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************ Capítulo 6 ************
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"… Más cerca, más duele, una llama intensa incandescente, es algo inexplicable tu fuego no me quema. De tu lado no puedo apartarme, aunque me queme vale la pena. Prefiero volar alto, volar al sol, aunque el sol me queme las alas, caigo en tus brazos. Volar es tan bello, mirarte de cerca, reconocerme en tus destellos, así me tienes tú…"
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Diamante maldijo tan fuerte que creo que su grito llegó hasta Alaska.
— ¿Tú lo sabias? —Le escupió a su sobrino.
— Juro que no— me miró sonriendo—. Me acabo de enterar.
Esa misma sonrisa entre inocencia y rebeldía que ya conocía. Por un lado él nunca lo supo pero al no pedirme que regresara creo sospechó que escondía algo.
— ¡Lo tenías todo calculado!… Por eso no te importó que te despidiera ¿NO ES CIERTO?
— Primero, deje de gritar en MI empresa… Segundo: yo soy una buena arquitecta y también manejo la junta directiva… usted no. Si no quiso mis servicios como arquitecta en adelante ocuparé mi puesto de presidente. —Me senté en el escritorio y lo miré— Empezando por recuperar mi oficina.
Me crucé de brazos haciéndole entender que de aquí nadie me movía. Su mirada pasaba de Darien a mí, luego a Darien otra vez y de vuelta a mí pero con odio.
— Serena…—llegó Galaxia entrando al despacho.
— ¿Tú lo sabias? —siguió escupiendo el desgraciado.
—Por supuesto… Toda la empresa lo sabe, Serena es la presidenta y Mina la vice.
Volvió a mirarme y luego por la ventana que había en el despacho. Mina lo vio y con una gran sonrisa lo saludo alegremente.
Diamante enfurecido salió azotando la puerta y gritándole a quien se atreviera a ponerse en su camino.
— Fue una jugada muy astuta. —me dijo Darien cuando no se escuchó más a su tío.
— Tú sabes… una aprende del mejor.
Llevó su mano a la cara riéndose, porque sabía a lo que me refería… Cuando éramos chicos él era el encargado de los planes para realizar alguna que otra travesura.
— Vamos ¿de qué me perdí?
Mina entró con una excitación increíble, saltando igual que la niña pequeña que era… bueno interiormente.
— De su cara cuando Serena le dijo que era la presidenta, creo que casi se hace encima—Comento Galaxia—. Pero lo grabé todo.
Mostró su celular y Mina se abalanzó sobre él. Darien y yo nos mantuvimos la mirada, juro que era distinta: había compasión y dios, creo que hasta amor.
— Creo que tendré que desocuparla entonces.
— Tranquilo Darien—dije al levantarme—. No la ocuparé… por ahora.
— ¿Vendrás conmigo?—Galaxia enganchó su brazo con el mío y asentí—. Las rubias al poder.
Salí mirando a Darien y viendo en él un destello de lo que deseaba que fuera esperanza.
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A penas logré llegar a casa esa noche. Galaxia me retuvo toda la tarde llenándome de papeles, y sí, ella lo estaba disfrutando. Disfrutaba no solo de deshacerse de unas cuantas responsabilidades si no de que ahora todo pasaría por mis manos. Bufé ante el centésimo papel que me hacía firmar.
— Vamos no es para tanto… "presidenta".
Fantástico también se burlaba.
Para cuando llegué al departamento Darien me esperaba sentado junto con Hotaru en el sillón y con solo verlos sabía las miles de preguntas que querían hacerme, pero seguí con mis planes e hice mi equipaje saliendo tan rápido como mis manos me permitieron.
Pasada la medianoche salía mi vuelo al exterior.
— No puedes irte así. —me pidió Darien mientras empujaba mi maleta hacia la puerta.
— Tranquilo, vuelvo el lunes —tirándoles un beso abrí la puerta, me giré y antes de cruzarla agregué—. No destrocen mi casa.
Me colgué del hombro mi bolso de mano y al tratar de agarrar mi maleta Darien lo hizo, primer me acompaño en silencio hacia abajo aunque yo sabía que moría por decirme muchas cosas más. Paró un taxi y guardó mi equipaje.
Cuando me subí solo dijo "Cuídate" y entró al edificio antes que el auto arrancara.
Llegué justo para abordar, y mientras esperaba que el avión saliera miré hacia el horizonte pensando en que todo estaría bien, que lo que hago es hacer lo correcto. Cerré mis ojos al tiempo que el avión se elevaba hacia el cielo.
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A primera hora de la mañana, bueno realmente cuando amanecía aterricé en Sídney. Hermosa ciudad. Tardé dos horas en desembarcar y buscar el coche de alquiler que me llevaría a Palm Beach, lugar de grandes playas, pero seguí a alejándome del centro hacia la zona residencial, exclusiva y alejada del turismo diría que casi inhóspita. A unos cuantos metros entre pequeños médanos pude ver como se levantaba Villa Crystal, donde resguardaba la razón de todo lo que hacía.
Bajé cuando el sol marcaba la media mañana, elevé mis lentes al tiempo que sentí esa ráfaga de calidez que me envolvía. Mi corazón brilló de emoción, este era el único lugar donde podía ser yo misma. Miré a mi alrededor con una sonrisa. Al fin estaba en casa.
— ¿Tuviste buen viaje?—escuché la familiar voz de mi castaña y muy embarazada amiga.
— Mamina… Upa.
