Capítulo 16: La Orden del Fénix


A pesar de las palabras de Ginny, Dumbledore insistió en que la Orden siguiera vigilando la Sala de Misterios y su padre fue atacado por Nagini. Afortunadamente habían tomado la precaución de hacer rondas en parejas y Kingsley había acabado con la serpiente durante el ataque. Cuando a Harry le llegó la visión todos salieron prácticamente volando a la oficina del director, quien los llevó a la Orden para poder visitar a su padre.

Pasaron Navidad en Grimmauld Place mientras su padre convalecía en San Mungo y su madre se volvía loca de ansiedad cada vez que no los veía. Ahora, insistía que todos salieran en parejas, no permitía que nadie estuviera solo en esa casa.

Ginny notaba que Harry cada vez se molestaba más con Sirius. Él no le decía nada, pero sabía que era por ella y por la decisión de haberlo mantenido ignorante de la situación. Así que no dijo nada y permitió que continuara esa animadversión, Black ni siquiera se daba cuenta de la opinión que Harry iba adquiriendo de él.

Visitaron varias veces a su padre y Ginny aprovechó para encontrarse con Percy a escondidas, cuando los demás se distrajeron al ver a Neville visitar a sus padres. Su hermano se veía sumamente triste por permanecer apartado de la familia, pero al mismo tiempo se veía orgulloso de haber salido del nido materno y valerse por sí mismo y sus habilidades.

–Me alegra verte hermana, – Dijo Percy mientras la abrazaba. –Te he extrañado mucho, y a todos.

–Yo también hermano, sin ti la casa no es la misma, sabes que eres mi hermano favorito. – Dijo Ginny mientras le daba un beso en la mejilla, –Te seguiré enviando cartas y necesito que hagas algo por mí. Necesitaré tu ayuda en algo muy importante…

Siguieron conversando unos minutos antes de que escucharan voces de la familia buscando a Ginny, y ella fue hacia ellos.

Pronto, acabaron las vacaciones y todos regresaron a Hogwarts.

o-o-o-o

No había sido el mejor año escolar de Harry, los TIMOS estaban acabando con la poca paciencia que Umbridge le había dejado. También estaban las clases de Oclumancia que Dumbledore lo obligó a tomar con Snape, las odiaba, detestaba pasar una hora diaria escuchando hablar mal de su padre. Al final, usando una excusa barata, Umbridge había logrado correr a Dumbledore del puesto de director, aunque fue muy gracioso cuando sus cuñados hicieron su gran escapada (los galeones que les había entregado como préstamo valían la pena solo por esa escena). Lo único bueno que pasaba en su vida era su novia, lo único que lo motivaba a seguir luchando y esforzarse.

Sirius le representaba otro dolor de cabeza constante, todos los días le hablaba a través de espejo, el regalo que había arrumbado en el closet y que Ginny había acomodado en su cómoda. La mayoría del tiempo las conversaciones eran felices, él le contaba anécdotas de su padre y madre, cosas que nadie más que Sirius o Remus podían saber, era como conocer a sus padres por primera vez.

La visión que vio en la memoria de Snape arruinó buena parte de la imagen idílica de sus padres, no podía creerlo. Si se sentía horrorizado y desdichado no era porque Snape le hubiera gritado ni porque le hubiera lanzado un tarro de cucarachas, sino porque él sabía qué experimentaba uno cuando lo humillaban en medio de un corro de curiosos, y sabía exactamente qué había sentido Snape cuando su padre se había burlado de él; a juzgar por lo que acababa de ver, su padre había sido tan arrogante como Snape siempre le había dado a entender.

Harry había intentado pensar que Snape se merecía haber sufrido la humillación a manos de James; pero no había preguntado Lily, '¿qué es lo que te ha hecho?'. Y no había respondido James, 'el solo hecho de existir, si sabes lo que quiero decir'. ¿Acaso James no había empezado todo simplemente porque Sirius estaba aburrido?

