no pudiera resistirme y escupirle su feo rostro.
Me aparté llegando a una barra casi desierta.
Miré a mi alrededor y muchos ya estaban ocupados con algunas chicas del lugar o en alguna habitación más arriba supongo ya que varias caras que encontré en un inicio ya no estaban. Inclusive en el fondo había una fiesta, la misma a la que fui hacía unas horas buscando a este hombre.
Lo tenté, me acerqué pero haciéndole creer que fue el quien me cazó. Simplemente con una mirada el bastardo me siguió.
Ahora lo tenía listo.
— ¿La bebida especial?— Preguntó el cantinero.
Asentí. A los minutos me la entregaba pero no me soltó.
— Sabes…—se acercó a mí—. Sabes que puedes dejarlo en cualquier momento, y si te obligan me llamas y…
— Lo tengo controlado—lo corte y me zafé del vaso—. Yo nunca renuncio.
Él me miro y asintió con resignación.
Se incorporó al tiempo que sentí como un cuerpo me acorralaba por mi espalda poniendo ambos brazos a mi costado. Luego su asquerosa voz me llegó a mi oído.
— ¿De que estabas hablando con el estropajo?
Lo miré indignada girándome para estar enfrentarlo.
Por un momento pensé en golpearlo. ¿Cómo lo llamaba así a Nephrite? Era una buena persona y solo servía tragos.
Pero hombres como él, lo humillaban, lo rebajaban. Neph valía cien veces más que cualquiera que pisaba este lugar.
— Nada solo le pedía la bebida y le exigí que se apresurara.
Ojo de águila me sacó el vaso de mis manos y se lo tomó de un solo sorbo. Agarró mi mano y me empezó a jalar hacia la puerta que daba a las escaleras de los pisos de arriba.
— Vamos, ya la reservé.
Seguí sus pasos acelerados hasta que abrió la puerta y me empujó hacia dentro, ese movimiento hizo que viera solo un segundo a quien salía de la puerta del fondo… la de la fiesta.
Me quedé quieta apoyada en la pared y parpadeé…sacudí mi cabeza, mis ojos debieron engañarme… ¿Qué haría Darien aquí?
Respiré.
Lo había visto solo un instante. Las manos de ojo de águila empezaron a tocarme manoseándome, eso hizo que volviera al presente, ver dónde o que estaba haciendo o mejor que estaba dejándome hacer.
Arrinconada entre la pared del descanso y él, la puerta se mantenía abierta, miré por ella y al final como una visión vi a aquella una mujer, la pelirroja, la del estacionamiento como giraba el rostro del hombre que estaba a su lado y le devoraba la boca.
— Creo que te tomaré en la escalera, no aguanto más.
Reaccioné viendo a mi acompañante, casi no podía mantenerse en pie aunque sus manos seguían moviéndose por todo mi pecho.
— Lleguemos arriba.
Resopló pero cuando lo empujé se tambaleo, casi no tenía fuerzas. Lo ayudé a subir las escaleras. Cuando llegué a la habitación que él reservo en el segundo piso prácticamente lo llevaba arrastrando. Lo tiré en la cama sin ninguna contemplación en un estado de total inconsciencia.
— Bueno eres peor que la tortuga, veamos si tienes la llave que necesito.
Lo desnudé revisando cada bolsillo y documento que tenía. Cuando por fin estaba dándome por vencida sonreí encontrándome con la llave de acceso a la mansión, y una invitación a una fiesta exclusiva a las afuera de la ciudad.
— Lo siento guapo pero la fiesta termina acá — añadí.
Lo pateé en su entrepierna solo por el hecho de manosearme y besarme sin que yo lo consintiera.
Era una lástima que no estuviera para verle la cara retorciéndose de dolor cuando despierte desnudo y solo.
Levanté mis cejas… él dijo que me tomaría en la escalera… me reí por su estupides. Agarré toda su ropa y me la llevé dejándolo en esa habitación como dios lo trajo al mundo. Aunque claro podía habérselo evitado.
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Al llegar en la madrugada tomé una larga ducha, me sentía sucia y asquerosa de tan sólo recordar sus manos por mi cuerpo, pero era lo que tenía que hacer.
El domingo me dedique a descansar. Durante el día hable con Mina, con Seiya y hasta con Galaxia.
Lo que me llamó la atención fue que al mediodía recibí una llamada de Hotaru. Pero estaba dormida en ese momento y no escuché mi celular, así que no atendí.
Por la tarde disfruté de Helios. Lo llevé a la plaza y jugamos a la pelota… yo era un desastre pero él me hacía reír y eso a mi alma le gustaba aunque anhelaba a alguien más aquí. Cansado y dormido lo dejé con su padre cuando bajó el sol.
El lunes a las siete estaba en el trabajo sentada frente a la máquina. No podía sacarme una idea de la cabeza… ¿Sería que ese hombre era Darien? Pero… ¿él que haría en un lugar así? La mujer que besaba a ese hombre tenía elegancia y su vestido rojo cereza era un Chanel, muy llamativo y caro, o sea que no era una mujer que trabajara allí…. Aun me preguntaba de donde me resultaba familiar esa cara.
— ¿Sería él o lo imaginé?
— Señorita Serena, no imagine que llegaría antes, ya le traigo su café. —parpadeo al mirar a Hotaru entrar en pánico al verme.
Dejó un bolso debajo de su escritorio y salió corriendo, supongo que por el café, miré la hora. ¡Eran apenas las siete y media! Aun para ella era temprano.
— ¿Desde cuando madrugas pequeña? —levanté la vista. Allí el hombre de mi salvación… y también perdición.
Darien me sonreía y como toda una auténtica colegiala le sonreí también.
— Ahora sé que será un buen día. — Dijo sonriente.