Las manos de Helios no demoraron en llegar pero tuve que bajar a mi cielo particular para tomarlo y llenar su cara de besos.
— Pensé que llegarías más tarde.
Helios se retorcía entre mis brazos, cuando escuchó la voz de su padre que sacaba mis maletas del baúl.
— Tomé el vuelo de última hora… no quería perderme de esto.
Bajé a mi niño sonriendo de verdad cuando le tomaron su manito y lo guiaron dentro de la estancia.
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El domingo llegó tan rápido como la puesta de sol en un atardecer perfecto. Pero siempre era igual cuando me iba, mi corazón se destrozaba y todos lloraban.
— Malditas hormonas. — dijo mi amiga limpiándose las lágrimas.
La abracé tan fuerte o lo que me permitía su barriga de seis meses. La miré, no podía creer que pronto nacería su bebe, ella mi prima y amiga. Besé su frente y la abracé una vez más antes de subir al auto.
— Cuídate. —me susurro
Me sequé una lágrima que se me escapó al tiempo que Artemis se acercó a la ventanilla.
— ¿Directo a la oficina?—asentí—. Tomaremos el vuelo del martes.
Asentí al comentario de mi amigo, sonreí a las personas que estaban detrás de él y me prometí que cuando esto terminara le daría la vida que debió tener.
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Lunes… maldito lunes ¿por qué tenía que llegar?
Galaxia no paraba de hablar de no sé qué contrato que se perdió y al parecer era culpa de Diamante. Lo único que saqué de esa charla es "¿Cómo matar a Diamante Shields?"
— No me escuchaste ni una sola palabra ¿cierto?
— Sí. —levanté mi mano empezando a enumerar—. Matar a Diamante, arrollarlo con mi auto, cocinarlo a fuego lento…
Galaxia puso los ojos en blanco por todas las atrocidades que imaginaba hacerle a ese hombre.
— Bueno, deja de decir tonterías y concéntrate en el punto inicial.
Entonces resoplé. Mi amiga iba a decir algo cuando un golpe en la puerta la interrumpió, se paró con una gracia que pocas tenían, claro que yo no. Cuando la abrió se quedó sorprendida, asintió al extraño, dejándolo entrar… La que quedé sorprendida fui yo.
Darien me vio y sonrió. No pensé que me buscara tan rápido, bueno en realidad quise esperar a que llegara la noche para hablarle.
— Estoy afuera. —mencionó Galaxia mirando a Darien y añadió—. Cinco minutos, luego me la llevo a una conferencia.
Resoplé, ya me acordé porque nunca había tomado mi puesto principal dejándolo todo en manos de ella.
Me miró dudando.
— Bueno dispara, ¿qué sucedió? —no habló—. ¿La casa se quemó? —entonces negó—. ¿Rompiste mi sillón? —volvió a negar—. ¿Vino la policía? ¿Se inundó el departamento? ¿Hiciste una orgía?
— ¡Oh por dios! Serena no… Dios tu casa está bien.
— ¿Entonces?— ¿cuál era el problema que no hablara?
Sacó todo el aire de sus pulmones.
— Bueno… Sabes, con lo que sucedió el viernes… Bueno mi tío…—levanté mis cejas para evitar explotar.
— Tu tío… ¿qué?
Serena cuenta uno. Dos. Tres. Cuatro… malditas veces lo mataré, lo acribillaré si les hizo algo en mi ausencia.
Maldición ¿por qué no habla? Juro que lo mataré a él primero.
— No quiero seguir abusando de ti —me desinflé por completo, supongo que lo vio en mis ojos cuando me senté de golpe… ¿y cuándo me había parado? Él solo sonrió cuando siguió—. Con Hotaru pensamos que él se iría el sábado pero no, se quedó y al parecer piensa quedarse un tiempo más.
Resoplé. Eso solo significaba problemas.
— ¿Cómo hago para eliminarlo?
Diablos, ¿Lo dije en voz alta?
— ¿Eliminarlo?—auch… Sí, demonios, lo dije en voz alta.
Supongo que lo tomó como broma porque se empezó a reír y yo también.
— Darien dime ¿qué sucede?— con voz tranquila pregunté tratando de saber que ocultaba.
— Es que Hotaru se siente tranquila contigo y yo la verdad que este allí… Bueno pensaba… Claro si no molesta.
— ¿Quieren quedarse aún en casa?— lo resolví por él.
Se sorprendió ante eso pero vamos, es fácil sino ¿qué otra cosa me pediría?
— Solo Hotaru yo me puedo arreglar…
— No.
Me miró asustado y acorralado… No era eso lo que pensaba, seguro que piensa que no los quería en casa. Pero diablos Darien sin casa iría directamente a la cama de esa maldita pelirroja, Hotaru me caía bien… Sacudí mi cabeza.
— No quise decir eso—ahora me miraba confuso—. Digo, que no solo Hotaru puede quedarse tú también. Será unos días más ¿no?
— Claro, hasta que se vaya, lo escuché decir que planea irse entre el jueves o viernes bueno creo.
Se rascó la nuca como muestra de nerviosismo, lo conocía y le tomó algo de valor para decirme el resto.
— No quiero entrometerme en tu vida, hablamos con Hot y me hizo entrar en razón en muchas cosas.
— Bueno es tarde… Ya lo hicieron—su mirada fue acompañada del silencio, supongo que no esperaba esa respuesta—. Los dos ya se entrometieron.
