Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Bruja Llameante
11: La Locura del Sr. Crouch
Hagrid, que en la clase anterior les había dicho que ya habían acabado con los unicornios, los esperaba fuera de la cabaña con una nueva remesa de cajas. Al verlas, a Beatrice se le cayó el alma a los pies, sin poder recordar a la criatura de ese día. ¿Les tocaría cuidar otra camada de escregutos?
Pero, cuando llegaron lo bastante cerca para echar un vistazo, vieron un montón de animalitos negros de aspecto esponjoso y largo hocico. Tenían las patas delanteras curiosamente planas, como palas o como patas, y miraban a la clase sin dejar de parpadear, algo sorprendidos de la atención que atraían. —Son escarbatos —explicó Hagrid cuando la clase se congregó en torno a ellos, todos agradecidos de estar teniendo estas clases de Cuidado de Criaturas Mágicas, muchísimo más útiles para sus TIMOS y EXTASIS, que si estaban en el temario oficial; esto era mil veces mejor que las clases de Cuidado de Bestias que te Matarán en un Parpadeo. —Se encuentran sobre todo en las minas. Les gustan las cosas brillantes... Mirad. —arrojó un par de Sicles al suelo y uno de los escarbatos corrió rápidamente y de un mordisco se comió las monedas. —Resultan muy útiles como detectores de tesoros —dijo Hagrid contento —Pensé que si a alguno de ustedes, le interesaba a futuro, volverse un Magiarqueólogo o trabajar de cerca con Gringotts, entonces les sería útil. ¿Ven eso? —Señaló el trozo grande de tierra recién cavada en la que Beatrice lo había visto trabajar desde la ventana de la lechucería, al mandar la carta a Sirius —He enterrado algunas monedas de oro. Tengo preparado un premio para cuyo Escarbato que consiga sacar más. Pero lo primero que todos tienen que hacer es quitarse las cosas de valor; luego escojan un escarbato y prepárense para soltarlo. —Beatrice se quitó el reloj, las pulseras, el collar, los anillos y los aretes, y los guardó en el bolsillo. Luego cogió un escarbato, que le metió el hocico en la oreja, olfateando. Era bastante cariñoso y Beatrice comenzó a acariciarle la espalda. —Esperen un segundo —dijo Hagrid mirando dentro de una caja—, aquí queda un escarbato. ¿Quién falta? ¿Dónde está Hermione?
— ¿Llegué…? —a la castaña le faltaba el aliento — ¿… tarde?
—Páginas 115 y 116, Hermione, léela y memorízala pronto, por favor —pidió Hagrid y ella voló como un rayo a su libro y lo leyó. Luego asintió sonriente, muy emocionada por la clase —Ahora, quítate las cosas de valor; ven por tu Escarbato.
Era con diferencia lo más divertido que hubieran visto nunca en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Los Escarbatos entraban y salían de la tierra como si ésta fuera agua, y acudían corriendo a su estudiante respectivo para depositar el oro en sus manos. Hagrid les iba contando más datos sobre los Escarbatos y Hermione daba algunos datos, que su gran amigo olvidaba por casualidad. El de Beatrice parecía especialmente eficiente. No tardó en llenarle el regazo de monedas.
— ¿Se pueden comprar y tener de mascotas, Hagrid? —le preguntó Ron emocionado, mientras su escarbato volvía a hundirse en la tierra, salpicándole la túnica y volvía con más monedas.
—A tu madre no le haría gracia, Ron —repuso Hagrid sonriendo—, porque destrozan las casas. Me parece que ya deben de haberlas recuperado todas — añadió paseando por el trozo de tierra excavado, mientras los escarbatos continuaban buscando—. Sólo enterré cien monedas. ¡Bueno, comprobemos cómo ha ido la cosa! —dijo Hagrid—. ¡Contad las monedas! Y no merece la pena que intentes robar ninguna, Goyle —agregó, entornando los ojos de color azabache—. Es oro leprechaun: se desvanece al cabo de unas horas.
Goyle se vació los bolsillos, enfurruñado. Resultó que el que más monedas había recuperado era el Escarbato de Beatrice, así que Hagrid le dio como premio una enorme tableta de chocolate de Honeydukes.
En esos momentos sonó la campana del colegio anunciando la comida. Todos regresaron al castillo salvo Beatrice, Neville y Hermione, que se quedaron ayudando a Hagrid a guardar los escarbatos en las cajas. Beatrice se dio cuenta de que Madame Maxime los observaba por la ventanilla del carruaje.