Harry recordaba a Lupin contando en Grimmauld Place que Dumbledore lo hizo prefecto con la esperanza de que ejerciera cierto control sobre James y Sirius... pero en el Pensadero se había quedado sentado dejando que todo sucediera... Harry se recordó a si mismo que Lily había intervenido; su madre había sido decente. Sin embargo, el recuerdo de la expresión en su rostro cuando le gritó a James le perturbaba más que cualquier otra cosa; claramente le aborrecía, y Harry simplemente no podía comprender cómo habían terminado casados. Una o dos veces incluso se preguntó si James no la habría obligado a ello... Durante casi cinco años la imagen de su padre había sido una fuente de consuelo, de inspiración. Siempre que alguien le decía que se parecía a James, resplandecía con orgullo interior. Y ahora... ahora se sentía distante y miserable al pensar en él.

Sentía que los recuerdos lo estaban devorando por dentro. Había estado seguro que sus padres habían sido personas maravillosas y nunca había tenido la más ligera dificultad para desconfiar de las calumnias que Snape lanzaba sobre el carácter de su padre. ¿Acaso no había personas como Hagrid y Sirius que le contaban cuan maravilloso había sido? "Sí, bien, mira lo que parecía Sirius", dijo una fastidiosa voz dentro de su cabeza ... "se veía perverso, ¿no es así?". Sí, había escuchado una vez a la Profesora McGonagall decir que su padre y Sirius habían sido los perturbadores de la escuela, pero los describió como los predecesores de los gemelos Weasley, y Harry no podía imaginar a Fred y George colocando patas arriba a alguien por puro gusto ... No, a menos que realmente lo odiaran... Tal vez a Malfoy o alguien que en verdad se lo mereciera. Incluso su madre… aún recordaba la visión, ella había estado a punto de reír, su expresión de enfado vaciló y estuvo a punto de reír, era algo que también lo lastimó. Nunca se imaginaría a sí mismo encontrando divertido si a Hermione la humillaran así, ni podía imaginarse a Hermione sonreír si alguien lo intentara dañar a él. ¿Su madre era así? ¿Tan mala como había sido su padre?

Claro que le preguntó a Sirius, quien se encontraba con Lupin, pero fue aún peor escuchar sus justificaciones "No me gustaría que juzgases a tu padre por lo que viste allí, Harry. Sólo tenía quince años…", su respuesta lo había enfurecido, como si no tuviera él mismo quince años.

Esto empañó su relación de una manera irreversible, algo que sólo pudo hablar con Ginny. Sus últimas charlas a través del espejo habían terminado en conflictos, sin ir más allá, su última charla había terminado en pelea, como muchas.

Su padrino odiaba a su novia, y detestaba que Harry no confiara la información que ella les había dado, tampoco era muy maduro y no sobrellevaba bien el que lo obligaran a estar encerrado en Grimmauld Place. Al menos ya había entendido que en el momento en que mencionaba el nombre de Ginny, Harry cortaría su conexión y ya había dejado de hacerlo, pero cada vez que esto pasaba, no podía evitar resentirse con ella a pesar de lo loco que sonaba en su cabeza.

¿Realmente era tan valiosa como para cortar a la única familia que tenía por ella?

Ese pensamiento rondaba constantemente por su mente, sin poder ponerle fin. Y a veces se dejaba traslucir en su trato hacia ella, en esos últimos meses, después de regresar a Hogwarts, se habían distanciado. Seguían compartiendo cama, pero incluso en esos momentos él intentaba mantenerse alejado de ella físicamente.

Era incómodo compartir el lecho con ella, las mañanas eran un martirio, ya no podía dormir a pierna suelta, tenía que levantarse temprano, demasiado, para poder atender su problema diario, y cada vez que Ginny iniciaba un contacto físico él se estremecía de algo que sólo podía calificar de horror.

Claro que conocía sobre el sexo en general, desde sus compañeros en la escuela elemental, hasta sus amigos en Hogwarts habían hablado sobre eso, pero nadie sabía realmente de lo que hablaban. Y dado que no tenía información real, no sabía qué otro nombre ponerle a eso que sentía.

