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*************** Capítulo 11 *************
En la esencia de las almas, en la ausencia del dolor. Ahora sé que ya no puedo vivir sin tu amor
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Esos ojos tan azules como el mismo zafiro me miraban fijamente, dios era irreal. Darien estaba aquí y había pagado por mí.
El vaso se me resbaló y antes de que chocara contra el piso el hombre que estaba en frente mío en solo dos movimientos lo atrapó.
— Cuidado.
Di un paso atrás. Tenía miedo, miedo de él.
Mi cabeza está a mil por hora. No podía él estar acá y estar involucrado con ellos, no él. ¿Acaso todo fue mentira? ¿Todos estos años lo habían cambiado tanto que ahora extorsionaba y torturaba a la gente? ¿Él era capaz de eso y muchas cosas más? ¿En verdad tenía que tratarlo como los malnacidos que yacían en el piso inferior?
— Supongo que la cuota cubre el servicio completo— hizo una pausa dando un paso al costado para dejar el vaso en un mueble—. Tu tarifa es la más cara. ¿Lo sabias? ¿Realmente vales eso? Oh sí… déjame recordar… puede que valga.
Dio un paso hacia mí…Yo otro atrás.
Estaba aterrada, su mirada no era de amor, tampoco de deseo, menos de lujuria… era de decepción.
Era el principio del fin para los dos.
Sentí la pared chocar con mi espalda y supe que ya no tenía escapatoria. Me había acorralado como una fiera acorrala a su víctima. No sabía qué hacer, ni que decir, estoy paralizada por este hombre que tanto amo y ahora ese amor se debió transformar en odio. ¿Convencerlo? ¿De qué? ¿Para qué? Sabía que esto terminaría cuando él me viera realmente, cuando viera lo que hago… solo pedía un poco más de tiempo.
Darien llevo su mano al listón del corsé y tiro levemente de él. Mi respiración se empezó agitar y no por deseo… Por miedo.
Mis ojos se cristalizaron al entender qué pretendía cuando un nuevo tiro hizo que se deshiciera del nudo principal del lazo.
Esta noche él quería que sea su ramera.
— Pensé que la iniciativa siempre era de ustedes, alguien con tanta experiencia. Me pregunto cómo haces para borrar las marcas que los demás gozan dejarte— me levantó el rostro con una mano—. ¿Cómo haces para que ellos no te marquen? ¿Acaso disfrutas más con ellos que en casa? ¿Cuántos más necesitan para que goces realmente?
No soporté más sus acusaciones y elevé mi mano estampándola en su mejilla. Su cabeza giró dando un paso atrás. Estaba confundido por mi reacción pero en verdad me asusté más la de él.
Se volvió para empujarme contra la pared y cerrándome. Agarró mis manos las subió sobre mi cabeza y las atrapó con una mano.
— Te gusta lo rudo ¿eh? — De mis ojos caían lágrimas de dolor, este no era mi Darien— .Me lo hubieses dicho, hace meses puede ser todo lo rudo que querías.
Giré mi cara antes que me besara, no quería esta faceta de él, no, mi dulce Darien no podía ser así.
Mientras que con una mano apretaba fuerte a mis muñecas en lo alto, la otra tiró del lazo abriendo el corsé finalmente, exponiendo mi cuerpo a él pero también dejando caer los papeles.
Dio un paso atrás y lo vi sorprendido.
Me soltó y tomó los papeles del piso, su mirada cambiaba a cada hoja que veía
— ¿Qué?… ¿Tú? ¿Cómo?
Me miró confundido, aproveché para esquivarlo y escapar. Porque la que más confundida estaba era yo.
— Serena, espera— no le di oportunidad y en un impulso tomé la lámpara del mueble para estrellársela en su cabeza.
Cayó al piso casi inconsciente. Tomé los papeles del piso y abroché mi corsé. Debía salir de ahí antes que se recupere del todo. Me di vuelta para agarrar el pomo de la puerta cuando dos poderosos brazos se cerraron en mi cintura atrapándome y elevándome.
— Déjame, suéltame — Grité.
— No.
Me arrojó en la cama y cerró la puerta con llave al tiempo que me senté en ella.
— Tú no eres quien yo creía, eres uno de ellos. Eres un maldito desgraciado y canalla.
— Serena, espera cálmate.
— No, déjame o gritaré muy fuerte.
— ¿Crees que en este lugar alguien vendrá a rescatarte? — lo miré porque sabía que tenía razón. Si gritaba era capaz de aparecer más hombres pero para sumarse y abusar de mi— . Tenemos que hablar.
— NO— ahora entendía todo, mi Darien nunca volvió, el hombre que tenía enfrente era uno de aquellos hombres que forzaban y torturaban a las personas—. Eres igual que ellos.
Mi cabeza dolía pero su hermetismo era por esto. Él estaba en este mundo y manejaba la perversión.
Escuché ruidos. Darien giró su cabeza, unos instantes después lo tenía sobre mí posando su mano sobre mi boca.
— Calla.
Me removí, no me iba a forzar pero él tenía más fuerza poco podía hacer. Demonios ¿dónde estaba todo lo que Kun me enseño?
Escuché como introducían una llave y luego la puerta se abría. Un hombre robusto y pelado se dejó ver tras aquello.
— O disculpa, no sabía que estaba ocupada— ese hombre se giró para salir empujando a una joven de pelo azul—. Cuando termines tu tío quiere que le devuelvas el favor.
— Lárgate— le gritó Darien a aquel hombre.
Bajó su mano justo en medio de mis labios justo para que mi boca lo mordiera.
— Maldición, quédate quieta— volvió a empujarme hundiéndome más en la cama.
Como no dejaba de moverme trató de pegarme en el rostro pero apuntó mal estrellando su puño al costado de mi cara.
— Eso es muchacho, controla a la bravita. Si está buena no la arruines tanto para probarla más tarde.
— Lárgate.
Volvió a gritar.
— Si no fueras el favorito de muchas…
Con esa última frase se fue riendo y cerrando la puerta. Apenas que la puerta estuvo cerrada Darien se sentó sobre sus talones y pasó su mano por el pelo.
— Lo siento es que…— vio su mano que sangraba un poco, supongo que le dolió más de lo que hubiera querido—. Muerdes fuerte.
— Vete al demonio.
Traté de irme pero él me retuvo otra vez.
— Si te vas ahora pensaran que no te obligue y serás el bocadillo de otros.
— Piensas que no lo sé, o mejor dicho piensas que no lo sabía al venir.
Me miró extraño. Rabia, enojo estaban latentes en sus ojos cuando agregué.
— Pensé que estabas en Minato.
Cerró sus ojos. Se levantó llevando una silla para trabar la puerta de verdad. Miraba cada uno de sus movimientos como si fuera lo único que hubiese en esta tierra. Luego cortó un pedazo de tela para envolver su mano. Por un instante hasta me dio lastima pero al siguiente me recordé que él era uno de ellos y me había mentido todo este tiempo. Era una de las peores personas involucradas en las noches perversas de Tokio.
— No es lo que piensas.
— ¿Y que pienso según tú… El gran Darien?
— Que soy como ellos.
— Bien, te recibiste de adivino entonces.
Me giré para desbloquear la puerta pero su pregunta me detuvo de ni siquiera tomar la silla para correrla.
— Tú me dices eso pero… ¿Con cuántos de ellos te has acostado?
Me giré para verlo, su mirada era de una súplica. Una que dijera cero pero la verdad estaba lejos de eso…
— ¿Acaso importa? ¿Tú con cuantas mujeres te has acostado? — iba a contestar pero añadí—. No, espera… ¿A cuántas has obligado a estar contigo? o tenías alguna técnica para engañarlas, no, mejor a cuántas has golpeado para que se rindan a tus deseos perversos.
En dos pasos estaba frente a mí.
— No, pequeña jamás, Yo nunca…
— Deja de llamarme así, no tienes derecho— lo empuje—. Nunca más tendrás el derecho de hablarme. Tu hermana se puede quedar pero tú… Te quiero fuera de mi casa para siempre y de mi vida.