Me quedé sin habla. Hace años que no me pasaba eso y menos sentir que mis mejillas ardían… maldito sonrojo… No maldito Darien por descolocarme, espera ¿desde cuando mis defensas se quebraron?… ¡oh maldición! Desde que me dijo su verdad cada vez derrumbaba más mis muros.
— Buen día Darien.
Pude decir cuando se marchaba a su oficina, se paró y me miró antes de entrar.
— Buen día para ti también.
Entró y cerró la puerta.
— Huelo flores, corazones y tilín tilín campana de bodas.
Me di vuelta al escuchar la voz de Mina, cerré los ojos y me reí por su imitación de las campanas con su mano.
— Deja de decir tonterías. —las abrí y miré mi agenda.
— Ya lo sabré yo. —Bajó su cabeza— Tantas veces perdí contra Rei, ella siempre acertaba con su primo.
Me reí recordando a la prima de Darien ¿que habrá sido de su vida?
Luego de que Darien se fue, no tuve más contacto con ella ya que su madre se había separado de Diamante años antes y ellas vivían en Europa. Su padre renunció a la custodia de Rei y cuando tuvo a sus sobrinos menos le importó su hija.
Recuerdo que hace unos años me la crucé en Berlín, en uno de mis viajes. Por aquel tiempo era feliz con su novio Nicolás Kumada, un modelo de pasarelas europeas, aunque según las revistas de corazones terminaron su relación hacía dos años.
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Me fui a una pequeña reunión cerca de las once y me llevé a Hotaru.
Al regresar veo a Momoko buscándome por unos diseños. Sin poder evitarlo le digo que Hotaru la ayudaría en algunas cosas, ambas se veían felices y se fueron juntas en busca de los gráficos que les pedí.
Al llegar a mi escritorio veo a Mina.
Me dice que todo está muy tenso. ¿Pero desde cuando esta oficina es así? Somos un ejemplo en la sociedad.
Mi teléfono vibra y veo el mensaje de Artemis.
Su nombre completo es Darien Alexander Shields ¿cierto?
— Si. — Tecleo rápidamente.
Lo siento mulita pero tengo malas noticias, llámame a la noche.
¿Malas noticias? ¿Diablos que pasó? Estoy marcando el teléfono de mi amigo releo el mensaje de Artemis. "Alexander". La mujer de la noche del recital le dijo "Alex"… entonces ellos sí se conocían.
Me levanté como un torbellino.
— Serena espera.
Gritó Mina pero no me importó y abrí abruptamente la puerta del despacho de Darien.
— ¡Tú eres Alexander! —Grité— ¡Darien Alexander!
Vi como los ojos de Darien se abrían. Miró nervioso a todos lados y luego su vista fue al hombre que tenía enfrente.
Diablos me olvidé que estaba en una reunión.
Giré y vi a su tío sentado. Entrecerrando los ojos sentí la lanza que me tiraba solo con mirarme, era hielo su mirada amenazante, era peor que enfrentarme con el mismísimo diablo.
No pensemos que interrumpí su reunión.
— Serena.
Ahí me percate que también estaba Galaxia, pero entre ellos tres el ambiente era denso. Nadie parecía relajado, eso me llamó la atención, porque Galaxia nunca era así, era una mezcla entre Mina y yo… bueno la contraparte exacta de su pareja.
— ¡Que insolente! —Diamante comenzó parándose — Por esta falta de respeto será sancionada.
¿Qué? ¿Sancionada?
— Escúcheme un instante…
— No me tutees, soy tu jefe.
— Diamante —suplicó Galaxia intercediendo por mi o quizás por temor a esa voz amenazante del tío de Darien o solo porque sabía que yo no podría callarme.
— Usted no es mi jefe, asumo que no estuvo bien interrumpir pero…
— Pero nada… Una semana sin venir y un mes sin sueldo.
— ¿Qué?... ¿Está loco?
— Serena por favor. —esta vez fue Darien, a él si lo acribillé con la mirada.
A mí nadie me callaba.
— Usted no es nadie, si alguno es mi jefe esa es Galaxia y en poca medida Darien.
— O sea que llama a sus jefes por su nombre de pila. —contraatacó molesto.
— Cuando son personas justas y nobles, Sí… pero usted es un viejo que no tiene otra cosa más que molestar, porque no se jubila y se va a las Bahamas.
Creo que todos los que estábamos ahí no creíamos lo que dije. No sé si me pasé pero nunca me gusto este hombre.
— Me hace acordar a esa jovencita que también era insolente. —Se gira mirando a Darien—. ¿Cómo se llamaba la hija de ese mediocre periodista?
Yo lo mato.
Está insultando a mi papá. Sentí una mano en mi muñeca, miré hacia atrás y allí estaba Mina. Volví mi mirada a Diamante.
— Sabe algo…
— Tío, yo me ocupo. —Darien me interrumpió acercándose a mí, poniéndose justo entre su tío y yo—. Denme un minuto enseguida vuelvo.
— No estoy para perder tiempo, si no controlas a tus empleados lo haré yo. —alzó la voz Diamante.
Acto seguido empujó a Darien.
Lo miré pasmada, incrédula de que no hiciera nada. ¿Dónde estaba aquel chico que se peleaba por la verdad y la justicia?
Su tío me miró y solo con eso me desafió. ¡Oh! no sabe con quién se metió este hombre.
— Decrépito.
— ¿Cómo te atreves? —levanta su mano para pegarme. Darien agarra su muñeca frenándolo. ¡Vamos que al fin empieza a reaccionar!—. Sino es ella serás tú.
— Hazlo.
Lo siguiente que se escuchó fue el sonido del choque en la mejilla de Darien.
