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********* Capítulo 5 **********

"Estoy perdiendo la razón, me hablas en cualquier canción. Tu nombre está en cada palabra, te siento tan cerca y tan lejos.

Me aferró solo a un reflejo..."

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En un lío muy muy grande… Lo sabía era mala, mala, mala idea. Una de mis peores ideas si me permito decirlo.

Eran las tres de la mañana y no podía dormir, daba vuelta y vueltas. ¿Cómo podría? Sí en mi sala tenía a un adonis semidesnudo durmiendo y con lo que pasó ayer en la tarde, quería terminar y de qué forma.

Pero no, no debía caer por ese precipicio.

Cuando me cansé de dar vuelta decidí levantarme, me puse el albornoz que siempre lo tenía cerca, uno de seda azul. Salí por el pasillo pero antes me aseguré que Hotaru estuviera bien. Cuando llegué a la sala allí sobre mi sofá boca abajo estaba el objeto de mi tentación; dios como podía un hombre hacerme plantearme tantas cosas.

Serena, solo es una fantasía de la adolescencia— me dije a mi misma.

Caminé en silencio y cuando lo escuché moverse sentí que mi corazón se paraba entonces vi como en una secuencia lenta la sabana caía al piso.

—Diablos—estaba solo en bóxer. Por lo menos no estaba desnudo… Una lástima.

Aunque así podía apreciar su espectacular espalda, con brazo bajo la almohada lo hacía tener una terrible postura sexy. ¿Cómo un hombre podía verse aun así? Bueno nunca fue feo, cuando salíamos era el más guapo y miles de chicas querían estar con él. Se cuidaba y la naturaleza lo había dotado de un increíble cuerpo, por lo visto aun la tenia de su lado.

Abrí la heladera despacio no quería hacer ruido, a los segundos sentí unas cosquillas entre mis piernas y vi a Diana moverse entre ellas.

—Silencio Diana, por favor—ella ronroneó y yo tomé el zumo rápido para salir del lugar.

Me quedé unos instantes cerca del mesón viéndolo otra vez.

Estaba tumbado y con los ojos cerrados, eso me tranquilizó. No sabía qué me había hecho llegar aquí… Tragué saliva cuando volvió a moverse y se puso de costado fue cuando noté que tenía algunas marcas, al estar más cerca vi que eran cicatrices. ¿De qué? Giré mi cabeza un poco, algunas eran largas, otras cortas yo diría…

—Oye pequeña ¿Qué miras?

Me sobresalté al escuchar su voz seguido de como abría los ojos y me miraba sonriente. Resoplé

—Nada.

Empecé a caminar hacia el pasillo.

— ¿De verdad vas a dejar todo así como así?—me di la vuelta. No tenía miedo, no de él.

— ¿De qué hablas?—se incorporó y agarró la sabana del piso cubriéndose… Una lastima

—Tú sabes.

—Eres un idiota.

—No fui yo quien rompió tu regla— lo fulminé con la mirada.

Lo sabía y me atrapó pero no por ello le daría la razón.

—No lo hice, quería un zumo.

—Pero eso es leche, no zumo—miré mi vaso, diablos tenía razón. Me distraje y me puse otra cosa. Pero no iba a dar el brazo a torcer.

—Quise decir leche—levantó la ceja—. Lo que sea.

Me volví a girar y empecé a caminar a hacia mi habitación. Aunque escuché su risa.

—Cuando quieras podemos hablar—me detuve y volví sobre mis pasos.

—Tú no quieres hablar.

—Entre otras cosas, si quiero—se levantó con toda su gloria, bueno si no contamos el bóxer que es lo único que lo cubría—. Quiero saber todo de ti, ¿qué pasó? ¿Qué te pasó?... tu hijo, el padre del mismo… te quiero a ti.

—Las cosas cambiaron mucho—traté de alejarme, debía hacerlo. No sé cómo lo hace pero está rompiendo todas mis defensas. Mi muro se cae...

—Tú cambiaste.

—Tú también.

—No, bueno algo, pero no por gusto. Antes no huías, y nunca de mi…

—Las cosas son distintas…—bajó su cabeza y luego la subió—. No empieces algo que no puedas terminar.

—Aún me odias ¿verdad?—no dije nada, porque aunque lo entendía no podía borrar el dolor del abandono—. Te dije la verdad, jamás quise dejarte.

—Buenas noches Darien.

Le di la espalda, no podía seguir esta conversación y menos así como estaba él. Mis sentimientos empezaron a revolucionarse cuando él llegó a la oficina un par de semanas atrás.

Que me busque y trate de tener mi perdón me mataba, porque eso significaba que aun sentía algo. Sé lo que quiere decir siempre, pero no puedo dejarlo que se meta nuevamente en mi corazón. Lo blindé después de que él se fue y así debe quedar… sellado.

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Menos mal que al levantarme Darien ya no se encontraba, según lo que me dijo Hotaru se había ido más temprano para buscar ropa y algún hotel. Mejor así porque otra noche no sé si podría resistir, soy mujer y tenerlo disponible era una tentación muy grande.

—Reconozco esa mirada sin que me lo digas—levanté el rostro de entre mis manos y vi a Mina llegar a su escritorio. Me guiñó el ojo y se sentó.

Resoplé, había venido con Hotaru más temprano de lo habitual y le había dicho al portero de mi edificio que le abriera la puerta solo a ella, no a Darien, más si hay algunas noches yo no volvía.

Tampoco quiero que ella se meta en mis asuntos.

Hotaru se la pasó hablando todo el camino y yo solo quería dormir, ahora me encontraba enfrascada en un problema tenía que leer un informe pero mis ojos se cerraban por el sueño.

Escuché un murmullo y giré la cabeza en dirección a esas voces. Vi a Esmeralda decirle algo a Molly al oído y ella asentía mientras sostenía unas carpetas. Cuando ambas se dieron cuenta que las observabas se miraron y luego me acribillaron antes de darse vuelta. Dios si las miradas mataban yo estaría muerta dos veces... Aunque, ¿qué les pasaba a estas dos?

Esmeralda le tocó el hombro a Molly señalando la entrada de la oficina, ella casi corrió hasta llegar al tiempo que entraba Darien al piso. No se paró, ni le hizo caso a su secretaria continuó caminando e ignorándola mientras ella le hablaba de sus pendientes. Solo se detuvo cerca de mi escritorio a lo que Molly aprovechó.

—Le dejó un mensaje el sr Melton dice que espera que le envié los formularios…

Parpadeó al escucharla y resopló antes de posar su mirada en ella

—Gracias—se giró y apoyo en mi mesa un rosa roja—. Es para ti por lo que hiciste por mí y Hotaru.

Miré la rosa y luego a él. Encorvé mis hombros moviéndome en la silla para darle la espalda con la flor entre mis manos. Lo escuché resoplar nuevamente.

— ¿Quién era el del mensaje Molly?

—El sr Melton.

—Comunícamelo.

De reojo vi como asintió y ambos se metieron en la oficina.