Más lágrimas caían por mi rostro al darme cuenta de la verdad. No solo pertenecía a esto sino que manejaba la zona ¿Acaso también era un proxeneta o solo las utilizaba para saciar su sed que obviamente yo nunca pude?
— Pequeña no…
Me miró y cerró los ojos.
— Yo te puedo llevar al despacho superior— anunció sin mirarme.
Mis ojos se agrandaron, allí estaba la cinta que podría desbaratar todo, la cinta que necesitaba pero ¿cómo él lo sabía?
— ¿Me llevarías allí? ¿Por qué?
— Porque te debo muchas explicaciones.
Lo miré casi sin entender. Si él tenía acceso a eso, confirmaba lo que yo sospechaba, Darien es uno de los jefes solo que no sabía qué sector manejaba pero lo que me intrigaba era… ¿Cómo sabía que yo quería ir allí?
Asentí.
Sacó la silla para abrir la puerta y jaló mi mano hacia él. No quería su contacto, traté de rechazarlo pero es más fuerte e impidió que me soltara.
— Quieta— Susurró antes que pasáramos por varios hombres que estaban por los pasillos.
Al final del pasillo se encontraba un hombre delante de la última puerta. Darien me jaló a su cuerpo y puso una mano en mi trasero, no es que no me gustara su toque, pero… diablos me excitada, solo por sentirlo cerca todos mis sentidos se activaban.
— Vete— Gritó el hombre.
Lo miré. Era más alto y robusto que Darien inclusive tenía un aire a Mike Tyson al final de su carrera.
— Tengo permiso y una fantasía por cumplir— ¿permiso? Que querrá decir con eso—. Ve a preguntar.
El hombre refunfuñó pero nos dio acceso al despacho. Antes de que la puerta se cerrara Darien me arrinconó a la pared, besándome. No le respondí.
— Tendrás veinte minutos no más muchacho— dijo el hombre mirando su reloj.
Darien lo miró un instante y asintió, luego jaló de mí entrando finalmente. La puerta se cerró al mismo tiempo que lo empujé, mirándolo con odio me limpié su beso.
Empecé a inspeccionar el escritorio y encontré cajones cerrados. Miré a mi hombre que estaba parado en el centro con la mirada perdida.
— La llave— Pedí no muy amablemente.
— Tanto acceso no tengo— resoplé.
Saqué unos clips de mi pelo y empecé a destrabarlos uno a uno los cajones.
— Aun no me contestaste— dijo de repente—. ¿Con cuántos de ellos te acostaste?
Era una pregunta cargada con ira, lo miré y encorvé mis hombros sin darle un importancia y seguí abriendo el cajón de abajo, el ultimo.
— Algunos… pocos, diría yo.
— ¿Pocos?
— Solo los que me divertían, o no sé, tal vez alguno que me parecía guapo, no lo sé… Supongo.
— ¿Supones?... ¿Pero?… — cerró los ojos y al abrirlos pasó su mano por su cabello— ¿Bunny?… ¿Por qué Bunny?
Encorvé los hombros seguí con los cajones de enfrente. ¿Diablos donde estaba esa maldita grabación?
— ¿Con los demás también? No todos aceptan un no por respuesta.
Me enderecé y lo miré cansada.
— ¿Qué quieres? No te entiendo— parpadeó confuso—. Me ayudas y no me preguntas nada, ni que hago acá o porque estoy acá. ¿Solo te importa con cuántos hombres estuve? ¿Cómo diablos me reconociste?— hice una pausa para respirar y seguí—. Para tu información con la gente que está hoy acá nunca me acosté con ninguno de ellos. En algunas fiestas haces meses con algunos allegados a ellos puede ser, pocas ocasiones, y tengo mis métodos para eludir a los otros que no aceptan un no por respuesta.
— La bebida— dijo espontáneamente comprendiendo las palabras que mencioné—. Todos hablan de tu trago especial— pasó su mano herida por el pelo en su rostro se ve la molestia—. Menos mal que no me la tomé.
— Eres un idiota.
Me giré y vi un cuadro. Sonreí porque todos eran demasiado obvios cuando esconden lo más comprometido. Lo levanté un poco y allí se escondía la caja fuerte.
Con ayuda de Darien saqué el cuadro de su lugar mientras que él lo dejaba en el suelo y yo me volvía a preguntar ¿Por qué demonios me ayudaba? ¿No estaba con ellos? ¿No era uno de los jefes?
Respiré y miré a la caja. Me rasqué la nuca ¿Cómo demonios iba a abrirla?
— Déjame— me corrió con delicadeza del frente de la caja de seguridad.
— ¿Tienes la llave o la combinación?— el negó.
— Ya te dije que no tengo tantos permisos.
¿Permiso? Otra vez esa palabra… Di un paso atrás dejando que él trabaje.
Cinco minutos después la caja fuerte se abrió. Lo miré alucinada. ¿Desde cuándo sabe abrir estas cosas? Se ve que vio mi cara porque dijo.
— Hay cosas que no sabes de mí.
Asentí.
— Ya veo.
Me adelanté y removí los papeles que se encontraban allí. Al final de la pila de papeles había un sobre marrón. Lo saqué y de él cayo un casete... sonreí antes de meterlo entre mi pecho. Del sobre cayeron también varias carpetas pero una me llamó la atención, en ella estaba escrito mi apellido. Tsukino.
Lo abrí y Darien se acercó para leerlo también.
— ¿Qué es?
— No lo sé, pero son fotos de mi papá, hermano, Luna y mías de hace diez años.
Todas tenían una cruz tachando la cara salvo la mía. En ella había un gran círculo rojo marcado varias veces.
— Mejor vamos— pidió Darien.
Asentí.
Antes saqué fotos de cada hoja y guardé la carpeta. Cerramos todo y acomodamos las cosas como estaban antes de salir.
— Espera— me detuvo antes de abrir la puerta.
Agarró mi peluca y la removió solo un poco después a una de mis ligas la rompió y desabrochó parte del lazo que abría mi corsé pero sin dejar que se abra en su totalidad. Luego se acercó a mi hombro y lo mordí.
— Oye.
Lo empujé. Él sonrió con malicia.
— Para disimular.
Entrecerré los ojos porque no le creía.
— Te odio— dije.
— Me amas.
Con eso abrió la puerta y empujándome salimos.
— Me debes una muchacho— Darien asintió y salimos caminando.
Agarró mi mano en todo momento, no se despegó de mi lado. Al llegar a la planta baja la gente seguía "divirtiéndose" con las chicas o los hombres según sus necesidades. Muchas de las mujeres al vernos aparecer me miraron con odio un instante y luego a Darien lo desvestían con la mirada mientras se lamian el labio o tocaban al hombre que estaba sirviéndoles para sus satisfacciones.
Cuando por fin estábamos casi saliendo de la mansión una voz a nuestras espaldas nos detuvo.
— ¿A dónde vas?
Me escondí en el pecho de Darien pero claramente vi a Diamante enfrentarse a él.
— A divertirme, a donde más.
Palme mi trasero para dejar su mano allí y apretarlo. No dije nada.
— ¿Ese caramelito es por lo que me pediste permiso? — Sentí tensionarse a Darien antes de asentir—. Te había apartado, y lo sabes.
— Y cumpliré. Pero no hoy.
— Pagaron por un servicio completo. No un simple paso por el jardín a la tarde.
¿Que habrá querido decir con eso? Me pregunté.
— Lo sé, me lo dejaste claro tío.
— Entonces deja el caramelito conmigo que yo sé cómo atenderla y tú ve con quien te dije— sentí la mano de Diamante tirar de mi pero Darien me abrazó fuerte impidiendo que salga de su protección—. ¿Muchacho?
— ¿No es suficiente todo lo que hago? Ten en cuenta que yo elegía con quien pasar el tiempo. Ese fue siempre el trato.
— Sí, pero tenía que ser con las mujeres que yo elijo como opciones para ti, además ella es para la diversión de nosotros no la tuya.
Me estremecí.
— También la mía— declaró.
— Sabes que quiero lo mejor para ti— Darien volvió a tensarse—. Por esta vez te dejaré pasar el tiempo con este caramelito— acarició mi brazo—. Disfrútalo, y mañana termina lo que iniciaste hoy. No quiero a una clienta insatisfecha siendo que te apartó para esta noche.