Me levanté dispuesta a irme para dejar el tema cerrado. Tomé el pomo de la puerta pero antes de abrirla me giré para verlo, estaba aún asustado. Sus ojos siempre me mostraron cómo se siente, pero no tiene el brillo que tenían hace diez años.
— Pero no me importa… ¿lo sabes no? Creo que hasta me agrada.
Me sonrió y volví a ver esa mirada traviesa en ellos.
— Ya no eres la mujer que conocí—levanté una ceja—. Eres mil veces mejor.
Abrí la puerta y salí antes de tirarme encima de él o besarlo.
¿Cómo podré controlar estos impulsos si me dicen cosas tan bonitas? Sobre todo porque ninguna de ellas es verdad. No soy mejor, soy lo que me dejaron ser.
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Bueno, tener a Darien en mi casa no es bueno. Creo que acabo de tener un deja vu o es eso o ya lo dije antes.
No solo por el hecho que ambos me esperaran. Sino que lo hacían con la comida caliente, sin decir que parecían estar en su elemento. Inclusive Darien, se mueve con soltura y sabe dónde está cada cosa dentro de mi casa, ¡Dios, más que yo!
La cena fue terriblemente ruidosa. Hotaru no paraba de hablar de Momo, la chica de diseño y todo lo que le enseñó. Solo al principio preguntó por qué nunca había mencionado que en realidad era la dueña de la empresa. Contesté encogiéndome los hombros y solo mencioné que manejo solo la junta directiva como presidenta con mi asqueroso cuarenta y ocho por ciento, Galaxia tenía el treinta y dos por ciento como fundadora, y Darien junto con ella tenían el quince por ciento.
Debo recordar que Hotaru era rápida para las cuentas porque al terminar dijo…
— ¿Y el cinco por ciento restante?
Encogí los hombros y agregué restándole importancia— Lo maneja también Galaxia.
Lo dejo estar… por ahora creo.
Revolví mi pasta y llevé un bocado grande a la boca cuando escuché.
— ¿Quién es él?
Miré a Darien y luego a Hotaru que tenía el rostro sonrojado… Oh dios, ¿Qué me perdí? Estaba recordando lo de los porcentajes cuando ella dijo algo.
— Es solo un compañero de Momo. —arqueé una ceja.
Momo solo tiene un compañero, un ayudante para ser más preciso, y parecía más el mensajero porque nunca estaba en la empresa, sin contar con que coqueteaba con cualquiera que tuviera piernas, no le importaba si eran mujeres o hombres era un descarado en toda su ley.
— No me importa, es una oficina no lo quiero cerca de ti.
Levanté más mis cejas ¿una oficina? Pero vamos, no pasó ni media hora de haberse instalado en la oficina cuando la ética él la tiro por la borda al besarme frente a todos.
— Pero Momo dijo…
— No me interesa que Momo haya dicho que es un santo, tú no te acercas a él y punto.
Hermano celoso a las diez en punto, bueno a las doce, estaba enfrente a mí.
— Darien cálmate —intervine a favor de su hermana— no me digas que eres un guardabosque o carcelero.
— ¿Qué? No… pero solo tiene diecisiete años es una niña y ese…
— Pues ¿quieres que te recuerde lo que hacíamos tu y yo a los diecisiete años?
Encorvé mis ojos para desafiarlo, Hotaru me miró en forma de agradecimiento.
— No es lo mismo. —me reí.
— Porque no eres tu quien está en el banquillo de los acusados, pero déjame recordarte cuando mi padre te persiguió con una escopeta por toda la manzana donde vivía.
Él resoplo, pero sonrío recordando ese día. Mi padre nos atrapó besándonos en mi habitación de manera escandalosa, había armado un tremendo alboroto fue ese día que se ganó el apodo que mi padre posteriormente lo llamó cada vez que lo veía.
— Ella es chica, solo es…
— Ella tiene la misma edad que tenía yo cuando…
— Ni lo digas.
Me reí más fuerte, era la primera vez que estaba tan tranquila y relajada en mi casa desde la invasión Shields.
— Gracias, pero cuando mi hermano se pone en plan celoso no hay quien lo saque.
— Me lo dices a mí — ella me miró expectante —. Una vez un chico del instituto, que era el rival de él en los deportes me invitó a salir.
— No te atrevas a contar esa historia. —vio mis ojos y supo que era exactamente lo que iba a hacer. Resopló y se puso a comer.
— Tu hermano aun no me decía lo que sentía por mí, así que acepté la invitación de Richard.
— Un perdedor.
— Hermano. —me reí.
— Bueno el tema es que solo me invitó a tomar algo después de las clases, fuimos a la heladería y por casualidad Darien atendía el puesto. Nunca lo había visto trabajar pero me había ignorado desde que acepté que me acompañara a casa ese chico. Nos sirvió el helado pero al de él le puso piedras en su cono, pequeñas muy pequeñas —junté mis dedos para enfatizar el tamaño, ella me miraba con los ojos muy abiertos—. Cuando se atragantó con una de ellas pensé que se moriría, salió victorioso así que me pidió una recompensa, me dije ¿por qué no? Era guapo.
— Era más feo que una morsa vomitando sapos. —bufé al comentario de Darien.
— Cuando me acerqué a él de repente se dobló de dolor… En conclusión terminamos en el hospital porque el chico tenía una diarrea aguda, él que se hace llamar tu hermano le dio un laxante.
Hotaru se destornillaba de risa.
— Nadie se metía con mi chica.
— Pero en ese momento yo no era tu chica.
