DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
Los colores de la decoración y los cálidos rayos del sol le dan otro toque a la celebración. El resultado: bailes, cantos y gente feliz por todos lados.
Sango y yo caminamos tomados del brazo, saludando y sirviéndonos de vez en cuando algo. Por los nervios, no tengo apetito. Pese a ello, estoy realmente feliz.
— ¡Excelencia! — Me llama uno de los aldeanos, bastante animado. — ¡Usted se sabe muchas canciones! ¡Venga a cantar con nosotros!
Intento disculparme, no quiero dejar sola a Sango, pero ella me empuja hacia el grupo, con una sonrisa un tanto malévola.
— Ve. Siempre quise escucharte cantar.
Suspiro resignado, ¿cómo puedo decirle que no?
— VIII —
"Rejoicing"
Me acerco al grupo de varones, que tienen variedad de instrumentos y los tocan de forma animada, aunque un tanto desafinados y poco armoniosos. Ellos ya han bebido suficiente sake, por lo que tampoco se esfuerzan mucho en sonar bien.
Me aclaro un poco la garganta y comienzo a cantar una historia antigua, sobre una bella princesa guerrera, sin quitarle los ojos de encima a mi esposa, que se sonroja al percatarse que ella es mi princesa guerrera. El grupo sigue generando ritmos erráticos, pero lo suficientemente coordinados para crear la melodía.
En un instante, un grupo de jóvenes aldeanas se acerca y comienzan a bailar, coqueteando con los "músicos", usando algunos abanicos y miradas misteriosas. Sigo mi interpretación hasta que una de las muchachas interrumpe la música.
— ¡Que baile la novia!
Todos se giran hacia ella, mirándola con curiosidad. Su rostro enrojece completamente, mientras busca mi ayuda. Me acerco y le sonrío de forma pícara, ella traga duro.
— Es tu turno — le digo, sin borrar mi sonrisa.
— No es buena idea, yo no sé…
— ¿Bailar? — Le pregunto, Sango asiente. — No importa, sólo danza como lo haces en el campo de batalla. Eres una experta.
— P-Pero…
La empujo levemente hasta las jóvenes, que la rodean y le entregan un abanico para que las acompañe. Los hombres vuelven a tocar torpemente y el baile da inicio. Sigo con mi mirada los movimientos de mi mujer, que son un tanto lentos y torpes debido al pesado y ajustado kimono. Sin embargo, pronto agarra el ritmo y se vuelve un poco más ágil, dirigiéndome miradas tímidas y ocultando el resto de su rostro con el abanico.
Trato de mantener mi semblante tranquilo para no delatarme, pero es difícil: el baile y las miradas de Sango me provocan, aunque sean sutiles. Debo controlarme, aún falta para la noche…
— ¡Que baile InuYasha!
Busco al aludido con la mirada, se ve sorprendido por la sugerencia. Engulle un trozo de carne y se acerca a la aldeana que propuso la idea, a paso firme y con el rostro un poco molesto.
— ¿Acaso tengo la apariencia de ser alguien que baile?
La pobre mujer niega con la cabeza, alejándose temerosa. Me dirijo hasta mi amigo y le toco el hombro, él me mira de reojo sin decir palabra.
— No seas grosero — le digo, él refunfuña por lo bajo —. Estamos celebrando, deberías participar…
— ¡Pero sí es bestia, no va a entender! — La voz de Shippō me llega desde lo alto, está transformado en la extraña pelota rosada. Vuelve a su forma original y cae en la cabeza de InuYasha. — ¡Sólo te interesa la comida, eres un amargado!
— ¡Aaay! ¡¿Y quién te pidió la opinión a ti, enano?! ¡Ya verás!
Comienza a perseguirlo, Shippō lanza trucos y trampas que a ratos, logran detener un poco al hanyō. Sango llega a mi lado, con la respiración un poco agitada y la frente levemente perlada. Tomo un pañuelo de una mesa cercana y le seco el rostro.
— ¿Sabes que bailas muy bien? — Le pregunto, ella se sonroja un poco. — De hecho, eres sensual — le susurro disimuladamente al oído, el rojo ahora invade sus mejillas. Frunce un poco los labios y me mira con las cejas arrugadas.
La beso fugazmente, sin poder resistirme a ese gesto tan particular. Ella sigue observándome, un poco sorprendida, pero relaja el gesto y vuelve a tomarme del brazo, apoyándose en mí.
— Y tú cantas de maravilla…
— Si lo deseas, podría cantarte toda la noche, para que bailes… claro que sin esto — apunto hacia su blanca prenda, provocando que sus mejillas enrojezcan mucho más.
— ¡Miroku…!
La rodeo con mis brazos y beso su cabeza, amo su gesto de reproche avergonzado.
Shippō e Inuyasha vuelven a pasar cerca nuestro, pero ahora los siguen algunos niños, quienes cantan y animan al zorrito. Reímos ante la escena, nuestro amigo está molesto pero podemos notar que eso lo distrae. Por lo menos sabemos que así despeja un poco su mente.
De pronto, Sango me jala suave la manga, llamando mi atención.
— Quisiera que fuéramos al pozo…
Su semblante tiene ahora una sombra de melancolía. Hago un gesto afirmativo y caminamos de forma lenta hasta llegar al lugar en donde viéramos por última vez a la señorita Kagome. Sango aprieta su agarre en mi brazo y contempla fijamente la madera gastada.
— Kagome… por fin ocurrió. Miroku y yo nos casamos, tal como esperabas. Viviremos aquí, en la aldea, para cuidar de InuYasha mientras vuelves… — Silenciosas lágrimas recorren su rostro, la abrazo sin decir nada. — Sé que no te gustaría verme llorar, pero te extrañamos… espero que te encuentres bien… Y no te preocupes, trataremos de que todo siga en orden cuando regreses…
Se separa de mi abrazo y se acerca al pozo. Retira una de las flores del ramo y la deja en el borde, luego vuelve a mi lado. Le limpio las lágrimas y la rodeo con mis brazos. Alza el rostro para mirarme a los ojos y sonríe.
— Lo siento… no podía dejarla de lado… Pero sé que ella estaría feliz por nosotros, así que debemos seguir celebrando, en su honor.
— Claro, pequeñita… Hasta pronto, señorita Kagome.
Nos dirigimos de nuevo a la aldea, porque la fiesta debe seguir. Hoy es un gran día y la señorita Kagome estaría disfrutándolo con nosotros.
Palabras: 991, sin incluir notas, disclaimer ni summary.
Hola~ Acá está la actualización de hoy :3 ¡Espero sus comentarios!
Sé que los japoneses son un tanto - mucho - conservadores y machistas, pero... ¡es una celebración, y Miroku es un parrandero! Así que no pude resistirme a la idea de imaginarlo cantar y luego que viese a su amada bailar... Y claro, no podían faltar InuYasha y Shippō para romper la armonía. Hubiese sido gracioso ver bailar a Inu, pero sólo Kagome lo habría convencido.
Y vuelve a extrañarse a Kagome. No me odien, ella es muy importante en sus vidas y les hace falta. Así que no la dejarían de lado en este día tan especial.
Mor y Nuez, las amodoro con mi corazoncito de naranja dulce (el melón no me gusta xd). Espero que el capítulo sea de su agrado, estaré al pendiente de sus hermosos comentarios. ¡Gracias por pasarse!
Y a todos los que leen, también les agradezco. ¿Serían tan amables de dejar un review para saber qué les parece la historia?
¡Nos leemos pronto!
Yumi~