Él solo lo aceptó… ¿Por qué?
Diamante limpia su mano con un pañuelo blanco que sacó de su bolsillo.
— Débil como tu inútil madre, débil como tu idiota padre. ¿Así cuidarás de tu hermana? Déjala en mis manos, yo sé cómo aprovechar sus dotes.
Darien lo miró. En su mirada había dureza y a la vez que tristeza, pero sobre todo estaba ese vacío que vi desde que sus padres murieron.
— Usted es un bastardo, los padres de Darien fueron las mejores personas que el mundo haya conocido.
Otra vez la atención estaba en mí, volví a sentir el brazo de Mina pero esta vez tratándome de sacar de la línea de fuego.
Entonces me di cuenta de que yo era quien interrumpía en el umbral del despacho, nadie salía, nadie entraba.
— Más vale que la mocosa no este cuando yo vuelva a la noche, sino ya lo sabes, seguirá tus comienzos. —empezó a caminar cuando vio que yo no me movía—. Muévete insolente.
— Discúlpese.
— Antes muerto.
— Entonces dígame que flores le gusta y se las enviaré a su tumba.
La mirada de él decía mucho más que cualquiera que haya visto hasta entonces, no creía que alguien pudiera enfrentarlo, que alguien no le tuviera miedo.
Darien había apartado su rostro y Galaxia sonreía. Sabía como era yo, tantas veces me había visto pelear con alguna que otra persona que trató de pasar por encima o simplemente de humillar a alguien en la empresa.
— Lo vas a lamentar.
Supongo que Diamante quería pegarme pero sentí como Darien me jalaba esta vez alejándome de la puerta.
Su tío pasó y con él la tensión se fue.
Galaxia respiró y dijo.
— Jamás me cansaré de escucharte.
— ¿Qué puede hacerme? —Encogí mis hombros— Ya no me pueden sacar a más nadie o hacer algo que ya no me hayan hecho antes.
No me di cuenta que lo dije en voz alta y que menos aún estaba en los brazos de Darien. Sentí frío cuando se alejó y tensión al escucharme. Lo vi dejarse caer en su silla. Parecía destruido.
Galaxia se fue y cerró la puerta detrás de ella, sé que también se llevó a Mina o la arrastró lejos de la oficina.
Yo sin embargo me quedé inmóvil, dejé escapar el aire por mis pulmones y poco a poco me acerqué a Darien.
Me detuve frente a él… Delante de él.
Estaba… Digo fue como si la tercera guerra mundial hubiese pasado por encima de él con réplicas incorporadas. Parecía que inclusive le habían sacado su propia voluntad.
Su cabeza estaba enterrada entre sus manos y sus codos apoyados en sus rodillas.
— Darien.
Me miró y cuando nuestras miradas chocaron se aferró a mi cintura, atrayéndome, apoyó su cabeza en mi vientre. Despacio y con temor llevé mis manos a su cabello, acariciándolo, despeinándolo y volviendo a peinar.
— No quiero que ella pasé por lo mismo que yo pasé.
Levanté su rostro acunándolo entre mis manos y le sonreí.
No le pediría explicaciones… No ahora.
— No lo hará, me tienes a mí ahora. ¿De acuerdo?
Asintió y le di un beso en la frente. Volvió a verme pero sus ojos esta vez ya no estaban tristes sino que vi un brillo pícaro allí.
— Ahora otro aquí. —señaló su boca.
— No te abuses.
— Es para sanarme. —puse los ojos en blanco y recordé el golpe de su tío. Coloque mi mano sobre su mejilla y él viéndome agregó—. Aún me duele un poquito.
— ¿Por qué Darien? ¿Por qué lo recibiste?
— Yo antes que tú.
Lo envolví en mis brazos un rato, y cuando no resistí tenerlo más así me levanté.
Era duro tenerlo tan cerca, pero a la vez lejos.
Dios, ¿por qué mi corazón nunca quiso dejarlo de amar? ¿Será cierto que el primer amor nunca se olvida?
— Pórtate bien Alex. —sonreí abriendo la puerta.
— Te tardaste mucho en recordarlo.
Encogí mis hombros saliendo. Ya sonreía y estaba segura que en unos cuantos minutos sería él mismo otra vez.
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El día transcurrió sin más inconvenientes, bueno…el que se haya ido aquel hombre fue lo que hizo deshacernos de las malas vibras, inclusive de la tensión. Elyson volvió a ser un lugar en donde se podía trabajar con normalidad.
Me quedé viendo la escena tierna entre Darien y su hermana. Ello se despedía y le dejó el bolso en la oficina de él, el mismo que ocultó esta mañana, era muy grande parecía más una valija que otra cosa... Eso me intrigó.
A pesar de las protesta se fueron juntos, recibí unas cuantas llamadas y concerté varios proyectos para la empresa. Delegué algunos que no me interesaban o que podrían ser provechoso para los novatos.
Sonreí pensando que Hotaru estaría a cargo del diseño, también le pedí a Momoko que la ayudara con eso. Si realmente le gustaba diseño podía pedir que la transfirieran a diseño gráfico finalmente.
Fui al baño y aunque mi loca amiga me intersectó hablándome a mil por hora, tratando de sacarme información de cuando me quedé a solas con el adonis, como lo llamaba ella a Darien, pude escapar del interrogatorio ilesa.
Volví a mi escritorio pero me paré en seco, en él había una caja dorada, no muy grande. La abrí con temor, no era la primera vez que recibía estos tipos de regalo, el problema era que tuve que contratar a más seguridad porque a pesar de mantener mi otra vida bien separada de ésta, lamentablemente algunos clientes de la empresa mezclaban las cosas y creían que mi cara de niña bonita les daba derecho a un pase por mi cama.
