Hola perdón por la demora, si lo se, gomene. Bueno solo una advertencia contiene lemon (lo mas probable sea el ultimo) .
Sin mas demora los dejo con el capitulo nos vemos abajo
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*********** Capítulo 9 *************
"... Los golpes en la piel dejan marca y despues se van. Se van, se van, se van. Pero me rompiste en dos y no encuentro reparación.
Sin aviso nuestro paraíso nos dejo. Ya ahora tu recuerdo me hace sombra al corazón... "
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Estaba enfurecido. Su mirada era la de un asesino serial, si le era posible mataría de una y mil formas a la persona que acababa de llegar.
Estaban uno frente al otro. Respiré profundo y toqué la mano de Alan para que viera que no debía hacer una tontería, decir lo justo, cosa que ignoró totalmente, porque mis pies dejaron el suelo cuando me alzó y me giró por todo el piso.
Parecía que brillaba, que estaba realmente feliz y al bajarme puso sus manos en mi rostro robándome otro beso… Podía sentir la ira de Darien cuando de su boca salieron estas palabras.
— Creo que no es el lugar para esas demostraciones— lo dijo para Alan pero me miraba a mí.
Tiró de mi mano apartándome unos pasos del recién llegado. Bajó a mis oídos solo para terminar susurrándome "Eres mía".
— Tranquilo alguacil— Alan volvió a tirar de mí hacia su cuerpo—. Estamos juntos desde hace años... ¿Cuantos llevamos amore?
Me miró y yo no sabía que decir. ¿Qué podía hacer? O peor que podría decir sin lastimar más a Darien… Y no quería hacerlo, menos hoy, menos ahora.
— Alan… yo.
— ¿Amore, este es tu jefe malhumorado? ¿Del que me hablaste?
— ¿Malhumorado?
Darien volvió a mirarme a mí.
Me mordí el labio, no sabiendo qué decir, cada vez estaba más encerrada y él a cada segundo estaba más enojado... Cerré mis ojos al tiempo que sentí las manos de Alan sobre mi cintura… "Dios, si estás ahí, abre el suelo y trágame entera".
— ¿Pero no estabas en Milán? — escuché la pregunta salvadora de Mina.
Alan me besó en la mejilla.
— Hola Mina— la miró alegremente— .Llegué hace un par de horas y no veía el momento de estar con mi novia.
— Novia — repitió Darien con un tono de voz escalofriante.
— Qué tal si nos calmamos— intervino gracias al cielo divino Galaxia.
— ¿Qué demonios tienes que decir al respecto de esto?
Me exigió Darien y con razón.
Por todos los dioses del olimpo no está enojado, ni furioso, no tengo explicación para su mirada. Sus ojos mostraban lo que creo que es dolor, va a pensar que le pedí que lo mantuviéramos en secreto por Alan. Pero en verdad él…
— ¿Por qué le tendrías que dar explicaciones Amore? — Alan no me lo estaba haciendo fácil sin contar que su mano subió hasta posarla justo debajo de unos de mis pechos. Eso lo vio Darien, sus ojos estaba rojos de ira.
— Porque todas las noches la cama la comp…— me abalancé sobre Darien tapándole su boca.
— Por favor Darien, no entiendes— aunque me sacó la mano la mantuvo entre las suyas—. Alan…
Me jaló hacía él dejándome caer en su cuerpo.
— La que no comprendes eres tú, eres mía. Solo mía. — su posesión, su dominación hacia mí eran increíble.
¿Cómo alguien puede convertirse en tu mundo tan rápido? ¿Cómo alguien puede volver a tu mundo y sacarte de la pesadilla permanente?
Alan chasqueó los dedos.
— Me haces acordar a… ¿cómo se llamaba amore? — Me enderecé mirando a Alan un poco confundida— .Ese noviecito que tuviste de joven. Aquel que tu papá…— me reí bajito pensando que estaba frente a la misma persona— .Claro… "Lobo con piel de cordero".
Miré a Darien que me observaba asombrado. Porque mi padre le puso ese apodo ya que el lobo se quería comer a las ovejitas en ese caso aunque este lobo quería comerse al conejo. Una descripción muy apropiada para nosotros solo que el conejo se dejaba comer por el lobito.
— Papá— susurré recordando al bajar la cabeza.
— ¿Lo recuerdas amore?— Alan tiro de mí hacia él. Me besó sobre los labios y me dio un ligero azote en mi trasero—. Vamos a comer. No la esperen hasta mañana que hay que recuperar el tiempo perdido. Ustedes me entienden... ¿verdad?
Escuchamos un golpe seco y miré Darien. Parecía un toro embravecido. Inclusive el escritorio cercano sufrió por el golpe.
— NO— gritó mi verdadero amor al levantar su mano del escritorio.
— Oye calma. Te puedes arreglar sin ella hasta mañana. Somos hombres, debes entender mis necesidades— me tapé la cara. Dios Alan no podía decirle eso y menos a él. Pero estaba tan congelada por la situación que no reaccionaba— .Además teniendo a una mujer tan bella como mi novia no voy a desperdiciar la tarde en comida. ¿No crees?
— Alan— reclamé y él sólo sonrió—. Tengo una reunión a última hora yo…
Miré a Darien que estaba con los ojos desorbitados. Alan me agarró de la cintura y me rascó el cuello con la nariz.
— Por fi amore no estaré mucho en la ciudad.
Escuché resoplar a Darien antes de darse vuelta y dirigirse a su oficina, dando un portazo al cerrarla.