— Si tío.
Giré mi cabeza viéndolo como salía de la vista de nosotros antes de girar y perderse en la multitud, jaló a una chica de pelo negro que estaba sentada en brazos de otro hombre y la condujo escaleras arriba.
— Vamos antes…— lo miré a los ojos apenas cruzamos la puerta de la mansión y salimos al exterior.
— No puedo— me alejé. Darien me miraba confundido y triste—. No puedo dejarla.
— ¿A quién?
Di un paso atrás para entrar a buscar a mi acompañante. No permitiría que nada le pase a ella.
— Estoy aquí no te preocupes— una voz a mi espalda se hizo notar.
Me giré en esa dirección y respiré tranquila, abrazándola.
— Esperé que ese hombre saliera de la vista para buscarte… ¿La conseguiste? — Asentí y la abracé de nuevo. Mis lágrimas caían casi sin parar—. Ya, tranquila Bunny.
— Vámonos, no tenemos mucho más tiempo.
Mi aliada lo miró.
— ¿Es un suvenir? Porque hubiese preferido al barman.
— Es una larga historia— dije—. Pero si me traiciona lo castro.
Darien sonrió. Los tres nos alejamos hacia el auto que estaba a unos metros de la propiedad oculto tras un par de árboles.
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Llegamos a un hotel de la ciudad de Asaka, quería dormir. Agarré el saco para salir del auto y pedir las habitaciones.
El conserje me miró muy mal, encorvó la ceja y nos miró a los tres. Dios pensaba que iba a tener un trío.
— No tengo habitaciones para lo que quieren.
Suspiré, Darien iba hablar cuando lo interrumpí.
— Señor solo queremos descansar y necesitamos tres habitaciones individuales. Es más si quiere una en cada punta del hotel.
El suspiró y se giró para buscarlas.
— ¿Por qué tres?
— No quiero estar cerca de ti.
Dije simplemente. Su mano cayó en mi hombro pero lo aparté. De acuerdo, lo lastimé pero él lo hizo antes. Ahora solo quería un baño y volver a ser la Serena de siempre.
El conserje nos dio una a cada uno, pagamos en efectivo y subimos.
Mi habitación era continua a la de mi acompañante pero la de Darien estaba frente a la mía.
Cerré la puerta, me saqué la peluca, dejé los papeles y la ropa en una mesa y me metí en la ducha. Cerré mis ojos sentándome luego de la ducha. Lloré. Lloré mucho, lo poco que tenía se había roto. Por alguna razón Darien me ayudó esta vez, pero era parte de todo eso, era parte de la maldad. De la perversidad. ¿Por qué cuando pensé que todo iba en camino sucedía esto?... Ahora más que nunca haría lo que tendría que hacer. Si eso lleva a mi corazón dormirse otra vez no me importa lo que tengo que hacer, encontraré la forma de que ella sea libre.
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— ¿Podemos confiar en él? — preguntó mi aliada a la mañana siguiente de la fiesta de la mansión.
Levanté mi vista a ella estábamos sentadas desayunando en el comedor del hotel. Tomé un sorbo de mi café y respiré antes de contestar.
— Supongo.
Suspiró no muy convencida.
— Amiga, descubrí un par de cosas— la miré expectante—. Allí no solo había mujeres para la diversión de los hombres, había acompañantes hombres.
— ¿Gigolos? — asintió—. Me lo imaginé por lo que vi en el jardín trasero.
— Sí, al parecer los patrocinadores traían o a su prostituta o a un gigoló. Cada uno tenía que poner uno para ambientar la fiesta. Hubo subastas inclusive que las mujeres se arrojaron por algunos. Era un asco. Todas mujeres de clase alta, diputadas, concejales inclusive varias actrices. No sé hasta qué punto saben la verdad.
— Supongo que más de alguna si lo sabe. Por lo menos si sus maridos disfrutan, ellas también lo deben hacer ¿no?
— Sí, todas hablaban de un tal Alex, sobretodo una mujer que pasó toda la tarde con él. Decían que era el mejor inclusive las veces que pagaron por sus servicios no necesitaban mucho tiempo para explotar y…
— Entiendo el punto, pero...
Se acercó a mí.
— El problema es que dice que desde hace un tiempo, desde que su protectora lo acaparó el dejó de hacerlas felices. Ahora que ella no está contratándolo todas lo quieren. Él volvió a Japón, o sea que no estaba disponible hasta ahora.
Un escalofrió me recorrió el cuerpo, lo peor era la idea cuando agregó.
— No solo eso, decían que estaba fuera del mercado. Pero insistieron tanto que Johana lo compró por un noche de sexo salvaje en el cuarto superior de la mansión— hice silencio— .El salón comunitario…tú sabes, el que tiene látigos, fusta y esas cosas.
Otro escalofrió.
— ¿Te refieres que a esa mujer le gusta el masoquismo?
Asintió.
— Les gusta ser ama y ser vista como lo hace o mejor dicho lo que le hacen. Por eso…— señaló su cuello—. Los collares. Los habrás visto en los hombres que había, eso indicaban si estaban disponibles para la diversión de ellas. Si tenían collar pertenecían a alguien pero si tenían moño…
Bajé mi cabeza… Dios que horror, jugaban con la gente.
— ¿Están por su voluntad?— negó.
— Como las chicas muchos fueron amenazados con algo, otros sacados de la calle o de las drogas. Amiga debemos ayudarlos.
— Claro.
Tomé un sorbo de mi café. Sentí una sensación, la misma sensación de siempre, la misma cuando él entrada a un lugar. Elevé mi vista y entrando al salón estaba Darien.
— Buenos días señoritas— Dijo sonriendo sentándose entre nosotras— .Disculpa no nos presentaron soy Darien Shields.
— ¿Qué? — dijo mi aliada —. ¿Tú?... Eres él.
Darien encorvó una ceja.
— Cosas de la vida— Dije restándole importancia al asunto.
Ella suspiró.
— Un placer, soy…— se interrumpió—. Digamos la caballería.
El la miró extraño.
— Es como si te conociera de antes. Pequeña, ¿estudió con nosotros?
— No soy tu pequeña— resoplé—. Y no.
Me miró y yo miré a mi caballería. Sé que algo le llamó la atención a él pero no era precisamente el hecho de que la conociera, quizás era su aspecto. No le iba a decir la verdad, siendo sincera, no podía decirle de donde la conocía o como llegué a relacionarme con ella.
— ¿Podríamos hablar ahora pequeña?
Me levanté de inmediato.
— Te dije que no soy tu pequeña, y no, no quiero. En diez minutos vuelvo a Tokio. Para mañana no quiero tus cosas en mi casa. Lo dije en serio me das asco, tú con toda esa maldita g…
Jaló de mi muñeca haciéndome callar e inclinarme.
— No sabes nada, pero para que te quede claro no soy como ellos.
Me solté.
— No me importa. Haz lo que quieras pero no te acerques a mí.
Me giré y salí del comedor. Sabía que ambos me seguirían. Cuando llegué al auto por precaución Darien se sentó en el asiento trasero y todo el viaje estuvo en silencio. Lo vigilaba por el espejo retrovisor, observé cuando enviaba mensajes, seguramente a alguna mujer.
Llegamos a Tokio un par de horas después cerca del centro me detuve en una parada de taxi
— Bájate.
Le exigí a Darien, me miró suplicante. Cerró los ojos y asintiendo escuché como la puerta trasera se abría para luego cerrarla.
— ¿Estás haciendo lo correcto?
Incliné mi cabeza sobre el volante.
— No lo sé… pero ya no puedo con esto.
Sentí su mano en mi hombro. Me levanté y su sonrisa me alegró solo un poco, asentí arrancando el auto nuevamente. Vi por el espejo retrovisor como Darien que se sentaba en un banco con la mirada perdida pidiéndome que lo escuchara.
Seguí conduciendo, dejé a mi aliada en su casa y giré rumbo a mi departamento. ¿Por qué la vida era tan injusta conmigo? ¿Es tan malo pedir que ella sea libre? No pedía paz por mí. Sino por ella.