Hoy en día soy más cuidadosa como hablo y con quien. Pero sobretodo recordando quien soy en ese momento, nunca mezclo a las dos, la de la noche con la del día.
Saqué la tapa y sonreí feliz al ver chocolates en ellas.
— Que rico ¿me vas a convidar o te lo vas a comer todo solita?—preguntó Mina llegando a mi lado saltando como una niña chiquita.
Agarré uno y se lo di.
Al tiempo que levanté el rostro, allí parado en su puerta me observaba con aquellos ojos que me envolvían, él, mi único y verdadero viejo amor.
Cerré la caja y la dejé sobre el escritorio.
— No te los comas todos. — advertí a mi amiga.
No di más de dos paso cuando Mina abrió la cajita dorada, y se los empezó a devorar… como si no supiera que pretendía hacer eso.
— Hola.
Sonreí
— Hola. — Respondió.
Ambos nos quedamos en silencio sin saber qué decirnos.
Nos miramos… nos volvimos a mirar. Era verlo y ver al mismo adolescente por el que suspiraba y por el cual me escapé varias noches cuando mi padre me castigaba con no verlo… Solo, para pasar una noche más entre sus brazos.
— ¿Te gustaron los chocolates?—me giré para ver lo que hacía Mina, y luego me volví verlo.
—Espero probarlos.
El silencio continuo.
Diablos, ¿qué me pasaba?… No podía ser, sus ojos me miraban anhelando algo, ¿acaso se debe a que me quede esta mañana consolándolo? Eso le dio esperanza… Entonces ¿por qué la tenía yo?
— Ven. — Me tendió la mano, empecé a dudar—. Solo quiero que hablemos.
— Tú no quieres hablar.
— No. — Simplemente dijo.
Lo conocía como él me conocía a mí, no podía derribarme, no ahora que estaba tan cerca de saber el nombre del canalla que mató a mi padre. Las pruebas estaban a un solo paso. No podía unir a la ecuación a Darien, no podía incluirlo... ¿Si algo salía mal?
Volvió a levantar su mano, pidiéndome, suplicando que entrara al despacho con él. No reaccionaba pero tampoco me apartaba. Dudaba, por mi corazón lo sabía, lo puso a funcionar mucho antes de que mi cabeza comenzara a razonar. Esa batalla solo me traería dolor. Lo sabía, también lo destruiría a él cuando levante el velo que escondía mi otra cara.
Entonces me sonrió, agarró mi mano y me jaló a sus brazos... No pude resistirme.
Entramos despacio, cerró la puerta y escuché un clic, al tiempo que cerraba mis ojos, dejándome abrazar desde la espalda.
Unos segundos después me susurro al oído — Te extraño, llevo extrañándote diez años—se aferró más fuerte a mi cuerpo—. Sé que te lastimé, sé que sufriste pero…
Me giró y me miró a la cara… lo entendí.
Había entendido, que nunca estuvo en sus manos lo que pasó pero eso no quitaba lo que sentí al darme cuenta de que me abandonó. Luego mi padre… todos me dejaban sola. Sin un adiós, sin un hasta luego.
"C'est la vie", me había dicho Luna.
¿El destino acaso se había empecinado conmigo? Bajé la cabeza pero con una de sus manos me tomó de la barbilla y me la levantó haciéndome mirarlo directamente a sus ojos. Vi su boca y como la abría para decir algo… algo que podría hacer que tirara todo por la borda, todo lo que hice en estos últimos cinco años.
— No lo digas. —interrumpí antes de que se formara la primera palabra.
— Pequeña… no importa el tiempo, no importa lo que pase yo…
Me lancé a su boca, aunque por la sorpresa al principio no reaccionó. Era la primera vez que yo lo besaba desde su regreso, siempre me robó besos.
Cuando empezó a relajarse y moverse, el beso empezó a sentirse a gloria. Moviéndome despacio por la habitación terminó estampándome a una pared cercana, sus manos bajaban por mi cintura, las mías no se quedaban atrás. Le quité el saco y luego introduje mis manos en su sedosa cabellera negra como la noche.
El beso se intensificaba cada vez más, cuando busqué aire solo un segundo, su boca fue a mi cuello, justo debajo de mi oreja. Extendió el beso bajando por la línea de mi piel. Lo agarré por su cabello pegándolo más a mí… Diablos ¿por qué aún me vuelves loca Shields?
Su boca volvió sobre la mía. Era desesperado pero sin dejar de sentir ese viejo sentimiento. Era sentir que volvía a tener diecisiete años, que el chico que amaba estaba aquí. Bajó una de sus manos hasta mi pierna y la subió colocándosela en la cintura, como si bailáramos un tango y luego simplemente se movió sobre mí, empujándome y haciendo que choque contra de la pared. Gemí. Grité.
Cuando sus manos llegaron a mi blusa desabrochándola me di cuenta que jadeaba por mas contacto, inclusive estuve a punto de estallar tan fuerte olvidándome del lugar en donde estábamos.
Me agarró por el trasero subiéndome a su cintura y volteó conmigo para terminar dejándome sobre su escritorio. Su beso me devoraba, me asfixia y yo quería más, quería justo eso. Moví mis caderas para tener más contacto con él, sentía como se estaba excitando, como terriblemente ya estaba excitado… Lo quería dentro de mí… ahora, en ese instante.
Mis manos volaron a su pantalón y al tiempo desabroché su cinturón, estaba metiendo mi mano dentro de su bóxer cuando un golpe que provino de la puerta me detuvo.
— Sr Shields.
— Ahora no, Molly. —gritó Darien entre jadeo y jadeo, sin dejar de besarme o entregarse a mí.
— Pero es importante señor.