— Si lo recuerdo, me lo dejaste bien claro cuando te enteraste de la verdad y me estampaste un bote de helado.
— Espera… Espera, pensé que no habían salido con nadie, ni tenido citas hasta que empezaron a salir juntos.
— Si… Bueno, nunca la consideré una cita esa salida. Solo me acompañó del colegio a casa, salvo por esa desviación a la heladería y luego al hospital.
Volvió a reír tan fuerte que me pareció lo más natural del mundo. Estar con ellos dos… Aunque en mi corazón faltaba algo para que sea feliz.
— ¿Quién fue? —preguntó Hotaru espontáneamente. Miré a Darien sin entender a lo que se refería y él se encogió de hombros, luego volví mi vista a ella—. ¿Quién fue él que te contó lo que hizo mi hermano?
Tanto Darien como yo dijimos al unísono — Seiya.
Cuando las risas pararon me levanté llevando los platos a la cocina. Al volver Diana exigió su comida.
— Hotaru déjame decirte que ese chico es el ser más protector que existe, si de verdad quieres ser parte de su mundo, debes entregarle todo. Él no va por nada cuando se enamora, si te eligió es por algo.
Se mordió la uña del dedo y me miró con temor.
— Sí, soy solo un juego para él, digo, dicen que coquetea con todas.
Darien resopló… Me acerqué a ella y puse una mano en su hombro.
— Créeme él es lo mejor que le puede pasar a una chica, tiene tu edad, bueno casi por unos meses eres más grande. Pero su corazón vale oro.
Más tarde desde mi habitación Darien exigió saber cómo era ya que su nombre no lo sabía, cuando escuché los gritos que dio porque el chico en cuestión tenia tatuajes en sus brazos y cuello me tuve que contener para no reírme en su cara.
Lo peor es que le había prometido a Hot que le daría algún día una vuelta en su UM Renegade.
Ese chico ama esa moto, si me permiten decirlo.
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El martes fue mucho mejor. Las reuniones que Galaxia me obligaba a ir aún me resultaban fastidiosas; pensándolo podría volver a mi puesto, era tentador pero si el tío de Darien no se iba empezarían los problemas de esta forma todo tendría que pasar por mis manos.
Miré por la ventana concentrándome en el cielo azul de la mañana mientras que escuchaba susurros de conversaciones que tenía mi amiga con algunos ejecutivos, suspiré y volví a mirarla. Ellos esperaban mi respuesta. Cerré los ojos y con eso supieron que la reunión se había terminado.
— Serena debes tomar decisiones rápidas y justas.
— Lo sé. Pero no estoy de acuerdo con la reforma que quieren imponer.
— Yo tampoco, mucha gente perdería sus puestos. —se sentó enfrente a mí mirando un par de carpetas.
Estábamos solas las dos en su oficina, las demás personas ya se habían ido.
— ¿Dónde ubicaste a Hot?
— ¿Desde cuándo la llamas Hot?—me encogí de hombros—. Las cosas cambiaron entre ustedes por lo visto.
— Somos amigos, en fin la conozco desde que nació. Es idéntica a su madre como no quererla.
— Sere… ¿Cuándo desencadenaras tu corazón?
Habla igual que Mina, "desencadenar". Ambas lo sabían y ambas sabían por qué lo hice, demasiado sufrimiento, necesité un recordatorio permanente.
Me levanté, agarré las carpetas y salí de la oficina.
Caminar me hacía bien, no pensar también, desde que ellos estaban cerca he dejado parte de mis cosas pendientes, aunque pedí que revisaran las últimas cosas que conseguí, aun no eran suficientes. Mis pensamientos no se encontraban en orden y todo era culpa de aquel hombre de ojos zafiros, quien al mirarlo hacía latir tan fuerte mi corazón que lastimaba las cadenas que lo aferraban. Ya me había dejado de preguntar por qué volvió… Ahora lo sabía, y eso me asustaba.
¿Qué pasaría si supiera lo que hago? El motivo que desencadenó que sea así, él era un responsable de cómo comenzó todo pero decirle la verdad o parte de ella podría destruirlo. No quiero que se aferre a un recuerdo o peor que me juzgue. Solo lo estoy protegiendo o eso quiero creer.
Me aferré a las carpetas al tiempo que pasaba por recepción.
— Ami voy al quinto piso por unas copias.
Ella asintió.
Hotaru se había ido hacía un par de horas, le pedí a Galaxia que la ubique con Momo y aunque ella había pedido seguir a mi cargo prefiero que esté en un lugar que le guste. Sin embargo aún se encontraba ayudándome sobre todo por qué Karmesite se había ido antes por un problema con su hijo mayor y sin permitirle que me explique la autoricé a retirarse.
Mientras bajaba por el ascensor recibí un mensaje de Hotaru.
Serena envié las autorizaciones del complejo Italia ayer
Hoy deberían estar ya devueltas
Sonreí. Esta niña era única, sin pedirle hizo lo que necesitaba. Las puertas del ascensor se abrieron en el quinto pero volví a marcar el piso superior sin salir. Necesitaba esas autorizaciones con ellas podríamos asegurar el trabajo a todos los empleados
Respondí:
Gracias
Cuando volví al piso ya no la vi a Ami en su posición, torcí el labio pensando que era raro en ella, nunca abandonaría su posición sin dejar a alguien.
Supuse que la correspondencia aún no se repartía ya que solo me trajo la de la mañana. Si mis cálculos no me fallaban había visto el mensajero hace una hora.