¿Por qué Darien tenía que haberse involucrado con todos ellos? Acaso solo era una mentira su amor por mí, dios parecía tan sincero pero era una pantalla.
Levanté mi vista hacia el semáforo que cambiaba de color dándome paso.
¿Por qué no se asustó al verme? ¿Por qué no me pregunto qué hacía ahí o peor por qué yo me entregaba a otros hombres? ¿Cómo hizo para reconocerme? Estaba totalmente diferente a como me veo siempre.
Una luz se encendió en mi cabeza… acaso si el preguntaba ¿yo iba a conocer cuál era su secreto? O dios… su mirada y actitud cambió cuando vio los papeles que había escondido. Desde ahí no me reclamó, es más parecía divertido y ¿esperanzado?
Diablos debía hablar con él. Pero lo eché. No, si yo era terca él era más. Seguro que por una vez más volvería al departamento y ahí la sacaría la verdad. Su verdad.
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Llegué a casa mucho después de lo que pensé. Había planteado miles de ideas en mi cabeza. ¿Cómo hablaría o mejor dicho como le sacaría toda la información que él tiene?
Al abrir la puerta estaba todo en silencio, me acerqué a la heladera y saqué una botella de agua cuando dos voces llegaron desde lo lejos.
— No puedes irte hermano, estaban tan felices.
Claramente Darien había llegado antes, si me pongo a pensar lo dejé hace como tres horas.
— Hotaru, escúchame esto no tiene nada que ver contigo, es lo mejor así, tarde o temprano nos íbamos a separar— escuché un largo silencio a medida que me acercaba a la puerta del balcón— .No llores Hot, estaré bien.
Llegué al balcón reclinándome, viendo al vacío mismo. ¿Qué pasaría si me tiro por él? ¿Alguien me extrañaría? Después de un tiempo ya nadie me recordaría. Pensaba mientras una oscura nube negra se asomaba por el horizonte como lo hacía mis pensamientos más oscuros.
Levanté mi mirada y como cada vez que esos pensamientos aparecían también aparecían dos orbes azules, tan azules como el mismísimo mar, pero dulces y suaves. Sonreí. Aun no era mi tiempo y un largo camino me quedaba para finalmente encontrarme con ella como años atrás se lo había prometido.
Me di vuelta mirando el interior de mi casa, saqué un cigarrillo, hoy lo necesitaba. Cuando tocó mis labios en la sala apareció Darien arrastrando una enorme maleta.
¿Cuándo había traído eso? Supongo que fue obra de Hotaru.
Me miró, bajó su mirada y se dio vuelta. Supongo que yendo a buscar otro bolso. Dejé el cigarrillo sobre el barandal y entré. Pasé al lado de aquel bolso de viaje, dejé que mi mano vagara por el borde, por el cierre y en el centro había dos iniciales. D.S.
— Darien Shields— susurré.
Cerré los ojos, escuché unos pasos y me alejé.
Abrí nuevamente la heladera y mientras que Darien volvió al cuarto pero esta vez el de Hotaru abrí el botellín de cerveza, era temprano, tan solo las seis de la tarde. Pero hoy ya no podía con eso necesitaba ahogarme con algo.
Volví al balcón, agarré el cigarrillo llevándolo a mi boca, exhalando el humo. Y concentrándome en la nada misma.
— No sabía que fumabas— lo miré seria—. Yo… bueno, nunca te había visto antes hacerlo.
Me di vuelta dándole la espalda. No podía aun, no podía pedirle que me explique. Siempre pensé que sería el ofendido, el decepcionado por verme involucrado en ese mundo. Por dejar que otros hombres me tocaron por información, o por simple gusto mío. Pero no, el no reaccionó. Solo preguntó con cuantos, ¿tanta importancia tenía eso? Aunque pienso que se calmó cuando le dije que siempre tuve un plan B. Inclusive cuando la bebida no la tomaban o yo realmente no quería, siempre estaba cerca la caballería.
— No Hotaru.
Ese pequeño grito me despertó de mis turbios pensamientos. Me di vuelta.
— Si tú te vas yo me voy contigo.
Le reclamé Hotaru a su hermano. Él tomo sus hombros y la sacudió cuando la cabeza de ella bajó.
— Escúchame es mejor que te quedes aquí, es más seguro. Yo estaré bien iré a un hotel cerca de las oficina. Confía hermana todo va estar bien.
— NO.
Se dio media vuelta y se alejó de él.
Darien pasó una mano por su pelo mostrando la frustración. Se dio vuelta al sentirme que los veía.
— Serena… yo… bueno cuando…
— Me voy contigo y no lo discutas más— Interrumpió su hermana con un bolso en la mano
Él se rindió y asintió.
— Es hora de irnos— me dio la espalda—. Solo… Serena sé que no me quieres escuchar pero solo ten presente algo— pude sentir que estaba justo detrás mío, cerré los ojos cuando su aroma me llegó a mi nariz— .No soy como ellos, no soy ellos. Soy solo yo, pequeña…
Lo último lo dijo como una súplica a medida que su voz se apagaba. Se giró agarró las maletas y estaban saliendo.
— Esperen— dije casi sin pensarlo.
Ambos se detuvieron, no quise mirarlos porque vería esperanza y no quería dárselas. Aun no tenía fuerzas.
Entré a la sala, fui hasta un viejo mueble y de un cajón saqué un manojo de llaves. Levanté la vista cuando me vio intrigado. Se las arrojé y con un solo movimiento de sus manos las atrapó.
— ¿Qué es esto?— preguntó confuso Darien.
— Son las llaves de la casa de campo de tus padres— dije simplemente.
Me di la vuelta y fui al balcón otra vez. Solo que esta vez agarré el botellín de cerveza.
— No lo entiendo… ¿Por qué nos las das ahora?— tomé un sorbo y encorvé los hombros. Sabía por qué no se las di antes, era simplemente porque los quería cerca mío. A ambos—. Gracias.
Y con eso se fueron, dejándome en silencio, dejándome sola. Otra vez sola. Siempre sola.
Me acerqué al equipo de música y puse una canción acorde a cómo me sentí. La voz de aquella mujer inundó el lugar.
"Hoy me duele todo y no siento nada. Crucé el abismo creyendo que volaba…
Cerré los ojos a medida que las lágrimas caían a caudales por mi rostro. Saqué una nueva botella de cerveza y me la tomé de golpe. Saqué otra.
Hoy salté al vacío porque me diste alas caí despacio y mis plumas desangraban.
Volvió a decir la canción. Pensé que por un instante todo sería diferente con él al lado mío. Pero el destino tenía que jugarme una última carta. Él era uno de ellos, uno de los horribles y asquerosos hombres que jugaban, maltrataban y asesinaban a mujeres, hombres y hasta niños. Los metían en un mundo sin retorno, un mundo de sufrimiento y dolor sin pensar en ellos o en el dolor que les producía. Adicciones y muertes. Dios ¿por qué? ¿Por qué Darien tenía que ser como ellos?
Y robé…y grité. Lloré… y sangré.
Caí de rodillas y grité con todas mis fuerzas, el dolor me desgarraba. Tenía que hacer lo correcto, tendría que pagar como todos ellos. Ellos, ese mundo, el mundo que llevó a la tumba a mi padre, que me lastimó, que lastimó a mis madres, tanto a Luna como a la mía. Ahora se había cobrado una nueva víctima… Se lo había llevado a él también.
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No sé cuánto tiempo había pasado desde que destrocé mi casa, de acuerdo después de que terminara mi llanto, la furia se apoderó de mí y mis pobres muebles sufrieron todo tipo de consecuencias. Diana me miraba desde su cama… Si mi gata no se movió de su posición. No por el miedo sino ella me miraba diciendo: "Al fin era hora que saques tu dolor afuera"
Por eso estaba aquí, otra vez. En la fiesta de Kevin había conocido este mundo casi por casualidad cuando no sabía adónde ir, o por dónde empezar. Encontré entre las notas de mi padre un nombre "Possible".
Allí estaba mi viejo amigo sentado en el sillón. Me arrojé a su lado y automáticamente pasó su brazo por mis hombros.
— Y hoy preciosa ¿qué te trae por aquí? — Encorvé mis hombros y señalé al cantinero que se acerque con las bebidas— . Según me dijo salió todo más que bien.