Cuando cerraron la puerta me permití sonreír y llevé la rosa a mi nariz aspirando su aroma

—Aún lo recuerdas—murmuré, cerrando los ojos permitiéndome volver a mi pasado.

— ¿Le traigo un florerito Srta. Serena?

Abrí los ojos rápidamente asustada temiendo que fuera Hotaru. Me alivié a ver quién estaba enfrente.

—No, pero gracias Karmesite.

Ella asintió dejó unas carpetas y se fue.

Vi una vez más la flor y sonriendo la guarde dentro del libro que estaba leyendo.

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Estaba mirando una vez más la invitación anual de la empresa, se haría en una semana. No solo iban los empleados sino muchos de los clientes o inversionistas. La moví entres mis manos analizando el detalle de las líneas plateadas y doradas en las esquinas, ambas entrelazadas como si fueran una. En el centro y como fondo de la misma una Luna menguante, me hacía acordar a la diosa Selene, tan poderosa, pero se enamoró de Endimión y dio todo por él.

Suspire recordando las palabras que mi madre me decía de pequeña, quizás era solo mi imaginación pero en las noches más tristes esas palabras venían a mi mente una y otra vez. Cerré los ojos. Pensando en ella, había muerto cuando solo tenía cuatro años, recién comenzaba el jardín de niños, recuerdo que cuando lo supe lloré por horas, solo a Darien le había permitido consolarme, no quería a mi padre, ni a nadie cerca en ese momento porque lo culpaba a él.

Un grito ensordecedor me sacó de mis recuerdos tristes y haciendo caer abruptamente al presente. Abrí los ojos para encontrarme con Diamante gritándole a Hotaru.

—Mocosa malcriada, te lo he dicho. Hazlo sin preguntar—torcí mi boca por la situación.

Me levante dispuesta a ponerlo en su lugar.

Desde el inicio de esta semana se estaba metiendo en todas las cuentas y haciendo movimientos que no me gustaban.

Casi llegando vi claramente que Hotaru había bajado su cabeza para ocultar sus lágrimas, él no se apiadaba y seguía gritándole sin reparo de quien lo escuchara.

—Yo… Lo siento… Pero la señorita…—su tío golpeó el escritorio de mi asistente haciendo saltar a todos en la oficina.

—No me interesa tus estúpidas excusas, haz lo que yo te digo y punto—agarró su mentón levantándolo para que lo mire directamente—. Recuerda a quien perteneces. Con las basuras como tú hago lo que yo quiero cuando quiero y donde quiero.

—Suéltala, y pídele disculpas ahora mismo—agarré su mano y se la aparté de la cara de Hotaru.

Sorprendido me miró con esa mirada que detestaba, esa misma que hace creerse que es mejor que el resto.

Se quedó callado un instante estudiándome.

—Ahora—grité.

—No se meta donde nadie la llama rubita.

—Me meto porque ella es mi empleada y aquí la primera regla es el respeto hacia las personas—iba a seguir pero Hotaru me interrumpió.

—No es su culpa—la miré sin creer lo que decía—. Yo debo hacer lo que él quiere pero tenía un documento antes que…

Estaba enfurecida, no sé si con Hotaru o con el tío de ella. ¿Por qué le tenían tanto miedo? ¿Qué es lo que los amarraba a él? Estaba respirando rápidamente por la furia que me salía cuando esa misma voz me llegó desde lo más profundo de mi mente.

—Ella sabe lo que le conviene… —parpadeé mientras que en mi cabeza resonó "sabes lo que te conviene"—. Soy su dueño y me debe obediencia.

Regresé de golpe, sacudí mi cabeza y me concentré en lo que decía el maldito.

—No me interesa, ni las excusas, ni nada que digas. Primero es una persona, no una cosa y no eres su dueño—vi que Hotaru iba a decir algo pero levanté mi mano para interrumpirla y seguí—. Segundo esto es una oficina y no se grita. Además es mi asistente cualquier cosa que necesites primero debe tener mi autorización y tengo mucho trabajo, así que no puede hacer nada para ti.

—Lo necesito ahora. Quiero esos malditos papeles.

Sentí una mano en mi brazo y me giré viendo a Mina a mi lado, sus ojos siguieron a los míos y al ver a Hotaru en un estado de llanto se apartó de mí para ir a consolarla, poniéndola entre sus brazos.

—No me interesa.

—No vengas con protocolos ni reglas, si necesito o quiero algo de esta mocosa se hace y punto. Tiene que devolver lo que invertí en ella.

Mi sangre hirvió, Hotaru temblaba pero en esas pocas palabras sentí que algo se escapaba de mi control, algo dijo y de las cuales esas palabras eran parte del gran rompecabezas Shields.

—Lo repetiré por última vez, ella es una persona no una cosa.

—Es lo mismo. Un estorbo—escupió su veneno, acercándose a mi espacio personal—. No me querrás de enemigo Ru-bi-ta.

Lo empujé.

—Tú, no me querrás de enemiga a mí.

— ¿Qué está sucediendo aquí?

Ambos nos giramos al escuchar la voz de Darien, vi su maletín y el saco en su mano. Recién entraba al piso y como era de esperarse detrás de él estaba Molly con papeles y carpetas.

—Simple, la mocosa no sabe hacer nada… igual que tú.

Iba a decir algo nuevamente pero me vi interrumpida por otra voz del lado opuesto.

—Discúlpese.

Todos los presentes nos quedamos en silencio ante la aparición de Galaxia. Estaba parada a unos metros por detrás de Diamante.

—Jamás lo hago y menos para quien no se lo ha ganado—sentenció Diamante.

Se dio media vuelta y antes de encerrarse en el despacho de Darien me miró. Me fulminó con la mirada, otra más que me mataría creo que sería la cuarta vez en el día que las recibo de diferentes personas.

Luego simplemente cerró la puerta azotándola.

—Hermano.

Hotaru salió de los brazos de Mina para ir a llorar al pecho de su hermano.

— ¿Qué sucedió?

—En lugar de buscar alguna falda nueva preocúpate por defender a tu hermana del malnacido—le grité sin reparo, tenía que desquitarme con alguien—. Mírala…mira, cómo la dejó.

Miró a su hermana un momento y luego la abrazo más fuerte.

—Yo…—bajó su cabeza observando a su hermana mientras le mojaba la camisa con sus lágrimas—. Lo siento Hot no volveré a perderte de vista.

Me di media vuelta entre enojada y furiosa. ¿Dónde diablos estaba aquel Darien que defendía a todos a capa y espada? ¿Cómo? ¿Por qué se dejan maltratar tanto? ¿Por qué no lo enfrentan? ¿Por qué? Llevan diez años con ese hombre que cosas le habrá hecho a esa niña…

Llegué a los baños y abrí la puerta de golpe.

— ¿Hay alguien?