Y tampoco es que Sirius fuera accesible para preguntarle sobre esos asuntos, él sabía que sólo recibiría burlas de su parte y nada de información. Se sentía tentado a preguntarle al señor Weasley, era el hombre adulto en el que más confiaba, pero no creía que a él le agradara que le preguntaran ese tipo de sensaciones que le provocaba su adorada hija.

Así pasó el tiempo y pronto llegó el fin del año escolar.

Estaba en su TIMO de Historia de la Magia cuando la visión de Sirius siendo torturado apareció. No pudo permanecer en calma después de eso, Hermione y Ron, siendo los amigos leales que eran lo siguieron, mientras él desesperado, buscaba Snape para avisarle que Sirius había escapado, él sólo hizo un gesto de desprecio y siguió hablando con Umbridge quien lo regañó por hacer escándalo.

Desesperado, corrió hacia su baúl de dónde sacó su espejo y llamó a su padrino, el espejo solo mostró el techo de la habitación y la aguda voz de Kreacher murmurando odio, cuando le preguntó dónde estaba Sirius, él sólo rio y dijo que había huido de la casa.

Frenético, Harry intentó entrar a la oficina de Umbridge, siendo detenido por una desesperada Hermione.

–Deja de molestar. – Harry le dijo a Hermione mientras se sacudía su mano con violencia, su tono despectivo intentaba herir a como fuera lugar. –No me interesa lo que tengas que decir.

Hermione tenía los ojos llenos de lágrimas, pero, aun así, siguió deteniéndolo. Ron había ido a buscar a Ginny para que los ayudara a detenerlo, y pronto regresó con su hermana mientras Luna los seguía con expresión soñadora.

–Cariño, no te estreses ¿Ya hablaste con tu padrino? – Preguntó Ginny mientras le acariciaba el rostro, y él se apartó de su mano.

–Lo intenté, pero Kreacher se burló y dijo que había salido de la casa, y Voldemort, tu TOM lo está torturando y tú solo me preguntas ESTUPIDECES. – Le gritó Harry por primera vez en su vida, todos se quedaron pasmados, incluso Ginny, claramente demasiado sorprendida como para responderle como se merecía.

–No tienes que ser grosero, Harry, Ginny sólo está intentando consolarte. – Dijo Luna con la voz más irritada que alguno había escuchado en ella. –No tienes derecho a gritarle.

–Pues ya no sé si ella planeó esto, o si sabía que iba a pasar y no dijo nada. – Siguió gritando Harry, casi enloquecido, la cabeza zumbaba del dolor y no podía apartar esas horribles visiones de su mente. –Y tú sólo confabulas con todo lo que ella hace, Lunática, no finjas ahora que te preocupas por mí

–¿Qué pasa? ¿todo bien, Harry? – Neville se acercó a ellos, seguramente atraído por los gritos.

–No te importa. – Harry dijo con crueldad. –El que no tengas con quien pasar el rato no significa que puedas venir a jodernos.

–Basta Harry. – Dijo finalmente Ginny con severidad, recuperándose de su asombro, –Si vas a comportarte como un absoluto imbécil puedes irte marchando, si quieres ayuda más vale que cambies tu tono.

Harry se moría por gritarle, pero una parte de él se obligó a permanecer en silencio, avergonzado por todo lo que había dicho, había herido a todos. Ron y Hermione explicaron lo que estaba pasando mientras Harry caminaba de un lado a otro con las manos en puños. Todos lo intentaron convencer de que era una trampa, pero Harry no le creyó a nadie, ni siquiera a Ginny.

Finalmente idearon un plan, ya que Harry estaba decidido a huir y llegar al Ministerio. Fue a Neville a quien se le ocurrió ir en los thestrals, nadie más lo había pensado.

Sólo Luna, Neville y Harry podían verlos, así que ellos tuvieron que ayudar al resto a subir en ellos. Fue uno de los viajes más incómodos de su vida, Ginny iba delante de él en el animal, fría y sin intentar hablar con él.