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Hermione se quedó al término de la siguiente clase de Defensa Contra las Artes Oscuras para preguntarle algo al profesor Moody. El resto de la clase estaba deseando marcharse: Moody les había puesto un examen de desvío de maleficios tan duro que muchos de ellos sufrían pequeñas heridas; Beatrice padecía un caso agudo de orejas bailonas, y tenía que sujetárselas con las manos mientras se miraba en un espejo y se lanzaba a sí misma, el encantamiento, para detenerlo, luego comenzó a sobarse las orejas, adoloridas.
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Sirius Black, estaba en los terrenos de Hogwarts, debajo de la Capa de Invisibilidad de su difunto amigo James Charlus Potter. Beatrice se la había mandado con Hedwig, hace un par de noches, para poder infiltrarse en los alrededores de Hogwarts y salvarle la vida a Crouch Sr. —... y luego envíale otra lechuza a Madame Máxime, porque tal vez quiera traer a algún alumno más, dado que Karkarov ha completado la docena... Hazlo, Weatherby, ¿querrás? ¿Querrás? —El señor Crouch tenía los ojos desmesuradamente abiertos. Siguió allí de pie mirando al árbol, moviendo la boca sin pronunciar una palabra. Luego se tambaleó hacia un lado y cayó de rodillas. ¡A Dumbledore! —dijo el señor Crouch con voz ahogada. Agarró el árbol, aunque los ojos miraban hacia el castillo, mientras se tambaleaba e intentaba caminar y se pasó una mano por el cabello, desesperado —Tengo... que ver... a Dumbledore... He hecho... idioteces... —musitó el señor Crouch. Parecía realmente trastornado: los ojos se le movían desorbitados, y un hilo de baba le caía de la barbilla. Cada palabra que pronunciaba parecía costarle un terrible esfuerzo. —Tienes que... decirle a Dumbledore...
—Oh padre, creo que estás en problemas —Moody apareció detrás de él y en ese momento, Sirius saltó desde detrás de un árbol, con varita en mano y la capa encima. Pero si las palabras de Beatrice eran reales y era Crouch Jr. llevando incluso ese maldito ojo, entonces la Capa era inservible. El falso Moody se giró y lanzó un hechizo, que Sirius esquivó y su otro ojo se abrió. — ¿Sirius Black? —Preguntó confundido — ¡¿Tú aquí?! —Moody fue golpeado por el aturdidor. Sirius se acercó más a él y le lanzó un hechizo Desmemorizante, para borrarle el recuerdo de haber visto a alguien en las cercanías o haber estado siguiendo a su padre.
Sirius usó varios hechizos de curación mental y algunos que devolverían la cordura de Crouch Sr. pero no sabía cuanto de eso serviría. Esperaba devolvérsela en algo. Se cambió el color de cabello, con un Colovaria, se agrandó la nariz, se cambió el color de ojos. Tomó a Crouch Sr. del hombro y comenzó a caminar de vuelta hacía Hogwarts, colocándose la Capa por encima y usando un hechizo, para evitar que Crouch Sr., continuara desvariando en voz alta.
Dumbledore le inventó una falsa identidad a Sirius: Oswald Wilburn, un trabajador del Ministerio y llevaron a Crouch Sr. a la enfermería, en donde comenzó a ser tratado por Madame Pomfrey. Ya en privado, Sirius pidió llamar a Beatrice a la oficina y cuando llegó la pelinegra, abrazó a su ahijado a quien le devolvió la Capa a la heredera Potter. Dumbledore, desesperado por saber más, lanzó una onda Legeremántica a la chica, quien dejó abiertas un poco sus protecciones Oclumánticas y le confirmó a Dumbledore, que ella (de alguna forma) había retrocedido en el tiempo y actualmente, estaba intentando salvar a Crouch Sr. y evitar el retorno de Dumbledore.
El anciano director, entregaría horas después, una carta falsa a los Aurores que estaban en la enfermería, diciendo que esa misma carta le llegó en una lechuza, sobre algo que ocurriría el 24 de junio de 1995. Dumbledore parecía creer, que, si no auxiliaba a Beatrice en el cementerio y limpiaban el nombre de Sirius, entonces él podría perder para siempre, la valiosa ayuda de Beatrice Potter y de Sirius Black.
Decidió tomar cartas en el asunto. Llamaría a la Orden del Fénix, para vigilar a todos los Mortífagos, que escaparon de Azkaban, argumentando el Imperius.
Era un gran sacrificio, que haría falta realizar.
Por el Bien Común.