— Todo listo, nos vamos— agrega.
Miro y vuelvo a mirar a la oficina
— Espera.
Me solté y fui a la oficina de Darien. Antes de pasar respiré profundo y agarré el pomo de la puerta. La abrí despacio.
— Darien yo…
No pude decir nada más antes de ser jalada hacia dentro. La puerta se cerró de un solo golpe y sentí como me estamparon en ella.
Sus labios estaban sobre los míos, eran demandantes y como tal, respondí. Subí mis manos para enredarlas en su nuca y con un salto firme enredé mis piernas en su cintura envolviéndola. La falda negra que me había puesto este día se elevó hasta mi cintura permitiéndome sentir su erección casi de inmediato.
Escuché el clip del seguro de la puerta. Y luego Darien comenzó a caminar sin dejarme de besar hasta apoyarme sobre su escritorio.
— ¿Él te hace sentir lo mismo que yo?
Me besó en el cuello y sus manos fueron a mi camisa abriéndola salvajemente. Llevé mi cabeza hacia atrás cuando posó su boca sobre mi pecho, sobre la tela del sostén, dios era tan sexy esto que no quería detenerlo.
— ¿Él te hace gritar como yo lo hago?
Volvió a decir al momento que mordió levemente mi pezón. Dios no podía casi respirar de cómo me estaba torturando, de cómo tomaba mi cuerpo, de cómo lo reclamaba.
Era un hombre lobo reclamando su poderío, reclamando lo que era suyo.
Agarró mi mentón con su mano y me hizo verlo a sus ojos.
— Mía…
Puso sus labios demandantes sobre mi boca, obligándome a abrirla para que su lengua jugara dentro, inclusive me mordió el labio y sentí el sabor metálico de mi sangre. Cuando sus manos abrieron más las piernas cerré los ojos permitiéndole tomarme como le plazca, dejándome dominar por este hombre. Sus manos fueron desde mis rodillas pasando por la parte interna de mis muslos hasta que una de ella se posó en mi sexo. Gemí cuando uno de sus dedos ingresó en mi interior sin ningún tipo de delicadeza, pero su boca sobre la mía calló toda voz de mi interior que retumbaba en el cuarto.
— ¿Él puede hacer esto?
Bombeó fuerte, giró su dedo dentro de mí y con su pulgar jugueteó con mi botón hinchado… Me estaba torturando.
Mis músculos internos se ajustaron a su dedo y fue en ese momento que sentí que ingresaba el segundo… Jadeé más fuerte.
— Darien… Por favor…
Supliqué, rogué, imploré para que me dejara liberarme. Él solo quería demostrarme su poder en mí, controlaba cada movimiento de mi cuerpo, bajando su intensidad para demorar más mi clímax o los metía más profundo para sacarlos rápidamente. Luego volvía a repetir el movimiento, volvía a comenzar la tortura.
No supe cómo, ni cuándo pero estallé de mil formas. Tampoco sentí cuando retiró sus dedos de mí pero cuando por fin pude verlo a los ojos me sonreía maliciosamente, como demostrando su punto, demostrando su poder, declarar su dominación sobre mí.
— Ahora veamos si puedes estar con él…— se llevó uno de sus dedos a su boca, el mismo que hace solo unos instante estaba dentro de mí y dio un paso para atrás para que vea aquel movimiento y su mirada de placer reflejada con la mía— . Sintiendo que yo estuve justo ahí, dentro de ti.
Abrí los ojos indignada por lo que le permití hacerme, por dejarlo y sobre todo por disfrutar de esta nueva faceta.
— Eres un idiota— lo empujé.
Me levanté del escritorio y me arreglé la ropa lo más rápido que pude. Tan rápido como había entrado, salí dejándolo solo en su oficina.
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Nos sentamos en la mesa más alejada del público, oculta diría yo, en una cafetería tranquila a mitad de camino de mi casa con la oficina.
Luego de que hicimos nuestros pedidos Alan como siempre fue directo.
— ¿Aun necesitas que sea tu tapadera? — suspiré—. ¿Crees que no me di cuenta como ese hombre quería asesinarme solo por abrazarte? Pensé que por un momento me saltaría a la yugular y no saldría vivo de tu oficina.
Iba a responder justo cuando la camarera trajo las bebidas. Luego al retirarse lo miré.
— Alan… Yo.
— Sabes que te aprecio mucho, pero si estas con él no es justo que en este momento piense que lo estas engañando.
— Eso es tu culpa, si no le hubieses insinuado esas cosas— me justifiqué aunque sabía que tenía razón.
Él se rio luego tomó un sorbo de su café.
— Es que cuando lo reconocí no pude evitar molestarlo, y tú no decías nada.
Se encogió de hombros.
— Alan… Es complicado.
— Díselo y dejará de ser complicado. Por lo menos la verdad de nosotros, empieza con eso— tomé un sorbo de mi capuchino.
— Puede…
— Sabes que siempre te apoyaré ¿no? — Asentí porque sabía que era así—. Sé que sabes lo que haces pero…
— Pero…
Elevó su cabeza al techo, suspiró y volvió a verme.
— Quiero que conozcas a alguien. Su nombre es Melisa y voy a casarme con ella.
Mis ojos se abrieron como dos platos.
— ¿Me estás diciendo la verdad?… ¿Tú? ¿Casarte?
Se rio.