Pronto llegaron y entraron al Ministerio hasta llegar a la Sala de Misterios. Pasaron por la Sala de Cerebros, por la Cámara de la muerte, la Cámara del Tiempo y finalmente en la Sala de las Profecías. Alto como una iglesia y lleno de nada, pero los estantes altos cubiertos de esferas pequeñas y polvorientas de vidrio, debidamente brillaban a la luz la emisión de los soportes de velas más establecidos en intervalos a lo largo de los estantes, los de la sala circular detrás de ellos, las llamas ardían azul, la habitación estaba muy fría.

Nadie habló. Harry no quería mirar a ninguno de ellos. Se sentía enfermo. No entendía porque Sirius no estaba aquí. Tenía que estar aquí. Aquí fue donde él, Harry, lo había visto… Corrió hasta el espacio al final de las filas, mirándolos fijamente. Pasillo vacío tras pasillo vacío. Corrió hasta la otra punta, pasó de nuevo frente a sus compañeros que se quedaron mirándolo. No había signos de Sirius por ningún lado, ni siquiera un indicio de una pelea.

–¿Harry? – lo llamó Ron.

–¿Qué? – No quería escuchar lo que Ron tenía que decir; no quería escuchar a Ron decirle que había sido un estúpido o sugerir que debían volver a Hogwarts, pero el calor subía por su cara y sintió como si quisiera esconderse allí en la oscuridad por un largo rato antes de enfrentar el resplandor del Atrio y las miradas acusadoras de los otros…

Harry se sintió atraído por una de las esferas, caminó hacia ella y acercó sus dedos, para después retirar su mano. La esfera tenía su nombre escrito.

–Tómala cuando estés listo amor. – Dijo Ginny mirando casi hipnotizada las esferas. Todos sabían que era una trampa, así que no se extrañaron cuando, al tomar Harry la esfera, una docena de mortífagos aparecieran de la nada.

Justo detrás de ellos, una voz que arrastraba las palabras habló. –Muy bien, Potter. Ahora date la vuelta, suave y lentamente, y dame eso a mí.

Formas oscuras surgían del aire a su alrededor, bloqueando el camino a izquierda y derecha; sus ojos brillando bajo capuchas, una docena de varitas encendidas apuntando directamente a sus corazones; Hermione dejó escapar un pequeño grito de horror.

–Dámela, Potter– repitió lentamente la voz de Lucius Malfoy, mientras extendía su mano. Harry sintió caer su estómago, mareado. Estaban atrapados, y superados en número de dos a uno.

–Dámela, Potter– ordenó Malfoy una vez más.

–¿Dónde está Sirius? – dijo Harry.

Varios mortífagos rieron; de entre las oscuras figuras a la izquierda de Harry una áspera voz de mujer dijo triunfal –¡El Señor Oscuro siempre sabe!

–Siempre…– repitió Malfoy suavemente. –Ahora, dame la Profecía, Potter.

–¡Quiero saber dónde está Sirius!

–¡Quiero saber dónde está Sirius! – imitó burlonamente la mujer a su izquierda. Ella y sus compañeros mortífagos se acercaron de forma que estaban a unos pocos metros de Harry y los demás, la luz de sus varitas deslumbrando los ojos de Harry.

–Lo tienen. – dijo Harry, ignorando el creciente pánico en su pecho, el miedo contra el que había estado luchando desde que había entrado en el pasillo noventa y siete, –Él está aquí. Sé que está aquí.

–El pequeño bebé se despertó asustado y creyó que lo que había soñado era real, – dijo la mujer en una horrible, fingida voz de bebé. Harry sintió a Ron moverse tras él.

–No hagas nada– susurró Harry. –Todavía no

La mujer que lo había imitado soltó una carcajada. –¿Lo han oído? ¿LO HAN OIDO? ¡Dando instrucciones a los otros niños como si pensara enfrentarse a nosotros!