Eso fue mi balde de agua fría… ¿qué diablos estaba haciendo? Estaba en la oficina… Con Darien y a punto de tener sexo.
Dios, no podía. No podía dejarlo que invadiera mi vida así…
Lo empuje y él me miro. Su mirada azul ahora era oscura, llena de deseo pero había miedo, lo sabía, sabía que diría a continuación.
— No podemos.
— ¿Qué?—me miró y sé que lo entendía, solo se alejó un paso de mí. El golpe volvió a escucharse—. Ya voy Molly.
— Darien, esto—nos señalé—. Jamás, pero escúcheme bien, jamás volverá a pasar.
Me miró confundido. Y yo también estaba confundida con lo que había iniciado pero aun así ansiaba continuar con él.
Como no ansiarlo si llevaba años imaginándomelo. Pero no. No puedo. No debo.
— No puedes decirlo en serio.
— Quedamos en que solo seriamos amigos. ¿Lo recuerdas?—no asiente.
— Yo te dije que no me daría por vencido—el golpe fue más fuerte—. Maldición Molly, si llego a saber que es otra de tus tonterías…
Entonces lo miro desconcertada, él me mira, está luchando consigo mismo. Noto que sus ojos van a mis pechos, entonces me abrocho la blusa. Bajo del escritorio y me arreglo.
— Sr Shields, ¿podemos hablar?
Miro a Darien, sé que está enojado, no sé si con Molly o conmigo o con quien realmente.
— Esto no se termina aquí.
Ahora se arregla él.
— Sí, esto se termina aquí y ahora —sentencio—. Fue un momento de debilidad pero se acabó.
Cierra los ojos. — Pequeña…—los golpes vuelven a escucharse. Veo que se desespera y va a la puerta abriéndola —. ¿Qué diablos quieres?
Miro a Molly desde adentro y veo cómo ve me. Sus ojos destellan odio, rabia pero ¿qué diablos le paso a la dulce chica y por qué de repente soy el enemigo?
El año pasado cuando salía con aquel hombre que la maltrató fui yo quien la defendió cuando vino golpeada al trabajo. Sé que se obsesiona con facilidad pero bueno no es que esté saliendo con Darien… ¿o sí?
— Siento interrumpirlo…
— ¿Llamó Hotaru?—ella niega— ¿Entonces? Si es una más de tus tonterías…
— Es que lo llamó el Sr Diamante y exigió que lo llame, me dijo que no le importaba con quien estuviera reunido.
Vi asentir a Darien, y a Molly retorcerse las manos. Claramente estaba nerviosa y con miedo.
— De acuerdo. Vete.
— Es que… Bueno… Dijo que lo esperaba en la línea.
Ella señalo el teléfono de su escritorio.
Resignado me miró y solo viéndome sabía que me iría. También sabía que de ahora en adelante lo evitaría.
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Toda la tarde lo evité, fue tal que lo veía venir agarraba a Mina del brazo sin importar con quien estuviera y me la llevaba al comedor. Aproveché una reunión y la extendí, la gente con quien me reuní se molestó un poco pero no me importó.
¿Cómo le iba a ser entender que solo fue un momento de debilidad? Verlo en esa condición esta mañana, verlo proteger a su hermana y cuando me regaló los chocolates… me confundí. Por un momento vi al chico de hace diez años…
¡Diablos! Me agarré la cabeza.
— Srta. Serena… ¿se encuentra bien?—levanté la vista de mi escritorio para ver a Ami que se había acercado. Asentí—. La Srta. Mina dijo que se iba con el joven Kun que no la esperara.
Miré al escritorio de mi amiga y ya no estaba. Luego al reloj. Eran las seis y media. Resoplé. Era mejor que también me fuera.
— Gracias y ve a casa Ami.
Ella asintió y con su propia timidez se alejó.
Ella agarró sus cosas y antes de irse me miró, como siempre lo hacía. Le sonreí en forma de respuesta y con más tranquilidad se alejó.
Era hora de que yo también me fuera, quería descansar. El fin de semana fue bastante movido aunque me sirvió para acercarme más a mis propósitos. Le pedí a Artemis que me hiciera una copia de aquella tarjeta de acceso, sé que no aprobaba lo que hacía pero en honor a su esposa Himeko se mantenía fiel a mí porque ella sí lo aprobaría.
Un ruido me llamó la atención al tiempo que guardé el celular en la cartera. Levanté la vista y vi a Hotaru en recepción. Era raro, jamás la volvía a ver hasta el otro día. Según los rumores, Darien la iba a buscar a sus clases después del trabajo y se iban a casa juntos. También siempre está pendiente de ella, si me pongo a pensar con el tío que tiene mejor ser precavido. Supongo que por eso el primer día Diamante estaba molesto por hacerse cargo ella.
Darien salió de su despacho y al pasar por mi lado se detuvo, iba a decir algo y señalé a su hermana. Él se volteó a verla y suspiró alejándose de mí.
Un sonido proveniente de la cartera hizo que bajara la vista. Rebusqué entre mis cosas hasta que hallé al culpable, mi teléfono y en él un mensaje. Lo estaba leyendo cuando empecé a escuchar la conversación entre los hermanos, al no haber nadie más que nosotros tres podía escucharlos claramente.
— ¿Lo olvidaste?
— No enana, solo que los lugares que llamé no tenían más espacio. —ella resopló.
— ¿Y qué haré ahora?—Darien bajó su rostro y se rascó la nuca—. Sabes que no puedo volver, ¿sabes lo que me hará? Siempre me dices que me cuide de él y que no esté sola, pero nunca me dices el por qué.
— Hot...
— Hermano siempre esperé que me dijeras algo más, confió en ti, pero ¿dónde dormiré?…—miro las manos del su hermano— ¿y mi bolso?