— Sí, la conocí en Boston. Cuando estuve hace dos años allí, es corresponsal de prensa y estaba persiguiendo una pista sobre un caso. Es hermosa.
— Me alegro mucho por ti.
Levantó su mano.
— Y lo mejor que ese caso era el mismo que el mío. El que me pediste ayuda ¿te acuerdas? — Asentí recordando que me dijo que se perdió en un par de piernas en esa época y se demoró en hacer las averiguaciones. Sonreí, ahora sabía el nombre de aquella mujer que lo había hecho replantearse de muchas cosas—. Bueno, cuando dimos con el hombre que manejaba las mercancías que entraban en el país lo reportamos a la presan y gol…— me reí ante su choque de manos—. Festejamos como nunca lo hice. Los hombres presos; y yo festejaba dentro de aquella periodista.
— Si no recuerdo mal, ella se fue.
— Sí, se fue a Argentina. Por aquella noticia le dieron un ascenso y me dejó triste y amargado— me reí porque triste puede ser pero amargado nunca—. Entonces haces tres meses me la encontré en Londres, esta vez no se iba a escapar. Después de unas duras semanas aceptó.
— Me imagino tu método de persuasión.
— Deberías probarlo tú también.
Nos volvimos a reír porque ese método consistía en mucho, mucho sexo.
A Alan lo había conocido cuatro años antes de la muerte de mi padre, era su asistente y aprendiz. Era excelente en lo que hacía y según mi padre seria uno de los mejores. Cuando mi padre se empezó a involucrar en el último caso que trajo las amenazas, muertes y hasta el final de mi padre, Alan ya no trabajaba para él. Se había marchado a México por una oportunidad de empleo para la que mi padre lo había recomendado. Cuando murió escuché los mensajes y su ofrecimiento de ayuda, inclusive si yo lo necesitaba volvería al país para ayudarme con las cosas. Después de todo, como él lo dijo, era la última descendiente de su legado.
En ese tiempo me negué a muchas cosas, ayuda y amistad quedaron en otro plano. ¿Amor? Tampoco tenía eso, en esa época, Darien llevaba desaparecido dos años. Mi padre me había comentado que los encontró porque yo escuché una conversación pero su voz de preocupación me hizo replantarme si era bueno para mi mal trecho corazón. Recuerdo que pensaba que me ocultaba información porque él se había casado o me había olvidado.
Miré a Alan frente a mí y me pregunté una vez más como es que la vida da vuelta en círculo, todo lleva a una cosa y a la otra. Hace solo cinco años que en un café como este pero en Roma lo encontré. Estaba del brazo de una pelirroja, que no de muy buen carácter se fue cuando él decidió sentarse en mi mesa.
Lo primero que me dijo fue.
— Voy a retomar la investigación de tu padre.
Me quedé en stock, no esperaba eso. Empezó hablar de sus investigaciones y creía que estaba por llegar donde mi padre llegó antes de perder la cordura. Entonces recordé el sobre que me dio, el mismo que aún no había abierto. Sacudí mi cabeza desestimándolo, solo para darme cuenta dos años después que lo tendría que haber abierto la misma noche que me lo entregó.
— ¿Qué opinas? ¿Piensas que ella querrá volver a Escocia? — esa pregunta me trajo de vuelta al presente.
Lo miré tratando de pensar que fue lo que me dijo todo este tiempo. Entonces una luz en mi cabeza se iluminó, él hablaba del castillo de Balmoral, donde una vez me contó que si encontraba a la mujer ideal le pediría casarse en aquel lugar.
— Pienso que le encantará.
— Bueno ahora que estas más relajada, ¿qué te parece si te cuento los últimos descubrimientos?
— ¿Los que me anticipaste por mensaje?
Asintió y sacó unos papeles de su bolso.
— Según lo que parece la cabeza se mudó a Japón.
Miré a mi amigo y luego empecé a leer los papeles. En el archivo también había unas fotos. Parpadeé al ver a una mujer de cabellos aguamarina hablándole al oído a un hombre con el rostro oculto sentado y lo único que se veía era su cabellera pelinegra.
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— ¿Estarás bien? — preguntó mi amigo desde adentro del taxi cuando me bajaba.
Miré a mi edificio y luego a él.
— Sí, tranquilo.
— Explícaselo— torcí mi boca—. Por cierto, es muy guapo.
— Alan…— reclamé ya riéndome pero mi risa murió al decir—. Estas seguro de… bueno tu sabes.
Quise decir los papeles, datos y las fotos pero tenía miedo de que alguien pudiera escuchar algo, sin pensar que el taxista ya oía todo.
— Eso parece, pero pronto tendremos nombres. Melisa trabaja en ello.
Asentí. Parecía que era buena pero no me gustaba que ella se involucrara. No por ella, sino porque podría salir lastimada, o…hasta muerta.
Cuando Alan comenzó ayudarme nunca le dije todo, era parte del caso de mi padre, sé que todo está relacionado con aquel día, el día que mi amado papá murió.
Mi amigo era un lobo solitario, rudo y temerario. Tan parecido a los comienzo de mi papá. Pero ahora tenía una mujer, una prometida y podría perderlo todo. La ultima hora traté de convencerlo que seguiría sola pero no me escuchó. El comenzó con esto y lo terminaría, en conmemoración a su mentor dijo cerrando toda discusión.
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Entré a mi departamento y miré la hora, no eran más de las nueve de la noche y no sentí ningún aroma de comida, tampoco ruido y menos la voz de Hotaru.