— Sí.
Agarré el vaso de la bandeja.
— ¿Whisky? tú no tomas eso, déjamelo…
Pero cuando iba a sacármelo lo tomé de golpe.
— Tráeme otro y doble pero sin hielo.
— Parece que quieres ahogarte, sabes que eso no es bueno. Si quieres sacar algo de frustración podes…— me guiñó el ojo y negué.
— Jamás contigo…— resopló—. Eres viejo.
— Oye te puedo demostrar lo que hacen los viejos.
Sonreí, porque aunque Kevin tenga veinte años más que yo aún era un hombre increíble, no por lo bueno sino porque respetaba las decisiones de todos.
Puedo decir que del bajo mundo él armó un barco, todos quienes estaban aquí eran por gusto, por elección, nada se hacía sin el consentimiento de otro. Los pocos que intentaron cambiar las normas de Kevin terminaron muertos en el callejón de atrás.
Él podía ser un hombre bondadoso pero también era un hombre despiadado, cuando alguien tocaba lo que le pertenecía solo significaba que tendría minutos de vida antes de que comience la tortura para que supliquen la muerte.
— Vamos, ven no te resistas— me dijo un joven de cabello azul.
Después de charlar con Kevin me puse a bailar, bueno me daba todo vuelta. El vestido negro era muy corto para tapar o mi trasero o mis pechos.
— Déjame— logré balbucear.
Él se apretó más a mí, me hizo refregarme ya que mis pies no me hacían caso. Apoyé mi cabeza en su hombro no por el hecho de que quiera estar con ese hombre sino porque me daba vuelta todo. Aunque vi pasar a un mozo y le robé otro whisky, me ahogaba con lo mismo que se ahogaba mi adonis.
— Ven— volvió a atraerme a sus brazos, apoyó su erección en mi trasero y sus manos las puso en mi pecho.
No me resistía pero era por el alcohol que me había dejado sin voluntad.
— No… déjame.
Traté de apartármelo pero no pude. Me dio vuelta y tomó mi cuello.
— Déjame— balbuceé de vuelta.
Un instante me estaba besando y tocando el trasero ese hombre y al siguiente estaba en el piso estrellado por el puño de mi amigo.
— La dama dice no, en mi local se respeta el No.
— Vamos te pagaré lo suficiente.
La mirada de Kevin decía que estaba solo a una palabra de cavarlo en la tumba.
— De acuerdo está bien— se levantó limpiándose el rostro—. No vale tanto la reputación de esa mujer.
Se dio la vuelta y fue a otra chica.
— Dios que te pasó hoy Bunny, tú no eres tan inconsciente.
Encorvé los hombros, sonreí y robé otro whisky.
— Basta, basta por hoy de eso. Eres mi amiga y esto se acabó.
— No eres mi padre. Yo decido cuando acabar.
— En mi local no— me jaló hasta la barra de bebida— . ¿Dónde está?— exigió.
— Donde siempre, en la puerta del fondo— aclaró Nephrite.
Sonreí y trastabillé cuando Kevin volvió a jalarme hacia el pasillo. Al llegar a la puerta me apoyé en ella. Cerré los ojos y solo sentí el susurro antes de que abrieran la puerta y yo me deslizara por la pared "válgame dios".
Los minutos fueron eternos, mis ojos pesaban pero con mucho esfuerzo pude abrirlos. Noté que estaba en un auto, acostada en la parte de atrás. Adelante estaba Kevin al volante y mi caballería a su lado.
Levanté levemente la cabeza.
— ¿Por qué dejaste que tome tanto?— le reclamó mi aliada.
— No la dejé, sabes que es ingeniosa cuando quiere. Pero dime es por ese hombre— la mujer de al lado resopló.
— Estaba allí, con esos hombres. Es obvio que la afectó.
— Mi Bunny no debería estar involucrada con este mundo. Su padre me odiaría por haberla dejado entrar.
— Sabes que ella hace lo que cree que es correcto. Pero cálmate Kevin se pondrá bien— hizo silencio y yo apoyé la cabeza nuevamente en el asiento—. Crees que es lo correcto llevarla con él.
— Él hizo esto, él debe tener las consecuencias de esto también. Pero más le vale que la próxima vez sea ella o...
Mis ojos se cerraron antes de escuchar la amenaza de Kevin. El mundo de Morfeo era más prometedor que el dolor que había en mi cuerpo.
.
.
.
La luz del día empezó a filtrarse por mis parpados obligándolos abrirse. Poco a poco con esfuerzos obedecieron. Mi cabeza estallaba, giré el rostro y mis ojos se ampliaron al darme cuenta que no estaba en mi cama, ni en mi cuarto, esta no era mi casa. Ni siquiera eran las habitaciones en donde se hacían las fiestas de Kevin. Me senté de golpe.
— Auch— ese movimiento hizo que la cabeza se me parta en dos, llevé mis manos para masajearla—. ¿Dónde estoy?
Me levanté esta vez despacio, observé un mueble viejo con un espejo. Me acerqué, mi cabello estaba suelto pero mis ojos se abrieron más si era posible.
— ¿Dónde está mi ropa?
Miré la remera blanca que tenía puesta, era grande para mí. Entrecerré los ojos porque era como si la conociera. La levanté un poco y sí, su olor aún estaba en ella. Era la de Darien.
Entonces… me di vuelta. ¿Dónde estaba?
Salí del cuarto descalza porque tampoco estaban mis zapatos. Ni mi peluca o ropa a la vista. Lo peor es no saber quién me había cambiado la ropa.
Bajé por las escaleras que había al final del pasillo, mis ojos aun parpadeaban buscando sentido a las cosas. Me paré en el centro de la sala y allí en una mesita había una fotografía. La levanté.
Una mujer de cabellos negros como la noche sostenía a una bebe del mismo color de cabellos, a su lado estaba un hombre de ojos zafiro sosteniendo como un monito a un pequeño con sus mismos ojos.
— Diablos— me dije. Estaba en la casa de campo de Darien.
— Veo que despertaste.
Me sobresalté y me di vuelta, dejé la foto para mirar al hombre que me sonreía de manera triste. Tenía una bandeja con un café y una porción de torta.
— Estaba por llevártela al cuarto para cuando despertaras— lo miré dudosa y di una paso atrás. Él resopló y dejó la bandeja en la mesa del centro de la sala—. Siéntate, desayuna. No comiste nada desde ayer debes estar débil. Incluí dos aspirinas.
Se dio la vuelta y se estaba alejando.
— ¿Cómo llegue aquí?
Se paró y volvió a mirarme.
— Tus amigos te trajeron, y sí, antes que me preguntes fui yo quien te cambió de ropa.
— ¿Por qué?
— ¿Por qué te trajeron o por qué te cambié la ropa? — no dije nada el pasó su mano por su nuca—. Dijeron que yo debería hacerme cargo y no ellos. La ropa, bueno, la tenías toda vomitada— sonrió—. También debo pagar la limpieza del auto de tu amigo se lo dejaste bien decorado.
Bajé la mirada.
— Tu ropa está secándose, no creo que quieras salir con ella— lo miré sabía por qué lo decía, además era verdad—. Come algo iré a ver si algo de la ropa de Hotaru te puede quedar.
Me senté sin decir nada y miraba la bandeja. Sentí el estómago reclamar alimento pero aún no me atrevía a tocar.
— Más tarde Shingo traerá a mi hermana de la oficina, si quieres puedes irte con él— agregó.
Lo vi, él no me quería acá.
— Gracias.
Asintió y se fue escaleras arriba. Supongo que por algo de la ropa que me dijo. Miré la bandeja nuevamente, en verdad tenía hambre. Pero no podía tocar la comida.
Me levanté y tomé solo las dos aspirinas, un sorbo de café para que pase por mi garganta. O sí, Si Artemis me viera diría que estoy a un paso de la tumba. Café y aspirina muy mala combinación, súmale sin comida.
Me levanté y miré por la ventana, abrazada a mí misma estaba cuando lo volví a escuchar.
— Te lo dejo para que te cambies— asentí sin verlo, sabía que algo me había conseguido— .Por favor come algo.