Eso lo despertó y antes de responder volvió a su despacho, sacó el bolso que había visto esta mañana. Sin mirarme ni pararse volvió al lado de su hermana.
Guardé las últimas cosas y volví a poner el teléfono en mi bolso. Me puse mi chaqueta acercándome a ellos. Aun discutían, al parecer por donde dormiría Hotaru. ¿Por qué no podía ser en la casa de ellos? Por lo que sabía esa propiedad no se pudo vender, por más que su tío trato. Sonreí recordando que mi padre había intervenido en muchas oportunidades para impedir esa venta, todo gracias a sus contactos.
— Yo lo voy a arreglar.
Dijo Darien y la abrazó, pasé por su lado asentí en modo de saludo y me paré esperando al ascensor.
De reojo vi como él le limpiaba las lágrimas a Hotaru. Suspiré.
— Puede quedarse conmigo.
No me di cuenta que en lugar de pensarlo lo dije en voz alta.
Hasta yo me asombré. La Serena de hace diez años, justiciera me sonrió diciéndome "volví"… creo que me volví loca o ¿Cómo explicaría esta dualidad?
Miré al techo y luego me di vuelta hacia ellos.
Ambos me miraban como si hubiese salido de algún laboratorio genético o algo así.
— ¿Lo dices en serio?—preguntó Darien impactado.
Asentí.
¿Por qué esto hacia que él estuviese más cerca de mí? Diablos no lo pensé bien... Escuché el timbre del ascensor.
— Me voy, sino vienes conmigo lo oferta se retira.
Ambos parpadearon, se miraron y sonrieron.
Me di vuelta y subí. Antes de que se cerraran las puertas ambos hermanos estaban uno a cada lado mío.
— Serena gracias, no sabes…
Levanté la mano para interrumpirlo. — No hagas que me arrepienta.
Asintió y bajamos en silencio. Al salir saludé a los de seguridad y me paré a buscar un taxi
— ¿No traes tu auto?
— No siempre vengo con él. —Hotaru se rio.
— Tú querías subirte al Audi.
Los miré y Hotaru se rio a costillas de su hermano, aunque yo también sonreí el gesto serio de Darien terminó haciéndome estallar de risa.
— Yo si traje el mío, entraremos todos.
Agarró mi mano y me jaló hasta el estacionamiento de la empresa. Hotaru venía detrás mio aunque parecía más que corría por la prisa de su hermano. Cuando llegamos me quedé en stock por el auto.
— ¿Este es tu auto?
Darien asintió. No pude disimular mi risa, dios no podía un hombre tener por auto un VW beetle, no un hombre como Darien.
— Aunque no lo creas es rápido.
Me reí más fuerte, que tuve que poner mis manos sobre mi barriga porque no podía parar de reír. Hotaru también se reía aunque más disimuladamente pero bueno… Se reía en fin, aunque supongo que ya estaba acostumbrada.
— Es una antigüedad.
— Es un modelo del año pasado, nada más.
No podía parar de reír. Darien me agarró y me sentó entre carcajadas y carcajadas en el asiento del copiloto. Hotaru lo hizo en los asientos de atrás. Cuando se subió supongo que herí mucho su ego puesto que no me miraba, resoplaba fuerte… está bien aún seguía riendo
— Vas a parar.
Levanté las manos y asentí, tomé aire 1...2….y no llegué al tres y volvía a reír.
— Un beetle… —se me escapó otra carcajada— pensé que ya no los fabricaban…
— Tienes que decirme tu dirección. — para nada se escuchaba contento.
— Está bien…— tome aire—. Pero espero que no te detengan —me miro—. Pensaran que me secuestraste o algo peor.
— Eres muy graciosa… dímela —exigió.
— Está bien, está bien… vivo en el barrio Beach Center—me miró asombrado— ¿qué? Me gusta el mar.
— Sí lo sé… bueno pero pensé que… deja.
Arrancó y salimos de la empresa.
Ya sé lo que pensó, es una zona bastante cara aunque no muy atractiva. Las playas privadas son lo mejor. Pero como no hay zona comercial cercana no viene mucha gente a vivir a la zona, solo pasan el día y se van.
Hicimos un viaje tranquilo. Hotaru me explicó que en donde vivían junto con Darien hay un problema, y como lo van arreglar esta semana no pueden habitarla… Asentí como si le creyera. Porque sabía a la perfección cuando alguien mentía… Claramente, ella me estaba mintiendo.
Pasó un buen rato hasta que Darien se recuperó por su ego herido. Vamos, no puede ser para tanto, yo con un Audi R8 y él con un VW Beetle. De solo pensarlo estaba riendo otra vez.
— No quiero ni enterarme que los estás comparando nuevamente.
Negué, aunque cuando resopló supe que él no me creía.
Los chicos y los autos. Dios en qué mundo vivimos que las mujeres no pueden tener mejor vehículo que ellos.
— Aquí a la derecha, el último edificio. —Darien asintió a mi indicación.
Al llegar le hice señas al guardia de seguridad que me miró raro, bueno miró raro al auto de Darien. El dueño solo resopló por décima cuarta vez.
Le indiqué que estacionara al lado de mi bebé, mi Audi R8.
Bajamos y se lo quedó mirando, suspiró ilusionado unos segundos y luego bajó el bolso de Hotaru.
— ¿Es un espacio para algún vecino? —negué
— Es el espacio para invitados, cada vecino tiene dos o más.
Me miró asombrado, no le di importancia y los guie al ascensor, mentalmente mientras subíamos pensé en cómo había quedado mi casa. Hoy era lunes venia una señora a limpiar y mi armario de ropa exclusiva la dejo bajo llave. Todo estaba controlado.
— ¿En qué piso vives?—preguntó Hotaru.