Nadie me contestó, lo más probable es que nadie había dentro. Me apoyé en el lavado de manos y me miré por el espejo, respiraba agitadamente y aspiraba por la nariz tan rápido que no lograba calmarme. Abrí el grifo me moje la cara con agua fría unos minutos y aun así no lograba calmarme. Me incorpore para luego apoyar la espalda sobre la pared del fondo cerré los ojos deslizándome por ella hasta el piso sentándome en el frió. Enterré mi cabeza entre las piernas, aun ese tono de voz retumbaba en mi cabeza, esas palabras duras y malvadas. Aun podía escucharlas salir de la boca de ese hombre, eso me llevaba a preguntarme una vez más ¿Por qué, porque no hacía nada?

La vida me llevo a ser una persona fuerte y dura pero solitaria. Me hizo aprender por las malas que si te ven vulnerable te pisotearan, el mundo es salvaje y sin compasión no había tiempo para el amor y menos para la familia. Si no atacas, ellos lo harán. Lo único que me dejaron es mi voluntad, ¿Por qué él no se lo enseñaba a ella entonces?

Una lagrima traicionera paso por mi mejilla en la oscuridad del baño y el silencio hizo que me tele transportara a aquel armario… Ese oscuro, sucio lugar. Aquel donde su voz fue lo último que escuche…

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Entra allí—mire a mi padre y luego al fondo del armario.

Negué, no entendía lo que pasaba. Había salido hace unas horas y él estaba contento pero cuando me vio en la puerta de su despacho hace un instante palideció. Me había olvidado un libro que deje en el sillón de su despacho y fui a buscarlo. Lo vi con cara preocupada pero muy asustado.

Ahora me pedía entrar en ese oscuro lugar.

¿Papá, que sucede?—él miraba la puerta y luego a mí.

Se acercó a su escritorio y saco un sobre muy abultado. Me lo dio y volvió a señalar el armario.

Entra Serena—golpeo el fondo y se abrió una pequeña compuerta que daba a un espacio más reducido y vacío dentro del gigantesco mueble—. Por favor pequeña hazme caso.

Asentí a su cara de súplica mezclada con desesperanza. Despacio me senté y me acurruque en el minúsculo espacio.

Papá—estaba llorando—. Papi.

No sabía lo que pasaba pero sabía que era algo malo y un presentimiento empezó a creer en mi interior. Me aferre a los documentos que él me entrego.

Puso mi rostro entre sus manos y me dio un beso en la frente.

Te amo Serena, a ti, a tu hermano y a Luna los amo nunca lo olvides—miro un instante hacia atrás y luego a mí—. No importa lo que escuches o digan. No importa nada no salgas de aquí. No lo hagas. Espera a que haya silencio y cuando escuches la calma espera un poco más.

Asentí estaba muy asustada, y su mirada me decía pánico. Él agrego. —No entregues el sobre a nadie, nunca. Lo entiendes ¿verdad?—volví a asentir—. Cuida a tu hermano y a Luna. Pero sobretodo protege a la pequeñita.

Me dio un beso en la frente nuevamente.

Te amo.

Con eso cerro la compuerta y luego escuche que cerro el armario con un clip.

Puse mi mano en mi boca ahogando un grito al sentir al instante siguiente la voz, esa voz que nunca olvidaría…

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Escuche la puerta abrirse al igual que sentí que la luz empezaba a filtrarse entre la oscuridad

—Te dije que estaría aquí—levante la cabeza.

Claramente vi a Mina y a Galaxia paradas en el umbral de la puerta del baño. Llegaron hasta mí poniendo una mano sobre mi rodilla y me miraron dulcemente.

—Lo hiciste bien—dijo Galaxia.

—Entonces ¿por qué siento que todo lo hice mal?

—Oh dios mio Serena Tsukino está llorando—dijo dramáticamente Mina —. Ya no eres la mujer de hierro… Sere debes dejar salir todo ese dolor que tienes dentro.

Respire cansada de escuchar esas palabras, porque Mina tenía razón había hecho una armadura de mi misma que impedía que algún sentimiento se filtrara lastimándome. La llegada de Darien y su verdad, ese hombre y su maltrato empezaron a quebrar lo que tanto me costó construir.

—Lo que no entiendo es por qué esto te pone así, varias veces te vi enfrentarte a abusivos dentro de la empresa.

—Pero este hizo que Nii-san haya encadenado su corazón. Ellos son la causante.

Le aclaró Mina a Galaxia que torcía su boca.

La verdad no me gustaba como empezó a tornarse la conversación y yo como era el centro de estas dos rubias molestas.

—Igual cualquiera pensaría que sería Darien y no su tío.

—Pero el maltrato es por parte de él a ellos.

—No lo entiendo—dijo Galaxia.

Resoplé mirando de una rubia a la otra que estaban a cada lado.

—Porque él se llevó parte del corazón de ella cuando secuestró a Darien.

¿Cómo es que Mina llegó a esa conclusión? Yo hacía poco tiempo supe parte de esa verdad y ahora ella deliberadamente pone en el banquillo de las víctimas a Darien. Pero no podía negar que parte de lo que decía era verdad. Aunque pensándolo bien Darien pudo con unas palabras empezar a quebrar el escudo que tenía, él era mi debilidad y eso no era bueno en mi mundo.

—Darien es el verdadero amor de esta testaruda rubia—mencionó señalándome Mina. Casi se me cae la mandíbula al piso.

—Que romántico…

—Solo él puede traspasar y apoderarse de su corazón. Pero cuando se fue simplemente se lo llevó con él y Sere empezó a esconder su dolor del mundo.

—Ojalá algún día pueda tener un amor tan grande como el de ellos dos.

—Lo tienes Galaxia…lo tienes. Aunque el de nuestra amiga es épico.

Ambas me cansaron.

— ¡Basta ya! Y dejen de hablar como si yo no estuviera—me miraron petrificadas cayéndose de traste al suelo. Me paré—. Tú— señalé a Mina—. Él me abandonó y no cerré mi corazón… y tú—ahora señalé a Galaxia—. Si quieres que alguien te ame díselo…

Con fuerzas renovadas por estas dos locas salí del baño, mucho mejor de cómo había entrado a trabajar esta mañana.

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¿Por qué diablos Darien estaba en mi cocina otra vez?

Había salido más tarde de la oficina y supuse que él llevaría a Hotaru y luego se iría… pero no, estaba comiendo en la mesa y habían puesto tres platos.

—Qué bueno que llegas, la comida está en la mesa.

Darien acababa de salir de mi cocina, con la camisa doblaba hasta el codo y un trapo en su hombro. Aún estaba sin reaccionar parada en la entrada de mi casa. Parpadeé.

—Que bien huele todo—dijo su hermana con Diana entre sus brazos.

—Deja a la gata y lávate las manos—ella asintió dejando a mi gata traicionera en el sillón. Luego salió disparada hacia el baño.

Reaccioné, tiré las cosas y con dos movimientos lo empujé a Darien.

—Demonios, te quiero fuera de mi casa—él parpadeo asombrado por mi tono y mi brusquedad.

—Serena.

—Serena nada… no te quiero cerca. No somos una familia ni nada —estaba asombrado y señalé la mesa—eso no lo quiero… entiendes.