Caminé hasta la sala donde me paré en seco, allí sentado en el sillón estaba Darien con una pierna sobre la rodilla, totalmente despreocupado leyendo algo, lo que parecía una carpeta.
— Darien, ¿qué haces?
Me miró y señaló la carpeta. Volvió su vista a lo que estaba leyendo.
— ¿Hotaru?
— En el cuarto— ni me miró mientras lo decía.
Me quité el saco y junto con mi cartera las puse en la silla. Me giré para enfrentarlo.
— Solo te diré…
No llegué a decir nada, él se paró pero su mirada era fría.
— ¿Acaso quedaste insatisfecha?
— No, yo…
— ¿No?
— Lo que digo es…— pero mi mirada se desvió a la carpeta que tenía en su mano—. ¿De dónde sacaste eso?
Señalé a su mano.
— Esto… Te lo olvidaste en tu oficina, Hotaru lo trajo y verás que hay cosas interesantes sobre todo porque nada le refiere a la empresa.
Me adelanté y se la saqué de las manos.
— No te metas donde nadie te llama.
Se acercó a mi tan rápido que dejé de respirar, no hablaba pero respiraba tan fuerte, su aliento eran tan rápido que varios mechones de mi pelo se movían.
Solo fueron segundos hasta que dio un paso hacia atrás.
— Cálmate camaleoncito que te saldrán arrugas.
— No me llames así— le grité.
— ¿Qué paso con tu noviecito? ¿Te dejó con demasiada energía? — las lágrimas de dolor empezaron a agolparse en mis ojos pero parpadeé apartándolas—. Conmigo apenas puedes mantener tus ojos abiertos del cansancio.
Lo empujé por la furia.
— Eres un idiota, no entiendes nada.
Elevé mi mano para darle en su mejilla pero detuvo mi ataque.
— Acaso ibas a…— miró su mano que sostenía la mía en el aire.
— Suéltame.
— ¿Para qué?— me jaló hacia él—. ¿Para que huyas con ese infeliz?
— No hables así de Alan.
Mis ojos casi no podían contener las lágrimas, la furia y el dolor querían hacer su aparición.
— Él es mejor en todos los sentidos— agregué.
Soltó mi mano y me miró dolido.
— Lo dudo.
Segundos después dejó caer su boca sobre la mía en un beso que de amor no tenía nada. Pero no iba hacer lo mismo que hoy en la oficina, no, no podía dejarlo. Era mi culpa que esté en este estado, enfurecido y hasta ¿celoso?
Cuando se apartó lo miré… Darien estaba más que celoso, él estaba defraudado.
— Espero que te haya entretenido mientras estuve aquí.
Se dio vuelta, agarró el saco y salió. Lo miré mientras se dirigía a la puerta.
Cerré los ojos obligándome a no llorar pero cuando sentí que las lágrimas caían por mi rostro corrí hacia mi dormitorio encerrándome, y por primero vez desde que se había ido volví a sentir la misma pérdida de abandono.
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— Se pelearon ¿no es cierto? — Hotaru me interceptó cuando salía de la habitación a la mañana siguiente.
Torcí mi boca y ella resopló siguiéndome la sala.
— Si lo buscas ya se fue, y sí durmió en el sillón. Regresó por la madrugada. Es obvio que está enfadado. No solo los escuché sino que sé que es por tu culpa— finalizó.
No le iba decir que tenía razón pero…
— Está exagerando.
Me serví una taza de café que Darien dejó preparado.
— Si apareciera una mujer ¿qué pensarías tú?
— Hotaru…
— Eso de un amigo no me lo creó… Si es así mi hermano podría hablar con Michiru sin problema.
Y solo con eso todos mis sistemas se activaron.
— ¿Quién diablos es Michiru?
— Pregúntaselo a mi hermano— ella se dio vuelta.
Y él mencionado entra en la casa con cara de pocos amigos.
— Apúrate Hotaru que tengo reunión.
No me dirigió, ni me miró.
Resoplé y fui al salón, agarré mi celular y marqué el número de Mina. Siempre vigilada por la mirada de águila de mi bello cascarrabias.
— Diga— aun dormía mi amiga.
— Ven por Hotaru— se le cayó el teléfono y al alzarlo volví a decir— llévala a la oficina.
Y corté.
No lo miré mientras volvía a marcar, sabía que estaba siguiendo mis movimientos.
— ¿Serena? — dijo la voz del otro lado del teléfono también adormecida.
— Sí, soy yo. Suspende todas las reuniones de la mañana.
— ¿Qué?... Espera ¿qué?
No la dejé hablar, estaba decidida.
— ¿Acaso no me escuchaste Galaxia?
Por mi tono y la forma supo que estaba en modo jefa.
— ¿Las de la tarde también?
— Veremos. Por ahora eso.
— Hecho.
Sin despedirme de mi amiga corté y miré a Darien. Estaba enojado más que ayer.
— ¿Terminaste? ¿O también vas a suspender los viajes programados?
No respondí. Sólo lo miré.
— Hermano… Dame cinco minutos y estoy lista.
— No iras con él— Hotaru me miró como si me hubiese salido otra cabeza.
Iba a decir algo pero se arrepintió miró a su hermano que aún me desafiaba con su mirada hasta…
— No vas a manejar las actividades de…
Mi mano en el aire detuvo sus palabras.
Me miró y señale la puerta. Al siguiente minuto sonó el timbre.