Me acerqué a su posición dejando la carpeta que traía sobre el escritorio de ella y empecé a revolver los papeles que tenía en la mesa pero no los hallé. Bordeé su escritorio, seguía sin aparecer. Me senté un minuto en su silla pensando donde los podría tenerlos. Miré hacia abajo y vi una caja media escondida debajo del mueble con un cartel "correo de la tarde"
— Bingo.
Me agaché y empecé a revolver la caja, inclusive tuve que meterme un poco, para sacarla… "Dios está pesada".
Levanté un gigantesco paquete y allí debajo brillaba un sobre con la leyenda "autorizaciones de Italia". Al tiempo que lo tomaba escuché dos voces acercándose y una realmente estaba desesperada.
— No huyas… Mina espera. —ese era Darien.
¿Por qué le suplicaría a Mina? Es más, parecía desesperado por algo que ella decía. Decidí que era mejor mantenerme en mi escondite y escuchar.
— No, mira si quieres saber algo pregúntaselo.
— No me lo dirá, ha esquivado todas mis preguntas.
— Seiya me dijo que vendrías, diablos sé que eres un adonis pero… Maldición, por qué Seiya no puede mantener su boca cerrada.
— Entonces… dime ¿es verdad?
Cerré los ojos y me aferré a las autorizaciones con fuerza.
¿Por qué Seiya tenía que tener la lengua tan floja?
No quería… no, que se entere así. A decir verdad quería que nunca se enterara.
— Mina…
Escucharlo, me hizo trasladarme a su conversación, a la de esta mañana. Cada palabra que le contaba de su charla a mi amiga era como si yo fuera él…
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Hacía tiempo que quería reunirme con mi mejor amigo. Lo miré y era trasladarme a la preparatoria donde éramos los mejores deportistas.
Todas las chicas estaban atrás nuestro si no fuera porque desde el primer día que vi a Serena me enamoré de ella, seguro que habría tenido mucha diversión.
Sonreí porque Seiya si la tuvo, creo que salió con media preparatoria aunque ahora se debe haber acostado con media población femenina desde que es una estrella de rock.
Había demorado mucho este encuentro, claro que él no me contestó a mis mensajes o llamadas desde que volví, igual que la loca estaban enojados. Cuando esta mañana se apareció en la puerta de mi oficina no lo dudé y salimos a tomarnos ese café que le debía, era hora de reencontrarme con mi viejo amigo.
— Tu no quieres saber de mí. —dijo Seiya interrumpiendo mis pensamientos.
— Seiya.
— Vamos principito. Sé que quieres saber de bombón. Sé que me amas pero yo apunto a otro lado, es más tengo entre mis manos un caramelito… Uy ni te lo digo, es estar en la gloria con esa mujer, es salvaje y me deja en la estratosfera.
Me reí, Seiya nunca cambiaría.
— Pensé que aún me odiabas.
— Sí lo hago —levantó su dedo acusador—. Dejaste a bombón en su peor momento y aunque traté de consolarla con buen sexo al final te fui fiel dejándola en el buen camino.
— Ella no te hubiera dado ni la hora. —se rió muy fuerte.
— ¿Sabes las veces que me suplico que la consolara? —me reía por su broma—. Vamos Dar no me digas que no me crees ni un poquito.
Juntó sus manos mostrando el tamaño de lo que podía creer que le crea. Negué.
— Dios eres un aburrido. Hey camarero—gritó en el café que estaba a la vuelta de Elyson—. Algo fuerte para aquí.
— No es un bar y son las nueve de la mañana.
— Ya lo sé papá, pero si quieres que estos preciosos labios digan algo necesito algo fuerte —hizo un mohín—. Y tú pagas.
Sonreí.
Cuando el camarero le trajo un whisky, él lo tomó de golpe pero escupió la mitad en mi rostro.
— Maldición, esta fuerte.
— Que esperabas es un Black White.
— ¿Cómo demonios conoces tanto de licores?—movió su mano retándole importancia—. Vamos al grano tú quieres saber de bombón desembucha.
— ¿Yo tuve la culpa?
Él suspiro, cerró los ojos pero al abrirlos vi determinación.
— Tú encendiste la mecha, luego todo fue cuesta abajo para ella —hizo una pausa y siguió—. Fuiste su desencadenante, si tan solo hubieras estado ella no sería como lo es ahora, quizás… Solo quizás, digo, hubieras contenido su dolor. Perderte, sentir que la abandonaste, que no valía ni para un adiós… eso la destrozó. La muerte de su padre completó el círculo, ella nunca aceptó que su padre se suicidó y se inventó una historia para sobrellevar lo que hizo.
— Serena me dijo que…
Levantó una mano deteniéndome. Apartó su copa y me robó el agua que me habían traído con el café.
— Sé lo que dice pero lo que pasó no fue así. Encontraron a su padre con un disparo en la boca. Se mató.
Dios, su padre nunca haría eso, no a su familia. No a ella.
— Al poco tiempo que te fuiste empezaron los problemas, a los pocos meses atacaron a Luna y a su hermano. —agregó.
— ¿Qué les pasó? ¿Dónde están ahora?
— Nadie lo sabe… quizás muertos. La única que sabe la verdad es Serena pero hasta el día de hoy no dijo nada, se rumoreó que el padre de ella les hizo algo por eso no soportó la culpa y se pegó un tiro.
— ¿Los mató?
Se encogió de hombros nuevamente, tomó un sorbo de mi café.