— En el décimo, la vista es increíble.
Ella asintió y por un momento la vi ilusionada y esperanzada.
Al abrir mi puerta dejándolos pasar, hice una mirada rápida. Estaba todo impecable, suspiré por dentro. No había rastro de lo del fin de semana… pasé al lado del contestador y vi la luz parpadeante… Tenía un mensaje.
— Guau es hermoso. —mencionó Hotaru al tiempo que se desplomaba en el sillón.
— Pensé que tendrías fotos de tu hijo.
Eso me descolocó. Me giré hacia Darien que había dejado el bolso de su hermana en la entrada. Miraba las paredes y solo había unas pocas fotos de mis amigas o de mi familia. Me encogí de hombros y fui a la cocina.
— No sabía que tenías un hijo —Hotaru miró a su hermano al decirlo—. Tampoco tiene ninguna en el escritorio.
— En realidad no tengo ninguna, pero de nadie.
— Siempre decías que viviría debajo del lente de una cámara.
Comentó Darien.
Si pienso, siempre dije que cuando tuviera un hijo le viviría sacando interminables fotos. No quería perder detalle de ningún momento, esos eran recuerdos.
— ¿No vas a ver quien llamó? —agregó y señaló el contestador.
— Después.
— No quieres que nos enteremos.
Entrecerré los ojos por su acusación. Me acerqué. Solo mis amigos llamaban a este número. Así que lo accioné para despejar su curiosidad.
Mamina…Mamina… te extraño muchos me levas al palque el sábado…Mamina, papá tiene un papel lalo, es amarillo con mutoz papeles dento…
Se escucha un silencio y luego a alguien enojado. Luego vuelve la voz.
Mulita perdóname, Helios agarró el teléfono, descuida lo del sábado, yo lo llevo. Pero llámame, tenemos que hablar.
Suspiré. Sabía de qué tenía que hablar con Artemis. Levanté la vista y esos ojos zafiro estaban tristes. La voz de Helios debió de ser un balde de agua fria para él.
— Mira donde te sientas enana—Agarró el bolso de Hotaru—. ¿A dónde lo llevo?
— Sígueme.
Lo guie hasta la habitación de invitados, lo hizo en silencio y dejó el bolso arriba de la cama. Me miró también en silencio.
— Es muy linda tu casa.
— Gracias.
— Gracias por ayudarme con mi hermana. —suspiré esto no está bien.
— Te lo dije esta mañana, ahora me tienen a mí… Amigo. —recalqué lo último por lo que pasó antes en su oficina.
Nos estábamos mirando en silencio, ambos nos trasmitíamos tantas cosas, hasta que escuchamos un ruido seguido de un grito.
— Hotaru.
Gritó Darien y corrimos al salón. Al llegar vimos que ella estaba sonriendo y jugando con Diana.
— ¿Estás bien?—preguntó su hermano.
— Sí… Sí, no sabía que tenías un gatito, solo me sorprendió.
Ella se reía. Me acerqué a mi gata y la agarré, dejándola en el piso.
— Ella es Diana, aunque es grande aún sigue siendo muy juguetona. Una vez que te sientas ahí ella va directo a tus piernas. Ni te imaginas la primera vez que Mina se sentó casi la pierdo como amiga por el susto.
Las dos nos estábamos riendo, al girar vi a Darien haciéndole mimo.
— Es muy linda… ¿por qué gris? Siempre pensé que para los animales querías uno negro.
— Me la regaló mi papá hace diez años, me dijo que la vida no es negra, ni blanca, solo tiene matices grises. Porque es la mezcla justa de lo bueno y lo malo.
Darien la agarró con las dos manos y la subió para verla.
— Hola gatita… ¿cómo te llamas?
— Diana— Contestó Hotaru.
Darien la miró, y luego a mí, luego a la gata y otra vez a mí
— ¿Le pusiste Diana?—me encogí de hombros—. Como a nuestra hija.
Eso me molestó y a la vez me alertó.
— Nunca tuvimos una hija.
— Sí claro, lo sé, pero me dijiste que si tenías una hija le ibas a poner Diana.
Agarré a la gata molesta y la puse en su almohada.
— ¿Y ?—me miró serio, y supo que no debía preguntar más.
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Pensé que se iría una vez que Hotaru estuviera instalada. Pero no. No solo no se fue, sino que en complicidad con ella se encargaron de comprar para la cena… bueno en realidad pidieron pizza.
Nos sentamos los tres, vamos que ya parecemos una verdadera familia comiendo. Lo peor que pidieron la que a mí me gustaba, doble queso y claro otra para él, con tomate más ajo. Sabe que odiaba el aliento a ajo cuando la comía pero ahora parece que la disfrutaba. Mire a la pequeña pizza de peperoni, según ellos la especial de Hotaru… Pero vamos somos tres era necesario tres pizzas.
Aunque prefería comer en silencio, la hermana de Darien se encargó de hablar y hablar, ya me estaba arrepintiendo de eso, me gustaba el silencio. Diablos Darien me estaba sonriendo hasta parecía más relajado.
— ¿Y tú piensas lo mismo?
Giré hacia Hotaru. Luego a Darien estaban esperando una respuesta. ¿Acaso me preguntaron algo? De repente ambos estallaron riéndose fuerte.
— ¿Se puede saber de qué se ríen?
— De ti—dijo Darien y me cruce de brazos—. Estabas en otro mundo, la enana te preguntó si podía trabajar el viernes a la mañana en edición de imagen.
Elevé mi ceja intrigada, está bien era el área que realmente le gustaba ¿pero a qué iba eso? Claro lo último que recuerdo es que hablábamos del trabajo.
Me encogí de hombros.
— Si quiere. —Hotaru saltó de alegría.