Sus ojos se abrieron de sorpresa. Llegué a la puerta y la abrí.
— Hotaru— grité.
Ella llegó corriendo a mi lado y al verme tan sería bajó su cabeza.
— Yo… lo…
— Tranquila, no es contigo— dijo Mina desde el otro lado de la puerta.
La agarró de los hombros y la jaló hacia ella.
— Ven aún debo arreglarme que esta testaruda me sacó de la cama y luego nos vamos— me guiñó el ojo y ambas se fueron.
Azoté la puerta y la cerré con llaves.
Fui a la sala y ahí en medio de ella estaba con los brazos cruzados un muy enojado Darien.
— ¿Ahora qué?… ¿me dirás otras mentiras?, no, espera ahora lo sé, no querías que nadie se enteré por él. Claro que tonto que soy, te divertías conmigo mientras lo esperabas ¿no? Me alegro…— pasó por mi lado y me miró—. Cuánto has cambiado Serena Tsukino. Qué decepción…
Siguió caminando hasta que agarró el pomo de la puerta.
— Después de la oficina Hotaru vendrá por las cosas y puedes ser libre— agregó.
Se giró al tiempo que trató de abrir la puerta.
— ¿Problemas? — lo burlé.
Me fui a sentar a los sillones.
— Maldición, ¿dónde está la llave?
Vino gritando.
Me levanté y me acerqué al balcón. Las saqué de mi blusa.
— ¿Estas?
— No seas melodramática y dámelas.
— ¿Melodramática?... esto es ser melodramática— Acto siguiente las arrojé al vacío.
— ¿Estás loca?
— Puede ser.
— ¿Qué quieres conseguir con esto?
— Que me escuches— me acerque a él—. Por favor hablemos déjame…
— Habla tu sola si tanto quieres hacerlo.
Se sentó con los brazos cruzados.
— De acuerdo… solo te pido que me escuches y si después a pesar de todo decides marcharte te diré la forma de abrir la puerta.
Me miró y luego volvió a girar su rostro.
Suspiré y al sentarme lo miré directamente comenzando a hablar.
— Alan es mi pantalla— con eso me miró—. Ahora que tengo tu atención, comenzaré con el principio. Antes deja decirte que Alan es un amigo y me ha ayudado a que los chicos no me estén acosando— resopló como incrédulo y giró su cabeza hacia la derecha, prefería mirar a la nada antes que a mí— .Era el ayudante de mi padre, lo reencontré hace unos cinco años desde entonces les hicimos creer a todos que estoy con él, pero en realidad está comprometido con una chica llamada Melisa — seguía sin mirarme—. Sé que recuerdas que te dije que estuve internada, cuando me dieron el alta los chicos aun no me hablan, a decir verdad yo no quería hablar con ellos. Por recomendación de Artemis volví a la universidad y tomé la decisión de cumplir con el último deseo que mi padre me suplicó días antes de su muerte— me miró—. Él no quería que sea periodista como él, quería que sea otra cosa, pensaba en que no era seguro.
— Por eso cambiaste a arquitectura.
Sonreí asintiendo, sus muros estaban cayendo y me escucharía con claridad.
— Allí conocí a Galaxia— me miró como preguntando que tenía que ver con Alan, suspiré y seguí—. Ella me ayudó a reencontrarme con Mina y Seiya. El tiempo pasaba y yo viajaba mucho, ellos vieron la necesidad de que me olvidara del pasado— Elevó una ceja—. Es que… ellos insistían que saliera con más gente, un día les dije que no quería porque aun te amaba. Entonces me programaron una y mil citas a ciegas. No voy a decir que algunos de ellos no me parecieron interesantes, hasta Artemis me aconsejaba que era bueno para mí conocer gente nueva, pero nunca quise nada con ellos. El tiempo pasó y cada vez me hostigaban más, en uno de mis viajes me encontré con Alan, él me reconoció y empezamos a vernos— levanté mi mano para frenar cualquier comentario—. Solo como amigos. Pero justo en uno de esos encuentros los chicos me engañaron y me presentaron, no me acuerdo con quien, ni su nombre recuerdo, quería deshacerme de él pero era muy insistente. Alan se apareció dijo que era mi novio y fin de la historia.
— ¿Entonces me estás diciendo que se convirtió en tu caballero de armadura blanca y por eso te acostaste con él?
— No— me pasé una mano por el pelo—. Él me ayudó ese día, solo eso. Alan no le gustaba involucrarse con nadie, es un alma libre, excepto que ahora se enamoró de verdad. Pero en ese tiempo le propuse que él sea mi novio de mentira solo para aparentar, los chicos me dejaron en paz. Él viaja continuamente por el mundo por las noticias y yo no tuve que preocuparme de nada más.
— Eso me parece otras de tus mentiras.
Me acerqué a él y tomé sus manos.
— Créeme por favor, no hay nada con él.
— Dime ¿por qué te tocó?, ¿y por qué demonios dejaste que te besara?
— Me congelé, lo admito— bajé mi cabeza un instante y luego la subí—. No lo esperaba, luego se dio cuenta de quién eras y te empezó a molestar solo como una broma. Lo siento debí haberte hablado de él, pero no lo esperaba.
Se paró y fue al balcón. Miró por donde cayeron las llaves, suspiró y se dio vuelta para verme.
— No lo comprendo ¿Por qué tendrías que inventar tantas cosas? Mina hasta Seiya te hubiesen dejado en paz si se lo aclararas realmente.