— No lo sé. Después de eso bombón se fue del país. Regresó casi un año después con la mirada perdida y muy cansada pero con un leve brillo. A los meses de su regreso, su padre se suicida, y fue cuando nos dimos cuenta que en realidad la habíamos perdido el día que perdió a su hijo, nunca lo había llorado. Se volvió un fantasma encerrándose en sí misma y ocultando su dolor del mundo.
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Abrí mis ojos de golpe, trayéndome de vuelta al lugar donde me encontraba, a la oficina y a mí misma. Mis mejillas estaban húmedas, recordar era doloroso… muy doloroso.
— ¿Te dijo todo eso? —gritó Mina.
— ¿Es verdad?… Todo… ¿es verdad?... Mina por favor Serena estaba…
— Disculpen…—escuché la voz de Ami.
Ella entró en mi campo de visión y al verme se detuvo en seco. Miró a los dos que discutían del otro lado del escritorio y luego a mí. Negué pidiéndole sin hablar que no dijera nada. Ella asintió.
Se colocó en su posición y miró al frente.
— ¿Ami sucede algo? —preguntó Darien.
Él siempre fue bueno leyendo a las personas.
— Este… yo… bueno…—en un movimiento bajó su vista y luego la subió—.Nada.
— Mina —supongo que la retuvo con un brazo para que no se escapara, conozco a mi amiga.
Sentía como ella quería salir de esa situación, sentí que daba un paso atrás.
— Suéltame…—pidió—.Si quieres saber algo pregúntaselo a ella.
— No me lo dirá, te lo suplico ¿Estuvo embarazada?
— Darien…
Podía sentir la angustia de Mina, el dolor de Darien. Mi amiga se debatía en decirle la verdad o sentir que me traicionaba.
— Por favor.
No lo soporté más y me levanté.
— Sí, estuve embarazada.
Ambos me miraron con sorpresa mientras bordeaba el escritorio. Agarré la carpeta olvidada juntándola con las autorizaciones. Levanté mi frente y respiré antes de seguir.
— Lo siento Sere… yo. Es que Seiya.
— Si lo sé, es un bocón.
— ¿Entonces es verdad? —volvió a decir Darien pero no como pregunta sino afirmándolo.
Asentí.
— Ven —le entregué las carpetas a Mina y agarré a Darien llevándolo lejos de oídos indiscretos.
Lo miré con nostalgia, dudosa y temerosa por lo que iba a decir. No quería destrozarlo pero… Diablos, no había forma de que se cuestione todo.
— Pequeña… dime.
— Me enteré un mes y medio después que te fuiste —cerró sus ojos y seguí—. Me venía sintiendo mal, los chicos insistían en que tenía que ir al médico pero no quise, estaba triste. Iba todos los días a tu casa para saber algo de ti y nunca escuchaba lo que decían. Un día en clase me sentí muy mal pero pensé que era porque no estaba comiendo. Después en plena calle me desmayé — Darien abrió los ojos—. Por suerte estaba con Mina, me convenció de comprar una prueba casera de embarazo, fui a su casa y me dio positivo. Por primera vez estaba feliz desde que te habías ido, pero al día siguiente al salir del instituto fui al hospital, no quería decirle a nadie así que solo me acompañó Mina y Seiya. Cuando me hicieron la ecografía no había bebé.
— ¿Qué? ¿Cómo?
— El médico me dijo que sí estuve embarazada pero tuve un aborto espontáneo, algo común en mi edad, a veces el cuerpo absorbe el ovulo o lo rechaza —Hice una pausa—. Un día estaba embarazada y al día siguiente no. Salió de mí sin que me diera cuenta, me abandonó dejándome sola otra vez.
— Lo siento. —dijo con ojos vidriosos y angustiados.
— Tranquilo—le sonreí—. Ya pasó, lo superé como lo harás tú. —lo miré en silencio mientras él se empezaba a debatir qué grado de culpabilidad tenía hasta que me miró—. ¿Sabes? fue ahí donde mi padre me regaló a Diana.
— ¿Por eso se llama así?—agarró mis manos.
— Quizás… no lo sé —lo miré y lo abracé fuerte, sentí sus lágrimas, el dolor, el mismo que tuve al sentir la perdida de mi hijo—. Estarás bien, lo prometo.
Él asintió cuando nos separamos, por primera vez alguien entendía aquel dolor que tuve, el recuerdo del abandono, la angustia. Sentir que un día lo tienes todo y al siguiente ya no está más. Sentir que es como la brisa del verano que se va sin decir adiós.
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— Me quiero morir.
Me dije mientras estaba tirada en el piso de la sala de la casa de Artemis. Golpeé mi frente una y otra vez con mi mano. Añadí.
— ¿Cómo se me ocurrió contarle la verdad a Darien? Le dije todo… bueno casi. Pero hubieses visto su cara, lo destrocé.
— Mamina —Helios se recostó a mi lado poniendo su cabecita en mi hombro y lo abracé.
— ¿Se lo dijiste?—asentí
Artemis se puso en cuclillas del otro lado.
— Soy una tonta…Tonta.
— Mulita tranquila, tarde o temprano él se iba a enterar. —me acarició con ternura igual que un padre.
— Pero confesarle todo…Bueno parte… De nuestro hijo, eso sí que lo destruyó. Se está culpando, lo conozco tendría que haberle evitado este dolor. Pero demonios, ¿por qué Seiya nunca aprende a cerrar su boca? ¿Por qué él tenía que decírselo? Lo último que falta es que le diga qué me paso luego de la muerte de mi padre.