Lo solté y me miraba raro, distinto.

—Ya estoy, ¿comemos?

Anunció Hotaru, Darien me miró y suspiró. Cerró los ojos y al abrirlos vi determinación.

—Coman ustedes dos… yo debo marcharme.

Ahora me sentía la peor persona del mundo… pero lo que pasó en la oficina hoy me tenía aun nerviosa y no comprendía. Porque en la tarde la paso con su tío como si nunca hubiese insultado a su hermana. Pero vamos que si le llegan a tocar un pelo a Sammy yo lo mato.

—Pensé que te quedarías—Hotaru hacía un puchero.

Darien miró que tenía los brazos cruzados y Hotaru siguió su mirada viéndome.

—Tienes más facetas que antes pequeña—resoplé.

— ¿No se puede quedar? —Abrí ampliamente los ojos— ¿Al menos por esta noche?

La miré perpleja ante su comentario, por un momento pensé que se estaba burlando. De verdad pensaba que yo lo iba a dejar una noche más. Iba a responder cuando Darien me interrumpió.

—Serena no me quiere aquí, es mejor que me vaya.

—Bueno ahora resulta que soy la mala de la película.

— ¿Y no lo eres?...—resoplé—. Acabas de decirme… No, mejor dicho me acabas de echar de tu casa.

Se secó las manos y me miró.

—Porque es mi casa y fui indulgente ayer pero hoy te quiero fuera.

—Serena—la miré seria y Hotaru bajo su cabeza.

Diablos ahora me tenían miedo a mí. Darien agarró su saco y me miró.

—Para tu tranquilidad no pensaba quedarme, tengo cosas que hacer…—no lo miré y lo ignoré—. Solo me quise asegurar que mi hermana estuviera bien después de lo que pasó hoy,

— ¡Ah cierto! El gran salvador.

—No estaba ahí… y no me tortures con eso que no tienes la menor idea—empezó a hablar fuerte.

—Es cierto, no lo sé… Pero lo que sé, es que si no fuera por mí nadie la defendería, ni siquiera tú. Sabes, eso no es ser un hermano.

Tan rápido como lo dije, tan rápido como se movió arrinconándome contra la pared del fondo.

—No tienes la menor idea lo que tuve que hacer para defenderla, no sabes lo que es ser un hermano de verdad. Guarda tus estúpidos comentarios sarcásticos para alguien que le interese escucharlos.

Me soltó y respiré… ¿qué?

Abrazó a Hotaru que algunas lágrimas se le escaparon y le dio un beso en la frente.

—Bonita me llamas cualquier cosa.

Con eso se fue. Hotaru cerró y me miraba raro.

— ¿Comemos?

Tardé unos minutos en procesar esa información… ¿Darien hizo algo? Vi a Hotaru mientras se sentaba y lo entendí…su mirada era de culpa.

—Ahora regreso.

Dije al tiempo que salí corriendo por la puerta de mi departamento. El edificio tenía solo dos ascensores, en uno iba Darien y por lo que marcaba la aguja iba ya en el sexto, el otro aún estaba en la terraza. No lo esperé y comencé a correr por las escaleras… Cuando estaba llegando al último piso mis pies se chocaron y terminé rodando el último tramo, haciendo que las botellas colocadas por algún vecino se estrellaran conmigo e hiciera que toda la cuadra escuchara mi caída.

—Auch...—me levanté despacio porque mi cintura me dolía…Diablos, toda la espalda.

La puerta de acceso se abrió dejándome ver al encargado preocupado y a Darien detrás de él… sonreí lo había alcanzado.

—Srta. ¿Qué le sucedió?

Levanté mi mano para hablar cuando la vista se nubló y empecé a caer pero no aterricé en el piso sino en brazos de alguien…

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La luz me molestaba, en eso se fue. Luego apareció otra vez en el otro ojo.

— ¿Va estar bien?

Escuché la voz de Hotaru, parecía preocupada… Sentía que estaba acostada en algo duro.

—No parece que se haya roto nada, igual me gustaría llevarla al hospital.

¿Hospital? No, no pisaría ese lugar, con agujas y todas las malas enfermeras, por supuesto que no.

—Ya estoy bien…Ya estoy bien—prácticamente grite.

Abrí los ojos y me di cuenta que estaba en mi casa. Había un hombre con una linterna sobre mi cara y por detrás Hotaru, el portero y Darien.

—Eres dura pequeña.

Sonreí. Había vuelto el bromista.

—Es mejor que le hagan un chequeo general.

—Yo que usted no me desgasto en convencerla. Es terca como una mula para ir a un hospital—resoplé ante el comentario de Darien.

—Eso lo dice alguien que odia que lo pinchen—dije y él se rió.

—Al menos caíste rodando a mis pies.

— ¿Y quién dijo que yo iba por ti? Estaba practicando salto olímpico.

Todos se rieron por mi broma inclusive el médico.

A los minutos él se fue dejándome recomendaciones y algunos analgésicos.

—Bueno ahora que estás mejor, me voy. Hazle caso al médico.

Me levanté despacio y me tomé una de las pastillas que me dejó el doctor. Estaba Darien hablando con Hotaru en la puerta cuando me llegó un mensaje.

"Nos vemos esta noche, si vienes tengo un regalo para ti"

Resople, en este momento era el menos indicado pero respondí que sí.

—Descansa.

Gritó Darien y asentí. Me levanté empezando a caminar a mi cuarto.

—Pondré a calentar la comida y le cierro a mi hermano—me dijo Hotaru.

—Calienta para ti sola, voy a salir.

Con eso escuché un portazo y luego unos pasos fuertes. Me giré y ahí estaba mi perdición.

—Acabas de caerte por las escaleras, te desmayaste, sin hablar de por qué ibas por las escaleras. Ahora piensas salir...

—No es tu problema.

Traté de enderezarme, pero fruncí el ceño ante el dolor desgarrador que cruzó mi espalda. Supongo que tendré que tomar más pastillas.

—Si lo es, ¿cuándo lo vas a entender?…—sacudió su cabeza—. El médico dijo reposo y eso significa no salir.

Encogí mis hombros y me fui a mi pieza. Cuando pude o mejor dicho como pude, me bañe y prepare varias cosas que las puse en mi bolso cerrado. Me cambiaría en el garaje donde guardaba el otro auto.

Respiré y tomé aliento antes de salir.

Cuando llegué a la sala Hotaru no estaba pero él que sí estaba sentado con las piernas cruzadas y un gesto nada tierno era Darien.

Puse los ojos en blancos.

—Pensé que te ibas.

No contestó sino que se paró y me miró amenazante. Luego de unos segundos.

—No.

Empecé a caminar hacia la salida, sin importarme que me escanee. Había llegado a la puerta y no encontraba las llaves, me giré y ahí estaba él.

— ¿Qué hiciste con mis llaves?

—El médico dijo descanso.

—No eres mi padre.

Me miró un instante, se quedó solo un momento frente a mi rostro cuando dijo.