— No— me levanté y me acerqué—. Ellos no me creían desde hace mucho, ellos no creyeron en lo que les conté, pensaron que era otra forma de evadir la realidad.
Me miró de forma compasiva antes de agregar.
— Por el suicidio de tu padre.
— Mi padre no se mató— me di vuelta y cerré los ojos—. Veo que también crees eso.
— Solo… no lo sé. Leí las notas, cada una con detalles y no hay indicio de asesinato.
Me di vuelta para enfrentarlo.
— ¿Crees que no lo sé? pero se lo que escuché, se lo que pasó, se…
Él me abrazó y apoyé mi cabeza en su hombro.
— Está bien.
— Ellos querían que tuviera nuevos recuerdos, que deje el pasado atrás— Lo miré—. No puedo olvidar, me lo arrebataron todo. Ya solo soy un cascaron vacío sino….
Sentí como me llevó a un asiento y me acunó en sus piernas.
— Eres fuerte, lo sabes— me besó en la coronilla de mi cabeza—. No dejes que la mente te engañe.
Me paré y extendí mi mano.
— Ven.
Me miró confundido pero se paró y me siguió.
Lo llevé a la puerta cerrada volvió a mirarme confundido, entonces golpeé dos veces en la parte superior, una abajo y un golpe seco en el pomo de la puerta.
— ¿Cómo? —Dijo al momento que la puerta cedió abriéndose.
— Hace años se rompió y no sé… siempre postergo arreglarla.
Me siguió hasta el auto, al sentarse en el Audi quiso saber a dónde íbamos, solo le pedí esperar. Con eso arranqué.
Mientras que el paisaje iba cambiando el silencio reinaba en el vehículo, ¿cuánto más podría ocultar los secretos?, ¿cuánto más podría lastimar a la persona que amo? Miré a Darien y pensé: "Ahora lo sabré".
Cerré los ojos un momento en un alto del cruce cuando mi mente me llevó a tres meses antes de la muerte de mi padre, aquella tarde que despertaba en una cama que no era la mía, en el lugar que siempre odiaba, porque solo a un par de habitación donde estaba había pasado los últimos días mi madre, aquel hospital me arrebataba otro ser amado nuevamente.
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— ¿Estará bien? — escuché la voz de mi padre a lo lejos.
Y luego otra voz. Era una voz grave que poco a poco se hacía más fuerte.
— Sí, pero tendrá que ser fuerte.
Esa otra voz no la reconocía, aún estaba en la oscuridad, mis ojos pesaban. Mucho. Pero con un poco de esfuerzo los empezaba abrir. Lo primero que vi fueron dos sombras una por lo alto y ancho era mi padre, el otro llevaba una bata blanca.
— ¿Habrá alguna secuela?— Volvió a preguntar mi padre.
Ahora era mucho más clara su imagen, a su lado era un doctor. Giré un poco mi cabeza y vi la habitación donde me encontraba, era la de un hospital.
— No, pero lo recomendable es que vea a un psicólogo, las pérdidas de esta forma son poco manejables, más para personas jóvenes.
— Papá— logré decir.
Él me vio y llegó rápidamente a mi lado.
— Pequeña, te pondrás bien.
Lo miré extrañada, y sus ojos estaban llenos de lágrimas, entonces todo volvió a mi mente. La luz, el ruido, el choque, el grito… el llanto.
— Papa— empecé a llorar—. Donde… donde...
— Lo siento pequeña, tienes que ser fuerte.
Grité con todas mis fuerzas, empecé a despedazar la almohada todo lo que estaba cerca. No comprendía, maldije y grité. Me arranqué la aguja que estaba en mi brazo y empecé a exigir verla. Amenacé. Luego escuché una voz detrás de mí, al girarme sentí dos pares de brazos sujetarme luego un pinchazo.
Me desplomé sujetaba por esos brazos que estaban a cada lado.
— Lo siento Sr Tsukino tuvimos que tranquilizarla.
— Mi pequeña…
Las voces se iban a pagando.
— Si no consigue superarlo hay una institución…
Luego solo hubo silencio seguido de oscuridad.
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— Ya está en verde puedes avanzar— giré mi cabeza hacia Darien volviendo al presente.
Volví a girar y me detuve donde cada año volvía, o donde volvía a pedir perdón.
— Srta. aquí están las de siempre.
Asentí al hombre que me abrió el recinto y entregaba las flores, azaleas blancas.
Nos guio hasta lo más profundo del lugar, en un lugar apartado lejos de ojos curiosos y sobre todo era silencioso.
— Desde aquí los dejo solos— se inclinó y se fue.
Seguimos caminando hasta llegar a mi destino. Nos paramos para mirar de frente a la lápida que allí estaba.
— ¿Por qué me trajiste a la tumba de tu padre?
Me incliné, dejé las flores y besé la lápida con mi mano.
— No es la tumba de mi padre— lo miré y aun no me entendía— .Lee por favor.
— "Descansa dulce estrella, que has venido solo por un tiempo. Ahora juntarás estrellas hasta que llegue el momento de nuestro encuentro" — me miró solo un instante antes de volver su vista y decir—. Sagira Tsukino.
— Ella era una nuestra pequeña, mi hija, tuya y mía.