— Podrán superarlo, ten paciencia. —me incorporé.
— ¿Si no puede? Hubieses visto su cara, lo maté—me deje caer en el piso otra vez—. Oh dios mío lo maté.
— Mulita… entonces termina de decirle—lo miré angustiada—. Quizás… Solo quizás, si le dices todo…
— No puedo… Sabes aún no puedo.
Suspiró cansado de mi misma respuesta, agarró a Helios y me miró.
— Si no puedes ¿cómo pretendes que él se perdone?
Lo miré sin entender y me senté.
— Dirás que me perdone—negó, acunando a Helios que ya tenía sueño.
— No. Que se perdone—me mira tiernamente mientras se para y coloca una mano en la nuca de su hijo—. Mulita él se sentirá culpable por no haber estado ahí para ti, para apoyarte. Va pensar que es su culpa por dejarte atravesar todo eso sola. Si le dices el resto…
Suspiré cerrando los ojos. Me levanté.
— Deja que lo acueste—Artemis asintió entregándome al niño. Lo miré y subí las escaleras pero me detuve a mitad de camino para ver a mi amigo—. Lo pensaré, aunque sea arriesgado.
El asintió y se dio vuelta.
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Llegué de la casa de Artemis un poco más de la medianoche. El departamento estaba a oscuras, me hizo pensar que tanto Darien como Hotaru ya estarían durmiendo.
Solo a ella le había informado que llegaría tarde, simplemente porque me pregunto si comería con ellos. Su hermano no hablaba, ni le respondí y estaba preocupada. Le dije que lo dejara solo, que necesitaba tiempo.
Me paré en seco cuando lo vi sentado en el sillón con su cabeza enterrada entre sus manos y ellas apoyadas sobre sus rodillas.
Estaba abatido, quizás Artemis tuviera razón.
Dejé mis cosas a un costado y me senté frente de él.
En la mesa del centro estaba apoyado un vaso de color ámbar, supongo que whisky, suspiré pensando de donde lo saco porque no tenía esa clase de bebida en mi casa.
— Darien — susurré.
Vi como cerró sus ojos más al sentir mi voz y mi presencia.
Estiré mi mano apoyándola sobre su cabeza... ¿Artemis cuánta razón tienes? ¿Pero decirle toda la verdad? aún tenía miedo, mucho miedo, podría perderlo todo.
— ¿Cómo crees que hubiese sido?— preguntó derrepente sin levantar su vista.
Lo miré con nostalgia mientras me acomodaba. Bajé mi mano para tocar su rodilla, eso lo hizo verme al bajar sus manos.
— Hermosa. Rubia como yo, pero con ojos zafiros tan profundos como los tuyos. Una combinación perfecta de ambos. Inclusive con ese pequeño mechón rebelde que tienes en tu frente, aquí a un costado —se lo toqué acomodándolo a mi gusto—. Tan rebelde que hace que su peinado sea relajado y único a la vez, exacto como cae el tuyo. También traviesa, muy traviesa. Su risa… Oh dios, su risa el más bello sonido y hay tantas diferentes: está la de nerviosa, la que se ríe de algo sin sentido, la que la atrapan cuando hizo lo que no debía o cuando le dije que no, la que refleja felicidad es la que más me gusta ¿sabes? Ella es perfecta.
Me miró con dulzura y anhelo.
— Perdóname… por no estar ahí.
Me levanté sin medir mis consecuencias o actos, hice lo que sentía. Puse mi frente sobre la de él al sentarme en su regazo. Agarré sus manos para que rodearan mi cintura.
— No tengo nada que perdonar, no podías. Nunca hubiera pensado que tú no la querías —besé su frente y apoyé su cabeza en mi pecho para que descansara.
Su calor… su olor. Cerré los ojos y lo supe.
Él me había quebrado. Quebró mi armadura, mi muro dejándome expuesta. Pero solo por esta vez dejé que la Serena de hace diez años tomara el control de mis acciones. Me levanté y agarré su mano jalándolo para que me siguiera.
Me miró confundido después de jalarlo otra vez no se resistió y me siguió. Lo llevé despacio hasta la puerta de mi habitación.
— Pequeña— dijo despacio.
— Solo dormir, el sillón es muy duro… Lo sé— tiré de él pero no se movió de su posición. Dudaba al tiempo que me miraba confundido— ¿Confías en mí?— asintió—. Déjame cuidarte entonces.
Cerró sus ojos y volvió asentir caminando a mi lado.
Lo acosté arropándolo como un niño pequeño luego me giré para ubicarme a su lado, de costado a él. Nos mirábamos fijamente, veía tormenta en sus ojos, dolor, arrepentimiento y yo solo podía quedar atrapada en ese azul tan intenso que podía traspasar mi alma, podía sacarme el manto para traerme a la superficie y desenterrar todo los sentimientos guardados. Cuando abrió su boca puse mi mano en ella deteniéndolo.
— No más perdón — lo abracé y lo atraje hacia mí— Llora. Nunca esto saldrá de esta habitación.
Sabía lo que le costaba expresarse pero solo conmigo dejaba fluir esos sentimientos. Y así como en el pasado cuando perdió a sus abuelos sentí la humedad en mi ropa justo donde su cabeza reposaba.
Me estaba matando... y solo conocía la punta del iceberg.
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Me dormí acunándolo, masajeándole la espalda, protegiéndolo. Hasta que sentí dos ojos que me miraban con intensidad. Me di vuelta rápidamente para encontrarme con Hotaru sonriéndome en la puerta de mi habitación. Mi vista volvió a Darien que aun dormía y luego a Hotaru que sonreía con picardía… Diablos como la convenceré de lo contrario.