Luego escuché sus pasos hasta que llegó a mi espalda, su olor me inundaba. Luego simplemente se fue.
Los minutos, las horas pasaban. No sé exactamente cuánto tiempo me quedé viendo por aquella ventana, hasta que los ojos y mis pies se cansaron. Me giré, tomé la blusa y los jeans de Hotaru para cambiarme. Vi la bandeja la torta había sido reemplazada por algunas carnes y queso, el café por un vaso de zumo.
Me giré escaleras arriba y me cambié.
La tarde pasó. Luego que me cambié bajé nuevamente. La bandeja seguía allí pero yo no quería tocar nada. Era como si mi alma se hubiese ido, como si mi corazón se hubiese detenido. Estaba rota, otra vez estaba rota.
Me senté en un sillón y lo acerqué al ventanal. Elevé mis rodillas y las abracé descansando mi cabeza en ellas.
Dios, estaba tan destruida, no entendía como él podía ser tan dulce y al darme vuelta era un cretino. Darien podía ser arrogante pero ¿asesino? Ellos había matado a gente, a mucha, lo sabía inclusive para entrar a su círculo debían matar a una adolecente después de violarla y claro debía ser virgen. Solo así ellos eran aceptados e incluidos en su círculo. Los patrocinadores de la mansión solo eran los jefes de cada sección, cada uno dedicado a una especialidad, trata, asaltos, robos, drogas, mafia hasta ajuste de cuentas.
¿Quién era Darien Shields?
¿Por qué te transformaron tanto? ¿Por eso nunca te negabas a nada de lo que hacía su tío? ¿Él era el sucesor?
Mis lágrimas aun caían parecían que nunca acabarían. Levanté un poco la cabeza para ver como el atardecer terminaba al ocultarse el sol detrás de aquellos árboles.
El reflejo me mostró un hombre alto e imponente. Un hombre que amé con todas mis fuerzas y a pesar de saber que estaba involucrado en todo lo seguiría amando hasta el último día de mi vida.
— Serena— Oculté mi rostro entre las piernas—. No has comido nada, por favor come.
Negué. No podía, ya no podía con esta vida, ni la del día, ni con la de la noche.
— Pequeña lo siento yo…
Pero fue interrumpido por el sonido del teléfono. Giré levemente el rostro para verlo fruncir el ceño parecía disgustado. Cortó y me miró, primero pasó su mano por el pelo varias veces.
— Shingo no vendrá se rompió el auto. Hotaru se quedará con Momo. ¿Quieres que te lleve yo?
Asentí levemente. Me paré y fui a la puerta. Él se apresuró y sentí como puso un saco sobre mis hombros pero rápidamente aparto sus manos.
— Hace frio.
Lo miré un instante luego giré mi cabeza para ver al frente.
El viaje en auto fue silencioso, solo estaba a una hora de mi casa la vieja residencia Shields. Me bajé y con el mismo silencio subimos hasta el décimo piso, hacia mi departamento.
Entré despacio y él detrás de mí.
— Te prepararé algo de comida y me iré, Serena debes alimentarte no…
Se interrumpió al ver el desorden de mi casa. Esquivé un par de cajones en el piso, un par de patas de sillas rotas y llegué al sillón dando vuelta.
— Espera— dijo Darien cuando vi que lo quise poner como corresponde. Lo hizo por mí y me senté— . Dios… ¿qué paso? ¿Te quisieron robar?
Lo miré al tiempo que llegó Diana para colocarse entre mis piernas doblas sobre el sillón.
— Fui yo.
Me miró y cerró los ojos. ¿Podría haber dicho lo que sea? ¿Lo podría haber lastimado tantas veces? Pero el hombre que tenía aquí me había destruido a mí.
Se arrodilló frente a mí.
— Perdón, perdóname.
— No puedo— las lágrimas volvieron por mi rostro—. No puedo creer que seas uno de ellos.
— No lo soy.
Aparté sus manos en un intento que tuvo de tomarlas, me miró y en un solo movimiento me atrapó entre sus brazos, empecé a luchar no quería su contacto, Diana salió huyendo a su camita y cuando mis fuerzas se acabaron, débil como estaba empecé a llorar, en su pecho, él solo me apretó más fuerte y me sostuvo.
— Llora, saca el dolor afuera. Pero no me alejes.
Y lo hice ¿Cuánto tiempo? No lo sé, solo sé que cuando ya no tuve más lagrimas caí rendida en sus brazos y aunque sé que es una de las personas que más mal me trajo también sé que me siento segura entre ellos.
La luna se veía en el firmamento muy alto, seguramente serían más de las doce de la noche. Aparté la colcha que me tapaban y me senté despacio en el sillón. No entendía muy bien todo lo que pasaba o deje pasar. Miré mi sala y estaba mucho más ordenada, supongo que Darien lo hizo antes de irse. Me levanté pero un mareo me obligó a volver a sentarme.
— Siéntate aún estás débil.
Escuché esa voz, Darien seguía aquí.
— ¿Por qué?
Me miró al dejar una bandeja con bocadillos.
— ¿Por qué sigo acá? Estás débil y es mi culpa— negué, él se sentó a mi lado—. Toma, es un zumo de naranja.
Lo tomé entre mis manos, pero no lo tomé. Lo dejé apoyado en mi regazo y levanté la mirada hacia él.
— ¿Por qué eres como ellos?
— No lo soy, te lo diré hasta que me creas. Bébelos.
Dejé el zumo en la mesa del centro y volví a mirarlo.
— Estabas con ellos, todos te conocían y respetaban. Hacían lo que les pedias. Ellos eran igual que tú.
— No, tengo algunas libertades pero no soy igual que ellos— miró el zumo y lo volvió agarrar— . Bébelo por favor, si quieres te traigo agua pero come y bebe algo.
Volví a mirar su mirada suplicante. Ofreciéndome el jugo.
— Cuéntame, porque no lo comprendo. Si no eres ellos ¿quién eres?
Cerró sus ojos y respiró profundo.
— Hubiese preferido nunca tener decírtelo— abrió sus ojos y me miró triste— . Cuando nos fuimos mi tío me pidió ciertos favores a cambio de mantener a Hotaru cerca de mí.
— ¿Cuáles? Matar o asesinar… ¿eres un asesino?
Entre el enojo y la súplica no sabía cuál de las dos rondaban mi voz.
— No. Ni soy asesino y jamás podría matar a alguien. Sé que pensaras mil cosas pero no soy ninguna de esas horribles cosas.
Se levantó bruscamente. Miró hacia el techo y luego a la bandeja intacto. Se dio vuelta.
— ¿Sabes por qué no me volví loco al verte allí? — negué y volvió a sentarse— . Ha habido un rumor, pero nadie podía asegurar nada. Decían que alguien de adentro estaba arrepentido de hacer lo que hacía, que quería alejarse pero hundiría a todos antes. Eso hace más de quince años, nunca pudieron probar nada ni siquiera se supo quién era. Solo quedó en un rumor. Pero en los últimos tres años varias ramas de ellos cayeron, el rumor volvió a surgir. Entonces te vi, estaba paralizado, ni una peluca u ojos marrones hubiesen podido hacer que no reconociera a la mujer que amo. Por un momento temía que la ira me consumiera cuando no contestabas el teléfono, solo quería una explicación de por qué estabas allí, por qué te arrojabas a todos esos hombres si sabía que me querías a mí.
Bajé el rostro pero su mano volvió a subírmelo para verlo a los ojos.
— Entonces me interceptaste— siguió el contándome— . Pude ver tus lágrimas y luego ese beso me sorprendió. Entonces lo supe, algo muy poderoso te llevaba allí y solo las palabras proteger y libre vinieron a mi mente.
— ¿Palabras?
— Hablas dormida, estrés supongo, pero siempre dices "debo protegerla para que ella sea libre". Siempre lo tomé como algo de un simple sueño. Producto de un post orgasmo o algo así— lo miré muy mal por tratar un tema serio como broma, él sonrió— . En ese momento me pregunté si había algo más, algo que aún no me dijiste. Cuando estas personas me alejaron de ti un hombre me dijo que eras Bunny. "Ella siempre está en las fiestas pero siempre elegía con quien estar", dijo. Era ilógico porque muchas veces habías estado conmigo cuando esa tal Bunny estaba con esos hombres ¿cómo era posible? Ira creció dentro de mí porque pensé que te escabullías para divertirte. Hablé con quién debí hablar y te cité en el cuarto.