— No comprendo, me dijiste…
— Traté de protegerte, la verdad es que cuando estuve en España volví a sentirme mal, el novio de Lita era médico y me hizo una ecografía pensando que era una intoxicación por los alimentos del país, no estaba acostumbrada a la comida española. Fue cuando vimos que estaba embarazada, aún estaba con nuestro pequeño, al parecer fue un error técnico o en el aparato, no sé bien, no lo entendí en ese momento. Se lo ocultamos a todos por pedido de mi padre, seguían amenazándolo a él y a todos nosotros. En mi estado sería el blanco más fácil de atacar. Cuando nació a los pocos meses me rehusé a permanecer allí y volví con mi padre. Llevé a Sagira conmigo porque necesitaba ver a un especialista que trabajaba aquí, a los demás los dejé en España. Al llegar mi padre enloqueció con nuestra protección, no me dejaba salir y menos con la bebé. Llevaba unos cuatro meses encerrada en la casa cuando desobedecí a mi papá. Mina y Seiya los había visto solo dos veces sin Sagira, por orden de mi padre, exigía que la ocultara, no sabía en quien podía confiar. Tres meses antes del asesinato de mi padre me escapé en el auto con la intensión de que mis amigos la conocieran, solo tenía diez meses. Les iba a dar una sorpresa entonces…
No pude seguir y empecé a llorar. Mis manos se elevaron a mi rostro y luego sentí los brazos de Darien, A los minutos elevé mi rostro tenía que terminar esto.
— Tuve un accidente, me chocaron. Yo me salvé pero Sagira murió en aquel auto. Lo siento yo... Si no lo hubiese desobedecido, me he arrepentido tanto por ese día.
— Tranquila— me masajeaba la espalda pero sentí varias lagrimas caer de su rostro.
— No… no está bien— me alejé de él—. Después de eso mi padre murió, los chicos no me creían, no creían que tuve un bebé. Para ellos era un escape de la realidad. Me obsesioné con demostrar la verdad, pero enloquecí… entonces me internaron.
— ¿Nunca estuviste internada en un hospital?
Negué.
— Estuve en una institución psiquiátrica, según los médicos un post-trauma con distorsión de la realidad, es lo que me pusieron en mi historial, por eso no puedo pedir la custodia de Hotaru. Ellos lo averiguarían y perdería inclusive las pocas posesiones que mi padre recuperó de tu familia. Incluso podría perder todo hasta la empresa y…
Me volvió a abrazar y esta vez no me soltó. Creo que fue la primera vez que me comprendió de verdad.
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Llegamos a casa un poco más calmados aunque no sé en qué punto ahora estaríamos con Darien, me aconsejó que me acostara, que descansara y acepté porque supe que él necesitaba un poco de tiempo a solas para asimilar todo lo que le dije.
Me sonrió antes salir y dejarme en la habitación sola.
Mandé un mensaje a Galaxia pidiendo suspender las reuniones de la tarde. Que me disculpara por lo de la mañana y que le pida a Karmesite reprogramar todas las reuniones para dentro de unos días. Mañana no creo estar con la suficiente fuerza para enfrentar las cosas.
El ocaso hacía su aparición en el cielo del atardecer y con ello mi valor se aproximaba, sé que estaré cometiendo un error, lo sé, incluso antes de que suceda, pero en este momento creo que es lo correcto. Eso es lo que trajo alivio a mi alma y espero que él obtenga el mismo alivio que yo tuve en ese tiempo.
Llegué a la sala y busqué a Darien, aún estaba en el balcón, se la pasó la tarde allí contemplándola, no lo vi ni siquiera tomar o comer algo solo se quedó allí.
Me acerqué despacio hasta estar frente a él.
— Toma.
Le extendí el único recuerdo y el más poderoso. Me miró dudando y luego lo agarró de mis manos.
— ¿Qué es?
Su voz era apagada.
— Es una ecografía en mi sexto mes, es la única foto que tengo— me miró y me encogí de hombros—. Mi padre me prohibió guardar algún recuerdo de ella, por protección.
— Le hacías demasiado caso— miró la foto y sonrió—. Antes nunca lo obedecías, eras una rebelde.
— Cuando te dije que enloqueció por mi seguridad, no bromeaba. Aun pienso que algo de razón tenía.
— ¿Cómo era? — cambió rápidamente de tema, sabía que volvería a decir que no lo debí haber desobedecido, sobre todo ese día. Aunque se haya probado que solo fue un accidente más de tráfico yo me culpaba por no seguir las órdenes de mi papá.
— ¿Sagira?— él asintió—. Sonreía siempre, se reía, hacia caras graciosas que hacía reír hasta al más serio, era igual de rubia que…— callé por un instante ¿podría soportar el resto? Lo miré, ya que estaba en esto era lo mejor terminar de decir todo—. Ella reía tanto que inclusive hacía reír a su…
Me interrumpí cuando un par de voces de jóvenes entraban al departamento.
— ¿De verdad crees?
— Claro amour, veras cuando vayamos a Francia y a la torre Eiffel… Ula la.
La empujó levemente riendo y luego la atrajo hacia él.
Hotaru dejó que el muchacho se acerque a su boca y la besara suavemente. No parecía el primer beso de ambos, ellos estaban cómodos unos con el otro.
— Shingo, que puede que haya alguien— dijo Hotaru cuando el aire les faltó y separaron.
— ¿No me dijiste que había una reunión de última hora y ellos no podían faltar?
— Pero suspendieron casi todas, quizás ni fue…
La volvió a atraer a sus brazos y cuando la iba a besar nuevamente.
— Hotaru— Gritó Darien acercándose a la parejita.
Llegué antes que él a su encuentro.