Me levanté despacio, agarré la bata y al pasar al lado de Hotaru.
— Ni una palabra—ella asintió luego negó.
Seguí caminando y Hotaru me siguió sin decir nada. Fui a la cocina empezando a preparar el desayuno, vi como saludó a Diana para luego desaparecer y reaparecer a los minutos cambiada.
— Te ayudo.
— Ve a la mesa.
Cuando tenía casi todo listo puse unas tazas y al incorporarme estaba Darien mirándome desconcertado. Supongo que no sabía cómo actuar, vio a su hermana y luego a mí… Creo que no respiraba hasta que decidió ir al baño de invitados.
— Estuvo cerca—la vi seria—. Ups… Ni una palabra.
Hizo como si su boca estuviera sellada, yo sonreí y me fui por el café.
Luego del desayuno ella junto con su hermano se fueron, yo no iría a la mañana tenía unos asuntos pendientes y para que la situación no sea más incómoda me desaparecí en el momento indicado, más tarde hablaría con él. No quiero confundirlo más de lo que yo estoy… De acuerdo no estoy confundida lo sé, lo supe siempre pero debía protegerlo del peso que tenía en mí.
Salí de mi casa cambiada y preparada para donde iba, llegué en una hora.
Toqué una vez, dos veces, tres veces y a la cuarta cambié el tono. Entonces alguien me abrió.
— Al fin llegas.
— Hola Kevin.
— ¿Dónde está?
— Al final del pasillo, la última puerta—iba a ir directo pero la mano de él me detuvo—. Aguarda unos minutos.
Asentí, sabía que debían terminar de preparar algo, me acerqué a la barra y le sonreí a Nephrite.
— ¿Cómo has estado?
Él me sonrió.
— Bien, ¿tomas algo?—negué—. ¿Vienes por trabajo?
Sacudí mi cabeza moviendo mi cabello turquesa a cada lado.
— Solo vine a charlar esta vez.
Él se rió.
— Eres buena para estas cosas.
— Tú también.
— Pero yo no tengo las alternativas que tú tienes.
Agarré el vaso que me ofrecía, lo tomé de un sorbo agradeciendo el agua fresca.
— Ya te lo he dicho, tengo un buen amigo que podría…—levantó su mano interrumpiéndome.
— Al igual que tú yo también tengo un motivo.
Me giré y me puse de espalda a mi cantinero favorito, él se fue a servir una copa a otro cliente, miré el lugar que estaba casi desértico, era de esperar al ser tan temprano y aunque este sea el más respetado lo único que era aceptable era que nadie era obligado a nada. Las reglas aquí se respetaban.
— Puedes pasar. —gritó Kevin desde un rincón.
Asentí y camine hasta la puerta del final del pasillo.
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Llegué a la oficina un poco después del mediodía, estaba nerviosa no por lo de la mañana sino por lo que había pasado con Darien, tenía que hablar y encontrar las palabras adecuadas para no desmoronarlo más de lo que estaba.
Al pasar por recepción Ami miraba constantemente hacia adentro, la curiosidad pudo más, había un gran alboroto pero el lugar estaba lleno de risas y gritos de felicidad.
Hasta a mí me sorprendió y esa energía me empezó a contagiar. Parecía que la alegría había vuelto a Elyson.
— ¿Ami qué pasa?
— No lo sé, yo no la conozco.
Parpadeé ante esa respuesta, y respirando profundamente entré al piso.
La gente gritaba y cada vez se acumulaba más frente a la recién llega… Sí, pude ver que se trataba de alguien, ella era el centro del alboroto.
Cuando Mina me vio gritó de euforia y la gente se abrió dejándome verla.
— Oh por dios, camaleoncito — gritó la chica sentada en lo que era mi silla de arquitecta.
Como un resorte se paró y corrió hacia mí y me atrajo a sus brazos.
Yo solo estaba estática.
Al separamos solo pude pronunciar.
— ¿Rei?—la muchacha de pelo morocho refinada, con ojos violetas asintió frenéticamente.
Y yo… acaba de perder toda esperanza de que funcionara mi plan.
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y ahora llego Rei... este capitulo explico varias cosas de diferentes comportamiento que tienen.. ¿aun siguen pensando que Serena busca justicia? según seiya y todo el mundo se invento una historio ¿estará loca realmente? jaja
Y sus viajes tenganlo presente. Pero podre Diamante ya me lo pusieron como culpable solo es un hombre que lo sacan de sus casillas rápido jaja...
¿que piensa que hará Rei? ¿sabrá algo?
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Respondiendo:
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Miriam Ortiz: Falta poco para revelar lo que darien hizo o es realmente. ¿ya tienes tu apuesta? jajaj.. saludos y gracias
Yssareyes48: Ahora que tiene el control de todo, Serena no dejara pasar a Diamante una de las suyas. ¿Sera que diamante es un proxeneta? o tambien sera una victima mas. Si fuera por serena ya lo hubiera asesinado a fuego lento jeje. saludos
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La frase del principio es parte de una canción llamada "incandescente"
Bueno gracias por la ayudo a Yeni y su beteeo. El próximo lo mas probable que me demore un poquito mas, como siempre dije no me gustan las historias muy largas aun no se cuantos seran. Espero sus comentario, dudas o lo que quieran siempre sera bienvenido...
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