–Oh, no conoces a Potter como yo, Bellatrix– dijo Malfoy calmado. –Tiene una gran debilidad por las heroicidades; como bien sabe el Señor Oscuro. Ahora dame la Profecía, Potter.

–Sé que Sirius está aquí – dijo Harry, con su pecho paralizado de tal forma por el pánico que ya casi no podía respirar. –¡Sé que lo tienen!

Más mortífagos rieron, aunque las carcajadas de la mujer destacaban sobre el resto. –Va siendo hora de que aprendas a diferenciar entre la vida y los sueños, Potter– dijo Malfoy. –Ahora dame la Profecía, o comenzaremos a usar las varitas.

–Adelante, entonces. – Dijo Harry, alzando su varita. Entonces, las cinco varitas de Ron, Hermione, Neville, Ginny y Luna aparecieron a su lado. El nudo en el estómago de Harry se hizo más fuerte. Si realmente Sirius no estaba allí, había conducido a sus amigos a su muerte sin ningún motivo… Pero los mortífagos no atacaron.

–Dame la Profecía y no habrá necesidad de que nadie salga herido–, dijo Malfoy fríamente. Ahora era Harry quien reía.

–¡Sí, seguro! – dijo. –Te doy esta… profecía, ¿no?... y tú simplemente nos dejarás irnos a casa, ¿verdad?

Las palabras apenas habían salido de su boca cuando la mortífaga gritó: –Accio Prof...

Harry estaba preparado: gritó –¡Protego! – cuando ella finalizó su conjuro, y aunque la esfera de cristal se escapó de la punta de sus dedos la volvió a sujetar sin problemas.

–Oh, sabe cómo jugar, el pequeño bebé Potter– dijo ella, sus ojos furiosos mirándole fijamente tras la capucha. –Muy bien, entonces…

–¡LES DIJE QUE NO! – Lucius Malfoy le gritó a la mujer. –Si la rompen…

La mente de Harry corría a toda velocidad. Los mortífagos querían esa polvorienta esfera de cristal. Él no tenía ningún interés en ella. Solo quería sacarlos de allí vivos, asegurarse de que ni Ginny ni ninguno de sus amigos pagara un terrible precio por su estupidez…

La mujer avanzó, alejándose de sus compañeros, y apartando su capucha. Azkaban había vaciado la cara de Bellatrix Lestrange, haciéndola flaca y esquelética, pero estaba viva con un ferviente, fanático brillo. –¿Necesitas más persuasión? – preguntó, su pecho subía y bajaba rápidamente. –Muy bien… Agarren a su noviecita– ordenó a los mortífagos tras ella. –Déjenlo mirar mientras torturamos a la pequeña niña. Yo misma lo haré.

Harry sintió como los demás se pegaban a Ginny rodeándola; el dio un paso de lado para colocarse justo ante ella, con la Profecía alzada ante su pecho.

–Tendrás que romper esto si quieres atacar a cualquiera de nosotros– le dijo a Bellatrix –No creo que tu jefe quede muy contento si vuelves sin esto, ¿verdad?

Ella no se movió; solo se quedó mirándolo fijamente, con la punta de su lengua humedeciendo sus delgados labios.

–Así que…– dijo Harry, –¿de qué tipo de profecía hablamos, de todas formas?

No podía pensar en otra cosa que hacer excepto seguir hablando. El brazo de Neville estaba apretado contra él, y lo podía sentir temblar; así como la rápida respiración de otro justo en su nuca. Esperaba que ellos estuvieran pensando en formas de escapar, porque su mente estaba en blanco.

–¿Qué tipo de profecía? – repitió Bellatrix, la sonrisa desapareciendo de su rostro. –Estás de broma, Harry Potter.

–No, no bromeo, – dijo Harry, sus ojos pasando de mortífago en mortífago, buscando un punto débil, un hueco por donde pudieran escapar. –¿Por qué la quiere Voldemort?

Varios mortífagos dejaron escapar silbidos graves.