— Cálmate.
— ¿Qué significa eso? — miró la mano de Shingo que tenía un casco negro bastante grande— .No me digas que te subiste a esa maldita moto, te lo había prohibido.
— Hermano… yo.
— Darien.
— Déjame— me giré para ver a Shingo lo que pedía sacándome de su camino y supliqué que entrara en razón antes de que siguiera hablando—. Vamos a aclarar algo, hace tiempo que quiero hacerte algo.
— ¿Quién te cre…?
No terminó de hablar Darien porque terminó estrellado en el piso por el puño de Shingo en su rostro.
— Te juro que si vuelves a abandonarla, huyes o desapareces, te cazaré con mis amigos, te buscaremos hasta el rincón más oscuro y despoblado y te asesinaré lentamente.
Ahora era a Shingo al que debía calmar.
Darien lo miró sorprendido por su reacción. Me arrodillé y examiné su mejilla.
— Dios, ¿estás bien?
Me miró sin comprender, luego a Hotaru que tenía su mano en la boca por la sorpresa y luego a mí.
— ¿Quién demonios es este chico? — preguntó al mirarme casi sin reaccionar.
— Soy su hermano idiota.
Darien volvió a mirarme y asentí. Entonces lo vio nuevamente a Shingo comprendiendo todo.
— ¿Samuel? — dijo asombrado.
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Y apareció Samuel, pobre Darien no termina de procesar que en verdad nació su hija cuando aparece su hermana con un chico que resulto ser el hermano muerto de Serena(ella nunca se lo confirmó). Como vimos si nació el bebe y serena pensó que así protegería mas a Darien diciéndolo que nunca lo tuvo. Ahora que sea el verdadero motivo de donde estuvo internada y donde conocí a Artemis pensara ¿que en verdad esta loca? por suerte le dijo la verdad sobre Alan pero Michiru, quien sera en la vida de nuestro amado Darien
Bueno como ven al principio hubo un lemon, seguramente sea el ultima ya que la idea es concentran en la historia. Aunque analizando el primero fue lemon con amor, el segundo represento una posesion o pertenencia y este solo fue por celos. Los hombre si que quieren demostrar su punto con sexo (jaja) quien tuviera un Darien para demostrar su punto jaja
Perdón la demora y gracias a la ayuda de yeno ahora son mas entendible los capítulos (jaja) Todo ayuda a mejorar.
Hasta ahora vinimos que oculta Serena pronto empezaremos a desvelar que oculta o que le paso a Darien. Porque él esta tan hermético con todo ese asunto. La pregunta seria ¿Porque hace lo que hace Serena? ¿Venganza?¿Justicia?¿Protección?o ¿Locura igual que su padre?... ¿y Darien?
La obsecion a veces lleva a la locura
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Contestando los Reviews:
Rosa: la verdad es quien no se pondria celoso si aparece tu ex? jaja.. pobre darien no sale de una y tenia que llegar Alan con ese anuncio. Serena tiene una razon muy importe para hacer lo que hace como se vio no le gusta y se repudia a si misma porque la toquen pero las razones a veces son mas importante. Supongo que cuando pusiste Artemis te refierias a Diamante, es si maneja la vida de sus sobrinos a su beneficio porque el querer casarlo es tratar de llevarse algo de ese partido. Saludos
Estrellita: es verdad Serena no es obliga pero siempre esta sola en eso. El dia que se entere pobre Darien, pero quizas sea el momento de que el abra tambien las puertas de su propio infierno. Supongo que pusiste Artemis y quisiste poner Diamante por el tio de él es el que maneja la vida del pobre muchacho a su antojo. Ahora solo esperemos que Darien tenga la suficiente fuerza de confiar en su pequeño camaleon
Gumi: En este capitulo habras visto porque ella no puede pedir la custodia de Hotaru, ella siempre la quizo pero las circuntancia las atan a perderlo todo. Es Diamante quien maneja a su sobrino, o sea a demasiado poder sobre él, si Darien se abre completaemente con Serena podria sanar a pesar de que la ame aun él no dice nada y no solo a ti te frustra que el se lo guarde. Como veras en este capitulo sabemos quien es Alan y que hace en la vida de Serena. La pregunta seria porque Serena lo hace, a quien este protegiendo o de quien se esta vengando. Si ella confiara en que Darien la ayudara pero no solo no lo quiere involucrar ya que el dia que lo haga, el se alejara de ella definitivamente odiandola. ¿Sera sufiente el amor para salvarlos a los dos?. saludos
Miri Ortiz: Veras que en este hay mas respuesta, si poco a poco como las capas de una cebolla se irán abrieran. Solo esperemos que ellos puedan soportar la tormenta que hay en puerta. Saludos
Lunabsc: Si pasaron por muchas cosas y eso formo el carácter de cada uno. O las decisiones que tomaron sean correctas o no todo tiene un motivo.
Yssareyes48: veras que en este se aclaro muchas mas cosas y también una primordial...Porque ella no podía reclamar la tutora de Hotaru. esperemos que pronto se sinceren porque cuando estalle todo va haber uno mas lastimado que otro y quizás el amor no sea lo suficiente para soportar el dolor ¿o si?. Saludos
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La frase del titulo es de una canción llamada "Duele" de Jesee y Joy.
Bueno espero que le hayas gustado, este no es tan largo como los demás pero con mucha mas respuesta. Comentarios dudas o lo que quieras siempre son bien recibidos. Todo ayuda a mejor.