—Gracias a dios que no soy tu padre.

—Darien—grité cuando me alzó como saco de patatas sobre su hombro—. Bájame.

—No, y cierra el pico que Hotaru se fue a dormir.

Empezó a caminar y yo a patalear. Aunque me doliera mil demonios con cada movimiento. Al llegar a mi cuarto lo abrió con el pie de un solo golpe. Para ese entonces mis manos ya me dolían de tanto pegarle en su espalda.

Me arrojó sobre mi cama y aunque por un momento supongo que dudó en quedarse, se giró y cerró mi puerta.

Me levanté tan rápido como pude pero al querer abrir la puerta la encontré cerrada.

—Maldición Darien ¡ábreme la puerta!

—No—escuché como se reía—. Descansa que no me moveré de aquí.

—DARIEN.

Golpeé y golpeé, parecía el lobo feroz de los tres chanchitos, pero me trabó la puerta desde afuera y por más que estuve gritando o golpeándolo por más de veinte minutos no la abrió.

Miré por la mirilla y estaba sentado frente a ella. Me sonreí y cuando levantó su mano en muestra de saludo resoplé porque sabía que lo estaba espiando.

Me senté en mi cama con los brazos cruzados enfadada resoplando… Me tendrían que dar un premio a tantos resoplidos. Luego me tiré en la cama no iba a ganar esta pelea. Agarré el celular y le mandé un mensaje a quien me esperaba.

"Lo siento se me complicaron las cosas, nos vemos en otro momento y prometo hacerte la noche inolvidable"

Su respuesta fue inmediata, me esperaría claro que lo haría, pero para enfatizar me mandó una foto de un cuerpo desnudo con la leyenda "házmelo".

Creo que duró en mi teléfono lo que tardé en poner eliminar… Dios algunos se creían realmente sexy… hablando de sexy miré la puerta pensando si no se habrá ido. Me apoyé en mis brazos cuando escuché un murmullo.

—Hermano, ¿de verdad vas a quedarte ahí toda la noche?

—La conozco, ante la primera oportunidad saldrá por la puerta. Debe descansar y de eso me encargaré yo que lo haga.

Resoplé acostándome de nuevo. Ese hombre me mataría, mataría a la Serena actual.

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El sol salió y desperté en mi cama… resoplé, aún no había salido de mi encierro. Me levanté y me fui a bañar, era una suerte que hubiese instalado un cuarto de baño en mi habitación.

Después de cambiarme y disponer que iría al trabajo, respiré antes de tomar el pomo de la puerta y al escuchar el clip abriéndola quise saltar de alegría… por fin se había ido. Era libre.

La felicidad me duró todo lo que tardé en llegar hasta la sala. Allí sentado en la mesa estaba Darien con un café y otra taza enfrente. Me miró.

—Siéntate—bueno me ordenó, estaba a punto de decir algo—. No hagas que lo repita.

Esta vez obedecí, no es que me importara pero su mirada era para tener cuidado. Vi mi taza y observé que era capuchino del que me gusta, el de mocha blanco.

— ¿Hotaru?—Pregunté.

El me miró y antes de contestar tomo un sorbo de su café —Se fue a ocuparse de tus pendientes—iba hablar— ¿podemos hacer una tregua?

Resoplé. Ya le había escuchado antes esas palabras.

—Supongo… somos socios.

—En realidad tú eres mi empleada y yo soy el socio de Galaxia.

Ah cierto…

—Serena… pequeña—no lo miré, no podía—. Perdóname por lo de ayer pero tienes que cuidarte, accedí a que no vayas al hospital pero no podía dejarte salir por ahí.

—No eres mi dueño.

Reclamé, no iba a doblegarme.

—Lo sé… no quiero ser tu dueño. Yo…

—No lo digas.

—Yo te quiero… siempre te querré. Te entiendo que aún no puedas perdonarme, sé lo duro que habrá sido todo pero…

— ¿Por qué?

—Te lo expliqué la otra vez… Yo—lo interrumpí con mi mano.

— ¿Por qué no defendiste a Hotaru? ¿Por qué la dejas en manos de ese desgraciado?—Bajó su cabeza y eso me enfermó—Maldición, no bajes la cabeza.

Grité levantándome. Me miró con los ojos abiertos por el grito y su mirada me siguió mientras caminaba de un lado a otro. Entonces me detuve mirándolo.

— ¿Por qué? ¿Por qué te doblegas a con él?… Maldición Darien, tú no eras así, defendías hasta al más tonto nunca te quedabas callado.

Se paró y llegó hasta mí agarrando mis manos. Las besó y volvió a mirarme.

—Hay cosas que son mejores olvidarlas.

—Pero no las olvidas… tú no lo olvidas.

Se apartó un instante, cerré mis ojos con dolor. No me iba a decir la verdad. No por lo menos ahora. Miré al techo un instante.

—Mejor me voy a trabajar…—vi que iba a decir algo y lo señalé—. No te atrevas a cuestionar mis decisiones. —Me di vuelta y agarré el saco—. Cierra al salir.

Lo dejé ahí, en medio de mi sala y salí prácticamente corriendo, no huyendo. No quería ver su mirada derrotada, angustiada y sobretodo llena de culpa. Llegué al estacionamiento y marqué un número.

— ¿Puedo verte?

—Claro mulita, te esperamos.

Subí al auto y me alejé. Necesitaba a mi amigo.

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Cuando llegue a la oficina vi a Hotaru hablar muy animada con Momo, sonreí pero al verme pasar al lado de Ami corrió a mi lado.

—Srta. Serena ya le organicé la tarde, Karmesite me ayudó con varios números de los clientes. También llamó la Srta. Neherenia dice que acepta su propuesta pero vendrá en unas semanas a firmar.

Asentí a todo. Estaba cansada no quería discutir.

Cuando Hotaru se fue me senté poniendo mis manos en mi cabeza… Diablos, como todo se había salido de control. Artemis me ayudó a entender algunas cosas, pero aun así no entendía que me estaba haciendo este hombre. Al tiempo que era tierno, se volvía sumiso ¿Cuándo Darien Shields fue sumiso?… él tomaba lo que era suyo y lo defendía con todo su ser. ¿Entonces?

Estaba a punto de decirle a Mina que me acompañe por un café cuando volví a escuchar esa voz desagradable.

Levanté mi vista y ahí en la puerta del despacho estaba Diamante gritándole a Darien. Salió con toda su furia y se acercó a Hotaru.

—Por ti… Por ti maldita…

—Termine esa frase y se arrepentirá.

Me miró y se extrañó como diablos había llegado allí… detrás de él estaba Darien sin pensar que toda la oficina tenía puestos los ojos en mí.

Los ojos de Hotaru se cristalizaron y vi como su hermano se movió para llegar a su lado… Al fin la protegía.

—Tú no sabes con quien te estas metiendo.

—Creo que esa frase ya me la dijo… ¿Acaso no sabe nuevas o es porque está muy viejo?