–¿Te atreves a decir su nombre? – susurró Bellatrix.

–Sí, – dijo Harry, agarrando firmemente la bola de cristal, esperando otro intento por parte de ella de conjurarla lejos de él. –Sí, no tengo ningún problema de decir Vol…

–¡Cállate! – chilló Bellatrix. –Como te atreves a pronunciar su nombre con tus indignos labios, como te atreves a mancharlo con tu lengua de sangre sucia, como te atreves…

–¿Sabías que él también es un sangre sucia?– soltó Harry imprudentemente. Hermione dio un pequeño gemido en su oído. –¿Voldemort? Si, su madre era una bruja, pero su padre era un muggle… ¿o acaso les ha estado diciendo que es un sangre pura?

–¡STUPEFY!

–¡NO!– Un disparo de luz roja salió de la varita de Bellatrix Lestrange, pero Malfoy la desvió, enviándolo contra una estantería a la izquierda de Harry donde varias esferas de cristal reventaron.

Dos figuras, de un blanco perla como fantasmas, fluidas como el humo, se desplegaron desde los fragmentos de cristal roto y comenzaron a hablar, sus voces rivalizando, así que solo se podían oír fragmentos de lo que decían sobre los gritos de Malfoy y Bellatrix.

"… en el milenio llegará un nuevo linaje…" decía la figura de un viejo hombre con barba.

–¡NO ATAQUES! ¡NECESITAMOS LA PROFECÍA!

–Se ha atrevido… se ha atrevido… ahí está… asqueroso sangre sucia…

–¡ESPERA A QUE TENGAMOS LA PROFECIA! – le gritaba Malfoy.

"… y ninguno vendrá después del señor del mundo mágico…" decía la figura de una joven mujer.

Las dos figuras que habían salido de las esferas destrozadas se habían desvanecido en el aire. Nada quedaba de ellos o de sus últimos hogares excepto fragmentos de cristal sobre el suelo.

De todas formas, le habían dado a Harry una idea. El problema iba a ser decírselo a los demás.

–No me han dicho que tiene de especial esta profecía. – Dijo, tratando de ganar tiempo. Movió sus pies a un lado, buscando los de alguien más.

–No juegues con nosotros, Potter– le respondió Malfoy.

–No juego. – Dijo Harry, atendiendo a medias a la conversación, y a medias en su pie buscador. Y entonces encontró los dedos de alguien y los pisó. El sonido de ese alguien tomando aire de golpe le indico que eran de Hermione.

–¿Qué? – susurró ella.

–¿Dumbledore nunca te contó que el motivo por el que llevas esa cicatriz estaba escondido en las entrañas del Departamento de Misterios? – Malfoy sonrió con desprecio.

–Yo… ¿qué? – exclamó Harry, fingiendo ignorancia. –¿El qué sobre mi cicatriz?

–¿Qué? – susurraba Hermione urgentemente tras él.

–No puede ser…– decía Malfoy, sonando malvadamente encantado, algunos de los mortífagos riendo de nuevo, y cubierto por sus risas Harry le susurro a Hermione, moviendo los labios lo menos posible –Revienten las estanterías…

–¿Dumbledore nunca te lo dijo? – repitió Malfoy. –Bien, esto explica porque no viniste antes, Potter. El Señor Oscuro se preguntaba por qué…

–…cuando diga 'ya'…

–… no habías venido corriendo cuando te mostró el lugar donde estaba escondido en tus sueños. El creyó que tu curiosidad natural te haría querer oír las palabras exactas…

–¿Eso creía? – dijo Harry. Tras él escuchaba a Hermione pasando el mensaje a los otros y siguió hablando para distraer a los mortífagos. –Así que quería que viniera y lo tomara, ¿no? ¿Por qué?

–¿Por qué? – Malfoy sonaba encantado e incrédulo al mismo tiempo. –Porque las únicas personas a las que les está permitido acceder a una profecía del Departamento de Misterios, Potter, son aquellas de las que habla la profecía, como el Señor Oscuro descubrió tras intentar que otros la robaran por él.

