DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Drabbles] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
Estoy sentado en las afueras de mi hogar, perdido en muchos recuerdos que ahora se sienten demasiado lejanos. Un cálido sentimiento se apodera de mi interior cuando pienso en lo que está a punto de pasar.
Me voy a casar.
A pesar de que mi religión no precisa de una ceremonia o rito para unir a las parejas y sólo basta con una vida en conjunto, tampoco me había imaginado tenerla antes de conocer a los muchachos. Si lo pienso detenidamente, sólo quería dejar descendencia para el futuro, porque para mí todo era demasiado incierto.
Cómo llegaron a cambiar las cosas.
— ¿Listo, Su Excelencia? Ya es hora.
— VII—
"Wedding"
La anciana Kaede está de pie frente a mí con una cariñosa sonrisa en el rostro. Me levanto de mi puesto y la sigo en silencio hasta el templo, sin siquiera darme cuenta de mi alrededor. Puedo vislumbrar colores entremezclados por el camino y escucho risas y conversaciones alegres al paso. Los aldeanos me saludan con reverencias, de seguro me brindan bendiciones, pero ahora soy ajeno a eso.
Ingresamos al recinto y el olor del incienso invade mis fosas nasales. Pienso en que eso va a fastidiar a InuYasha y a Shippō, pero es parte del ritual. Sigo a la sacerdotisa hasta el altar, observo los implementos que hay dispuestos para la ceremonia y sonrío. Ya queda poco.
Vuelvo a recordar la primera vez que la vi, su carácter fuerte desde el principio, sus reproches por mi actitud mujeriega, sus celos mal disimulados, cuánto nos costó admitir lo que sentíamos y lo que eso significó en nuestras decisiones y propósitos.
Todo cambió después de eso.
Sango se arriesgaba mucho por mí y en más de una ocasión manifestó que prefería morir conmigo. Eso me desgarraba por dentro, porque ella se merece una vida larga y próspera. Después de todo lo que sufrió, no hubiese podido permitir que eso sucediera.
Sonrío al recordar todas esas batallas, sus palabras, su sinceridad reflejada con fuerza en sus ojos, y su amor incondicional. Cuántas veces me perdonó por mis errores pasados, a pesar de sus celos. Eso demuestra el gran corazón que tiene y explica porque caí así ante ella.
La música ceremonial interrumpe mis recuerdos, la puerta del templo se abre e ingresa ella. Hago un esfuerzo para no abrir la boca, se ve hermosa.
Sango viste un kimono de seda blanco de lo más sencillo, pero sin dejar de ser tradicional; su cabello está tomado y adornado por el tocado de flores, el tsunokakushi; y en sus manos lleva un hermoso ramo de flores rosas y blancas, lo que me extraña ya que no forma parte de la indumentaria de la ceremonia, pero le da un toque fresco y dulce que me emboba. A su lado va Kohaku, quien la guía tomada del brazo hasta el altar.
Llegan a mi lado y ella me dedica una tímida sonrisa, lo que borra todo rastro de nerviosismo e inseguridad de mi parte. Porque junto a ella, nada podrá vencerme. Su sola presencia me da valor para enfrentar lo que sea, sólo para darle felicidad.
La ceremonia inicia, los dos realizamos los ritos que nos comprometen en silencio pero con la responsabilidad que conllevan, mirándonos de vez en cuando. Luego de la ceremonia, salimos del templo y nos dirigimos al interior de la aldea, en donde los habitantes han preparado el banquete. En cuanto llegamos, Kohaku me sonríe con alegría.
— Les deseo lo mejor, Su Excelencia. Sé que la hará feliz.
Tras estas palabras, me ofrece el brazo de Sango, quien está sonrojada y no ha dicho palabra más que las de la boda. Tomo su brazo y Kohaku se retira, en dirección a Rin y Shippō, que comen dulces cerca. Vuelvo a observarla, aún intentando convencerme de que esto es real y que la hermosa mujer que está a mi lado es mi esposa. Ella nota mi mirada y se sonroja aún más.
— Eres hermosa, pero hoy te ves realmente bella.
— Gra-Gracias, Su Excelencia…
— Por favor, Sango, soy tu esposo. Llámame por mi nombre.
— De acuerdo, Miroku.
— Así está mejor, pequeñita — le sonrío y me devuelve el gesto. Veo de nuevo las flores, ella las mira también.
— InuYasha y Shippō lo hicieron para mí. Es hermoso, ¿verdad? — Se lleva el ramo hasta la nariz y toma su olor de una forma tan delicada que me dan ganas de besarla. Me contengo al ver que seguirá hablando. — InuYasha dijo que Kagome había mencionado algo sobre las flores en las bodas de su mundo. Que eran importantes para las chicas. Él no quería que me faltara nada.
— Qué amable de su parte — sonrío haciendo nota mental de agradecerle a mi amigo más tarde por el gesto, y luego me acerco al rostro de mi mujer, sus mejillas están rojas y despiden un agradable calor. Sin poder resistirme más, la beso.
El tiempo parece detenerse cuando nuestros labios se encuentran. Anhelaba tanto poder besarla, después de todo este tiempo esperando, de todo lo que vivimos para llegar a este momento. Ella corresponde de forma tímida pero segura, dejándose guiar por mí. Termino el contacto y me pierdo en sus ojos.
Todo lo que deseo en esta vida se resume en ella.
¿Quién dijo boda? Pues aquí está. Quiero aclarar algunos puntos, que no se pueden dar en la narración por su naturaleza de drabble en primera persona.
- La boda: La religión budista no tiene dentro de sus ritos el matrimonio, de hecho basta con la vida en conjunto para que se reconozca a las parejas. Puede pedirse la bendición budista, pero ésta no es imprescindible para la pareja. Esto me hace eco porque, si no mal recuerdo, Miroku jamás dijo "cásate conmigo", sino que él manifestó su deseo de vivir con Sango y tener hijos. Por lo tanto, la ceremonia debe ser sintoísta, lo que no se contrapone con las creencias del monje, ya que el budismo es respetuoso e incluyente.
La ceremonia sintoísta consiste en varios ritos en los que los novios reafirman su compromiso con el otro y el matrimonio. Se realiza el intercambio de un rosario, llamado juzu, y después se colocan los anillos; luego, los novios hacen el rito del San San Kudo (tres-tres-nueve veces), que consiste en beber sake de a tres sorbos, de forma intercalada, por tres veces; esto simboliza la unión de cuerpo, mente y espíritu con el matrimonio. La ceremonia finaliza con la bendición de los presentes, que se expresa bebiendo sake servido por la sacerdotisa, y se abandona el templo. La novia ingresa al templo de la mano de su padre y debe salir de la mano de su suegra, pero debido a la ausencia de figuras representativas, Kohaku ha cumplido esa función. Además, las bodas tradicionales no contemplan el uso del ramo de flores, pero me pareció un detalle que Kagome hubiese tenido e InuYasha lo hizo en su representación.
Ese fue mi pequeño aporte cultural de hoy (?) espero que les haya gustado el drabble :)
Especial agradecimiento a Mor y Nuez, que me dan ánimos y dejan sus tan adorables reviews. Son un sol =)
¡Saludos y nos leemos pronto!
Yumi~