Me quedé en silencio y me obligué a respirar.
— Cuando te vi no lo podía creer, no podía creer que eras tú. Estabas como una cualquiera pero capaz de encender el deseo al más frio. Lo odié porque eres mía. Cuando te diste cuenta que era yo temblaste pero ya estaba rojo de ira, no me importaba nada te obligaría a dejar ese mundo si era necesario, hasta te encadenaría si te negabas— lo miré sorprendida, Darien era capaz de atarme en la cama y aunque siente dolor en mi pecho y sea un tema serio mi deseo se encendió. Malditas hormonas— . Pero cuando cayeron esos papeles…
— ¿Eso te confundió?
Negó y sonrió.
— Terminé de entenderlo. El rumor era cierto. Quién era esa persona no lo sabía pero lo que si sabía era que tú estabas allí solo para terminar con ese mundo. Y aunque no volverás allí yo podría ayudarte con eso…
Me paré y un nuevo mareo se apoderó de mí. Sentí las manos de Darien en mis hombros y me ayudó a sentarme.
— Come, estás débil.
Lo miré y su mirada era de súplica.
— No me vas a entregar porque quiero destruir tu mundo— negó— ¿por qué?
— Come— volvió a pedir— . Por favor come— agarró un trozo de queso y me lo acercó a la boca. — . Abre, come.
Lo miré pero no abría la boca.
— COME MALDICION— gritó y lo vi asombrada.
Me giré y le di una cachetada.
— No vuelvas a gritarme nunca más— se dio cuenta de su error al verme a los ojos.
— Para eso si tienes fuerza, maldición Serena llevas más de dos días sin probar bocado, ni líquido. Mañana estarás en coma.
— No me importa, y tomé café— me excusé y muy mal.
— Solo un sorbo y con aspirinas, te desmayaste después de eso pero claro no lo recuerdas porque ya estabas débil porque habías vomitado todo lo que pudiste.
Lo miré mientras parpadeaba… oh ya lo recuerdo cuando fui por la ropa caí en el sillón. Habían sido unos minutos pero…
Darien cerró los ojos.
— ¿Qué es lo que quieres saber?
— Todo.
— Come, toma el jugo y te lo contaré.
Agarré el zumo de su mano y me lo tomé de golpe. Bravo Serena acabas de pasar de no probar nada en dos días y el primer liquido de golpe. Dios me quemó el estómago.
— Despacio— suspiró. Agarró un pedazo de carne al sentarse a mi lado— .Abre.
— No— dije entre diente.
Sí soy terca. El tenedor bajó.
— Empecé hace diez años, al poco tiempo de que mi tío nos llevó a Estados Unidos. Ahora abre— abrí mi boca y el pedazo de carne que sabe a gloria recorrió mi paladar— . Despacio bocado a bocado.
Lo miré muy mal.
— Con que empezaste.
— Robos, sencillos pero robos— parpadeé. Lo hubiese creído. Él me acercó un nuevo pedazo de carne pero con un queso. Abrí la boca y lo comí— . No quise, me negué al principio pero era menor, Hot también así que cuando una tarde llegué del instituto donde me había anotado para terminar los estudios ella no estaba. — Acercó una nueva porción de comida, mi estómago saltaba de felicidad— . Fui directo a verlo entonces hicimos el primer trato y esa misma noche Hotaru volvió a mi lado. Por otra parte esa misma noche hice lo que me pidió mi tío.
— ¿Robar?
Asintió y me acercó el jugo.
— Cosas pequeñas, algunas joyas. Diamante tenía algunos clientes muy adinerados. Yo entraba y sacaba algunas cosas de importancia para él. Con eso los chantajeaba, siempre era algo de valor sentimental para ellos.
— Dios— un nuevo pedazo de carne aterrizó en mi boca.
— A medida que fue pasando el tiempo y aprendí como entrar o salir de las casas, Diamante exigió más cosas— lo miré cada vez más asombrada y aterrada. Ese hombre era el diablo en persona— . Bancos y empresas fueron los siguientes blancos. Cuando estaba a dos semanas de cumplir la mayoría de edad una de sus clientas, mejor dicho, era la amante de él, me descubrió en la casa de su marido. Me iba a denunciar, estaba aterrado, aún era menor y Hotaru más, ella me acosó y dijo que haríamos un trato.
Me paré esta vez sin mareos.
— ¿Qué trato?— lo miré no muy segura de lo que iba a decir.
— Apareció su marido y me denunciaron. Claramente también se quejó con Diamante.
Parpadeé, asombrada. Entonces recordé algo. Me giré y fui a un cajón cerrado con llave. Lo abrí sacando la carpeta que Artemis me había entregado hace tiempo. Volví a mirarlo y le extendí el papel.
— Te acusaron de robo e intento de violación.
— ¿Cómo, desde cuándo tienes esto? — me vio sorprendido ni siquiera leyó la nota. Lo sabía.
— Desde hace algún tiempo.
Se sentó abatido y puso sus manos en su cabeza.
— Es verdad, me culparon. Diamante tardó una noche en sacarme y ocultarlo todo. Pero me ató más a él. Dijo que en cuanto pidiera la custodia de Hotaru al cumplir la mayoría de edad el mostraría todos los papeles y pasaría un tiempo en la calle. No podía dejarla en sus manos— me miró triste como si el peso del pasado lo aplastase— . Por eso no puede pedir la custodia, él me tenía en sus manos, mi hermana era pequeña. Ambos quedamos atrapados con él.
Hubo un silencio enorme entre los dos. Me senté enfrente de él. Vi un queso en la bandeja y lo agarré llevándolo a mi boca. Ahora que había comenzado a comer no podía parar, era como si quisiera recuperar los días que no comí.
— ¿Cómo entraste a ese mundo?
Levantó su cabeza.
— Algunas veces me pide que haga algo para él, algún trato o favor para algunos de ellos. No sé si Diamante es uno de ellos, lo único que sé es que ha querido hacerlo desde hace algún tiempo. Pero su dote aun no fue entregada por lo tanto aun no lo consideran miembro.
— ¿Dote?
— Sí, él debe entregar a alguien o algo valioso a esos hombres.
Me quedé pensando en eso. Que será lo que le hayan pedido. Algo realmente importante e inalcanzable para un hombre sin escrúpulos… ¿Qué será?
.
.
.
Al día siguiente en la oficina fue extraño, ya que no sabía en qué punto estaríamos con Darien. Anoche se quedó pero volvió al sofá y yo me acosté un rato en mi cama, bueno en lo que quedó de mi cama, oh sí, la destrocé también, no hubo rincón de mi departamento que no haya pasado por mi furia, solo la que había ocupado Hotaru por extraño que parezca no pude hacerle nada.
Llegamos en silencio y así estuvimos todo el día, casi no nos cruzamos, ni hablamos, en realidad, no sabía cómo sentirme.
Me sentía extraña con él. No le importó que estuviera en ese mundo en realidad solo porque sería yo quien lo destruya. Por primera vez me puse a pensar que quizás él era un prisionero.
Las demás noches estuve en la casa de Mina, no me miró bien cuando descubrió el estado de mi departamento pero una sonrisa triunfante apareció en su rostro.
Sonreí inocentemente y mencioné.
— ¿Renovación? — con una sonrisa de triunfo me dijo.
— Te lo dije…— luego se dio vuelta y fue con Galaxia presumiendo que ella había logrado lo imposible, o mejor dicho sabía a quién necesitaba para sacar mis sentimientos al exterior, la otra rubia le palmeó la espalda a Mina cuando le dio la razón.
Yo resoplé a las dos rubias.
Antes que el viernes llegara a su fin me encontraba dentro del avión que me llevaría a buscar lo que quedaba de mi alma, quizás allí podía terminar de sanarme y perdonar todo. Lo mío y lo de él. Con eso en mente y un fin de semana por delante sonreí, el amanecer se acercaba.