Levantó su mano para abofetearme cuando…

—Tío basta.

Miró a Darien bajando su mano.

— ¿Basta?... Tratas de callarme.

—Ya te lo expliqué, Hotaru no tiene nada que ver. Voy a cumplir lo que dije es mi palabra.

—Más te vale hacerlo, no quiero perder otra clienta.

¿Clienta? En la empresa no teníamos clientas, si cuentas… Pero algo me decía que no eran asuntos de la empresa. Volví a la conversación cuando Diamante pasó por mi lado empujándome.

Lo miré irse y luego a Hotaru.

— ¿Estás bien?—ella asintió.

—Esto no es un espectáculo todos a sus lugares.

Escuché como Mina ponía la gente en su lugar y ordenaba el piso. Luego miré a Darien que le decía unas cosas a Hotaru y ella asentía pero su mirada era triste.

Me di vuelta y me alejé de la escena…

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Aunque esa noche no me importo que Darien se quedara en casa, lo hice más por Hotaru, a decir verdad había llegado más tarde de lo habitual. Considerando que se fue antes de la oficina y llegó oliendo a perfume. Traté de no darle importancia pero cuando alguien toca algo tuyo no puedes negarlo y por más excusa que me pusiera sabía que lo hacía más por lo que quería aquí.

Hotaru no se durmió hasta después de la medianoche, fue justo cuando él llegó, lo miré mientras le sonreía a ella desde el taburete en el cual estaba sentada, cerca del mesón de mi cocina. Arqueé una ceja cuando no le permitió acercarse y me pidió permiso para bañarse aunque sea tarde. Asentí y rápidamente se metió dentro del baño.

—Es mi culpa… Es mi culpa.

Decía Hotaru sentada en la mesa como un mantra.

Otra cosa que no encuadraba.

Cuando salió su pelo brillaba, parecía otro como si… Diablos, lucía igual que yo cuando me limpiaba de la inmundicia de las noches sin justicia de la cuidad.

Besó la frente de Hotaru y le preguntó por la clases. Me dije que era suficiente melodrama familiar por un día y sin decirles nada me retiré a mi recamara, aunque sentí la vista de Darien todo el tiempo.

Al día siguiente no fue diferente al anterior.

Hotaru siempre estaba pendiente de mis cosas, Darien me regaló otra rosa aunque si se abstuvo de no robarme un beso o alguna otra cosa. Bueno los chocolates que aparecieron en mi escritorio en forma de rosas supe que eran de él también… y como cierre de oro una nueva discusión con Diamante en la oficina.

Dios, este hombre no podía volverse a Estados Unidos urgente… Solo a diferencia del resto de los otros días fue que casi me pega, al ver su intención le atiné un pisa papeles. Nos detuvimos ante el grito de Galaxia, no solo él, yo también me llevé una represaría ese día… Aunque no quisiera admitirlo ella tenía razón, era mi jefa y no podía comportarme así.

—Lo siento pero ese hombre… Quiero romperle el cogote—puse mis manos como retorciéndolo.

Ella se rio, cuando ambas más tarde estábamos en su despacho.

—Yo también pero según dicen se irá en una semana—resoplé.

—No puede irse antes.

— ¿Quizás si la presidenta se lo pide?

Ambas nos reímos aunque al principio resoplé.

Salí animaba pero como Hotaru no presenció este intercambio de palabras con su tío estaba tranquila.

Estaba viajando hacia mi departamento cuando el taxi se detuvo en una esquina, giré y me quedé helada por lo que vi.

Darien con una pelirroja extravagante, ella le tocaba el brazo muy mimosa, en sus ojos había deseo, lujuria, lo desnudaba con la mirada. Él estaba de espalda a mí, me frustraba no poder ver su reacción, cuando la mujer que lo acompañaba se acercó a su rostro para asaltarle la boca descaradamente… Rabia, mucha rabia se apoderó de mi cuerpo.

El semáforo cambio a verde.

—Espere.

Grité al conductor y se detuvo. Me miró un instante y luego al frente.

La mujer lo seguía besando, le tocaba la espalda cuando una de sus manos se perdió dentro del saco de Darien casi vomité. Las manos de él estaban a cada lado de su cuerpo y no tocaba a la mujer pero él no la apartaba… las lágrimas salieron de mí tan pronto como vi que ella lo dejó de besar y agarró su corbata girándose en sus tacos Gucci, lo jaló lo suficiente para que él comenzara a seguirla.

— ¿Quiere que lo siga?—ofreció el conductor.

Tapé mi boca ahogando un gemido y cerré los ojos.

—No… Arranque.

Asintió.

Sé a dónde iba, a media cuadra había un hotel de lujo. Fue cuando recordé quien era la mujer extravagante, era la misma que estaba en el estacionamiento del recital de Seiya, doble maldición dije al momento que vi el anuncio a unas pocas cuadras del senador Metalia, ella era su esposa, la pelirroja extravagante, la que en este momento estaba con mi Darien.

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Llegué a mi casa tirando mi cartera con rabia.

—Serena, mi hermano dijo que llegaba un poco tarde pero llegaba para comer con nosotras ¿hacemos lasaña?

—Seguro, pero ya habrá comido para cuando llegue.

Me miró extrañada.

No me importó, si Darien se divertía yo también podía hacerlo… No era justamente una niña buena. Marque mi teléfono.

—Espéralo tú, yo salgo—agregué.

Al tiempo que sonreí y vi la dirección que me pasó mi amigo por celular.

Después de veinte minutos salí renovada. Tomé un taxi hasta el garaje donde estaba mi auto de niña mala al subir me coloqué la peluca azul y los lentes de contacto violeta.

Un pequeño vestido plateado muy pero muy corto completaba mi atuendo, se ajustaba a mi cuerpo haciéndose una segunda piel.

Al llegar muchos ya se encontraban borrachos, en un sillón recostado estaba Kevin me senté de golpe a su lado.

—Toma preciosa… te extrañábamos. ¿Qué andabas haciendo?

Encogí mis hombros y me tomé de un sorbo lo que me dio en un vaso.

—Diablos, ¿Qué es?

—Ron.

Nos reímos, me entregaban más bebidas ron, cerveza, tequila… todo lo que me daban tomaba.

Necesitaba desconectarme de todos y sobretodo de él.

No sé en qué momento me salí de control, ni como llegué a la habitación con Luk, ¿o era Sasuke? no lo recuerdo… sé que lo vi varias veces en las otras fiestas de Kevin.

—No sabes cómo ansiaba esto—dijo.

Me besó en el cuello y llevó sus manos al dobladillo de mi vestido. Me lo sacó por la cabeza arrojándolo al piso. Me volvió a besar y luego me empujó haciéndome caer sobre la cama de alguna habitación del lugar.

Me quedé solo con la ropa interior. Él se sacó la remera también arrojándola lejos se puso ahorcajas mío. Volvió a besarme frenéticamente y le respondí con la misma intensidad, estaba en una neblina de alcohol y descontrol. Mi cabeza no dejaba de hacerme ver a esa mujer, a esa que besaba a mi Darien…porque él era mio. Solo yo tenía ese derecho.