–¿Y por qué querría robar una profecía sobre mí?

–Sobre los dos, Potter, sobre ustedes dos… ¿Nunca te has preguntado por qué el Señor Oscuro intentó matarte cuando eras un bebe?

Harry observó fijamente los agujeros por los que los verdes ojos de Malfoy brillaban.

–¿Alguien hizo una profecía sobre Voldemort y sobre mí? – dijo calladamente, mirando a Lucius Malfoy, sus dedos estrechándose sobre la cálida esfera de cristal en su mano. No era mucho más grande que una snitch, todavía cubierta de polvo. –¿Y me ha hecho venir a tomarla para él? ¿Por qué no podía venir él?

–¿Venir él? – chilló Bellatrix, sobre una especia de risa loca. –¿El Señor Oscuro, entrando en el Ministerio de Magia, cuando han sido tan dulces ignorando su regreso? ¿El Señor Oscuro, revelándose ante los aurores, cuando en este momento están malgastando el tiempo con mi primo?

–Así que los tiene a ustedes haciendo el trabajo sucio, ¿no? – dijo Harry. –¿Igual que trató de usar a Sturgis… y a Bode?

–Muy bueno, Potter, muy bueno…– dijo Malfoy lentamente.

–Pero el Señor Oscuro sabe que tú no eres tan poco inteli…

–¡YA! – gritó Harry.

Y se desató el caos.

o-o-o-o

Para Ginny todo pasó como un borrón desagradable. Ella era poderosa, lo podía admitir sin arrogancia, pero no era magistral en la batalla, le faltaban esos reflejos naturales que los grandes duelistas como Harry poseían. Ella no sabía liderar en la batalla.

Cuando los estantes estallaron, Harry le entregó la esfera a escondidas y la arrastró por el pasillo hasta que la confusión de la batalla los separó.

Sólo se concentró en salvar a Black, así que en cuanto lo vio, le arrojó el cerebro que había guardado en un frasco durante su huida, fue directo a la parte de atrás de su cuello e hizo que se desmayara. Eso le dejaría marcas permanentes, una lentitud en su actuar y evitaría su muerte a manos de Bellatrix.

Se había lastimado un tobillo y apenas y podía caminar arrastrando el pie, mientras la cabeza le zumbaba por el golpe que uno de los mortífagos le había dado, antes de que ella le destrozara la cabeza con un hechizo mocomurciélago. Se dirigía al atrio principal en donde vio cómo Tom apareció. Dejó atrás a la Orden, estaban todos en una batalla estruendosa y confusa con los mortífagos.

Harry declaró que había roto la profecía con burla mientras Tom, con ira, lo atacó e intentó tomar posesión de su cuerpo. Ginny arrojó la esfera por impulso, esa porquería sólo servía como arma física. Eso produjo la distracción suficiente para que Tom dejara a Harry y ella pudo acercarse a él e intentar ayudarlo mientras Tom escuchaba la profecía con atención.

–Así que sólo tú puedes derrotarme Potter. – Dijo Tom con voz divertida mientras les lanzaba un hechizo que los congeló en su huida. Ginny apenas y escuchó esa frase, estaba mareada y con ganas de vomitar, con el cabello revuelto y sangrando en donde los vidrios habían lastimado su piel, daba un aspecto bastante lamentable.

De pronto, sintió cómo comenzaba a desprenderse de su cuerpo. Sólo se elevó en los aires, pero veía hacia abajo y veía lo que creía era su propio cuerpo, una pequeña y delgada bruja con el cabello rojo manchado de negro, la mitad de la cara morada, sin un zapato, con sangre en las manos. La túnica escolar estaba desgarrada en algunas partes, los ojos estaban en blanco, como si no tuviera iris ni pupilas.

Se vio a sí misma abriendo la boca y comenzar a decir algo sin que alcanzara a escuchar.

Fue lo último que vio antes de perder el conocimiento.


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