— Mira esta panza— dije a Lita que estaba sentada a mi lado el sábado.
Me incorporé cuando dejé de sentir el movimiento del pequeño diablillo que estaba en su vientre.
— Sí, dios no veo la hora que nazca— acarició su panza mi prima y tomó un jugo de la mesa— . No me imagino como lo hiciste vos, recuerdo que se movían sin parar aunque nacieron antes de tiempo.
— Sí, recién había entrado en mi octavo mes.
Recordé mi embarazo.
— Mírenme… — gritó una voz dulce a la lejanía.
Ambas nos giramos y levanté la mano saludando a mi cielo. El mar de fondo junto con el rompimiento de una ola daba la foto perfecta.
— Hola preciosa— Andrew llegó al lado de Lita besándola en sus labios— . ¿Cómo está mi primogénito?
Preguntó acariciando el gigantesco vientre de mi prima. Ella sonrió.
— Moviéndose, parece que será un todo un deportista.
Los tres nos miramos y reímos.
Me levanté dejándolos solos.
A unos metros cerca de la orilla veía como el cielo jugaba con el mar, el viento golpeo mi rostro revoloteando mi cabello. Amaba el olor a océano. Puse un mechón de pelo detrás de mi oreja y me pregunté si algún día podría disfrutar de este pequeño paraíso con Darien.
Mi cielo reía mientras corría como el viento, daba vueltas y vueltas mientras las olas jugaban con él. Cuando me vio corrió hacia mí estrellándose en mis piernas. Sus brazos envolvieron mi cintura y miré esos hermosos orbes zafiro.
— Te quiero.
— Yo te amo.
Besé su frente y volvió como toda una estrella al cielo donde pertenecía.
.
.
.
Cuando llegué a Japón estaba decidida, le contaría el resto de la historia. Darien sería quien decidiría si me acepta, y en ese caso dejaría todo en manos de Alan y Melisa. Me metería en mi pequeña burbuja y lo arrastraría a mi paraíso particular. Solo saldríamos el día que sea seguro. Si no me acepta, lo aceptaría y esperaría al día que viniera por mí; aunque sea vieja y fea sabría que un día volvería a estar en sus brazos, sabía que él volvería a mí.
Mi departamento quedó como nuevo después de que los albañiles terminaran el trabajo, me bañé y me relajé. Hoy iría por el todo. Como la filosofía de mi hermano: "todo o nada"
Me vestí con un vestido ligero, suelto y dejé mi pelo suelto también. A Darien le gustaba eso. Bajé hasta mi auto sonriéndole al Audi, si lo quiere también se lo entregaría, en fin lo compré para sentirme más cerca de él.
Viajé con la música en mis oídos y cuando menos lo pensé ya estaba en su puerta. Estaba nerviosa como si viniera a pedirle la mano a su padre. Sacudí mi cabeza y levanté la mirada al cielo, sus padres siempre quisieron que estemos juntos hasta el final de nuestros tiempos. Espero hacer lo correcto, hoy le diría la verdad, toda la verdad, el final de mi historia.
Toqué la puerta de la casa de campo y esperé hasta que abrieran, lo que fueron minutos pareció siglos.
— Serena— dijo sorprendida Hotaru.
— Hola.
— Este… no te esperábamos— encorvé mi ceja. ¿Por qué ella estaba nerviosa? ¿O por qué parecía que no debería estar acá?
— Acabo de llegar de viaje y quería hablar con Darien ¿está? — Ella dudó pero luego asintió— ¿puedo pasar o lo espero afuera?
Abrió sus ojos al darse cuenta que no me estaba dejando pasar. Eso era más curioso todavía porque desde que volvieron Hotaru me empujó a los brazos de su hermano.
Abrió la puerta dándome el paso para que ingrese y la seguí hasta la sala.
Darien estaba sentado hablando con una chica de cabellos aguamarina. Por un instante me acordé de la foto pero sacudí mi cabeza, hoy no quería ningún pensamiento negativo.
— Serena— mi hombre se paró sorprendido pero temeroso, como si no debería estar acá y en este momento.
La mujer que me daba la espalda se giró. Era hermosa de ojos azules, refinada, mucho menor que Darien, pero tenía una elegancia como las princesas de Inglaterra, hasta cuando se paró para verme lo hizo con la gracia de una sirena. Su mirada era dulce y reflejaba experiencia, sabia pero al mismo tiempo te daba paz.
— No te esperaba— su voz hizo que lo mirara, ¿estaba nervioso? ¿Con miedo? Volví a sacudir la cabeza "solo son ideas tuyas Serena".
— Quise darte una sorpresa y hablar pero si estás ocupado puedo… — de acuerdo hacerme la inocente no era buen plan tampoco.
— No… yo…
Si estaba muy nervioso. Ahora lo sabía.
— Ay, no se preocupen por mí— dijo la mujer de repente.
Se acercó a Darien tocándole el brazo con mucha confianza. Mi ceja volvió a elevar. La volví a mirar cuando él giró su cabeza un instante para mirar a aquella mujer rogándole con la mirada algo.
— No seas bobo— le contestó golpeándolo en el hombro como un juego.
Tenían demasiada confianza y no me gustaba.
Se giró hacia mí acomodándose el chal que traía en sus hombros.
— Soy Michiru… Michiru Kaioh.
Mis ojos se abrieron más, ¿Kaioh? ¿La famosa violinista? ¿La joven prodigio? Diablos, ¿Dijo Michiru también? Ella era la persona importante para Darien…
Pero… Según Mina se había casado hace…dos, tres, no, cuatro años con un enigmático japonés… No, no, no. Mis ojos se cristalizaron en cuestión de segundos casi no podía mantener las lágrimas.
— Soy la esposa de Darien, su dueña ¿y tú eres…?— agregó
Todo mi mundo se vino abajo con esas palabras. Entonces lo miré, no lo negaba y ya no las pude contener más. Las lágrimas caían sin mi consentimiento por todo mi rostro, me sentí quemada, traicionada pero humillada por el hombre que amaba. Di un paso atrás cuando su mano se extendió, negaba con mi cabeza, esto no podía estar pasándome. Toda la habitación empezó a moverse, todo giraba, no podía mantenerme en pie, mis piernas perdían fuerzas a medida que los segundos pasaban. Quise buscar algún punto de apoyo pero lo último que vi fueron sus ojos angustiados antes que todo se volviera negro
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Hola perdón la demora estuve trabajando en el otro capitulo (como les comente a una de ustedes) para asi no demorar mucho entre este y el otro. Por que espero que no me odien por dejarlo ahí jajaja... bueno ya empezamos a ver los secretos de Darien y Serena tiene un lio en la cabeza cuando por fin pudo entender para estar plenamente con su amor a parece Michiru, la esposa.
Respondiendo Reviews:
Pao: es verdad a veces la juventud puede dar una leccion a los mas grandes. Son dos pares con demasiados secretos pronto ccaera todo como avalacha solo habra que esperar si gana el amor o la desconfianza
Lzcg11: amiga empezó a desenredarse espero que algo te haya aclarado como veras faltan mas cosas ¿y sera que tuvo dos hijas?... aun no lo se...Bueno como habrás visto empezó la revelación de Darien, y Serena bueno creo que aun no sabe como reaccionar.
Sere: Esta vez no tarde tanto como la ultima vez aaj... pero bueno las ideas ya las tengo. Ya empezamos a ver sus reacciones
Osita: Si mi pobre Darien, ese tio si que es de lo peor ese tio...Hotaru tendra mucho que agradecer
Lili: Hay mujeres que son realmente muy descarada y no le importa nada. Bueno Michiru aparecio en escena ahora hasta donde ira ella? y australia para eso un falta
ReynaCecilia: bueno empezamos con revelaciones de Darien ahora dependerá de Serena como reaccione
Yssareyes48: YA empezamos con Darien sera relmente fuerte el para entender lo que hace Serena y cuando sepa el porque, sera realmente valedero o de amarla pasara a odiarla. Saludos
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Saludos a todos ya falta menos para saber que oculta y porque hace las cosas Serena. Dudas, consulta lo que quiera sera bien recibido, saludos a los lectores anonimo y gracias al beteeo a Yeni.