Sentí las manos del hombre sobre mi cuerpo y su boca en el centro de mi pecho bajando lentamente hacia el sur. Cuando llegó a mi estómago se levantó y me miró a los ojos.

—Oh pequeña, no sabes cómo vamos a disfrutar esto.

Y solo con esa palabra la neblina se levantó, lo empujé haciéndolo caer al piso.

—Lo siento.

Me levanté agarre el vestido y me lo puse tan rápido que flash sería mi aprendiz.

—No te iras así… ¿Me vas a dejar así?

Se levantó y me agarró la muñeca.

—Perdóname no puedo…—apretó más fuerte mi mano—. Suéltame.

—No te iras de aquí sin que te haga mía.

En un movimiento puse mi otra mano sobre su agarre y como Kun me enseño se la doble reduciéndolo en segundos.

—A mí nadie me obliga hacer lo que no quiero.

Lo empujé y asombrado como estaba salí por la puerta. Kevin me vio y se acercó estudiándome. Con un asentamiento supo lo que pasó e hizo otra señal para que saquen al hombre que trató de sobrepasar las reglas del lugar.

Agarré la botella que tenía en las manos mi amigo y me fui.

Subí al auto y manejé como pude… Bueno el alcohol empezó a hacer estragos, así que vacié la botella que tenía. Llegué al garaje y me pedí un taxi pero antes como pude me saqué la peluca.

Trastabillé entrando a mi departamento.

— ¿Qué diablos?

Escuché la voz de Darien entre mi neblina… No podía estar de pie. Sentí sus manos en mi cintura y escuché cuando agregó.

—Dios estaba preocupado… ¿dónde estuviste?

Lo empujé y trastrabillé hacia atrás.

—A ti… Que… Te… Importa—grité entrecortadamente.

Casi no podía hilvanar las palabras.

—Pensé que lo habíamos aclarado.

—Sabes muñequito…—hice un hipo—. Me arruinaste la vida. Tú y toda tu maldita familia— grité—. Ahora vienes queriéndote hacer el caballero de la armadura plateada pero sabes algo muñeco no hay damisela… Porque yo—me señalé a medida que caminaba bueno tambaleaba por la sala—. Soy la bruja.

—Pequeña, no digas esas cosas.

Iba a acercarse y lo detuve.

— ¿Quién eres?

—Soy yo… ¿Estuviste tomando? Nunca fuiste una bebedora.

—No eres mi padre… Oh papá, ¿por qué me dejaste tú también? —Miré a Darien—. Fue tu maldita culpa, te odio… Te odio, porque sigues siendo tan demoniacamente sexy… Hay pobre de mí.

— ¿Soy sexy?—lo fulminé con la mirada y caí de rodillas—. Ven.

Me agarró y me alzó entre sus brazos.

—No voy a tener sexo contigo—escupí.

—Yo no quiero eso de ti… Aunque ahora estas de todo menos apetecible.

—Oh dios mio perdí mi encanto también.

Él se rió, y cuando escuché el ruido del agua me di cuenta que estábamos en el baño… en mi baño. Lo miré frunciendo la ceja.

—No me bañaré conti…—pero no terminé de decir que me di vuelta y empecé a devolver todo lo poco que comí. Por suerte estaba el retrete a mi lado.

—Larga todo así estarás mejor.

Cuando terminé sentí que me acercó un papel y un vaso de agua. Luego escuché como abría la cortina.

—Adentro.

—No—crucé mis brazos como niña caprichosa.

Él me alzó metiéndose en la ducha conmigo. Puso mi cabeza debajo del agua y dios estaba deliciosa, relajaba cada uno de mis adoloridos músculos, lo podía sentir.

Llevó su mano a mi cabello y lo acarició moldeándolo hacia atrás.

—Ves así estarás mejor—puso su frente sobre la mía—. No ocultes tus ojos… siempre me calmaron con el cielo hermoso que son.

—Mis chanel…—lloriqueé arruinando el momento romántico.

— ¿Chanel?

Preguntó mirándome como si me hubiese salido otra cabeza, hice un puchero y señalé mis pies… Aún tenía puestos mis zapatos. Puso los ojos en blanco al entender, pero no les dio importancia. Solo se agachó para sacármelos, se paró tirándolos lejos y me giró para lavarme el cabello.

Cerré los ojos dejándome por primera vez cuidar por este hombre.

Luego volvió a voltearme. Me lavó la cara, deslizó sus manos por mi espalda hasta encontrar el cierre del vestido, lo abrió y los deslizo por mi cuerpo, arrodillándose me levantó un pie y luego el otro.

Se volvió a levantar a mi altura y mirándome con esos ojos increíblemente hermosos me besó debajo del agua, fue suave y dulce igual que la primera vez. Le respondí llevando mis manos a su cabello hundiéndolas en esa cabellera ahora mojada. Cuando mi cuerpo empezó a pedir más se separó sonriéndome, alejó un brazo para cerrar el agua.

—Ya te pareces más a ti.

Sacó no sé de qué punto una toalla y me envolvió delicadamente. Me tomó entre sus brazos y salimos de la regadera.

Me depositó en mi cama, mis ojos se cerraban del cansancio, me dio un beso en la frente y se fue… Cerré los ojos por fin y por primera vez agradecí que él estuviera aquí.

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Me desperté con un terrible dolor de cabeza, al levantarme la cabeza me explotaba. Me senté en la cama y estiré mi mano para sacar unas aspirinas pero mi sorpresa fue mayor cuando en la mesita de noche vi una rosa y una nota.

"Dos de estas te sacaran ese dolor"

Reconocí la letra y me las tomé.

Al salir de la habitación ya estaba lista para irme a trabajar. El dolor se me había ido, no solo ese sino el de mi espalda también. Darien tenía razón y como si lo hubiese llamado estaba en mi sala desayunando con Hotaru.

—Buen día Serena.

Ella saludó alegremente, me tendió un café y aunque miré a Darien él no me respondía. ¿Que esperaba que dijera? ¿Por qué cuidaste de mí? ¿Por qué me besaste y te fuiste? Vamos yo no era así.

—Hotaru prepárate te llevaré a clases antes de ir a la oficina.

Ella asintió y cuando ambos estaban saliendo.

—Espera—me miraron, torcí mi boca —. Gracias.

Darien me miró y asintió. Empujó delicadamente a Hotaru sin darle importancia a nada… pero ¿qué? Ayer era dulce hoy… Maldito gilipollas.

Me reí tanto se lo había escuchado tantas veces a Lita que a veces se me pegaba. Terminé con mis cosas y me fui.

La mañana pasó normal. Darien me esquivó varias veces lo noté claro como el agua… Aunque pensando un poco mañana será viernes se supone que deberían irse ¿no?

Comí con Mina y Galaxia, ambas estaban entusiasmadas por la fiesta de la empresa… Pero, iba a ser el viernes de la semana que viene y ambas ya tenían el vestido. Rodé los ojos cuando me amenazaron que no usaría el del año pasado, si era bonito pensé. Ellas solo rieron.