— ¿Qué harás con las clases del viernes?
— Tranquilo hermano, van a empezar en un mes.
Él resopló, pero era mejor así, no quiero que se quede en mi casa sola.
Me levanté y empecé a recoger las cosas de la mesa, al llegar a la cocina me arrebataron los platos.
— ¿Qué haces?—miré a Darien.
— Lo mínimo que puedo hacer es lavarte los platos.
— Pero es mi casa.
Me empujó y se puso a lavarlos él. Hotaru trajo lo último. Diablos se movía como si fuera su casa en realidad, como si la conociera mejor que yo.
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—Listo, quedó todo limpio.
Estaba sentada con los brazos cruzados en mi sillón, y él venia secándose las manos como si fuera uno más.
Giramos hacia la voz que venia del pasillo. Su hermana y yo.
— ¿Ya te vas hermano?—al fin me libraría de él.
— Sí, es tarde…
— Pero… Serena ¿no se puede quedar?
Mis ojos se abrieron y la miré, luego a él. No decía nada. No me ayudaba, ¿acaso qué pretendía?
— No.
— Pero tendrá que ir con ese hombre horrible y si le trae…—pero calló al ver la mirada asustada de su hermano.
— Pensé que estaban arreglando tu casa.
— Sí… bueno—Hotaru se rascó la nuca igual que lo hace Darien—. También.
Me levanté.
— No tengo más lugar. — ¿por qué? Díganme por qué me justificaba que no podía. Era mi casa y en ella entraba quien yo quería.
— Tranquila hermana me iré a un hotel.
— Pero… es tarde no conseguirás ninguno. No pudiste conseguir uno para mí.
— Iré a cualquiera, no te preocupes— mire por la puerta cristalizada que daba a mi balcón y suspiré—. Un lugar siempre hay.
— Pero será peligroso, esos que salen en las películas.
Su hermana realmente estaba preocupada por el bienestar de su hermano. Pero un hotel es un hotel, es más, podría conseguir uno en un abrir y cerrar de ojos. Miré hacia abajo y pensé en el auto de Darien. Algo no encuadraba, sabía que el tío le sacó todo pero eso no quería decir que estuvieran en la pobreza, se vestían bien, impecables. Pudieron comprar las acciones que ofrecíamos. Entonces que es a lo que temían que no podían ir a cualquier hotel.
Me giré y Darien se estaba poniendo el saco.
— No le causes problemas a Serena—ella asintió y él le dio un beso en la frente—. Buenas noches.
Asentí a su saludo. Hotaru me miró un instante y luego a su hermano. Lo detuvo en la puerta y lo abrazó. Él le volvió a dar un beso en la mejilla.
— Ve a descansar enana, nos vemos en la mañana.
Diablos, ¿por qué demonios seré así?
— Espera. —dije al momento que él abría la puerta.
Ambos hermanos me miraron. Respiré expulsando todo el aire fuera de mí.
— Si te conformas con el sillón, puedes quedarte—iba a decir algo pero lo detuve levantando la mano—. Pero tienes prohibido ir al pasillo de los dormitorios, el baño es por allá—indiqué el lado contrario del pasillo, el cual era el de invitados—. Si haces o sospecho alguna cosa fuera del lugar, no me importa la hora que sea te tiraré por el balcón.
Me di media vuelta y me fui a mi habitación… En que lío me metí.
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Y lo dejamos aqui...¿una noche con el adonis? quien da mas. jaja es demasiado terca esta serena no quiere dar el brazo a torcer. pero ya le van derribando sus muros. Darien que dice y no dice, hotaru que me parece que tiene una lengua bastante suelta y meterá en problemas a su hermano o no quizás lo ayudara que piensan?
Piensan que serena es una especie de detective veremos si siguen pensando lo mismo en los próximos capítulos jajaja, lo que su otra vida si le traerá complicaciones
bueno gracias a yeni por betearme y perdón por la demora
Aclaro:
*La frase del titulo corresponde a una canción llamada "manos en el fuego"
*c'est la vie: Así es la vida
*vw beetle: es una auto viejo ajjaja... el famoso llamado escarabajo(en mi pais)y a parece en la pelicula herbie. Aunque el de Darien es un poco mas actual al compararlo con una audi queda muy por lo bajo
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Responiendo:
Verona: me alegro que te guste.. Y si aun es pronto para desvelar todo pero algo entre lineas se va
Chat´tde´Lune: Hola niña tu sabe me gusta dar algo de caramelo pero enseguida te lo saco jaja..resolvamos lo que podamos
1-¿Luna? ¿yo dije Luna? ...mmm aun falta para saber (tenelo presente je) / 2- efectivamente es un amigo de Serena / 3-Creo que en este veras que no es Artemis pero si lo conoce /4-Helios... aun no sabemos pero dentro de poco lo veremos. Puede que halla salido al padre solamente no? / 5-podre Diamante sera el responsable? en si mas que hacerse cargo de sus sobrino no hizo mas nada. O eso creemos?.. Ya que es fin de semana bebe algo para mayores jejej...mejor voy por una coca-cola. perdón por la demora!
Maria paolini: me alegro que te guste, perdón por la demora. Pero si de a poco iremos viendo que les paso a ambos y porque son así. Todo al principio no se puede ver, pero veras que todo se relaciona.
Yssareyes48: Sera que Darien solo se resignara y la dejara hacer su vida? me parece que fue medio egoista este darien, siempre pensando que ella estaría con él. aun falta para saber que hace Darien o porque lo hace?
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Bueno espero que le haya gustado. Perdó por la demora y gracias por ser pacientes. Espero sus comentarios, hipótesis y dudas o lo que sea siempre sera bien recibido todo ayuda.