Cuando regresé al piso Diamante estaba gritándole a todo el mundo… Hotaru bajó su cabeza, y Ami, dios Ami estaba oculta debajo de su escritorio.

—Maldición, vagos, es una empresa que debe producir mínimo el ciento cincuenta más de lo que hoy produce.

— ¿Ahora qué pasó?

Puse mi mano en mi cadera con una actitud altanera.

—Por fin la rubita se dignó aparecer.

—Basta tío no la llames así.

Claro me olvidé del gran caballero de armadura blanca que por cierto no estaba, al contrario estaba Darien me dije.

—Tú que me vas a decir.

—Que se ubique sin vergüenza—grité juro que toda la empresa dejó de respirar—. Los que trabajan son sus sobrinos no usted, puede venir por donde vino y poner sus patitas fuera de mi empresa.

— ¿Tu empresa? por favor no me hagas reír, eres un estorbo—Darien me miró pidiéndome que me calle, pero su tío se dio cuenta—. Déjala… vamos que más tienes rubita. Ataca estas desesperada por decir más cosas.

— ¿Que más tengo?—sentí la mano de Mina en mi brazo, la miré esperando ver que me dijera que me calme cuando me sonrió dándome su apoyo. Luego miré al cretino—. Es un desgraciado y un hombre que no tiene inteligencia por eso necesita de sus gallinas de huevo de oro para rehogarse en su miseria.

Juro que toda la oficina hizo oooooohhh.

—Estás despedida—gritó—. Agarra tus cosas y saca tu sucio trasero de aquí.

—Tío no.

Darien se adelantó deteniendo a Diamante que lo miró con odio, pero lo empujó y se acercó a mí.

—No sabes el placer que tengo de que te retuerzas y me supliques.

— ¿Está seguro de que quiere despedirme?—me enderecé haciéndome más grande.

—SI.

Me giré y agarré varias cosas de mi escritorio y antes de irme me di vuelta para verlo, también para que toda la empresa me escuché.

—Esta no será la última vez que me vea y la próxima vez él que tendrá que retractarse será usted.

Me giré y me fui.

Yo sabía por qué lo decía…exactamente lo sabía.

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El resto del día lo pasé en casa de Artemis con Helios, ambos me hicieron reír, me relajé. Mañana sería otro día.

Llamé al portero de casa e hice llegar un mensaje a Hotaru. Que si me necesitaba estaba con Mina.

Con ella nos reímos, se había sumado Galaxia junto con Seiya. Los recitales terminaron y tenía una época de descanso. Los cuatros nos reímos y cuando le conté lo que hice.

—Bombón brindo por verle la cara.

Los cuatro la pasamos genial, a media noche recibí un mensaje de Hotaru preguntando si estaba bien, y que Darien estaba preocupado según ella necesitaba pedirme disculpas. Pero si lo veía no podría seguir con lo que estaba pensando, ansiaba que llegue el nuevo día.

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La noche pasó dando paso a la mañana.

Me levanté antes y desperté a Mina que con cara somnolienta se rió, parecía una niña la mañana de navidad.

Me puse un pantalón blanco con una blusa haciendo juego que me prestó la loca.

—Mataría por estar en ese momento.

—Te contaré todo con detalle.

Me puse las gafas y salimos de su casa.

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Llegué a la oficina mucho antes que Ami y eso era un logro ya que nadie salvo los de seguridad la superaba.

Me metí en el despacho de Darien y me senté en su silla. Dios olía a ese hombre el lugar, miré las fotos que tenía sobre su escritorio. Una era de él con Hotaru en el aeropuerto de Japón y la otra de sus padres. La tomé acercándomela al rostro.

—Ojala nunca se hubiesen ido.

Cerré los ojos unos minutos, en eso escucho movimiento. Los abrí y sonreí colocando la foto en su lugar.

Me estiré en el asiento y puse mis piernas cruzadas sobre el escritorio de mi pesadilla y anhelo particular. Puse a mirarme las uñas al tiempo que la puerta se abrió.

— ¿Qué demonios?

Miré a Diamante que iba delante de Darien… entró un poco más dejando a su sobrino en el umbral y a los gritos agregó.

—Te eché, no me hagas el placer de llamar a seguridad.

Lo miré, llevé mi mano a mi cabello para acomodarlo y luego me senté derecha, crucé mis manos poniéndolas sobre el escritorio y sobre ellas el mentón de mi rostro.

—Es cierto ustedes me echó… Ayer.

Vi que agarró el teléfono.

—Seguridad.

—Usted hecho a la arquitecta—seguí. Me levanté y rodeé la mesa. Agarré el tubo que aún tenía en mano y colgué la llamada.

Estaba impactado y shockeado por mi presencia y despreocupación. Quizás también era el hecho que nadie lo había desafiado literalmente.

— ¿Llamaron?

Darien tuvo que entrar unos pasos para que el personal de seguridad pasara.

—Fue un error—dije—. Váyanse, gracias.

Asintió y se retiraron. Ellos ya estaban avisados, es más se quedaron cerca porque sabían que los llamarían.

—Te sacaré de los pelos yo mismo maldi…

Levanté mi mano interrumpiéndolo.

—Creo que aún no nos han presentado formalmente—extendí mi mano—. Soy Serena Tsukino… presidenta de la junta directiva de esta empresa… es decir, de Elyson.

Diamante hizo gala de su nombre, blanco como la piedra era poco y cuando vi a Darien que sonreía con una leve luz de esperanza, sonreí.

La presidenta había llegado.

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Y resulto que era la dueña del lugar, jaja. nunca confíes en tus compañero entre ellos puede estar el hijo del dueño jaja

bueno esta vez no demoré tanto, se que mucho quieren saber de Helios pero mas adelante se dirá. Aunque le hayan puesto la mascara de justiciera a Serena vimos que no siempre iba por información. Darien nuestro pobre darien porque que hará o que le hizo para que se haya convertido en un sumiso sin voluntad.

Ya veremos si el siguiente siguen pensando que Serena es detective...juas juas

Respondiendo:

Miriam Ortiz : tu deseo es realidad aqui tiene el siguiente y si poco a poco se irán veremos lo que verdaderamente ocultan de ellos y del mundo. saludos

Yssareyes48: Aun no te dire si estas en lo cierto y por lo visto Damiante a la horca jajaja. Serena es un mar de confusiones tenia un objetivo y zaf aparece tu unica debilidad quien lo podria rechazar? pero al mismo tiempo le tiene miedo por ser la única persona que podría desvaratar todas sus mascaras. Para que se enfrente darien a la doble vida aun falta. saludos

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Como verán no tarde tanto espero el próximo tenerlo lista antes... espero jajaj. Bueno dudas consulta lo que quieran siempre es bien recibido, a no desesperas que pronto se viene una gran verdad. jaja. Antes que me olvide gracias por el beteeo a Yenni!

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